28312(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 27312  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Aprobado Acta No. 33  

Bogotá, D. C., veinte (20) de febrero de dos  mil ocho (2008)   

         

Califica  la  Sala  la  demanda de casación  presentada  por   la  defensora  de  CARLOS ARTURO  MUÑOZ  MEJÍA  contra  la  sentencia de segundo grado  proferida  el  12  de  diciembre de 2006 por el JUZGADO  QUINCE   PENAL   DEL   CIRCUITO   DE   DESCONGESTIÓN   DE   BOGOTÁ,  por  cuyo  medio  revocó  el  fallo absolutorio dictado el 15 de  diciembre  de  2005  por el JUZGADO DÉCIMO PENAL MUNICIPAL de esa misma ciudad,  para  en  su lugar condenarlo a una pena principal de 24 meses de prisión, tras  encontrarlo   responsable  del  delito  de  estafa  agravada  por  la  cuantía.   

HECHOS  

         

El aspecto fáctico se sintetizó por el juez  Ad Quem, en la siguiente forma:   

“Fueron  denunciados  por  la  señora Ana  Elena  Prieto  el primero de marzo de 2002, indicando que el día 25 de junio de  1998  celebró con Julio Ernesto Sánchez un contrato de cesión de derechos por  la  suma  de  $1.500.000,oo,  a través del cual ella adquiría los derechos que  éste  había  pactado  con  la Asociación Comunidad Cristiana Nazarena el 4 de  abril  de  1997,  merced a un contrato de mandato, sobre un proyecto de vivienda  de  interés  social  denominado  “Ebenezer”,  cuyo director y representante  legal  es  el  señor Carlos Arturo Muñoz Mejía, el cual se construiría en el  sector  de  Negativa,  a  través  de  aportes y donaciones de los feligreses de  dicha  comunidad,  mediante  el  pago de una cuota inicial de $1.500.000,oo, que  aquél  consignó  en  la  Cuenta  No.  302300504-1  del  Banco  Coopdesarrollo,  Sucursal  Modelia,  hasta completar el valor de $16.000.000,oo, mediante el pago  de cuotas mensuales y extraordinarias.   

“Al  haber  adquirido  tales  derecho,  la  perjudicada  se  obligó a pagar a la asociación el saldo de $3.850.000,oo, que  hasta  ese momento el cedente estaba adeudando por concepto de cuotas mensuales,  empero,  ante la inviabilidad financiera y el hecho de que ya se había superado  la  fecha  límite  para  la  entrega  de  la  vivienda  (diciembre de 1998), la  mayoría  de  asociados  se  abstuvieron  de  seguir  entregando  su  dinero  al  procesado,  quien finalmente y ante la insistencia de los ofendidos decide hacer  la  promesa  de  devolución  del dinero captado a más de trescientas cincuenta  personas,  entre  ellas  a la acá denunciante, con la venta del lote de terreno  que  había  adquirido para la construcción del fracasado proyecto de vivienda,  sin  que  se  haya  cumplido  en  el caso de la señora Ana Elena Prieto y otras  noventa personas aproximadamente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  día 1º de abril de 2002 la señora Ana  Elena  Prieto  presentó  ante  la Fiscalía denuncia penal contra Carlos Arturo  Muñoz  Mejía  a  quien  acusó  de  presunto responsable del delito de estafa,  autoridad  que  el  24  de  febrero  de  2003 abrió investigación, vinculó al  denunciado  mediante  indagatoria  y  calificó  el mérito del sumario el 14 de  septiembre   de  2004  mediante  acusación  en  su  contra  por  el  delito  de  estafa.   

El  Juzgado  Décimo  Penal  Municipal  de  Bogotá,  luego de realizar las audiencias preparatoria y pública, absolvió al  sindicado de los cargos que en su contra elevó el ente fiscal.   

Apelada  la  decisión  por  la parte civil,  correspondió   resolver  el  recurso  al  Juzgado  20  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  la  mencionada  ciudad,  que  a través de la suya del 12 de  diciembre  de  2006  revocó  la  determinación  de  instancia  y, en su lugar,  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  24  meses de prisión, como  responsable  de  la  conducta que le fue imputada, agravando la pena por efectos  de la cuantía.   

Su defensora oportunamente interpuso recurso  extraordinario de casación excepcional.   

LA DEMANDA  

Un  único  cargo  se  formula  contra  la  sentencia  de  segundo  grado,  bajo el amparo de la causal tercera, por estimar  que  la  sentencia  fue  “…dictada  en  un  juicio  ostensiblemente  viciado  de  nulidad,  por  desconocimiento  del  principio  de  legalidad y del principio de investigación integral.”   

