22261(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22261  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 102  

Bogotá D. C., veinte (20) de junio de dos mil  siete (2007).   

V I S T O S  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  MARTHA   CECILIA  ARCOS  RUBIO  contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Cundinamarca el 28 de octubre de  2003,  mediante  la cual confirmó la condena impuesta a la mencionada procesada  con  la  proferida el 27 de mayo del mismo año por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Girardot,  el  cual  decretó  una  nulidad  parcial  respecto del  coprocesado José Antonio Gómez Gámez.   

Asimismo se resolverá sobre la prescripción  de  la  acción  penal  respecto de una de las conductas punibles por las que se  procede.   

H E C H O S  

Se  resumieron por el ad quem de la siguiente  manera:   

“Durante los meses  de  noviembre y diciembre de 1994 y enero de 1995 el señor José Antonio Gómez  Gámez,  titular  de  la  cuenta  corriente No. 3101002865 de la Caja Agraria de  Girardot,  empresa  de  economía mixta, consignó en dicha cuenta, entre otros,  once  cheques  cuyos  montos  sumados  ascendieron a un total de $9.890.000, los  cuales  fueron  devueltos  por  el  Banco  Caja  Social  por las causales cuenta  saldada y fondos insuficientes.   

Para  ese época y desde mucho tiempo atrás,  laboraba  en  la Caja Agraria la señora Martha Cecilia Arcos Rubio, en el cargo  de  oficial  operativo  II  y  desempeñando  funciones como auxiliar de cuentas  corrientes,  entre  las que se encontraban, las de elaborar una planilla con las  devoluciones  diarias y registrar los débitos en el sistema. No obstante, en el  caso  del  cuenta  corrientista  Gómez  Gámez,  la empleada una vez que fueron  devueltos  los  instrumentos,  realizó  los  formatos  de  contabilidad pero no  ingresó  las  operaciones  débito en el sistema, habilitando la cuenta por ese  monto   y   permitiendo   la   defraudación   de   la   Caja   en  cuantía  de  $9.890.000.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   Cumplida  la  instrucción,  mediante  resolución  del  18  de  septiembre de 1997, la fiscalía acusó a MARTHA  CECILIA ARCOS RUBIO y José Antonio  Gómez  Gámez,  como  presuntos coautores del punible de estafa, la cual quedó  en firme el 8 de octubre siguiente.   

2.-  Rituado  el  juicio  hasta  culminar  la  audiencia  pública  el  26  de  julio  de  2001,  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Girardot,  mediante  auto  del  11  de  abril de 2002, decretó la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la resolución de acusación, al considerar  que  la  conducta  punible  por  la  que  se  procedía  era  la de peculado por  apropiación  y  no  la  de estafa; decisión que al ser apelada, fue modificada  por  el  ad  quem, según proveído de 12 de junio de 2002, en el sentido de que  la  nulidad  se  decretaba  a  partir  de la intervención de la fiscalía en la  audiencia    pública,    cuando    era    oportuna    la   variación   de   la  calificación.   

3.-  Fue  así  como  se celebró de nuevo la  vista  pública  el  6  de  agosto  de  2002,  en  donde  la fiscalía varió la  calificación  para  imputar  a  la señora ARCOS RUBIO  el delito de peculado por apropiación, en lugar de la  estafa   que   inicialmente  se  le  había  enrostrado,  dejando  incólume  la  imputación  de  estafa respecto de José Antonio Gómez Gámez, y el 27 de mayo  de  2003,  el  juzgado  profirió fallo mediante el cual condenó a MARTHA  CECILIA ARCOS RUBIO y José Antonio  Gómez  Gámez, a las penas principales  de 55 meses de prisión y multa de  $80.000  y  12  meses  de  prisión  y  multa  de $40.000, respectivamente, como  autores  responsables  de  los delitos de peculado por apropiación y estafa, en  su  orden,  y  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la privativa de la libertad, lo mismo que al pago  solidario de perjuicios ($25.000.000).       

