22012(10-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22012  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 20  

          Bogotá,  D.  C.,   diez  (10)  de  marzo  del  dos mil cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala el recurso de apelación interpuesto por el doctor  CARLOS  JOSÉ  DAZA  DAZA y  por  su  defensor  contra el auto del 18 de diciembre del 2003, mediante el cual  el   Tribunal   Superior   de   Riohacha  negó  la  solicitud  de  revocatoria    de    la    medida   de  aseguramiento  que  por el delito de prevaricato por acción pesa contra aquél,  y  tampoco  sustituyó  la  detención preventiva por  domiciliaria.   

ANTECEDENTES  

          El  10  de  enero  del  2001,  los señores Jesús Ernesto Holguín  Fontalvo  y James Ojeda García fueron puestos a disposición del fiscal segundo  delegado  ante  los  jueces  promiscuos  del  circuito  de  San  Juan del Cesar,  CARLOS  JOSÉ  DAZA  DAZA,  porque  según  el informe policivo fueron capturados cuando tenían en su poder  un  camión que horas antes había sido hurtado a Iván Antonio Álvarez López,  quien  de  acuerdo con el mismo parte habría reconocido a Ojeda como una de las  cuatro personas que lo despojaron del automotor.   

          No  obstante  que en la denuncia el señor Álvarez López informó  que  los  dos  aprehendidos  habían  participado en el hecho y que otros dos lo  tuvieron  retenido  en  el  monte  por más de dos horas, el fiscal DAZA  DAZA,  después  de escucharlos en  indagatoria,   los   aseguró   con  detención  preventiva  por  el  delito  de  receptación y les concedió la libertad provisional.   

          Impugnada  la  providencia  por  la personera municipal de San Juan  del  Cesar,  el  fiscal  segundo  delegado ante el Tribunal Superior de Riohacha  confirmó  la  medida  preventiva  pero  no  por  la  conducta  imputada  por el  A  quo sino por los delitos  de  secuestro  simple  y  hurto  calificado  y  agravado;  revocó  la  libertad  concedida   y   ordenó  investigar  al  doctor  DAZA  DAZA por prevaricato por acción.   

          Concluida  la  instrucción,  el  20 de marzo del 2003 el fiscal 11  delegado  ante  el Tribunal Superior de Medellín lo acusó por esa ilicitud. La  decisión,  apelada  por  el  ministerio  público,  por  el doctor DAZA  y  por su defensor, fue confirmada  el   31   de   julio   por   un   fiscal  delegado  ante  la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

          Después   de   celebrada   la  audiencia  preparatoria  el  12  de  noviembre,    el    defensor    del    procesado   solicitó   la   revocatoria    de    la    medida    de   aseguramiento  porque  en su criterio no se cumplían los fines constitucionales  y  legales  para la privación preventiva de la libertad. En subsidio, pidió se  le   concediera  detención  domiciliaria.   

          Como  el  18  de  diciembre  el  Tribunal  Superior  de Riohacha no  accedió  a  las  pretensiones  de  la  defensa,  tanto  ésta como el ex fiscal  DAZA  DAZA interpusieron el  recurso   de   apelación   que   da   lugar   a   este  pronunciamiento  de  la  Sala.   

LA    PROVIDENCIA  IMPUGNADA   

          Para  el Tribunal, aunque la presentación voluntaria del procesado  en  la  cárcel  de Valledupar después de haberse ordenado su captura demuestra  su  interés  para  comparecer  al  proceso  y  no hay necesidad de preservar la  prueba  pues  en el juicio no habrá de practicarse ninguna, la conducta punible  imputada    es   grave   porque   el   doctor   DAZA  DAZA  aprovechó su cargo para violar la ley, lo cual  genera    un    mayor    daño   social  que  hace  aconsejable  mantenerlo  en prisión como medida     disuasiva     para     los  asociados.   

          Igualmente,  a  pesar de que la pena mínima para el prevaricato es  inferior  a  cinco  años  y  el  desempeño personal, laboral y familiar del ex  fiscal  es  adecuado,  negó  la detención domiciliaria porque ante la gravedad  del  hecho  considera necesaria la internación en centro carcelario para que se  cumplan   los  fines  de  prevención  general  y  de  reinserción social.   

