26806(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26806   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.28  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de febrero de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  los  fundamentos  lógicos  y  de debida argumentación de la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado  GILDARDO  JOSÉ  MÚNERA  SÁNCHEZ,  contra  el  fallo de segundo grado de 24 de  agosto  de  2006  mediante  el cual el Tribunal Superior de Antioquia confirmó,  con  algunas  modificaciones,  el  dictado  por  el  Juzgado  Primero  Penal del  Circuito  de  Apartadó,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente  responsable  del  delito  de  ejercicio  ilícito de actividad monopolística de  arbitrio rentístico.   

HECHOS   Y  ACTUACION  PROCESAL   

Durante 1999, GILDARDO JOSÉ MÚNERA SÁNCHEZ  en  los municipios de Apartadó, Chigorodó, Currulao, Frontino, Dabeiba, Carepa  y  Turbo comercializó sin alguna autorización en forma continua juegos de azar  que      denominó      “Letrogolfo”      y     “Golfito”,   similares   al  comúnmente  conocido  como  “Chance”,  sólo que en vez de jugar con números se hacía con letras.   

Con  base  en  la denuncia formulada por la  Gerente  de  la  Sociedad  de  Apuestas  Unidas de Urabá, Martha Norela Zea, la  Fiscalía  General de la Nación abrió formal investigación penal en contra de  GILDARDO   JOSÉ  MÚNERA  SÁNCHEZ  como  propietario  del  establecimiento  de  comercio     “Rifas  Múnera”,   y   tras  vincularlo  a través de indagatoria, la Unidad de Fiscalía ante el Tribunal de  Superior  de  Antioquia  revocó la preclusión adoptada por el inferior y en su  defecto  lo afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva, con el  beneficio  de  la  libertad provisional, como probable responsable del delito de  ejercicio     ilícito     de     actividad     monopolística    de    arbitrio  rentístico.   

Cerrado   el   ciclo   instructivo,   el  mérito  del  sumario  se  calificó  el 12  de mayo de  2004  con  resolución  de  acusación  por  el mismo  delito  imputado,  decisión que adquirió firmeza en  esa  instancia  el  8  de  julio  de  la  anualidad en cita, al no ser objeto de  impugnación.   

La   fase   del   juicio               la             adelantó        el    Juzgado    Primero   Penal del   

Circuito    de    Apartadó,  despacho  que  luego  de surtir el rito  correspondiente  profirió  fallo  el  21     de     noviembre    de  2005  por  cuyo  medio condenó a GILDARDO JOSÉ MÚNERA SÁNCHEZ  por  el  delito objeto de acusación, a las            penas          principales  de treinta  y    seis   (36)   meses   de   prisión,  diez  (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa  e  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la  sanción  privativa  de  la  libertad, así mismo, ordenó la cancelación de un  millón  quinientos  mil  pesos ($1.500.000,oo) como honorarios profesionales al  aperito contable.   

Inconforme   el   defensor   impugnó  la  decisión,  y  el  Tribunal Superior de Antioquia lo confirmó, pero exoneró al  enjuiciado  del  pago  de  los  honorarios  periciales  y aclaró que la pena de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas no tiene el  carácter de principal, sino accesorio.   

LA DEMANDA  

Contra el fallo de segundo grado interpone el  defensor  recurso  de  casación excepcional a fin de que se fijen los criterios  jurisprudenciales  con  respecto al delito de ejercicio ilícito de la actividad  monopolística  de arbitrio rentístico del artículo 241-A del anterior Código  Penal   (Decreto-Ley   100   de   1980)   vigente   para   la   época   de  los  hechos.   

Justifica la intervención de la Corte al no  existir  un  criterio  jurisprudencial  o  doctrinal  que precise el concepto de  monopolio   rentístico  en  materia  de  juegos  de  suerte  y  azar,  ya  que  el  vacío   legal de disposiciones de carácter  nacional,  ha  sido  suplido con normas a nivel regional que llevan a configurar  el  denominado  error de prohibición, al obrar el sujeto con la creencia de que  lo hace bajo la legalidad.   

