24709(26-01-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24709  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado  acta  número  05   

Bogotá D.C., veintiséis  de enero de dos mil seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado       Carlos      José      Ballanilla  Martínez  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cartagena  el  6  de  mayo  de 2005, mediante la cual confirmó la del Juzgado quinto penal  del  circuito  de  la misma sede que condenó al sindicado como autor del delito  de homicidio tentado.   

HECHOS  

          Del expediente se pueden extraer los siguientes:   

          Aproximadamente  a  la  1:30  de  la mañana del 27 de mayo de 2000,  Carlos  Eduardo  Cuadros  Lara y Ever David Padilla Padilla, atendían el kiosco  Megalópolis  ubicado  frente  al  almacén  Sao  La  plazuela,  en la ciudad de  Cartagena,   sitio   al   cual  llegó  en  estado  de  embriaguez  el  Sargento  Carlos    José   Ballanilla   Martínez,  para  sin  mediar  palabra  y  luego  de  solicitar  una  caja de  fósforos,  disparar su arma en contra de Carlos Eduardo Castro Lara, quien solo  gracias   a   la   oportuna  intervención  médica  no  perdió  la  vida  como  consecuencia de las graves lesiones que le fueron causadas.   

ACTUACION  PROCESAL   

          El  27  de  mayo de 2000, con ocasión de la captura de Carlos   José  Ballanilla  Martínez,  la  fiscalía  34  seccional  de Cartagena abrió investigación penal en contra del  sindicado   y   dispuso  su  vinculación  mediante  diligencia  de  indagatoria  (fs., 5).   

          El  2  de  junio  del mismo año, luego de escuchar en diligencia de  indagatoria   al   sindicado   (fs.,  32),   el   mismo   despacho   le  definió  su  situación  jurídica,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento de detención preventiva como autor del  delito    tentado    de    homicidio   simple   (fs.,  40),  mediante  decisión que el 25 de julio siguiente  la  fiscalía  delegada  ante  el  Tribunal  Superior confirmó en su integridad  (fs.,   24  cuaderno  segunda  instancia).   

          El  28  de  agosto  de  2000,  la fiscalía cerró la investigación  penal   (fs.,   191),  que  calificó  el  12  de  octubre  siguiente,  acusando  al  Sargento  Ballanilla   Martínez   por  la  probable  comisión  del  delito tentado de homicidio (fs., 246).  Apelada  la  decisión,  la fiscalía delegada ante el  Tribunal  Superior  la confirmó integralmente, mediante la suya del 11 de enero  de     2001     (fs.,     54    cuaderno    segunda  instancia).   

          El   Juzgado   quinto   penal  del  circuito  decretó  las  pruebas  solicitadas   por  los  sujetos  procesales  (fs.,  16  cuaderno  2)  y  el  30  de  abril  dio  inicio  a  la  diligencia  de  audiencia  pública  (fs., 96 cuaderno  2), como antesala de la sentencia de primera instancia  proferida  el  8 de febrero de 2002, mediante la cual condenó al procesado a la  pena principal de 78 meses de prisión.   

          El  6 de mayo de 2005, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cartagena  confirmó  en  su  integridad  la  decisión,  que  fue apelada en su  momento    por   la   defensa   (fs.,   42   cuaderno  tribunal).   

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  demandante  acusa  a  la  sentencia  de  ser  ilegal  por  haber  incurrido   el   juzgador  en  errores  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas.   

          Según  el  recurrente,  para  el  juzgado  fue  crucial  el  examen  psiquiátrico,  del  cual  esa  autoridad  dijo que se constituía en una prueba  esencial  para  demostrar  la  imputabilidad  del  sindicado.  No  obstante,  el  demandante  considera  que esa conclusión es errada, pues con ella se desconoce  las  reglas  de  la  experiencia y además otros medios de prueba, tales como la  declaración  de la agente de policía que intervino en la captura del procesado  y quien señaló que el sindicado estaba como enajenado.   

