20911(26-11-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20911   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 128.  

          Bogotá D.C., veintiséis de noviembre de dos mil tres.   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el  defensor   de   CARLOS   ALBERTO  PAREDES,  solicitado en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos,  contra  la  providencia  del  17 de septiembre de 2003, por cuyo medio esta Sala  negó por improcedentes las pruebas solicitadas por la defensa.   

FUNDAMENTOS   DE   LA  IMPUGNACIÓN   

          El  impugnante  comienza  por  señalar  que  de  manera cíclica el  Gobierno  ha  señalado que es en la etapa judicial y ante esta Corporación, en  donde  se  deben  solicitar  y hacer valer las pruebas en favor del requerido en  extradición;  pese  a ello, indica que esta Sala en múltiples oportunidades ha  dicho  que “es al ejecutivo a quien compete el entrar  en  el  análisis  de  la  aducción  y valoración de las pruebas que pretendan  allegarse  a favor del requerido”; igualmente destaca  que  mediante auto del 18 de febrero de 2000, con ponencia del Magistrado Carlos  Mejía  Escobar,  afirmó  la  Sala  que  es  en  la  etapa  judicial en la cual  corresponde  al  requerido  o  a  su  defensor  ejercer  el  derecho  de defensa  solicitando  y  controvirtiendo  pruebas  de  conformidad con los principios del  estatuto  procesal  penal, pues con posterioridad resultará estéril la defensa  ante el Ministerio del Interior y de Justicia.   

También   asevera   que   “la  negativa  a  la solicitud como aducción de pruebas, conlleva la  posibilidad  de no ejercer un verdadero Derecho de Defensa, dejando al ejecutivo  con  facultades  que  la  Constitución  o  la  ley  no  le  otorgan”,  y  entonces concluye que el artículo 29 de la Carta Política  establece  la  prohibición  de  indefensión,  en  el  sentido  de que no puede  negársele  la  imputado  los medios de defensa, pese a lo cual, “la  posición  de  la Sala de Casación Penal conduce a permitir tan  solo  la  designación  del defensor, y que presente solicitudes para salvar las  apariencias  del  rito  procesal, como si dicho formalismo por si solo convierta  la      actuación     en     legítimo     procedimiento     democrático     y  Constitucional”.   

Y  agrega que “de  aceptarse  la  postura  de  la  H.  Sala  de Casación Penal, que ninguna de las  pruebas  solicitadas  por  la  defensa  es  pertinente o conducente, o que todas  ellas  devienen  superfluas, entonces queda una última posibilidad que también  inexplicablemente  se  le  niega  en  este caso al reclamado; es la que en forma  oficiosa   esa   corporación   decrete   los   medios   de  prueba  que  estime  indispensables     para     la     materialización     de     esos     derechos  fundamentales”.   

Hechas las anteriores observaciones, procede  el  impugnante  a  fundamentar  los  motivos  de  su  disenso con la providencia  impugnada así:   

1.            Señala  que  en  las notas verbales por  cuyo  medio  se  solicita  en  extradición  a  CARLOS  ALBERTO   PAREDES,   este   no   aparece   plenamente  identificado   e  individualizado,  pues  en  ellas  se  alude  a  un  ciudadano  colombiano  nacido  en  Cali  el 24 de julio de 1958, en tanto que en el informe  del      Departamento      Administrativo     de     Seguridad     (DAS),  así  como en la información de la  Registraduría  Nacional  del Estado Civil figura como fecha de su nacimiento el  2 de agosto de 1958.   

Por  tanto,  el  defensor  insiste en que es  pertinente  establecer  “por  medio del cotejo de la  tarjeta  decadactilar  de  la  Registraduría Nacional del estado Civil, con las  huellas  de  la  reseña  que  se  tome  al  señor  CARLOS  ALBERTO PAREDES, si  efectivamente,  corresponde  a este ciudadano colombiano, y determinar, si es la  persona     requerida     por     la     justicia     Norteamericana”.   

2.               Manifiesta    el    defensor    que  “las  normas  que  se dicen trasgredidas  (sic) por el señor PAREDES, no aparecen  expedidas  o  firmadas siquiera por el órgano legislativo que en su momento las  expidió”,   y   que   por   ello,  “no  se  puede  asumir  que  una autoridad diplomática o consular se  abrogue  facultades  de  expedición  de documentos contentivos, en este caso de  las    normas    penales,    sin    establecer    hasta    donde    (sic)  se  encuentran  vigentes,  que  su  contenido  contemple  y  corresponda  en  forma  íntegra a lo que el legislador  ordinario  o  extraordinario  previo (sic) para  determinada  acción  u omisión, y ante todo, si es aplicable  al   caso,   para   el   momento   en   que  sucedieron  los  hechos”.   

