26248(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24268   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta  número  139   

Bogotá D.C., treinta de noviembre de dos mil  seis.   

          Decide  la  Corte  si  es  admisible  la demanda de revisión que a  través  de  apoderado  judicial  formula  Jorge Elías  Manzur  Jattín  contra la providencia aprobada el 10  de  octubre  de  1996,  mediante  la cual la Sala de Casación Penal lo condenó  como autor del delito de concusión.   

HECHOS  

          Fueron   narrados   así   en   la   decisión  cuya  revisión  se  solicita:   

          “En  noviembre de 1.992, el gerente de  la   lotería  de  Córdoba,  previamente  autorizado  por  la  Junta  Directiva  presidida  por  el  Gobernador  del  Departamento,  abrió  licitación pública  orientada  a  contratar,  mediante  el  mecanismo de la concesión, el monopolio  para  la  explotación  de  las  apuestas  conocidas  con el nombre de ‘chance’.  Según  el  denunciante Pedro Ghisays Chadid, representante legal de la sociedad  Hermanos  Ghisays  Ltda.,  a  su  vez  socia  de  Apuestas de Córdoba Ltda., el  Gobernador   del   Departamento   Dr.   Jorge  Manzur  Jattin  le  exigió  el  pago  de  una fuerte suma de  dinero  como  condición  para  adjudicar  la  licitación  a  la última de las  sociedades  nombradas. Como la petición de dinero fue rechazada, la licitación  se  declaró  desierta,  no              obstante   que  Apuestas  de  Córdoba  Ltda.,  presentó  la  mejor  propuesta,  respaldada  por  una  amplia  experiencia  por  tratarse de la sociedad concesionaria en ese momento.   

          “En  enero  de  1993  se abrió la segunda licitación con el mismo  objeto  de  la  anterior  y  simultáneamente se incrementaron las exigencias de  dinero   por   parte   del               Gobernador  al  denunciante,  hasta  la suma de  cien  millones  de  pesos.  Ante  la  posibilidad  de  que  la licitación fuese  adjudicada   a   un   tercero  el  denunciante  accedió  a  entablar  diálogo,  inicialmente  sin  acuerdo  por la cuantía de la exigencia. Finalmente luego de  que  el  Dr. Manzur rebajara  la  cuantía,  el  denunciante  de  acuerdo con algunos de sus socios decidieron  poner  en  conocimiento  de  las  autoridades  el  hecho  y  para  ello optó el  denunciante  por  citar al Gobernador a su residencia para cerrar el negocio y a  la  vez grabar la conversación que quedó recogida en una cinta magnetofónica.   

          “La  exigencia  finalmente  se  concretó  a  la entrega de setenta  millones  de pesos, representados en tres cheques, uno por veinte millones y dos  por  veinticinco  cada uno, el primero de los cuales fue consignado en la cuenta  No.  521-06575-5  del  Banco  Ganadero  de  Lorica.  De  los  dos  restantes  el  denunciante  dio  orden de no pago. Adicionalmente el Gobernador exigió treinta  y   cinco   millones   de   pesos   más,   por   un   año   de  prórroga  del  contrato”.    

DEMANDA     DE  REVISION   

          En  lo que denomina “teoría del caso”, el demandante aduce que  su  poderdante,  un  buen  hombre y mejor ciudadano, dedicó su vida de servicio  público  a  luchar  contra  la corrupción en su departamento, rompiendo con el  esquema  que  el  común de las gentes de esa región tiene del político. Así,  enfrentaría     –  según           afirma          –,  con  la  mas radical convicción a  los  usufructuarios  de  apuestas  del  “chance”  y  de  la distribución de  licores  en  su  departamento,  lo cual le valió para que el eje conformado por  Pedro  Guisays, Jorge Ramón y Moisés Elías Nader, le tendieran una trampa con  el  fin  de  presentarlo  ante  todos como un funcionario deshonesto y propiciar  así su injusta condena.   