LA  IMPUGNACIÓN   

          El    procesado    insiste    en    que    se   debe   revocar  la  detención  preventiva, por  las siguientes razones:   

          1.  Es  inadmisible  que  se  aduzca  su  calidad  de  fiscal  para  considerar  de  mayor  gravedad  su  conducta,  porque  precisamente  por ser un  servidor  público  se  le pudo imputar el delito de prevaricato. En esta medida  se  está  discriminando  a  los  administradores  de  justicia, respecto de los  cuales   la   detención   preventiva  siempre  estaría  cumpliendo  sus  fines  constitucionales y legales.   

          2.  No se puede afirmar que violó la ley al tomar la decisión que  ahora  se le cuestiona, porque resolvió de acuerdo con la prueba hasta entonces  recaudada.  Con  el  mismo  criterio,  el  fiscal  de  segunda instancia que les  imputó  a  los  procesados el delito de secuestro o el que calificó el mérito  sumarial,  que  desechó  esa conducta, debían responder también por el delito  de prevaricato.   

          3.  No  representa  ningún  peligro  para la sociedad, porque hace  varios  meses  dejó  de ser fiscal y se dedica al ejercicio de la profesión de  abogado,  de  manera  que  no  puede  tomar ninguna decisión judicial. Además,  carece  de  antecedentes  penales y durante el tiempo que ha gozado de libertad,  esto  es,  desde  la  iniciación  del  proceso  hasta  que  se entregó, jamás  realizó comportamiento reprochable alguno.   

4.  En  su actividad de abogado ha estado al  servicio  de  la  sociedad y ha permanecido al lado de su familia, de manera que  no  se  puede invocar la necesidad de reinserción social, argumento que además  refleja un trato de condenado cuando aún no lo ha sido.   

5.  La Sala Penal de la Corte ha revocado en  varias  oportunidades  la  detención  preventiva  en  casos  de mayor gravedad,  referido  uno  a un concurso de prevaricato por acción y abuso de autoridad por  acto  arbitrario  e  injusto  y  otro  a  un concurso de interés ilícito en la  celebración  de  contratos  y  peculado  culposo, eventos en los que la Sala no  expuso el argumento de la prevención general.   

Estima que la petición subsidiaria también  era  de  recibo, porque la gravedad del delito ya había sido considerada por el  legislador  al establecer la exigencia de la pena mínima inferior a cinco años  de  prisión, de manera que esta circunstancia no puede ser apreciada doblemente  para negar la detención domiciliaria.   

Además,  esta  forma  de  privación  de  libertad  no  excluye  la  detención  preventiva,  como erradamente sostiene el  Tribunal,  sino  que  permite  que ella se verifique en el domicilio, realizando  sus  fines,  inclusive  el de la prevención general, y facilita la reinserción  en  la  sociedad  en  tanto  la  familia  es su núcleo. Lo contrario, concluye,  implicaría  que  los  fines  de  la  pena  no  se  cumplen cuando se concede la  prisión domiciliaria.   

El  defensor,  por  su  parte,  argumenta  respecto  de  la  petición  principal  que  la gravedad del hecho no constituye  ningún  fin  de  la detención preventiva y valorarla para negar su revocatoria  constituye  desconocimiento  de la presunción de inocencia y del debido proceso  porque,  al  invocar  el  artículo  4º. del Código Penal, relacionado con los  fines  de la pena, parte del supuesto que el procesado será condenado. La norma  que  debía  examinar,  porque  es  la  llamada a regular el caso, es la 355 del  estatuto  procesal,  que  consagra  los  fines de la detención preventiva, bien  diferentes  a  aquellos otros porque unos deben considerarse en el transcurso de  la  actuación  y  los  demás  en  las etapas de imposición y ejecución de la  pena.   

Aludir     a     la     prevención  general  y a la reinserción  social  significa darle al  doctor  DAZA  DAZA un trato  de  condenado,  porque  son  temas  que  sólo  cabe examinar a propósito de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  o  la  libertad  condicional.   

Sobre la petición subsidiaria, dice que el  A  quo aceptó reunidos los  requisitos  objetivo  de la cantidad de pena y subjetivo del adecuado desempeño  laboral,  personal,  familiar  y  social  del  procesado,  de  manera que debía  otorgarse  la medida sustitutiva, más aun si se advierte que la desvinculación  del   servicio   público   le   impedirá   reiterar   la   conducta   u   otra  similar.   

Y  aunque  critica  las  referencias  a  la  prevención  general y a la  reinserción  social  para  negar  la detención domiciliaria, afirma que si para el Tribunal estos fines de  la  pena  se  cumplen  también  en la detención preventiva, no hay razón para  negar  la  petición  con  este  argumento,  porque las dos formas de detención  implican  privación  de  la libertad física y la única diferencia es el sitio  de reclusión.   

