24489(03-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24489  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 80                                                                               Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  tres de agosto de dos  mil seis.   

En   ejercicio   de  la  facultad  oficiosa  consagrada  en  el  artículo  216  del estatuto procesal penal, se pronuncia la  Corte,  en  sede  de  casación, sobre  la legalidad de la pena impuesta en  las  instancias  a  la  acusada  Betty  Romero Moreno,  como   autora  responsable  del  delito  de  peculado  culposo.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

1.  El  17  de  abril  de  1998, Betty   Romero   Moreno,   en  calidad  de  Alcaldesa  Local  de  Fontibón,  celebró  el  contrato  No.04  con la Sociedad  C&S  Ltda., para la compra e instalación de un conmutador marca Pannasonic,  con  sus  terminales y demás elementos necesarios por su funcionamiento, por la  suma  de  $24’998.000, valor  que  se  consideró  excesivo,  pues  superaba  ampliamente el precio comercial,  calculado      a      través      de     cotizaciones     en     $6’000.000.   

2.  La  Fiscalía  abrió  investigación por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria  a  la implicada, y  mediante  resolución de 31 de julio de 2000 calificó el sumario con acusación  por   el  delito  de  peculado  culposo,  de  conformidad  con  las  previsiones  contenidas  en  el  artículo  137  del Decreto 100 de 1980, que adscribía pena  privativa  de  la  libertad  de 6 meses a dos años de arresto, multa de 10 a 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción de derechos y funciones  públicas de 6 meses a dos años (fls.268-276/1).   

3.  Rituado  el  Juicio,  el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  mediante sentencia de 29 de octubre de 2004,  condenó   a   Betty   Romero   Moreno   a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  10 meses de  prisión,   multa  equivalente  a  15  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilidad  para el ejercicio de funciones pública por el mismo término de la  pena  aflictiva,  como  autora responsable del delito imputado en la resolución  de acusación (fls.192-207/2).   

4.  Apelado  este fallo por el defensor de la  acusada,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante el suyo de 20 de abril de  2005,  lo confirmó con modificaciones en relación con la naturaleza de la pena  privativa  de  la  libertad  impuesta,  la  que  varió  de  prisión a arresto,  dejándola  en  los  mismos  diez  (10)  meses, tras argumentar que el delito de  peculado  culposo  preveía  pena  de  arresto,  y  que  el  Juzgado  se  había  equivocado   al   imponer   prisión   (fls.3-13  del  cuaderno  del  Tribunal).   

5. Las defensa interpuso recurso de casación  y  lo  sustentó  en  tiempo,  pero  la  Corte, en proveído de 28 de febrero de  2006,    lo  inadmitió,  por  no  tener  casación  común,  y  porque  el  recurrente  no  propuso  ni  justificó  su procedencia por la vía excepcional.  Pero  como  advirtió  la  existencia  de una posible violación al principio de  favorabilidad,  hizo  uso  de  la facultad oficiosa prevista en el artículo 216  del  estatuto  procesal  penal  y  ordenó  correr  traslado  a la Delegada para  concepto1.   

Concepto  del Ministerio Público.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  a la Corte casar el fallo proferido por el Tribunal,  para  excluir  la  pena  de  arresto  que  le  fue  impuesta  a la acusada, pues  considera,   con   fundamento   en   la   doctrina   de   la  Corte  sobre  esta  temática2,  que su aplicación resulta improcedente por cuanto esta modalidad  de  pena desapareció del listado punitivo, con la entrada en vigencia del nuevo  código penal.   

SE        CONSIDERA:   

1.  En  la  sentencia  de  casación  que  la  Delegada  cita  en su concepto, la Corte llegó a la conclusión de que el nuevo  estatuto  penal3  eliminó la pena de arresto para los delitos descritos en la parte  especial,  y  que  por  dicha razón las conductas que venían siendo reprimidas  con   esta   modalidad   de  pena  en  el  estatuto  penal  anterior4,  no  podían  continuar  siéndolo  con  la misma sanción, porque ello vulneraba el principio  de favorabilidad.   

