27339(18-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27339  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado Acta N° 082  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de marzo de dos  mil nueve (2009).    

ASUNTO  

          Se  pronuncia  la Corte sobre las peticiones elevadas por la defensa  de   la   procesada   SANDRA   ARABELLA   VELÁSQUEZ  SALCEDO.   

         

DE LAS SOLICITUDES:  

1.   Cesar   el  procedimiento  en  favor  de  su asistida, por cuanto la indemnización integral  del  daño  ocasionado  justifica  culminar  la  acción  penal  iniciada  en su  contra1.   

En  apoyo de su tesis precisa cómo, en este  caso,  se  cumplen  todas las circunstancias identificadas por la jurisprudencia  de  la  Sala,  como  presupuesto para que proceda la reparación integral.    

Así, destaca, el inciso 1° del artículo 42  de  la  Ley  600  de  2000, prevé la extinción de la acción penal respecto de  delitos  contra  el  patrimonio  económico, cuando cualquiera de los procesados  repare  integralmente  el  daño  ocasionado,  excepto  en  los  casos  de hurto  calificado  y  extorsión. Entonces, concluye, tratándose del delito de Estafa,  incluso   agravada   como   la   deducida  en  este  caso,  tal  reparación  es  procedente.   

En   el  expediente,  aduce,  obra  prueba  relacionada  con  el  costo  del vuelo, consistente en la certificación emitida  por   el   Mayor   General   José   Vicente  Ureña  Molina,  Jefe  de Operaciones Aéreas de la FAC, donde  se  cuantifica  en $53.844.770; dicho valor fue refrendado en oficio N° 3608 de  16  de  octubre  anterior,  con  lo cual existe certeza sobre el monto del daño  ocasionado,  asumido  por  la  ex  Congresista,  quien  constituyó el depósito  judicial    N°A4326735   por   la   suma   indicada,   documento   cuya   copia  allega2.   

La procesada, sostiene, nunca ha acudido a la  reparación  integral  como  medio para extinguir la acción penal, según puede  constatarse  consultando  el  registro  de  estas  decisiones  elaborado  por la  Fiscalía General de la Nación.   

Finalmente,  dice,  la  figura aludida puede  intentarse,  de  acuerdo con  la jurisprudencia nacional a cuya cita acude,  incluso  durante  el  trámite  del  recurso de casación; en ese orden, resulta  procedente reclamar su aplicación en este estadio procesal.   

2. Se de aplicación  al   principio   de   oportunidad   en   este  caso3.   

Para  sustentar  esta  solicitud destaca, en  primer  término,  que  según ha concluido esta Sala, a su asistida le resultan  aplicables  los  incrementos  punitivos  establecidos  por  la  Ley 890 de 2004,  vinculados,  según  su  reiterada  jurisprudencia,  con el modelo procesal  impuesto por la Ley 906 de 2004.   

Siendo   así,   afirma,  los  imperativos  constitucionales  de  equidad  e  igualdad,  definidos con apoyo en la doctrina,  tornan  indispensable  el acceso a las instituciones procesales que determinaron  esos aumentos de pena.       

Aduce que éste es un caso sui géneris y por  ello,  aún cuando la Corte en otras oportunidades rechazó aplicar el principio  de  oportunidad  a  procesos regidos por la Ley 600 de 2000, en ninguna de ellas  se  abordaron  las  particularidades  propias  del  juzgamiento  de miembros del  Congreso de la República.   

Ahora,  como esta Sala ejerce en este evento  las   funciones   de   investigación   y   juzgamiento   por   expreso  mandato  constitucional,   asume  su  discrecionalidad  para  renunciar  o  suspender  el  ejercicio  de  la acción penal cuando concurran los supuestos establecidos para  ello por el nuevo modelo de investigación y juzgamiento penal.   

Destaca  cómo  la  figura  jurídica  cuya  aplicación   reclama   resulta   particularmente   viable   tratándose  de  su  asistida,    atendidos   los   principios   de   última  ratio  y  mínima  intervención  que  la  inspiran,  así  como  las circunstancias propias de las  conductas  imputadas,  por  cuya  virtud  la  imposición  de  una  pena resulta  desproporcionada e incompatible con el último axioma mencionado.   

