25838(08-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25838  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA Nº.092  

Bogotá, D. C., ocho (08) de junio de dos mil  siete (2007).   

ASUNTO  

Se   resuelve  el  recurso  de  reposición  formulado  por  el  apoderado  de  Jorge  Lucas Tolosa  Cañas  contra  el  auto  del  13 de marzo del año en  curso, que inadmitió la demanda de revisión.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Los  acontecimientos fácticos que dieron  origen  a  la  investigación penal fueron consignados así en la providencia de  segundo grado dictada por esta Corporación:   

Se  inició  la  presente investigación, con  base  en  la  orden de compulsación de copias ordenada por el Señor Procurador  Delegado  para  la  Vigilancia  Judicial,  en  donde  se  afirma que el Juez 1°  Laboral  del Circuito, incurrió en comportamientos irregulares relacionados con  la  tramitación  del  Ejecutivo  N°  55.086,  contra la Nación (Ministerio de  Educación  Nacional),  en  el  que  figura  como  demandante  el docente Manuel  Humberto  Medina,  proceso  al  que  se acumularon 91 pretensiones más, para la  obtención de pagos por el valor total de $1.232.749.258.   

Se conoce a través del informe rendido por el  doctor  Rafael  Ballén,  Procurador  Delegado  para  la  Vigilancia Judicial, a  instancias   de  funcionarios  del  Banco  de  la  República  que  pusieron  en  conocimiento  la orden de embargo librada en 1993 por el Juzgado 1° Laboral por  $1.282.749.258  contra  el  Ministerio  de  Educación Nacional, que Jorge Lucas  Tolosa  Cañas,  solicitó en una primera oportunidad al Juzgado 4° Laboral del  Circuito,  librar mandamiento ejecutivo de pago contra la Nación (Ministerio de  Educación  Nacional),  a  favor de numerosos docentes, presentando como título  ejecutivo   las   sentencias   dictadas   por   el  Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca  del  27  de  noviembre  de  1981  y la proferida por el Consejo de  Estado  del  11 de mayo de 1982, obteniendo que el ex Juez Luis Álvaro Sánchez  (hoy  detenido en la Cárcel Nacional Modelo) le dictara mandamiento de pago del  10  de  mayo  de  1991;  decisión  que fue revocada por el Tribunal Superior de  Bogotá  el  27  de  mayo  de  1992,  con  ponencia  de la Doctora Isaura Vargas  Díaz.   

Ante  tal situación, el mismo abogado Tolosa  Cañas  el  17 de febrero de 1993, nuevamente intenta la acción ejecutiva, esta  vez  en  el  Juzgado  1°  Laboral  de  Bogotá, cuyo titular era Mario Hernando  Borbón         Molano         –presentando  como  título  ejecutivo  las  mismas  sentencias de lo  contencioso   administrativo   a   las   que  anexo  constancias  de  sueldos  y  certificados  de  escalafón,  que  en  rigor  eran  los mismos que habían sido  considerados  y  desestimados  por el Tribunal Superior de Bogotá, en decisión  del  ya  mencionado  27  de mayo de 1992–; como consecuencia de lo cual obtiene  que  el  10  de  marzo  de  1993,  el juez Borbón, acoja sus peticiones y dicte  mandamiento  de  pago,  para  a  la postre obtener la entrega de los títulos de  depósito  judicial  N°  J0921179  y  J0497563  por $400.000.000 y $832.749.258  respectivamente,  el  29  de  abril y 17 de mayo de 1993 y los giros hechos, los  cuales  fueron  consignados  en  su  cuenta  corriente N° 018-14907-0 del Banco  Cafetero.   

2. Mediante sentencia del 3 de junio de 1999,  el Tribunal Superior de esta ciudad condenó a:   

    

* Jorge   Lucas  Tolosa  Cañas  a  la  pena  principal  de  10  años de prisión, en calidad de determinador de peculado por  apropiación en concurso con prevaricato por acción.     

    

* Mario  Hernando  Borbón  Molano  a la pena principal de 15 años de  prisión,  en  calidad  de  autor  de  peculado  por  apropiación,  en concurso  homogéneo y heterogéneo con prevaricato por acción.     

    

* Nohora  Esperanza  Zambrano  de  Tolosa  a  2 años de prisión como  autora del punible de receptación.     