Afirma que la decisión del Ad Quem incurrió  en  un yerro in procedendo “…por el desconocimiento  del  principio  fundante  de  la  legalidad,  al  no  percatarse  el funcionario  competente  de  segunda  instancia  que la conducta era atípica y que la prueba  arrimada  en  el  plenario  es  escasa,  poca  e  intrascendente  para los fines  demostrativos de la responsabilidad penal declarada.”   

En  ese  sentido  sostiene  que “…(e)n  este  caso,  con el material probatorio recaudado lo que  se  observa  es  el  incumplimiento del contrato de las dos partes, pues con las  pruebas  existentes se observa que la denunciante no cumplió a cabalidad con lo  convenido  en el contrato ni tampoco mi poderdante, tema que le corresponde a la  jurisdicción civil.”   

Igualmente,    afirma    no    entender  “…como(sic)   se   condena  a  una  persona,  sin  verificar  que  la acción penal se encuentra extinta y que el proceso no podía  proseguirse,  cuando  los  hechos datan del año 1997, como se encuentra probado  en  el  plenario  y  por  la querella fue presentada en el año 2002. Las normas  aplicables  eran  las  establecidas en el Decreto 100 de 1980, posteriormente el  Decreto  2700  de  1991, hoy ley 600 de 2000, las cuales exigen querella para la  presentación  de  las  denuncias  penales que tuviesen que ver con el delito de  estafa,  y solamente el denunciante presenta la denuncia penal en marzo del año  2002  después 4 años después(sic) de realizado el contrato de mandato y de la  cesión  de  los  derechos,  lo  que demuestra la caducidad de la querella y que  esta  acción  penal  no  ha  debido  iniciarse  por  esta  razón y mucho menos  continuarse.”   

Por  lo anterior solicita casar la sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

1. LA DEMANDA DE CASACIÓN.  

La Corte inadmitirá la demanda de casación,  pues  si  bien  el inciso tercero del artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), vigente para la época de los hechos, determina que  procede  de manera excepcional el ejercicio de este recurso extraordinario, aún  cuando  se  ejerza  contra  sentencias  que  no  son  proferidas  por tribunales  superiores,  también  lo  es que tal posibilidad  está sujeta a una carga  especial  del  demandante,  quien debe demostrar la necesidad de que, a pesar de  incumplirse  los  presupuestos  normativos  definidos  en  el inciso primero, es  necesario  dar  trámite  a  la  demanda “… para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales”.   

En  ese  sentido,  si  bien en el escrito de  sustentación  la  censora  manifiesta  acudir  al recurso extraordinario por la  vía  excepcional,  esto es, para buscar el desarrollo de la jurisprudencia o la  protección  de  garantías  fundamentales,  dejó  de  lado puntualizar el tema  jurídico  que  requiere  definición o precisión, sea porque es nuevo o porque  existen  posiciones  opuestas  que  deben ser unificadas, para el primero de los  casos,  o  los  derechos  que fueron desconocidos, las normas constitucionales y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación  que  debe  adoptarse para su  salvaguarda, si el motivo invocado era el segundo.   

Consciente  de que el fallo de segundo grado  objeto  de  ataque  fue  proferido por un juez individual y no colegiado, razón  por  la  cual  el  único  camino  viable para atacarlo en casación era la vía  excepcional,  la  libelista así encabezó su demanda, pero entró a desarrollar  el  único cargo propuesto, sin previamente explicar y demostrar las razones que  abrirían  la  puerta  de  la opción seleccionada, de conformidad con los fines  que la normatividad ha dispuesto.   

Omitiendo esa carga, se adentró en un ataque  que  perfiló  bajo  el  amparo  de  la causal tercera de casación -nulidad-,  en el que además incurrió en  profundos  errores  argumentativos, como cuestionar el juicio de convicción que  el  fallador  Ad  Quem  efectuó  al  momento  de dictar la sentencia censurada,  tachándolo   de   fundarse  en  pruebas  insuficientes  o  carentes  de  fuerza  vinculante,  censura  que sugiere una violación indirecta de la ley sustancial,  en   la   que   omite   precisar  de  qué  manera  la  apreciación  probatoria  violó  las  reglas  de la lógica, las máximas de la  experiencia o los postulados de la ciencia.   