Es así como la ex Representante ni redactó  los  oficios  tema  del  proceso  ni consintió expresamente en su contenido, de  suerte  que  aún  si se le considera responsable de la información plasmada en  ellos,  el  juicio  de  reproche  pertinente es de menor entidad al efectuado al  servidor  público  que  en  ejercicio  de  sus  funciones, de manera personal y  sabiendo   la   mentira   de  su  dicho,  falta  a  la  verdad  al  extender  un  documento.      

Igual  ocurre  con el ilícito de Estafa, en  tanto  los bienes transportados provenían de una entidad ajena a la procesada y  además,  fueron  entregados  a  personas  de  escasos recursos, razones por las  cuales  merece un reproche menor frente a quien lesiona el patrimonio económico  para satisfacer, exclusivamente, un interés particular.    

Siendo  así,  precisa,  puede  aplicarse la  causal  14 del artículo 324 de la Ley 906 de 2004 que viabiliza el principio de  oportunidad,  en  tanto  la afectación del bien jurídico de la fe pública, en  cualquiera  de  sus concepciones, fue mínima, dado que, como revela el proceso,  se  requirió el transporte de alimentos para la población menos favorecida, lo  cual  era  cierto, como también que los pasajeros trasladados correspondían al  listado allegado a la FAC.   

Además,  enfatiza, los destinatarios de las  misivas  cuestionadas  podían,  con  un  mínimo  cuidado, descubrir la mentira  plasmada   en   ellas:  bastaba  comunicarse  telefónicamente  con  la  Agencia  Presidencial  a  la  cual se atribuía la donación para descartar ese origen, o  mirar  las  características  físicas  y  los  nombres  de  los  pasajeros para  establecer que no eran indígenas.   

La  conducta reprochada, dice, carecía, por  tanto,   de  entidad  para  engañar  a  un  funcionario  público  medianamente  diligente  y,  siendo  así, la afectación del bien jurídico de la fe pública  no  debe tenerse como intensa; circunstancia que junto a la reparación integral  de  los  daños  ocasionados,  efectuada mediante la constitución del depósito  judicial N°A4326735, permite aplicar el numeral 14 citado.   

Sin  embargo, si la Sala estima improcedente  acoger  dicha causal, puede optar por suspender el ejercicio de la acción penal  en  los  términos  del  numeral 8° del artículo 324 de la Ley 906 de 2004, es  decir  por  la  suspensión  del procedimiento a prueba regulada en el artículo  325  el mismo estatuto, cuyas condiciones explica para concluir que con ellas se  preservan  los  fines  de  prevención  general positiva y prevención especial,  asignados    a    la    pena,    además    de    la   reparación   del   daño  ocasionado.   

CONSIDERACIONES:  

En el mismo orden asumido por la defensa, la  Sala se ocupará de sus peticiones.   

1. El artículo 42  de la Ley 600 de 2000 establece:   

“En los delitos  que  admiten  desistimiento,  en  los de homicidio culposo y lesiones personales  culposas,….y  en los delitos contra el patrimonio económico, la acción penal  se  extinguirá para todos los sindicados cuando cualquiera repare integralmente  el daño ocasionado.   

Se   exceptúan   los  delitos  de  hurto  calificado,   extorsión,   violación   a   los   derechos  morales  de  autor,  defraudación  a  los derechos morales de autor y violación a sus mecanismos de  protección.   

La extinción de la acción a que se refiere  el  presente  artículo  no  podrá  proferirse  en otro proceso respecto de las  personas  en  cuyo  favor se haya proferido resolución inhibitoria, preclusión  de  la  investigación  o  cesación  por  este  motivo, dentro de los (5) años  anteriores.   

…La reparación integral se efectuará con  base  en  el  avalúo  que  de los perjuicios haga un perito, a menos que exista  acuerdo  sobre  el  mismo  o  el  perjudicado manifieste expresamente haber sido  indemnizado.”   

La simple lectura de la norma enseña que la  extinción  de  la  acción  penal  con  fundamento en esta circunstancia, está  condicionada      a      que      el      sindicado      repare     integralmente  el  daño  generado  con la  infracción.   

