26783(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26783  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  083   

Bogotá, D. C.,  treinta (30) de mayo de  dos mil siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a  conceptuar  sobre  la  solicitud    de    extradición    del    ciudadano    colombiano   ORESTES  ZULUAGA  CARDONA,  elevada por el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI07-59-DIJ-0100  del  11  de  enero  de  2007, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  3215  del 15 de diciembre de 2006, solicitó en extradición al  ciudadano      colombiano      Orestes     Zuluaga  Cardona,  capturado  el  18  de  octubre  de  2006, en  cumplimiento  de  la  resolución  del  17  de octubre anterior, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en  el  Capítulo II, Libro V del Código de  Procedimiento  Penal,  en  la   medida que no existe en el momento convenio  aplicable  que  regule  el   asunto,  como así lo conceptuó el Jefe de la  Oficina  de  Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores, según  oficio  número  OAJ.E.  2423  del  18  de  diciembre  de  2006,  quien  además  certificó  que  la  documentación  del expediente procedente de la Embajada de  los    Estados    Unidos    de    América,   fue   presentada   “debidamente autenticada”.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación e imputación del cargo formulado en su contra, motivo de  la  solicitud  de  extradición,  fueron  sintetizados en la Nota Verbal número  3215 del 15 de diciembre de 2006 de la siguiente manera:   

“Los  hechos  del  caso  indican  que  Sonia  Cruz-Quiceno, Diego Fernando Cano, Miguel Ángel  Garcés-Giraldo,  Orestes  Zuluaga-Cardona, Luis Gilberto Báez-Briceño, César  Arturo   Mejía-Rodríguez,   Elvira   Cárdenas-Rodríguez,   y  Daniel  Alonso  Vanegas-Zamora,  participaron  en  una  organización internacional de lavado de  dinero  relacionada con narcóticos desde por lo menos el 2002 aproximadamente y  continuando  hasta aproximadamente el 2006. La organización de lavado de dinero  en  este  caso lavó millones de dólares de utilidades provenientes de la venta  de  narcóticos  ubicada en los Estados Unidos, España, Canadá y otros países  para   Colombia   a   nombre   de  organizaciones  colombianas  de  tráfico  de  narcóticos.   

“Orestes  Zuluaga-Cardona     era     un     ‘broker’  que  hacía  los  arreglos  para  recoger  utilidades  provenientes  de  la  venta de  narcóticos   en  los  Estados  Unidos  y  coordinaba  la  venta  de  utilidades  provenientes  de  la  venta  de  narcóticos  en Colombia con otro co-acusado, y  recibía  pesos  colombianos  en  su  oficina  en  Bogotá.  Luego  de  que  las  utilidades  provenientes  de  la  venta  de  narcóticos  eran  recolectadas, la  organización  lavaba  el  dinero  para  organizaciones  de  narcotraficantes en  Colombia,  a través de una red sofisticada de cuentas bancarias internacionales  y  de  compañías  alrededor  del mundo. Por ejemplo, el 20 de de septiembre de  2005,  Orestes  Zuluaga-Cardona recibió palabras en clave de otro miembro de la  organización  para ser utilizadas en la recolección de utilidades provenientes  de  la  venta  de narcóticos en Nueva York. El 16 de noviembre de 2005, Orestes  Zuluaga-Cardona   habló   con   un  co-acusado  acerca  de  recoger  utilidades  provenientes de la venta de narcóticos en Nueva York.   

“Todas   las  acciones  adelantadas  por  el  acusado  en  este  caso  fueron  realizadas  con  posterioridad      al      17      de      diciembre     de     1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  del  ciudadano  colombiano  Orestes  Zuluaga Cardona, es la siguiente:   

4.1.  Copia  de  la  Acusación  Sustitutiva  número  S5  05  Cr.  1001  del   16   de  octubre  de   2006,   por   medio   de  la  cual  el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados Unidos, Distrito de Nueva York, acusó a Orestes   Zuluaga  Cardona  del  siguiente  cargo:   

“CARGO   NUMERO  UNO   

“LA ASOCIACIÓN  DELICTUOSA PARA EFECTUAR LAVADO DE DINERO   

“Desde el año de  2002,  o  cerca  de esta fecha, hasta septiembre de 2006, o cerca de esta fecha,  en  el  Distrito  Sur  de  Nueva  York  y  otros  lugares,…,  ORESTES  ZULUAGA  CARDONA…,  los  acusados,  premeditadamente  y  con conocimiento se asociaron,  conspiraron  y  acordaron  juntos  y  cada  uno y con otras personas conocidas y  desconocidas  para violar el Título 18, Código de los Estados Unidos, Sección  1956 (a) (B) (i).   

