21040(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21040  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.07   

Bogotá,  D. C., veintitrés (23) de enero de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto por el defensor de JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO en contra  del  fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de Cartagena,  mediante  el  cual  confirmó  la sentencia emitida por el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de esa ciudad, que lo condenó a la pena  principal     de    30  años  de prisión y $8.000  de   multa   como   autor  responsable    de   los  delitos  de  homicidio       y      lesiones personales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El  1º  de  noviembre  de  1997,  en  horas  de  la madrugada, JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO,  suboficial  de  la  Armada  Nacional, llegó en compañía de su hermano Roberto  Ahumada    Berrío    al   establecimiento   Estanco  Kevin,  situado  en  el  barrio Almirante Colón de la  ciudad  de  Cartagena, en donde debido a un altercado anterior se enfrascaron en  un intercambio de golpes con varias de las personas presentes.   

En medio de la contienda, JHON HENRY DE ÁVILA  BERRÍO  disparó,  en  por lo menos dos ocasiones, el arma de fuego marca Llama  Martial  calibre  .38  largo de su legítima propiedad en contra de la humanidad  de  sus  rivales Álex Carrascal Rodríguez y Édgar Díaz Romero, a raíz de lo  cual  causó  la  muerte  del  primero  así  como una  deformidad   física  de  carácter   permanente   en   el  segundo.   

2. Por los anteriores  hechos,   la   Fiscalía   General   de   la  Nación  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción, vinculó  mediante   diligencia  de  indagatoria   a  JHON  HENRY  DE  ÁVILA  BERRÍO,  le  profirió como  medida de aseguramiento la  detención  preventiva  y,  finalizada  la  investigación,  dictó  el  8  de  abril  de 1998  resolución  de  acusación  en su contra como presunto autor responsable de las  conductas   punibles   de   homicidio   y    lesiones    personales,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en  los  artículos  323,  331  y  333  del  decreto ley 100 de 1980, anterior Código  Penal.   

3.  Confirmada  tal  providencia  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cartagena en  decisión  de  fecha 27 de mayo de 1998, correspondieron las diligencias para su  conocimiento  en  la  etapa  siguiente  al Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Cartagena,  despacho que en sentencia de fecha 25 de febrero de 2000 condenó al  procesado  por  los  delitos  en  comento  a  la  pena  principal de 30 años de  prisión  y $8.000 de multa, a la pena accesoria de 10 años de interdicción de  derechos  y funciones públicas y al pago por concepto de daños y perjuicios de  las  sumas de 1.500 gramos oro a favor del padre de Álex Carrascal Rodríguez y  800 gramos oro a favor de Édgar Díaz Romero.   

Según  el  a quo, si bien es cierto que JHON  HENRY  DE ÁVILA BERRÍO aceptó haber realizado la conducta que se le imputa al  amparo  de  la  legítima  defensa,  los  medios  de  prueba  que  figuran en la  actuación  desvirtúan  su  dicho  en  ese  sentido,  pues  no es cierto que un  número  considerable  de individuos lo agredieran primero con puños, patadas y  finalmente  con  armas  blancas  para  hurtarle  sus  pertenencias,  tal como lo  relató  el  procesado,  sino  que  los  disparos obedecieron a una riña que se  suscitó  entre él y los presentes por causa de una disputa anterior, que es lo  que  se desprende de lo señalado por los testigos de cargo Édgar Díaz Romero,  Ronald  Turizo  Cano,  Omar  Larios Gómez, Fanor Díaz Macía y Yibrán Alberto  Buelvas Vega.   

4.   Apelada  la  providencia,  el  Tribunal  Superior de Cartagena, mediante providencia de fecha  30 de enero de 2003, la confirmó en su integridad.   

De  acuerdo  con  el  ad  quem,  la  historia  clínica  de  JHON  HENRY DE ÁVILA BERRÍO no demuestra, al contrario de lo que  adujo  el  recurrente,  la existencia de legítima defensa alguna, pues el hecho  de    que    el    procesado   haya   sufrido   en   la   región   occipital   derecha   una   lesión  con  objeto  cortopunzante  no  demuestra   que   su   conducta   fue  una  reacción  proporcional  a  una  injusta  agresión  por parte de los sujetos pasivos de la  misma.   

