26379(23-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26379   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 133.  

Bogotá  D.C., noviembre veintitrés (23) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  del  libelo de casación presentado por el defensor del procesado  CARLOS     JULO    ANGARITA    BOLÍVAR,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal   Superior  de  Bogotá  el  22  de  Junio  del  año  que  transcurre,  confirmatoria  de la dictada el 17 de abril anterior por el Juzgado 18 Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de la misma ciudad, por cuyo medio lo  condenó   como   autor   penalmente   responsable   del   delito  de  homicidio  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El supuesto fáctico que motivó el presente  diligenciamiento,  fue  declarado  por el Tribunal, en el fallo impugnado, de la  siguiente manera:   

“Tuvieron ocurrencia el 14 de enero de 2006  a  las  22:15 horas, cuando se encontraban departiendo tres personas entre ellos  Carlos  Julio  Angarita Bolívar y el occiso Gonzalo Cristancho Castro, luego de  alguna  discusión  de la que no se da mayor información, Carlos Julio Angarita  Bolívar  lesionó gravemente con arma cortopunzante a Gonzalo Cristancho lo que  le  ocasionó  enseguida  la muerte, huyó del lugar Carlos Julio Angarita, pero  por  información  de  un  testigo  fue buscado por la policía en la casa de su  hermana donde fue capturado”.     

Al  día siguiente de ocurridos los hechos  anteriormente  relatados,  se llevó a cabo audiencia preliminar ante el Juzgado  53  Penal Municipal con función de Control de Garantías de Bogotá, durante la  cual  la Fiscalía 23 Seccional solicitó la  legalización de la captura y  formuló  imputación  por el delito de    homicidio agravado por  la  circunstancia  prevista en el numeral 4° del artículo 104 de la Ley 599 de  2000,    a    la    cual    se    allanó    ANGARITA  BOLÍVAR,  en contra de quien, también a solicitud de  la  Fiscalía,  se  decretó medida de aseguramiento de detención preventiva en  el lugar de residencia.   

Ante  el  Juzgado  18 Penal del Circuito con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad, la Fiscalía presentó escrito de  acusación  por el mismo delito que sustentó la imputación, motivo por el cual  dicho  despacho  judicial,  el  17  de  abril  siguiente, profirió sentencia de  primer  grado,  por  cuyo medio condenó a CARLOS JULIO  ANGARITA  BOLÍVAR  a  la pena principal de doscientos  (200)  meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de dieciocho (18) años como  autor  penalmente  responsable  del  delito por el cual fue acusado. En la misma  decisión,  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena,  así como la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por el defensor del procesado, el Tribunal  Superior  de  Bogotá  la confirmó, mediante fallo del 24 de marzo del año que  transcurre,  decisión contra  la   cual   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación.     

LA  DEMANDA   

A  través  del  libelo  presentado  por  el  defensor  de ANGARITA BOLÍVAR  se  formulan  dos cargos con  sustento  en  la  causal  tercera  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial.   Censuras  del  siguiente  tenor:   

Primer cargo:  

Estima  el  actor que la sentencia impugnada  incurre  en  violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho por  falso      juicio      de      identidad,      derivado      de     “distorsionar,   cercenar   y   adicionar   la   prueba   legal  y  oportunamente  recaudada en su expresión fáctica, haciéndole producir efectos  diferentes   a   la   verdad   real   que   la   misma  establece”.   

Específicamente  se  refiere  el  censor al  “material  probatorio único con que se cuenta en el  sub-lite”,  esto  es,  la  entrevista  efectuada por  miembros  de  la  Policía  Judicial  a  Oscar  Walter  Velasco     Medina,    sujeto    que    “compartía  con  la  víctima  y  el  victimario  siendo  así el  testigo presencial de los hechos”.   

Luego de recordar el contenido de la versión  aludida,  señala que “la verdad real que esta prueba  establece,  ha  sido distorsionada y falseada”.   Al  respecto,  indica  que  de acuerdo con lo que sostuvo este testigo el occiso  amenazó  a  su  defendido,  “amenaza que no pudo ser  otra  que  atentar  contra  su  humanidad  física”,  pues “sabido es, y así lo indica la experiencia que  los  conductores  de  buses son violentos y actúan bruscamente contra cualquier  persona  con  acciones  y  palabras  soeces”, lo cual  “tipifica  fehacientemente  que  el actuar de Carlos  Julio  lo  fue  en  legítima  defensa  frente  al  peligro  actual  y  eminente  (sic)   que   contra   su  integridad física era víctima”.   

