19754(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19754   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

  Magistrado Ponente:  

     Dr.    JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

  Aprobado Acta No. 99  

Bogotá, D.C, cuatro de septiembre de dos mil  tres.   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la  Corte sobre la acción de  revisión   presentada  por  el  apoderado  de  ALVARO  ANTONIO  HERRERA  ARIAS,  quien  fue condenado por los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal,  según  sentencias  de fechas marzo 29 y julio 19 de 2000 proferidas,  en  su  orden, por el Juzgado 2º  Penal del Circuito de Cali y el Tribunal  Superior de la misma ciudad.   

HECHOS  

          La  síntesis  que  de  los hechos hizo el Juzgado de instancia, es  del siguiente tenor:   

“En  sucesos  acaecidos el 15 de julio de  1999,  aproximadamente a las 4:30 de la tarde, en el establecimiento Billares el  Paisa,  ubicado  en  la  calle  32  No.  27 A- 22 del barrio Villanueva de ésta  ciudad,  cuando  se  encontraban  jugando  parqués  el  señor  Wilmar Quintero  Herrera  y  unos  primos, se acercaron unos individuos en el vehículo de placas  BKB-149,  del  cual descendieron dos y con armas de fuego la emprendieron contra  Quintero   Herrera   a   quien   le   causaron  la  muerte,  y  lesiones  a  sus  acompañantes”.    

ANTECEDENTES  

         Por  tales  hechos, al ahora demandante en revisión ALVARO ANTONIO  HERRERA  ARIAS,  se  le juzgó como autor de los delitos de homicidio agravado y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal, y mediante fallo de marzo  29   de  2000  se  le  declaró  penalmente  responsable  de  dichas  conductas,  fijándole  como  pena  principal  la  de 42 años de prisión y la accesoria de  interdicción  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por el término  de  8  años,  según  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito     de     Cali.     Recurri­do  el  fallo  por  el  defensor,  desató  el  recurso el Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad,  que  mediante  fallo  de  julio  19  de  2000,  confir­mó  la  condena  impuesta.   

LA DEMANDA  

         La  acción  de revisión se promueve al amparo de las causales 3a.  y   5a.   del   artículo   232  del  anterior  Código  de  Procedi­miento  Penal (hoy artículo 220 de la  ley  600 de 2000), esto es, bajo la consideración de que con posterioridad a la  sentencia,  surgieron  hechos  y  pruebas  nuevos  no conocidos al tiempo de los  debates,  que  establecen  la  inocencia del condenado, y se demuestra, mediante  decisión   en   firme,   que   el   fallo   se  fundamentó  en  prueba  falsa,  respectivamente,    cuyo    sustento    puede    resumirse   de   la   siguiente  manera:   

         Las pruebas nuevas, dice el demandante,  están  constituidas por las declaraciones extrajuicio vertidas por Adolfo David  Delgado  Gutiérrez,  Eduardo  Antonio  Roa Andrade, Guillermey Mosquera Castro,  Cesar  Alberto  López  López,  Jhon Dayner Quintero y Eduardo Mera Domínguez,  testimonios  que  dan  razón  de  que el homicidio juzgado no fue ejecutado por  ALVARO  ANTONIO  HERRERA  ARIAS,  porque  su  captura se produjo “mucho  tiempo  después  de  la  comunicación  por  radio sobre el  delito”,  cuando  “se  encontraba solo y caminando”.   

         

          Bajo   lo  que  titula  “fundamentos  de  derecho”,   destaca   su  inconformidad  porque  la  Fiscalía  no  se  preocupó  en  determinar  la veracidad de la imputación del  homicidio,  bastándole tener como única prueba el informe policivo rendido por  Guillermey  Mosquera  Castro,  sin  tenerse  en  cuenta la versión de los otros  patrulleros  que  contradicen  las  aseveraciones del primero, circunstancia que  llevaba   a   plantear   un   interrogante   sobre   quién   había   dicho  la  verdad.   

          Critica  que  la  Fiscalía  no  haya  practicado  una diligencia de  reconocimiento  en  fila  de personas, a pesar de que los testigos dijeron estar  en posición de reconocer al posible autor.   

          La  condena impuesta contra su representado fue superficial, máxime  cuando  surgían  una  serie  de  dudas  que  debieron ser resueltas a favor del  procesado  como  lo  impone  la  presunción  de  inocencia,  de expreso arraigo  constitucional.   

            Los agentes Delgado, Roa, Quintero y Mera contradicen lo dicho por  Mosquera  e  informan que nunca se dio un disparo de arma de fuego al momento de  la  captura  de  HERRERA ARIAS, quien se encontraba pacíficamente parado en una  esquina  cuando  los  agentes  retornaban  de  perseguir  infructuosamente a los  sujetos que habían abandonado el vehículo de placas BKB 149.   

          En  el  proceso no existe una declaración de testigo que señale al  hoy  condenado  como  uno  de  los  homicidas  que se transportaban en el citado  vehículo,  así  como  tampoco se demostró que su defendido fue quien disparó  contra  Wilmar Quintero, de donde se torna injusto que esté cumpliendo una pena  por un delito que no cometió.   