“Fue  parte  y  objeto  de  la  asociación  delictuosa que …, ORESTES ZULUAGA CARDONA…, los  acusados,  y otras personas conocidas y desconocidas, en una ofensa involucrando  y  afectando el comercio interestatal y extranjero, teniendo conocimiento de que  la  propiedad  involucraba  en  ciertas  transacciones  financieras, a saber, la  transferencia  de  miles  de dólares en efectivo, representaba las ganancias de  alguna  forma  de  actividad  ilícita,  ilegal  y premeditadamente condujeron e  intentaron  conducir  dichas  transacciones  financieras  las  cuales  de  hecho  involucraron  las  ganancias  derivadas  de  una actividad ilegal específica, a  saber,  las  ganancias  derivadas  de  transacciones  ilegales  de  narcóticos,  sabiendo  que  las  transacciones  estaban  diseñadas en totalidad o parte para  ocultar  o  disfrazar  la naturaleza, ubicación, fuente, propiedad y control de  las  ganancias  de dicha actividad ilegal específica, en violación del Título  18,  Código  de  los  Estados Unidos, Sección 1956 (a) (1) (B) (i)”.   

4.2.  También se allegaron copias de  las  declaraciones  juradas de Jeffrey A. Brown, Fiscal Auxiliar de la Fiscalía  de  los  Estados  Unidos  para  el Distrito Sur de Nueva York, y de Phil Cousin,  Agente  Especial  del  Servicio  de  Impuestos  de  los  Estados Unidos, las que  respaldan   la   acusación   contra  Orestes  Zuluaga  Cardona.   

El  primer  funcionario, esto es, Jeffrey A.  Brown,  incorpora  en  su  declaración  la descripción y vigencia de los tipos  penales  imputados en el pliego acusatorio, explica el alcance de una acusación  sustitutiva  y  realiza una síntesis de los hechos, de la actuación procesal y  de los cargos atribuidos al solicitado en extradición.   

Por su parte, el Agente Especial Phil Cousin  relata,  de  manera  pormenorizada,   los   hechos   objeto   de    juzgamiento    ante    el    citado   Tribunal   y  la  participación  en  los mismos por parte del requerido en extradición, respecto  de quien suministra la información necesaria sobre su identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,   Orestes   Zuluaga   Cardona  “es ciudadano de Colombia, nacido el 4  de  septiembre  de  1972,  en  Santuario,  Colombia.  Es  portador de la cédula  colombiana  N°  79.646.195”.  Así mismo se allegó  una fotografía de su rostro.   

4.4.     Se     adjuntó   copia    del    texto    de   las   disposiciones   del    Código   de  los   Estados   Unidos   que   se    afirman    fueron    infringidas   por   el   solicitado    en     extradición     y     que     se   encontraban    vigentes   para   la   época   de   ocurrencia de los hechos.   

4.5.   Por último, se incorporó copia  de  la  orden  de  captura  proferida  en contra del requerido en extradición y  dictada  por  el  Tribunal  de Distrito de los Estados Unidos, Distrito de Nueva  York.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Las partes no solicitaron pruebas ni la Corte  consideró  necesario   decretar  ninguna  de  oficio. Igualmente, mediante  providencia  del  pasado  18  de abril, la Sala aceptó la renuncia de términos  para  solicitar  pruebas  hecha  por  el  defensor del requerido en extradición  Orestes        Zuluaga       Cardona.   

ALEGATO      DEL    DEFENSOR   

La    defensa   técnica   indicó   que  “actuando  como defensor del señor ZULUAGA CARDONA,  mediante  el  presente  escrito  manifiesto  que  es  voluntad de mi patrocinado  renunciar   al   derecho   de   presentar  alegatos  de  conclusión”.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  PRIMERO   

DELEGADO  PARA   LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del  Ministerio Público,  después   de   relacionar   de   manera   pormenorizada  los  hechos,  los  antecedentes,   el  trámite  adelantado,  los  instrumentos  allegados  a  este  diligenciamiento  y de mencionar las normas aplicables al caso, sostiene que, en  lo  relacionado  con  la  validez formal de los documentos, el Estado requirente  aportó,     debidamente     traducidas     y    autenticadas,     la   providencia    acusatoria,    en   la   cual   se   reseña    el    lugar   y   las   fechas   donde   ocurrieron     los    hechos    y    el    delito   imputado,   las  distintas  normas  penales,  las  declaraciones de apoyo a  la   solicitud de extradición y la orden de captura, motivo por el cual se  cumple con este requisito legal.   