Agregó  que, al contrario de lo que adujo el  procesado  en  la  diligencia de indagatoria, no es cierto que hubiera disparado  desde  el  piso  mientras  era  víctima  de  los  ataques  provenientes  de los  supuestos  agresores,  toda  vez  que el protocolo de necropsia que figura en la  actuación  señala que el trayecto del proyectil que impactó a Álex Carrascal  Rodríguez en el abdomen entró por arriba y salió por abajo.   

Precisó  que  la  primera instancia obró de  manera  correcta  al  asignarle mérito probatorio al grupo de declaraciones que  hacían  referencia a la existencia de un altercado anterior entre JHON HENRY DE  ÁVILA  BERRÍO  y  los  muchachos  que  solían  departir en el establecimiento  Estanco  Kevin, al  igual que a la existencia  entre  el  procesado  y  Édgar  Díaz  Romero   de   una   riña  (fenómeno  que excluye la  legítima             defensa),  en  la  que  el  primero  desplegó al  disparar   su   arma   de   fuego   un   comportamiento   tan   repentino   como  desproporcionado.   

Indicó  que,  en  cambio, los testimonios de  Jesús  David  Bernal  Anguita,  Carlos Enrique Guardo de la Hoz y Juana Guzmán  Taján  (quienes  apoyaron  la  versión  del  procesado en el sentido de que su  conducta  obedeció al ataque imprevisto de un grupo de desconocidos armados con  cuchillos  y botellas que lo obligaron a defenderse con su revólver mientras se  hallaba  tendido  en  el  suelo)  no  resultan  ajustados  a  la  realidad de lo  acontecido,  en  la  medida  en  que  se muestran interesados, contradictorios o  incoherentes en relación con aspectos esenciales del caso.   

5.  Contra   el   fallo  de  segundo  grado,  interpuso  el  defensor de  JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

1. Primer cargo  

Sostuvo el abogado que la sentencia de segunda  instancia  se  dictó en un juicio viciado de nulidad, como quiera que ésta fue  proferida  después  de  que  hubiera  entrado  en  vigencia  el “decreto       [sic]      599  de  2000”  y,  por  lo  tanto,  se  desconoció  la  aplicación  del  principio  de  la ley penal más favorable en  relación   con  la  conducta  punible  de  homicidio  contemplada  en  el  artículo  101 del actual Código  Penal.   

2. Segundo cargo (subsidiario)  

Al  amparo de la causal primera de casación,  el   demandante   formuló  de  manera  subsidiaria  al  reproche  anterior  una  violación  directa  a  la  ley  sustancial proveniente de un error de hecho por  falso  juicio de existencia [sic] al no haberse redosificado la pena de 30 años  de  prisión  impuesta en contra del procesado en virtud del principio de la ley  penal más favorable.   

3. Tercer cargo  

Por último, planteó una violación indirecta  a  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia,  consistente  en  que  el  Tribunal  ignoró  pruebas obrantes en el  proceso  que  demuestran  la causal de legítima defensa en el comportamiento de  JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO.   

En  el  desarrollo  del  cargo,  adujo que la  segunda  instancia  no  tuvo  en cuenta la historia clínica del Hospital Naval,  que  hace mención a la herida en la región occipital del procesado, con la que  se  demuestra  que sufrió lesiones y que, por consiguiente, actuó en legítima  defensa.   

Agregó que el Tribunal tampoco tuvo en cuenta  la  declaración  jurada  rendida por Fanor Díaz Macía, de la que se desprende  que  a) Édgar Díaz Romero y  sus    acompañantes    fueron    los    injustos   provocadores,   b)  el  procesado cayó antes de accionar  su  revólver  y  c) disparó  dos  veces  seguidas  estando  en  el suelo, sin que pudiera sacar totalmente el  arma de su camisa.   

Señaló  igualmente  que el cuerpo colegiado  ignoró  la  primera  declaración  de Ronald Turizo Cano, quien admitió ser el  injusto  provocador  y  que mintió al señalar que el procesado disparó cuando  estaba de pie, mientras ambos estaban forcejeando.   

Por  último,  transcribió  apartes  de  las  declaraciones  de Carlos Enrique Guardo de la Hoz. Jesús David Bernal Anguita y  Juana Guzmán Taján.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1.   Señaló  la  representante  de  la  Procuraduría General de la Nación que, en relación con  los  cargos  primero  y  segundo, los errores de técnica en su formulación son  tan graves que deben conducir a la desestimación de los mismos.   