Paralelamente  se  dijo  que  tampoco  podía  aplicarse  la  pena  prevista  para la misma conducta en el nuevo estatuto penal  (prisión),  por  no encontrarse vigente al momento de la realización del hecho  delictivo,  y   tratarse de una modalidad más gravosa, razón por la cual,  lo  indicado,  de  cara  a  una interpretación sistemática, era concluir en la  inaplicación  de  ambas  (arresto  y prisión). Los fundamentos centrales de la  decisión quedaron consignados en el siguiente segmento:   

“El  camino,  por consiguiente y para esta  precisa  finalidad  (…) es acudir a una interpretación sistemática, conforme  a  la  cual  tanto la pena de arresto como la de prisión resultan inaplicables,  la  primera,  porque  desapareció  como  tal  del  listado  punitivo, y en este  sentido,  es favorable su retroactividad para todos aquellos delitos sancionados  con  arresto,  la segunda, porque, por desfavorable, solo tiene aplicación para  hechos  cometidos a partir de su vigencia, que, por tanto, no cobija la conducta  aquí juzgada”.     

2.  En  el  caso que se estudia, Betty   Romero   Moreno   fue  juzgada  y  condenada  por el delito de peculado culposo, tipificado en el artículo 137 del  Decreto  100  de  1980  (modificado  por el 32 de la ley 190 de 1995), norma que  adscribía  pena  privativa  de  la  libertad  de seis  meses  a  dos  años  de  arresto,  multa  de  10 a 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción de derechos y funciones  públicas de seis (6) meses a dos (2)  años.   

La    misma    conducta    (peculado  culposo)  es hoy sancionada en  el   nuevo  código  (ley  599  de  2000)   con   pena  de  prisión  de  1  a  3  años,  multa  de  10  a  50 salarios mínimos legales  mensuales  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo  término  de la pena aflictiva. Debe aclararse que estas penas fueron aumentadas  en su mínimo y su máximo por la ley 890 de 2004.   

3.  En  la sentencia de primera instancia, la  acusada  fue  condenada  a  la  pena  privativa  de  la libertad de diez   (10)   meses  de  prisión,  multa  equivalente  a  15  salarios  mínimos  legales  mensuales e inhabilidad para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término de la pena  privativa  de la libertad. Esta decisión fue confirmada por el Tribunal, con la  aclaración  de  que  la  pena  privativa  de  la  libertad  a purgar debía ser  arresto y no prisión, en el  quantum impuesto en el fallo de primer grado.     

4.   Teniendo   en  cuenta  el  antecedente  jurisprudencial  referenciado  y  el  recuento  fáctico  procesal  que viene de  hacerse,  la  Sala,  al  calificar  formalmente  la  demanda  de  casación,  la  inadmitió,  pero  dispuso proseguir oficiosamente el trámite casacional con el  fin  de  estudiar  la posibilidad de dar aplicación a la doctrina instituida en  torno   a   la  inaplicabilidad  de  la  pena  de  arresto,  por  favorabilidad.   

5.  Sucede,  sin  embargo,  que  la  postura  jurisprudencial  que  prohijaba  la  inaplicación  de la pena de arresto, y que  sirvió  de  fundamento  para activar el trámite casacional oficioso en el caso  analizado,  fue recogida por la Sala en decisión mayoritaria de 19 de julio del  año  en  curso, para adoptar la tesis de que en estos casos debía aplicarse la  pena  de  arresto,  dado  que  en  ambos  estatutos  la  conducta punible estaba  sancionada  con  pena  privativa  de  la  libertad, y que frente a esta tensión  debía  optarse  por  la  aplicación  de  la pena más benigna. Al respecto, se  dijo:   

“Un  nuevo  examen del punto, sin embargo,  lleva  a  la Sala a reconsiderar esa tesis, para sostener ahora que como en todo  caso,  tanto en el anterior Código Penal como en el actual, la ley previó pena  privativa  de  la  libertad  para  el  peculado  culposo,  debe mantenerse la de  arresto (…).   

“En  efecto, si en aquella legislación el  hecho  estaba  sancionado  con  arresto  y   en   la   de   hoy   con   prisión,  se  debe partir de que el legislador quiso hacer más  severas  las  consecuencias  punitivas  incrementando cualitativamente la medida  corporal.   

“En  este  evento,  sin embargo, entran en  pugna  la  normatividad  pretérita  y la actual, conflicto de leyes que impulsa  hacia  la  pasada  para  utilizarla  ultractivamente  pues es más benéfica que  aquella que ahora rige el tema.   

