21554(25-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21554  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobada  acta  número  072   

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de agosto de  dos mil cuatro (2004).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por    el    defensor   de   Juan   Bautista   Muñoz  Rodríguez contra la sentencia proferida el 3 de abril  de  2003  por  la sala de decisión penal del Tribunal superior de Barranquilla,  por  medio  de la cual confirmó la del Juzgado segundo penal del circuito de la  misma  sede,  que  condenó  al  procesado  a  la  pena principal de 36 meses de  prisión como autor el delito tentado de hurto agravado.   

HECHOS  

          En  la primera hora de la tarde del dieciséis de febrero de dos mil  dos,  desde  la  terminal asignada a la empleada María Helena de la Hoz – quien  se  encontraba  de  permiso  -,  Juan  Bautista Muñoz  Rodríguez,  utilizando  la  clave  asignada  a   Manuel  Lobo  –  quien  estaba en vacaciones -, ordenó varias trasferencias por  valor  de 523 millones de pesos  a distintas cuentas corrientes y de ahorro  desde  la  oficina del banco Ganadero de Valledupar, aprovechando la ausencia de  sus   compañeros   y  su  condición  de  empleado  de  esa  entidad  bancaria.   

          Ese  mismo  día,  Rosario  Vargas  Colina y Gladis María Donado se  acercaron  a  la  oficina  del  Banco  Ganadero de Barranquilla con el objeto de  retirar,  cada  una,  la  suma  de  veinte  y treinta y nueve millones de pesos,  respectivamente,  de  los cuarenta y cinco millones que a cada una se le habían  depositado    en    sus    cuentas   bancarias   por   parte   de   Muñoz  Rodríguez, sin que pudieran lograr  su  objetivo  por  la sospecha que tales movimientos despertaron en la gerente y  que permitieron descubrir inmediatamente el ilícito.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.  La  Fiscalía 45 Delegada ante los Juzgados penales del circuito  de  Barranquilla abrió investigación penal mediante auto del 18 de febrero del  año  2000,  y  ordenó  escuchar  en diligencia de indagatoria a Rosario Vargas  Colina  y  Gladis  María  Donado,  a  quienes  las  escuchó  en  diligencia de  indagatoria  el día 22 de febrero, imponiéndoles luego medida de aseguramiento  de detención preventiva.   

          2.  La  fiscalía  encontró  mérito  suficiente  para  vincular  a  Juan    Bautista    Muñoz    Rodríguez,  cajero  principal  del  banco,  y  al  subgerente  David Pumarejo  Mendiola,  a  quienes ordenó vincular al proceso mediante providencia del 22 de  febrero  de  2000  (fs.,  79  cuaderno  1),  escuchándolos  en diligencia de indagatoria los días 28 y 29 de  febrero   del   mismo   (fs.,   196  y  216  cuaderno  1).   

          3.  Mediante  decisión  del 1 de marzo del mismo año, la Fiscalía  les  impuso  a  los  procesados medida de aseguramiento de detención preventiva  por  la posible comisión de los delitos de hurto calificado y agravado y estafa  agravada.   

          4.  Apelada  la  decisión,  la  Fiscalía  segunda delegada ante el  tribunal  superior  de  Barranquilla  la  confirmó, mediante decisión del 6 de  junio  de  2000,  pero  solo  en  relación con el delito de hurto, mas no en lo  relacionado  con  el  de estafa (fs., 4 y 18 cuaderno 1  segunda instancia).   

          5.  Clausurada  la  fase  investigativa,  la  fiscalía calificó la  investigación  acusando  a   los procesados por la comisión del delito de  hurto  calificado  y  agravado  (artículos  349,  350,  351  y  372 del código  penal).           

6. Apelada la decisión por parte del defensor  de  Rosario  Vargas  Colina,  la  Fiscalía segunda delegada ante el tribunal de  Barranquilla  la  confirmó,  mediante  providencia  del 12 de diciembre de 2000  (fs.,  10 cuaderno 2 de segunda instancia).   

          7.  El  Juzgado segundo penal del circuito de Barranquilla, luego de  cumplir  regularmente el rito correspondiente a la fase del juicio, a través de  la   sentencia   del   18   de   octubre   de   2002,  condenó  a  Juan    Bautista   Muñoz   a  43  meses  de  prisión  como  autor del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  y  a Rosario Vargas Colina y Gladis  María  Donado  a  26 meses de prisión como cómplices del mismo, al tiempo que  absolvió  a  los  demás procesados (fs., 196 cuaderno  2).   