Sin  embargo, solicitó a la Corte que casara  de  manera  oficiosa el fallo impugnado, en virtud del principio de la ley penal  más  favorable, así como de la prescripción de la acción penal por el delito  de      lesiones      personales     cometido  en  contra de Édgar Díaz Romero, y que, en consecuencia,  adoptara  como  pena principal y definitiva la de 13 años de prisión en contra  del procesado.   

2. En lo que al cargo  tercero  atañe,  adujo  que  tanto  el funcionario de primera instancia como el  Tribunal  tuvieron  en  cuenta el contenido de la historia clínica del Hospital  Naval,  al  igual  que  la  versión  de los hechos suministrada por Fanor Díaz  Macía,  pero precisó que del contenido de tales medios de prueba no extrajeron  la  conclusión  querida  por  el demandante, en el sentido de que JHON HENRY DE  ÁVILA BERRÍO actuó en legítima defensa.   

Agregó  que las instancias tampoco ignoraron  la    declaración   rendida   por   Ronald   Turizo   Cano,  ya  que  analizaron  la  concurrencia de dos tesis probatorias enfrentadas:  la  primera,  la  de  quienes  sostuvieron  una  legítima defensa por parte del  procesado;  y  la  segunda,  la  de  aquellos que hicieron alusión a una riña,  entre los cuales se encuentra el testigo de cargo en comento.   

En este orden de ideas, estimó que la demanda  de  casación no obedecía en realidad a la intención de formular la existencia  de  omisiones  probatorias  por  parte  del  Tribunal,  sino a la de presentar a  consideración  de  la  Sala,  como  si  se  tratase  de  una tercera instancia,  particulares  inferencias probatorias que a esta altura de la actuación carecen  de la fuerza suficiente para derrumbar la providencia recurrida.   

Por  último,  precisó que, cuando lo que se  presenta  es  una  riña,  no  hay  lugar  a  plantear la figura de la legítima  defensa  como causal de exclusión de la responsabilidad, en la medida en que la  primera  se  trata  de  una  agresión recíproca, en la que dos o más personas  tienen la intención de hacerse daño.   

En  consecuencia,  solicitó  a  la Corte que  desestimara  la  demanda, sin perjuicio de que casara oficiosamente la sentencia  del Tribunal por lo antes señalado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Orden de análisis   

En     atención    al    principio  de  prioridad  que  regula el  recurso   de   casación,  la  Sala  resolverá  los  planteamientos    formulados    por    el    demandante   comenzando  por  el  tercer  cargo  y  terminando  con los dos primeros, como  quiera  que,  en  el  evento  de  prosperar  el  relacionado con la figura de la  legítima   defensa,   la   consecuencia  jurídica  sería  proferir  un  fallo  absolutorio  de reemplazo, mientras que, en el caso de que prosperaran los otros  dos,  relativos  a la aplicación de la ley penal más favorable, lo consecuente  sería modificar la pena impuesta.   

2.   Cargo   tercero.   Falso   juicio  de  existencia   

2.1. Cuando en sede  de  casación  se  invoca  al  amparo del cuerpo segundo de la causal primera la  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de un error de hecho en la  apreciación   de  la  prueba  por  falso  juicio  de  existencia,  lo que se pretende expresar en teoría es  que  el  Tribunal, al proferir el fallo impugnado, dejó de valorar el contenido  material  de  un  medio  de  prueba  que  figura  en  la  actuación  y  que fue  debidamente  incorporado  a  la  misma  (falso juicio de existencia por   omisión),  o  bien  le  concedió  mérito  probatorio  a  un  elemento  que  nunca  fue recaudado y, por lo tanto,  supuso  su  existencia (falso juicio de existencia por  suposición).   

En  cualquiera  de  esos  dos  eventos,  el  demandante  tiene  la  carga  procesal  de  identificar cuál fue el medio o los  medios   probatorios  que  se  omitieron  o  se  supusieron  en  la  valoración  probatoria  y,  a  continuación, debe demostrar, mediante la confrontación con  el  contenido  material  de  los  demás elementos de convicción analizados, la  trascendencia  que  tuvo el yerro para efectos de la decisión que se adoptó en  la sentencia impugnada.   