“Como  es claro, en los dos articulados se  ha  previsto  pena  privativa  de  la libertad, que, por tanto, se debe sostener  pues  en  estricto  sentido no hubo despenalización radical. Y como la anterior  es   menos  gravosa  que  la  vigente,  a  ella  se  debe  acudir”5.    

En  vista, entonces, de que frente a la nueva  posición  jurisprudencial  la pena aplicable sería la de arresto, es decir, la  misma  que  el  tribunal  le  impuso a la acusada Betty  Romero   Moreno,   ha   de   concluirse  que  ningún  quebrantamiento  a  las  garantías  fundamentales  se  presentó  en  el fallo.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

No casar la sentencia  dictada  el 20 de abril de 2005 por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante la  cual  condenó  a  Betty  Romero  Moreno  a  la  pena  privativa  de  la  libertad  de  10  meses  de arresto.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

Excusa justificada                                                Salvamento  de voto   

ALVARO  O.  PEREZ  PINZON                              MARINA  PULIDO DE  BARON               

Salvamento de voto  

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES               YESID RAMIREZ  BASTIDAS               

Permiso  

JULIO         E.         SOCHA  SALAMANCA             JAVIER  DE  J.  ZAPATA  ORTIZ                       

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

(Casación 24.489)  

He    salvado    el    voto   por   dos  razones:   

1. Porque no estoy de acuerdo con la última  postura  de  la  Sala,  de acuerdo con la cual en el juicio, mínimo, la acción  prescribe  en  seis  años  y  ocho  meses. Mantengo la opinión que plasmaba la  Corte anteriormente.   

En  efecto,  frente  a  funcionarios  que  delinquen  en  ejercicio  de  sus  funciones,  la  acción penal prescribe en el  máximo  previsto en el tipo, aumentado en una tercera parte, operación aditiva  que  se hace desde el comienzo, inclusive en aquellos supuestos en los cuales el  tope  sancionatorio  es  inferior  a  cinco  (5)  años.  Es  decir, no se puede  sectorizar  el  análisis  para  hacer  uno  en  la  instrucción  y  otro en el  juicio.   

La  acción  en  este  asunto, así, estaba  prescrita.   

2.   Porque  creo  que  la  prescripción  señalada  en  el  artículo  531  de  la  Ley 906 del 2004 también opera en el  juicio.    Sobre    este    punto,    en    otras   ocasiones,   he   dicho   lo  siguiente:   

1. En los antecedentes inmediatos del último  intento  de  reforma constitucional orientado a la incorporación del “sistema  acusatorio”  a  nuestra  legislación,  que culminó con la adopción del acto  legislativo  03  del  2002,  texto  con  base  en el cual fue elaborado el nuevo  código  de  procedimiento penal, francamente se lee que una de las razones -tal  vez  la  más  importante-  por  las  cuales  era  menester  cambiar el estatuto  procesal    era   la   demora   y   la   congestión  judicial.  Y  expresamente se dijo que ese mal estaba  detectado    tanto    en    la    instrucción    como    en   el   juicio.  He  aquí algunas de las frases  que  confirman  lo anterior, de cuyo contenido resaltaremos lo más preciso para  efectos de este escrito:   

i)  Es  necesario  modelar  el  juicio   de   tal   manera   que   sea  efectivamente  oral,  público  y  contradictorio  (Acta  No.  1 de la Comisión  Preparatoria del Sistema Acusatorio).   

ii) Uno de los temas centrales de estudio, el  primero,  debe  ser el relacionado con la congestión,  la   impunidad   y   los   tiempos   promedio   de  duración  de  los  procesos  penales (Acta No. 4).   

iii)   Hay   que   dotar  al  juez de los instrumentos necesarios para  evitar la dilación del proceso (Id).   

iv)  La  reforma  planteada  es  sobre  la  fiscalía       pero      también      recae      en      los      jueces  y,  por  tanto, estos igualmente  deben ser enfocados (Acta No. 5).   

v)  Se  busca  fortalecer  el  sistema  judicial,  que  ya  hizo crisis  (Acta No. 9).   

vi)  La iniciativa de reforma constitucional  tiene  por misión modificar la estructura del esquema  de  procesamiento, para adoptar una de clara tendencia  acusatoria,   “en   donde   el   eje   del   proceso   sea   el   juicio  oral, y por esta vía se respeten  de  mejor  manera  los derechos de los ciudadanos durante la investigación y el  juzgamiento” (Gaceta del  Congreso  No.  134  de  2002,  presentación  del proyecto de acto legislativo y  exposición de motivos).   