Así  mismo,  los  condenó  a cancelar, como  perjuicios  materiales, a favor del Ministerio de Educación una suma igual a la  apropiada,  más  los  intereses  legales corrientes hasta cuando se produzca el  pago.   

3.  Apelado  el  fallo,  la Sala de Casación  Penal, en decisión del 15 de septiembre de 2004, resolvió:   

    

* Declarar  prescrita  la  acción penal por los delitos de peculado y  prevaricato,  imputados  a  Jorge  Lucas Tolosa Cañas  y,  en  consecuencia,  cesar  la  actuación procesal.     

    

* Declarar  prescrita  la  acción  por  los  delitos de prevaricato y  receptación,  imputados  a  Mario  Hernando Borbón Molano y a Nohora Esperanza  Zambrano   de   Tolosa,   respectivamente,   y,   en   consecuencia,   cesar  la  actuación.     

    

* Mantener  la  condena  de Mario Hernando Borbón Molano, pero con la  modificación  en la dosificación de la pena impuesta, para dejarla en 12 años  de prisión.     

4. Jorge Lucas Tolosa  Cañas   y  el  defensor  del  señor  Borbón  Molano  interpusieron  recurso  de casación, que fue denegado por improcedente el 10 de  noviembre             de             20041.   

5.  Invocando la causal tercera del artículo  192  de  la  Ley  906  de 2004, que corresponde a la misma del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del 2000, el apoderado del señor  Tolosa  Cañas solicitó la revisión del  proceso  penal,  por  considerar que existe una prueba  nueva,  no  conocida dentro del mismo, y que determina  la injusticia de la condena impuesta.   

Indicó  que  ese  medio  probatorio  es  la  resolución  2139  del  15  de  septiembre  de  2003,  a  través  de la cual el  Ministerio  de  Educación da cumplimiento a lo establecido en el Decreto 953 de  1970  y  en  las  sentencias dictadas el 27 de noviembre de 1981 por el Tribunal  Contencioso  Administrativo  de  Cundinamarca  y  el  11  de mayo de 1982 por el  Consejo de Estado, y reconoce los pagos a los docentes.   

En  consecuencia,  se  desvirtúan los hechos  punibles  imputados  puesto  que demuestran que el cobro ejecutivo que adelantó  era  viable  y  legal,  lo  que  hace  necesaria la revaloración de pruebas que  sirvieron de base para adoptar la sentencia.   

En   escrito   posterior,   denominado   de  sustitución  parcial  y  adición  de  la  demanda,  adjuntó  fotocopia  de la  sentencia  de  primer  grado  y  señaló  las  razones por las cuales le asiste  interés jurídico para ejercer la acción.   

En  ese  orden, afirmó que aunque en segunda  instancia  se declaró la prescripción de la acción penal y la cesación de la  actuación, los efectos sólo cobijaron la dosimetría penal,   

dejando  en  firme  y  latente  –  permanente las sanciones económicas  de  la  parte  resolutiva  numeral  cinco  (5) del proveído de primer grado. Al  punto  que  la  H.  Corporación ejecutora de las sentencias, a (sic) hecho caso  omiso  a  las  peticiones  de  desembargo de sus bienes y cuentas bancarias; los  cuales  se  demandaron desde el 11 de noviembre de 2004 y se reiteraron el 28 de  octubre del año 2005 sin que fuesen atendidas.   

Solicitó  se  dejen  sin valor jurídico los  fallos  motivo de la acción y se decrete la absolución del señor Tolosa  Cañas respecto a los numerales 2 y  5  de  la  parte  resolutiva del fallo del Juzgado, toda vez que lo dispuesto en  este  último  quedó ejecutoriado en lo que toca con la condena correspondiente  a  perjuicios  materiales  e  intereses,  debido a que la providencia de segundo  grado no hizo mención a esa sanción.   