          Entonces   precisa   que  “no  se  puede  realizar  ningún  reparo  respecto  de  la  documentación  que  sirvió  a  la  formalización,  pero  la queja, la inconformidad, arriba a decir que de todo lo  que  se allegue o anexe, no pueda esa autoridad per se, señalar o manifestar su  autenticidad”.   

          Luego  el  defensor  menciona que esta Sala, al conceptuar de manera  desfavorable  sobre  la  solicitud  de extradición formulada por el Gobierno de  Estados  Unidos  respecto  del  ciudadano  Albeiro  de  Jesús  Uribe  Velásquez  señaló que la ausencia de  firma  y  fecha  en  los  espacios en blanco que para tal efecto aparecen en los  documentos  anexos,  incumplía  uno  de  los  requisitos  para  fundamentar  el  concepto  en  punto  de  valorar la existencia de resolución de acusación o su  equivalente.   

          Aduce  que “el legajo de hojas informales  que  se  juntan  a  este,  como  a  los  trámites  de extradición, en donde he  regentado  la  defensa,  no  trae  siquiera  una  firma del cuerpo legislativo o  ejecutivo,  por  excepción,  de  quienes sirvieron a su expedición, como de la  autoridad  de  ese  mismo  poder  público,  que certifique que efectivamente el  contenido  corresponde  en  su  integridad  a la norma penal, etc., aplicable al  caso, como al solicitado”.   

          3.        Manifiesta  el  defensor  que  anexó  a  la  actuación  cinco  (5)  cuadernos  relacionados  con  el  trámite de extradición de su representado en  México,  por  hechos  que  corresponden  a  los  mismos  que motivan esta nueva  petición del Gobierno de los Estados Unidos.   

Destaca que en virtud del artículo 29 de la  Carta  Política el debido proceso se aplica tanto a actuaciones judiciales como  administrativas,  teniendo  como  una  de  sus  finalidades la protección de la  libertad  del  ciudadano,  razón  por  la cual toda persona tiene derecho a ser  oída,   a   solicitar   pruebas   y   a   controvertir   las  allegadas  en  su  contra.   

También   señala   que   “cuando  se  plantea  un tema para que se estudie en desarrollo de la  garantía  al  debido  proceso,  esta  debe  obtener  una  respuesta”,  como  se  deduce  de  lo  establecido  en  el artículo 35 del  Código Contencioso Administrativo.   

          Refiere  que  la  Sala  rechazó  la  aducción  de  los mencionados  documentos,  “cuando  la  injerencia  proviene de lo  establecido  en  el artículo 17 del Código de Procedimiento Penal, ello es, el  valor  probatorio  de  cosa  juzgada  de  aquellas  decisiones  proferidas en el  exterior”;   acto  seguido  transcribe  apartes  de  pronunciamientos  de  la Corte Constitucional respecto de los principios de cosa  juzgada    y    non    bis    in   ídem.   

          Con    fundamento   en   lo   expuesto,   el   impugnante   solicita  “que  se  reponga  la  decisión de septiembre 17 de  2003,  por  medio de la cual se negaron algunos medios de prueba y se rechaza la  aducción  de  unos documentos aportados por la defensa; en su defecto se ordene  la  práctica  de  las  pruebas  solicitadas,  como  aducción de los documentos  anexados”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Oportuno se ofrece precisar inicialmente que  como  de  tiempo atrás lo ha señalado la Corte, el trámite de extradición no  corresponde  a  la  noción  de  un  proceso  judicial  en  el cual se juzgue la  conducta  de  aquél  a quien se reclama, sino que constituye una herramienta de  cooperación   internacional  establecida  normativamente  en  una  Convención,  Tratado,  Convenio,  Acuerdo,  Constitución  o  ley,  según  el  caso,  con el  propósito  de  asegurar  que quien ha delinquido en un Estado y se encuentra en  otro,  no  evada  la  acción  de  la  justicia y comparezca a responder por los  cargos  imputados que han determinado su acusación, su captura, su detención o  su condena.   

A su vez, el legislador ha dispuesto que este  trámite  se  desarrolle en tres fases, la primera y la última son de carácter  administrativo  y  competen  al  Gobierno  Nacional;  la  fase  intermedia es de  índole  judicial  determinada  por  la  naturaleza  del órgano que interviene,  Corte  Suprema  de  Justicia,  no así por la condición del procedimiento, dado  que  no  se trata de un proceso judicial que deba culminar con un fallo, sino de  un   concepto  jurídico  acerca  de  la  viabilidad  de  conceder  o  negar  la  extradición  solicitada,  que  no  tiene  carácter  decisorio,  y  tanto menos  constituye  un  acto de juzgamiento en cuanto no supone ejercicio de la función  jurisdicente.   

