28432(20-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28432   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 232.  

          Bogotá   D.C.,   noviembre   veinte   (20)   de   dos   mil   siete  (2007)   

VISTOS  

          Procede  la  Sala  a adoptar la decisión que en derecho corresponda  respecto  del  desistimiento  del  recurso  de  casación que presenta la Fiscal  Décima Delegada ante esta Colegiatura.   

ANTECEDENTES   

Aproximadamente a las ocho de la noche del 22  de   junio  de  2006,  cuando  el  Subteniente  Mario  Alexander   Monsalve   León  se  desplazaba  en  una  motocicleta  por  la  transversal  25 con calle 23 de la ciudad de Cali y dio la  voz  de  alto  a un hombre que disparó contra un individuo que trabajaba en una  estación     de    gasolina    (Gustavo    Eduardo  Reyes),  fue  agredido  por aquél con un proyectil de  arma  de  fuego  que  golpeó  en  su chaleco antibalas a la altura del pectoral  izquierdo. El agresor fue aprehendido momentos después.   

Por  los  referidos  hechos la Fiscalía dio  curso  a  la  investigación  correspondiente  y  el 20 de noviembre de la misma  anualidad  el  procesado aceptó el cargo por el delito de homicidio agravado en  Gustavo  Eduardo  Reyes, no  así  por  el  punible  de  tentativa  de  homicidio  agravado en el Subteniente  Mario    Alexander    Monsalve    León,   dicha   aceptación   parcial  fue  aprobada  y  se  dispuso  la  correspondiente  ruptura  de  la  unidad  procesal para que se continuara con el  trámite  ordinario  del  proceso  en  cuanto  se  refiere  al delito tentado no  aceptado   por   MICHEL   STIVEN  PINEDA.   

Surtido  el  trámite respectivo, el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Cali profirió fallo el 29 de mayo del año en  curso,  a través del cual condenó al acusado a la pena principal de diecisiete  (17)  años  de  prisión  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  en  la modalidad de tentativa en la persona de Mario    Alexander    Monsalve    León,  providencia  que  al  ser impugnada por la defensa, fue revocada por el Tribunal  Superior  de  Cali  mediante  fallo  del  19  de junio de 2007, para en su lugar  dictar  sentencia absolutoria a favor de MICHEL STIVEN  PINEDA  en  aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo, en cuanto consideró  que  al  no  ser  allegado  a  la actuación el chaleco antibalas que portaba la  víctima al momento de ser atacada, no se demostró la agresión.   

          Contra     la    sentencia    del    ad  quem  el  Fiscal Once Delegado ante los Jueces Penales  de  Circuito  Especializado  de  Cali  interpuso recurso de casación en el cual  propuso  dos (2) reproches, de los cuales sólo fue admitido el primero mediante  auto  del pasado 10 de octubre, en el cual plantea la violación indirecta de la  ley sustancial derivada de error de hecho por falso raciocinio.   

          Mediante  Resolución  del  14  de  noviembre  del  año en curso el  Fiscal   General   de   la   Nación   designó   a   la   doctora  Sara  Magnolia  Salazar  Landinez, Fiscal  Décima  Delegada  ante  esta  Corporación,  para  que  en  su  representación  intervenga   en   la  audiencia  de  sustentación  oral  del  referido  recurso  casacional  admitido  por  la Sala, cuya celebración se dispuso para el día 20  de noviembre.   

          A  través  de  escrito  presentado  en la Secretaría de la Sala el  pasado  16  de  noviembre,  la mencionada Fiscal Delegada manifestó que desiste  del   recurso,   por   “no  encontrar  suficiencia  argumentativa  para  esperar  de esa Honorable Corporación se case la sentencia  de  segunda  instancia,  pues, aunque se respeten los planteamientos consignados  por  el demandante en su libelo, la suscrita no se identifica con los mismos, en  la  medida  que, luego de revisar los registros de las audiencias que dan cuenta  de  las  pruebas  practicadas,  el ejercicio del derecho de contradicción y los  fallos  adoptados  en primera y segunda instancia, observa ajustada la decisión  del    Tribunal    Superior    del   Distrito   Judicial   de   Cali”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Inicialmente  es  pertinente  señalar  que  se  impone  aceptar  el  desistimiento  del  recurso  de  casación presentado por la Fiscalía, toda vez  que  una  tal  facultad  de  los  sujetos  procesales  se encuentra expresamente  regulada  en  el  artículo  199  de  la Ley 906 de 2004 y, en efecto, a ello se  procederá.   