          Refiere  que  ese  es el marco histórico que dio origen al proceso  penal  que  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte falló en única instancia  contra  Jorge Manzur Jattín  1,  y  el que a su juicio le permite demandar la revisión del proceso que cursó en  contra  de  su  cliente  con  base  en las causales tercera y sexta (artículo    220    de    la    ley   600   de   2000).   

          Causal    tercera.    Haber  aparecido  pruebas  nuevas,  no  conocidas  al  tiempo de los  debates,  que  establecen las inocencia del condenado.   

          Aduce  el demandante que en el texto de la sentencia se ignoró por  completo  la  trascendencia  del complot que un grupo de enemigos políticos del  entonces  Gobernador  Jorge Manzur Jattín,  encabezados  por  Pedro  Ghisays,  Jorge Ramón y Moisés Elías  Nader, tramaron en su contra.   

Tanto  no  le  mereció  a  la  Corte ese  supuesto  el más mínimo reparo, que en la decisión cuya revisión se solicita  se dijo:   

          “  …  es  a  todas  luces  insuficiente para soportar un complot  procesal  de  la  magnitud  que  se  quiere  hacer  ver  …  la  Sala solamente  considerará  tales  argumentos  siempre  que guarden relación con el caso, sin  ajenidades,  influencias  externas  o consideraciones que por burdas merecen ser  desechadas…que   se   alegue  chantaje  político  confabulaciones,  intereses  mezquinos  o  venganzas  para  tratar  de  justificar una conducta reprochable y  punible,  no  deja  de  ser  inútil propuesta elusiva y desviada para propiciar  impunidad  que  la  Corte  no  prohíja  ni  entra  a considerar.”   

          No  obstante  que  la Corte le quitó todo mérito probatorio a las  afirmaciones     del     ex     gobernador    Manzur  Jattín, lo cierto es que el tiempo se encargaría de  demostrar  que  él  tenía  la  razón,  pues  con posterioridad a la sentencia  condenatoria,   un   grupo  de  fiscales  remitió  a  la  Corte  siete  cheques  correspondientes  al  pago  que  el  Cartel de Cali hizo de la estadía de Jorge  Ramón  Elías  Nader  en  el hotel Intercontinental de esa ciudad, y adjuntó a  ellos,  otros tres títulos valores que fueron endosados al señor Pedro Ghisays  Chadid,       denunciante       del       ex       gobernador       Manzur.   

          Por  estos  hechos fueron investigados los hermanos Nader y Ghisays  Chadid,  gracias  a  la  denuncia  formulada  por Alberto Pérez López y por la  eficaz     colaboración     de     Jorge    Manzur  Jattín, lo que permitió   

“realizar una  contabilidad  y  esclarecer  la  verdadera  identidad  de  estos personajes y la  naturaleza  de  sus  negocios,  además  de  la  negada  conexión  ‘insuficiente  para soportar un complot  procesal’ “   

          Esta   novedad   probatoria  se  vino  a  descubrir  luego  de  que  Manzur    Jattin   fuera  condenado.   Esa   relación   entre  estos  tres  personajes  que  “planearon  el  montaje  de  la  grabación  para  chantajearlo  y  posteriormente     denunciarlo     –  circunstancia  que  se  encuentra  plenamente probada –“,   se  demuestra  además  con  el  hecho  de  que  un apartamento que se decía era de  propiedad  del  Senador Jorge Ramón Elías Nader era en verdad de Pedro Ghisays  Chadid,   según   lo   aseveró  la  administradora  del  edificio  ubicado  en  Cartagena   

          Seguramente, concluye el demandante,   

          “si  estos  hechos  se hubiesen conocido al momento de proferir la  sentencia    en    contra    del    señor    Manzur  Jattín,   el   Magistrado  Ponente  no  los  hubiera  considerado  tan  burdos,  inútiles  y  desviados  y, con seguridad, le hubiese  prestado   a   las   denuncias   formuladas   por   el  Gobernador  Manzur   Jattín   ante   el   procurador  Provincial  de  Montería  y  ante el jefe de la Unidad Investigativa del Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  sobre  los  chantajes y amenazas a las que estaba  siendo  sometido por los caciques del chance y de licores en el departamento que  se  estaban  viendo  afectados por las políticas reformistas y de transparencia  de  este  funcionario  y  que, por este motivo, decidieron deshacerse de él por  cualquier  medio,  separándolo  del  cargo, montándole un proceso que culminó  segándole su libertad.”   

