23838(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23838  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No. 54                                          Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  seis  de  julio de dos mil  cinco.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  de  la  señora  Carmen   Marina   Páez   Rodríguez,   contra  las sentencias de 24 de marzo de 1999 y 20 de enero de 2000,  mediante  las  cuales  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Tunja, y el  Tribunal   Superior   de   ese   Distrito   Judicial,  condenaron  a    Elena  Arias  Rodríguez a la  pena  principal privativa de la libertad de 13 años y 4 meses de prisión, como  autora responsable del delito de homicidio.   

Antecedentes.   

1.  El 17 de octubre de 1997, alrededor de la  una  de  la  mañana, en el inmueble marcado con el No.22-39 de la carrera 14 de  la  ciudad  de  Tunja,  se  escucharon  varias  detonaciones  de  arma de fuego,  provenientes   de   la   segunda   planta  de  la  edificación,  donde  vivían  Elena   Arias   Rodríguez  y  José  Mauricio  Páez  Rodríguez,  junto con su pequeña hija Laura Patricia.  Alertadas  las autoridades sobre lo ocurrido, acudieron al lugar, hallando en la  cama  principal  el  cuerpo  sin vida de José Mauricio  Páez  Rodríguez.  La Fiscalía inició investigación  contra    Elena    Arias   Rodríguez   y la acusó por el delito de homicidio agravado.   

2. Mediante sentencia de 24 de marzo de 1999,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Tunja condenó a la procesada a la  pena  principal  de  13  años y 4 meses de prisión, por el delito de homicidio  agravado,  en  estado de ira. Apelado este fallo por la defensa, el Fiscal de la  causa,  el  apoderado  de  la  parte civil y el Procurador Judicial, el Tribunal  Superior,  mediante  el  suyo  de  20 de enero de 2000, lo confirmó con algunas  modificaciones  en relación con la condena al pago de daños y perjuicios, y la  pena accesoria de suspensión de la patria potestad.   

3.   Contra  esta  decisión  recurrió  en  casación  la  defensa,  pero  la  Corte,  mediante auto de 16 de julio de 2002,  inadmitió la demanda por defectos de forma.   

La         demanda.   

El  abogado justifica el interés para acudir  en    revisión    afirmando    que    su   poderdante,   señora   Carmen  Marina Páez Rodríguez, es hija de  Blanca  Rodríguez  de  Páez,  hoy  fallecida,  quien fue reconocida como parte  civil  en  el  proceso  cuya revisión se solicita, en condición de madre de la  víctima.   

Sobre  este  supuesto,  solicita  a  la Corte  ordenar   la   revisión  del  fallo  dictado  contra  la  señora  Elena  Arias  Rodríguez, con el fin de que  sea  modificado  en  relación  con  el quantum de la pena, y con el monto de la  indemnización  decretada  a  favor  de  la  madre de la víctima, para que sean  aumentadas.  Como  causales  de  revisión  aduce  todas  las  que  contiene  el  artículo  220  del  estatuto  procesal,  pero  “en especial” la cuarta, por  “fallo determinado por conducta típica del Juez”.   

Explica  que  la  investigación  probó  la  autoría  de  la  señora Elena Arias Rodríguez en la muerte de su esposo José  Mauricio  Páez Rodríguez, no obstante haber negado siempre su responsabilidad.  Si  ello es así, ¿cómo es que una persona que no ha confesado, y que reclamó  ser  ajena  el  delito,  obtenga  de  manera  gratuita  el  reconocimiento  de  una  atenuante  (ira e intenso  dolor) no solicitada?   

Se dirá que la prueba indiciaria obtenida de  las  relaciones  tortuosas  que  la  acusada  mantenía  con  la víctima, y sus  demostraciones  de celos incontrolables frente a la  conducta edificante de  su  esposo,  permitían  deducir  la atenuante de la ira e intenso dolor. ¿Pero  acaso  por  la misma vía, la de los indicios, no resultan igualmente deducibles  circunstancias  de  agravación  punitiva?  ¿Por  qué  no  fueron  tenidas  en  cuenta?   