No  obstante,  en  atención  a  que la Sala  advierte  la  posibilidad  de  que  el  fallo atacado responda a una motivación  sofística  o  aparente  derivada  de  yerros de hecho en la apreciación de las  pruebas  en  punto  de la aplicación del principio in  dubio  pro  reo,  tal como lo reclamaba el Fiscal Once  Delegado  ante  los  Jueces  Penales  de  Circuito  Especializado  de  Cali  que  interpuso  el  recurso  y  allegó  la respectiva demanda, es incuestionable que  debe   la   Sala  en  su  especial  condición  de  guardiana  de  los  derechos  fundamentales  y  de  las  garantías de los intervinientes en el proceso penal,  emitir la decisión de fondo que sobre tal temática corresponda.   

          Lo  anterior  es  así, dado que el principio de limitación, según  el  cual,  por  regla  general,  en  atención  al  carácter rogado del recurso  extraordinario  de casación debe la Corte sujetarse en sus fallos a lo expuesto  por   los   demandantes,  esto  es,  fallar  secundum  petita,  ha  sufrido  en  los últimos años sensibles  modificaciones   en   su   alcance,   producto   tanto   del  propio  desarrollo  jurisprudencial, como de los cambios legislativos.   

          En  tal  espectro  de  consolidación  del  instituto  casacional se  observa sucintamente en los últimos 40 años lo siguiente:   

(i)            Una  fase  rígida  del  carácter  del  recurso,   al   punto   que   el   artículo   581   del  Decreto  409  de  1971  disponía:   

“Limitación del  recurso.   La  Corte  no  podrá  tomar  en  cuenta  causales  de casación  distintas   de   aquellas   que   hayan   sido  expresamente  alegadas  por  las  partes”, sin lugar a excepción alguna.   

          (ii)                      Una etapa de morigeración de dicha rigidez, que  permitía  a  la  Sala  la casación oficiosa tratándose de los presupuestos de  legitimidad  de  la  actuación, esto es, la violación del derecho de defensa y  del  debido  proceso,  motivo  por el que en el artículo 227 del Decreto 050 de  1987,  cuyo texto fue similar a la norma transcrita en precedencia, se introdujo  un inciso del siguiente tenor:   

“Pero tratándose  de  la  causal  prevista en el numeral tercero del articulo anterior  (‘Cuando la  sentencia  se  hubiera  dictado  en  un  juicio  viciado  de nulidad’,      se      aclara),    la    Corte    podrá    declararla    de   oficio”.   

(iii)          Una época post constitucional, esto es,  ulterior  a  la  Carta  Política  de  1991,  en  la  que  aumenta  la cobertura  protectora  del  recurso  y  por  ello, en el artículo 228 del Decreto 2700 del  referido  año  se  agregó  a los preceptos citados un inciso en los siguientes  términos:   

“Igualmente  podrá  casar  la sentencia cuando sea ostensible que la misma atenta contra las  garantías fundamentales”.   

Además,  en  el  artículo  219  del  mismo  ordenamiento el legislador señaló con pretensiones teleológicas:   

“El  recurso  extraordinario  de  casación  tiene  por  fines primordiales la efectividad del  derecho  material  y de las garantías debidas a las personas que intervienen en  la  actuación  penal, la reparación de los agravios inferidos a las partes por  la    sentencia    recurrida,   y   la   unificación   de   la   jurisprudencia  nacional”.   

          Tanto  en  la  Ley  553  de 2000, como en la Ley 600 de 2000 no hubo  modificaciones  sustanciales  en  cuanto  atañe  al  aspecto  analizado,  y  en  términos   generales   reprodujeron   la   normativa   del   Decreto   2700  de  1991.   

