23918(22-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23918   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 071  

         

Bogotá D.C., veintidós (22) de septiembre de  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JAIME  HERNÁN  ENCISO HERNÁNDEZ contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Cundinamarca de fecha febrero  11  del  año  en curso, por cuyo medio confirmó la condenatoria dictada por el  Juzgado  Único  Penal  del Circuito de Villeta, que lo condenó por los delitos  de  triple homicidio agravado, tentativa de homicidio, hurto calificado agravado  y  porte  ilegal  de armas de defensa personal y de uso privativo de las Fuerzas  Armadas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia las 10:00 p.m. del 13 de abril de 2002,  varios  sujetos vestidos con uniformes de uso privativo de las Fuerzas Militares  y  provistos de armas, también de uso exclusivo de estas últimas, y de defensa  personal,  incursionaron  en  la  finca “La Esperanza”, ubicada en la vereda  “Champaima”  del  municipio  de  Villeta,  en  donde obligaron a salir a sus  moradores,  procediendo a ultimar a Noé Ávila Enciso,  Israel  Ávila  Enciso  y al joven de 14 años de edad  para  ese  entonces  Andrés Romero Ávila,     tras     haberlos     golpeado     con     elementos     corto  contundentes.   

Del   lugar  logró  emprender  la  huída  José  Noé Ávila Romero, no  obstante  haber  recibido  dos  disparos  en  su  humanidad. Posteriormente, los  victimarios  ingresaron  al  inmueble  y  sustrajeron  una suma superior a los $  14.000.000,oo  que  encontraron en dinero efectivo.  Los sobrevivientes del  ataque  sindican,  entre  otros, a JAIME HERNÁN ENCISO  HERNÁNDEZ,  de  formar  parte  del  grupo  armado que  llevó              a              cabo              las              ilicitudes  referidas.            

Con  fundamento  en  los  hechos anteriores,  inicialmente  se  dispuso  investigación previa y luego se decretó la apertura  formal  de  instrucción,  en  cuyo marco fueron vinculados mediante indagatoria  Fredy      Santos      Ordóñez      y  Willinton  Galindo  Romero,   a  quienes  se  definió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva.   

Clausurada la investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  el 23 de agosto de 2002 con resolución de preclusión de  investigación  a  su  favor.  El 26 de septiembre siguiente, se dispuso la  expedición  de  copias  a  efecto de establecer la identidad de los sujetos que  intervinieron  en  los  hechos  delictivos,  motivo  por  el  cual se ordenó la  apertura  de  investigación preliminar y, posteriormente, la apertura formal de  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  se  escuchó  en indagatoria a JAIME  HERNÁN  ENCISO  HERNÁNDEZ, a quien  se  le  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  los  delitos  de homicidio, tentativa de homicidio,  hurto  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo de las fuerzas  militares.     

  Una vez cerrada la investigación, se  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra del  procesado  por  los  delitos  de  “homicidio agravado  víctimas  Israel  Avila  Enciso,  Noe  Avila  Enciso  y  Andrés  Romero Avila;  tentativa  de  homicidio  víctima  José  Noe  Avila Romero; hurto calificado y  agravado;  y  porte  ilegal  de armas de defensa personal y uso privativo de las  fuerzas    militares,    en    concurso   heterogéneo   sucesivo”.     

Ejecutoriado  el  calificatorio,  el proceso  correspondió,  para el trámite de la fase de la causa, al Juzgado Único Penal  del  Circuito  de  Villeta  despacho  que,  luego de surtido el trámite de ley,  dictó  sentencia  el  9  de  julio  de  2004  por cuyo medio condenó al único  procesado  a  la  pena  principal de treinta y ocho (38) años de prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por veinte (20) años y al pago de perjuicios morales ocasionados con  los  ilícitos,  al  hallarlo responsable, en calidad de coautor, de los delitos  por      los      cuales      se      le      profirió      resolución      de  acusación.             

Contra  la  decisión  adversa,  interpuso  recurso  de apelación el defensor del procesado, sobre el cual se pronunció el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  11  de  febrero  del  año  en  curso,  confirmando la sentencia impugnada.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  la  defensa del procesado interpuso recurso extraordinario de casación, el cual  se   sustentó   mediante   demanda,   sobre   cuya   viabilidad   se  ocupa  la  Sala.   