En  cuanto  a  la  demostración plena de la  identidad  del solicitado, asevera no existe duda alguna, toda vez que los datos  suministrados  por  las autoridades del país requirente coinciden con los de la  persona  que  fue notificada de la resolución expedida por la Fiscalía General  de  la Nación, por medio de la cual se ordenó su captura y que en este momento  se encuentra privada de la libertad con fines de extradición.   

Dice  que en las Notas Verbales allegadas al  presente  trámite  se  consignaron sus datos personales, es decir, que se trata  de  un  ciudadano  colombiano,  nacido  en  el  municipio  de  Santuario el 4 de  septiembre  de  1972  y  que  es  portador  de la cédula de ciudadanía número  79.646.195,  datos  que  confirman dicha identidad, los cuales coinciden con los  que  suministró  Orestes Zuluaga Cardona al momento de su captura.   

En  lo que tiene que ver con el principio de  la   doble   incriminación,   sostiene  que  el  cargo  imputado  a   Orestes   Zuluaga   Cardona   encuentra  adecuación  típica  en  los  artículos  340,  inciso  2°(  modificado por el  artículo  8°  de  la  Ley  733 de 2002 y por el artículo 19 de la Ley 1121 de  2006),  y  323  (modificado  por el artículo 8° de la Ley 747 de 2002 y por el  artículo  17  de  la Ley 1121 de 2006 ) del Código Penal, los cuales consagran  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  con el fin de cometer el delito de  lavado  de  activos  o  testaferrato  o conexos y lavado de activos, cuyas penas  mínimas  privativas  de la libertad es superior a 4 años, aspecto que conlleva  a concluir que también se cumple con esta exigencia legal.   

En   lo   que  respecta   a    la    equivalencia    de    la   providencia   dictada   en   el país solicitante, luego de citar una jurisprudencia  de  esta Corporación, dice que es otro requisito que también se satisface, por  cuanto    la    acusación    dictada    en    el   extranjero   contiene   el   cargo   del cual  se   debe    defender    el   acusado,   sin   olvidar   que    dicha   pieza   se  constituye  en  presupuesto procesal para la iniciación de la etapa  de  juzgamiento,  que  culmina  con  la  respectiva  sentencia,  además  de que  contiene   una   relación  detallada  de  los  hechos, con especificación de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de la conducta, con  indicación  de  las  disposiciones  sustanciales  aplicables,  lo  cual permite  colegir  que  dicha  pieza  procesal  guarda  correspondencia  con la acusación  prevista en nuestro sistema procesal penal.   

En   consecuencia,  estima  el  Procurador  Delegado  que  las  formalidades legales se cumplen cabalmente para que la Corte  proceda  a  emitir  concepto  favorable respecto de la solicitud de extradición  del    ciudadano   colombiano   Orestes  Zuluaga  Cardona.   

Finalmente,  en  orden  a  garantizar  los  derechos  fundamentales  del  ciudadano colombiano requerido en extradición, el  Procurador  Delegado  sugiere  a la Corte exhorte al Gobierno Nacional para que,  en  caso de que se conceda la extradición, se condicione la misma en el sentido  de  que  el  solicitado  no sea juzgado por hechos anteriores ni distintos a los  que  motivan  la  extradición,  ni  sometido  a  prisión perpetua, ni a tratos  crueles, inhumanos o degradantes.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

El artículo 502 del Código de Procedimiento  Penal  2004 estatuye que el  concepto que emite la Sala debe estar centrado  en  establecer  la  validez   formal de la documentación presentada, en la  demostración  plena de la  identidad del solicitado, en el principio de la  doble  incriminación,  en  la  equivalencia de la providencia proferida en  el  extranjero  y,  cuando fuere el caso, en el cumplimiento de los previstos en  los tratados públicos.   

En  esas condiciones, se procederá a emitir  concepto, así:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada   como   soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Orestes  Zuluaga  Cardona, cumple con las  exigencias  legales  contempladas en los Códigos de Procedimiento Penal y Civil  para tenerla como apta para fundar el respectivo concepto.   