          Es   por   lo   anterior,  que  el  derecho  al  debido  proceso  de  extradición   lo   integran   las   reglas   definidas   en   los  instrumentos  internacionales,  o  en  su  defecto,  como ocurre en este asunto, los preceptos  pertinentes  del  estatuto  procesal penal, a los cuales debe sujetarse el curso  de este trámite.   

Así las cosas, el debido proceso al que debe  ajustar  la  Corte su intervención con ocasión de la solicitud de extradición  se  encuentra regulado expresa y taxativamente en el artículo 520 de la Ley 600  de  2000,  en virtud del cual, se especifican los temas de los que debe ocuparse  al  emitir su concepto, es decir, la validez formal de  los  documentos  presentados  por  el  país solicitante, la plena identidad del  requerido,  el  principio  de  la  doble  incriminación y la equivalencia de la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  sin que se  incluya  de  manera  alguna la valoración probatoria o la interpretación de la  ley  que  corresponde a las autoridades del país requirente para fundamentar la  acusación, como equivocadamente lo pretende el impugnante.   

Lo expuesto no significa que durante la fase  judicial  del  trámite  que  corresponde  surtir  a  esta  Corporación no deba  garantizarse   el   cumplimiento   efectivo  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales  del solicitado, entre ellos, el debido proceso, como en efecto ha  ocurrido  en  el presente evento, pues a partir del recibo del diligenciamiento,  se  ha  imprimido a la actuación el rito preestablecido en los artículos 508 y  siguientes  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Asunto  diverso  es  que el  defensor  pretenda  que  la  Corte  se  arrogue  competencias de las autoridades  extranjeras,  con  lo  que,  sin  duda,  violaría el debido proceso que rige su  intervención.   

De  conformidad  con  lo  anotado,  la  Sala  evidencia  la  manifiesta  confusión  del  impugnante  sobre  dos  ámbitos  de  protección  del  derecho  al debido proceso de su representado; el primero, que  rige  el procedimiento adelantado por las autoridades del país requirente, y el  segundo,  que corresponde a la Corte como autoridad judicial durante la fase que  le compete en este trámite.   

          Ahora  bien,  por  las  mismas razones anotadas, el ejercicio de los  derecho  de defensa y de contradicción del solicitado en extradición se limita  en  este  trámite  a  solicitar  pruebas  o  controvertir las obrantes única y  exclusivamente  en  punto de los específicos temas sobre los cuales corresponde  a  la  Corte  rendir  concepto, sin que entonces pueda ampliarse el ejercicio de  los  referidos  derechos  a  la  petición  o controversia de medios probatorios  sobre  su  responsabilidad  respecto  de  la  acusación  formulada por el país  requirente.   

          Por  lo  expuesto,  cuando  la  Sala  deniega  en  este  trámite la  práctica   de   pruebas   por   considerarlas  impertinentes,  inconducentes  o  superfluas  respecto  del  ámbito  de  su  cometido  funcional y reglado, está  sujetando  rigurosamente  su  labor  al  imperio  de la ley que rige la función  judicial  (artículo 230 de la Carta Política), sin que ello implique de manera  alguna     situación     de     indefensión     para    el    solicitado    en  extradición.   

          Adicionalmente  se  tiene  que de acuerdo al artículo 518 de la Ley  600  de  2000  no  le  es  imperativo  y obligatorio a la Corte decretar pruebas  oficiosamente,  como  lo  señala el defensor, pues según el tenor del precepto  citado  “vencido el término de traslado, se abrirá  a  pruebas  la  actuación  por  el  término  de diez (10) días, más el de la  distancia,   dentro  del  cual  se  practicarán  las  solicitadas  y   las  que  a  juicio  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  sean  indispensables  para emitir concepto” (subrayas fuera  de texto).   

          En  consecuencia,  si  la Sala encuentra que las pruebas obrantes en  el  trámite  de  extradición  son  suficientes  para  proferir su concepto, no  habría  razón  alguna que la determine a disponer la práctica de otros medios  de prueba para abundar sobre los mismos tópicos.   