En  ese  sentido,  ha  insistido  y  no  se  cansará de hacerlo la Corte, en manifestar que:   

“…la  simple disparidad de criterios con  el  análisis  probatorio  realizado  por  las  instancias  no  constituye yerro  demandable  en  casación,  salvo  que  se  advierta  que  dentro de ese proceso  valorativo  se violaron los postulados que informan la sana crítica, caso en el  cual  se presentaría un error de hecho por falso raciocinio que debe formularse  por        la        vía        indirecta.”1   

Así   mismo,   pretende   obtener  la  nulidad de lo actuado denunciando el incumplimiento de  un  requisito de procedibilidad de acción,    arguyendo    que   el  delito de estafa requiere la interposición oportuna de querella,  afirmación  incorrecta  pues, en primer lugar, en el  Decreto  2700  de  1991, esa conducta no requería ese  presupuesto  -ver artículo  33-   y,   segundo,  si bien el artículo 35 de la Ley 600 de 2000  sí  lo  hace,  sujeta tal condición a  que  la  cuantía  del ilícito no exceda de diez (10)  salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, situación ajena al sub júdice  donde  los recursos obtenidos por efecto de la conducta criminal  ascienden  a  la  suma  de  $5.150.000,  misma  que  supera  el límite fijado por la norma  aplicado   a   la   época   de   los   hechos  -año  1998-,   en   la  cual  regía  un  salario  mínimo  equivalente    a    $203.820    -Decreto   3106   de  1997-.   

Lo anterior es suficiente para concluir en el  rechazo  del libelo, sin que ello impida a la Sala observar que con ocasión del  fallo  impugnado  se  materializó  una violación al derecho del debido proceso  del  encartado,  dado  que  se  le  aplicó,  al  momento  de tasar la pena, una  agravante   que   por   favorabilidad   no   le   cobijaba,   tal  como  pasa  a  explicarse.   

2. CASACIÓN OFICIOSA: REDOSIFICACIÓN DE LA  PENA IMPUESTA   

Como  lo  precisó  esta  colegiatura  en la  sentencia  del  12  de  septiembre  de  2007  (radicación 26967), pese a que se  inadmitirá  la  demanda,  es factible enmendar de manera inmediata un yerro que  conspira  contra  una  garantía  fundamental  del  implicado,  sin necesidad de  disponer   el   traslado   al   Ministerio   Público  para  que  conceptúe  al  respecto.   

Es  así  que  se observa como al momento de  tasar  la  pena  impuesta  al  procesado,  el juez Ad Quem realizó la siguiente  consideración:   

“Como  ya  lo habíamos señalado, ante el  tránsito  legislativo debemos aplicar la norma más favorable al procesado y es  así  como  la  contemplada  en  el  artículo  356 del Decreto Ley 100 de 1980,  resulta  más  benévolo  en  este  caso concreto, por cuanto la pena mínima es  menor  a  la  contemplada  en  la  actual  legislación,  aunque  la máxima sea  superior,  lo  que  no perjudica al procesado, por cuanto carece de antecedentes  penales  y  no  existe  circunstancia  de  mayor  punibilidad, lo que lleva a la  tasación en el primer cuarto punitivo.   

“De otra parte, se deduce de la resolución  acusatoria  que  se  introdujo  la  circunstancia  de  agravación  punitiva del  artículo  247  de  la  Ley 599 del 2000, la que no se registraba en la anterior  legislación   y   por   ello,   en   aplicación   al  analizado  principio  de  favorabilidad,  no  se  tendrá  en  cuenta,  empero,  si(sic)  procede  la  referida  al  aumento  de  la  pena  por la cuantía de lo  apropiado  del  artículo 372 del anterior código penal, que señala un aumento  de  la  tercera parte a la mitad; por lo que los extremos punitivos corresponden  a  dieciséis (16) meses a ciento ochenta (180) meses de prisión, y multa de un  mil  a  quinientos  mil pesos.” -Negrillas y subrayas  fuera del original- (Fl. 18 Cuaderno de Segunda Instancia)   

Se  muestra indiscutible que el análisis de  favorabilidad  realizado  por el fallador acertó en cuanto decidió aplicar los  extremos  punitivos  del  artículo  356  del Decreto Ley 100 de 1980, dadas las  condiciones  personales  del  actor  y  el  quantum  inferior  de  pena  que esa  disposición  establece,  mismo que resulta más benigno que el señalado por el  artículo  246  de la Ley 599 de 2000 -prisión mínima  de   un   año,  en  la  primera  de  las  normas,  y  mínima  de  dos,  en  la  segunda-.   Sin   embargo,  erró  cuando  determinó  imponerle  la  agravante  contemplada en el artículo 372 del Decreto Ley 100 de  1980,  según  el  cual  se  incrementa  la  pena en una tercera parte cuando la  conducta  se  cometa  “…(s)obre una cosa cuyo valor  fuere superior a cien mil pesos.”   