LA DEMANDA  

       

Con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación,  el  defensor  del  procesado  formula  un  cargo contra la sentencia  impugnada,  al  considerar  que  incurre  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial   “por   aplicación   indebida  de  los  artículos  103,  104  (numerales  2  y  7),  240  (numeral  4,  inciso  2), 241  (numerales  4  y  10),  365  y  366  del  Código Penal, en concordancia con los  artículos  27  y 31 ibídem, y por falta de aplicación del artículo 7 (inciso  2°)  del  Código  de Procedimiento Penal (In dubio pro reo), proveniente de un  error  de  hecho,  por  falso  juicio de existencia, con relación a un medio de  prueba,  y por falso raciocinio, en la apreciación individual de unos medios de  prueba y en su apreciación conjunta”.   

Comienza  por  señalar el recurrente que la  resolución  de  acusación  para sustentar la probable autoría de su defendido  se  basó  en  las  declaraciones  de José Noé Ávila  Romero,  Magola  Romero de Avila, Fabián Avila Avila y  de   Yazmín   Novoa,  así  como    en  la  prueba  indirecta de las amenazas.   

Por  su  parte,  agrega,  el  Tribunal sólo  acogió  los  testimonios  de José Noé Ávila Romero  y      de     Yazmín  Novoa, más el indicio de amenazas.  En cuanto al  dicho   de   Magola   Romero   de   Avila  se le negó credibilidad en la sindicación que efectuó contra el  procesado,  pero  se le otorgó en relación con las amenazas precedentes;   por  su  parte, la declaración del menor Fabián Avila  fue ignorada, pues la única referencia que se hace de  ella es por intermedio del testimonio de su progenitor.   

Precisamente,  con  respecto  a esta última  probanza,  indica  que  “Como ya lo expresamos, esta  versión  no  fue tenida en cuenta en la sentencia de segunda instancia, pero si  en  la de primera, que la tomó parcialmente, pero nuestro reproche no radica en  que  ha  debido  tenerse en cuenta para otorgarle mérito, pues es absolutamente  increíble,  ya  que para el más desprevenido de los observadores aparece obvio  que  falta  a  la  verdad,  como  quiera  que conforme al sentido común y a las  reglas  de la experiencia ningún asaltante va a quitarse el embozo para dejarse  identificar,  sin  ninguna necesidad, y dejar viva a la persona que lo reconoce,  ni  a  llamarse  por  sus  nombres”.   Además,  indica,   si   como  lo  dice  este  deponente  ENCISO  HERNÁNDEZ  iba  encapuchado, cómo podría percatarse  que  pasó por detrás de la casa, a lo que se suma que tampoco es cierto que su  abuelo  hubiera  recibido  un disparo en la frente, pues tal hecho lo desvirtúa  la necropsia.   

De ese modo, insiste en que esta declaración  ha  debido  tenerse  en cuenta para su apreciación en forma mancomunada con los  demás  medios  de  convicción,  lo que hubiera permitido colegir que todos los  testigos  presenciales  de  los  hechos,  miembros  de  una  misma  familia, dan  versiones   disímiles  sobre  los  autores  “porque  ninguno  los  logró  identificar  y, en consecuencia que a ninguno se le debió  otorgar  mérito”,  circunstancia  que  determina la  absolución de su patrocinado.   

En el siguiente aparte, precisa el actor que  en   la   sentencia   de   primera   instancia  al  testimonio  de  Magola  Romero  de  Avila, cuando advirtió  que  HERNÁN  ENCISO y otros  individuos  no  intervinieron  en los hechos, se le interpretó en el sentido de  que  no  es  que hayan sido ajenos a ellos, sino que no fueron los encargados de  disparar   sobre  las  víctimas  y,  respecto  de  la  declaración  del  menor  Fabián  Avila, se omitió lo  referente  a  que, según él, fue Hernán quien                disparó                sobre                su  abuelo.            

Por  su  lado,  en  la  sentencia de segunda  instancia  a  la primera prueba en mención se le negó crédito en lo referente  a  que  no  participaron las personas señaladas y particularmente el procesado,  mientras  que  “la  declaración de Fabián Avila se  soslaya            totalmente”.          