          Causal  sexta.  Pronunciamiento  judicial  favorable.   

          Recientemente     –     señala     el  demandante  -,  la  Corte  Suprema  decidió  que las  normas  procesales  con  efectos  sustanciales  de la ley 906 de 2004 pueden ser  aplicadas  a  actuaciones judiciales adelantadas bajo sistemas de investigación  y  juzgamiento  diferentes.  En  ese sentido, después de citar decisiones de la  Sala     relacionadas     con     el     tema    2,   asume  que  si  la  nueva  jurisprudencia  de la Corte admite que son aplicables las normas del nuevo orden  que  no  desconocen  lo  vertebral  del sistema, entonces nada se opone a que se  aplique  la  norma rectora contentiva de la cláusula de exclusión contenida en  el artículo 23 de la ley 906 de 2004.   

          Conceptúa  en  seguida  y  en detalle acerca del sentido y alcance  jurisprudencial  del concepto de prueba ilícita y de sus implicaciones sobre la  prueba             derivada             3,  y sobre la exclusión de la  misma     4, para concluir que,   

          “lo  que  no  puede  pensarse  nunca  es  que  haya  ocurrido  una  interceptación  telefónica sin ningún sustento en archivos ni en antecedentes  de  solicitud  de  la  fiscalía  regional  ante  las unidades investigativas de  policía  judicial,  para  la interceptación, como en el caso del rastreo de la  línea   telefónica  del  doctor  Manzur.  Por  eso  se  ha  afirmado  que  esa  interceptación,  que  sirvió  de  base para condenar penalmente al Gobernador,  fue, a todas luces, ilegal.”   

          Advierte  que  en  el nuevo código de procedimiento penal  se  regulan  las interceptaciones telefónicas con criterio restrictivo debido a que  se  afectan  derechos fundamentales, y por esa razón lo mínimo que se exige es  una  orden  judicial  previa  debidamente fundada en motivos definidos en la ley  (artículo   301   ley   906   de  2004).   

          “Así    las   cosas   –  dice  –, con  la   entrada   del   novel   código   para   Colombia,  la  interceptación  de  comunicaciones  no  solo  requiere la orden previa del fiscal, como otrora, sino  que  además requiere de un control posterior de carácter obligatorio, del cual  depende  que  dicha  información  pueda  ser  utilizada  como elemento material  probatorio en el juicio.”   

          Volviendo  al  caso,  señala  que  para  ese  entonces  ni aún la  legislación   sobre   narcotráfico  –   ley  30  de  1986    –  autorizaba  la  interceptación  de comunicaciones y por tanto la  que  se  hizo  es  ilegal  en virtud del fuero constitucional del Gobernador. Es  más,  ni  el  aparente contenido delictivo de las conversaciones subsanaría la  ilegalidad,  “ya  que  la  cláusula  de  exclusión se sustenta en políticas  extrínsecas    del    derecho    probatorio    y    no    en    su   naturaleza  intrínseca.”   

          De  otra parte, el contenido material de las grabaciones fue objeto  de  controversia  durante  el curso del proceso por las variadas transcripciones  que  existen  de  un  contenido  singular  y   eminentemente  objetivo.  No  obstante,  el  Gobernador  fue  condenado,  pese  a  que  el  Cuerpo Técnico de  Investigación  certificó, a petición de la defensa, que no existían para esa  época los medios para determinar su originalidad y edición.   

          De  la jurisprudencia indicada se observa que el reproche conduce a  la  exclusión de la prueba, pues la que fue obtenida ilícitamente es propia de  un  “entrampamiento”,  método  que “se realiza con fines de construcción  de  una  evidencia  y que por estar viciada en su producción y en su obtención  –     en  virtud  del  artículo  23  de  la  ley 906 de 2004  – debe ser  excluida”.   