LA    PROVIDENCIA  RECURRIDA   

Esta  Sala, por auto del 13 de marzo de 2007,  inadmitió la demanda de revisión porque:   

a)   En  relación  con  la  situación  de  Tolosa  Cañas  la  Corte no  profirió   sentencia,   pues   no   resolvió   sobre   su   responsabilidad  o  irresponsabilidad  penal,  sino  un auto interlocutorio, por el cual decretó la  prescripción de la acción y, por contera, cesó procedimiento.   

b) La acción es improcedente porque frente a  esa  clase  de  decisiones  no  es posible acudir a la revisión con apoyo en la  causal  tercera, en cuanto el Código de Procedimiento Penal sólo la consideró  viable  cuando  han sido dictadas con base en una conducta típica del juez o de  un tercero, o hayan sido consecuencia de pruebas falsas.   

c) Adicionalmente, el actor carece de interés  jurídico  porque  no  se  le  generó  perjuicio  alguno.  Pudo  renunciar a la  prescripción y no lo hizo.   

d) A través de la acción de revisión no es  posible  aclarar,  modificar  o adicionar una providencia, ni indicar el sentido  en  que  la misma debe ser ejecutada. Por esa razón, para poder debatir el tema  del  pago de perjuicios, que preocupa al demandante, se debe acudir ante el juez  de ejecución de penas.   

EL RECURSO  

El apoderado de Jorge  Lucas  Tolosa Cañas manifiesta que el propósito de la  adición  de  demanda  era  demostrar  el  interés  jurídico, válido, serio y  actual  para  accionar,  al quedar vigentes unas sanciones impuestas en el fallo  de  primera  instancia,  que  constituyen  una afrenta constitucional y legal al  proveído que desató el recurso de apelación.   

La  renuncia a la acción penal, que insinúa  el auto atacado, no habría sido válida ni eficaz   

ante  tanto  ensañamiento observado desde la  investigación  preliminar  iniciada por la Procuraduría General de la Nación,  hasta este hado proveído que recurro.   

Considera una inequidad la afirmación según  la  cual  la  providencia  del  ad-quem  no  es  una  sentencia  sino  un  auto  interlocutorio, porque en la  segunda  instancia  no  podía  sino dictarse sentencia. Además, es una utopía  pensar que la decisión pueda ser mixta.   

Si   en   realidad   hubiera   tenido   esa  connotación,  la  Corte  Suprema de Justicia no se habría ocupado de sustentar  el  auto  por  el  cual  le  denegó  el recurso de casación formulado. Por esa  razón,  pide  mayor  “cordura”  porque  una  afirmación  de esa naturaleza  conllevaría la nulidad de la decisión.   

Cuestiona la referencia de la causal cuarta de  revisión,  porque  la  invocada  por  él  es  la  tercera,  que es autónoma e  independiente. Al respecto aduce:   

Los  hechos  nuevos  o pruebas nuevas, no son  expresas  o taxativas; el tipo penal las señala como indefinida (sic); y mal se  pueden  encuadrar  en  las  remisorias  del  parágrafo;  pues  de  lo contrario  sobraría la causal tercera.   

Insiste  en  que  los  actos  administrativos  dictados por el Ministerio de Educación Nacional son prueba nueva.   

CONSIDERACIONES  

El  propósito  del recurso de reposición es  que  el funcionario judicial que ha emitido la providencia cuestionada la revise  y  corrija  los  posibles  errores  de orden fáctico o jurídico en que hubiese  podido  incurrir,  para  que,  si  lo  estimara pertinente, proceda a revocarla,  reformarla o adicionarla.   

Por  manera  que  quien  a él acude tiene la  carga    de    exponer,    de    manera    clara   y  precisa,  las  razones  jurídicas  que  lo impulsan a  pensar  que  la  Corte  plasmó  reflexiones  o  decisiones injustas, erradas, o  imprecisas,   y   de   sustentar   con   suficiencia  los  motivos  por los cuales esos argumentos le causan  un   agravio   injustificado   al   sentenciado   y,   por  contera,  deben  ser  reconsiderados.   

La           claridad  implica  que  la argumentación  tenga  un  hilo  conductor que permita comprender el contenido del escrito y las  razones         de        la        inconformidad;        la        precisión  envuelve  la necesidad de que  de  manera puntual se indique cuál es el error de orden fáctico o jurídico en  que   se   incurrió;  y  la  suficiencia  conlleva a que el juicio argumentativo sea capaz, por sí solo, de  convencer  a  la  Sala  de  que  debe  revocar  su auto y dar inicio al trámite  correspondiente.   

El memorial presentado en esta oportunidad no  cumple  a  cabalidad con los presupuestos descritos, no solo porque es confuso y  ambiguo,  sino  incoherente.  Los reproches allí contenidos carecen de sustento  jurídico,  son  incorrectos y se apartan de la normativa y de la jurisprudencia  penal.   