Opuestamente,  en  el  asunto  que  ocupa la  atención  de  la  Sala,  el  depósito  realizado  por  la  enjuiciada  con  el  propósito  de  extinguir  la acción penal por el delito de Estafa agravada del  cual  se  le acusa, sólo representa el costo, en marzo  de  2006,  del  desplazamiento de la aeronave oficial,  efectuado  a  petición  suya. Así surge de las comunicaciones remitidas por el  Jefe  de  Operaciones  Aéreas  de  la  FAC, ninguna de las cuales se refiere al  valor    actualizado   de   dicho   desplazamiento4.   

En ese orden, no puede sostenerse que la suma  de   $53.844.770  consignados  a  órdenes  de  esta  Corporación,  corresponda  estrictamente  al  daño  causado  por  la  infracción,  dado que, se itera, no  contempla  las  diferencias  generadas por los índices de inflación, con clara  incidencia  en  el  poder  adquisitivo  de  nuestra  moneda,  como  tampoco  los  perjuicios generados con la infracción.   

Dichos  aspectos  inciden  en el concepto de  reparación   integral,  en tanto cualquier pago que los  excluya  tiene,  como  es  natural, la característica de parcial e insuficiente  para concretar el supuesto exigido por la norma transcrita.   

Por  otra  parte,  en  el  proceso  no  obra  constancia  de acuerdo sobre el monto preciso y completo de la indemnización ni  manifestación  expresa  del  perjudicado  en  torno  a  que  ya  fue  reparado,  hipótesis que obviaría determinar pericialmente tal valor.   

De  manera que, hallándose insatisfecha una  de  las  exigencias indispensables para acceder a la figura jurídica propuesta,  la  Sala  denegará  la  petición  formulada  por  el defensor, sin que resulte  necesario,  por  ahora,  avanzar  en  el  estudio  de  los  demás supuestos que  permiten su aplicación.   

No obstante, como se advierte el interés de  la  procesada  en  extinguir  la  acción  penal  frente  al  delito  contra  el  patrimonio   económico   que  se  le  atribuye,  pagando  el  valor  del  vuelo  cuestionado  y  la  indemnización  de  los  perjuicios  causados,  se ordenará  actualizar  el precio reportado por la FAC en las comunicaciones aludidas por la  defensa y  calcular el valor de los perjuicios ocasionados.   

Con ese fin, se oficiará a la Unidad del CTI  que  apoya  a  esta Corporación, para que con la intervención de un contador o  de  un  profesional  idóneo  en  temas financieros, en el término de cinco (5)  días  y  consultando  el índice de precios al consumidor, rinda dictamen sobre  los  asuntos  mencionados.  El  resultado  se  informará  a  las  partes  y  al  representante legal de la FAC para lo pertinente.   

De  igual  forma,  se pedirá a la Fiscalía  General  de  la  Nación, que en el término de cinco (5) días certifique si en  su  registro  de  las decisiones proferidas con fundamento en el artículo 42 de  la  Ley 600 de 2000, figura la ex Representante SANDRA  ARABELLA VELÁSQUEZ SALCEDO.   

    

2.  Corresponde  analizar  ahora  si  resulta  o  no viable aplicar el principio de oportunidad a  procesos  adelantados en contra de los miembros del Congreso, regidos por la Ley  600 de 2000.   

Sobre  el  particular impera señalar que la  jurisprudencia      de     esta     Corporación5,  al  igual que la emitida por  la  Corte  Constitucional, ha decantado que figuras jurídicas del  sistema  penal  acusatorio,  introducido  mediante  el  Acto  Legislativo N° 3 de 2002 y  desarrollado  por  la  Ley  906 de 2004, pueden aplicarse a procesos adelantados  bajo  la  égida  de la Ley 600 de 2000, siempre y cuando se trate de idénticos  institutos,   esto  es,  que  el  precepto  del  nuevo  estatuto  procesal  cuya  aplicación  favorable  se  invoca,  no  se entienda solamente en el marco de la  nueva sistemática de investigación y juzgamiento.   