          Esta  declaración  de  la agente, además, confirma la versión del  procesado,  quien  explicó  en  la  diligencia  de audiencia pública que sólo  volvió  en  sí  cuando  escuchó  un  disparo  y casi una hora después de los  hechos,  cuando despertó en la estación de policía, en donde fue informado de  que  había  herido  a  una  persona con su arma de fuego, pero sin recordar que  efectivamente  hubiese  acontecido  lo  que  sus amigos y superiores le hicieron  conocer.  El juez de instancia, sin embargo, no hizo referencia a esos aspectos,  o los ignoró, y no estudió el testimonio de Josefina Hernández.   

          Si  ello  es  así   –  dice  –   ¿  en  dónde  queda el  principio  que  le  obliga  al funcionario judicial a investigar lo favorable al  procesado  y  a  apreciar  las  pruebas  que  atenúen  la  responsabilidad  del  sindicado  o  demuestren  su  inocencia  ?  ¿  Por qué el juez, hizo suyas las  conclusiones  del perito, así sea muy bueno, olvidando que los medios de prueba  se analizan en conjunto, como corresponde a su sistemática ?   

          Manifiesta,  además,  que  la  prueba pericial no era necesaria. De  una  parte porque se practicó cuatro meses después, cuando el procesado tenía  una  normalidad  plena,  y de otra, porque la prueba que permite probar el grado  de  embriaguez  es la alcoholemia, la cual no se practicó, siendo importante, y  muy  a pesar incluso de las referencias puntuales que hizo la agente de policía  que realizó la captura del procesado sobre ese tema.   

         

          Agrega  que  el  dictamen médico psiquiátrico del sindicado es tan  solo  un  “test  proyectivo de la personalidad de Carlos Ballanilla”, mas no  una  prueba que diga que actuó conscientemente. De ese modo, como esa prueba es  insuficiente     para     decir    que    Ballanilla  Martínez   actuó   consciente   y   libremente,  el  demandante  pide  que  se  case  el  fallo  y  que  la  Corte dicte la sentencia  absolutoria de reemplazo.   

Para concluir, el demandante destaca que en la  sentencia  de segunda instancia se advirtió que la prueba debe ser analizada en  su  conjunto  (artículo  238  del C.P.P.),  lo  cual  comparte,  y  agrega que si así hubiese acontecido, el  Tribunal   hubiese   proferido   un   fallo   sustancialmente   diverso  al  que  efectivamente dictó.   

            

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  acuerdo  con  el artículo 206 de la ley 600 de 2000, el recurso  extraordinario  de  casación  tiene  por  finalidad  preservar  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales,  la  recta  aplicación del derecho  sustancial,  unificar  la  jurisprudencia y reparar los agravios inferidos a las  partes.   

          Con  esos  propósitos,  de  acuerdo  a la finalidad que persigue el  demandante,  bien  puede seleccionar una cualquiera de las causales establecidas  en  el  artículo 207 del mismo estatuto, para lo cual, como ahora ocurre, si la  escogida  es  la  causal  primera,  debe  establecer  primero si se trata de una  violación  directa  o  indirecta de la ley, y en éste último caso especificar  si  la  infracción  surge como consecuencia de un error de derecho (por  falsos  juicios  de  legalidad  o  de convicción)   o  de  hecho  (por  falsos  juicios  de  existencia,    de   identidad   o   de   raciocinio).   

          Seleccionada  la causal y definida la clase de error, el cargo ha de  formularse  en forma clara y precisa (artículo 212 ley  600  de  2000), en virtud de que su autosuficiencia le  permite  a la Corte examinar la demanda en el marco del principio de limitación  que     al    recurso    extraordinario    le    es    inherente    (artículo 216 idem).   

          Así,  si  lo  que  se  pretende es denunciar errores de hecho en la  apreciación  de  las pruebas que conducen a la infracción indirecta de la ley,  el  demandante tiene que ser consecuente con la modalidad de error seleccionado,  pues  tratándose  de  un  error de existencia, por ejemplo, debe aceptar que se  trata  de  un  tema  esencialmente  objetivo  contemplativo,  cuya demostración  requiere  de un proceso de comparación entre los medios de prueba efectivamente  considerados  en  la  decisión y los que se pretermitieron o se supusieron, con  el  fin  de  demostrar  la  trascendencia  del  yerro  y  su  incidencia  en  la  sentencia.   