4.-   La  sentencia  fue  apelada  por  los  defensores  de  los  acusados  y el Tribunal Superior de Cundinamarca, con fallo  del  28  de  octubre  de  2003, decretó la nulidad parcial del auto mediante el  cual  el ad quo había concedido el recurso interpuesto por el defensor de José  Antonio  Gómez  Gámez,  por  carencia de sustentación, y confirmó la condena  impuesta   a  la  señora  ARCOS  RUBIO,  decisión  ésta  que  ha  sido objeto del recurso extraordinario de  casación  por  parte  de  su  defensor,  cuya   admisibilidad   ocupa   a   la  Sala.       

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Tres  cargos  se  formulan por el demandante  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente manera:   

CAUSAL TERCERA: NULIDAD  

Cargo Primero:  

Acusa  al  juzgador  de segunda instancia de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad, por violación del  derecho  de  defensa, por haberse omitido la práctica de una prueba que habría  establecido      la     “inocencia”  de  su  patrocinada,  “o  permitido su  condena  en condiciones de menor compromiso penal”, y  que  fue ordenada desde la apertura de la investigación preliminar, como era la  remisión,  por  parte  de la Caja Agraria, de los documentos que acreditaban el  movimiento  integral de la cuenta corriente No. 3101002865-7, para establecer la  cuantía  de los cheques girados por Gómez Gámez y el nivel jerárquico que en  la  Caja  Agraria  autorizó  los pagos, con lo cual quedaría sin fundamento la  defraudación atribuida a su representada.   

Omisión probatoria imputable al funcionario  investigador,  con la cual, según la demandante, se vulneró el artículo 29 de  la  Constitución  Política,  solicitando, en consecuencia, declarar la nulidad  invocada,   a  partir  de  la  resolución  de  apertura  de  la  investigación  previa.   

CAUSAL  PRIMERA:  VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA  LEY SUSTANCIAL.   

Cargo        Segundo:   

Subsidiariamente,  la  actora  formula  este  reparo  por  error  de hecho fundado en un falso juicio de identidad, al referir  que  se  vulneraron  los artículos 122 de Constitución Nacional, 254 y 445 del  Decreto  2700  de  1991,  dado  que los juzgadores de instancia tergiversaron la  denuncia  instaurada por Gonzalo García Rojas y la relación de liquidación de  intereses  por  sobregiro  de  la  cuenta  No.  2865-7 del señor Gómez Gámez,  cuando  interpretaron  que  la  defraudación  obedeció  a  que la procesada no  debitó  las sumas en el sistema, mientras lo ocurrido fue que al habilitarse el  canje,  los  valores  legalizados  produjeron  un  sobregiro, por lo que ninguna  incidencia  tenía  la  no  inclusión  de  la  información  al  sistema  sobre  devolución  de  cheques,  que  es  por  lo que se atribuye responsabilidad a su  patrocinada,  aflorando  entonces  la  duda  acerca  de  la forma como realmente  acontecieron  los hechos, que imponía aplicar el in dubio pro reo, amén de que  no  se  conoció pliego de funciones o manual interno de la Caja que determinara  los  grados de responsabilidad de sus empleados respecto de las transacciones en  las  que  intervienen, lo cual necesariamente habría cambiado la decisión, por  lo  que solicita casar la sentencia y dictar el fallo que en derecho corresponda  por existir dudas que deben resolverse a favor de su patrocinada.   

CAUSAL SEGUNDA: INCONSONANCIA DE LA SENTENCIA  CON EL CARGO FORMULADO EN LA RESOLUCIÓN DE ACUSACIÓN.   