          (iv)                      Un  lapso de desarrollo jurisprudencial que vino  a  concretarse  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004. En efecto, ya en  decisiones  como la del 25 de agosto de 2004 dentro del radicado 21819, la Corte  reconoció  que la presencia de errores de hecho por falso juicio de identidad o  de  raciocinio,  propios  de  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo,  comportaban  vulneración de las garantías debidas a los sujetos procesales, de  manera     que     se    imponía    casar    oficiosamente    las    decisiones  impugnadas.   

          Posteriormente  no  ha  sido  extraño  que la Sala decida inadmitir  demandas  de  casación  por no ajustarse a las exigencias de lógica y adecuada  argumentación  dispuestas  por  el  legislador para su admisión, pero al mismo  tiempo,  dentro  de  procesos gobernados por la Ley 600 de 2000, se pronuncie de  fondo  sobre  la  eventual violación de garantías fundamentales de los sujetos  procesales.   

          (v)                       La era actual, flexibilización teleológica del  recurso,  en procura de conseguir la prevalencia del derecho material, la guarda  de  las  garantías,  la  reparación  de  agravios  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  todo  lo cual se concretó en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004, al disponer:   

“En principio, la  Corte  no  podrá  tener  en  cuenta  causales diferentes de las alegadas por el  demandante.   Sin   embargo,   atendiendo   a   los   fines   de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada,  deberá  superar  los  defectos de la  demanda para decidir de fondo”.   

          A  su vez, el artículo 181 de la  misma normatividad establece  como fines de la impugnación extraordinaria:   

“La efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos,  y  la  unificación de la  jurisprudencia”.   

          Una   vez  efectuado  el  anterior  breve  recuento  histórico  del  principio  de  limitación, sin dificultad advierte la Sala que el desistimiento  del  recurso  de  casación  presentado  por  la Fiscalía no tiene la virtud de  despojar  a  la  Corte  de  su  medular  papel  funcional  como guardiana de las  finalidades  de  la  mencionada impugnación, proceder que ya ha sido reconocido  en los siguientes términos:   

“El derecho a la  prerrogativa   que  tienen  los  sujetos  procesales  de  desistir  del  recurso  extraordinario  de  casación  no puede impedir a la Corte, como órgano límite  de  la  jurisdicción  ordinaria  y  guardiana  de  la  Constitución Política,  enmendar  las  irregularidades atentatorias contra los derechos fundamentales so  pretexto  de  la  finalización  o culminación de su competencia por razón del  desistimiento,  máxime  cuando  el  debido  proceso como máxima expresión del  principio   de  legalidad  se  erige  en  garantía  fundamental.  Lo  contrario  implicaría  una actitud permisiva e inadmisible frente a una decisión injusta,  sin   sustento   legal   y,   por   lo   mismo,  constitutiva  de  una  vía  de  hecho”1.   

          Si  dados  los siguientes presupuestos: que se trate de sentencia de  segunda  instancia,  que el recurso se haya interpuesto por quien tenga interés  jurídico,  que  lo  haya  presentado  dentro  del  término  legal,  y  que  la  impugnación   haya   sido   concedida   por   el  ad  quem,   por   ello  la  Sala  de  Casación  adquiere  competencia  para  dar  trámite al ataque, bien porque haya admitido la demanda  por  llenar  las  exigencias  legales  o porque no cumpliéndolas a cabalidad se  hubieren  superado  los  defectos del libelo (inciso 3º del artículo 184 de la  Ley  906  de  2004), ora porque oficiosamente considera necesario proferir fallo  de fondo para proteger garantías fundamentales.   

