23868(06-04-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23868  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 30  

Bogotá D. C., seis (6) de abril de dos mil  seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación discrecional presentada por el procesado JAIRO  LEÓN  GARZÓN  ROCHA,  quien  es  abogado, condenado por el delito de lesiones personales agravadas.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Se investigó  al    señor    JAIRO   GARZÓN   ROCHA  por  el  delito  de LESIONES PERSONALES  DOLOSAS  cometido  en la humanidad de la señora ROSA  MARÍA  ROMERO  GORDON,  en hechos acaecidos el 4 de septiembre de 1992 a eso de  las  11:30 de la noche, en el que se produjo una discusión con el señor RAFAEL  MANUEL  IGUARÁN QUINTERO, quien se desplazaba en el Renault 9 con su nuera ROSA  MARÍA  ROMERO GORDON, su nieta KAREN LORENA IGUARÁN y CLAUDIA DE LUQUE, por la  obstrucción  de  la  vía  que  hacía  el vehículo colectivo que conducía el  señor    JAIRO    GARZÓN    ROCHA    en  la  calle  72  con  carrera 49 de Barranquilla, porque momentos  antes   había   colisionado   con   un   taxi,  discusión  que  dio  lugar  al  enfrentamiento  con  trompadas  y patadas, hasta el punto que el señor IGUARÁN  QUINTERO  sacó  una  varilla  de  su  carro,  pero  fue  persuadido para que se  calmara,  accediendo  a  ello y cuando iba por la calle 72 con carrera 50 se vio  sorprendido  con  una piedra que lanzaron al vidrio panorámico que lo rompió y  dio  blanco  en la humanidad de la señora ROSA MARÍA  ROMERO  GORDON,  que  le  causaron  lesiones  que  le  produjeron  una incapacidad definitiva de 30 días y perturbación funcional del  órgano  de  la  aprehensión de carácter permanente, investigándose por estos  hechos  al  señor  JAIRO  GARZÓN  ROCHA”.   

2.  El Juzgado Sexto Penal Municipal de  Barranquilla,  mediante  sentencia  fechada  el  4  de junio de 2004, condenó a  Jairo León García Rocha a  las  penas principales 32 meses de prisión y multa de $5.000,oo, a la accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena  privativa  de  la  libertad  y  al  pago de los perjuicios, como autor del  delito  de  lesiones personales agravadas (artículos 331, 334, inciso, 2, 339 y  324,  numeral  4°,  del  Decreto  100  de  1980)  imputado en la resolución de  acusación, la cual quedó ejecutoriada el 10 de julio de 2001.   

3.  Apelado el fallo por el procesado,  quien  argumentó  la  existencia  de  una  nulidad  por presunta violación del  derecho  de  defensa y del debido proceso, el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Barranquilla, el 26 de julio de 2004, lo confirmó integralmente, negando al  mismo  tiempo  la invalidación de la actuación. Contra esta determinación, el  sentenciado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  excepcional.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El procesado Jairo  León  García  Rocha,  quien,  como  se  indicó, es  abogado  titulado,  presentó demanda de casación afirmando que los motivos por  los  cuales acude a “este medio excepcional, es para  que  se  preserve  la  garantía  y los derechos fundamentales consagrados en la  Constitución   Política   (art.   29),   debido   proceso   y   derecho  a  la  defensa”.   

Afirma  que  en  la  instrucción  se  le  desconoció  el  derecho  a  la  defensa  técnica,  toda vez que el defensor de  oficio  sólo  estuvo  en  la  indagatoria,  no  presentó  escrito  alguno,  no  solicitó  pruebas  ni  controvirtió  las  existentes, además de que las citas  hechas  en  la  indagatoria  no  fueron  “tenidas en  cuenta  y  sin  embargo  el  ad  quem  dicta  sentencia  en un juicio viciado de  nulidad,    desconociendo   todas   las   garantías   fundamentales”.   

Afirma   que   pretende   “con  esta  impugnación  se  consoliden los criterios entorno a los  derechos   fundamentales   dentro   del  proceso  penal  y  que  se  amplíe  la  interpretación  sobre  los  defensores  de oficio”,  pues  las  garantías  constitucionales  “deben ser  preservados y protegidos por Corte”.   

A  continuación,  luego  de sintetizar los  hechos  y  de  relacionar  la  actuación  procesal,  dentro de la cual hace una  síntesis  de  lo  sucedido  durante los años que ha durado el trámite de este  diligenciamiento,  con  base  en  la  causal tercera de casación, afirma que el  sentenciador  dictó  sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad, toda vez que  incurrió  en  irregularidades sustanciales que afectaron el debido proceso y la  defensa  técnica,  según los numerales 2° y 3° del artículo 306 del Código  de Procedimiento Penal.   