Cargo tercero:  

Ataca  por esta vía la sentencia, de manera  subsidiaria,  al destacar que contra  MARTHA   CECILIA  ARCOS  RUBIO,   la  fiscalía   profirió     resolución     de    acusación    como   presunta   coautora   del   delito  de  estafa y,   no    obstante   que  el   a  quo   decretó   la   nulidad   de   la   actuación,  al sostener  que   el   delito   que   se  configuraba  era  el   de   peculado  por apropiación,  lo  cual  fue avalado  por   el   ad  quem,  señalando  que  la  nulidad  procedía  a  partir  de  la  intervención  de  la  fiscalía  en  la audiencia pública, cuando se tenía la  oportunidad  de  hacer la variación de la calificación, como así se cumplió,  y   se  profirió  condena  en  su  contra  como  responsable  de  peculado  por  apropiación,  con  ello  se  violentó la consonancia que debe existir entre la  sentencia  y  la  resolución de acusación, lo mismo que el derecho de defensa,  al  haberse  agravado la situación de la procesada, dado que en la ley procesal  anterior  –  Decreto 2700 de 1991 – era  intangible y no podía variarse en  el  juicio  sino  nulitando   dicha   pieza,   para   que se  profiriera   la  acusación  correspondiente   a   fin   de   dictar    una    sentencia    congruente    con   ella,  como   así   lo  entendió  en  principio  el ad quo y lo señaló la  Corte  en decisión del 14 de febrero de 2002, radicado No. 18457, cuyos apartes  cita.   

Como el ad quem confirmó con su sentencia la  condena  de  su  patrocinada,  incurrió  en  la  causal de casación esgrimida,  afirma  la  censora,  vulnerando  con ello los artículos 29 de la Constitución  Política  y  1  del Decreto 2700/91, por lo que solicita casar aquella y dictar  el fallo de reemplazo pertinente.   

CONSIDERACIONES  

1.- La prescripción  de la acción:   

Oficiosamente  la Sala procederá a declarar  la  prescripción  de  la acción penal respecto del delito de estafa imputado a  José  Antonio  Gómez  Gámez,  por  el  cual  resultó  condenado  en  primera  instancia,  por  haber  transcurrido el tiempo necesario que le impide al Estado  el  ejercicio  de su potestad punitiva, lo cual implica ordenar la cesación del  procedimiento respecto del mismo.   

En la resolución de acusación formulada el  18  de  septiembre  de  1997,  cuya  ejecutoria  se  consolidó  el 8 de octubre  siguiente,   se   elevó   pliego   de   cargos   contra  José  Antonio  Gómez  Gámez,   como   presunto  responsable  del  delito  de estafa (artículo 356 Decreto 100 de 1980), que fue  el  punible  por el cual resultó condenado por el ad quo, cuya pena oscila de 1  a 10 años de prisión.   

El  tribunal,  como  ya  se  dijo,  anuló  parcialmente  el  auto  mediante  el cual el juzgado de primera instancia había  concedido  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor del aludido  acusado,  por ausencia de sustentación del mismo y confirmó el fallo en cuanto  a la condena de la procesada ARCOS RUBIO.   

Pues  bien,  la  prescripción de la acción  penal  opera  en un tiempo igual al máximo de la pena fijada para el delito por  el  que  se  procede si no media resolución de acusación ejecutoriada, y en la  mitad  de  este  término  cuando  existe  acusación,  contado  a  partir de su  ejecutoria,  sin  que  en  ningún  caso  pueda  ser inferior a cinco (5) años,  término  que se  aumenta en una tercera parte cuando el delito es cometido  en  el país por servidor público en ejercicio de sus funciones, o de su cargo,  o  con  ocasión de ellos, tanto en la primera como en la segunda etapa procesal  citada  (artículos  80  y  82  del  D.  100  de  1980  y  83  de  la Ley 599 de  2000).   

En    el    caso   analizado,  la  resolución de acusación mediante  la  cual se imputó el delito de estafa por el que resultó condenado en primera  instancia  José Antonio Gómez Gámez, quedó en firme el 8 de octubre de 1997,  lo  que  quiere  decir  que  inclusive  para cuando se profirió la sentencia de  primer  grado  – 27 de mayo  de  2003  -,  ya  había transcurrido el término de prescripción de la acción  penal,  pues,  para  entonces  se  encontraban  superados  los  cinco  (5) años  contados  a  partir  de  la  ejecutoria  de la acusación, motivo por el cual se  impone  declarar  ello  y cesar el procedimiento adelantado en contra del citado  procesado.   