          8.  El tribunal superior de Barranquilla, mediante providencia del 3  de  abril  de  2003,  confirmó  parcialmente  la decisión, imputándoles a los  procesados  la  comisión  del  delito  de  hurto calificado y agravado tentado,  degradando  la pena para el autor de 43 a 36 meses de prisión, y conservando la  misma pena para los cómplices.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  defensor  presenta  un solo cargo con apoyo en la causal primera  de    casación    por    infracción    directa    a    normas    de    derecho  sustancial.   

          Causal  Primera:  Cargo único.   

          A  juicio  del  recurrente,  tanto  el  juez  de  instancia, como el  tribunal,  debieron  ser consecuentes con la admisión de la duda probatoria que  reconocieron  en la parte motiva de las decisiones. Por lo tanto, dice, su labor  consistirá  en  guiar  a  la  Corte  con  el objeto de destacar los apartes mas  importantes  en  donde  se  concentra  el  error  que condujo a los juzgadores a  infringir   de   manera   directa  el  postulado  del  “in  dubio  pro  reo”  (artículo    7   del   código   de   procedimiento  penal).   

          Para  este  efecto, el demandante transcribe apartes de la sentencia  del  juez  de  primer  grado  y  en  concreto  el  sector en donde se analiza la  declaración  del vigilante Alejandro Serje, para concluir que el juzgado abrió  un  espacio  de  duda  que ha debido de reconocerse a favor del procesado, en la  medida  que  admitió  que  el testigo no fue coherente en su declaración y que  indicó aspectos que estaba en imposibilidad de constatar.   

Además,  el  mismo  fallo  acepta  que  el  testimonio  del  testigo  está  conformado  por  dichos  ciertos  y falsos, que  consideró  necesario  depurar  mediante  la interpretación del testimonio a la  luz  de  otras  pruebas  que  obran  en  el  proceso,  en razón de lo cual esta  situación  obligó  al  juez  a  hacer  un  esfuerzo dialéctico adicional para  descubrir el contenido del testimonio.   

          Posteriormente,  destaca  de nuevo apartes de la reflexión del juez  de  instancia  acerca de la imposibilidad que tenía el testigo para observar la  ejecución  del  comportamiento  que  se le atribuye a su defendido, de lo cual,  según  su  criterio,  emerge  con  nitidez  la  duda  que tenía el juzgador al  admitir  las  imprecisiones del testigo con respecto a las afirmaciones que hizo  con relación a ese específico momento.   

          De  este  modo,  señala el demandante, el juez termina por concluir  que  “este  testimonio  no  es  suficiente  por  si  solo  para  demostrar  la  responsabilidad     del     procesado     por     presentar     las    falencias  señaladas.”   

Por  lo  tanto,  “el  señor juez trabajó  intensamente  con  la  convicción  de  que el proceso estaba impregnado a punta  (sic)  de  una incertidumbre  probatoria  de grandes proporciones, pero aún así se atrevió a desarrollar la  violación  directa  de la ley sustancial, que para el caso sub examine lo es el  artículo 7 del código de procedimiento penal.”   

          El  tribunal,  por  su  parte,  no desconoce que el celador mintió,  pero   así   mismo   concluye   que  ello  no  es  óbice  para  establecer  la  responsabilidad  del  procesado  a partir de la interpretación de esa prueba en  el  contexto  de  las  demás medios de prueba que obran en el expediente, de lo  cual  se  infiere  que el tribunal también aceptó la duda probatoria acerca de  la responsabilidad de su cliente.   

          Al  haber  aceptado  la  duda, debía el tribunal aplicar la máxima  consignada  en el artículo 7 del código de procedimiento penal, que como norma  rectora  que  es,  tiene  mayor  linaje que las demás que conforman el estatuto  procesal,  en  armonía con aquella que señala que toda decisión debe fundarse  en pruebas legal, regular y oportunamente allegadas al proceso.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURA  

PRIMERA DELEGADA  

La  Sala  penal de la Corte ha reiterado que  para  reconocer  la duda no se puede recurrir a suposiciones propias ni llegar a  esa  conclusión a partir de expresiones aisladas, mentirosas u oportunistas del  procesado.  Así  mismo,  para reconocerla no basta su sola afirmación, pues le  compete   al   juez   apreciar  los  medios  de  prueba  mediante  un  ejercicio  dialéctico,  que  con  apoyo  en  las  reglas  de  la sana crítica, le permita  obtener  la  certeza  o  la duda en orden a formarse un juicio racional sobre la  responsabilidad o inocencia del justiciable.   