En  lo  que respecta particularmente al falso  juicio  de  existencia  por omisión, la Sala ha señalado de manera pacífica y  reiterada  que  éste no se configura cuando el juez tuvo en cuenta para efectos  de  su  apreciación el contenido material de determinado medio probatorio, así  no  lo  haya  mencionado  en  forma expresa dentro de la motivación1,  ni  tampoco  cuando  el  elemento  probatorio  que  se  extraña  fue valorado en el fallo de  primera  instancia,  en  la  medida  en  que  la  decisión de segundo grado sea  confirmatoria  en  ese sentido, pues se entiende que las dos providencias se han  integrado   en   una   unidad   jurídica   imposible   de  escindir2.   

2.2.  En el asunto  que  centra la atención de la Corte, le asiste la razón a la representante del  Ministerio  Público cuando sostuvo en su concepto que  ninguna  de  las  supuestas  pretermisiones planteadas  por  el  defensor  de  JHON  HENRY  DE  ÁVILA BERRÍO  pueden  ser  consideradas  como  falsos  juicios  de  existencia   y,   por   lo   tanto,   no   constituyen   error  alguno susceptible de ser estudiado de fondo  en sede de casación. Veamos:   

2.2.1.  En primer  lugar,  no  es  cierto  que  el  Tribunal  haya  dejado  de  tener  en cuenta la  circunstancia  aludida  por  el  demandante,  en  el  sentido de que   en   la   madrugada  del  1º  de  noviembre  de  1997,  en  el  establecimiento    Estanco    Kevin   localizado   en  el  barrio  Almirante  Colón  de  la  ciudad  de  Cartagena,  al  procesado  se  le  causaron lesiones  personales.  Simplemente,  no  se  le otorgó a dicho  medio   el   alcance   probatorio   que    el    defensor   esperaba.   De   acuerdo   con   la   segunda  instancia:   

“La  historia  clínica  de  JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO (folio 111  C.  O.),  pieza  procesal  que  a  juicio  de la defensa prueba que el procesado  actuó  en  legítima defensa y no fue el provocador. Informa esta documento que  el  paciente  llegó con herida en cuero cabelludo a nivel de región occipital,  causado  con  objeto  cortocontundente,  a  quien se le suturó la herida, se le  ordenaron  analgésicos y antibióticos por siete (7) días y retirar los puntos  en  ocho  (8)  días. Sobre la existencia de la herida también se había dejado  constancia   en   el   informe   rendido  por  los  agentes  que  atendieron  el  procedimiento  en  el  que  se lee: “el señor JHON  HENRY  DE  ÁVILA BERRÍO al momento de su retención presentaba aparente estado  de  embriaguez,  así  también una pequeña herida a la atura del occipital, de  aproximadamente  02 centímetros”. No existiendo la  menor  duda  con  vista  en  estas  pruebas  en torno a que en desarrollo de los  hechos  el  procesado  sufrió  una  herida  en la región occipital derecha que  ameritó  suturación  con  puntos,  que  la  lesión  fue ocasionada con objeto  cortocontundente,   de   02   centímetros   de  longitud  aproximadamente,  sin  secuelas  e  incapacidad  determinada.  Medios  probatorios que por sí solos en modo alguno demuestran la  eximente  de  responsabilidad  planteada, pero sobre  los  que  más  tarde  volveremos  al  realizar  la  valoración de la prueba en  conjunto”3       (subraya       la  Sala).   

Incluso  en  la  sentencia   de   primera   instancia   (cuya        valoración  probatoria  se  integra con la de  la  segunda  al  haber ésta confirmado íntegramente  aquélla)  el juzgador fue más enfático al señalar  que,  en este sentido, la existencia de una herida en la humanidad de JHON HENRY  DE  ÁVILA  BERRÍO  lo único que demuestra es la existencia de una riña entre  el procesado y las víctimas:   

“En  cuanto a  las  lesiones  sufridas  por  DE  ÁVILA  BERRÍO, se  tiene  que  sólo  presentó  una  en  el  cuero  cabelludo,  causada por objeto  cortocontundente,  tal  como  lo  informó  el  Capitán  de Navío Antonio  Ángel  Olaya,  director  del  Hospital Naval, donde fue  atendido,  de  acuerdo  al resumen de la historia clínica. Esta herida, que fue  suturada  con puntos, corresponde a la descrita en el informe de captura como de  una  de aproximadamente dos centímetros de longitud ubicada en la parte trasera  de   la   cabeza   (occipital),   tampoco  sirve  de  fundamento  para  acreditar  la  legítima  defensa,  pues  consta  en autos que  efectivamente    se    dio    un    enfrentamiento   físico,   previo   a   los  disparos,   entre   el   acusado   y   Édgar   Ortiz   [sic]   Romero,  y,  de  conformidad  con  el  testimonio   de   Yibrán  Buelvas  Vega,    uno    de    los    jóvenes    involucrados,    Omar  Larios, después que el encartado  ultimara     a     Álex    Carrascal,   que   fue   el   último   a   quien  le  disparó,  le  lanzó  una  botella,  momento  en  el  cual debió haberse  producido  esta pequeña lesión. Lo que llama la atención al juzgado es que el  haber  ocurrido  las  cosas  como  las  narran  el  encartado  y los testigos de  descargo,  en  el sentido que un grupo integrado entre 8 y 10 personas lo atacó  violentamente   propinándole   múltiples  golpes  con  elementos  contundentes  (puñetazos,  patadas,  etc.),  DE  ÁVILA BERRÍO no hubiese presentado heridas  mayores,      más      graves      y      en     mayor     cantidad”4         (se         subraya).   

2.2.2. En segundo  lugar,  acontece  otro  tanto con la versión de los  hechos  rendida  por  Fanor  Díaz  Macía, tanto en la denuncia inicial como en  la  declaración  jurada, cuyo contenido el Tribunal  lo     analizó     de     manera    pormenorizada,   sin  que  extrajera  siquiera  como  posibilidad     la     configuración de la causal de legítima defensa:   

“La  denuncia de Fanor  Díaz  Macía y su ampliación;  exposiciones que asevera  la  defensa  son demostrativas de que el procesado debió disparar para defender  su  vida  del  ataque  de  que  era  objeto.  Examinadas  éstas  se observa que  provienen  del  padre  de  Édgar  Díaz,   persona  que  resultó  lesionada  aquel  amanecer,  y  que  si bien la primera, rendida a pocas horas de suceder el  hechos    [sic],   es  simplemente  informativa  de  su  ocurrencia,  en la segunda, rendida tres días  después,  entrega  detalles  sobre  la  forma como éstos se desarrollaron, con  base  en  la  información  que  le  suministra  su  hijo,  informando  en  esta  oportunidad     que     cuando     Édgar  llegó al lugar de los hechos el  procesado    discutía    con    Álex,  habiéndole  dicho  este  último  que ése era el tipo que los  quería    cascar,    procediendo    Édgar a darle una trompada yéndose los  dos  al suelo, siendo éste el momento en que HENRY, sin sacarse el revólver de  la  cintura,  le  disparó a su hijo y que éste, herido, salió corriendo hacia  su  casa,  escuchando  en  el  camino otros disparos. Refiere el denunciante que  estando  en  el  hospital  con  su hijo herido llegaron cinco (5) agentes con el  señor  que  le  había  disparado a su hijo y cuando éstos salían lo hicieron  los   compañeros  de  su  hijo  con  unos  miembros  de  la  Fiscalía.  Agrega  Díaz  Macía que estando  la  Policía  con el autor de los hechos en el hospital escuchó que entre ellos  comentaban  que  el  que  disparó  tenía que decir que los muchachos lo iban a  atracar  para  que  se  defendiera,  que  estos  comentarios  los hicieron en su  presencia  porque  no  sabían el vínculo que tenía con el herido, pero que el  percatarse  de  ello se llevaron al señor. Que se enteró por conversación que  escuchó  a  los  muchachos  que  fueron  a visitar a su hijo que un hermano del  procesado  había  tenido  un  problema  con unos amigos de su hijo en el mes de  septiembre,  oportunidad  en  que  JHON  HENRY  los  amenazó  con un revólver,  circunstancia  que  los muchachos dijeron estar dispuestos a declarar cuando los  llamaran.  Vistos el contenido de estas declaraciones  no  encuentra la Sala que por sí solas, o apreciadas en conjunto con el resumen  de  la  historia  clínica,  sean demostrativas de la existencia de la agresión  injusta,  grave  e  inminente,  ni de la proporcionalidad en la defensa ejercida  por  el  procesado,  requisitos exigidos por la ley para el reconocimiento de la  eximente     de     responsabilidad”5.   

Así mismo, es de  anotar  que  el  demandante,  en  el  desarrollo del  cargo,  tampoco  confrontó los argumentos del Tribunal con los suyos propios en  aras  de  establecer  que  la  apreciación  del  ad  quem  fue equivocada y, en  especial,  que  de  los relatos de este testigo era por lo menos posible colegir  que  se presentó una agresión injusta y grave por parte de Édgar Díaz Romero  y  sus  acompañantes, o que ambos proyectiles fueron  disparados    desde    el    suelo,   sobre   todo  cuando     el     cuerpo    colegiado   había   destacado   en   el   fallo   objeto  de  impugnación  que  tal  circunstancia  no podía ser admisible, al  menos  en  lo  que  respecta al impacto que sufrió el fallecido Álex Carrascal  Rodríguez,  en  la  medida  en  que  el  protocolo  de necropsia que obra en el  expediente   señala   “que  la  trayectoria  del  proyectil  fue  […]  de  arriba  hacia abajo […],  esto  es,  que el disparo no fue efectuado por el procesado encontrándose en un  plano  inferior  y desde el suelo, como dijo en su indagatoria, sino en un plano  igual  o  superior  al  de la víctima”6.   

2.2.3. En tercer  lugar,  si  bien  es  cierto  que  en  la  providencia atacada no se realizó un  análisis  en  particular del contenido del testimonio rendido por Ronald Turizo  Cano,  también  lo  es  que tanto la providencia de  primera  instancia  como  la  de  segunda lo apreciaron de manera conjunta, como  parte  del  grupo  de  declarantes  que  hablaron acerca de la existencia de una  riña  como motivo de los resultados típicos que a la postre se produjeron. Por  ejemplo,  en  el  fallo del a quo se lee:   

“Turizo  Cano,      Larios  Gómez    y    Díaz  Romero    relatan    básicamente   lo   siguiente  […]       en  cuanto a las circunstancias de tiempo, modo y lugar:  que  estando departiendo todos en una fiesta, incluso el interfecto Álex    Carrascal   Rodríguez,   al  finalizar  ésta  se  trasladaron a una tienda de licores de nombre ‘Estanco      Kevin’  y  que  estando  allí ingiriendo  bebidas   alcohólicas   hizo  su  aparición  JHON  HENRY  DE  ÁVILA  BERRÍO,  acompañado  de  otras  personas  en  un  vehículo, iniciándose una discusión  entre  ellos  a  causa de la presencia del encartado en el sitio, discusión que  tuvo  el  antecedente  de  un  incidente  acaecido  entre  éste  y los jóvenes  alrededor  de  un  mes  antes, causado por presuntos irrespetos a la novia de un  hermano  del  procesado.  Que  el  cruce  de palabras generó que el justiciable  pasra  [sic]  a un lance  físico   con   Édgar   Díaz   Romero,  después  de  un inicial enfrentamiento verbal con Ronald  Turizo  Cano, que pasa luego a  un  forcejeo,  en  desarrollo  del  cual  DE  ÁVILA  BERRÍO    dispara   a   Díaz   Romero,  azuzado  por  alguien  que  le  acompañaba y que luego hace lo  mismo  en  relación  con Álex Carrascal,  quien  se  había  acercado.  Dicen  que  ante  esto  se fueron  raudamente    del    lugar    y    que   ya   Díaz  Romero lo había hecho instantes antes.   

”[…]  

”Todos  señalan  que  DE  ÁVILA BERRÍO disparó al occiso y al herido, principalmente  Larios    Gómez   y  Turizo   Cano,   “a  quemarropa”,  como  posteriormente  lo  relató  el  mismo herido Díaz       Romero”7.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguna de las  omisiones  probatorias  señaladas  por  el  demandante  puede  ser  tenida como  tal.   

2.3.  Por  otra  parte,  en  relación  con la trascripción realizada  por  el  defensor  de las declaraciones del grupo de  testigos  que  con  sus  relatos  apoyaron  la versión de los hechos  suministrada  por  el procesado, no  sobra  precisar, como tantas veces lo ha considerado  la        Sala,        que        “la  existencia  en  un  proceso  de  grupos  de  testigos  que  declaran  en  sentido opuesto sobre un mismo punto no  elimina  recíprocamente  sus dichos, ni constituye, per se, factor generante de  duda   probatoria”8   y   que   “en  estos  casos  el  juzgador debe realizar un estudio analítico  comparativo  de  las  distintas  vertientes  testimoniales,  frente  al conjunto  probatorio  y  las  reglas  de la sana crítica, con el fin de establecer quién  dice  la  verdad  y  hasta  qué punto”9,   como  ocurrió     con     la    apreciación    probatoria    efectuada    por    las  instancias.   

