26016(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26016  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado    acta    No.    025    

Bogotá,    D.    C.,    veintiuno   de   febrero     del  año        dos        mil        siete.   

La  Corte  se  pronuncia de fondo en sede de  casación   sobre   la  eventual  violación  de  garantías  fundamentales  del  procesado  WILLIAM  IVÁN  ARANAGA  ROJAS,   en  punto  de  la  consideración  por  el  juzgador  de  circunstancias genéricas de  mayor  punibilidad  no  imputadas  expresamente  en  la acusación, las  cuales  incluso  podrían dar lugar a la eventual vulneración  del  principio  del  non  bis  in  idem  en  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  el 7 de marzo de 2006 por parte del Juzgado Quinto Penal del Circuito  de Ibagué.   

Antecedentes.  

1.- La cuestión fáctica, fue reseñada por  el   juzgador   a  quo  de  la  manera  siguiente:   

“La señora Deisi  Castañeda  Romero,  formula  querella  de  fecha 11-01-05, en contra de WILLIAM  IVÁN  ARANAGA  ROJAS,  por  la sustracción al pago de las mesadas alimentarias  que  fueron  fijadas  mediante  sentencia  por el Juzgado 6º de Familia de esta  ciudad,  por valor de $250.000.00, la que incrementada  anualmente  asciende a $290.000.00, omisión que viene sucediendo desde mediados  del  mes  de  agosto de 2004, informando que se trata de una persona normal, sin  ninguna  incapacidad  física o mental, activo laboralmente ya que administra la  Procesadora  de  Minerales  del Tolima (Promitol Ltda..), que las relaciones con  su   hija  son  completamente  nulas,  que  es  docente  temporal,  sin  ninguna  estabilidad  laboral,  que su querellado tiene en la actualidad un hogar formado  con  otra  persona,  concluyendo que se trata de una persona irresponsable, pues  sólo   en   una   ocasión  logró  que  asistiera  a  conciliación  y  quedó  comprometido  en  cancelar  lo  adeudado  y  por  tal  sustracción  existe  sentencia condenatoria vigente y ejecutoriada la que cursa  en  el  Juzgado  Primero  de  Ejecución de Penas y Medidas de seguridad de esta  capital.  Anexó  registro civil de nacimiento de la menor en el cual el Notario  2º  de  esta  Capital  hace  claridad  que mediante sentencia de fecha 15-11-02  emanada  del  Juzgado  de  Familia  se  declaró  al denunciado como padre de la  menor,  con pérdida de la patria potestad proferido por éste mismo Despacho de  fecha 10-08-04 en contra del mismo”.   

2.- Asumido el conocimiento del asunto por la  Fiscalía  28  Local de la  Unidad  Especial  de Protección al Menor con  sede  en  Ibagué,   decretó  la  formal apertura de investigación (fl. 11-1),   en  cuyo  desarrollo  vinculó  mediante     diligencia     de    indagatoria    al    procesado    WILLIAM   IVÁN   ARANAGA   ROJAS  (fls.  44).   

3.- Posteriormente, previa clausura del ciclo  instructivo  (fls. 61-1), el  diez    (10)         de        mayo    de    dos   mil   cinco          (2005),  calificó el mérito probatorio del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra del procesado WILLIAM   IVÁN  ARANAGA  ROJAS  por  el  delito  de  inasistencia  alimentaria de que trata el  artículo   233   del   Código   Penal,   mediante  determinación  que  cobró  ejecutoria   en   esa   instancia  al  no  haber  sido  objeto  de  impugnación  (fls.    92 y ss. cno. 1).   

4.-  El  trámite  del  juicio correspondió  asumirlo  al  Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  de  Ibagué   en donde después de haberse llevado a  cabo  la  diligencia de audiencia pública (fls. 176 y  ss.), el veinte de enero de  dos  mil seis se puso fin a la instancia condenando al  procesado      WILLIAM     IVÁN     ARANAGA    ROJAS    a   las            penas         principales        de        treinta  y  cuatro  (34)  meses de prisión y multa en cuantía de  dieciocho   (18)   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes   y  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la pena privativa de la libertad, entre  otras   decisiones,   a   consecuencia   de   hallarlo   penalmente  responsable  del    delito    de  inasistencia alimentaria,  a  él  imputado  en  el  pliego    enjuiciatorio    (fls.    182 y ss.).   