En efecto, no hay duda que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los cuales obra la copia de la Acusación Sustitutiva  número  S5  05  Cr.  1001  del 6 de octubre de 2006, dictada por el Tribunal de  Distrito  de los Estados Unidos, Distrito de Nueva York, la cual fue firmada por  el  Presidente del Gran Jurado y el Fiscal de los Estados Unidos, señor Michael  J.  García,  documento cuya autenticidad de su contenido fue certificado con la  firma  y  el  sello  pertenecientes  al  Secretario de dicho Tribunal, señor J.  Michael McMahon.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  Jeffrey  A. Brown, Fiscal Auxiliar de la Fiscalía de los Estados Unidos para el  Distrito  Sur  de  Nueva York, y de Phil Cousin, Agente Especial del Servicio de  Impuestos  de  los  Estados Unidos, rendidas, el 7 de diciembre de 2006, ante el  Magistrado  Juez  de  los  Estados  Unidos,  Distrito  Sur de Nueva York, señor  Michael  H.  Dolinger,  cuyos contenidos y traducción al español, junto con el  resto  de  la  documentación  que  las acompaña, fueron certificados, el 11 de  diciembre  de  dicho  año, por Jason E. Carter, Director Asociado de la Oficina  de  Asuntos Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de Justicia  de los Estados Unidos.   

Así  mismo  aparece  que  la documentación  anexa  hace referencia a la orden de captura, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables  al caso, esto es, Título 18, Secciones 982 (extinción  de  dominio),  1956  (lavado  de  instrumentos  monetarios)  y  3282 (delitos no  conminados   con   la   pena   de   muerte)   del   Código   de   los   Estados  Unidos.   

Por  su  parte,  la  rúbrica y el cargo del  señor  Jason  E. Carter fueron certificados por el señor Alberto R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales,  División  de  lo  Penal, y el sello del  Departamento  de   Estado fue ordenado por la Secretaria de Estado, señora  Condoleezza  Rice,  de  cuyo  nombre dio fe la Auxiliar de Autenticaciones de la  misma oficina, Sonya N. Johnson.   

Por   último,  dichos  documentos  fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María de los Ángeles Barraza, como así lo constató y lo avaló  la   Oficina   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D.  E.  2282  de  1989  que  dice:  “Los   documentos   públicos  otorgados  en  país  extranjero   por  funcionario  de  éste  o  con   su  intervención,   deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por  el cónsul o agente   diplomático  de  la  República,  y  en su defecto por el de una nación amiga,  lo   cual  hace  presumir que se otorgaron conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos 25 y 495, último inciso, del Código de Procedimiento Penal  de 2004.   

Además, el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del  Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E. 2423  del  18  de  diciembre  de 2006, certificó que la documentación del expediente  procedente  de  la Embajada de los Estados Unidos fue presentado “debidamente autenticado”.   

Por  lo  tanto,  teniendo  en cuenta que la  solicitud   de   extradición   de   Orestes  Zuluaga  Cardona  se  hizo por la vía diplomática y que en la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.  La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No    hay   duda   que   el   ciudadano  colombiano   Orestes   Zuluaga   Cardona,  a  quien  se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en  extradición por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que  se  trata  de Orestes Zuluaga Cardona,  pues  basta observar que el número de cédula de ciudadanía que  suministró  la  Embajada  de  los  Estados Unidos de América, a través de las  Notas  Verbales  números 2499 y 3215 del 29 de septiembre y del 15 de diciembre  de  2006,  concuerda  con el que aparece en el informe de captura rendido por el  Departamento  Administrativo  de Seguridad, en el acta de notificación personal  de  la providencia por medio de la cual se dispuso su captura y en la diligencia  mediante  la  cual  se  le  comunicó  sus  derechos  de capturado (79.646.195),  además  de que dicho aspecto no ha sido cuestionado por el solicitado ni por su  defensor.   

Igualmente,  todos  los  datos suministrados  coinciden  con  los  que  obran  en  la  documentación, es decir, que nació en  Santuario  (Antioquia) el 4 de septiembre de 1972 y se identifica con la cédula  de  ciudadanía  N°  79.646.195 expedida en Bogotá, información que concuerda  integralmente  con  aquella  que  aparece  registrada en la tarjeta decadactilar  alfabética  elaborada  por  el  departamento Administrativo de Seguridad (D. A.  S.),   sin   dejar  pasar  por  alto  que  se  aportó  una  fotografía  de  su  rostro.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona     detenida     es     Orestes     Zuluaga  Cardona,  de nacionalidad colombiana y es el ciudadano  requerido en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos.   