La  duda  razonable  solo  es  aplicable para  efectos  de  la  sentencia, “no para estimar, como en el caso presente, que se  puede  escoger  la  vía  de  una  atenuante de responsabilidad, existiendo como  existen   las   mismas   razones   para   estimar   agravantes   de   esa  misma  responsabilidad”.  No  se  compadece  con  la  realidad procesal, la siguiente  manifestación del ad quem:   

“Necesariamente  para ilustrar la decisión  que  adoptará  la  Sala en esta providencia, debe partirse de la consideración  de  vida  que  durante  15 años aproximadamente compartió la pareja conformada  por  la  procesada  Elena  Arias  Rodríguez  y  José  Mauricio  Páez  Rodríguez,  para concluir que lo que  ocurrió   aquella   madrugada   fue  un  homicidio  de  carácter  enteramente pasional”.   

Serios  interrogantes  deja  también  la  no  aportación   del   testimonio   del   señor   Carlos  Numpaque,   el  cual,  de  haber  sido recaudado,  habría  podido  ofrecer  una sentencia diferente. No se desconoce que la causal  del  numeral  3° solo opera en beneficio del procesado, “pero sería al menos  para  demostrar  la  inequidad  absoluta en materia de revisión contrariando el  principio  de  igualdad  establecido  en  las  normas  rectoras  del  Código de  Procedimiento Penal”.   

Podría  decirse  que  las pretensiones de la  parte  civil  se  encuentran  satisfechas,  como quiera que existe una sentencia  condenatoria,  y  una  condena por daños y perjuicios. Sin embargo, “de haber  existido  un  criterio acertado en cuanto a la valoración de las circunstancias  atenuantes   y   las  agravantes,  la  pena  hubiera  sido  mayor,  y  mayor  la  indemnización   pecuniaria   (fallo   determinado  por  conducta  ilícita  del  juez).   

SE        CONSIDERA:   

Dado  el carácter de instrumento excepcional  que  ostenta  la  acción  de revisión, y la finalidad que con ella se busca de  remover  los  efectos  de  la  cosa  juzgada  judicial, el legislador ha sido en  extremo  exigente  en  la  configuración de las causales, y en la previsión de  las  exigencias  requeridas  para  su  admisión,  las cuales, por razón de las  notas  de  inmutabilidad  e  intangibilidad  que  acompañan  la  res  iudicata,  compete    acreditar   al   accionante.         

Entre   los  requisitos  exigidos  para  la  admisión  de  la  acción  se   encuentran  algunos  de carácter general,  comunes  para  todos los casos, y otros de carácter específico, solo exigibles  en  razón  de  la naturaleza de la causal invocada. En el grupo de los primeros  se  matriculan  el  de presentación del escrito de demanda, la acreditación de  la  titularidad  y  del  interés  para  actuar, el poder para hacerlo,  la  aportación   de  copias  de  las  sentencia  de  primera  y  segunda  instancia  proferidas  en  la  actuación  cuya  revisión  se  demanda, y la constancia de  ejecutoria de los fallos.   

En  el segundo grupo se inscriben las pruebas  que  deben  ser  aportados  para  acreditar  los hechos básicos de la petición  formulada  en el caso concreto, verbigracia las pruebas ex novo en el caso de la  causal  tercera;  las  decisiones  judiciales  de  las  que  se establece que la  sentencia  objeto  de  revisión  fue  determinada por la conducta delictiva del  juez  o  de  un tercero, en el supuesto de la causal cuarta; o las decisiones de  la  Corte Suprema en las cuales haya adoptado un criterio jurídico distinto del  que   sirvió  para  fundamentar  el  fallo,  en  la  hipótesis  de  la  causal  sexta.      

La  demanda,  por su parte, debe cumplir unos  determinados  requisitos  de  forma  y  contenido, necesarios para que pueda ser  considerada   procesalmente  apta,  entre  los  que  importa  destacar,  por  su  trascendencia  e  imprescindibilidad,  los  relacionados  con  el  señalamiento  preciso  de  la causal invocada, la concreción de los fundamentos de hecho y de  derecho  en  que se apoya la solicitud, y las explicaciones del por qué, frente  a  los  hechos  que  se alegan como motivo de revisión, la sentencia no podría  jurídicamente mantenerse.   

La  mayor  parte  de  estas  exigencias  son  ignoradas  por  el  apoderado  de la accionante. En cuanto dice relación con la  titularidad  para  actuar,  sostiene  que  su  poderdante  es hija de la señora  Blanca    Rodríguez    de    Páez,    hoy  fallecida,  quien  fue  reconocida  parte civil en el curso del  proceso,  pero  no  acredita los hechos que afirma, para el caso, que la señora  Blanca    Rodríguez    de    Páez    fue  legalmente reconocida como sujeto procesal en el trámite de la  actuación  (artículo  221),  que  falleció, y que quien intenta la acción de  revisión  es su hija. Mucho menos procura demostrar el interés que en concreto  podría asistirle para accionar frente a los fines de la revisión.   