Para el casacionista, en la sentencia objeto  del  recurso se  omitió apreciar y valorar el contenido de esta prueba, de  cuyo  contenido  “conforme  a  las reglas de la sana  crítica  nos  damos cuenta sin lugar a equívocos que el móvil que acarreó el  in  suceso  (sic) no fue vil y  ruin,  abyécto (sic) o fútil  sino  que  estuvo precedido por las reiteradas ofensas y amenazas del hoy occiso  contra  mi  defendido”, aspecto que también planteó  al  sustentar el recurso de apelación, pero que fue desestimado por el Tribunal  tras    expresar    que   el   allanamiento   de   su   defendido   “lo  exime de la valoración y apreciación de la prueba recaudada  constituyéndose  en  mero  arbitrio,  hecho  este  descartado  en nuestra carta  política  (art-4),  y  por vía jurisprudencial de la Corte suprema de Justicia  sala      Penal      y     de     la     Corte     Constitucional”.   

De  esa  manera,  agrega  que  en  cuanto  a  “las      circunstancias      genéricas      de  agravación” esta Sala ha señalado que con el nuevo  estatuto  represor  han  adquirido  gran  importancia,  porque  de  acuerdo a lo  reglado  en el artículo 61, el ámbito punitivo puede moverse hasta los cuartos  medios  “y  aun  al  cuarto  máximo,  cuando  sólo  concurran  circunstancias  de mayor punibilidad, lo cual eleva considerablemente  la  pena,  cuando por la naturaleza de la conducta punible, la pena principal es  considerablemente alta”.   

Acto  seguido, reitera que la prueba aludida  fue  distorsionada, dado que “lo que objetivamente se  infiere    de   la   misma   es   una   actuación   intespectiva   (sic),  sin  premeditación,  de insofacto  (sic)  ante la agresión que  se   le   devenía   (sic)  defendiendo  su  integridad  física, lo que conlleva ineludiblemente a concluir  que  en dicho actuar se tipifica la causal diminuente de responsabilidad, ya que  no  actuó de manera dolosa, siendo la conducta en grado preterintencional, pues  no    existió    la    intención    de    matar   sino   únicamente   la   de  defenderse”.   

Añade que dicha distorsión, consistente en  endilgar  a  su  defendido  la  comisión  de  la  conducta por motivo abyecto o  fútil,  trajo  como  consecuencia  que no se partiera de los límites punitivos  previstos  en  el artículo 103, sino de los estipulados en el artículo 104 del  estatuto  sustantivo  penal,  con  lo  cual  se  contraviene  lo señalado en el  artículo  61  de  la  misma obra, según el cual “el  sentenciador  solo  podrá  moverse  dentro del cuarto mínimo cuando no existan  atenuantes  ni  agravantes o concurran únicamente circunstancias de atenuación  punitiva”,  además  de  que  también  se  aplicó  erróneamente  el  incremento  de  penas previsto en la Ley 890 de 2004, pues su  prohijado  de  manera  libre  y  voluntaria se allanó a los cargos “en  la  audiencia  de  formulación  de acusación”,  sin  que  ello  fuera  producto de acuerdo o negociación, con lo  cual  el  fallo  se  aparta  de  lo expuesto en la sentencia T 091 de 2006 de la  Corte   Constitucional,   lo   cual   le   permite   colegir   que  “la  condena  impuesta  resulta  doblemente  incrementada. Primero  adecuando  la  conducta agravada y partir de la pena establecida en el artículo  104  y  segundo  aplicando  indebidamente  la  ley  890  de  2004”.   

A  lo  anterior  se  suma,  según indica el  actor,   que  la  defensa  desde  la  misma  audiencia  de  formulación  de  la  imputación      ante      el      juez      de      garantías     “controvirtió  la  mal  endilgada  circunstancia  de  agravación  punitiva”,  por  lo que no fue tenida en cuenta para  imponer la medida de aseguramiento.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto,  solicita  “declarar  la  prosperidad  de este cargo y casar la  sentencia impugnada”.   