Recurrida esta determinación por la defensa  (fls.   205   vto.   y  207  cno.  1),        el       Juzgado   Quinto   Penal   del   Circuito  de  Ibagué,   a   través   de  fallo  de  segunda  instancia  proferido  el  siete   (7)   de  marzo  de  dos  mil  seis  (2006)  resolvió   confirmarla   íntegramente,  pero  concediéndole  al  procesado el sustituto de la prisión  domiciliaria,  al conocer en segunda instancia de la  impugnación   interpuesta   (fls.   21    y    ss.    cno.    2).   

5.-   Contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,   la   defensa  oportunamente  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,   el   que  fue  concedido  por  la  vía  discrecional  por parte del ad quem (fl. 40       cno.       2),  y  presentó  la  correspondiente  demanda   (fls.   53  y  ss.-2).   

6.-  Mediante  providencia  de trece           (13)  de  septiembre  de  dos  mil seis  (2006),  la  Sala  decidió  inadmitir  la demanda de casación presentada, pero  ordenó  correr  traslado  de  la  actuación  al  Ministerio  Público para que  conceptuara  sobre  la eventual vulneración de las garantías fundamentales del  debido  proceso,  en  lo  relativo  a  la  posible  infracción del principio de  congruencia   al   haberse   deducido  en  el  fallo  circunstancias  agravantes  genéricas   no   especificadas   en   la   acusación   (fls.   5  y  ss.  cno.  Corte).   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El      Procurador     Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  manifiesta  que la jurisprudencia de la Corte  ha  venido  sosteniendo  que con la puesta en vigencia de la Ley 600 de 2000, la  resolución  de  acusación  debe  precisar  de  manera  clara  e inequívoca la  imputación  fáctica  y jurídica  de  las circunstancias que agraven o atenúen la pena, sean éstas  específicas   o  genéricas,  objetivas  o  subjetivas,  toda  vez  que  tienen  importante repercusión en la tasación de la pena.   

También  la jurisprudencia ha indicado que  la  congruencia se predica entre la resolución acusatoria o su equivalente y la  sentencia  en  sus  aspectos  personal, fáctico y jurídico, a riesgo de que si  alguno   de   ellos   no  guarda  debida  identidad,  se  quebrantan  las  bases  fundamentales  del proceso y se vulnera el derecho a la defensa, en virtud a que  el  procesado  no puede ser sorprendido con imputaciones que no fueron incluidas  en  la acusación, ni se le pueden desconocer aquellas circunstancias favorables  que redunden en la determinación de la pena.   

En este caso, dice, resulta evidente que la  Fiscalía   no   imputó  ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad  en  la  resolución  de  acusación  proferida  contra  el señor WILLLIAM IVÁN ARANAGA  ROJAS,  y  por  lo tanto la sentencia no podría sorprenderlo con la atribución  de  la  causal genérica de agravación de que trata el artículo 58-7 de la Ley  599  de  2000,  no  incluida  en  la acusación, porque al hacerlo vulneraba las  garantías  fundamentales,  como  en  efecto  así  ocurrió  al  ubicarse  para  individualizar la pena en el primer cuarto medio.   

Anota  que  en la sentencia tampoco podían  tenerse  en cuenta los antecedentes penales que registra el procesado, porque si  bien  la carencia de ellos es circunstancia de menor punibilidad, el tenerlos no  está  previsto  como  circunstancia de mayor punibilidad en el artículo 58 del  Código Penal.      