Dicha condición surge porque el principio de  favorabilidad  es  predicable  frente a figuras jurídicas contempladas tanto en  la  Ley  906  de 2004 como en la Ley 600 de 2000, en tanto ambas coexisten, y el  de   igualdad  solo  se  aplica  frente  a  quienes  se  encuentren  en  similar  situación,  atendida  la  estructura  interna  adoptada  por  cada sistema para  desarrollar  y  concretar las garantías constitucionales previstas en favor del  individuo.   

No  puede  ignorarse, por otra parte, que la  Ley  600  de  2000  y  la 906 de 2004 consagran sistemas procesales expedidos en  desarrollo  de  normas constitucionales diferentes y, por tanto, para establecer  si  uno  de los institutos contemplados en éste puede imbricarse en el otro, es  necesario compararlos.   

Para   este   ejercicio,   ha  de  recordarse  cómo  la jurisprudencia de la Sala —referida  a  la aplicación favorable  de  normas  de  la  Ley 906 de 2004 a procesos tramitados por la Ley     600     de    2000—,    ha    precisado    reiteradamente  “que    ella   está   condicionada  básicamente  al cumplimiento de tres  requisitos,  a  saber:  (i)  que  la  figura  a aplicar esté regulada en ambas legislaciones, sin requerirse  para  el  efecto  que  lo  sea  bajo  el  mismo  nomen  iuris,   pues basta una identidad sustancial en  torno  al  fenómeno  jurídico  inmerso  en  ambas normatividades. (ii)  que  la  aplicación  de  la norma  favorable  se  haga  sobre la base de la existencia de similitud de presupuestos  fácticos    o    procesales.    Y    (iii)  que  para  hacer  efectiva  la  garantía no se desvertebre o  resquebraje   el   sistema   llamado  a  gobernar     la    respectiva     actuación,    vale    decir  que,    entre    otras  cosas,  no se omita algún  paso   del   esquema  procesal.  O  dicho  de  otro  modo,  que  se  aplique  la  favorabilidad        en       lo       estrictamente       necesario”6   

.  

Tal confrontación, tratándose del principio  de  oportunidad  resulta imposible, dado que ésta es una figura exclusiva de la  Ley  906  de 2004 frente a la cual, en la ley 600 de 2000, no existe otra con la  cual guarde equivalencia.   

Es  por ello que la Corte Constitucional, en  específica  referencia  al  principio  de oportunidad, desechó su aplicación,  por  favorabilidad,  a  hechos  anteriores  a  la  vigencia  de  la  Ley  906 de  2004,  “…pues ese es un  elemento  esencial  del  nuevo  sistema  que  no  encuentra su equivalente en el  sistema  anterior  regulado  por  la  Ley  600  de 2000 y por tanto no se dan en  relación  con  este  último  los presupuestos lógicos para la aplicación del  principio         de         favorabilidad”7.   

Ahora, si bien los hechos atribuidos a la ex  Congresista  tuvieron  desarrollo  el  2006,  cuando  ya regía en este Distrito  Judicial  la  Ley  906  de  2004,  ninguna  discusión  ofrece  que, por expresa  disposición  de  su  artículo  533,  esta  investigación debe sujetarse a las  preceptivas  de  la  Ley  600  de  2000,  a  la  cual resulta ajeno el instituto  citado.   

En  esa  medida, implementar el principio de  oportunidad  por  razones  de equidad e igualdad en los procesos seguidos contra  miembros  del  Congreso,  conforme  sugiere  el defensor, no se ofrece viable en  tanto,  además  de ser ajeno a la ley 600 de 2000, quebranta el modelo procesal  seguido  para  la  investigación y juzgamiento de aquellos, el cual no estatuye  trámite  a  seguir en este evento ni en otro que pueda tenerse como similar, al  punto    que    los    operadores    llamados    a    ejecutarlo    —fiscalía   y   juez  de  control  de  garantías—,  carecen, en  estas actuaciones de cualquier función.   

Por esta misma causa, la práctica pretendida  resultaría,  de  igual  forma,  lesiva  de la estructura básica de la Ley 906,  pues  sería  necesario,  en este escenario, adoptar un procedimiento acorde con  el  fuero  de  los  congresistas,  no  previsto  por  el constituyente ni por el  legislador cuando introdujo el sistema acusatorio.   