vii) “El gobierno nacional está convencido  de   la   necesidad   de   asumir   el   reto   de   reformar   la  justicia  penal,  pues cada día es más  dramática  la situación de la rama penal  del  poder judicial, toda vez que la inoperancia del sistema  hace  que,  aún a pesar de los  múltiples     esfuerzos     de     los     funcionarios,    las    decisiones  son  demoradas, es decir, la  justicia  es  ineficaz”  (Id).   

viii)  Por  las  deficiencias  que genera el  sistema         actual         –inquisitivo,  mixto-  es  imprescindible incorporar uno acusatorio.  Mientras  el centro de gravedad del sistema inquisitivo es la investigación, el  del  sistema  acusatorio  es el juicio público, oral,  contradictorio y concentrado (Id).   

ix)   Mediante   el   fortalecimiento  del  juicio  público,  “eje  central  en  todo  sistema  acusatorio”,  se  podrán  subsanar  varias de las  deficiencias que presenta el sistema actual Id).   

x)  Uno  de  los  temas  fundamentales  del  proyecto  de  reforma  constitucional es “el fortalecimiento de un  juicio público, oral, contradictorio y  concentrado” (Id).   

xi)  El  gran  número  de  procesos  en los  despachos,  “que  generan altos niveles de congestión en el aparato judicial,  tiene  como  consecuencia  el atraso en las decisiones  judiciales      que      deben      ponerle  fin  a  los  procesos penales”  (Id).   

xii) Una investigación ha demostrado que la  parte  procesal  donde  se  presenta  la mayor demora “es durante la etapa del  juicio” (Id).   

xiii)   El  derecho  del  procesado  a  un  juicio   sin  dilaciones  injustificadas es una garantía (Id).   

xiv)  El  gran  número  de  procesos en los  juzgados   genera  altos  niveles  de  congestión  en  el  aparato  judicial,  “lo  cual  posterga casi  indefinidamente          la         elaboración         de         sentencias que pongan fin a los procesos  penales”  (Gaceta del Congreso No. 148 de 2002, ponencia para primer debate en  la Cámara de Representantes).   

xv)  Es  necesario  modificar  el sistema de  procesamiento   “debido   a   las  deficiencias  que  genera  el  sistema actual” (Id).   

xvi)   El   proyecto   propone  el  ajuste  del juzgamiento penal a los  cánones  internacionales  de  derechos  humanos (ponencia para primer debate en  segunda vuelta, Cámara de Representantes).   

En los antecedentes inmediatos del Código de  Procedimiento  Penal  se  siguió  la  misma línea. Por ejemplo, se dijo que el  colapso  de  la justicia era  grande,      pues      la     demora     para     tomar     una     decisión    en    los    procesos  podía  ser  de  5  y  6 años  (Gaceta  del  Congreso  No.  44  del  2004,  acta  No.  20);  que  era necesario  descongestionar    la  Sala    Penal    de    la    Corte    Suprema    de  Justicia  (G. C. No. 46 del 2004, acta No. 27); y que  el   Gobierno   reconocía  que  la  depuración  de  procesos  era  importante  para  que  el  nuevo sistema  fuera  operante  (G. C. No. 400. Objeciones del gobierno al proyecto de Código,  relacionadas con el artículo 531).   

Como  se detecta con facilidad, en el querer  del  reformador  de  la  Constitución  y  del  creador  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  existía  una  idea  clara:  es  necesario  crear un nuevo  sistema,  porque  el actual no funciona, ni en la etapa de la investigación, ni  en     la     etapa     del     juicio.   

Coinciden  en su finalidad, pues, legislador  constituyente  y  legislador común. Y si no coincidieran, sin duda primaría el  querer de aquel.   

La  Sala mayoritaria cita unos antecedentes,  pero  tal  como  se percibe en las actas correspondientes, es nítido que cuando  se  hablaba  de  ejecutoria  de  la resolución de acusación o del cierre de la  investigación  se  estaba  pensando  en  los límites  para   el  decreto  de  prescripción,  dentro  de  la  instrucción.  Y  el hecho de que se hayan fijado fronteras a esa declaratoria,  repítese,  dentro  de  la  investigación, no significa que se hubieran cerrado  las    puertas    para    hacerlo    en    sede   de  juicio.   