Qué  decir,  si a lo anterior se agrega que  con  fundamento en el artículo 246 de la ley 599 de 2000, la estafa imputada al  acusado  se  sancionaría  con  pena  máxima  de  8  años de prisión, lo cual  permite  concebir  que  la  prescripción  también  se consolidaría en el caso  concreto,    en    la    etapa    del    juicio,   aún   de   atenderse   dicha  normatividad.   

2.  La  demanda  de  casación:   

La demanda de casación, como se sabe, no es  un  escrito  de  libre  formulación  en  el  que puedan plantearse todo tipo de  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  el  actor  o  le  suscite el fallo de segunda instancia, sino que debe  cumplir  con  las exigencias de logicidad, coherencia y demostración necesarias  a  fin  de  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con que las  sentencias  acusadas  arriban  a esta sede extraordinaria, razón por la cual la  ley  establece  los  requisitos  que  forzosamente debe cumplir el casacionista.   

Ahora,  no  se olvide que cuando se postulan  las  diversas  censuras  legalmente  establecidas para la casación, se debe dar  cumplimiento  por  el  demandante  a  los  principios de autonomía y prioridad,  según   los   cuales  cada  uno  de  los  reproches  deben  ser  presentados  y  desarrollados  en  forma  separada, teniendo en cuenta que si  uno de ellos  se  dirige  contra  la  validez  del proceso, se impone su formulación en forma  principal,  como que el alcance de esta causal, es mayor que el de las otras dos  y  esto exige que tanto su selección por el demandante como la revisión que de  ella  haga  la Corte, se realicen en primer lugar. Principio que rige así mismo  respecto  de  las  otras  censuras, pues no es viable proponerlas en igualdad de  condiciones  ni  mezclarlas simultáneamente dentro del mismo cargo, sino que se  debe  disponer  un orden de preferencia de acuerdo con la mayor cobertura que en  cada caso la eventual invalidez de la actuación implique.   

Así  las cosas, emprende la Corte el examen  del libelo acorde con los alcances de los cargos aducidos.   

1.-            Cargo  primero:  Nulidad  del  fallo por  vulneración del derecho a la defensa.   

Manifiesta  la impugnante que por no haberse  allegado  a  la investigación los documentos que acreditaban la cuantía de los  cheques  girados por Gómez Gámez y el nivel jerárquico que en la Caja Agraria  autorizó  los  pagos,  pese  a  haberse  ordenado  ello  por  el instructor, se  violentó  el  derecho  de  defensa, como quiera que con su aducción se habría  establecido      la     “inocencia”  de  su  patrocinada,  “o  permitido su  condena    en    condiciones    de    menor    compromiso   penal”.   

Oportuno  resulta  señalar,  que  la Sala ha  puntualizado  que  si bien la acreditación de la causal tercera de casación es  menos  exigente  que  la  demostración  de las otras causales, lo cierto es que  impone  al demandante proceder con precisión, claridad y nitidez al identificar  la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los preceptos que considera conculcados y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Ahora,  cuando  la  nulidad  se  vincula a la  vulneración  del  derecho  de  defensa,  por  desconocimiento  del principio de  investigación  integral,  porque  los  funcionarios  judiciales no decretaron o  dejaron  de  practicar  algunas  pruebas,  para  la  correcta formulación de la  censura     corresponde     al     demandante    ocuparse    de:    i) especificar cuáles son aquellos medios  probatorios  cuya  ausencia  extraña;  ii)  explicar  razonadamente  que  tales  medios  de  convicción  eran  procedentes,    conducentes    y    factibles    de    practicar;   iii) advertir el contenido material de las  pruebas  omitidas,  en  cuanto  esté  a  su  alcance, para brindar a la Sala la  oportunidad  de  confrontar  el  aporte de aquellos elementos de convicción con  las  motivaciones  del  fallo  y  así  poder  concluir  si  en  realidad se han  vulnerado   las   garantías   fundamentales   del   procesado;  y  iv)  establecer de qué manera las pruebas  dejadas  de  practicar,  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en  la  situación del procesado.   