          Si   así  es,  resulta  evidente  que  en  la  actualidad  no  son  atendibles  las  razones  que tuvo la Corte Suprema de Justicia para condenar al  ex     gobernador     Manzur    Jattín, según las cuales,   

          “Mal  podría esgrimirse impedimento alguno o exigir autorización  judicial  para  que las personas graben su propia voz o su imagen, o intercepten  su   línea   telefónica,  si  estas  actividades  no  se  hallan  expresamente  prohibidas.”  5    

         

          Y  no  lo  son,  porque  aún  cuando  la Corte Suprema de Justicia  continúa   siendo  fiel  a  ese  pronunciamiento  6,  acá  no  se  trata  de  un  asunto   en   que   la   propia   víctima   de  un  hecho  punible  realice  la  grabación,   

“sino de “una  trampa  con pruebas ilícitas, que le realiza el denunciante a mi prohijado para  sembrar  en su mente la idea de la comisión de un delito y construir una prueba  a partir de ello.”   

Tanto lo será, dice, que los Representantes  de  la  empresa  beneficiada  con  la  decisión,  manifestaron  su  voluntad de  renunciar a la indemnización a su favor.   

Al  final,  enumera  en la demanda y anexa,  como  pruebas,  copia  de  la  sentencia condenatoria contra Jorge Ramón Elías  Nader,  y  de la comunicación enviada a la Corte en la cual el representante de  “Apuestas  de  Córdoba”, renuncia a la indemnización que la Corte decretó  a su favor.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  demanda  se  inadmitirá  por  las  razones  que  en seguida se  indicarán:   

          Primero.  Una  visión simplemente formal  del  instituto  de  la  revisión  permitiría  concluir  que la demanda se debe  inadmitir  por  no  haberse  acompañado  a  ella  copia  de la providencia cuya  revisión   se   solicita   ni   constancia   de   su   ejecutoria  (artículo    222    de    la    ley   600   de   2000). Sin embargo,  si  se  repara  bien,  a  la  misma  conclusión se llega si se advierte que tal  requisito  no  es  tan  formal  como  se  piensa,  pues  por  sobre  todo  es un  presupuesto  material  que  tiene  la  triple  función de permitirle a la Corte  precisar  el  fundamento  de  la  causal,  la fidelidad con el fallo demandado y  obtener  el  mínimo  grado de persuasión acerca de la necesidad de tramitar la  acción,  con  independencia  de  cual  puede  ser el resultado final en caso de  admitirse la demanda.   

          El  demandante  no cumplió con esas exigencias y tampoco con la de  acreditar  copia  del  fallo  mediante  el cual se varía la jurisprudencia cuya  aplicación  considera  que  lleva  a modificar el fallo, tal como la Sala lo ha  considerado  necesario  tratándose de la causal sexta de revisión.7 Por lo tanto,  esas  razones  serían  suficientes  para inadmitir la demanda formulada, más a  ellas deben agregarse las siguientes   

                     

          Segundo.   La   acción   de  revisión,  consagrada  en  el artículo 220 del código de procedimiento penal, permite que  las  decisiones  judiciales ejecutoriadas puedan ser examinadas nuevamente, como  ahora  se  propone,  cuando  aparecen  o  se  conocen hechos o pruebas nuevas no  conocidas   al   tiempo   de   los   debates  (causal  tercera).   

Podría decirse, desde esa perspectiva, que  con  dicha  causal se pretende lograr la revisión del proceso penal para lograr  la  aproximación  racional  a  la verdad como fin del proceso penal, el cual no  habría  sido  posible de cumplir al no haberse tenido conocimiento de pruebas o  hechos   que   garantizarían  esa  finalidad  específica  del  proceso  penal.   