Segundo cargo:  

Considera  el  recurrente  que  la sentencia  impugnada  incurre  en  la misma causal propuesta en el cargo anterior, debido a  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia “al  suponer,   inventar   o  crear  una  prueba  e  imputar  como  circunstancia  de  agravación  punitiva el motivo abyecto o fútil, sin que la misma se infiera de  la legalmente recaudada”.   

Lo  anterior, por cuanto dicha circunstancia  de  agravación  “la  crea  la Fiscalía del informe  policial  del patrullero PT. BOLAÑOS PEÑA JOSELIN”,  cuyo   contenido   se   opone   a   lo   narrado  por  el  testigo  Oscar  Velasco  Medina, cuando señala que  su  defendido persiguió a la víctima y que le propinó varias heridas, lo cual  también  encuentra  soporte  en  el dictamen médico legal que reporta una sola  lesión en la humanidad del occiso.   

De ahí que, para el libelista, “la  sentencia en lo que concierne a la agravación punitiva está  basada  en  prueba  inexistente y por tal razón no puede ser el soporte de  un  incremento  punitivo,  violándose  así  el  principio constitucional de la  Favorabilidad”.   

Sostiene  que  de  acuerdo  con el dicho del  testigo  Oscar Velasco Medina,  no  es  dable  estructurar  la  referida  circunstancia  agravante del delito de  homicidio,  pues  la  reacción de su defendido se originó en la amenaza que en  contra de su vida lanzó el occiso.   

La  anterior situación determinó, a juicio  del  actor,  que  el fallador tasara la pena con base en el ámbito punitivo del  artículo  104  del  estatuto  sustantivo  penal y no en el del 103 ibídem  que correspondía;  además,  porque  cuando  el  funcionario  efectúa  la  labor de dosificación dentro del  cuarto   mínimo,   en   todo   caso   “reconoce  la  inexistencia     de     la     circunstancia    de    agravación”.   

          De    esa    manera,    concluye    señalando    que   “probado   como  está  el  falso  juicio  de  existencia  de  las  circunstancias  de  agravación  punitiva   en que el sentenciador funda el  incremento   punitivo, inventada, creada, pero omitiendo apreciar y valorar  la  prueba  realmente  existente,  como  lo  es la de haber actuado en legítima  defensa  ante  el  peligro  inminente  que  contra  su  integridad  se  devenía  (sic),  solicito… declarar  la  prosperidad    de  este  cargo  y  casar  la  sentencia  recurrida  profiriendo la que en derecho corresponda”   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Habida cuenta que los dos reparos propuestos  en  la demanda de casación objeto de estudio -ambos con fundamento en el motivo  tercero  previsto  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el primero por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  y el segundo por falso  juicio  de  existencia  de  la  prueba-  ostentan el mismo defecto que impide su  admisión,  procede  la  Sala,  por elementales razones de método y para obviar  repeticiones  innecesarias,  a  asumir  su  estudio  dentro del mismo aparte, de  conformidad con las siguientes razones:   

A  pesar  de  la  dificultad  que  entraña  precisar  la  temática  que  plantea el censor en los dos cargos, resulta claro  que  frente  a  cualquiera  de  los aspectos que confusamente propone, carece de  interés para su impugnación en esta sede extraordinaria.    

Ciertamente,  en cuanto al primer cargo, el  actor  alude  que  por virtud del falso juicio de identidad que sobrevino por la  distorsión   del   testimonio   de   Oscar  Velasco  Medina  no  se reconoció la eximente de la legítima  defensa  a  favor  del  procesado,  al  tiempo  que  se aplicó indebidamente la  circunstancia  de agravación prevista en el numeral 4° del artículo 104 de la  Ley   599   de   2000,   en   razón   de   haber   actuado   por   “motivo  abyecto  o  fútil”,  a  la  cual,  dicho sea de paso, a veces concede el tratamiento y los efectos punitivos  de  circunstancia  específica y, en otras, de genérica o de mayor punibilidad;  igualmente,  afirma  que  el  mismo yerro probatorio condujo a desconocer que la  conducta de su defendido no fue dolosa, sino preterintencional.   