          Precisado  lo  anterior,  procede  la Sala a pronunciarse sobre cada  uno de los motivos de inconformidad del impugnante así:   

          1.        En  cuanto  atañe  a  que  el  solicitado  en  extradición  no  se  encuentra  debidamente  identificado  e  individualizado  en  atención a que no  coincide  la  fecha  de  nacimiento  registrada en las notas verbales con la que  aparece  en  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil y la que anotó el  DAS,   suficiente  resulta  señalar  que  no es con base en dicha fecha que se identifica una persona, más  aún   cuando  se  advierte  que  ni  el  defensor  ni  el  solicitado  plantean  explícitamente  una  posible  homonimia  que  haría imperativa la práctica de  pruebas  dirigidas  a eliminar la duda sobre el particular, tales como el cotejo  decadactilar que depreca el impugnante.   

          Adicional  a  lo  expuesto  encuentra la Sala que si la petición de  pruebas  tiene una exigencia teleológica, en el sentido de encontrarse dirigida  a  acreditar  una  especial  circunstancia,  el  defensor  no  expone ni la Sala  vislumbra  qué  podría  en concreto  acreditarse con el mencionado cotejo  grafológico.   

          También  se  evidencia  que  en  la  actuación  obran  suficientes  elementos  de  convicción  para resolver sobre el punto en el momento oportuno,  como  son,  entre  otros:  El  nombre  y  número  de  cédula relacionado en la  solicitud  de  extradición,  así  como el nombre y número de cédula de quien  suscribió   el   poder  otorgado  al  defensor  para  actuar  dentro  de  estas  diligencias,  lo  que  permite  concluir  que  la  prueba  solicitada nada nuevo  aportaría,  razón  de  más  para  denegar  la  práctica del medio probatorio  solicitado.   

          2.        Respecto  de  la  ausencia de firma en el texto de los preceptos que  se  estiman  infringidos  por  el solicitado en extradición, baste señalar que  sobre  tal  circunstancia  ya  ha  tenido la Sala la oportunidad de pronunciarse  así:   

         

“Si    la  documentación  allegada  con  la  solicitud  ha  sido traducida por autoridades  extranjeras,  y  la  ley procesal confiere presunción de autenticidad y validez  cuando  los documentos son presentados por vía diplomática, la Corte carece de  competencia  para  cuestionar  un tal trámite, ya que sólo en el evento en que  algunas  de  esas  piezas  no  hayan  sido  vertidas  al  idioma  oficial  de la  República  (art.  10  C.P.), a solicitud de parte o de oficio, procede disponer  que  ello  se  haga…”1.   

A su vez, en otra ocasión puntualizó sobre  el particular la Sala:   

“La Corte carece  de   competencia   para   cuestionar  no  solo  el  trámite  de  traducción  y  autenticación  adelantado  en  los  Estados  Unidos, sino la legitimidad de las  personas  que  intervinieron  en  el  mismo,  toda  vez,  que  tal y como fueron  presentados,  recibieron  aprobación  del  Consulado de Colombia en Washington,  autoridad  que  certificó  sobre las funciones desempeñadas por la persona del  Departamento  de  Autenticaciones  del Departamento de Estado que los presentó,  es  decir, que se cumplió el procedimiento regulado en los artículos 259 y 260  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  la  resolución   2201  de 1.997  proferida   por   el   Ministerio   de  Relaciones  Exteriores,  atinente  a  la  legalización  de  documentos  públicos  otorgados  en  el exterior que vayan a  producir       efectos       en      Colombia,      y      viceversa”2.   

          Por  tanto,  es  palmario  que  carece  la  Sala  de  facultad  para  reprochar  el  procedimiento  de  autenticación de los documentos por parte del  país  requirente,  en  especial,  cuando  no  se presenta motivo razonable para  excepcionar   las   reglas  establecidas  en  nuestra  legislación  interna  al  respecto.   

Ahora bien, con relación a que la autoridad  consular  de  Colombia  en  Estados  Unidos  no  puede  “establecer  hasta  donde  (sic) se encuentran vigentes,  que  su  contenido  contemple  y  corresponda  en  forma  íntegra  a  lo que el  legislador  ordinario  o  extraordinario  previo (sic)  para  determinada  acción u omisión, y ante todo, si  es  aplicable  al caso, para el momento en que sucedieron los hechos”,  pronto  vislumbra la Sala que el cometido que echa de menos el  impugnante  corresponde  realizarlo  única  y exclusivamente a los funcionarios  judiciales  del  país  requirente  al interior del proceso adelantado en contra  del  solicitado  en  extradición,  habida  cuenta  que  ninguna  otra autoridad  extranjera   o   colombiana   tendría  facultad  para  pronunciarse  sobre  tal  temática.   