Pero  desde  luego  que por tratarse de una  acción  excepcional  que  busca deshacer la cosa juzgada, no cualquier hecho ni  cualquier  prueba  permite  hacerlo, sino solo aquellos o aquellas que tienen la  capacidad  y  la  suficiencia  necesaria  para  derruir  la intangibilidad de la  decisión y su fuerza vinculante.   

          Por esas razones, la Corte ha señalado que   

“los  hechos  o pruebas nuevas deben tener  tal  solidez  que  perturben  el  imperio de la cosa juzgada, pues la acción de  revisión   no  puede  constituirse  en  una  simple  continuación  del  juicio  realizado  en  las  instancias  o  en  una oportunidad adicional para revivir el  debate  probatorio,  como  ocurriría  de  aceptarse que cualquier prueba o toda  situación  fáctica,  relacionada  con  el  delito,  tuviese  la virtualidad de  servir como fundamento de la acción.”   

          Y    deben   permitir   –      las      pruebas     o     hechos     nuevos     – ,   

“verificar   si  entre  las  pruebas  no  conocidas  sobre  determinado  hecho  que  a través de ella se aducen y aportan  – así ostenten calidad de  sumarias  –   y  los  hechos  básicos  de  la  petición  existe  la  necesaria relación causal, por  virtud  de  la  cual resulta razonable la tramitación de la acción o, dicho en  otros   términos,   es  preciso   que  aquéllas   ab  initio  surjan  eficaces,  contundentes  y  trascendentes  a  la  demostración de la injusticia  alegada,  pues  no otro puede ser el entendimiento de las exigencias formales de  viabilidad  contenidas  en  los  numerales  3 y 4 del artículo 234 del estatuto  procesal   penal.”   8   

          Tercero.  Si  se  analiza la demanda y la  sentencia    –   que  el  demandante  no  aportó,  pero  que  la  Sala  recaudó  ­–,  se  puede  observar que el actor supone que la condena proferida  contra  Jorge  Ramón  Elías  Nader  como  autor  del delito de enriquecimiento  ilícito  (fs., 62), es una  prueba  no  conocida  al  tiempo  de  los  debates,  con la cual se probaría la  maniobra  mediante  la  cual se engaño a su cliente para hacer nacer en él una  idea  delictual  con el fin de lograr su condena (fs.,  66);  sin  embargo,  con ella no logra indicarle a la  Corte  la fuerza que tendría ese medio para aproximarse a una verdad distinta a  la que en el proceso se declaró.   

          Pues bien:   

En la decisión que se demanda, la Corte no  rechazó  sin razones el supuesto complot al que hizo alusión la defensa en ese  entonces  – y  sobre el que ahora el demandante vuelve  –, consistente en que un  grupo  de  políticos  y  empresarios  habrían  decidido  tender  una trampa al  gobernador  Manzur  Jattín,  pues  lo  hizo sobre la evidencia probatoria que le permitía inferir, tanto por  las  grabaciones  que  realizó  la  propia  víctima y por las interceptaciones  telefónicas  realizadas con orden judicial, que Manzur  Jattín ofreció mantener condiciones contractuales a  cambio  de  un dinero que efectivamente le fue entregado, tal como efectivamente  se probó en el proceso.   

          Con  cierto  tono de autoridad, el demandante pretende ahora que la  Corte  acepte  que  la  sentencia  contra Jorge Ramón Elías Nader –  como hecho  nuevo   que   demostraría   el   complot   de   que   habría  sido  objeto  su  defendido  –  es  suficiente  para  cimentar  una  hipótesis  con  la  cual se  cumplirían  los  supuestos de la causal, siendo en verdad que no se trata de un  hecho  novedoso, sino de uno que ya fue analizado por la Corte en el fallo y que  ante  la  fuerza  de  las  pruebas  que  comprometían  la  responsabilidad  del  condenado fue desestimado.   