En  el titulo que denominó “Debido   proceso”,  asevera  que  este  derecho  fundamental  se  desconoció desde el comienzo de la actuación, ya que  “no  existió jamás defensa técnica, fue por este  motivo  que  en  diciembre 11 de 1996 se decretó la nulidad de lo actuado hasta  antes   del   cierre   de   la  investigación,  asumiendo  tiempo  después  la  investigación  la  Fiscalía  General de la Nación, ente investigador que nada  hizo  para  corregir  esa irregularidad generadora de nulidad, pues continuó el  proceso  huérfano  de  defensor,  el defensor de oficio nunca intervino ni para  bien ni para mal”.   

Reitera que dicho profesional del derecho no  presentó  escritos,  no  se  notificó de ninguna resolución, ni controvirtió  ninguna  prueba.  Además,  agrega que los funcionarios judiciales hicieron caso  omiso  a  las  citas  que  hizo en la indagatoria, situación que conllevó a la  violación   del  principio  de  investigación  integral,  irregularidades  que  necesariamente  conllevan  a  la  anulación  del  proceso por transgresión del  debido proceso.   

En  seguida,  en  el  acápite  que  llamó  “VIOLACIÓN   AL  DERECHO  DE  DEFENSA”,  nuevamente  reitera  las  afirmaciones,  agregando  que si el  defensor  de oficio hubiese ejercido el cargo en debida forma habría demostrado  su  inocencia,  la  cual se habría consolidado con la solicitud de pruebas y la  corroboración de las citas hechas en la indagatoria.   

Por ello, solicita a la Corte casar el fallo  impugnado  y, por ende, declarar la nulidad desde el momento en que la fiscalía  asumió la investigación.   

Por  último,  pide a la Sala que de no ser  acogidas   sus   argumentaciones,  proceda  a  declarar  la  nulidad  de  manera  oficiosa.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Es evidente que, de conformidad con  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal, sólo procede en este  asunto  el  recurso  de  casación  discrecional,  pues  la sentencia de segunda  instancia  no  la dictó un  tribunal superior de distrito judicial sino el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla, en la medida en que el  procesado  fue  condenado  por  el  delito  de  lesiones  personales  agravadas,  conducta     punible     de     competencia     de    los    juzgados    penales  municipales.   

2.  De  igual  manera,  es  claro  que  el  procesado  Garzón Rocha, en  su  condición de abogado titulado, tiene legitimidad e interés para recurrir a  través  de  esta  vía  extraordinaria  excepcional, según así lo autoriza el  artículo 209 ibidem.   

3.  Así  mismo,  recuérdese que cuando la  casación   se  intenta  por  vía  excepcional,   requiere   no   sólo   que   se   trate  de  una  sentencia   de   segundo    grado    y    que   la   conducta   punible   sea   sancionada  con  pena distinta  a   la   privación   de   la   libertad  o  que   esta    sea    inferior    a   la  pena   exigida   para    la    casación   ordinaria,   sino   que   también   es   preciso  que   el   actor  cumpla   con     la     carga     de    fundamentar    los   motivos    por    los    cuales    considera   se   ha     violado     una    garantía    fundamental    o  porque    se   hace   necesario   el   desarrollo   de   la   jurisprudencia,  pues sólo a esos eventos se restringe  la admisibilidad de esta modalidad  casacional.    

Ahora  bien, en cuanto al presupuesto de la  fundamentación,  la  jurisprudencia  de  la Corte ha sido reiterada y clara que  cuando  se  trata  de  la  violación de un derecho fundamental, el casacionista  está  obligado a desarrollar una argumentación lógica dirigida a evidenciar   el   desacierto,   siendo  imperioso  que demuestre el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de   la   estructura  básica  del  proceso  o  por  violación  de  un  derecho  fundamental,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho  invocado y su concreto conculcamiento con la sentencia.   

Cumplido lo anterior, dado que la casación  es   de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  se  debe  elaborar  la  demanda  respetando  las  reglas  de  formulación, desarrollo y demostración del cargo,  según  la  causal  invocada  y  el  modo  de  violación  de  la ley sustancial  señalado.   

No  obstante, en todo caso, será la Corte,  en  ejercicio  de  su  discrecionalidad,  a  la  que  le corresponde ponderar la  fundamentación  expuesta  por  el libelista, a efecto de decidir si admite o no  el trámite de la casación excepcional.   