Agrega  que se debe tener en cuenta que las  circunstancias  que  se aplican para seleccionar el respectivo cuarto dentro del  cual  se ha de concretar la pena por parte del sentenciador, son aquellas de que  tratan  los  artículos  58  y  55  del Código Penal, siempre que las mismas no  hayan  sido  previstas  de  otra manera, “es decir, que no se hayan consagrado  normativamente    como   específicas  o  estén  incluidas  dentro  de  la  estructura    del    tipo,    como    sería    el    caso    del   ‘quebrantamiento  de los deberes que  las  relaciones  sociales o de parentesco impongan al sentenciado respecto de la  víctima’ (art. 58-7) y  la  inasistencia  alimentaria  (art. 233) que dada su estructura, necesariamente  implica  el  quebrantamiento  de  las relaciones sociales y de parentesco que la  naturaleza  de  las  cosas,  la Constitución (art. 44) y la ley (art. 411 C.C.)  imponen al padre respecto de sus descendientes”.   

Señala,  entonces,  que  para  remediar el  equívoco    de    los    falladores,    se   impone   redosificar   las   penas  principales y accesorias  impuestas  al  procesado,  ubicándose en la sanción mínima del primer cuarto,  por  no  existir  atenuantes  ni  agravantes.  “Es  decir  que, respetando los  criterios  de  ponderación de los cuales partieron los jueces de instancia, las  penas  de  prisión  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas, finalmente quedarían en 24 meses”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  parcial  y  oficiosamente  la  sentencia  de  segunda instancia, y  proceder  a  redosificar  las penas principal y accesoria impuestas al procesado  WILLIAM IVÁN ARANAGA ROJAS (fls. 24 y ss. cno. Corte).   

SE CONSIDERA:  

Por    razones  metodológicas  la  Corte  abordará primero el estudio de lo relacionado con la  congruencia  entre  acusación  y  fallo,  y  a  continuación se ocupará de lo  relativo a la individualización judicial de la pena.   

1.-   Incongruencia  entre  acusación  y  fallo.   

La     congruencia     –ha sido dicho por la jurisprudencia  de  esta  Corte- se predica entre la resolución acusatoria (o su equivalente) y  la   sentencia   en   sus   aspectos  personal  (sujetos),  fáctico  (hechos  y  circunstancias)  y jurídico (modalidad delictiva), a riesgo de que si alguno de  ellos  no  guarda la debida identidad, se quebrantan las bases fundamentales del  proceso  y  se  vulnera el derecho a la defensa, en cuanto el procesado no puede  ser  sorprendido con imputaciones que no fueron incluidas en la acusación ni se  le  puede  desconocer  aquellas  circunstancias  favorables  que  redunden en la  determinación de la pena (Cfr. Cas. feb. 11/04. Rad. 14343).   

Este  es  el  vicio  que  concurre  en  el  presente   evento.  Para  denotarlo,  necesario  resulta  hacer  las  siguientes  precisiones:   

1.1.1.-  En  torno  a  la  calificación  jurídica  de  la conducta, en la resolución de acusación  se indicó por  el funcionario de instrucción:   

“El  delito  por  el  que  se procede lo  describe   y  sanciona  el  Código  Penal  en  el  Libro  II,  Título VI,  Capítulo   IV,  art.  233  bajo  la  denominación  jurídica  de  inasistencia  alimentaria,       en      los      siguientes      términos:      ‘El que se sustraiga sin justa causa  a   la   prestación   realimentos   legalmente   debidos  a  los  ascendientes,  descendientes,  adoptante,  adoptivo  o  cónyuge, incurrirá en prisión de dos  (2)  a  cuatro  (4)  años  y  multa  de quince (15) a veinticinco (25) salarios  mínimos legales mensuales”.   

(…)  

“La conducta punible que se le endilga a  WILLIAM       IVÁN       ARANAGA       ROJAS,      denominada      ‘Inasistencia  alimentaria’  contiene  tres  elementos que deben estar claramente definidos para predicar la existencia  de  la  misma, ellos son: 1. La existencia de un vínculo entre el sujeto activo  y  el  pasivo,  que  consiste  en  ser  ascendiente  o descendiente, adoptante o  adoptivo  o  cónyuge  el  uno del otro. 2. Que por parte del sujeto activo haya  sustracción  a  los compromisos alimentarios. 3.- Que esa sustracción sea dada  sin justa causa”.   