ESTUDIO   DE  LOS  NO  RECURRENTES   

          Dentro  de la oportunidad concedida a los demás sujetos procesales  para  que  presentaran sus argumentos  sobre lo que constituye el motivo de  impugnación,  el señor Procurador 159 Judicial Penal II entregó un escrito en  el  que,  después  de transcribir alguna decisión adoptada por esta Sala el 16  de  julio  del  2002,  afirma  su  conformidad con la decisión del A     quo,     cuya     confirmación  solicita.   

CONSIDERACIONES  

          La  detención  preventiva,  como ha venido siendo examinado por la  Sala,  no  sólo  debe  cumplir  los requisitos de procedencia señalados en los  artículos  356  y  357 del Código de Procedimiento Penal respecto de la prueba  necesaria          para          decretarla1   

, de un lado, y la pena mínima prevista para  el  delito,  la  conducta  punible  de que se trate o la existencia de sentencia  condenatoria  ejecutoriada  y  vigente por delito doloso o preterintencional que  tenga         pena         de        prisión2, de otro, sino que además es  preciso  que  con  su  imposición  se  realicen los fines que de acuerdo con el  estatuto   procesal   hacen   viable   la   restricción   de   libertad,   esto  es,   

          “…  garantizar  la  comparecencia  del sindicado al proceso, la  ejecución    de   la   pena   privativa   de   la   libertad   o   impedir   su   fuga   o   la              continuación  de  su actividad delictual  o  las  labores  que  emprenda  para  ocultar,  destruir  o  deformar  elementos  probatorios   importantes  para  la  instrucción,  o  entorpecer  la  actividad  probatoria”.3 (destaca la Sala)   

          Idéntica  teleología, elevada a la categoría de norma rectora y,  por  lo  tanto,  obligatoria y prevalente sobre cualquiera otra disposición del  estatuto      procesal,     que     además     constituye     fundamento     de  interpretación4,  se  encuentra  en el artículo 3º. del Código de Procedimiento  Penal, a cuyo tenor   

          “La  detención  preventiva,  en  los términos regulados en este  código,  estará  sujeta a la necesidad de asegurar la comparecencia al proceso  del   sindicado,   la   preservación   de   la   prueba   y   la   protección    de    la    comunidad”  (se resalta),   

finalidades  que, por lo demás, concuerdan  con  las  que  la  Corte  Constitucional dedujo de algunos preceptos de la Carta  Política  en  la  sentencia  que  declaró  la  exequibilidad  condicionada del  artículo    357   de   la   Ley   600   del   2000,   decisión   en   la   que  argumentó:   

“No   obstante,   como   se   expresó  anteriormente,  la  procedencia  de  la  detención  no se sujeta únicamente al  cumplimiento  de  los  requisitos  formales  y  sustanciales que el ordenamiento  impone,  sino  que  además,  para  decretarla  debe  atenderse  a  los  fines u  objetivos  que,  de  acuerdo  con la Constitución, se hayan establecido para la  misma”.   

“Por   lo   tanto,   la  Corte  deberá  condicionar     la  constitucionalidad  de  los  artículos 397 del Decreto 2700 de 1991 y 357 de la  Ley  600  de  2000,  bajo  el  entendido  de  que,  la procedencia general de la  detención  preventiva,  está  sujeta  a que en cada caso concreto se valore la  necesidad  de  la  misma en atención a los fines que le son propios, de acuerdo  con   la   Constitución   y   con   la   ley,   en   los   términos   de  esta  providencia”.5           

          Desde  luego,  frente  al  contenido  de  los textos legales, estos  fines  difieren  de  las funciones que a la pena le asigna el artículo 4º. del  Código Penal,   

          “…  de  prevención  general,  retribución  justa, prevención  especial,   reinserción   social  y  protección  al  condenado”,   

de  manera que cuando se pretenda verificar  la  procedencia  de  la  medida  cautelar  no habrá por qué hacer referencia a  éstas,  pues unos y otras no pueden confundirse: unos son los propósitos de la  pena    ya    impuesta    al    condenado    y    otros   los   de   la   medida  precautelativa.   