Así  las  cosas,  dado que la Sala advierte  oficiosamente  en  el fallo de segundo grado la eventual presencia de errores de  hecho  por  indebida apreciación de las pruebas que condujeron a la aplicación  del   principio   in   dubio   pro   reo,  es  claro  que  de  conformidad  con su función constitucional y  legal  está  obligada  a pronunciarse de fondo en este asunto, con mayor razón  si  viene  precisado  que  la  facultad  de casar de oficio las sentencias no se  encuentra  subordinada  a  la admisión del libelo casacional ni al interés del  recurrente,  al  punto  que  aún  frente  a  demandas inadmitidas o ausencia de  interés  del  impugnante,  la  Sala  tiene competencia para decidir de fondo en  salvaguarda  de  la  Carta  Política  y de la ley, como órgano de cierre de la  jurisdicción   ordinaria  y  garante  de  la  protección  de  los  derechos  y  garantías fundamentales.   

          Finalmente  es necesario dilucidar que si al momento de examinar los  requisitos  del  libelo  presentado  por la Fiscalía, la Sala consideró que el  cargo  primero  se  ajustaba  a  dichas  exigencias, pero ahora, el mismo sujeto  procesal  desiste  del recurso, es evidente que en subsidio de tal posición del  ente   acusador,   asiste   a   la   Corte   la   facultad  de  pronunciarse  de  fondo.   

          Las  consideraciones  precedentes  resultan suficientes para, de una  parte,  aceptar el desistimiento presentado por el sujeto procesal impugnante y,  de  otra,  regresar  la  actuación al Despacho de la Magistrada Ponente, con el  propósito    de    que    se    proyecte    el    correspondiente    fallo   de  casación.   

          De  acuerdo  con  lo  expuesto, la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

          1.        ADMITIR  el  desistimiento  del recurso de  casación   presentado   por   la   Fiscalía   Décima   Delegada   ante   esta  Corporación.   

          2.        REGRESAR las diligencias al Despacho de la  Magistrada   Ponente,  a  fin  de  que  se  proyecte  el  correspondiente  fallo  casacional, una vez en firme la decisión precedente.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                  Salvamento de voto   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

                           Excusa justificada   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con  el  respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la  Sala,  doy  a  conocer  a  continuación  las razones que me  llevaron a apartarme de la mayoría en el presente caso.   

Es  indiscutible  que  a través del recurso  extraordinario  de  casación,  la  Corte  propende  por  la  salvaguarda de los  derechos   esenciales  de  las  personas,  la  tutela  del  debido  proceso,  la  prevalencia   del   derecho   sustancial   y   la  garantía  del  acceso  a  la  administración  de  justicia.   Pero  alcanzar esos loables propósitos no  justifica  el empleo de cualquier medio, porque aún dentro de ese contexto toda  función  está  sometida  a muy precisos límites y se desarrolla con arreglo a  determinadas competencias.   

En   las  ocasiones  en  las  cuales  esta  Corporación  ha  abierto la puerta a la casación oficiosa de una sentencia, lo  ha  hecho con plena competencia, en ejercicio cabal de las atribuciones que como  Tribunal  de  Casación le confiere el artículo 235-1 de la Constitución y las  normas  pertinentes  de  los  estatutos  procesales  que  en  cada caso rigen el  proceso  (artículos  205  a 217 de la ley 600 de 2000 y artículos 180 a 191 de  la ley 906 de 2004).   

No  obstante, con el respeto que merecen las  decisiones  de  la  Sala,  considero  que  la  solución  que se adoptó en este  particular  caso  esta  por  fuera  del  ámbito  dentro del cual la Corte puede  ejercer    de    manera    legítima    su    atribución   como   Tribunal   de  Casación.   

En efecto, la auscultación sobre el respeto  de  las  garantías  fundamentales de los intervinientes en el proceso penal, se  puede  presentar  en  dos  ocasiones  en  esta  instancia  excepcional:  la  primera,  al  momento de verificar si la demanda satisface los condicionamientos  para  su  admisibilidad, oportunidad en la cual puede ocurrir, que la admita, ya  porque  la  demanda  satisface  esos condicionamientos mínimos o porque la Sala  encuentra  necesario  superar  sus  defectos  para  alguno  de  los  fines de la  casación,  caso  en  el  que,  en  consecuencia,  le  da traslado al Procurador  Delegado  para  que emita su opinión sobre el mérito del libelo en el trámite  de  la  Ley 600 de 2000, o cita a audiencia de sustentación en el de la Ley 906  de 2004.   