Sostiene,  a  continuación,  que de haberse  apreciado  las declaraciones de Noé Avila y  las  dos últimas referidas “aplicando  los  principios  de  la  lógica  y  dadas las protuberantes diferencias, se les  habría  negado  toda  credibilidad,  lo  que configura error de hecho por falso  raciocinio,  como  que  la  unidad  de  apreciación  probatoria  es  uno de los  aspectos de la sana crítica”.   

Además,  en  sentido  contrario  a  lo  que  sostiene  el  Tribunal,  las  imprecisiones  de  sus  dichos  no  son menores ni  accidentales,      son     mayúsculas,     de     modo     que     “aplicando  elementales  principios  de  lógica  probatoria,  han  debido       llevar      a      su      desestimación      total”.   

Así,    al   relato   de   Magola   Romero   de  Avila  se  le  niega  credibilidad  en  cuanto  a la presencia del acusado a la hora en que ocurrieron  los   hechos,  pero  a  José  Noé  Avila  se  le  otorga  en  ese  sentido,  advirtiendo  que  estuvo en dos  oportunidades  en  dicho  lugar; la primera, con los ejecutores de la conducta y  la  segunda,  dos horas después. Este testigo, adicionalmente, incurre en otras  contradicciones  de fondo, como señalar que Noé Avila  recibió  un  disparo  en  la cabeza cuando el acta de  necropsia desmiente ese aserto.   

Igualmente,  este  deponente  en  su primera  versión  sostuvo que el procesado sólo fue al lugar de los hechos una vez y en  su  ampliación  adujo  que  en  dos  oportunidades,  a lo que se suma que no es  creíble    que    haya    podido    reconocer    al    sindicado    si   estaba  encapuchado.   

Así  mismo,  advierte  que  al  otorgarle  crédito  a  la  declaración de la menor Yazmín Novoa  Avila,  de  10  años  de  edad,  se desconocieron las  reglas  de  la  sana  lógica  y de la experiencia  común, pues no resulta  acorde  con ellas que los autores se hubieran retirado sus embozos y se hubieran  llamado  por  sus  nombres,  lo  que  no  es normal en las personas que integran  este  tipo de grupos.   

Por   consiguiente,   colige   que  en  la  valoración  individual  de  la  declaración  de José  Noé  Avila y de Yazmín Novoa  “se   desconocieron  los  principios  de  la  lógica  y  la  reglas de la experiencia común, y que no se  efectuó  la  apreciación  conjunta del testimonio de aquél con los de Fabián  Avila  y  Magola  Romero,  de  modo  tal  que  si tales desatinos no se hubieran  cometido,   ningún   mérito   se   les   habría  otorgado,  en  cuanto  a  la  presencia      del  acusado  a  la hora y en el lugar de los  hechos,  o  por  lo menos, se hubiera reconocido la duda sobre su participación  en los mismos”.   

Ahora  bien,  como  el  otro  elemento  que  fundamentó  la  condena, esto es, el indicio de amenazas, no es suficiente para  mantenerla,       concluye       que       su       defendido      debe      ser  absuelto.                            

Corolario de lo anterior, solicita se case el  fallo  y,  en  su  lugar,  se  absuelva a JAIME HERNÁN  ENCISO  HERNÁNDEZ  de  los  delitos  por  los que fue  acusado.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

La  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del procesado JAIME HERNÁN ENCISO HERNÁNDEZ  no cumple  los presupuestos formales previstos en  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  vigente  para el momento en que  ocurrieron  los hechos (abril 13 de 2002) y para cuando se profirió el fallo de  segundo  grado  (febrero  11 del año en curso), motivo por el cual la decisión  que  corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitirla, de conformidad con el efecto  señalado en la siguiente disposición del mismo ordenamiento.   

A  la  anterior  conclusión  se  llega  de  conformidad  con  las   razones que a continuación se exponen y que surgen  luego  de  confrontar la demanda con el fallo de segundo grado y con el proceso:   

1. El demandante invoca la causal primera de  casación  por considerar que la sentencia incurre en violación indirecta de la  ley  sustancial  a  consecuencia  de  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  y  de raciocinio, pero en realidad no desarrolla una propuesta afín  con la naturaleza y esencia de estos yerros.   