Reseña  que por los mandatos programáticos  de  optimización  acerca de los monopolios rentísticos del artículo 336 de la  Constitución  Política,  en  el  artículo  241-A  del anterior Código Penal,  (adicionado  por  el  artículo  1°  de la Ley 57 de 1993), se sanciona a quien  “ejerza una actividad establecida como monopolio de  arbitrio  rentístico,  sin  sujeción  a  las normas que la regulan”,  en tanto que a partir de la expedición del nuevo ordenamiento  sustantivo  (art.  312  de  la Ley 599 de 2000), a quien lo haga “sin  la  respectiva  autorización,  permiso  o contrato, o utilice  elementos     o     modalidades     de     juegos    no    oficiales”.   

Pone  de  manifiesto  que  la  tipicidad del  comportamiento  para 1999 se debe valorar respecto de las normas que regulan los  juegos  de  suerte  y  de  azar,  pues  en  ese entonces no era exigible obtener  licencias  o  permisos,  de  ahí  que  la conducta de su defendido se encuentre  ajustada  a derecho toda vez que lo hizo conforme con el Decreto Ordenanzal 4800  de  1996  (dictado  por el Gobernador de Antioquia debidamente autorizado por la  asamblea),  pues fue sólo hasta el 2001 que se expidió la Ley 643 para regular  los juegos de apuestas y azar.   

Rememora  que  el  Decreto  1222  de 1986 al  abordar  lo  concerniente a la estructura y funcionamiento de los departamentos,  en  los  artículos  199  y 200 atribuyó a las Beneficencias Departamentales la  regulación  y  cobro  de  los  dineros  provenientes de rifas y juegos de azar,  además del provecho de las loterías y el manejo del chance.   

Posteriormente, se expidió la Ley 10 de 1990  que  regula  el  sistema  de  salud  y  en  los  artículos 42 y 43 le quitó la  titularidad  que  tenían los departamentos en el manejo de los juegos distintos  de  las  loterías  y  crea  la empresa “ECOSALUD S.A” para el empleo de los  recursos   de  dicha  actividad,  esto  es,  la  administración  del  monopolio  rentístico de los juegos de suerte y azar.   

En desarrollo de tal normatividad se expidió  el  Decreto  Reglamentario  1660  de 1994 para categorizar los juegos de azar de  las    diferentes    loterías    y    juegos   permanentes,   en   rifas  menores y  mayores  a  partir del plan de premios y de la zona en  que  se  realizaba fijando la competencia para la autorización de la rifa menor  al   municipio,   mientras   que   para   la  mayor  corresponde  a  “ECOSALUD  S.A.”   

Destaca  que  el  Gobernador de Antioquia en  desconocimiento  del  Decreto  Reglamentario  1660  de  1994,   expidió el  Decreto  Ordenanzal 4800 de 1996 regulando las rifas, juegos de suerte y de azar  que  se  realizaban  en  el  departamento  y  atribuyendo a la persona jurídica  “BENEDAN”  la  facultad  de autorizar tales rifas y de recaudar del impuesto  generado por dicha actividad.   

En  este  orden,  señala  el  libelista  la  incertidumbre  generada entre el Decreto Reglamentario 1660 de 1994 y el Decreto  Ordenanzal  4800 de 1996 duró hasta que fue dictada la Ley 643 de 2001, pero en  el  entretanto  había  razones  y  argumentos  para  apoyar  la legitimidad del  comportamiento   del   procesado   conforme   con  la  normativa  regional  para  comercializar  y  explotar  los  juegos de suerte y azar tal y como lo solicitó  ante  la  autoridad competente “BENEDAN” según las constancias obrantes del  19  de  febrero  y  1° de junio de 1999 acerca de que las empresas ‘Letrogolfo  Ltda’        y       “Golfito”   cumplen   con   el  Decreto  Ordenanzal   y   que  deben  depositar  el  impuesto  respectivo  en  la  cuenta  1303050059-2 de la Caja Agraria a nombre de BENEDAN.   