          Finalmente,  en  punto  de  la  cita  que  realiza  el  defensor, al  señalar  que  esta  Sala  rindió  concepto  desfavorable  en  el  trámite  de  extradición  del  ciudadano  Albeiro  de Jesús Uribe  Velásquez   habida  cuenta  que  algunos  documentos  carecían  de  firma, baste expresar que otras fueron las razones planteadas por  la  Corte  para  conceptuar  de la manera indicada, que no guardan relación con  las   pretensiones   del  impugnante.  En  efecto,  en  el  citado  concepto  se  expuso:   

“Se echa de menos  en  la  documentación  remitida  por  el país requirente el texto íntegro del  denominado  Complaint, pues, siguiendo la descripción  que  de esa pieza procesal hace la Nota Verbal en la transcripción que se viene  de  hacer,  corresponde  a  una  forma  especial de trámite, para asuntos   estatales,  no federales, que se encuentra sometida a un control previo del Juez  para    que    evalúe    si    existe    o    no   causa   probable.   

“De consuno con  el  Agente del Ministerio Público, concluye que se ha incumplido con uno de los  requisitos  necesarios  para  fundamentar  el Concepto que debe rendir dentro de  este  trámite  pues  no se agregó la ‘copia  o  transcripción auténtica de la resolución de acusación  o   de  su  equivalente’  (artículo  531-1  Código  de  Procedimiento  Penal),  razón  suficiente  para  emitirlo  desfavorable  a  la  solicitud  elevada por el gobierno de los Estados  Unidos   de   América”3.   

          3.        Con  relación  a la presunta vulneración de los principios de cosa  juzgada  y  non  bis in ídem  del  requerido,  que el defensor fundamenta en un trámite de extradición de su  representado  en  México,  por hechos que corresponden a los mismos que motivan  esta  nueva  petición del Gobierno de los Estados Unidos, considera la Sala que  dicha  situación le corresponde debatirla ante los jueces del país requirente,  habida  cuenta  que no guarda relación alguna con los delimitados elementos del  concepto que corresponde emitir a la Corte.   

          En  efecto,  una  vez  más  se advierte que el defensor confunde el  ámbito  del debido proceso en este trámite que debe adelantarse de conformidad  con  unas  reglas  especiales dispuestas por el legislador, con el ejercicio del  debido  proceso  en  la  actuación  que  contra  el  solicitado en extradición  adelanta  el  país  solicitante, pues si lo que se pretende acreditar es que el  requerido  ya fue procesado por los mismos hechos que fundamentan esta solicitud  de  extradición,  ello  debe  ser  propuesto  y  debatido  ante  los jueces que  adelantan  el  respectivo  proceso, y no en este trámite, que como tantas veces  se  ha  dicho, sólo otorga facultad a la Corte para conceptuar sobre unos temas  específicos,      dado     que     entrar  en  una  controversia de orden jurídico como si se tratara de  un  acto  jurisdiccional,  conllevaría  desconocer  la  soberanía  del  Estado  requirente.   

          Entonces,  la  Sala no repondrá la decisión atacada, habida cuenta  que  las  pruebas  con  cuya denegación se encuentra inconforme el defensor del  solicitado    en    extradición    CARLOS   ALBERTO  PAREDES   resultan  impertinentes  en  punto  de  los  precisos   temas   sobre   los   que   corresponde   a   la   Corte   emitir  su  concepto.   

Como  en la providencia impugnada se dispuso  correr   traslado   por  el  término  de  cinco  (5)  días  al  solicitado  en  extradición   CARLOS   ALBERTO   PAREDES,  a  su  defensor  y al Procurador Delegado, para que presenten sus  alegatos  previos  al  concepto de la Corte (artículo 518 del estatuto procesal  penal),  se  ordena  dar  curso  al  referido  traslado  una  vez  en firme esta  decisión.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          NO  REPONER la providencia del 8 de mayo  de  2003,  por  cuyo  medio  esta  Sala  negó  por  improcedentes  las  pruebas  solicitadas   por   la   defensa   de  CARLOS  ALBERTO  PAREDES, solicitado en extradición por el Gobierno de  los Estados Unidos de América.   

CORRER   el   traslado   dispuesto  en  la  providencia impugnada una vez en firme esta decisión.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Auto  del 15 de agosto de 2000. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll.   

2 Auto  del 11 de marzo de 2003. M.P. Carlos Galvez Argote.   

3  Concepto   del   3   de   septiembre   de   2003.   M.P.   Dr.   Yesid  Ramírez  Bastidas.     

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