(…)  

“Pero  no  es  sólo la sustracción sin  justa  causa,  lo  que  hace  la  conducta  punible,  pues  se  requiere  que el  comportamiento  lesione  o  ponga en peligro el bien jurídico tutelado, en este  caso  la  Familia,  de la cual los hijos forman parte. Esta tutela o protección  jurídica  tiene  fundamento  en  el art. 44 de la Constitución que impone a la  familia,  a  la  sociedad  y  al  Estado la obligación de asistir y proteger al  niño  para  garantizarle  su desarrollo integral, de tal manera que si no se le  proporcionan  los  alimentos  entendidos  éstos  como  lo indispensable para el  sustento,   habitación,   vestuario,   recreación,   salud   y   educación  o  instrucción,  está  colocando  en  riesgo  ese  desarrollo,  lo que redunda en  perjuicio del bien jurídico.   

“Ahora  en  lo  que  respecta al aspecto  subjetivo  del  delito,  no  hay duda que WILLIAM IVÁN ARANAGA ROJAS, conoce la  posición  de  garante,  es  decir la obligación de auxilio protección y ayuda  económica  que  la  ley  impone a los padres frente a los hijos, sin embargo ha  sido  negligente  con este compromiso legal y moral toda vez que teniendo medios  económicos,  según  la  información  que  reposa  en  el  proceso, como ya se  registró,  no  ha  dado  a  su hija la ayuda que necesita para poder subsistir,  prefiriendo  dirigir  su  ayuda para otras personas con quienes no tiene ninguna  obligación  legal;  de  tal manera que hay elementos de juicio suficientes para  concluir  que  WILLIAM  IVÁN,  conociendo  y  comprendiendo  la  ilicitud de su  conducta  y  pudiendo  comportarse  conforme  a  derecho ha dirigido su voluntad  libre a la realización de la conducta punible.   

“En consecuencia y por estar demostrados  los  presupuestos  del  art.  397  del  C.P.P.,  se  proferirá  resolución  de  acusación,   tal   como  lo  consignaremos  en  la  parte  resolutiva  de  esta  providencia” (fls. 92 y ss. y ss. cno. 1).   

1.1.2.-   En  la  sentencia  de  primera  instancia,   en  el  acápite  que  allí  se  destinó  a  la  “dosificación  punitiva”,  después de aludir a la aplicabilidad al caso de los artículos 60  y  61  del Código Penal para la determinación de los mínimos y máximos, y de  señalar  que  el  cuarto  mínimo  oscila  de  veinticuatro  a treinta meses de  prisión;  el  primer cuarto medio entre treinta meses y un día hasta treinta y  seis  meses;  el  segundo  cuarto  medio de treinta y seis meses y un día hasta  cuarenta  y  dos meses de prisión y el cuarto máximo de cuarenta y dos meses y  un   día   hasta  cuarenta  y  ocho  meses  de  prisión,   consideró  el  juzgador:   