Los  anexos  que  la  ley  exige aportar para  demostrar  el  cumplimiento de los presupuestos procesales de la acción (copias  de   las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia,  y  la  constancia  de  ejecutoria),  necesarias  para  acreditar que la decisión hizo tránsito a cosa  juzgada  y  que  la  vía  para  promover  la  acción de revisión se encuentra  expedita,  tampoco  fueron  aducidos  en  debida forma por el actor. Solo allega  algunas  páginas  de  la  sentencia  de segunda instancia, y copia de un oficio  donde  se  lee  que  la  sentencia  “se encuentra debidamente ejecutoriada por  encontrarse  en  casación  en la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia”,  lo cual nada acredita.         

El  escrito  de  demanda, por su parte, está  distante  de  cumplir  las  exigencias  mínimas de contenido requeridas para su  admisibilidad.  Sus deficiencias son múltiples, pero en aras de la brevedad, la  Sala  solamente  hará  alusión  a  dos:  La absoluta falta de concreción y la  falta  de  demostración  de  la causal en la cual pretende sustentar la acción  promovida,  pues  el  actor,  como  se dejó visto, se limita a sostener que las  alegaciones  que  trae en su apoyo, “encajan en una o varias de las exigencias  de  los  numerales  1°  al 6° del artículo 220”, sin precisar en cuáles en  concreto,  ni por qué. Solo al finalizar resuelve tomar de alguna forma partido  por  la cuarta, pero sus afirmaciones no van más allá del simple señalamiento  de la causal.    

Imperioso  es  precisar,  para  mostrar  la  impertinencia  de  la  acción  propuesta, que la causal cuarta requiere para su  estructuración  la  existencia  de  una  decisión  judicial,  posterior  a  la  sentencia  objeto  de revisión, donde se haya declarado en el carácter de cosa  juzgada,  que  la  decisión  (la que se pide que sea revisada), fue obra de una  conducta  delictiva  del  juez  o  de  un  tercero.  La  expresión  “conducta  típica”  utilizada  por el legislador busca no solo comprender las hipótesis  en  las  cuales  se  declara  la  responsabilidad  penal del juez o del tercero,  sino   aquellas  en  las que no se llega a tal declaración, pero se afirma  inequívocamente  la  tipicidad  objetiva  de  la  conducta,  como acontece, por  ejemplo,     cuando     se    precluye    o    absuelve    por    ausencia    de  culpabilidad.        

La invocación de esta causal, presupone, por  tanto,  tener que aportar las copias de las decisiones judiciales proferidas con  posterioridad  a  la sentencia cuya revisión se pide, donde haya sido declarado  que  el  juez  o  el  tercero  cometieron  una  acción  típica  o delictiva, y  demostrar  que  entre  esa  conducta  ilícita y el sentido del fallo existe una  relación  de  causa  a  efecto.  Solo si se cumplen estos presupuestos es dable  invocar  esta causal. De lo contrario, no es posible hacerlo, pues solo frente a  la  certeza  de  la existencia de una decisión judicial donde se haya hecho una  tal  declaración,  con  efectos  de  cosa  juzgada, se entiende estructurado su  supuesto fáctico. Nada de esto, acredita el actor.    

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  presupuestos  mínimos  requeridos  por las normas procesales para su estudio de  fondo,  se  impone  su  inadmisión,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  223  del  estatuto  procesal  penal. Previamente se reconocerá poder  para  actuar  al  doctor Jaime Vélez Jiménez, en los términos indicados en el  memorial   poder  suscrito  por  la  señora  Carmen  Marina  Páez  Rodríguez.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

1.  Reconocer  al  doctor   Jaime  Vélez  Jiménez  como  apoderado  de  la  señora  Carmen  Marina  Páez  Rodríguez,  en los  términos   estipulados  en  el  memorial  poder  acompañado  con  la  demanda.   

2.  Inadmitir  la  demanda   de   revisión   presentada   por   el   apoderado   de   Carmen Marina Páez Rodríguez.   

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PEREZ            HERMAN  GALAN  CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                JORGE L. QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa  Ruiz  Ñúñez   

SECRETARIA    

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