Ahora  bien.  Acreditado que en el caso del  doctor   DAZA   DAZA  la  comparecencia     al     proceso    –luego  de  emitida  la orden de aprehensión- y la preservación de  la  prueba  son  fines  para  cuyo  cumplimiento quizás no se precisaría de la  privación  de  libertad  pues ha dado muestras de que no eludirá la ejecución  de  la  pena,  si  a  ello  hubiese  lugar, y la actividad probatoria básica ya  concluyó,  se  limitará  la Sala a examinar la presencia del tercer requisito,  al  que  alude  el  inciso  2º. del artículo 3º. del Código de Procedimiento  Penal  como  la  necesidad de proteger a la comunidad,  y      el      artículo     355     ibídem,      como      impedir  la  continuación  de  la  actividad delictual,   evaluación  que  en  ningún  caso  implicará  desconocer  la  presunción  de  inocencia  que  ampara al procesado, a pesar de las ineludibles  referencias  que  forzosamente  deberá  hacerse  a  la  imputación que en este  proceso  se le formuló y a las sindicaciones que registra en otras actuaciones,  pues  no  de  otra  manera  podría  efectuarse  el  pronóstico  de continuidad  delictiva  que  la ley obliga a realizar para efectos de determinar la necesidad  de imponer o mantener la medida cautelar.   

Protección  de  la  comunidad   y   continuación  de  la  actividad  delictiva,  como  reiteradamente  lo  ha precisado la  sala,  son conceptos que se pueden asimilar en tanto a la sociedad sólo podría  brindársele    amparo   sustrayendo   de   su   seno   a   quien   fundadamente    se    considera    que  persistirá   en   observar  conductas  que  la  afectan  porque  deterioran  la  convivencia  pacífica  y  la  vigencia  de un orden justo, fines esenciales del  Estado  a  cuya realización las autoridades de la República están obligadas a  contribuir.   

Tal concepto, sin embargo, debe precisarse,  para  evitar  posibles  equívocos  que  podrían  derivarse  de afirmaciones al  margen  que  se han hecho en algunas decisiones de la Sala, en las que se revela  el  estupor  de  la  Corporación  ante  imputaciones  de  inocultable gravedad,  comentarios  que  no  constituyen ciertamente la ratio  decidendi   como  que,  si  bien  se  mira,  la  protección de la comunidad  se  ha hecho consistir finalmente en una medida preventiva cuyo propósito es el  de  impedir  que  el  procesado  afecte  intereses  colectivos  mediante  nuevos  comportamientos penalmente reprochables.   

          Si  proteger,  en  la  segunda acepción que trae el Diccionario de la Real Academia Española,  significa   

          “Resguardar  a  una  persona,  animal  o  cosa  de un perjuicio o  peligro,     poniéndole     algo    encima,    rodeándole,    etc.”,   

es  claro  que  el  fin  de  la  detención  preventiva  no  se  cumpliría porque el hecho le hubiese generado a la sociedad  desconcierto     y     desconfianza     en     las  instituciones,  sino  con  relación  a  las  futuras  conductas  ilícitas de cualquier especie que pueda desarrollar el procesado, no  sólo  aquellas  de  la  misma  modalidad  y naturaleza de la que se investiga o  juzga,   

          “…  pues  sólo  en  esa  medida  se  protege  a la sociedad”.6   

La detención preventiva no puede imponerse,  entonces,  sobre  la  base  de  la  extremada gravedad de la conducta, ni porque  hubiese   afectado   la   reputación   de   la   administración  de  justicia,  ni  por  la  falta  de consideración y respeto que un  servidor   público   tenga   por   su  investidura7,      o      por  los  valores,  principios  y  derechos comportados por nuestro  Ordenamiento                Jurídico8  o  por argumentos morales de  ninguna   especie,   sino,  sobre  todo,  en  cuanto  la  valoración  del  modo  comportamental      del      procesado     permita     concluir     razonablemente  que,  de  permanecer  en  libertad o en caso de recuperarla, podría cometer otros delitos.   

          Por  lo  tanto, tratándose de funcionarios judiciales a quienes se  les  atribuye  la  expedición de una providencia manifiestamente contraria a la  ley,  no  es  la  gravedad del hecho ni la infidelidad  del  procesado  a  las  funciones  a  él  deferidas  por  la Constitución y la  ley9,   o   el   carácter   de  manifiesta  ilegalidad   de   la   providencia   que   emitió10 lo  que  debe considerarse para mantener vigente la restricción de la libertad o no  revocar  la  providencia  que la ordenó, pues ello implicaría que en todo caso  la  imputación de prevaricato haría por sí misma obligatoria la privación de  la libertad del procesado.   