“Es  por ello  que  este  despacho partirá de una sanción mínima que oscilará entre treinta  (30)  a treinta y seis (36) meses de prisión (PRIMER CUARTO MEDIO), por existir  únicamente  circunstancias  de  mayor  punibilidad  del artículo 58-7 ibídem,  pues    como    podemos    observar   el   aquí   condenado   ha   ‘ejecutado  la  conducta punible con  quebrantamiento  de  los  deberes  que  las  relaciones sociales o de parentesco  impongan     al     sentenciado     respecto    de    la    víctima’,  ya que no podríamos ubicarlo en  el   cuarto   mínimo,   pues   como   igualmente  se  observa,  éste  presenta  antecedentes     penales   ya   que  en  su  contra  existe  sentencia  condenatoria  proferida  por  este  mismo  despacho  de  fecha 10-08-04, con una  sanción  de  24  meses  de  prisión,  habiéndosele  concedido  la suspensión  condicional          de         la  ejecución  de  la pena, decisión  que  fue  apelada  y  confirmada  en  su integridad por parte del Juzgado Quinto  Penal  del Circuito de esta Capital, resultando entonces como pena parcial la de  treinta  y  cuatro  (34)  meses  de  prisión,  considerando además que estamos  frente  a  una  menor de cinco (5) años de edad, próxima a entrar en una etapa  de  escolaridad, que representa una expectativa trascendental en su vida, que de  acuerdo  con  las  disposiciones  constitucionales y  legales,  éstas  establecen  supremacía  respecto de la responsabilidad de los  padres  para  con  sus  hijos  (C. N. Art. 42), de tal manera que se trata de un  tratamiento  jurídico  especial,  debiéndose  entonces  imponer  como sanción  principal  a WILLIAM IVÁN ARANAGA ROJAS, la pena de TREINTA y CUATRO (34) MESES  DE  PRISIÓN Y MULTA DE DIECIOCHO  (18) SALARIOS MÍNIMOS LEGALES MENSUALES  VIGENTES,  y  como  accesoria la interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  lapso  igual  al de la pena principal, por encontrársele responsable a  título  de  AUTOR del reato de INASISTENCIA ALIMENTARIA, siendo ofendida Ivanna  María  Aranaga Castañeda y querellante su progenitora Deisi Castañeda Romero,  hechos  ocurridos en circunstancias temporo espaciales descritos en el cuerpo de  esta  sentencia”,  En  esa  misma  decisión,  resolvió  negar la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la sentencia dado que si bien “la pena no  excede  el  límite  de  los  tres  (3)  años  de  prisión,  su  personalidad,  naturaleza  y  modalidades  del hecho nos  permite  inferir que requiere de tratamiento penitenciario, pues  no   olvidemos   que   Aranaga   Rojas   ya   fue   condenado   por  este  mismo  delito,  siendo querellante la misma dama y ofendida  la  menor Ivanna María…”    (fls.  191 y ss. cno. 1).   

1.1.3.- El Juzgado Penal del Circuito, a su  turno,  al  resolver  la impugnación interpuesta por la defensa contra el fallo  de  primera  instancia,  decidió confirmarla, salvo en lo relativo al instituto  de  la prisión domiciliaria como sustitutiva de la prisión intramural, la cual  concedió  por  considerar  reunidas  las  exigencias  legales para dicho efecto  (fls. 21 y ss. cno. 2).   

1.2.-  Lo anterior indica, que el juzgador  de  primera  instancia  aplicó   una circunstancia de mayor punibilidad no  sólo   no  imputada  expresamente  en  la  acusación  sino  que  no  resultaba  procedente  aplicar  por  violar  el  principio de non bis in idem,  y así  decidió  ubicarse  en el ámbito de los  cuartos medios de movilidad   para   establecer   los   límites   mínimos   y  máximos  de  la  punibilidad  correspondiente.   

El  ad quem, por su parte, al pronunciarse  en  segunda  instancia,  no sólo no corrigió el anotado yerro sino que le  impartió  íntegra  confirmación a la decisión recurrida, sin tomar en cuenta  que  la  Fiscalía  no  había  imputado a los acusados ninguna circunstancia de  mayor punibilidad.   

A  este  respecto  es  de  advertir que el  artículo   58   de   la  Ley  599  de  2000,  al  establecer  cuáles  son  las  circunstancias   de   mayor   punibilidad,  precisa  que  pueden  ser  imputadas  “siempre  que  no  hayan  sido  previstas  de otra  manera”  y  entre éstas, para el caso particular,  se   observa   la   consistente   en   “ejecutar   la   conducta  punible  con  quebrantamiento  de  los  deberes  que  las  relaciones sociales o de parentesco  impongan  al  sentenciado  respecto  de  la  víctima”,  toda  vez  en  que la  realización  de  la  tipicidad  definida por el artículo 233 del Código Penal  exige,  necesariamente  debe ocurrir  el quebrantamiento de los deberes que  las   relaciones   de   parentesco   imponen   a  los  padres  respecto  de  los  hijos.   