Ahora, en otro ámbito, aunque asiste razón  a  la  defensa  cuando   afirma que los anteriores pronunciamientos de esta  Sala  en  torno  a  la  improcedencia  de  aplicar el principio de oportunidad a  procesos  regidos  por  la  Ley  600  de  2000,  no  contemplaron el caso de los  miembros  del Congreso de la República, se equivoca cuando hace de esta calidad  la  condición determinante para predicar, respecto de su asistida, los aumentos  punitivos de la Ley 890 de 2004.   

En  ese  sentido  impera  reiterar  que ello  obedece,  exclusivamente,  a  que los hechos imputados a la doctora VELÁSQUEZ  acaecieron en enero y marzo de  2006,  esto  es  cuando  la  Ley  906  de  2005  con  la cual se vincula aquella  disposición, ya regía en este distrito judicial.   

Esa  realidad  hace necesario atemperar, por  razones  de  legalidad  e igualdad, las diferencias punitivas establecidas en la  Ley  890,  en  tanto  no  resulta legítimo ni equitativo sustraer de ellas a un  grupo  reducido  de  personas,  exclusivamente  por  causa  del procedimiento de  investigación   y   juzgamiento  establecido  en  su  favor,  diferencias  cuya  imposición,  debe  destacarse,  no  socava  las bases fundamentales del sistema  procesal  predicable  de  los  miembros  del Congreso de la República, como sí  sucede con el principio de oportunidad propuesto.   

La improcedencia en estos casos del instituto  requerido,  releva  a la Sala de avanzar en consideraciones en torno a la causal  que  haría  viable  su  aplicación, o a valoraciones atinentes a los elementos  estructurales  de  los  ilícitos  atribuidos  a  la procesada, propias de otros  estadios procesales.   

De  conformidad  con  lo  expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

1.  NO  CESAR  el  procedimiento  en  favor de la doctora SANDRA ARABELLA  VELÁSQUEZ  SALCEDO, por el delito de Estafa Agravada,  por  cuanto  no  se  cumplen las precisas condiciones que, de conformidad con el  artículo   42   de  la  Ley  600  de  2000,  dan  origen  a  la  indemnización  integral.   

2.    NEGAR,  por  improcedente,  la  aplicación  a  este  caso del  principio de oportunidad.   

3.    LIBRAR  orden  de trabajo al CTI que  apoya  a esta Corporación, para que con la intervención de un contador o de un  profesional  idóneo  en  temas  financieros, en el término de cinco (5) días,  consultando  el  índice  de  precios al consumidor actualice el valor señalado  para  el  vuelo tema de este proceso y determine los perjuicios que hayan podido  surgir de las conductas reprochadas.   

El resultado se informará a las partes y al  representante legal de la FAC para lo pertinente.   

4.  SOLICITAR  a la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  que  en  el  término  de  cinco (5) días  certifique  si  en su registro de las decisiones proferidas con fundamento en el  artículo  42  de  la  Ley  600 de 2000, figura la ex Representante SANDRA ARABELLA VELÁSQUEZ SALCEDO.   

Contra  las  decisiones  adoptadas  en  los  numerales    1    y   2   de   esta   providencia,   procede   el   recurso   de  reposición.   

Notifíquese y Cúmplase  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

Aclaración de voto  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              MARÍA    DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS       

Aclaración    de    voto                                                        Aclaración de voto   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE     LUIS     QUINTERO    MILANES      

Aclaración de voto  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

         Aclaración de voto   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fls.  23 a 29 c. 7   

2 Fl.  29 c. 7   

3 Fl.  30 a 53 c. 7   

4 Fls.  129 c. 1 y 246 c. 5   

5 Cfr.  Auto   07/04/05  Rad.  23247;  auto  04/05/05  Rad.  1904;  auto  23/05/06  Rad.  25300.   

6  Sentencia   del  9 de febrero de 2006, radicados 23700. En el mismo sentido  radicados   25300   del  23  de  mayo  de  2006  y  26831  del  15  de  mayo  de  2008.   

7  Sentencia  C  –  592  de  2005     

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