Del  estudio  de  las  sentencias  de  los  juzgadores  de  instancia  se  colige  que  ellos  apreciaron  las  pruebas, las  cotejaron,  para  obtener la conclusión de verdad que ofrecen las mismas. Así,  “resulta  admisible que se pueda tomar parte de una prueba para complementarla  con  datos  probatorios  de  otros  medios  de  prueba, para construir la verdad  judicial,  que  será  la  única  válida  en  casos  como  este  y la que debe  atenderse  preferencialmente  por la doble presunción de acierto y de legalidad  que ampara los fallos de segundo grado.”   

Las  pruebas  que  sirvieron  de  base  a la  decisión  no  se  apreciaron  en  sentido  particular, sino en conjunto y en su  interrelación  lógica,  razón  por  la cual no basta en sede de casación con  referirse  a  una  de  ellas  en  particular, como quiera que lo que propende el  recurso  extraordinario  es  “desvirtuar  en  toda su extensión el raciocinio  judicial  que  surge de la evaluación del acervo como comunidad de la prueba, y  por  ello  si  subsiste  un segmento probatorio válido que apoye la conclusión  axiológica judicial, es imposible validar la sentencia.”   

De   otra   parte,   es  evidente  que  el  sentenciador  no  reconoció  la  duda,  sino  que  concluyó que tenía certeza  frente  a  la  responsabilidad del procesado, razón por la cual el casacionista  debió  ajustar la demanda a ese preciso punto de partida, si lo que buscaba era  quebrar  el  fallo  por  violación directa de la ley. Pero además, no se puede  esperar  en  sede  de  casación  que la Corte infiera que no existe certeza tan  solo  a  partir del aislado examen de las pruebas (en este caso el testimonio de  Alejandro  Serje),  como  quiera  que  se  requiere un examen en conjunto de los  medios de prueba que conforman la parte probatoria del fallo.   

De  la  forma  como el tribunal analizó las  diversas  pruebas que obran en el proceso y de las inferencias que construyó al  respecto,  se tiene que concluyó que ellas lo llevaban al convencimiento de que  el procesado era el autor de la conducta punible.   

          En consecuencia, solicita no casar la sentencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primero: En el marco  de   la   defensa   de   la   ley   sustancial  -conformada  por  el  bloque  de  constitucionalidad  -,  que  es  uno  de los fines supremos de la casación y en  orden  a  defender  el  reconocimiento  del  principio  del in dubio pro reo, el  casacionista  puede acudir a dos opciones con apoyo en la causal primera: o bien  denunciando  la infracción directa de la ley (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea),   lo  cual  supone  demostrar  que  en  la  decisión  se  aceptó  la  duda  probatoria  y  que  no  obstante se omitió su  declaración  en  la  parte  resolutiva de la decisión; o atacando la sentencia  por  violación  indirecta de la ley, lo cual implica probar que el sentenciador  incurrió   en   ese   vicio  como  consecuencia  de  la  errónea  apreciación  probatoria,  ya  sea por errores de hecho (falso juicio  de  existencia,  identidad  o  falso  raciocinio) o de  derecho   en   la   apreciación   de   los   medios   de   prueba  (falso   juicio   de   legalidad   o   de   convicción). 1   

De  este  modo,  si  la  vía  seleccionada  corresponde  a  la  primera de las modalidades indicadas, al demandante le está  vedado  cuestionar  los  supuestos  de  hecho y la apreciación de los medios de  prueba  que hizo el sentenciador en la sentencia, pues se trata de abrir espacio  a  un  juicio  de  derecho,  jurídico  y  eminentemente  normativo.2    En  cambio,  bajo  la  segunda  de las perspectivas, es su deber destacar el tipo de  error  en  que incurrió el tribunal en la apreciación de los medios de prueba,  señalar   su   modalidad   y  ensayar  una  nueva  valoración  probatoria  con  superación  de  los defectos que en esa materia se le atribuyen a la decisión,  con  el objetivo de relevar la indebida adjudicación de la ley sustancial en la  declaración     de     justicia     final.     3   