   

Como  ha sido dicho por la Sala, según de  ello  se  da  cuenta  en  la  sentencia de casación proferida el veintinueve de  junio  de  dos  mil  cinco  dentro  del  radicado  18401, es precedente judicial  consolidado  que  las  circunstancias objetivas y las subjetivas de agravación,  tanto  genéricas  como específicas, dada la gran repercusión que tienen en la  punibilidad,   deben   haber   sido   explícitamente   formuladas   fáctica  y  jurídicamente  en  la acusación para que puedan ser objeto de deducción en la  sentencia,   toda vez que ante determinada circunstancia, el solo enunciado  en  la  resolución  de acusación o su equivalente del supuesto fáctico que la  configura,  no  resulta  suficiente  para  que el juzgador se entienda facultado  para  imponerla,  sino que se requiere de una valorada y expresa atribución, es  decir, que no se abrigue duda alguna acerca de su imputación.   

Resulta  por  tanto  evidente  que  en  el  presente  caso,  los  juzgadores  al  realizar  el proceso de individualización  judicial  de  la pena desbordaron el marco de la imputación jurídica contenido  en  la  resolución acusatoria al incluir una circunstancia de mayor punibilidad  no  prevista  en  ella.  Esto  dio lugar a imponer una pena superior a la que en  derecho  correspondía, pues para tales efectos se partió de los cuartos medios  por   concurrir   sólo   circunstancias  de  agravación  punitiva,  cuando  lo  procedente era ubicarse en el ámbito del cuarto inferior.   

De igual modo, para individualizar la pena  tampoco  podía  el  juzgador,  tomar  en  consideración  la  existencia de una  condena  anterior  impuesta  al  procesado  por  haber  llevado  a  cabo similar  comportamiento  reprochable  y  punible  respecto  de  la menor ofendida en este  asunto,  pues   si  bien,  como  con  acierto  es puesto de presente por la  Delegada,  la  carencia  de  antecedentes  se  halla prevista en el ordenamiento  sustancial  como circunstancia de menor puniblidad (art. 55-1), la existencia de  sentencia  condenatoria  previa  no  ha  sido  erigida  como  motivo que permita  incrementar  la  punibilidad.  Y  si  bien la propensión a la criminalidad como  inferencia  derivada  de  la  existencia de antecedentes penales, puede llegar a  tomarse  como manifestación de personalidad, dicho aspecto no es parámetro que  permita  fijar  la  pena,  pues no se encuentra previsto por el artículo 61 del  Código   Penal,  dentro  del  catálogo  de  criterios  a  considerar  una  vez  establecido                               el                              cuarto  respectivo.            

Sí  podía,  no  obstante,  como lo hizo,  tomar  en  consideración  la existencia de antecedentes penales para evaluar la  posibilidad  de  suspender  condicionalmente  la  ejecución  del  fallo,  o  de  conceder  la  prisión  domiciliaria  como sustitutiva de la prisión, según se  colige  de  lo  establecido  por  los  artículo  68-2   y 38-2 del Código  Penal.   

2.-          Consecuencias jurídicas.   

Con  el fin de salvaguardar las garantías  fundamentales  del  debido  proceso  y  el derecho de defensa establecidas en el  artículo  29  de la Carta Política, la Corte hará uso de la facultad otorgada  por  el  artículo  216  del  Estatuto  procesal,  para  corregir  oficiosamente  los  desaciertos que vienen de ser reseñados.   

2.1.-  En  tales  condiciones,  el ámbito  punitivo  para  el delito de inasistencia alimentaria, definido por el artículo  233  de  la  Ley  599  de 2000, cuando es cometido contra un menor, como en este  caso,  oscila  entre  dos (2) y cuatro (4) años de prisión y multa en cuantía  de   quince   (15)  a  veinticinco  (25)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

2.2.-  Se  advierte en este caso que en la  resolución   de   acusación  no  se  imputó  de  modo  específico,  claro  e  indubitable   ninguna   circunstancia  genérica  de  agravación,  o  de  mayor  punibilidad  según  la  terminología  adoptada  por  la Ley 599 de 2000, ni se  deduce  ninguna  de  atenuación  o  de menor punibilidad. Tan sólo se citó el  tipo penal correspondiente a la conducta realizada.   