Ahora, en cuanto a  la  trascendencia  del vacío dejado por la prueba cuya práctica se omitió, es  preciso  recordar  que  la  posibilidad  de  declarar la nulidad no deriva de la  prueba  en  sí misma considerada, sino de su confrontación lógica con las que  sí  fueron  tenidas  en  cuenta  por  el  sentenciador  como soporte del fallo,  “para  a  partir de su contraste evidenciar que las  extrañadas,   de   haberse    practicado,   derrumbarían   la  decisión,  erigiéndose  entonces  como  único  remedio  procesal  la  invalidación de la  actuación  censurada  a  fin de que esos elementos que se echan de menos puedan  ser  tenidos  en  cuenta  en  el  proceso.”  (Auto  del  12  de marzo de 2001,  radicación 16.463).   

Sobre  tal  requisito  la  demanda  resulta  infundada,  pues  apenas contiene la afirmación del libelista en el sentido que  se  ha  generado  una nulidad por menoscabo del derecho a la defensa por haberse  dejado  de  practicar  una  prueba que señala como trascendental, pero omite la  construcción  lógica  de  las  premisas  de  las  que supuestamente dimana tal  conclusión,  mucho  menos  ello  se  acredita  al señalar que con su aducción  “podría”  haberse  establecido  la inocencia de su defendida o “permitido   su   condena   en  condiciones  de  menor  compromiso  penal”, porque indudablemente que tal presunción en  manera  alguna  tiene  la entidad necesaria para desvirtuar el poder suasorio de  los  medios  de  convicción  que sirvieron de base para fundamentar el fallo de  condena  cuestionado,   lo  que evidencia el vacío en la argumentación de  la   casacionista,  en  cuanto  a  la  lógica  del  recurso  extraordinario  se  refiere.   

2.-     Cargo  segundo:   Violación indirecta de la ley sustancial.   

Subsidiariamente, la actora enfila su ataque  contra  la  sentencia  por  la  vía  del  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad,      al      aducir      que      el     juzgador     “tergiversó” el contenido de la denuncia  formulada  por  Gonzalo García Rojas y de la prueba documental que cita, porque  de  ésta surgía que el pago de los cheques girados por el señor Gómez Gámez  se  produjo  como consecuencia del canje bancario que dio lugar a un sobregiro y  no,  como  se argumentó por los juzgadores, que ello haya tenido ocurrencia por  la  omisión  de  la procesada ARCOS RUBIO en      cuanto      a     debitar  las  sumas en el sistema, pues ello simplemente se presenta  como  una  hipótesis  que  pudo  ser  la causa de la defraudación y, por ende,  emergía  la duda acerca de la forma como realmente acontecieron los hechos, que  imponía  aplicar  el  in  dubio  pro  reo  a su favor.   

La  violación indirecta de la ley, según la  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala,  hace referencia a los errores en que  puede  incurrir  el  juzgador  en  la  apreciación probatoria, siempre y cuando  ellos  conduzcan  a  la  equivocada  declaración del derecho material en cuanto  deja  de  aplicar determinado precepto o por aplicarlo indebidamente. Esta clase  de  desacierto  se  presenta  por  errores  de  hecho o de derecho; los primeros  cuando  el  juez  ignora una prueba que obra válidamente en el proceso o supone  como   existente   una  que   no  ha  sido  incorporada  (falso  juicio  de  existencia)   o   cuando   distorsiona   o   tergiversa  su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos que no se derivan de ella (falso juicio de identidad), y  los  segundos,  hacen  referencia a que el fallador admite  y confiere  valor  probatorio  a  un medio de convicción allegado irregularmente al proceso  o   desconoce  y  niega  alcance probatorio  a pruebas válidas (falso  juicio  de  legalidad),   o  le  asignó  un  valor  probatorio distinto al  establecido  por  la  ley o le negó el que legalmente se le ha conferido (falso  juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

Así  las  cosas, fluye del análisis de la  demanda    el    desconocimiento   de   la  demandante    de   los  derroteros   de   coherencia,   concreción   y   logicidad   que  gobiernan  la  casación.   