Para  contrarrestar ese argumento basta leer  en  detalle  aquello  que  se dijo, así como tener en cuenta que el 31 de marzo  del  2004,  para  responder  a  inquietudes  que tenían unos congresistas sobre  posibles  impedimentos,  el Fiscal General fue claro al referirse a los procesos  de    depuración    mediante    prescripción   dentro   de   la   causa,  en  el juicio. Así se observa en  la  Gaceta  del  Congreso No. 209, del miércoles 19 de mayo del 2004, Acta 094,  correspondiente a la sesión plena ordinaria  del 31 de marzo.   

El  Código  Civil,  entonces,  mantiene  la  vigencia  de su artículo 27: cuando el sentido de la ley es claro, se impone su  tenor  literal  sobre  su  espíritu.  Pero  si no lo es, porque lo acompaña la  oscuridad,   se   puede  recurrir  a  la  intención o espíritu del legislador, sin duda manifestados en  ella misma o en la historia fidedigna de su establecimiento.   

Como la Sala da a entender que ciertamente el  artículo  531  no  es  claro,  bien  recibida  es  la  norma  civil  acabada de  mencionar.   

En  síntesis,  la  historia  de  la reforma  procesal,  incluido  el  cambio del soporte constitucional, indica a todas luces  que  como  el  sistema  procesal anterior no funcionaba, era menester cambiarlo,  particularmente   para   descongestionar   tanto   la   investigación  como  el  juicio.   

2.  El  Libro  VII  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  ha sido bautizado como “Régimen de implementación” y  ha  sido  conformado  con  tres capítulos: disposiciones generales, régimen de  transición  y  disposiciones finales. El primero de ellos fija los “criterios  de       implementación”       –artículo  529-,  dentro  de  los  cuales  se  encuentran  tener en  cuenta   el  número  de  despachos  y  procesos  en  la fiscalía y en los  juzgados penales, así como  la    proyección    del   número   de   salas   de  audiencia requeridas.   

El  segundo, en su artículo 531, explica en  cinco  incisos  el  proceso  de  descongestión,  depuración  y liquidación de  procesos.   

El     inciso     1º     generaliza     los    términos    de  prescripción     y     caducidad,     sin    hacer  distinción     alguna     entre     sumario     y  juicio.   

El  2º  se ocupa de la prescripción en las  investigaciones          previas.   

El 3º se detiene en la prescripción durante  la   investigación,  la  limita al cierre de ésta y establece excepciones.   

El    4º    vuelve    a    generalizar  para  exigir  a  fiscales y  jueces, frente al contenido  de  los  incisos anteriores, es decir, 1º, 2º y 3º, la inmediata adopción de  medidas tendientes a la depuración, descongestión y liquidación.   

Y   el   5º   afirma  que  los  términos  contemplados  en  las  reglas  anteriores  se  aplican en todos los distritos judiciales.   

El artículo 532, dentro del mismo capítulo,  apunta  a  los ajustes de planta de personal en varias entidades, entre ellas la  fiscalía    y    la    Rama   Judicial.   

Si todavía rige el inciso 1º del artículo  30  del  Código Civil, de acuerdo con el cual “El contexto de la ley servirá  para  ilustrar  el  sentido  de cada una de sus partes, de manera que haya entre  todas  ellas la debida correspondencia y armonía”, no se entiende cómo pueda  ser  posible  desmembrar  la  norma  para  reducir  su alcance. En efecto, si se  dispone  tomar  medidas  sobre  despachos  y procesos en materia de juzgados;   proyectar   el  número  de  recintos  para  audiencia;  ajustar   la   planta   de   personal   de   la  Rama  Judicial  y referir los términos del artículo 531 a  los  distritos  judiciales,  no  es  concebible la hipótesis de desmontar toda esa estructura constitucional  y   legal   para   decir   tácitamente   que   las   alusiones  a  juzgados,       a      procesos,       a      salas    de   audiencia   y   a  distritos  judiciales,  es  inane,  írrita   e   inútil  porque  la  depuración  sólo  se  refiere  a investigaciones, con exclusión de juicios.   

La  Sala,  así,  cercena la ley y en vez de  cumplir         con         el         Código        Civil,        descontextualiza    el    Código   de  Procedimiento Penal.   