Agrega que su defendido no podía desconocer  la  norma  regional, pese a su abierta ilegalidad, porque el Código Contencioso  Administrativo  señala  que  los  actos  administrativos son obligatorios hasta  tanto  no  sean  declarados  nulos por la jurisdicción, por ello no se le puede  atribuir  responsabilidad  por  el  delito  de  ejercicio  ilícito de actividad  monopolística  de arbitrio rentístico del artículo 241-A del anterior Código  Penal,  por simplemente haber escogido acatar el Decreto Ordenanzal a cambio del  derecho  reglamentario ya que tales ordenamientos no tienen la jerarquía de una  ley  sino  de  actos  de  naturaleza  inferior,  y  como  lo  precisó  la Corte  Constitucional  en  la sentencia C-313 del 7 de julio de 1994 cuando analizó la  constitucionalidad  del citado artículo 241-A, solamente en la medida en que un  acto  con  categoría  de ley haya establecido un comportamiento como ilegítimo  es    pensable    la    calificación    jurídica   del   comportamiento   como  punible.   

Por último, aboga por la unificación de la  jurisprudencia  en  torno  a  las facultades normativas en materia de monopolios  rentísticos  de  los  juegos de suerte y azar, pues insiste en que su defendido  bajo  un  error  de  prohibición  y  amparado en una regulación sectorial, sin  quererlo  incurrió  en  el  tipo  penal,  siendo  una infracción aparente  propia de una responsabilidad objetiva.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según lo previsto en el artículo 205 de la  Ley  600  de  2000,  el recurso extraordinario de casación es viable contra las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar,  cuando se proceda por  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de ocho años.   

En los casos en que el fallo de segundo grado  no  es proferido por los mencionados tribunales o que el ilícito por el cual se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum señalado  anteriormente  o  sanción  no  restrictiva  de  la  libertad, el inciso 3º del  artículo  citado  faculta  a  esta  Sala  para  admitir  discrecionalmente  las  demandas   de   casación  presentadas,  cuando  lo  estime  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que el libelo reúna los demás requisitos legales.   

          Cuando  se  trata  de  la casación discrecional es deber ineludible  del    demandante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte.  Si  la  pretensión  concierne  a  la  protección de las garantías  fundamentales  del procesado, tiene la obligación de demostrar tal violación e  indicar  las normas constitucionales que protegen el derecho invocado, así como  su desconocimiento en el fallo recurrido.   

         Bajo  las  anteriores  precisiones,  es  claro que en el caso de la  especie   por   tratarse   del   delito   de  ejercicio  ilícito  de  actividad  monopolística  de  arbitrio  rentístico  previsto  en  el  artículo 241-A del  Decreto  Ley  100 de 1980 que tiene establecida una pena de prisión de tres (3)  a  cinco  (5) años, su máximo punitivo no supera los ocho (8) años, se impone  plantear  el  recurso  a  través  de  la  vía discrecional, de ahí que le que  le    asista  razón  al  defensor al acudir a este  recurso       extraordinario       de      manera  excepcional.   

Igualmente,   la  Sala  advierte  que  el  demandante  de  manera  detallada  expresa  las  razones por las cuales insta la  intervención  de  la  Corte para establecer con criterio de autoridad la línea  jurisprudencial  acerca  del  monopolio de arbitrio rentístico específicamente  concerniente  a  los  juegos  de  suerte  y  azar,  con el recuento normativo de las respectivas disposiciones legales.   

Aunque  expresamente no cita como infringido  el  artículo  241-A  del  anterior  ordenamiento  penal,  no  queda duda que el  desarrollo  del  cargo apunta a demostrar su indebida aplicación, a contra cara  de la atipicidad del comportamiento que pregona de su defendido.   

En  este  orden,  del contexto del libelo se  extrae  fácilmente  también  la  eventual  afectación  de  las garantías del  procesado  toda  vez  que  en  criterio  del  censor,  actuó  bajo  un error de  prohibición,   de   ahí  que  concluya  que  no  se  le  puede  atribuir   responsabilidad penal.   

Por  lo  tanto,  estima  la  Corte  que  el  demandante  cumple  con  las  exigencias  legales  para  conseguir  la admisión  discrecional   de  libelo,  en  consecuencia,  se  deberá  surtir  el  traslado  pertinente para que el Ministerio Público emita su concepto.   

                 En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      ADMITIR la demanda de  casación  discrecional interpuesta por el defensor de  GILDARDO  JOSÉ  MÚNERA  SÁNCHEZ,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

        2.                     SURTIR el traslado  previsto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 al Procurador Delegado para  que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cúmplase  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                           ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO    ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                   JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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