2.4. Por último,  cabe  destacar  el criterio señalado por el Tribunal  y  prohijado de tiempo atrás por la Sala, en el sentido de que la existencia de  una  riña  excluye  la  figura de la legítima defensa, tal como sucede en este  particular caso:   

“Lo anterior  por  cuanto  la  riña  no excluye la existencia de un riesgo inminente, como el  que  ciertamente  podía  correr el procesado, incluso previsible, circunstancia  que,  con  todo,  no  torna  en legítimo el acto de agresión de alguno o ambos  contendientes,  pues  lo que diferencia este tipo de enfrentamiento al margen de  la   ley,  con  el  que  se  desarrolla  en  legítima  defensa,  es   “la  subjetividad  con  que  actúan  los  intervinientes  en  el   hecho,  que  en  un  caso,  el  de  la  riña,  corresponde a la mutua  voluntariedad  de  los  contendientes  de causarse daño, y en el otro, el de la  legítima  defensa,  obedece  a  la  necesidad  individual  de defenderse de una  agresión   ajena,   injusta,  actual  o  inminente,  es  decir,  no  propiciada  voluntariamente”-Cfr. Sentencia de casación, mayo  25/05, radicado 18354-.   

”Por  manera  que,  si  la  existencia  de la riña fue lo que declaró probado el fallador de  segundo  grado,  a  través de un proceso de apreciación probatoria no afectado  por  alguno  de los errores cuya existencia acusa el demandante, ello constituye  motivo  suficiente  para  que  el  cargo sea desestimado por la Sala”10.   

3.  Cargos  primero  y  segundo.    Violación    del    principio   de   la   ley   penal   más  favorable   

3.1. Aunque resultan  evidentes  los errores de técnica en la formulación  y   desarrollo   de   los  dos  primeros    cargos    planteados,  la  Corte  no puede desconocer que el  problema  jurídico que en últimas trajo a colación el demandante, relacionado  con  la  aplicación  del principio de la ley penal más favorable, conduce a la  necesidad  de  casar  de  manera  parcial  el  fallo  objeto  de  impugnación y  modificar  la  pena  impuesta  por  las  instancias,  en  armonía con los fines  contemplados  en  el  artículo 206 del Código de Procedimiento Penal de buscar  la  efectividad  del derecho material y de respetar las garantías debidas a las  personas que intervienen en la actuación.   

En  efecto, si bien es cierto que cuando JHON  HENRY  DE  ÁVILA  BERRÍO  fue  condenado  por el a quo mediante providencia de  fecha      25     de     febrero     de     200011  aún  se encontraba vigente  la  sanción prevista para el delito de homicidio  de  que  trataba     el     artículo  323 del decreto ley 100 de 1980, modificado por el artículo 29 de  la  ley  40  de  1993  (que  establecía una pena que  oscila  entre  los  25  y  los 40 años de prisión),  también  lo  es  que,  cuando el Tribunal Superior de  Cartagena  profirió  la  sentencia  de  segunda  instancia  el  30  de enero de  200312,  ya  había  entrado  en  rigor  el artículo 103 de la ley 599 de  2000,  norma  mucho  más  favorable  para  los  intereses  del  procesado, pues  contempla   unos   límites   punitivos   que   van   de   13   a  25  años  de  prisión.   

En este orden de ideas, como el procesado fue  condenado  en  su  momento  a  la  pena  mínima  de 25 años de prisión por la  conducta    punible    de   homicidio   (a  la  que  se  le  sumaron  5  años  de prisión por el delito de  lesiones  personales),  lo  procedente  en  la actualidad sería redosificar la misma en aras de respetar el  principio en comento.   

Sin embargo, antes de realizar los ajustes que  sean  del  caso,  resulta  pertinente  destacar  los  siguientes  antecedentes procesales, ocurridos dentro  del  trámite  del recurso extraordinario de casación,  en  la  medida  en  que inciden de manera sustancial en la decisión que la Sala  adoptará. Veamos:   

3.1.1.  Declarada la  demanda     de     casación     formalmente     ajustada     a     derecho13,   JHON   HENRY   DE   ÁVILA  BERRÍO  solicitó  la redosificación, por favorabilidad, de la  pena       impuesta      en      su      contra14.   