En   efecto,  el  argumento  esencial  para  inadmitir  la  demanda  consistió  en que la decisión adoptada por la Corte en  segunda  instancia,  cuyo  efecto  de  cosa  juzgada  pretendía resquebrajar el  actor,  es un auto interlocutorio, puesto que cesó procedimiento a su favor. En  esa  medida  la  acción  deviene  improcedente  por  el  equívoco en la causal  invocada.   

Al respecto, se precisa:  

a)  No  constituye  exabrupto  jurídico  la  afirmación  de  que  esa  providencia, en cuanto se ocupó de la situación del  señor  Tolosa  Cañas, es un  auto interlocutorio.   

Basta   recordar   lo  manifestado  por  la  jurisprudencia,  respecto  a lo que se entiende por sentencia, para demostrar su  error.   

La   sentencia   (del  latín  sententia)  es  el dictamen o parecer que  tiene  o  sigue una persona, en este caso, el juez. Esto es, el fallo refleja lo  que  siente,  lo  que  opina,  lo  que  juzga  el juez sobre el objeto debatido,  contexto  dentro del cual debe entenderse como un acto del juez producido dentro  de  un proceso judicial para ponerle fin, luego de agotar las formas propias del  juicio.   Desde   este   punto  de  vista,  solo  son  sentencias   las   providencias  que  absuelven  o  condenan  al  procesado,  y,  excepcionalmente,  las  que  declaran  la  nulidad como consecuencia del recurso  extraordinario   de   casación   o   de  la  acción  de  revisión2. (Subraya fuera del texto original).   

El artículo 169 del Código de Procedimiento  Penal  define  las  providencias  que  pueden  adoptarse,  y  las  clasifica  en  resoluciones  (fiscalía),  autos  y sentencias, indicando que estas últimas lo  son:   

si  deciden sobre el objeto del proceso, bien  en  primera  o  segunda  instancia, en virtud de la casación o de la acción de  revisión.   

Por regla general, los procesos finalizan con  sentencia,  como acto culminante del juicio, pero su adopción está atada a que  no  se halle configurada alguna causal objetiva de las previstas en el artículo  39  del  estatuto  procesal  penal  que  lo  impida,  pues  si  se  comprueba su  existencia  lo  procedente,  si  no  ha  culminado la actuación, es declarar la  cesación          de          procedimiento3.   

La  Corte  siempre  ha  reconocido  que  la  preclusión  de  la  instrucción  o  la  cesación  de  procedimiento  revisten  naturaleza  interlocutoria,  razón por la cual ha inadmitido la procedencia del  recurso   de   casación   contra  esas  decisiones4.   

b)  Lo  expuesto  corrobora  la existencia de  resoluciones  judiciales  mixtas,  pues,  con  independencia  de  si la misma se  adopta  en  primera  o  en segunda instancia, puede contener decisiones de una y  otra  índole.  Así, si resuelve sobre la responsabilidad penal que le asiste o  no  al  procesado,  reviste  el  carácter de sentencia; pero si no se ocupa del  fondo  mismo  del  debate  procesal  sino  de  un aspecto sustancial, como es la  extinción  de  la  acción penal, tiene la connotación de auto interlocutorio.  Una  y  otro  adquieren,  sin  duda,  igual  firmeza  y  hacen  tránsito a cosa  juzgada.   

Sobre  la  existencia  de providencias de esa  naturaleza, la Corte ha dicho:   

En  este  orden  de  ideas  es  claro  que la  normatividad  nacional  se ha ocupado de manera suficiente de la reglamentación  de  la  sentencia  como  acto  jurídico esencial dentro del proceso y que tales  parámetros  también  permiten  la  identificación de esa actuación desde una  perspectiva   puramente   lógica  como  aquella  en  que  el  Juez  realiza  la  subsunción  del  caso  en  la  norma  y  determina  todas  las consecuencias de  ella.   De  esa  manera,  no  basta  sólo  nominar  el  acto procesal como  sentencia,  sino  que,  tratándose  de  condena,  su  contenido  material  debe  responder  a  la  normatividad referida, objetivo que no se logra de otra manera  que  mediante  la  apreciación en conjunto de los diferentes medios probatorios  recaudados  para  fijar la reconstrucción histórica de unos hechos concretos y  detallados  que  calificados  jurídicamente permitan precisar la situación del  procesado   y   hacer  todas  las  declaraciones  consecuentes  en  torno  a  la  responsabilidad  del  procesado,  expresándose  claramente  las  condenas a las  penas   principales   o  sustitutivas  y  accesorias,  a  la  indemnización  de  perjuicios  y  la  procedencia  o  no  de los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa   de   la  libertad,  con  anotación  expresa  de  los  recursos  que  procedan.   