Segundo:   El  argumento  central  de la demanda es fáctico y probatorio. En efecto, lo que el  demandante  cuestiona es la supuesta e indebida conclusión a la que el tribunal  llegó  a  partir de la errada e indebida apreciación probatoria del testimonio  del  celador  Alejandro  Serje,  lo  cual  explica  su  empeño por resaltar las  incongruencias  que  a  su  juicio se manifiestan en su declaración. Si ello es  así,  como  en  efecto  lo  es,  ha  debido  apoyar  el cargo en el marco de la  infracción  indirecta  de la ley, como que la demanda tiene por objeto destacar  los  defectos  de  apreciación  probatoria que habrían conducido al tribunal a  incurrir  en  la  violación  indirecta  de disposiciones de derecho sustancial.   

En  este  sentido, que el recurrente no haya  titulado  el cargo como corresponde es tema que se puede superar, pero lo que si  no   se  puede  hacer  es  complementar  la deficiencia argumentativa de la  demanda,  salvo  a  riesgo  de  ignorar el principio de justicia rogada que a la  casación  rige  y  que implica que la demanda sea clara, precisa y coherente en  la  formulación de los cargos y en el desarrollo de los mismos como corresponde  al  principio  de sustentación suficiente, a menos que la Corte encuentre que a  pesar  de  esas  deficiencias  esté  de  por  medio la violación de garantías  constitucionales    y    legales    o    los   mismos   cimientos   del   debido  proceso.   

Por estas razones se debe reiterar – como ya  se  dijo  -,  que  de  haberse  formulado correctamente la demanda, al censor le  correspondía  señalar  en concreto en donde radica el error del tribunal   –  lo cual con algún grado de flexibilidad se podría decir que lo hizo -, para  a  partir  de  allí  realizar  el  ejercicio  de  una  nueva interpretación en  sistemática  de  los diversos medios de prueba con inclusión y corrección del  medio  cuyo  defecto  se  rechaza,  en  orden  a  demostrar  la  trascendencia e  incidencia del error en la declaración de justicia final.   

De  esta  manera  se puede afirmar que no es  acertado  el juicio de ilegalidad que el recurrente plantea contra la sentencia,  en  tanto  estudia  la  decisión a partir de segmentos que le permiten elaborar  unas  muy  particulares  conclusiones  que  por  supuesto  no se pueden aceptar,  precisamente  por  haber  equivocado su punto de partida al tratar de acoplar en  el  marco  de  la  violación  directa  un  tema  eminentemente  probatorio  que  corresponde al sistema de la violación indirecta de la ley.   

Tercero:  No está  muy  lejos  el  concepto del Ministerio Público de lo que la Corte afirma, pues  también  allá  se  entiende  que en la sentencia no se reconoció el estado de  duda,   sino   la   certeza   sobre   la  existencia  del  hecho  punible  y  la  responsabilidad  (fs.,  10  del  concepto),  razón  por  la  cual no puede esperar el demandante que la Corte  infiera  o  deduzca  la  infracción  directa de la ley que reclama a partir del  análisis  aislado  y  superficial  que  se hace de la sentencia y del examen de  algunos   parajes   de   la   declaración   de   Alejandro   Serje.   

Por  lo tanto, es claro que el demandante no  supo  asimilar  el  problema  y  escoger el método del cual debía valerse para  denunciar  el  supuesto  error  a  que  hace  mención  y  que subyacería en la  sentencia,  limitándose  a  manifestar su personal percepción sobre uno de los  testimonios  analizados, y mas que ello, diríase que tan solo sobre apartes del  mismo,   lo   cual   por  supuesto  no  puede  ser  suficiente,  y  ya  no  solo  exclusivamente  por  razones  de  técnica, para quebrar la doble presunción de  acierto y de legalidad que ampara al fallo.   