         

3.   El   artículo  531  del  Código  de  Procedimiento  Penal  tiene por nombre “Proceso de descongestión, depuración  y  liquidación  de  procesos”.  Ese  nombre,  desde luego, no forma parte del  contenido  esencial  de  la  disposición. Pero es sumamente importante, pues el  rótulo  o  rúbrica se erige como guía, como faro,  como  punto  de  partida de  interpretación de la misma. Y si se refiere a  descongestión,      depuración      y     liquidación     de     procesos,       y      proceso  incluye  también  la  fase  de  juicio, no hay duda alguna  en     cuanto     el     artículo     también     apunta    al    juicio.  Por esta vía, es notorio que a  la  norma  o  enunciado  se  le  puede  atribuir  el  significado que sugiere su  título.           

4. Con el Diccionario de la Real Academia de  la     Lengua     en     la     mano,     se     concluye    que    descongestionar es disminuir o quitar la  congestión;   depurar  es  limpiar,  purificar,  eliminar  lo  disidente,  quitar  a  una cosa lo que le es  extraño,  dejándola  en el ser y perfección que debe tener según su calidad;  y  liquidar  es  hacer  el  ajuste   formal  de  una  cuenta,      saldar,  pagar   enteramente  una  cuenta,  poner  término a  una  cosa  o  a un estado de cosas, romper o dar por terminadas las relaciones personas.   

El  significado  de  esas palabras no merece  ningún  comentario.  Ellas  mismas lo hacen cristalino. Pero hay algo aún más  evidente:  como  para que no quedaran dudas, el legislador fue al extremo: no se  trata  sólo  de  reducir,  de  sacar  una  parte  extraña  (descongestionar  y  depurar);  se  trata,  sí,  de terminar, de acabar, de suprimir, de extirpar el  mal  (liquidar).  Y  el  legislador no puede ser entendido tan ingenuo como para  creer  que  pensaba  en erradicar el mal en su totalidad pero dejar por fuera el  juicio,  menos  si  se  recuerda que en los antecedentes quedó claro que en tal  parte    del    proceso    se    hallaba   lo   más   difícil   en   tema   de  congestión.   

Este ejercicio no es gratuito. No se trata de  leer   por  leer  Diccionarios.  Se  trata  de  cumplir  los  mandatos  legales,  específicamente,  en este caso, el artículo 28 del Código Civil, pues como el  Código  de  Procedimiento  Penal  no  define  descongestión,  depuración,  ni  liquidación,  estas  palabras  deben  ser  entendidas  en  su sentido natural y  obvio,  según  el  uso  general de ellas. Y el Diccionario es quien seguramente  mejor aporta  ese uso.   

5.      De      los     antecedentes de las reformas resulta que  la   congestión   judicial   se   halla   más   marcada   en  el  juicio. Eso se dijo por los creadores de  los  proyectos  y  se  reiteró en el Congreso de la República. Si se admitiera  que  la  ley  previó  la  descongestión,  la  depuración y la liquidación de  procesos   en  la  instrucción,  dada  la  congestión  de  la  fiscalía,  con  mayor  razón  habría que  admitirlas  en el juicio. Es  lo    que    denominan    argumento    a   fortiori  (ratione),  de  acuerdo  con el cual un precepto debe  ser  aplicado  aún en los casos que no aparecen contemplados por el legislador,  cuando  existen  para ello razones más poderosas que las que han determinado su  establecimiento en un caso especial.   

Si fuera cierta la claridad del artículo 531  para  arribar  a  la  conclusión  de  que  toca solamente a la instrucción, se  impondría, entonces, el argumento mencionado.   

6.  Como  se  sabe,  en el juego de reglas y  excepciones,          éstas          deben          estar          expresamente establecidas, como lo hace,  por  ejemplo,  el inciso 3º del artículo 531, al sustraer de la posibilidad de  prescripción   y  caducidad  las  investigaciones  clausuradas  y  determinados  delitos.  Sin  embargo,  la  norma no establece una regla, vgr., prescripción y  caducidad,  y  a  renglón  seguido exceptúa el juicio. Todo lo contrario: fija  una  regla,  prescripción  y caducidad, que comprende diligencias preliminares,  instrucción  y  juicio.  Fácil  le habría quedado al legislador sustraer, por  excepción, los casos ya en estado de juicio. Pero no lo hizo.   