4. De lo expuesto y  por   comparación   surge   evidente   que  la  declaratoria  de  cesación  de  procedimiento  por  prescripción  de  la  acción  penal que aquí se adoptó a  favor  de (…) por parte del Juzgado 3° Penal del Circuito de Neiva, no es una  sentencia,  sino  que  es  como  lo  definen  el artículo 39 y el numeral 2 del  artículo  169  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  un auto interlocutorio,  porque  resuelve  un  aspecto  sustancial  del  proceso  y  fue proferido por un  Juez   de  la  República, sin que para nada varíe su naturaleza  jurídica  el hecho de haberlo adoptado dentro de una sentencia, que en tal caso  no  desnaturaliza   ésta para convertirla en un auto interlocutorio,   ni     tampoco    –se  repite— tiene la virtud de  mutar       a       aquél       en       ésta5.   

c) La referencia hecha a las causales cuarta y  quinta  del  artículo  220, es totalmente acertada. Se le recuerda al actor que  fue  directamente  el legislador el que, en forma taxativa y excluyente, dispuso  que  cuando  se  trata de cesación de procedimiento sólo es viable acudir a la  acción  de  revisión por los casos previstos en los numerales 4º y 5º de esa  norma6,  esto  es,  porque  la  decisión  fue determinada por la conducta  típica   del  juez  o  de  un  tercero,  o  se  fundamentó  en  prueba  falsa.   

Lo  dicho  lleva a afirmar que tan solo puede  intentarse  quebrar  la  cosa  juzgada  de  las  providencias  de  cesación  de  procedimiento   por  conducto  de  las  causales  cuarta  y  quinta,  y  no  por  otras.   

La  invocada por el actor era la tercera, que  no    es    aplicable.    En    consecuencia,    la   demanda   era   claramente  improcedente.   

d)  La  censura consistente en que en el auto  por  el  cual se le inadmitió la demanda de casación, la Corte le dio matiz de  sentencia  a  su proveído del 2004, no puede ser motivo de discusión a través  de  la  acción de revisión, máxime cuando el rechazo tuvo lugar de plano, por  tratarse  de  una  decisión adoptada por la Corte Suprema de Justicia. Además,  si  allí  se utilizó la terminología “sentencia”, no constituye equívoco  si    se   tiene   en   cuenta   que   no   solamente   recurrió   Tolosa   Cañas   sino  el  defensor  del  condenado Borbón Molano.   

Finalmente,  aunque  en  el auto recurrido se  dejó   entrever  el  derecho  que  tiene  el  procesado  para  renunciar  a  la  prescripción  y,  concretamente,  se  destacó  que  en  este  caso, durante la  actuación,  el  interesado no hizo uso del mismo, lo cierto es que esa crónica  fue  una  razón  adicional  a  las  ya  mencionadas  en  párrafos  anteriores.   

Por consiguiente, sus planteamientos, en torno  a la ineficacia de esa renuncia, no son pertinentes.   

Lo anterior es suficiente para que la Sala no  reponga su decisión de inadmitir la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  NO REPONER  la providencia recurrida.   

Segundo. Contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JAIME  CAMACHO  FLOREZ   

Conjuez                                                                                Conjuez   

SOLEDAD   CORTES  DE  VILLALOBOS                           GUILLERMO GARCÍA GUAJE   

Conjuez                                                                                                                           Conjuez   

WILLIAM  MONROY VICTORIA                              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

         Conjuez                                                                                Magistrado   

YESID  REYES  ALVARADO                                          JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

       Conjuez                                                                                                     Magistrado   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                                                  Magistrado   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Radicado 16.023.   

2  Sentencia del 3 de agosto de 2006 (radicado 22.485).   

3 Auto  del 4 de septiembre de 2002 (radicado 17.519).   

4 Auto  del 30 de noviembre de 2006 (radicado 26.517).   

5  Sentencia del 21 de abril de 2004 (radicado 17.691).   

6  Véase el último inciso del artículo 220 de la Ley 600 de 2000.     

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