Por    lo   anterior,   el   Magistrado  Sustanciador15  dispuso  remitir  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Cartagena los documentos pertinentes para que resolviera  la  petición  en  comento,  así  como  ordenó  dejar  a disposición de dicho  despacho  al  procesado,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 19  transitorio de la ley 553 de 2000.   

3.1.2.          Posteriormente,   el   Juzgado   Tercero   Penal   del  Circuito  de  Cartagena16  informó  a la Corte que redosificó la pena impuesta en contra de  JHON  HENRY  DE  ÁVILA  BERRÍO  y  la  redujo a 15 años, 7 meses y 6 días de  prisión    como    autor   responsable   de   los   delitos   de   homicidio       y       lesiones personales.   

3.1.3. Solicitado por  parte  del  defensor  el  reconocimiento de la prescripción de la acción penal  respecto      del      delito      de     lesiones  personales17,  la  Sala,  mediante  auto de fecha 9 de junio de 200418, la declaró  en  ese  sentido  y, como consecuencia de ello, decretó la cesación parcial de  procedimiento por la mencionada conducta punible.   

Así  mismo,  dispuso  la  remisión  de  la  providencia  al  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de Cartagena con el fin de  que  adoptara,  con  carácter provisional,  las  decisiones  pertinentes, relacionadas con la redosificación  de la pena y el derecho a la libertad del procesado.   

3.2. En virtud de lo  señalado  en  precedencia,  le  asiste  razón  al  señor  representante de la  Procuraduría  cuando  en  su  concepto adujo que la Corte debía casar el fallo  impugnado,        redosificando,        con        carácter        definitivo,  la  pena proferida en contra  de  JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO, que, por lo señalado en precedencia, no puede  ser  otra  que  la circunscrita al delito de homicidio  y   no   al   de  lesiones  personales que ya prescribió.   

En consecuencia, la Corte casará parcialmente  el fallo del Tribunal Superior de Cartagena de la siguiente manera:   

3.2.1. Se modificará  la  pena  principal  impuesta,  en el sentido de condenar a JHON HENRY DE ÁVILA  BERRÍO  tan  solo  a  la  pena  principal  de  13  años de prisión como autor  penalmente    responsable    de    la    conducta    punible   de   homicidio  cometido  en  contra  de Álex  Carrascal Rodríguez.   

3.2.2.   Como  la  acción  civil  ejercida  dentro  del  proceso  penal  prescribió  junto con la  acción     por     el     delito    de    lesiones  personales,  se modificará la condena por concepto de  daños  y  perjuicios,  en el sentido de condenar a JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO  únicamente  al  pago  de  1.500 gramos oro a favor del padre de Álex Carrascal  Rodríguez.   

Por  último,  se  aclarará  que  el  fallo  permanecerá   incólume   en   todo   lo   demás   que   no   fue   objeto  de  modificación.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

1.  CASAR  de manera  parcial  fallo  impugnado,  en  el  sentido de CONDENAR  a  JHON HENRY DE ÁVILA BERRÍO a la pena principal de  13   años   de  prisión  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio cometido en contra  de  Álex  Carrascal  Rodríguez,  así como al pago de 1.500 gramos oro a favor  del  padre  de  Álex  Carrascal  Rodríguez por concepto de daños y perjuicios  derivados de la ejecución de la conducta punible.   

2.  ACLARAR  que la  sentencia  atacada permanecerá incólume en todo lo demás que no fue objeto de  modificación.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                     MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  L.   

         

                                                                                                           (Impedido)   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                        

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cf., entre otras, sentencia de 24 de octubre de 2002, radicación  15298   

2 Cf.,  entre otras, sentencia de 25 de febrero de 2004, radicación 14749   

3 Folio 76 del cuaderno del Tribunal   

4 Folio 415 de la actuación principal   

5 Folios 77-78 del cuaderno del Tribunal   

6 Folio 80 ibídem   

7 Folios 406-407 ibídem   

8 Sentencia de 4 de abril de 2002, radicación 13123   

9  Ibídem   

10 Sentencia de 25 de mayo de 2006, radicación 21757   

11  Folio 392 de la actuación principal   

12 Folio 66 del cuaderno de segunda instancia   

13  Folio 4 del cuaderno de la Corte   

14  Folio 19 ibídem   

15  Folios 22-25 ibídem   

16 Folio 39 ibídem   

17  Folio 44 ibídem   

18  Folios 57-64 ibídem     

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