Por  su parte, a través del segundo cargo,  propuesto  con fundamento en la misma causal de casación, pero por falso juicio  de  existencia  respecto  de  la  misma  probanza, en forma similar a la primera  censura,  alude  también  simultáneamente  que  dicho  error  condujo a que se  aplicara  en  forma  indebida  la referida circunstancia de agravación punitiva  -incurriendo   en   la   misma  incorrección  de  confundir  sus  efectos  como  circunstancia  específica  y  como  genérica-  y  sostener  a  la vez, que tal  situación  se tradujo en no haber aplicado la eximente de responsabilidad de la  legítima defensa a favor de su prohijado.   

Al  margen  de  la contradicción que pueda  surgir  por  la proposición de tales temáticas dentro de la misma censura y la  incidencia  que  una  tal  situación  pueda tener frente al cumplimiento de los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada argumentación que debe reunir la demanda  para  su  admisión,  a tenor de lo exigido en el artículo 183 de la Ley 906 de  2004,  al  indicar  que  la demanda debe exponer de manera precisa y concisa las  causales   invocadas   y  sus  fundamentos,  lo  cierto  es  que,  frente  a  su  postulación,   el   actor  carece  de  interés  pues,  como  lo  advirtió  el  ad quem, el hecho de que su  defendido  durante  la  diligencia  de  formulación  de  imputación se hubiera  allanado  a  los  cargos  de  manera libre, consciente y espontánea, impide que  reviva  la  discusión  sobre  cualquiera  de  esos  tópicos, máxime cuando su  pretensión deriva del disentimiento probatorio.      

En  efecto,  ha  reiterado  la  Sala que de  manera  similar  a la figura de la sentencia anticipada prevista en el artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000,  mediante la cual el sindicado acepta los cargos  atribuidos  en su contra, en el allanamiento contemplado en el 351 de la Ley 906  de   2004  también  opera  el  principio  de  no  retractación,  surgiendo  la  imposibilidad  procesal  para  quien  efectúa  tal asentimiento en forma libre,  informada  y  consciente  de  discutir en relación con la responsabilidad penal  admitida,  bien  sea  para  pregonar  posteriormente su inocencia (retractación  total)  o  en  procura  de  buscar  una  forma  de  degradación  (retractación  parcial),  salvo  demostrarse  que  en  dicho  acto  se  incurrió  en vicios de  consentimiento  o en vulneración de garantías fundamentales, tal como ahora lo  prevé el inciso cuarto del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

Acudir a este tipo de mecanismos, también se  ha  precisado  por  la  Corte,  implica para el procesado renunciar a una de las  etapas  del  proceso,  como  en  este  caso  lo  es  el  juicio,  así como a la  controversia  que  dentro  de sus cauces normales se generaría, en cuanto estos  mecanismos  están  basados  en  una  filosofía premial, esto es, que frente al  acto  de  conformidad  del procesado en beneficio de la celeridad procesal y del  ahorro  de  esfuerzos  para  la  Administración  de  Justicia,  se le otorga un  incentivo   punitivo   significativo,  dependiendo,  claro  está,  del  momento  procesal  en que se produzca, por lo que no resulta posible, frente a esta clase  de  instituto  jurídico,  acudir  al  fácil  expediente  de  la  retractación  posterior.   

Este   principio   de   imposibilidad  de  retractarse   una   vez   se   han   admitido  los  cargos,  además,  encuentra  consagración  expresa  en  el  inciso  segundo  del artículo 293 de la última  normatividad,  al  señalar  que  “Examinado por el  juez  de  conocimiento  el  acuerdo  para  determinar que es voluntario, libre y  espontáneo,  procederá  a aceptarlo sin que a partir  de    entonces    sea    posible    la    retractación   de   alguno   de   los  intervinientes,  y  convocará  a  audiencia  para la  individualización     de     la     pena     y     sentencia”    (subrayas fuera de texto).   