En  tal  evento,  la  competencia de la Sala  queda  atada  al  objeto de la demanda, pues el recurso de casación se rige por  el  principio  de  limitación, según el cual la Corte no puede tener en cuenta  ninguna  causal  distinta de la expresamente alegada por el censor, sin que ello  signifique  que  no pueda extenderse, con base en esa competencia, a restablecer  los  derechos  que  observe vulnerados al estudiar el fondo del caso, pero, cabe  destacar,  esa  ampliación  del  objeto de la decisión viene como consecuencia  necesaria  de  la  facultad  de  pronunciamiento  adquirida  por  la  vía de la  admisión de la demanda.   

También  puede  suceder que al estudiar los  requisitos  legales  de  admisibilidad de la demanda, encuentre que no se reúne  ninguno  de ellos, pero que se necesita del fallo de casación para proteger las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  o  para  el desarrollo de la  jurisprudencia.   En tales casos, la Sala inadmite la demanda, pero entra a  conocer  directamente  del  fallo,  atada  a  la competencia que le dispensa esa  facultad  de  revisión  oficiosa, que se manifiesta y desarrolla en el instante  mismo del estudio formal del escrito introductorio.   

Ahora   bien,  en  los  casos  en  que  la  competencia   de   la  Corte  quedó  atada  a  la  demanda,  es  claro  que  el  desistimiento  del  interesado  hace  cesar el trámite de la casación y lo que  tenía  carácter  suspensivo, esto es, la sentencia demandada, adquiere firmeza  y, por tanto, el carácter de cosa juzgada.   

La  cosa  juzgada, huelga resaltar, también  representa      una      garantía      para     las     partes     –no  apenas  a  favor  del  procesado-,  pues,   desarrolla  los  principios  de  non  bis  in  ídem  y  seguridad  jurídica,  caros  a  un  sistema  democrático de derecho.   

Y, precisamente por esa importancia toral que  reviste,  su  verificación  opera  como principio general sólo derrumbable por  vía       excepcionalísima      –dígase  la  acción  de  revisión  o  eventual acción de tutela-,  dentro de precisos motivos y conforme específica tramitación.   

Esa  seguridad  jurídica,  además, implica  señalar  de  manera concreta y taxativa el momento en el cual cesa la actividad  estatal  encaminada  a  determinar la existencia del delito y la responsabilidad  del  procesado,  pues,  resulta obvio, no es del resorte del operador jurídico,  pasando  por encima de lo que la ley dispone, señalar a su antojo el momento en  que  ello ocurre o incluso, revivir oportunidades procesales perdidas para dejar  sin  efecto  uno  de  esos  momentos  o  actividades  procesales  que determinan  cubierto el asunto con el manto de la cosa juzgada.   

Así  las cosas, dentro de la actuación que  le  es  facultativa  a  la Corte al momento de analizar la demanda de casación,  ella  no  puede conservar la competencia para examinar oficiosamente un caso, si  no  lo  advirtió  así  en  la  providencia  que determinó admitir la demanda,  superar  sus  defectos  o  inadmitirla,  y  menos  aún,  asumir  el  papel  del  demandante  para  hacer propios los reparos de éste en el libelo, porque de ser  así  se  impone  revisar  si  materialmente  el  desistimiento  al  recurso  de  casación  no  procede  o su admisibilidad debe diferirse para el momento en que  la  Corte  emita el pronunciamiento de rigor, pues la atribución que tiene como  Tribunal  de  Casación, conferida por el artículo 235-1 de la Carta Política,  dirigida  a  cumplir  las  elevadas finalidades que traza el artículo 206 de la  ley  600  de 2000 o el artículo 180 de la ley 906 de 2004, se desarrolla, de un  lado,  de  conformidad  con los fines y principios que inspiran la Constitución  y, por otro, de acuerdo con los parámetros legales.   