7.  Aprobado  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  penúltimo  inciso  del  artículo 531 aludía a los casos previstos  “en  el  inciso  anterior”. El propio legislador corrigió el yerro mediante  el  Decreto  2770 del 2004, que en su considerando número 30 dijo: “Que en el  inciso  4º  del  artículo  531  de  la  Ley  906 de 2004 se incurrió en error  tipográfico  al  referir en singular la expresión “en el inciso anterior”,  cuando  lo  correcto  es  “en los incisos anteriores” porque al señalar una  función    a    fiscales    y    jueces,  necesariamente  remite  a  los  incisos anteriores”. Y ello es  lógico,  pues  si el inciso 4º mirara exclusivamente el anterior, la remisión  sería  solamente  a  las  hipótesis de instrucción, con lo cual quedaría por  fuera  la  fase  de juicio. Al enmendar y dejar el reenvío en plural, el inciso  4º  comprende  también  el  inciso  1º  y  éste, como se dijo,  incluye  procesos  en  instrucción  y  en  juicio,  sencillamente  porque  si el legislador no distingue, tampoco lo  puede hacer el intérprete.   

8.   Si   el   artículo   531   generara  incertidumbres,  bastaría  acudir  al  principio  in  dubio  pro  reo interpretativo, de acuerdo con el cual  ante   la  perplejidad  hermenéutica  prima  la  interpretación  a  favor  del  procesado.   

9. Para culminar, si hubiera dudas, vuélvase  al  Código Civil, a su artículo 32: “En los casos a que no pudiera aplicarse  las  reglas de interpretación anteriores, se interpretarán los pasajes oscuros  o   contradictorios   del   modo  que  más  conforme  parezca  al  espíritu  general de la legislación y a  la         equidad         natural”.   

Uno  de los comisionados más asiduos de los  estudios  modificatorios  del  sistema  procesal,  y  desde  hace  tiempos, dijo  –con  palabras que no ha  objetado  ninguno  de los creadores de la nueva legislación- que se buscaba que  la  reforma iniciara su aplicación con carga procesal  cero,   es   decir,   con  fiscales  y  jueces   que   se   estrenan   en   la  investigación  y  conocimiento  de hechos delictivos sucedidos a partir del 1º  de  enero  de 2005 (Mauricio González Cuervo. Sistema  penal  acusatorio:  una  política criminal para la lucha contra la impunidad en  un  marco  reforzado  de derechos. En “Nuevo Código  de  Procedimiento Penal. Ley 906 de 2004”. Bogotá, Corporación Excelencia en  la Justicia, Tomo IV, 2004, página 35).   

Si    ese    fue    el    espíritu  del legislador, la conclusión  es  elemental: toda la justicia, en investigación o en juicio, debe acudir a la  prescripción.  Aparte  de  lo anterior, no tendría sentido descongestionar una  parte y dejar atiborrada otra.   

Y  si  la  equidad  natural  es  aquella que esencialmente se funda en la  igualdad,  no se ve motivo  para  decir  que  los  “investigados”  pueden  ser objeto de prescripción y  caducidad  y  que los “enjuiciados” no. Y menos si se tiene en cuenta que el  procesado  no  es  responsable  de hallarse en instrucción o en juicio pues que  esté  en  una  u  otra  fase  del  proceso  depende,  entre otras cosas, de las  posibilidades  de  trabajo  y  de la mayor o menor agilidad de fiscales y jueces  para  el  día  1º de septiembre del 2004. No se puede decir, entonces, que una  decisión       cronológica      –momento   de   la  vigencia  de  la  nueva  ley-  haya  establecido  diferencias  entre  unos  y  otros para beneficiar a los primeros y perjudicar a  los  otros. Mejor dicho, en casos como este no es viable afirmar que no se viola  la  igualdad  porque  esta  se predica sólo de personas en la misma situación,  mientras la ley diversifica: sindicados y juzgados.   

La Corte, entonces, ha debido pronunciarse de  fondo sobre este punto.   

         

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

21. 4. 2006.  

    

1  Folios 5-13 del cuaderno de la Corte.   

2  Casación 20946 de 13 de agosto de 2003.   

3 Ley  599 de 2000.   

4  Decreto 100 de 1980.   

5  Casación 22263.     

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