          En  el  caso  que  ocupa  la atención de la Sala no habrá lugar a  revocar   la   medida   de  aseguramiento  que  actualmente  soporta  el  doctor  DAZA  DAZA,  porque  de la  valoración   de  su  conducta  -entendida  como  sucesión  de  comportamientos  semejantes  y  más  o  menos  correspondientes-  que  ha trascendido judicial y  socialmente,  se concluye fundadamente que puede poner en peligro a la comunidad  con  la  comisión  de  conductas punibles. Al fin y al cabo, como lo dispone el  artículo  3.2.  del  estatuto procesal penal, y lo desarrolla su artículo 355,  una    de   las   finalidades   de   la   detención   preventiva   –se   reitera-   es  la  protección  de la comunidad, y a esta se  le  resguarda con el aislamiento de quien, según enseñan las fojas judiciales,  puede volver a realizar acciones u omisiones ilícitas.   

          En   efecto.   Del   doctor   DAZA  DAZA  se sabe que es un hombre de 54 años de edad, natural  de  Villanueva,  Guajira, residente en Valledupar, casado, con cuatro hijos, que  se  desempeñó como fiscal seccional en San Juan del Cesar y en Maicao entre el  2  de  junio  de 1998 y el 2 de abril del 2003, fecha en que su nombramiento fue  declarado  insubsistente.  En 1980 fue juez de instrucción criminal por espacio  de  seis  meses;  fue jefe de acciones fiscales de la Contraloría General de la  República en Riohacha y ha ejercido la profesión de abogado.   

          De   acuerdo   con  los  datos  suministrados  por  el  Sistema  de  Información  de  Antecedentes  y  Anotaciones  de  la  Fiscalía  General de la  Nación,  el  10  de  agosto  del  2000 se decretó su detención preventiva con  beneficio  de  excarcelación  por  el  delito  de prevaricato por asesoramiento  ilegal.   

Las  piezas  procesales  trasladadas a este  proceso  de  aquella  actuación, señalan que en la fiscalía de Maicao a cargo  del  doctor  DAZA,  en  el  sumario  por  homicidio que se adelantaba contra Diofante López, para favorecer  la  situación  del  sindicado  se  confeccionó anticipadamente el texto de una  declaración  que  habría  de  rendir  un importante testigo, quien simplemente  debería  acudir  al  despacho  para firmar el acta que ya había sido discutida  con  el  defensor,  y  se  canceló la orden de captura para que el procesado se  presentara    a    rendir    indagatoria,    según    lo    dice    el   fiscal  investigado,   

“teniendo en cuenta el principio universal  de   presunción   de   inocencia”  y  “amparado  en  las  teorías  modernas  de  los  doctrinantes que  consideran  que  la  excepción  es  mantener  a  un  sindicado  privado  de  la  libertad”.   

Sin  embargo, bien distinto fue su proceder  frente  a  las  imputaciones  recíprocas  que  ante su despacho hicieron dos ex  gerentes  de  la  Empresa  de  Acueducto y Alcantarillado de San Juan del Cesar,  pues  mientras  que  en una abrió investigación previa el 13 de septiembre del  2000  y  escuchó  en versión libre al implicado, en la otra de una vez dispuso  la  apertura  de instrucción el 15 de febrero del 2001 y ordenó la captura del  imputado,  quien  tres  días  antes  lo  había  denunciado por prevaricato por  omisión,  a  quien  dejó  en  libertad  luego  de  escucharlo  en indagatoria.   

Igualmente,   el   doctor   DAZA   DAZA  tiene  en  su  contra  otra  investigación  previa  por  el  delito  de prevaricato por acción, iniciada en  virtud  de denuncia formulada por el procurador 265 judicial penal I, actuación  de la que no obra ningún dato adicional en este proceso.   

Como   puede  apreciarse  de  los  hechos  objetivamente   expuestos,   el   comportamiento  que  ha  observado  el  doctor  DAZA  DAZA antes y después  de  haber  realizado  la  conducta que se juzga en este proceso, permite suponer  razonablemente   que  su  liberación  podría  poner  en peligro a la comunidad, sin que pueda presumirse  que  el  riesgo  sea  menor  por  el hecho de no estar desempeñando actualmente  funciones judiciales.   