Yerro que sobresale si se tiene en cuenta que  la  Ley  599  de  2000,  vigente  al momento de dictarse la sentencia de segundo  grado,  modificó  sustancialmente las condiciones en que procede la agravación  punitiva  para  delitos  como  la  estafa,  expresando que ésta sólo se aplica  cuando  la  conducta  recaiga  “… (s)obre una cosa  cuyo  valor  fuere  superior  a  cien  (100) salarios mínimos legales mensuales  vigentes”,  no  siendo  ese  el caso del actor, como  antes se indicó con mayor precisión.   

Ahora bien, la circunstancia que por efectos  del  mínimo  punitivo  se  escoja  por  favorabilidad  una  disposición que al  momento  de  dictarse  sentencia  no regía, pero igualmente se aplique la norma  vigente  respecto  a  los  requisitos  de  las circunstancias de agravación, no  lesiona   ningún   principio   jurídico,   pues   como  lo  ha  expuesto  esta  Corporación:   

“Nada obsta la aplicación favorable de la  Ley  599  en  relación  con  la pena inferida para el delito de homicidio -como  procedieron  los  juzgadores -, que la accesoria en comento se dedujere con base  en  el  Estatuto  represor  anterior,  habida  cuenta  que la Sala ha acogido la  viabilidad  de  aplicar  una lex tertia en tanto se respete la autonomía propia  derivada  de  la  naturaleza  de  cada  pena  en el caso concreto (Única 16.837  Sentencia    3   de   septiembre   de   2.001).”2   

Siendo   ello   así,   procedente   casar  oficiosamente  la  sentencia  en  la  parte  que vulnera la garantía del debido  proceso,  misma  que  se  contrae  al  incremento  punitivo que fue aplicado por  efecto  de  la  agravante  erróneamente impuesta, es decir, la tercera parte en  que fue aumentado el mínimo de 12 meses que la norma establece.   

En  ese  sentido,  la pena a imponer deberá  respetar  el incremento porcentual que el Ad Quem empleó, de tal manera que, si  partiendo  de  una  base  de  16 meses de prisión -por  consecuencia  de  la  agravación que ahora se suprime-  aquél  fijó la pena en 24 meses, para efectos de establecer el monto en que se  adicionará  el  mínimo,  se  realiza  una  regla  de  tres  simple,  según la  cual:   

16   meses   (con   agravante)                              8                    meses            de  incremento   

12        meses        (sin  agravante)                    ?   

                        ?      =       12      x   8       =  6 meses de incremento   

                                    16   

De  tal  manera  que  el mínimo punitivo se  incrementa  en  6  meses, para un total de pena principal equivalente a 18 meses  de  prisión,  quantum  al  cual  también  se  ajustará  la  pena accesoria de  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas. En consecuencia, se casará  parcialmente  y  de  oficio  el  fallo,  para  ajustar  las penas antedichas, al  quantum indicado.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  ADMINISTRANDO  JUSTICIA EN NOMBRE DE LA  REPÚBLICA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   a   nombre  del  procesado  CARLOS  ARTURO  MUÑOZ MEJÍA conforme  con  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo de este  proveído.   

         CASAR    PARCIALMENTE   Y   DE   OFICIO  el fallo del impugnado, en el sentido de declarar que  la  pena  privativa  de  la  libertad  que corresponde  purgar    a   CARLOS   ARTURO   MUÑOZ   MEJÍA   por  el  delito  de estafa es de 18 meses de prisión,  periodo  que  igualmente  comprende  la  pena  accesoria  de  inhabilitación de  derechos y funciones públicas a la que debe someterse.   

         

         En   todos   los   demás  aspectos  la  sentencia permanece incólume.   

Contra   lo   decidido   en  la       presente      providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

                                            

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ                                     MARIA              DEL              ROSARIO             GONZÁLEZ             DE  LEMOS                   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE    L.   QUINTERO   MILANÉS                                                                       

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                            JULIO  SOCHA  SALAMANCA                                                    

                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                     Secretaria   

     

1 Auto  de fecha 26 de septiembre de 2007, proceso 27774.   

2  Sentencia de casación 22 de junio de 2005, proceso 22734.     

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