24224(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24224  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 231.  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación presentada por  el    defensor   de   JAIRO   EMILIO   DE   LA   ROSA  APARICIO,  contra  el  fallo del 19 de abril de 2005,  mediante  el  cual  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de   Barranquilla,  confirmó  la       sentencia      adoptada   por   el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad, el 28 de  diciembre   de   2004,   que  lo  condenó  por  los  punibles de tráfico de armas  de  uso  privativo  de  la fuerza pública, en concurso con tráfico de armas de  fuego,   municiones   o   explosivos   y  utilización  ilegal  de  uniformes  o  insignias,  a  la  pena  de  ochenta  (80)  meses  de  prisión1.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“Se  extrae  de la foliatura, que debido a  informes  de  inteligencia,  se  determinó que existía entre los municipios de  Cíenaga  y  Barranquilla,  milicias  bolivarianas pertenecientes a la cuadrilla  XIX  de la ONT FARC, quienes son los destinados a conseguir el apoyo logístico,  armamento,  y  hacer  seguimiento a ganaderos y comerciantes para posteriormente  secuestrarlos  y  entregarlos  a  los  frentes subversivos situados en la sierra  nevada  de  Santa  Marta, y de esta manera se descubrió sobre el traslado de un  material  de  guerra  que  sería  entregado  a milicianos de las ONT FARC, y al  proceder  a  efectuar  el desplazamiento por parte de los funcionarios del grupo  GAULA  del  Magdalena,  hasta  la  ciudad  de  Barranquilla, específicamente al  Barrio  Simón  Bolívar,  donde se procedió a la captura de WILFRIDO MERCADO y  JAIRO  DE  LA ROSA, encontrándosele en su poder una subametralladora mini-ingra  calibre  7,  65,  un  revolver (sic) calibre 38 marca Smith Wesson, una barra de  explosivo  Indugel,  un  cartucho  calibre  7,  56  mm, cartuchos calibre 38, un  proveedor  para  subametralladora  y  diez  uniformes  de  uso  privativo de las  fuerzas armadas de Colombia”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 23 de octubre  de  2003,  la  Fiscalía  Segunda  Delegada  ante  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado de Barranquilla,      dictó      resolución     de  acusación     contra  WILFREDO    FREDDY   MERCADO   JARABA   y   JAIRO   EMILIO   DE   LA   ROSA  APARICIO,   por   los   punibles   de   fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  municiones  de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas, fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  o  municiones y utilización ilegal de uniformes e insignias.    

2.   El  28  de  diciembre  de  2004,  el  Juzgado  Penal del Circuito  Especializado    de    Barranquilla,   condenó  a JAIRO  EMILIO  DE  LA  ROSA APARICIO, a las penas principales  de  ochenta  (80)  meses  de  prisión  y  multa de cincuenta (50) smlmv y, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas, por el mismo  lapso  que  la  sanción  privativa  de  la libertad, como autor material de los  delitos  tráfico  de  armas  de  uso privativo de la  fuerza  pública,  en  concurso  con  tráfico  de  armas de fuego, municiones o  explosivos   y   utilización   ilegal  de  uniformes  e  insignias.   

2.1.  En  la misma  decisión,  la  Juez  declaró  la  nulidad parcial de lo actuado a partir de la  resolución  que  ordenó el cierre del ciclo instructivo, en lo concerniente al  imputado      WILFREDO      FREDDY     MERCADO  JARABA,  por  violación  al  derecho  de defensa, en  consecuencia,  le  decretó  la  libertad provisional y dispuso la ruptura la de  unidad procesal.   

3. El 19 de abril de  2005,  el  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de  Barraquilla,               confirmó  la  sentencia recurrida por la  defensa técnica y material.   

4.  Inconforme  el    defensor   de   JAIRO   EMILIO   DE   LA   ROSA  APARICIO  con  el  fallo  condenatorio, lo impugnó y  sustentó  mediante  la presentación del respectivo libelo, que hoy califica la  Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo  el  auspicio  de  la  Ley 600 de 2000,  artículo  207,  el actor presentó dos cargos contra el fallo de segundo nivel:  (a)  por la causal tercera,  el  actor  indicó  que  la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad,  por      desconocimiento      de      los     principios     de     “investigación      integral,     necesidad     probatoria     y  legalidad”          y          (b)  por la causal primera, al no aplicar  los  juzgadores  “la figura del principio universal  del in dubio pro reo”.   

Apoyó  su pretensión en varios tratadistas  de  casación,  y,  tomando la idea de ellos, habló sobre la exploración de la  verdad  real  de un comportamiento delictivo, entendiendo que la búsqueda de la  verdad  requiere  en  “forma integral”,  de  “una  triple    connotación:   a.-   como   proceso   de  conocimiento-cognoscitivo-  acerca  de  aquella verdad auscultada o buscada; b.-  como  mandato  político  y  c.-  como  actividad  dentro de un sistema procesal  penal”.    

Teniendo en cuenta que el libelo, contrario a  lo  advertido  por la jurisprudencia desde antaño, es un memorial de instancia,  confeccionado  de manera libre, genérica y abstracta, la Sala lo condensará en  sus    aspectos    más   sobresalientes,   tal   y   como   se   puntualiza   a  continuación:   

1.  Nulidad    por    violación    al   principio   de   investigación  integral:   

1.1.  Desde  los  albores  de  la  investigación  los diversos medios probatorios demostraron que  junto  con su poderdante fue capturada otra persona y en el acta de incautación  no  se  especificó  claramente  a  cuál  de los dos retenidos les hallaron los  elementos, por consiguiente, existe duda.   

1.2.   En   la  declaración  de  ORLANDO  REYES  LÓPEZ,  quien  manifestó  que los capturados  portaban  un bolso, no es creíble por cuanto en todo el proceso nunca apareció  el mentado elemento.   

1.3.   Igual  aconteció   con   la   subametralladora,   relacionada  en  la  ampliación  de  inspección  judicial  en donde no se dice si es “de  uso    privativo”,   como   para   determinar   la  competencia,  porque  después  se concluyó que el arma era artesanal, por ello  resulta,  “esa prueba pericial NULA, en razón a la  ley  sustancia (sic) no habla de armas hechizas o artesanales, ni mucho menos se  estableció  el  mecanismo de trabajo, y que aunado a esto tenemos que en verdad  no  sabemos  a  quien  se  le  INCAUTO  (sic)  la  precitada arma”.  No  se  pudo  objetar  tal experticio porque no le dio traslado,  tampoco  se infirmó si el arma era automática o sencilla, tampoco se demostró  su funcionamiento.   

1.4.    Otra  irregularidad    que    se   puede   sumar   a   las   anteriores   –adujó  el demandante- fue respecto a  la    “BARRA   GELATINOSA   INDUGEL”,  porque las características anotadas en las diversas diligencias  no  coinciden,  pues  “hay dos explosivos totalmente  diferentes…  el  explosivo  citado  es  colocado  a  mi  patrocinado para  perjudicarlo,  y  es  por  eso que considero que la prueba obtenida por parte de  los   expertos  en  explosivos  es  NULA  desde  cualquier  punto  de  vista”;  con  todo,  tal como lo disponen los artículos 254 y  255   de   la   Ley   600   de   2000,   se  vulneró  el  derecho  “de  ejercer los medios de defensa (CONTROVERTIR LAS PRUEBAS), en  cuanto  a  dichos  experticios  periciales,  olvidando  valorar  las  pruebas en  citas…  ya que al omitirse se estaría incurso en el presunto injusto penal de  PREVARICATO,  por  lo que tal prueba no ha debido tenerse en cuenta para radicar  en juicio”.    

1.5. En conclusión,  a  su poderdante “se le adelantó una investigación  incompleta  y totalmente desfavorable”, fundando los  falladores  la responsabilidad  “exclusivamente  en  los  testimonios  rendidos  por  los policiales captores, quienes solo saben  contradecirse,  y  que  en  ningún momento ratifican la existencia legal de los  elementos”.  Solicitó,  por tanto, la declaratoria  de   nulidad   a   partir   de   la   resolución  de  acusación,  “en  pro  de  preservar  el principio rector de la investigación  integral, contradicción probatoria”.   

2. Causal primera:  

2.1. Las instancias  establecieron  que  su prohijado portaba el arma de fuego y demás elementos que  el  “GAULA le achaca… a mi patrocinado… lo cual  como  lo  manifesté en la causal anterior esta prueba y al igual que la rendida  en  el  Experticio  (sic)  técnico  cuestionado  es nula por las mismas razones  manifestadas”.   

2.2. Se probó que a  su  poderdante –agregó el  libelista-  no  se  le halló ningún material de aquellos que sus captores dice  que   tenía   en   su   poder  al  momento  de  la  aprehensión,  “ya  que  si  observamos  detenidamente  el expediente no obra el  ACTA  DE  INCAUTACIÓN  DE LOS ELEMENTOS de uso privativo de la fuerza pública,  por los cuales hoy pesa una condena en contra de mi asistido”.   

2.3. El Código de  Procedimiento  Penal,  exige   para  condenar  a una persona que debe obrar  tanto  la  certeza  del  delito  y como de la responsabilidad del imputado, ello  “no sucede en este averiguatorio… situación esta  (sic)  que  considero  que es totalmente errada”, al  haberse  condenado  a  su prohijado con “pruebas que  para    la    luz    del    derecho    son    totalmente    NULAS”.    