          De  modo  que si la causal tercera requiere de una situación nueva  que  tenga  la  evidencia  fáctico  probatoria  suficiente  para  establecer la  inocencia        del        condenado        9, la que refiere el demandante  no  se  ofrece  viable,  pues con ella no logra indicar la razón por la cual la  amistad   del   denunciante,   con   políticos  condenados  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito, daría al traste con el acto de concusión que quedó  guardado  en  la  memoria  de  una  grabación  en  la  cual  el mismo sindicado  reconoció       haber       participado.      10   

          La  demanda,  pues,  en  ese  aspecto, es sustancialmente inidónea  para ser admitida.   

          Cuarto.  Respecto  a  la  posibilidad  de  enfrentar  la  revisión  del  proceso por cambio de jurisprudencia, es evidente  que  el  demandante desconoce el alcance y sentido de la causal y por esa razón  cae en imprecisiones inaceptables.   

La  primera,  es que ignora que el cambio  jurisprudencial  no  se  constituye en un medio para solicitar la aplicación de  una  norma posterior de una legislación que se considera favorable. La segunda,  que  la  jurisprudencia  novedosa  de la misma Corte, debe recaer sobre el mismo  texto legal y no sobre legislaciones diferentes.   

Acerca  de  lo  primero,  es  evidente  que  veladamente  se  busca  que  la  Corte,  con fundamento en sentencias de la Sala  relacionadas  con  el principio de favorabilidad, aplique a un hecho juzgado, el  texto  del  artículo  23 de la ley 906 de 2004, relacionado con la cláusula de  exclusión   de   la   prueba   obtenida   con   violación  de  las  garantías  fundamentales.   

Aparte que la acción de revisión no está  diseñada  para  reconocer los efectos de normas de una legislación posterior a  procesos  consolidados  con  fuerza de cosa juzgada, como lo impone el principio  de  favorabilidad, adviértase que el demandante no logra indicar ni precisar en  que  consiste  la variación jurisprudencial con relación a la exclusión de la  prueba  ilícita,  cuanto más si lo que él destaca es que la Sala ha sido fiel  a   la   jurisprudencia   que   se  cita  en  la  sentencia  cuya  revisión  se  demanda.   

Entonces,  si  lo  que  se  busca es que se  apliquen  normas  procesales  de  un nuevo sistema (ley  906  de  2004)  a  situaciones  juzgadas  bajo  otros  procedimientos    (ley   600   de   2000),  la  causal  seleccionada  no  admite esas posibilidades. Y si se  pretende   que   se   evalúe   la   situación   bajo   la  óptica  de  nuevas  interpretaciones,  la  demanda  tampoco  se ofrece viable, pues el demandante no  indica  y menos demuestra cuál ha sido el cambio jurisprudencial de la Corte en  materia de prueba ilícita.   

Por   esas   razones,   la   demanda   se  inadmitirá.   

En mérito de lo expuesto, de acuerdo con lo  preceptuado  en  el  artículo  222 del código de procedimiento penal, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de  revisión  propuesta  por  Jorge Elías Manzur Jattín a través de apoderado judicial.   

          Contra     esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

NOTIFIQUESE y CUMPLASE  

                     

MAURO  SOLARTE            PORTILLA   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

Permiso  

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1  Radicado 9579   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencias  del  4  de mayo de 2005, radicado 19094, y  adición  de  voto  a  la  providencia  del  7 de abril de 2005, radicado 23247.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  del  22 de octubre de 2003, radicado 16557, y  Corte  Constitucional,  sentencia  C  591 de 2005,   T 008 de 1998, SU  159 de 2002.    

4  Corte  Suprema  de Justicia, sentencia del 13 de mayo  de 2003, radicado 19250.   

5 Corte  Suprema de Justicia, sentencia cuya revisión se demanda.   

6  Corte Suprema de Justicia, sentencia del 9 de febrero  de  2006,  radicado  19219, reiterada el 27 de julio de 2006, radicado de única  instancia, 24679.   

7   Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, providencia del   

8 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  del  23  de  julio  de  2001,  radicación  16785.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, providencia del 19 de junio de  2003, radicado 17896.   

10  Cfr., fs., 54 de la providencia cuya revisión se solicita.     

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