Luego,  ni  la  agravante  por ejecutar la  conducta  con  quebrantamiento  de  los deberes que las relaciones sociales o de  parentesco  impongan al sentenciado respecto de la víctima (art. 58.7 de la Ley  599  de  2000),  ni  menos  aun  la  circunstancia  de  contar con una sentencia  condenatoria  previa  por  similar  conducta,  podían tenerse en cuenta por los  juzgadores en el fallo.   

De  lo  anterior  resulta  evidente que la  movilidad  para  determinar  la  pena se halla enmarcada en el primer cuarto del  delito  realizado, que para el caso concreto permitiría imponer, respetando los  criterios    dosimétricos   tenidos   en   cuenta   por   los   juzgadores   de  instancia,   el  mínimo  de veinticuatro (24) meses de prisión y multa en  cuantía  de  quince  (15)  salarios mínimos legales mensuales vigentes para el  delito de inasistencia alimentaria.   

Ha de aclararse, asimismo, que acorde  con  la normativa sustancial por la que se rige el presente  asunto,  cuando  la  pena  de interdicción de derechos y funciones públicas se  impone  como accesoria a la de prisión, su tiempo de duración debe ser igual a  ésta     sin     que     pueda     exceder     de     diez    años.   

2.3.- Mecanismos  sustitutivos    de    la    pena    privativa    de    la   libertad.   

La  Corte  mantendrá  la decisión de los  juzgadores  de  conceder  al procesado la prisión domiciliaria como sustitutiva  de  la  prisión,  prevista  en  el  artículo  38 del Código Penal, y negar la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena prevista por el artículo  63  ejusdem,  toda vez que si bien se cumple con los presupuestos objetivos  señalados  en esta última disposición, es lo cierto que no acontece igual con  el  aspecto  subjetivo, pues, como tinosamente se indicó en el fallo de primera  instancia  cuyo criterio la Sala prohija, la modalidad y gravedad de la conducta  punible  realizada  “se  ha convertido en una situación reiterativa por parte  del  procesado, que ha puesto en peligro durante toda la existencia de la menor,  su  estabilidad  y  subsistencia”,  al  punto que lo establecido en el proceso  aconseja  la  necesidad  de  ejecución  de  la  pena a fin de que a través del  tratamiento  penitenciario  pueda lograr su reinserción social, y por tanto, el  compromiso  de  respeto  irrestricto a las normas constitucionales y legales que  tienen  el  propósito  de  brindar  protección  a  los  menores  frente  a  la  sustracción,  sin  justa  causa,  de las obligaciones alimentarias por parte de  sus padres.   

No puede olvidarse que la conducta llevada  a  cabo  como  reveladora  de  su  personalidad,  muestra  al procesado como una  persona  especialmente  irresponsable  en  el  cumplimiento  de las obligaciones  adquiridas  con  una de sus descendientes, pues aparece acreditada la existencia  de  una  condena previa por el mismo tipo de conductas, lo que obliga considerar  que  la  pena  se  cumpla  en privación efectiva de la libertad, así sea en la  residencia  del  acusado,  no  sólo  con el propósito de imprimir un carácter  disuasivo  general,  sino  para  que  dicho  tipo de conductas no vuelva a tener  realización de parte del procesado.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  oído  el  concepto  del  Procurador  Primero Delegado para la  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,    

        R E S U E L V E:   

PRIMERO.  CASAR  PARCIAL  y  OFICIOSAMENTE  la  sentencia  recurrida. FIJAR, en consecuencia, en  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa en  cuantía   de   quince   (15)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  que  debe  purgar el procesado WILLIAM IVÁN ARANAGA  ROJAS  y en veinticuatro (24) meses la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas como autor penalmente responsable  del  delito  de  inasistencia  alimentaria  a  él imputado en la resolución de  acusación.   

SEGUNDO.  En lo  demás el fallo se mantiene.   

Contra esta decisión no proceden recursos.  Devuélvase  al  Despacho  de origen.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

             Salvamento      de  voto   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *