24034(30-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24034  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 105.  

Bogotá, D. C., treinta (30) de abril de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La   Sala  examina  de  fondo  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de NIXON ANTONIO BARRERA  VILLALBA  o  TRINIDAD  CARRASCAL  LÓPEZ  o ALCIDES CARRASCAL ROPERO  mediante  la cual sustentó el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia del 17 de marzo de 2005, por cuyo conducto el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga confirmó el fallo adoptado el 29 de octubre  de  2004  por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la misma sede, que condenó  al  procesado  en  mención a las penas principales de 6 años de prisión y 100  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  fijado  para  la sanción privativa de la libertad, como autor del  delito de rebelión.   

HECHOS  

Los  resumió el Procurador Segundo Delegado  para la Casación Penal de la siguiente manera:   

“Con ocasión de  informe  rendido  por  el  CTI  se dio a conocer que por labores de inteligencia  realizadas  con  el  objeto  de  individualizar  e  identificar  a  los posibles  integrantes  del frente urbano Resistencia Yariguies del ELN que delinquen en el  área  urbana  de  Bucaramanga,  se  tuvo  conocimiento  que  la  señora María  Victoria   Hernández  de  Chaparro,  alias  la  Tocata,  se  desempeñaba  como  orientadora  y  relacionista  del frente de guerra nororiental del ELN, quien es  conocida  como  la  persona  de confianza del cabecilla del frente de guerra del  Magdalena   Medio   del  ELN,  alias  ‘Ricardo     o     Wicho’              (sic).   

El  anterior  informe  dio  lugar  a  que se  libraran   varias   capturas  de  presuntos  guerrilleros  entre  ellas  la  del  denominado  “Ricardo  o  Wicho”  (sic) que   se   hizo   efectiva   el   29  de  septiembre  de  2003  …,  sindicándosele  de  ser  el  cabecilla  del  área  del Magdalena Medio, siendo  capturado con su compañera Nelsy”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   La   instrucción   corrió  a  cargo  inicialmente  del  Fiscal  Octavo  Seccional  de  Bucaramanga,  quien  el  23 de  septiembre  de 2002 ordenó la vinculación del implicado, habiéndolo escuchado  en  indagatoria  el  2  de  octubre  del  siguiente  año luego de producirse su  captura.  Cumplida  la injurada, le resolvió la situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por el delito de rebelión, según  providencia del 9 de los mencionados mes y año.   

2. Mediante decisión del 17 de diciembre del  mismo  2003  el  instructor clausuró la investigación y, una vez se surtió el  traslado  propio  de  esa  etapa  procesal, calificó el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  por el punible de rebelión. Al no poder establecer  su  verdadera  identidad, la imputación la formuló contra quien se hace llamar  NIXON  ANTONIO  BARRERA  VILLALBA o TRINIDAD CARRASCAL  LÓPEZ    o    ALCIDES    CARRASCAL   ROPERO,   alias  “Ricardo”  o “Guicho”.   

3. En firme el pliego acusatorio, asumió el  trámite  del  juicio  el  Juez  Sexto  Penal del Circuito de Bucaramanga, quien  celebró  las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento, a cuyo término  puso  fin  a  la  instancia  con  la  sentencia  condenatoria  que  fue después  confirmada  por el Tribunal Superior de la misma ciudad al desatar la apelación  interpuesta por la defensa.   

4.  El mismo sujeto procesal promovió luego  el  recurso  extraordinario de casación, cuya demanda fue admitida por la Corte  en  auto  del 20 de enero de 2006, razón por la cual se ordenó correr traslado  al  Ministerio  Público  y  es así como el Procurador Segundo Delegado para la  Casación  Penal  rindió  el  respectivo  concepto,  solicitando  no  casar  la  sentencia.   

LA  DEMANDA   

          El  demandante  formula  un  cargo  contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Bucaramanga.  Lo  apoya  en la causal primera de casación, cuerpo  segundo  de  la  Ley  600  de   2000,  a cuyo amparo denuncia la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho derivado de falso juicio de  identidad.   

         

          El  yerro,  según  dice, recayó sobre el testimonio rendido por el  señor    Martín    Aislant   Hincapié  pues  al  apreciarlo, el fallador de primera instancia le cercenó  la  parte  donde el declarante manifestó que el procesado no es el mismo sujeto  perteneciente  a  la guerrilla del ELN, comandante del Bloque Magdalena, a quien  apodaban   “Ricardo”  o  “Guicho”  y  con  quien  compartió  la  acción  rebelde,  amén de haber perdido el ojo izquierdo en un  combate  con  los  paramilitares.  Precisó  que  aun  cuando  el Tribunal no se  refirió  en  concreto  a esa prueba, formula el reproche en virtud de la unidad  jurídica que conforman los fallos de primer y segundo grado.   

          Considera     trascendente     el     error,    pues    Hincapié  es el único testigo de quienes  declararon  en  el  proceso  que  estuvo  presente  cuando  el  verdadero  alias  “Ricardo” perdió el ojo,  pues  los demás deponentes, esto es Abel López,   Daniel  Rentería  y  Daniel  Cabrera no se encontraban para entonces haciendo parte  de la guerrilla porque se reinsertaron desde el año 2002.   

          Además,   añade,  otras  pruebas  allegadas  en  el  curso  de  la  audiencia   pública   corroboran   la   versión   del   testigo   Hincapié,  por  cuanto  mediante  cotejo  grafológico  y examen médico se desvirtuaron las afirmaciones de los militares  en  el  sentido  de pertenecerle al procesado una bitácora incautada al momento  de  su  captura  y sufrir éste de lesmaniasis, todo lo cual no resultó cierto.  En  su criterio, las pruebas recaudadas también desvirtuaron la aseveración de  los   testigos  Rentería  y  López  cuando señalaron al  llamado   “Ricardo”   o  “Guicho”   de   haber  cometido  los delitos de secuestro y homicidio, pues esos punibles no ocurrieron  en el sitio y fecha referidos por los declarantes.   

          Estima,    en    fin,    que   los   testimonios   de   Rentería,         López  y Cabrera  no  son  creíbles,  porque  nunca  participaron en un  reconocimiento  en  fila  de  personas  ni  acudieron a ser contra interrogados,  contrario  a  lo  sucedido  con  Hincapié.   Los  declarantes,  además,  sólo  suministraron  el  alias  de  “Guicho”   después  de  capturarse  al  aquí  acusado, oportunidad en la cual proporcionaron sus rasgos  morfológicos,  aun  cuando  esto  último  porque  lo  vieron por televisión y  prensa escrita.   

          Señalando  que  la  prueba  indiciaria  aducida por el ad  quem  tampoco  sirve  para soportar la  condena,   insistió   en   que  la  errónea  apreciación  del  testimonio  de  Hincapié  condujo a aplicar  indebidamente  el  artículo 467 del Código Penal que trata de la rebelión y a  edificarse   la   sentencia   con  desconocimiento  del  principio  in dubio pro reo.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Para  el  Procurador Delegado, el cargo no está llamado a prosperar  porque  el  casacionista,  a  pesar de postular un falso juicio de identidad, se  limita  a  sentar  su  particular  manera  de  examinar  las pruebas, censurando  paralelamente   el   mérito   probatorio   otorgado   por  el  fallador  a  las  declaraciones  de Martín Aislant Hincapié,  Abel  López,  Daniel    Rentería    y  Daniel Cabrera.   

          En  su  criterio,  el  fallador de primera instancia, en valoración  avalada   por   el   Tribunal,  no  cercenó  los  aspectos  del  testimonio  de  Hincapié  referidos  por el  actor,  pues  sí  los  apreció  sólo  que  no  les  asignó el valor suasorio  reclamado  por  éste,  quien  pretendía  se  le  otorgara  credibilidad  y  se  desecharan  las  declaraciones  de  López,  Rentería  y    Cabrera,  con  amparo  en las cuales, contrariamente, el juzgador concluyó  que  el  procesado  es la misma persona a quien en el medio de la subversión se  le  conoce  con  el alias de “Ricardo” o  “Guicho” y  quien  se  hace  llamar  también Nixon Antonio Barrera  Villalba,  Trinidad  Carrascal  López  o Alcides Carrascal Ropero.   

Para  demostrar  el  anterior  aserto,  el  Delegado  transcribió  los  apartes  de  la  sentencia  donde  el  a  quo efectuó el mentado análisis. Puso  también  de  presente  cómo  el  juez,  en  aras de otorgar credibilidad a los  testigos   de   cargo,   rescató   de   éstos   haber   identificado  a  alias  “Guicho” como comandante  del  área  del  Magdalena  Medio,  amén  de  parecerle entendible que sólo lo  hubieran  identificado  plenamente cuando ya se encontraba capturado y lo vieron  por   televisión,   porque   “atendiendo  al  modus  operandi  de  estas  organizaciones  se recurre a utilizar alias para ocultar la  verdadera  identidad,  máxime  cuando  en  el  presente  caso  se  trata de una  suplantación    de    persona    fallecida”.    

          El  Ministerio  Público,  igualmente,  destacó los varios indicios  edificados  por  el fallador de primera instancia, provenientes los mismos de la  suplantación  de  identidad  realizada  por  el  acusado y de sus imprecisiones  frente  al  lugar  exacto  de  residencia  y  a  las referencias comerciales que  suministró,  en lo cual fue evasivo. Y aun cuando el a  quo, añadió el Delegado, aceptó que las diligencias  realizadas   para   demostrar  la  muerte  de  Jessica  no  tuvieron  éxito, como tampoco el resultado de los  dictámenes  grafológico y médico, tal situación le pareció irrelevante para  efectos   de   determinar   la   responsabilidad   del   procesado,   dados  los  señalamientos  en  su  contra  efectuados por sus compañeros de insurrección.   

          Finalmente,   resaltó  el  análisis  adicional  efectuado  por  el  juzgado  en  torno  a los contradicciones en que incurrió el acusado, en cuanto  “no  fue  veraz y dio respuestas anodinas, simples y  sosas,  tales  como  “No”,  “no  se”,  “No  señor”, y aun cuando en  audiencia  respondió  con  más amplitud, incurrió en contradicciones sobre su  identidad,  ocupación, lugar de residencia, apellido de su hijo y en general en  relación con toda su situación familiar, laboral y social”.   

          Reiterando  así  que  el  fallador  no  cercenó  el  testimonio de  Martín  Aislant  Hincapié y  que  el  valor  asignado  a  los demás medios probatorios le permitió atribuir  responsabilidad al procesado, solicitó no casar el fallo atacado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

            En el único cargo que formula, el actor denuncia la existencia de  un  error de hecho por falso juicio de identidad, señalando que el sentenciador  de    primera    instancia    distorsionó   el   testimonio   de   Martín  Aislant Hincapié al cercenarle el  aparte  donde  el  declarante manifestó que la persona capturada dentro de este  proceso  y  luego fulminada con la sentencia condenatoria no es la misma a quien  en  el  medio  guerrillero  se  le  conocía  con  los  alias de “Ricardo”      y      “Guicho”.   

         Comparte  la  Sala  el criterio del Ministerio Público   cuando   sostiene   que   el   yerro  aducido  por  el  actor  no  tuvo real ocurrencia. En  efecto,  tiene  precisado  la  jurisprudencia de esta  Corporación  que  el error de hecho por falso juicio  de  identidad se presenta cuando el sentenciador al valorar la prueba tergiversa  su   contenido   material   haciéndole  expresar  lo  que  no  dice,   como   consecuencia   de  adicionarle  fragmentos  ajenos   a  su  texto  o  de  cercenarle  o  transliterarle  apartes  pertenecientes  al elemento  probatorio.   

En    otras    palabras,   “el  error  de  identidad  implica  el  desconocimiento  del  contenido  material  de la prueba, bien porque se le hacen  agregados  a  su  contenido  real  (tergiversación  por adición), porque se lo  recorta   (tergiversación   por   cercenamiento),   o  porque  se  trastoca  su  literalidad        (tergiversación        por       transmutación)”1.   

         Ciertamente,   el  testigo  Hincapié   declaró   que   el   aquí  procesado  no  corresponde  a  la  misma  persona  con  quien  él compartió la  actividad  rebelde,  individuo  conocido  como  alias  “Ricardo”     o  “Guicho”,  comandante  del  Bloque Magdalena Medio  y   quien   perdió   el   ojo   izquierdo   en   un   enfrentamiento   con  los  paramilitares. Pero, precisamente, ese fue el sentido  fáctico  que el fallador contempló respecto de dicha  declaración         cuando        efectuó  la  valoración conjunta de las  pruebas.   Los   siguientes  apartes  de   la  sentencia  de  primera  instancia  confirman esta conclusión.   

         “Tenemos  que  los  señalamientos que  hacen  los  reinsertados todos a excepción de Aislant  Hincapié, llevan a individualizar al mismo Ricardo o  Guicho,  como  el  comandante  del  Frente  de Guerra del área estratégica del  Magdalena  Medio  y  lo  ubican  en los diferentes lugares donde han operado los  diferentes  bloques  y los señalamientos de acciones delictivas unas y otras de  mando  son propias de la subversión y llevan a corroborar que quien se denomina  con  el alias de Ricardo o Guicho se encuentra al margen de la ley por el delito  de REBELIÓN.   

          Que  quien  se  encuentra  sindicado  aquí  con  el nombre de NIXON  ANTONIO  BARRERA VILLALBA es o no el guerrillero apodado RICARDO O GUICHO, es la  pregunta  que  no  solo  se  hace el Despacho, sino también el señor Fiscal, y  llegó  a  la  conclusión  este  que  había  la  duda  por las contradicciones  resultantes  de  las  declaraciones de los reinsertados, pero para este Despacho  la  situación  es otra por cuanto no se puede echar por la borda totalmente las  declaraciones  de  los  reinsertados  por  el hecho de haber dicho aquí AISLANT  HINCAPIÉ,  el tal alias “Ricardo o Guicho” es otro y que él dice la verdad  mientras  los  demás  están  mintiendo.  Si  claramente  se  observa  que  las  coincidencias  afloran  frente  a  la  captura de NIXON, quien en realidad no se  llama  así,  pero tiene sobre sus espaldas varias investigaciones por distintas  Fiscalías   Especializadas   del   país…   Y  que  aparentemente  aparezca  otro  llamado  con  el  alias  de Ricardo o Guicho, que  también  le falte un ojo, pero ya no el derecho sino izquierdo y que igualmente  pertenece  a la guerrilla y es más es comandante del bloque del Magdalena Medio  del  ELN,  pero  que  no  es el mismo que se tiene en el presente investigativo,  será  solo coincidencia y objeto de duda como lo quiso demostrar frustradamente  el  exguerrillero  Aislant Hincapié? no para el Despacho este declarante faltó  a  la  verdad…  (Subraya la  Sala)”2.   

          Como  se  observa,  el  juzgador  partió de reseñar que el testigo  Hincapié,  contrario  a  lo  acontecido  con  los  otros  declarantes,  relevó  de  responsabilidad al aquí  procesado  al  atestar  que no se trataba del mismo guerrillero a quien conoció  durante  su militancia en el grupo alzado en armas autodenominado ELN. Sólo que  al  a  quo  no  le  mereció  credibilidad el dicho exonerativo del comentado declarante.   

          Es  evidente  que  el  censor  confunde el  falso  juicio  de  identidad con el falso raciocinio, especie también del error  de  hecho  pero  cuya  ocurrencia  se  presenta  cuando  el fallador, a pesar de  apreciar   la   prueba   en   su   exacto   sentido   material,   le  asigna  un  poder      de     convicción    que  desconoce  los  principios  de  la  sana  crítica,  conformados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulado lógicos y las leyes de la ciencia.   

          Sin  embargo,  aún  entendiendo  que su pretensión fue, realmente,  proponer  un  falso  raciocinio  la  censura  tampoco está llamada a prosperar,  porque  el actor en momento alguno acreditó que el sentenciador vulneró algún  principio  de  la  sana  crítica  al  apreciar  el  testimonio  de Hincapié.  Su discurso se limitó a fijar  su  propia  visión  sobre  el  mérito  persuasivo de las pruebas, pretendiendo  oponerla  al  del  fallador  con  el  objetivo de que la Corte prefiera la suya,  olvidando  que esa forma de cuestionamiento no tiene vocación de éxito en sede  de  casación,  por  cuanto la sentencia está revestida de la doble presunción  de  acierto  y  legalidad,  razón  por la cual las conclusiones probatorias del  fallador  prevalecen  frente  a las postuladas por los sujetos procesales, salvo  si  se  demuestra  la  incursión  en  grave  yerro, lo cual no acontece en este  caso.   

          La  misma  desacertada  orientación conceptual se observa cuando el  libelista,  con  la  pretensión  de  acreditar  la  trascendencia del yerro que  denuncia,  aborda el examen de las demás pruebas ponderadas por el sentenciador  para  sustentar  la  condena,  porque igualmente censura el poder de convicción  que  les atribuyó el juzgador, sin indicar y menos demostrar cuáles principios  de  la  sana  crítica  vulneró éste durante la labor de valoración de dichos  medios probatorios.   

          Obsérvese   cómo   el   impugnante   sostiene   que  los  testigos  Abel  López,   Daniel  Rentería  y      Daniel     Cabrera    no  son   

creíbles  y  los indicios edificados por el  fallador  no  sirven  para  sustentar  la  condena, planteando para el efecto su  particular  crítica  probatoria,  pero  frente  a la cual se erige el análisis  probatorio  efectuado  por  el  juzgador,  en  cuya  contraposición el actor no  acredita  la  existencia  de  un  error  grave  ni la Sala lo evidencia, pues se  corresponde  con la amplia discrecionalidad de valoración que la ley le otorga,  sin desbordar los confines inherentes a la sana crítica.   

          Es   así   como  el  Tribunal  parte  de  destacar  el  coincidente  señalamiento  que los testigos de cargo efectúan del aquí procesado de ser el  comandante  del  área  del Magdalena Medio, pareciéndole entendible que apenas  lo  hubiesen reconocido plenamente cuando lo mostraron en televisión, en razón  a  las  varias  identidades  que  suelen  utilizar  los miembros de esa clase de  organizaciones   con   el   fin   de,   precisamente,   ocultar   la  verdadera,  “más  cuando  en  el caso de autos la identidad que  presenta  el procesado, es una suplantación de persona fallecida”3.    

          El  fallador de segundo grado sobre bases sólidas edificó también  elementos  indiciarios  contra  el  procesado que contribuyeron a fundamentar la  condena.  Resaltó, al efecto, el hecho de suministrar datos vagos en torno a su  verdadera  identidad,  a su domicilio y a su actividad laboral. En relación con  lo  primero, dijo el a quo, se  empecinó  en  atribuirse  el  nombre  de NIXON ANTONIO  BARRERA  VILLALBA,  pese  a  estar  demostrado  en  el  proceso   que  el  documento  de  identificación  utilizado  por  él  con  ese  propósito  pertenece  a  una  persona  que ya falleció. Ese tipo de actitudes,  señaló  el ad quem, sólo es  propia  de quienes tienen “la necesidad de ocultar la  verdadera                identidad”4.   

          Sobre  su  oficio,  el  Tribunal  destacó cómo el acusado dijo ser  comerciante  en  fríjol,  arroz  y  cebolla,  pero  no  supo precisar de manera  atendible  referencias comerciales de personas con quienes realizaba ese tipo de  actividad.  Adicionalmente,  se  refirió  al  hecho  de  haberse  capturado  al  procesado     junto     a     la     mujer     Nelsy  Villarreal,  persona sobre la cual pesaba, igualmente,  orden  de  captura  por  rebelión  y  quien,  incluso,  fue identificada por el  testigo    Daniel   Antonio   Cabrera   como  integrante  del  frente  “Guillermo  Antonio  Vásquez  Bernal” y, además, ser compañera  de  quien  en  la  guerrilla  era  conocido  con  los  alias  de “Ricardo”       y       “Guicho”.     

          El  actor,  se insiste, no acreditó la existencia de dislate alguno  en  el  análisis probatorio efectuado por los falladores, de modo que no logró  desvirtuar   la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  ampara  las  sentencias   de   instancia,  las  cuales,  como  bien  lo  apreció  el  propio  demandante,  constituyen  una unidad inescindible en todo aquello respecto de lo  cual   el   ad   quem  hizo  remisión   tácita   o   expresa   al  fundamento  suasorio  efectuado  por  el  a quo.   

          En  consecuencia,  no  prospera  el cargo.             

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando justicia en nombre de  la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

Impedido  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                  AUGUSTO           J.          IBÁÑEZ          GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                               YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

Permiso  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                     Secretaria   

    

1    Sentencia    del    10   de   agosto   de   2005,   radicación  21809.   

2 Fl.  153 cuaderno. # 2.   

3 Fl.  18 cuaderno del Tribunal.   

4 Fl.  19 cuaderno ídem.     

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