Y  es  que  siendo  la casación el recurso  extraordinario  consagrado para cuestionar la constitucionalidad y legalidad del  fallo  y  no  para  revivir los debates probatorios de  unas  instancias ya superadas, todas las inquietudes del actor deben canalizarse  por  causales  taxativamente  dispuestas  en  el  artículo  207  del Código de  Procedimiento  Penal,  sin  que  sea  suficiente  para  tal  propósito  la mera  invocación   de   las   mismas  o  la  utilización  del  lenguaje  propio  del  recurso.   

En el caso de estudio, según la censora, el  yerro  del  fallador  estriba,  básicamente,  en  haberle  otorgado  mérito  a  determinados  medios  de  convicción  de  una  forma  que controvierte desde su  personal  perspectiva  sobre los mismos, con lo cual se evidencia la impropiedad  del   cargo  escogido  para  censurar  el  fallo,  ya  que  el  yerro  esgrimido  necesariamente  debe  derivar  de  una equivocada percepción de la prueba en la  medida  en  que  se  distorsiona  o se falsea su contenido objetivo para hacerla  decir  lo  que  materialmente no expresa, por lo que resulta imperioso que en la  demanda  se  aduzcan  los razonamientos del juzgador sustento de su decisión de  condena,  por cuanto de allí emerge el acto de valoración cuestionado, aspecto  trascendental omitido por el casacionista.   

Recuérdese  cómo,  en  el  caso concreto, a  partir  de  lo  afirmado  por el denunciante y por la misma acusada, el Tribunal  destacó  que ésta, como auxiliar de cuentas corrientes de la Caja Agraria, por  la  época de los hechos, estaba encargada de registrar en las planillas y en el  sistema,  las  devoluciones  de  los  cheques  locales  para acreditar el estado  actual  y  real de las cuentas corrientes, con lo cual se posibilitaba el pago o  rechazo  de  operaciones  contra  las  mismas,  deber  funcional  que omitió en  relación  con  la  cuenta corriente de José Antonio Gómez Gámez respecto del  listado  de cheques relacionado, facilitando con ello que éste hiciera efectivo  el  monto  señalado  sin  que jamás hubiera ingresado a su cuenta, al permitir  habilitar   el  canje  que  produjo  el  sobregiro  y  la  defraudación  de  la  entidad.   

Conclusión  sobre  la  cual se  propone  por  la demandante una interpretación  diversa  –   que  el  canje   bancario    dio    lugar   al   sobregiro   y  no   la    omisión    de    la    procesada   -,    a   partir   de   lo   que   expone   como  señalado   por   el  denunciante  y  los  documentos  a   que    se    refiere,    para  de   allí   hacer   emerger     la     duda     sobre    la    manera   cómo,   según   ella,  ocurrieron  en  realidad  los  hechos, que ha  debido  resolverse  a  favor  de su patrocinada; de donde se infiere el afán de  oponer  su  particular  valoración  de  la prueba contra la efectuada por el ad  quem,  como  si  la  sola  presunción  de  ser  más  razonable  su postura sea  suficiente  razón para estimar que se ha detectado un error de hecho, cuando lo  cierto  es  que  resulta indispensable  con  tal  objetivo,   enseñar   los   graves   atentados   contra  las   reglas    de    la   experiencia,   la   lógica,   la   ciencia  y  el  sentido  común en  que   incurre    el    fallador,   conforme   con   las   previsiones   de   los  artículos   237   y  238   del    C.    de    P.    Penal,    todo   lo   cual    brilla    por    su   ausencia    en   el   libelo.   