De    conformidad   con   la   pacífica  jurisprudencia  de la Sala sobre el particular, se tiene que se incurre en error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión -modalidad que invoca el  demandante  en  primer  lugar,  porque  a  su  juicio  se ignoró en el fallo de  segunda  instancia  el  testimonio  del  menor  Fabián  Avila-  cuando  el medio de prueba es pretermitido por  el  sentenciador  a pesar de existir materialmente en el proceso y ser relevante  de  cara a lo declarado en el fallo en perjuicio del interés que se representa,  tarea  que implica, si es el caso (cuando la sentencia está sustentada en otras  pruebas),  efectuar  una  labor  de cotejo con esos restantes medios de prueba a  fin  de  establecer que no son suficientes para mantenerlo, pues en el evento de  que  ello  se  vislumbre,  es claro que la censura carece de trascendencia y, en  consecuencia,    no   fructifica   la   crítica   emprendida.      

Por  su  parte, cuando se trata de demostrar  errores  en la apreciación probatoria por desatención de las reglas de la sana  crítica,  el  demandante  está  compelido,  ante todo, a identificar la prueba  sobre  la  cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito que se le otorgó  al  medio de convicción en la sentencia, a la vez que debe señalar cuál es el  postulado  de  la  sana  crítica  que en su criterio fue vulnerado, esto es, el  principio  lógico,  la  máxima  de  la  experiencia  o  la  regla  científica  quebrantada.   

Acto seguido, debe vincular esa apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando  en dónde radica el desvío y, finalmente,  está  en  la obligación de precisar la trascendencia del error frente a la ley  sustancial,  lo cual impone indicar los argumentos que conducen a estimar que la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en favor del interés que representa,  como         consecuencia         necesaria         del         error        que  alega.           

          De  acuerdo  con lo anterior, se colige que los reparos que efectúa  el  actor  al  pregonar  que  se concretaron los aludidos errores de valoración  probatoria, no cumplen con los presupuestos indicados.   

          Comiéncese  por  indicar  que, si bien es cierto el sentenciador de  segundo  grado  se  sustrajo  a  valorar  el  testimonio  del menor Fabián  Avila, fácilmente se constata que  dicha   probanza   efectivamente  fue  ponderada  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  hecho  que  hasta  el  mismo  demandante reconoce cuando señala que  “como  ya lo expresamos, esta versión no fue tenida  en  cuenta  en  la sentencia de segunda instancia, pero si en la de primera, que  la  tomó  parcialmente”.  Bajo ese presupuesto  es  imposible  concebir  el  yerro por falso juicio de existencia que postula el  actor,  habida  cuenta  que  los  dos fallos en cuestión, en cuanto toca con la  responsabilidad  del  sindicado  JAIME  HERNÁN ENCISO  HERNÁNDEZ,  cuya  situación no fue modificada por el  ad-quem, conforman una unidad  jurídica  indisoluble  y,  en  esa medida, no resulta razonable colegir que las  pruebas  valoradas por uno u otro juzgador se dejaron de apreciar, cuando lo que  sucede        realmente       es       que       sus       fundamentos       son  complementarios.                

          En  segundo  lugar,  el  casacionista pretexta un error de hecho por  falso  raciocinio  respecto de las demás pruebas testimoniales sobre las cuales  el  sentenciador  sentó  el  reproche de responsabilidad contra su defendido, a  saber,    las    declaraciones    de    José   Noé  Avila, la menor Yazmín Novoa  y    de   Magola   Romero  Avila   que,   a  su  juicio,  de  haberse  apreciado  conjuntamente    con    la    del    menor    Fabián  Avila,  dadas  las contradicciones que exhiben, a cuyo  señalamiento  prácticamente  se  limita  el  único reparo propuesto, habrían  determinado   el   proferimiento   de  sentencia  absolutoria  en  favor  de  su  representado.   

Esa actitud, se reitera, no compagina con la  esencia  del error que se invoca, porque simplemente devela la intención de que  se  valoren  dichas  probanzas  acorde  con su criterio personal y salvo referir  constantemente  que  el  juicio  del  fallador es contrario a la lógica y a las  reglas  de la experiencia, con precisión no señala cuáles postulados sobre el  particular  se  quebrantaron,  pues para ello es menester, como ya se advirtió,  su  enunciación,  verificación  para  el  caso concreto y determinación de su  incidencia.   