Por  lo  tanto,  no  puede la Corte entrar a  sustituir  al sujeto procesal que desistió de su pretensión casacional, cuando  el   trámite   habilitado   de   adelantar  y  que,  precisamente,  faculta  la  intervención  de  la  Sala,  deviene precisa y exclusivamente de la pretensión  contenida  en  la  demanda,  pues  ello representa una injerencia indebida en el  asunto,  porque  admitido  el  desistimiento de la intervención de parte que le  daba  competencia  para  conocer  del caso, sin ella, no puede entrar a corregir  eventuales  entuertos  que  no advirtió en la oportunidad que tenía para ello,  así se invoque la potestad oficiosa consagrada en la ley.   

Además, porque el desistimiento –sin   condicionamientos-  vuelve  las  cosas  al  original  estado  de la interposición del recurso, al punto que debe  entenderse  que  en ningún momento existió inconformidad con lo resuelto en la  instancia,  a  menos que fueran varios los recurrentes y no todos desistieran, o  que el desistimiento fuese parcial.   

Ello  porque,  como  se advirtió en líneas  anteriores,  el  efecto específico e ineludible para esa actuación procesal de  la  parte  que desiste de la casación, no es otro diferente a la ejecutoria del  fallo  que  se  pretendía  controvertir.   Y  ya  ejecutoriado el fallo, o  mejor,  dotado de la condición de cosa juzgada, mal puede la Corte, pasando por  alto  esas  precisas  condiciones que facultan derrumbar por vía excepcional el  principio,  establecer,  por  su  propio arbitrio, una tramitación ad  latere  que,  en  la práctica, tiene  como  finalidad  y  sustento  material,  revivir  el  contenido  y efectos de la  demanda,  y  particularmente,  del cargo que allí se desarrolla, so pretexto de  proteger  derechos fundamentales hechos decaer por la parte facultada legalmente  para  el efecto. Y no puede olvidarse que en ese momento nacen derechos para los  sujetos procesales, que no pueden ser desconocidos por la Corte.   

En  tal  escenario,  es  evidente  para  el  suscrito  que  la  Corte  ya  no  actúa  de  conformidad con la facultad que le  defiere  el  artículo 235-1 constitucional, sino como una Corporación de plena  jurisdicción,  quizá  a  la  manera  del  grado de consulta, hoy expurgado del  proceso  penal,  pero  en  todo  caso la determinación que llegare a adoptar no  tiene   el  carácter  de  sentencia  –menos  de  una  de  casación-  ni  puede  incidir en algo que ya ha  tomado  la  fuerza  de  cosa juzgada material, pues se tratará de una decisión  sin competencia del órgano que la produce.   

La competencia es un presupuesto para que las  autoridades   judiciales  apliquen  la  regla  de  la  prevalencia  del  derecho  sustancial consagrada en el artículo 228 Constitucional.   

La   decisión  de  la  Sala  vulnera  las  garantías  judiciales  que  pretende defender, pues pone en riesgo la seguridad  jurídica  de  los  asociados  en  este  y  los demás procesos que lleguen a su  conocimiento,  al  permitir  que  las  reglas  procesales  se  puedan aplicar al  acomodo  de  una  situación  concreta  so  pretexto de buscar una solución que  tiene remedio por otras vías previstas en la ley.   

Aunque se admite la evolución del recurso de  casación  en  Colombia a dimensiones completamente afines con el vigente Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho  (art.  1º  Const. Pol.), al punto que sus  modernos  desarrollos  le  han permitido a la Corporación revisar oficiosamente  el  proceso,  incluso  en  los  casos de inadmisión de la demanda de casación,  ello  no  puede  significar, por contera, que se abjure del debido proceso, como  quiera  que  este  constituye  bastión  insustituible  de  legitimidad  de  las  decisiones judiciales.   

Aún  si  la  irregularidad observada por la  Sala  afecta  las  garantías de justicia, verdad y reparación de las víctimas  del  delito, y es necesaria su corrección para asegurar la vigencia de un orden  justo,  la  forma  adoptada  por  la  Sala  no se ajusta a los cánones legales,  porque  establece  una  novedosa  tramitación  que  pasa  por alto los remedios  excepcionalmente consagrados para derrumbar la cosa juzgada penal.   