La  Sala  tiene  dicho  sobre el tema, que el  examen  crítico  que  de  esos  elementos  de  persuasión efectúa el fallador  siempre  resultará prevalente frente al que realiza el sujeto procesal, a menos  que  éste  demuestre  que  el raciocinio de aquél está afectado de errores de  hecho  o de derecho verdaderamente trascendentes, dada la presunción de acierto  y  legalidad  que ampara la sentencia y que el casacionista debe desvirtuar para  que la demanda tenga vocación de prosperidad.   

3.-  Cargo  tercero:  Inconsonancia  de  la  sentencia con la resolución de acusación.   

No obstante reconocer la actora, que previo a  dictarse  el  fallo  de  primer  grado,  se había decretado una nulidad que dio  lugar  a  la variación de la calificación jurídica provisional de la conducta  punible  enrostrada  a  la acusada MARTHA CECILIA ARCOS  RUBIO,  dado que la  fiscalía  en  su intervención en la audiencia pública mudó a  peculado  por  apropiación  el  cargo  que  inicialmente le había imputado por  estafa,  y  que  fue  por  dicho  delito que se le condenó en primera y segunda  instancia,  censura  por la vía de ataque señalada el fallo, al aducir que con  fundamento  en  el  decreto  2700 de 1991 que regía la actuación, no ha podido  variarse  la  calificación jurídica y, por tanto, la imputación por el delito  de  estafa  que  se  hiciera  en  la  resolución  de  acusación  permanecería  incólume,  lo  cual  destaca  la  incongruencia de la sentencia proferida en su  contra por peculado por apropiación.   

Revisada  la  actuación,  se  tiene que con  antelación  a  la  culminación  de  la  audiencia  celebrada  por  el  juzgado  – 26 de julio de 2001 -, y  a    la   nulidad   decretada   y   avalada   por   el   Tribunal   –  12  de  junio  de  2002 -, ya había  entrado     en     vigencia     la     ley     600    de    2000    – 24 de julio de 2001 -, siendo que con  fundamento  en lo allí resuelto, se celebró de nuevo la vista pública el 6 de  agosto  de  2002, en la cual la fiscalía varió la calificación para imputar a  la  señora  ARCOS  RUBIO  el  delito  de  peculado por apropiación, en lugar de la estafa que inicialmente se  le había enrostrado.   

Así  las  cosas,  en  últimas  lo  que  la  impugnante  refiere  es  que  en  el  trámite  de  la  actuación  no ha debido  aplicarse  la  ley  600  de  2000,  al  sostener que en su integridad el proceso  debió  culminar  con atención exclusiva de lo consagrado en el Decreto 2700 de  1991,  razón  por la cual ha debido plantear la censura al amparo de la nulidad  por  vulneración  al debido proceso por pretermisión de las formas propias del  juicio   –   vicio   de  estructura   -,  antes  que  por  violación  al  principio  de  congruencia,  y  desarrollar  su  presentación  con  el  lleno  de  los requisitos de logicidad,  coherencia y demostración correspondientes.   

Ahora,  el  debido  proceso  reglado  por  el  artículo  29 de la Carta Política -entre otras manifestaciones- gira alrededor  de  la legalidad del delito, de la pena, del juez y del procedimiento, que deben  estar  garantizados  previamente a la comisión de la conducta punible, no sólo  porque  de  ese  modo  lo  impone  expresamente  la Constitución y la ley, sino  porque  únicamente  de  esa  forma  puede  el  potencial  delincuente decidirse  definitivamente  por la incursión en el campo delictivo o estar en capacidad de  prever las consecuencias de sus actos.   