4.  En este caso, encuentra la Sala que  si  bien del contexto de la demanda se puede advertir, en principio, cuál es el  motivo  escogido  para  apoyar la casación excepcional, esto es, las garantías  de  los  derechos  fundamentales, también lo es que dicho supuesto se quedó en  el  simple enunciado, habida consideración de que no se ocupó de justificar la  promoción  del  recurso extraordinario de casación, esto es, no le demostró a  la  Corte,  de  manera  fundada,  clara  y  concreta, los motivos por los cuales  considera  que  se  han  conculcado  tanto  el debido proceso como el derecho de  defensa,  limitándose,  de  manera  confusa,  a afirmar que desde el inicio del  proceso  el  defensor  de  oficio  no se notificó de ningún auto, no solicitó  pruebas  ni  controvirtió  las existentes, además de que no se verificaron las  citas que realizó en la indagatoria.   

   

Como puede observarse, el libelista confunde  los  dos motivos de nulidad, a saber, el quebrantamiento del debido proceso y el  derecho  de  defensa,  sin  percatarse  que  si  bien  el  segundo se deriva del  primero,  han  sido  claramente  diferenciados  por  la ley y la jurisprudencia,  razón   por   la   cual  su  vulneración  amerita  postulación  y  desarrollo  autónomos,  pues  mientras  el primero es un vicio de estructura, el segundo es  de  garantía, sin descartar que hay irregularidades que al mismo tiempo afectan  los  dos derechos, pero, como se indicó, sin que evidencie que este caso sea un  de ellos.    

Así  mismo,  sin  acatar  el  principio de  trascendencia  que  rige,  entre  otros,  la  declaratoria  de las nulidades, no  evidencia  el  vicio  que acusa, es decir, no muestra cómo de haber intervenido  el  defensor  en  la  práctica  de  pruebas,  o  controvertido las existentes o  haberse  notificado  de  las  providencias,  el  fallo  impugnado  hubiera  sido  distinto y favorable a sus intereses.   

Tampoco dice cuáles fueron las pruebas que  no  se  solicitaron, ni su conducencia, pertinencia y utilidad y, especialmente,  su  trascendencia,  que  no emana de la prueba en sí misma considerada, sino de  su  confrontación  lógica  con los elementos de convicción que sustentaron el  fallo,  de  modo  que  se evidencie que de haberse practicado la orientación de  éste  hubiera  sido  distinta, por lo que la única manera de remediar el vicio  es invalidado lo actuado para que se aduzcan.   

Además,   tampoco   hizo   el   más   mínimo   esfuerzo  para  conectar  la  presunta  omisión  en  la práctica de pruebas con la alegada transgresión del  debido   proceso   como   motivo   para  acceder  a  la  casación  excepcional.   

Y  tal  omisión  demostrativa  cobra mayor  fuerza  cuando  el  libelista  no  dedicó  argumentación  alguna  tendiente  a  demostrar  cómo,  no  obstante  haberse  declarado  en  pretérita  ocasión la  nulidad  de  todo  lo actuado hasta el cierre de la investigación por razón de  la  falta  de  defensa  técnica,  no  se  materializó  la protección de dicho  derecho  fundamental,  es  decir,  no evidenció cómo después de invalidada la  actuación  su  defensor  continuó  en la actitud omisiva al punto de generarse  nuevamente  la  lesión  de  la  garantía fundamental enmendada a través de la  citada nulidad (11 de diciembre de 1996).   

De  otro  lado,  si  bien  es cierto que la  inconformidad  del actor se sustenta en la supuesta violación de sus garantías  fundamentales,  también  lo  es  que el discurso sufre un abrupto cambio cuando  afirma  que  “pretendo  con  esta  impugnación  se  consoliden  los  criterios  en  torno  a  los  derechos fundamentales dentro del  proceso  penal,  que  se  amplíe  la  interpretación  sobre  los defensores de  oficio”,   aseveración   que   pareciera   estar  relacionada  con  el  otro  motivo  que fundamenta la casación discrecional, es  decir, el desarrollo de la jurisprudencia.   

Sin  embargo,  dicho  motivo  casacional se  quedó  en  la  simple  enunciación,  pues  olvida  el actor que cuando la vía  elegida  es la necesidad del desarrollo de la jurisprudencia, se debe manifestar  si  lo  pretendido  es  la  actualización  de  la  misma,  la  unificación  de  posiciones  encontradas  sobre  el particular o el pronunciamiento sobre un tema  aún  no  desarrollado,  exponiendo  una argumentación lógica que demuestre de  qué  manera  la  decisión  demandada de la Corte frente al punto que estima se  debe  clarificar  presta  el  doble efecto de solucionar adecuadamente el caso y  servir  de  guía  como  criterio auxiliar de la actividad judicial, parámetros  que éstos que no cumplió.   

En  consecuencia,  como  se advierte que el  peticionario  deja  huérfano el desarrollo de las tesis que lo motivó a acudir  a     esta    vía    extraordinaria    y    excepcional,    la    demanda    se  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por   el  procesado  abogado   JAIRO   LEÓN   GARZÓN   ROCHA.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                             ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                           JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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