Procedimiento,  el  instituido  ahora por la  Corte  que,  por  lo  demás,  sorprende  de  manera  superlativa a las partes e  intervinientes   –no  en  vano,  completamente perplejo la representante del Ministerio Público pidió se  le  otorgara  la  palabra para clarificar los tantos puntos problemáticos de lo  decidido por la Sala, aunque esa posibilidad le fue negada-.   

En   este  sentido,  desde  luego  que  la  oficiosidad   representa   un   actuar   autónomo   de   la  Corporación,  sin  intervención  de  las  partes,  no  obstante  sean  ellas quienes finalmente se  afecten  positiva  o  negativamente  con  la  decisión  que,  no  cuesta  mucho  adivinarlo,   terminará   casando   la  sentencia  de  segundo  grado.  Con  la  “oficiosidad”  la  Corte  adquiere  competencia sólo en aspectos que no han  sido  demandados  por  las partes en el respectivo libelo, porque, a la inversa,  el carácter rogado del recurso, liga la competencia a la demanda.   

Pero,  se  pregunta  el  suscrito,  si  esa  “oficiosidad”   determinada    por   la   Corte,   no  sólo  usurpando  competencia,  sino  de manera extemporánea, se nutre precisamente de la demanda  y  los  cargos  que  la  contienen;  y  si  además,  es  claro que las partes e  intervinientes  ya  se aprestaban, con ocasión de la audiencia de sustentación  convocada  pero  finalmente  fallida  ante  el  desistimiento de la fiscalía, a  sustentar  su  posición  en  torno  de  lo  alegado,  ¿no  será conveniente y  adecuado,  para  preservar  los derechos que les asisten y, en el caso concreto,  la  garantía  de  defensa,  permitir  que  se pronuncien sobre el contenido del  escrito  introductorio,  cuando,  además, es claro que lo por decidir, en punto  de  derechos  presuntamente vulnerados con la decisión de segunda instancia, no  corresponde  a  un  hecho  objetivo,  sino,  ha de relevarse, a la auscultación  valorativa que de las pruebas surja?   

Porque,   para  culminar,  asoma  bastante  paradójico  que,  si  no  hubiese  desistido  de  su  pretensión la fiscalía,  necesariamente,  a  pesar  de  advertirse desde el momento de la admisión de la  demanda,  como  se  anota  en  el  proyecto  de  la  mayoría, la posibilidad de  vulneración  de  garantías fundamentales, se habría escuchado a las partes en  la  audiencia  de sustentación y el fallo de casación obligadamente habría de  considerar  estos  argumentos,  pero  ello  no ocurra ahora, con la tramitación  estimada  menester  adelantar  por la Sala una vez aceptado el desistimiento, no  obstante tratarse de los mismos hechos y cargos.   

En   este   caso,  además,  debe  mirarse  detenidamente  la  vigencia  de  la  Ley  906  de  2004,  y  particularmente, la  naturaleza  adversarial  que  informa  la  nueva  tramitación  penal,  pues,  a  diferencia   de  los  sistemas  inquisitivos  o  mixtos  del  pasado,  ahora  la  oficiosidad  se  halla  bastante  limitada,  en  cuanto, se estima propio de las  partes  formular  una  pretensión particular y oponerse a ella, también con la  posibilidad,  íntimamente  ligada a ese presupuesto adversarial, de desistir de  lo pretendido, o deponer el particular interés que los asiste.   

Y  si  bien, no es posible determinar que en  Colombia  el  juez  es  un  simple  árbitro, tampoco se encuentra sustento para  dotarlo  de  los  plenos  poderes  que  antaño poseía, simplemente porque ello  conduce  a  desnaturalizar  los  cimientos  básicos  del sistema vigente.    

Con todo respeto,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Providencia  del 31 de agosto de 2005. Rad. 21862. En sentido similar proveídos  del  16  de  marzo  de  2005.  Rad.  21296  y  del  20  de octubre de 2004. Rad.  21302.     

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