En  efecto,  verificado  que  el  procesado  CARLOS   JULIO   ANGARITA   BOLÍVAR   durante   la   audiencia   preliminar   de   formulación   de   la  imputación  ante  el  Juzgado 53 Penal Municipal con  función  de  Control  de  Garantías  de  Bogotá, de  manera  libre,  consciente,  voluntaria  y asistido por el mismo defensor que lo  representa  en  esta sede, se allanó al cargo formulado por la Fiscalía por el  delito  de  homicidio,  agravado por la circunstancia específica prevista en el  numeral  4°  del  artículo  104 de la Ley 599 de 2000, precisándose allí que  esto  último  obedeció  al  hecho  de  que la conducta homicida cometida en la  persona  de  Gonzalo  Cristancho  Castro se  produjo por motivo abyecto o fútil, resulta evidente que esté  impedido  actualmente,  en  primer  lugar, para discutir en punto de situaciones  que  excluyan  la  responsabilidad que sin condicionamiento alguno aceptó, como  ocurre  cuando  el  defensor  alega  en  este  momento  el  reconocimiento de la  legítima  defensa;  en segundo orden, también lo está para buscar formas  de  retractación  parcial  frente a lo aceptado, al estimar que se incurrió en  un  yerro  en la denominación jurídica de la conducta (en cuanto, según dice,  no  se  trata  de  homicidio  doloso,  sino  preterintencional) o que se imputó  incorrectamente  la  circunstancia  de  agravación  específica  referida y, en  tercer  lugar,  a  hacerlo  a  través  de  la discusión probatoria, cuando por  virtud    del    allanamiento    ha    renunciado    implícitamente    a    tal  facultad.     

Adicionalmente,   la   revisión  de  los  registros   de   la   actuación   permite  poner  de  manifiesto,  contrario  sensu  a  lo  que alude   superficialmente  el  demandante  en  el  primer reparo, que no es cierto que la  defensa  se  haya  opuesto durante la audiencia preliminar de formulación de la  imputación  a  la  atribución de la circunstancia agravante, tanto así que en  presencia  del  defensor  se  produjo el allanamiento, y mucho menos que ella no  haya  sido  tenida  en cuenta para sustentar la medida de aseguramiento impuesta  al procesado.   

De  lo  expuesto  en precedencia surge como  conclusión  razonable  que  el  defensor  carece  de interés para proponer los  temas  aludidos  y,  como este factor constituye presupuesto procesal ineludible  para  admitir la demanda, de conformidad con lo preceptuado en el inciso segundo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, al señalar que ésta “no  será  seleccionada  por  auto debidamente motivado… si el  demandante  carece de interés…”, la decisión que  en  derecho  corresponde  adoptar  en  relación  con los dos cargos es la de su  inadmisión.   

Ahora  bien,  es  necesario acotar que el  libelista  plantea  otras  dos  temáticas en el escrito casacional, esto es, la  indebida  aplicación  del  incremento  generalizado  de  penas  previsto  en el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, en la primera censura, y la violación del  principio  de  favorabilidad,  en  la  segunda,  que  no  sólo postula de forma  confusa  y  entremezclada con los demás temas, sino que se sustrae al deber que  le  asiste,  por  la naturaleza rogada del medio extraordinario de impugnación,  de aportar los argumentos indispensables para su demostración.   

En  efecto,  en  cuanto  al primer tópico,  porque  se  limita a referir vagamente a un fallo de la Corte Constitucional sin  explicar  su incidencia en este asunto y frente al principio de legalidad de las  penas.   Sobre  el  segundo  aspecto,  porque  se  aparta de los derroteros  propios  del postulado de favorabilidad, al sostener escuetamente que su afrenta  se  produjo  por  la aplicación indebida de la causal de agravación del delito  de  homicidio  imputada,  lo  cual  nada tiene que ver con su verdadera esencia,  derivada de la coexistencia o conflicto de leyes en el tiempo.   

Por   todo   lo  expuesto,  se  impone  la  inadmisión  de la demanda, de conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Resta  señalar  que  la  Sala  no encuentra  procedente  en  este  caso  la  necesidad  de superar los defectos que exhibe el  libelo  en  procura  de  cumplir  alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos  en  el  artículo  180  ibídem,  esto  es,  la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  éstos y la unificación de la jurisprudencia.    

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre que el recurso de  casación  no  hubiera  sido  interpuesto por un Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)           El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor   del   procesado   CARLOS   JULIO  ANGARITA  BOLÍVAR,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

No hay firma  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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