2.4.  Trascribió  apartes   de  un  fallo  de  la  Corte  Constitucional,  sobre  el  “concepto    favorable”    de   la  presunción  de  inocencia, cuando en la decisión se indica que con base en tal  postulado,  ningún  procesado está obligado a presentar prueba que explique su  inocencia,  oficio  que  le  compete  –por  el  contrario-  a  las  autoridades  judiciales,  en  sus  dos  dimensiones:   (a)  en  lo  atinente     a     la     realización     del     delito     y     (b)  a  la  culpabilidad  del agente. Por  tanto,  “en ese aspecto, hoy… duda” y,      en      consecuencia,      solicitó      absolución  para su protegido jurídico.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de JAIRO  EMILIO  DE  LA  ROSA  APARICIO, no  reúne   los   presupuestos   mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir la demanda de casación,  pues  si  bien,  propone como  punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo de segundo nivel,  nulidad  por  violación al principio de investigación integral y por la causal  primera;  en  su  desarrollo  y  demostración  incurrió  en  graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  las  censuras en aquellos puntos más preponderantes a fin de  estipular  de  manera  precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  ofrecerle  al  demandante  suficiente  claridad  en  torno  a  los desatinos que  presenta su escrito.   

El           primer  yerro tiene que ver con la mezcla  que  realizó de las nulidades, pues en un mismo cuerpo argumentativo, habló de  investigación  integral  versus  contradicción  probatoria  y,  para  rematar,  también  combinó  con  aquéllos, valoración probatoria, que tienen supuestos  argumentativos   diversos,   vulnerándose  con  tal  actuar,  el  postulado  de  autonomía que rige el recurso de casación.    

Es preciso indicar, que cada nulidad tiene un  desarrollo   independiente,   debiéndose   identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o garantía), denunciando el sentido en forma autónoma sin mezclar  violaciones  al  debido  proceso  entre  si,  o  al  derecho de defensa y, menos  hacerlas  confluir  –como  en  el  presente  caso-  con  el  principio de investigación integral, a fin de  demostrar  por  qué su premisa es consecuente con el proceso, pues no basta, la  sola enunciación del cargo.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere  proponer  algún  supuesto,  por ejemplo, del debido proceso, debe demostrarse: ¿cómo se  fracturaron  las  bases  legales  del  mismo  ya  sea  en  su  aspecto  formal o  conceptual?,  ¿por  qué habría que retrotraer lo actuado en instancias?, ¿de  qué  forma  se  vulneraron  las  garantías  demandadas? y ¿cuáles fueron las  repercusiones  y el daño causado con tales vulneraciones? en desmedro de la ley  y  de  los  sujetos  procesales;  entre  otros  aspectos,  puntualizados  por la  Sala.   

El           segundo  yerro  se manifestó al no haber  desarrollado     en    forma    adecuada    la    nulidad    por    investigación  integral alegada, sólo se  conformó   el  actor,  con  enunciar  el  postulado  y  olvidó  por  completó  trabajarlo  como  lo  tiene  sentado la jurisprudencia. Es tal la confusión del  libelista,  que  identifica  la  nulidad  planeada,  a  un  factor  “integral”  en  la búsqueda real de  los  actos  antijurídicos,  como lo dio a conocer al trascribir los tratadistas  nacionales  que  discurren sobre el particular; cuestión totalmente alejada del  concepto  de  violación  al  principio de investigación integral o lo que debe  entenderse por tal.      

La vulneración al postulado de investigación  integral  no  se  traduce  sólo  en  citar, mencionar o señalar algunos medios o un listado hipotético y  subjetivo     de     pruebas:    i)      que      se     dejaron     de     practicar     (solicitadas  y  negadas), ii)  o  las  que  el demandante especule que han debido ser realizadas  (inactividad  probatoria  de  los sujetos procesales,  iii) o aquellas solicitadas  por  la  defensa  (decretadas y no efectuadas: evento  que  debe  ser  atacado  como  violación  al  derecho  de  defensa  y no por el  principio  aludido)  o  las que de verdad demostraban  los    hechos    materia    de   investigación   y   juzgamiento   (no  requeridas  ni  ordenadas  por  los  funcionarios).  Se  debe,  en ilación con lo precedente, proponer en casación,  aquellos  medios  probatorios  ignorados  por  las  instancias, con el objeto de  indicarle  a  la  Corte:  su  fuente, conducencia, pertinencia y utilidad.    