Aunque  ciertamente  su desvinculación del  cargo  le  impide en absoluto la comisión de delitos de la misma naturaleza del  que  es  objeto de juzgamiento, es claro que tal era el instrumento que entonces  tenía  a su disposición para realizar conductas antisociales, pero nada indica  que  ante  las  nuevas  realidades de su vida la proclividad a la ilicitud no se  oriente  hacia  otros  comportamientos  punibles que como abogado en ejercicio o  como ciudadano pueda realizar.   

          Reitérese  además,  para  responder las inquietudes del procesado  respecto  de  dos  específicos  casos en los que la Sala revocó las medidas de  aseguramiento    por    conductas    que   el   impugnante   reputa   de   mayor  gravedad11,  que  no  es  la  entidad  del  hecho  sino  la valoración en su  integridad  de  la  conducta  del  acusado  lo que permite inferir como probable  la      continuación     de     su     actividad  delictual  a  que  se  refiere  el  artículo 355 del  Código  de  Procedimiento  Penal.  En  ese sentido, las particularidades que en  cada  evento  se  evalúen,  por  constituir  una  universalidad  comportamental  única,  establecen las diferencias que hacen posible, frente a ilicitudes de la  misma       o       diferente       naturaleza,       formular      diagnósticos     y     pronósticos     de     inclinación  delincuencial válidos sólo para el caso concreto de que se trate.   

          Para    sintetizar,    basta    afirmar:    si    se   observa  el  expediente  con  atención  especial  al  procesado,  y  se interpreta  con  objetividad  aquello  que  ha  hecho en varias ocasiones, se  arriba   al   juicio   de   valor   según   el   cual  el  doctor  DAZA     DAZA    se    ha    mostrado  reiterativamente  involucrado  en comportamientos bastante reprochables. Este es  el  diagnóstico,  del que  fluye  el  pronóstico: como  puede  suceder  que  vuelva a incursionar por esas vías, es necesario velar por  la   comunidad,   manteniendo   su   privación   provisional  de  la  libertad.   

          En  consecuencia,  se  confirmará  el  auto impugnado en cuanto se  abstuvo   de  revocar  la  medida  de  aseguramiento  proferida  en  su  contra.   

También  lo  será  con  relación  a  la  negativa  de  otorgar  la  detención domiciliaria, porque uno de los requisitos  que  para  el  efecto  exige el artículo 38 del Código Penal, al que remite el  parágrafo  del artículo 357 del estatuto procesal -que el desempeño personal,  laboral,  familiar  o  social  del  procesado  permita deducir que no pondrá en  peligro  a  la  comunidad-  coincidente con el fin de la medida de aseguramiento  que se ha venido examinando, no se reúne en este caso.   

          En  mérito  de  lo expuesto la Sala de Decisión Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

CONFIRMAR el auto  del  18 de diciembre del 2003, mediante el cual el Tribunal Superior de Riohacha  negó  las  solicitudes  de  revocatoria  de  la  medida  de  aseguramiento y de  sustitución  de  la  detención  preventiva por domiciliaria, formuladas por el  defensor    del    doctor    CARLOS    JOSÉ   DAZA  DAZA.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

Comisión de servicio  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Según  el  inciso  2º.  del  citado  artículo 356, la medida de aseguramiento  “Se   impondrá   cuando  aparezcan  por  lo  menos  dos  indicios  graves  de  responsabilidad  con  base  en  las  pruebas  legalmente  producidas  dentro del  proceso”.   

2 Las  tres  eventualidades  están indicadas en el artículo 357 del estatuto procesal  penal.   

3 Artículo 355 ibídem.   

4 Artículo 24 id.   

5  Sentencia  C-774, del 25 de julio del 2001, M. P. Rodrigo Escobar  Gil.   

6  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 19  de    noviembre    del    2003,   radicado   21.215,   M.   P.   Herman   Galán  Castellanos.   

7  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 12  de    noviembre    del    2003,   radicado   21.453,   M.   P.   Mauro   Solarte  Portilla.   

8  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 2 de  octubre del 2003, radicado 21.348, M. P. Edgar Lombana Trujillo.   

9 Ibídem.   

10  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 5 de  agosto    del    2003,   radicado   21.191,   M.   P.   Jorge   Aníbal   Gómez  Gallego.   

11  El  impugnante  alude  a  los autos del 30 de noviembre del 2001,  radicado  16.955 bis, M. P. Carlos Eduardo Mejía Escobar, y del 17 de enero del  2002, radicado 18.911, M. P. Fernando Enrique Arboleda Ripoll.     

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