Tratándose de un error por falso raciocinio,  en  cambio,  el discurso no puede ser el mismo, pues si bien se debe destacar el  segmento  en  donde  radica  el defecto, la esencia de la propuesta debe aceptar  que  se  trata  de  un  tema esencialmente argumentativo, mucho mas afín con la  teoría  del  conocimiento  que  con la contemplación objetiva de los medios de  prueba.   

          Por  esas  razones  es  que no se aviene con la técnica del recurso  que  se  mezclen  argumentos  correspondientes a diferentes modalidades de error  dentro  de  la  causal  que  se  invoca,  salvo  por  supuesto  que se propongan  separadamente  ya  sea como principales o subsidiarios, y menos que se confundan  cargos   que  corresponden  a  finalidades  distintas  y  a  causales  diversas.   

          Pues bien:   

          Esto  último ocurre con la demanda que se estudia. En efecto, en la  demanda  no  se  presenta  los  cargos en forma clara y precisa, pues en ella se  hace  alusión  en  algunas  apartes  a  la  infracción  de  las  reglas  de la  experiencia,  que  en  verdad  constituyen  un momento del falso raciocinio como  manifestación  del  error de hecho, pero sin indicar cuál fue la máxima de la  experiencia  que  el  Tribunal ignoró (esto no se dice  por  que el discurso se dirige a cuestionar aisladamente la sentencia de primera  instancia,  que  no  la  de  segunda,  que  es  la  que se debe demandar en sede  extraordinaria,    salvo    los    casos    de   unidad   temática),   o cual la ley de la ciencia o la regla de la lógica que el  juzgador  desconoció  y  su  trascendencia  en  la decisión final, ni menos se  explica cuál ha de ser el razonamiento correcto.   

          Precisamente  por  esas  razones,  el demandante termina simplemente  oponiendo  su  criterio  al  de  los juzgadores de instancia, como muestra de un  ejercicio  de  dialéctica libre, en el cual no indica y menos precisa cuál fue  el  error de hecho que llevó al Tribunal a tener por demostrado un hecho que no  estaría  acreditado en el proceso y a aplicar por lo tanto una ley no aplicable  al caso controvertido.   

Pero no solo eso: aparte de no indicar, como  se  ha  expresado,  ni  siquiera la clase y modalidad de error, en otros apartes  menciona  aspectos  que  no  tienen  identidad temática con la causal aducida –  la  primera cuerpo segundo -,  como  cuando  se refiere a la posible infracción al principio de investigación  integral,  que  se  originaría  en  el hecho de no haber realizado la prueba de  alcoholemia,  que  a juicio del demandante era esencial para establecer el grado  de  embriaguez  en  que  se encontraba el sindicado en el momento de ejecutar el  hecho.   

          De  manera  que  el  cargo  formulado  no solo no tiene la claridad,  precisión    y   coherencia   necesaria   para   realizar   el   principio   de  autosuficiencia,  sino  que  en  perjuicio  del  principio  de autonomía de las  causales,  el  demandante termina por confundir la finalidad de las mismas y por  lo  tanto  no  alcanza  a  explicar  si lo que busca es la defensa de garantías  fundamentales o la recta aplicación del derecho sustancial.   

          Siendo  evidente  que  la  demanda  no  satisface  los requisitos de  admisibilidad  consagrados  en  el  artículo  212  del código de procedimiento  penal,  la Corte la inadmitirá. Pero también porque la Sala no advierte, desde  la  perspectiva de los fines del recurso, que oficiosamente deba intervenir para  restaurar garantías que le hubiesen sido vulneradas al procesado.   

Decisión   

En consecuencia, La  Corte    Suprema    de    Justicia,    sala   de   casación   penal,   

Resuelve  

         

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada a nombre de Carlos Ballanilla  Martínez.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

  NOTIFIQUESE    y  CUMPLASE   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

MARINA         PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria     

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