En ese orden, y en aras de resaltar el error  en  que  incurre  el censor, nótese que toda su argumentación gira en derredor  de   su  particular  interpretación  de  apartes  del  testimonio  del  celador  Alejandro  Serje,  pero  no  tuvo en cuenta que se consideraron otros argumentos  probatorios que llevaron al tribunal a considerar lo siguiente:   

“…  una  vez que se enuncia que el solo  testimonio  del  celador Serje no alcanza a generar la certeza para condenar, se  dedicó  la  primera  instancia  a  sustentar  su  condena, trayendo a colación  diversas  circunstancias,  todas  con  apoyo  en  la  foliatura, con cita en los  documentos  en  donde  consta  la  información correspondiente.” (fs., 13 providencia tribunal)   

En  consecuencia,  si  lo  que pretendía el  libelista  era  cuestionar  la apreciación de los diversos medios de prueba, ha  debido  al  menos  respetar  el  contenido  de  la  decisión,  pues  el recurso  extraordinario  de  casación  es  un juicio vinculado a la sentencia, de manera  que  al ignorar su contenido, tomando secciones de un testimonio aislándolo del  contexto  argumentativo  de  la  decisión,  lo  que  demuestra  es, entre otras  razones, la insuficiencia del cargo.   

El    cargo,    en    consecuencia,   se  desestima.   

CASACION OFICIOSA  

En  principio  a  la  Corte  le está vedado  considerar  causales distintas a las alegadas por el demandante, pero así mismo  le  está  autorizado  casar  la  sentencia  cuando quiera que en ella se atenta  contra  garantías fundamentales – no obstante que quien sufra el agravio no sea  el  recurrente  -,  tanto  así  que  la Sala en reciente decisión admitió que  cuando   la   demanda   adolece  de  deficiencias  técnicas  que  llevan  a  su  inadmisión,  puede  revisar  la  decisión  de  segunda instancia cuando de por  medio   está   la   protección   de   garantías   fundamentales  (artículo    216   del   C.P.P.).   4   

Pues bien, en la decisión que se estudia, el  Tribunal  optó  por  degradar la sanción para el autor pero conservó la misma  pena  para los cómplices, lo cual desde luego implica desconocer los principios  de  igualdad  y  de  proporcionalidad,  como  quiera  que  si  el  autor  se  ve  beneficiado  con  la  adscripción  de  su  comportamiento  a  un tipo penal mas  benigno  (hurto calificado tentado), el cómplice de ese comportamiento también  debe recibir los efectos benéficos de esa nueva tipificación.   

Así  entonces,  si  el  tribunal  decidió  disminuir  la  pena de 43 a 36 meses de prisión, lo menos que se podía esperar  es  que  al  cómplice  se  le degrade la pena en la misma proporción (17%). En  consecuencia,  la  Corte  casará  la  sentencia en ese sentido y disminuirá la  pena  de  los  cómplices  de  26  a  21  meses y 5 días, que corresponden a la  proporción  que  el  tribunal  le  disminuyó  al autor por efectos de la nueva  dosificación.   

DECISION  

Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  ADMINISTRANDO  JUSTICIA  EN NOMBRE DE LA  REPUBLICA DE COLOMBIA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY,   

RESUELVE  

Primero: Desestimar  la    demanda    de   casación   presentada   a   nombre   de   Juan   Bautista  Muñoz.   

Segundo:  Casar  parcialmente  la  sentencia en el sentido de fijar en 21 meses y 5 días la pena  de  prisión  para  Rosario  vargas Colina     y     Gladis     María     Donado  González,  y  por  igual  término  la  accesoria  de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

Contra   esta   decisión  no  proceden  recursos   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

HERMAN GALAN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   ALFREDO  GOMEZ QUINTERO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO       ALVARO O PEREZ PINZON   

MARINA         PULIDO        DE  BARON              JORGE        QUINTERO  MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Cfr. Entre otras, Sentencias del 10 de marzo de 2004,  radicación  18328,  M.P. Mauro Solarte Portilla; 5 de mayo de 2004, radicación  17483,  M.P.  Yesid  Ramírez  Bastidas;  12 de mayo de 2004, radicación 14338,  M.P. Edgar Lombana Trujillo.   

2  Cfr.  Auto  del  12  de mayo de 2004, radicado 18580,  M.P. Alvaro Orlando Pérez Pinzón.   

3 Auto  de  mayo  27  de 2003, radicación 19812, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll, que  se  reitera  en  auto del 3 de diciembre de 2003, radicación 20325, M.P. Marina  Pulido de Barón..   

4   Cfr.  Auto  del  19  de  agosto  de  2004,  radicado  21302. M.P. Yesid Ramírez  Bastidas     

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