Por  ello,  se han señalado como especies de  normas     que     han    de    regir    un    proceso    penal:    i)  las  sustanciales,  cuyas  permanencia  -aún  previa  a  la  ejecución del delito- y aplicación -ya al interior de la  actuación-  perduran inclusive hasta el agotamiento de la fase de ejecución de  la  sentencia  (art.  6  C.P.),  a  menos que una norma de similar naturaleza la  reemplace  para  que  sea  aplicada  esta última bajo la condición de ser más  favorable;    ii)    las  simplemente   instrumentales,   que  igualmente  antecedentes  al  hecho,  deben  gobernar  el proceso, aunque sujetas a ser desestimadas  en  su aplicación cuando se expida una norma de su mismo carácter, tal como lo  señala  el artículo 40 de la Ley 153 de 1886, sin que  de   ellas   –  dada  su  neutralidad  –  sea  demandable  la  favorabilidad,  y  iii)   las  procesales  de  efectos  sustanciales, cuyo manejo -desde luego al interior de la actuación- se  asimila  a  las  materiales,  conforme  lo  señala  el dispositivo últimamente  trascrito.   

A  partir  de  lo  anterior,  le  resultaba  necesario  a  la  demandante  determinar  la manera en que se resquebrajaron las  bases  esenciales  del  juzgamiento  que obligan a rehacer lo actuado, es decir,  señalar  en  cuál de los diferentes eslabones concatenados y subsiguientes que  estructuran  el  debido  proceso se presenta el irremediable defecto, y también  le  correspondía  demostrar que la irregularidad cometida durante el desarrollo  del  proceso  –  indebida  aplicación  de  las  normas  instrumentales  atendidas  en últimas (ley 600 de  2000)  –  e inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para remediarla no  queda  ninguna  alternativa  distinta a invalidar las diligencias, motivo por el  cual  quien  así  alega  debe indicar con precisión el momento procesal al que  han  de  retrotraerse  las actuaciones, una vez excluidas las alcanzadas por los  vicios.   

Ningún argumento se presentó en tal sentido,  porque  simplemente se presentó la eventual ocurrencia de la incorrección, sin  desarrollar  lo  propio para demostrar el yerro, como si con lo anterior bastara  para  invalidar lo actuado, cuando es necesario acreditarlo y destacar que   produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos  a  los intereses y derechos del  procesado,   ya  que  de  lo  contrario  el  vicio  carece  de  trascendencia  e  imposibilita  declarar  la  pretendida  invalidez,  lo cual permite concluir que  tampoco  este  cargo  prospera,  peor aún si se considera que la vía de ataque  escogida no fue la acertada.   

Lo    anterior    permite   concluir   que   el   recurrente   no  cumple  las  exigencias     dispuestas     por     el    legislador   para   acceder   a  esta impugnación  extraordinaria,   circunstancia    que    impone   la   inadmisión   del  libelo    presentado,   más   aún   cuando   la   Sala   no   advierte   violación alguna  de  los   derechos     fundamentales     o     garantías     de   MARTHA  CECILIA   ARCOS   RUBIO,   como   para  que  ello  determine   el   ejercicio  de   la   facultad   oficiosa  de   índole   legal   que  al  respecto  le asiste  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.-   DECLARAR  prescrita  la  acción  penal  adelantada en contra de  José    Antonio    Gómez    Gámez,   por  el  delito  de  estafa (artículo 356 del Decreto 100 de 1980),  que  le  fuera  imputado  en  la  resolución  de  acusación proferida el 18 de  septiembre  de  1997, cuya ejecutoria se consolidó el 8 de octubre de ese mismo  año.   

2.-     Disponer    la    CESACIÓN  DE  PROCEDIMIENTO respecto de la  conducta punible señalada en el numeral anterior.   

3.- Contra las anteriores decisiones procede  el recurso de reposición.   

4.           INADMITIR    la   demanda   de   casación  presentada  por  el  apoderado judicial  de   la   procesada   MARTHA   CECILIA   ARCOS  RUBIO  y,        consecuencialmente,       DECLARAR    desierto   el   recurso  extraordinario,  sin  que  proceda  contra  lo  aquí  dispuesto recurso alguno.   

Notifíquese,    cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ    ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

            

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN               JORGE     LUIS  QUINTERO MILANÉS      

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO          ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA      

MAURO            SOLARTE  PORTILLA            JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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