3.  El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  para  que  la  extradición  se  pueda  conceder  se  requiere que el hecho que la motiva esté  previsto  como  delito  en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo en cuenta la Acusación Sustitutiva  número  S5 05 Cr. 1001 del 16  de  octubre  de  2006,   dictada  por  el  Tribunal  de Distrito de los Estados Unidos, Distrito de Nueva  York,    se    sabe    que    a    Orestes   Zuluaga  Cardona    se    le    acusó   de   “concertarse”    para   “cometer  el delito de lavado de dinero” y  de   efectuar    transferencias  “de  miles  de  dólares  en  efectivo”,  las cuales “representaba  las  ganancias de alguna forma de actividad ilícita e  ilegal,  y  premeditadamente  condujeron  e intentaron conducir dichas transacciones financieras las cuales de  hecho  involucraron las ganancias derivadas de una actividad ilegal específica,  a    saber,    las    ganancias   derivadas   de   transacciones   ilegales   de  narcóticos”  (CARGO NUMERO  UNO),  según  las normas penales del país requirente  en precedencia citadas.   

En esas condiciones, advierte la Sala que las  conductas  referidas  en dicho cargo, de acuerdo con los hechos que se imputan y  las  normas  allegadas,  encuentran adecuación típica en nuestro sistema penal  en  lo  reglado  en  los  artículos  340,  inciso  segundo  (modificado  por el  artículo  8°  de  la  Ley  733 de 2002 y por el artículo 19 de la Ley 1121 de  2006),  y  323  (modificado  por el artículo 8° de la Ley 747 de 2002 y por el  artículo  17  de  la Ley 1121 de 2006 ) del Código Penal, los cuales consagran  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  con el fin de cometer el delito de  lavado  de activos o conexos y lavado de activos, habida cuenta que, como quedó  visto,   Zuluaga   Cardona,  “junto  con  otros”, con  conocimiento     de     causa     e     intencionalmente,     se    concertó     para     “cometer  el delito de lavado de dinero” y  “realizó   transacciones  financieras  las  cuales  de  hecho involucraron las ganancias derivadas de una  actividad  ilegal específica, a saber, las ganancias derivadas de transacciones  ilegales de narcóticos”.   

Cabe  agregar que los mencionados delitos de  concierto  para  delinquir  (relacionado  con  el lavado de activos) y lavado de  activos  en nuestra legislación contemplan penas que oscilan entre 8 y 18 años  de prisión y 8 y 22 años de prisión, respectivamente.   

Así, entonces, surge evidente que se cumple  con el principio de la doble incriminación.   

4.   Equivalencia  de  la  providencia   proferida  en  el  extranjero   

Advierte  la Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 493 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  el  cual exige “que por lo menos se  haya    dictado    en    el    exterior   resolución   de   acusación   o   su  equivalente”.   

En  efecto, el Tribunal de Distrito de  los    Estados    Unidos,    Distrito    de    Nueva    York,    “acusó”   a  Orestes  Zuluaga  Cardona  por  las conductas punibles  señaladas  en  precedencia,  mediante acto procesal que en nuestra legislación  equivale  a  la  acusación,  equivalencia  que  emerge  de las  siguientes  similitudes:      

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra de la acusada para que se defienda de ellos en el juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante  de  la  acusación  propia  de nuestro sistema judicial, pudiéndose  concluir que esta exigencia legal también se satisface.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Como lo resaltó el Ministerio Público, se  pone   de   presente   al  Gobierno  Nacional  que  en  caso  de  concederse  la  extradición,  debe  condicionar  la  entrega  en  el sentido de que  Orestes  Zuluaga Cardona no será juzgado  por  hechos distintos a los que originaron la reclamación, ni sometido a tratos  crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  se  le  impondrá  la  pena  capital o  perpetua,  al  tenor  del  artículo  494  del  Código  de Procedimiento Penal.   

De la misma manera, se exhorta al Gobierno,  encabezado  por  señor  Presidente de la República como supremo director de la  política  exterior  y  las  relaciones  internacionales,  para  que efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

Finalmente, se pide al ejecutivo recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como parte de la  pena  el  tiempo  que el solicitado haya podido estar privado de la libertad con  motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a    la    solicitud    de    extradición   elevada   por   el   Gobierno   de   los   Estados  Unidos  de  América, respecto del ciudadano colombiano  ORESTES  ZULUAGA  CARDONA, en cuanto tiene que ver con  el  “CARGO  NUMERO  UNO”  que  le  fue  imputado  en  la  Acusación  Sustitutiva  número  S5 05 Cr. 1001  del   16   de   octubre  de  2006,  dictada por el  Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito de Nueva York.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido,      ciudadano      Orestes     Zuluaga  Cardona,   quien   se   encuentra   recluido   en  el  Centro     Penitenciario    de    Máxima    Seguridad   de   Cómbita,  a  su  defensor, al Ministerio Público y al  Fiscal General de la Nación, para lo de su cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              

        Aclaración de voto   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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