La única referencia concreta que al respecto  efectúa  el  libelista  surge  cuando  aborda  el  cuestionamiento  al  mérito  concedido  a  la  atestación de la menor Yazmín Novoa  Avila,  quien  para  el  momento en que ocurrieron los  hechos  se escondió debajo de una de las camas de la vivienda, desde donde pudo  reconocer  a  algunos  de  los  integrantes  del  grupo  agresor, entre ellos al  procesado,  cuando  se  despojaron  de  sus  “embozos” y se llamaron por sus  nombres,  lo  que para el casacionista no se compadece con la lógica y la regla  de  la  experiencia  común  consistente en que los individuos que integran este  tipo  de  grupos  no  se  descubren  y utilizan sobrenombres con el objeto de no  permitir su identificación.   

Pero, mas que poner en evidencia una posible  desatención  a  las  reglas  de  la  lógica o de la experiencia, el reparo del  actor  se  orienta  a exponer su disparidad personal frente al mérito que se le  concedió  a  la  declaración  de  la  infante, porque sin dificultad alguna se  aprecia  que  la  supuesta  regla  que  enuncia  no  reúne  la  pretensión  de  universalidad  que  se  exige ni es una regla construida con criterio absoluto e  inmutable,   de  acuerdo  con  lo  que  reiteradamente ha sostenido la Sala  cuando       ha       abordado      el      tema1,   al   dejar  por  fuera  de  análisis  circunstancias  debidamente  demostradas  en  el proceso que pudieron  determinar  un  comportamiento distinto al que considera normal por parte de los  victimarios,  a las cuales se hizo alusión en los fallos de instancia, pero que  el casacionista omite referir.        

De lo expuesto se desprende que la verdadera  inconformidad  del  demandante prácticamente se reduce a tomar distancia frente  al  juzgador  en  el  sentido  de que las imprecisiones que ostentan las pruebas  testimoniales  son “menores”, mientras que para él son “mayúsculas” y,  por  esa razón, se dedica a confrontar las aseveraciones de los testigos con lo  que  revelan  otras  pruebas, especialmente con lo consignado en el protocolo de  necropsia  sobre  la  ubicación  de  las  heridas  infligidas a los occisos y a  resaltar  las  contradicciones  entre  sus dichos, con lo cual pone en evidencia  que  su  propuesta  no vas más allá de disentir de la valoración que a dichas  probanzas  confirió  el  juzgador,  máxime  cuando  éste  no  fue  ajeno a la  presencia  de  tales  imprecisiones, solo que estimó no cuentan con la magnitud  suficiente para restar mérito a los testimonios.     

Como  en  forma  pacífica y reiterada lo ha  sostenido  la  Sala,  la  pretensión  de  anteponer  un  criterio  personal  de  valoración  al que a su vez expuso el sentenciador, se aparta de la esencia del  recurso   extraordinario  y  tiene  arraigo  exclusivamente  en  las  instancias  ordinarias  de la actuación;  además de que se torna en una demostración  distante  con  la  que  corresponde  cuando  se  alega que el juzgador realmente  incurrió  en  un  yerro  en  la  apreciación  de los medios de persuasión que  soportaron su decisión.   

Adicionalmente, desconoce que el fallo arriba  a  esta  sede  amparado por las presunciones de acierto y legalidad, de modo que  los  argumentos  que  lo fundan prevalecen sobre el criterio personal que expone  el  demandante.   Así  las  cosas,  el  único medio viable para lograr el  decaimiento  del  fallo  por la causal primera, cuerpo segundo, es demostrar que  efectivamente   se  incurrió  en  un  error  en  la  valoración  probatoria  y  ciertamente  ello nada tiene que ver con la exposición de un criterio subjetivo  acerca de cómo se cree debieron ser estimadas.      

Así las cosas, razonable se impone concluir  que  en  tanto  el reproche no desarrolla una propuesta compatible con la causal  invocada,  ello  se  constituyó en insalvable escollo que impide inferir con la  indispensable  claridad  y  precisión, exigidas en el numeral 3° del artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, el motivo que se invoca en procura de la casación  del  fallo  impugnado,  razón  por la cual se impone su inadmisión   y  la  devolución  del  expediente  al  despacho   de  origen,  tal  como  lo  señala  el  artículo  213  ibídem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de JAIME HERNÁN ENCISO  HERNÁNDEZ, por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Al  respecto,  véanse  sentencias del 21 de noviembre del 2002, M. P. Jorge Aníbal  Gómez  Gallego,  rad.  16.472  y  el  de  6 de agosto de 2003; M.P. Dr. Álvaro  Orlando Pérez Pinzón, rad. 18626.      

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