Tiene un alto significado lo expresado, en el  entendido  que  todas aquellas omisiones probatorias que sean demandadas en sede  extraordinaria      al      amparo     del     principio     de     investigación   integral  deben  excluir  pruebas  inconducentes,  inútiles,  insuficientes,  dilatorias,  superficiales,  vanas  e  ineficaces,  toda  vez que un ataque sustentado en cualquiera de tales  supuestos   “probatorios”,   no   evidencia   el   menoscabo   al   referido  postulado.     

El   ejercicio   jurídico-probatorio  del  libelista  no  cesa  ahí:  es menester además modular la incidencia favorable,  decisiva   e  incontrovertible  de  tales  pruebas  contra  las  valoraciones  y  conclusiones del fallo que se está atacando.   

Además  de  lo  anterior,  es  deber  del  demandante   demostrarle  a la Sala que los medios probatorios desconocidos  por  los  falladores  al  ser sopesados con los que sirvieron de fundamento para  edificar  la  sentencia  condenatoria  derribaron el grado de certeza aceptado y  construido  por  los  funcionarios,  a  fin  de  ordenar  y valorar –al  retrotraer  la  actuación-  las  pruebas  excluidas,  con  el  objetivo  fundamental  que  impere  la  verdad, la  justicia y la equidad en la administración de justicia.   

Nada  de lo expuesto realizó el libelista,  en   relación  con  el  principio  de  investigación  integral, por el contrario, destinó sus argumentos a  desacreditar  los medios probatorios incriminatorios, que deben ser atacados por  la  vía  indirecta de casación, sin ningún presupuesto  jurisprudencial,  por tanto, su embestida se contempla insustancial y efímera.   

Tercero:   Las  falencias  respecto a valoraciones probatorias corresponde atacarlas por errores  de   hecho,  seleccionando  alguno  de  los  sentidos  por  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de  identidad  o  falso raciocinio y de derecho  en  las hipótesis de falso juicio de legalidad y falso juicio de  convicción,  propias de la vía indirecta, por violación de la ley sustancial,  teniendo  en  cuenta  que  también  fueron  fusionadas  en la misma motivación  propuesta por nulidad.   

El           cuarto  desquicio tiene su génesis en el  segundo  ataque,  al  no  manifestar  por  cuál  vía  lo  sustenta:  directa o  indirecta.  La  sola  mención  de la causal primera de casación prevista en la  Ley  600  de  2000, Artículo 207, trae consigo, la vulneración al principio de  claridad  que  gobierna  la  casación, en el entendido que si no se tiene total  coherencia  de  cuál vía es la adecuada para atacar los fallos (de juicio o de  actividad),    la    motivación    –así  exhibida-  atropella  la  razón y el sentido epistemológico  del  recurso  extraordinario,  no pudiendo entender la Corte, de verdad, qué es  lo  que  propone  el  demandante,  si  combate,  por  una parte, el conglomerado  probatorio o, por otra,  el derecho aplicado al caso concreto.   

Si  se  mezclan los dos cuerpos de la causal  primera      de      casación     –como  se  evidenció  en  la demandada en estudio- se podría estar  atacando  simultáneamente  el  juicio  aplicado al caso y las pruebas sopesadas  por  los  juzgadores,  con  lo cual, por un lado, el desarrollo del cargo sería  contradictorio  y  por  el  otro  insustancial, puesto que las pruebas deben ser  contrarrestadas  por  errores  in  iudicando  de  hecho  y  de  derecho por vía  indirecta  -en  caso  de  falencias-  por  los  falsos juicios impulsados por la  jurisprudencia para su demostración.    

El  haberse  interpretado  erróneamente una  norma  de  derecho  sustancial,  por  ejemplo,  es  un  ataque propio de la vía  directa,  porque  aquí  los  supuestos  probatorios  no  son relevantes para el  éxito  del  ataque,  toda vez que los funcionarios que administran justicia, le  hacen      producir      unos      efectos      que      no      consagra      o  tiene.         

El           quinto    yerro    se   relaciona   con  el postulado de trascendencia, prioritario para demostrar  el  desatino  de  los funcionarios impreso en sus decisiones, el cual, no fue ni  mencionado por el actor.   

Se  verifica,  entonces,  que  el demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir  la  demanda  de  casación,  presentada  a  favor  de  JAIRO   EMILIO   DE   LA   ROSA  APARICIO,  de  conformidad  con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de  lo dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E   S   U  E  L  V E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de casación presentada a  nombre  de JAIRO EMILIO DE LA  ROSA  APARICIO, en virtud de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Así  mismo,  la  Juez  decretó  la  nulidad  parcial de lo actuado por violación al  derecho  de defensa a favor de WILFRIDO FREDDY MERCADO  JARABA,  disponiendo  su  libertad  provisional  y la  ruptura  de  la  unidad  procesal;  determinación  también  confirmada  por el  Tribunal.      

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