          Las  sentencias  demandadas se basan en meras suposiciones, teniendo  como  única  base el informe de Guillermey Mosquera, incurriéndose en un falso  juicio  de  legalidad,  máxime  cuando de acuerdo con el dictamen de balística  los  proyectiles  que  hicieron  impacto  en  el cuerpo de la víctima no fueron  disparados  con  ninguna  de  las  armas  decomisadas  a su representado, lo que  demuestra su inocencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         De  manera  reiterada  ha  venido sosteniendo esta Sala de la Corte  que  por  constituir  la  acción de revisión un ataque contra la solidez de la  cosa  juzgada,  no  sólo  debe  someterse  a las taxativas causales que para su  prosperidad  indica  el  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal, sino  que  además  requiere  del  aporte  de  medios  de  prueba serios, procedentes,  idóneos  y con suficiente grado de credibilidad y trascendencia para conducir a  la  rectifi­ca­ción  del  error que se le adjudica a  la  providencia  atacada,  superando  en  ella  la  injusticia  que  el actor le  adjudica.   

         

          En  el  caso  presente, a pesar de referirse el actor a las causales  3ª  y  5ª  de  revisión  del  citado  artículo  220,  la  primera alusiva al  surgimiento  de  hechos  nuevos  o pruebas no conocidas al tiempo de los debates  que  establezcan la inocencia del condenado o su inimputabilidad, y, la segunda,  relativa  a la existencia de decisión en firme que acredite que la sentencia se  fundamentó  en prueba falsa, al cotejar la demanda y el contenido de los fallos  de  instancia,  desde  un  principio  se  observa que el planteamiento propuesto  ahora  por  el  accionante  ya  había  sido  objeto de amplia discusión en las  instancias,  lo  que de bulto entra a contradecir su formulación al interior de  la  causal  tercera,  pues nada tiene de novedad lo ahora expuesto, en relación  con  lo que fue objeto y centro del superado debate probatorio; y en cuanto a la  causal   5ª,  la  demanda  no  se  acompaña  de  aquella  necesaria  decisión  ejecutoriada   que   acredite  que  el  fallo  se  fundamentó  en  prueba falsa.   

En  efecto,  frente  a la causal tercera, ha  sido  dicho  por  la  Sala  que  corresponde  al  actor  demostrar  no  sólo el  surgimiento  de los hechos nuevos o pruebas de similar naturaleza, que apunten a  acreditar  la  inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  sino, lo más  importante,  que  el  fallador no tuvo oportunidad de pronunciarse sobre ellos y  que  de  haber  sido conocidos o haber ingresado oportumamente al expediente, la  solución  del  asunto  hubiera  sido  sustancialmente  distinta  y opuesta a la  adoptada.   

          En  este punto, las alegaciones propuestas  por  el  actor  no  constituyen  otra  cosa que la insistencia en planteamientos  fracasados  en la instancia, que, por serlo, ninguna novedad aportan frente a la  acción    de   revisión   que   se   intenta,   pues   la   afirma­ción  de no haber sido valorados unos  testimonios  por los juzgadores se desvirtúa enteramente con la sola lectura de  las  sentencias demandadas donde se ve el análisis que sobre los mismos hizo el  fallador,  sin  que  pase desapercibida para la Sala la maliciosa intención con  la   que  en  el  proceso  a  revisar  se  había  querido  ya  distorsionar  el  conocimiento  de  los  administradores de justicia, al punto que, como consta en  la  sentencia de segunda instancia allegada, ya se había obligado a expedir las  copias  para  la  averiguación  penal  del  falso  testimonio  rendido  por los  policiales  Jhon  Dayner  Quintero  Gómez,  Eduardo  Antonio Roa y Adolfo David  Delgado  Gutiérrez,  declarantes a quienes se critica allí de querer favorecer  al  procesado  en  detrimento  de  la  verdad,  razón por la cual sus dichos no  merecen ninguna credibilidad.   

Las declaraciones de los agentes Guillermey  Mosquera  Castro  y   Cesar  Alberto  López López con los que se aspira a  demostrar  la  real inocencia del senten­ciado   (supuesto   hecho   desconocido   por  las  instancias)  no  constituye  en  realidad  prueba  nueva,  porque los declarantes fueron personas  ampliamente  conocidas y escuchadas dentro del proceso cuya revisión se pide, y  dentro   del   cual   se   sometió  su  dicho  a  la  crítica  probatoria  que  correspondía.  Si lo que se pretende de novedoso en el dicho de Mosquera Castro  es  su  afirmación  de  que  no  puede  asegurar  que el ahora condenado ALVARO  HERRERA  haya  sido  uno  de  los individuos que se bajó del vehículo donde se  transportaban  los  homicidas,  tal  aseveración  fue objeto de análisis en la  sentencia  de  segunda  instancia,  en  la  que  frente  al punto se reflexionó  así:   

“Si bien es cierto la respuesta final del  policial  (Guillermey  Mosquera  Castro)  no  es  contundente  en  el sentido de  afirmar  con  certeza  haber  visto bajar al capturado del vehículo Mazda no es  menos  cierto  que  se  ratificó  nuevamente  de su declaración de 16 de julio  señalando  no  tener nada más que decir, afirmando que la captura sucedió por  el  reporte de la central donde daban la filiación de los sujetos comprometidos  siendo  que  el  capturado se adecuaba a la descripción y portaba, además, las  pistolas y chaleco antibalas” (página 30 del fallo).   

         Así  las cosas, el planteamiento propuesto ahora por el accionante  ya  había  sido  objeto de amplia discusión en las instancias, lo que de bulto  entra  a contradecir su formulación al interior de la causal tercera, pues nada  tiene  de  novedad  lo  ahora  expuesto,  en relación con lo que fuera objeto y  centro del superado debate probatorio.   

          Y  si  lo  que  en  realidad  quería  el  accionante,  era  acudir  a  la  causal  5ª  de  revisión  que  invoca, le era  imperioso  alegar  y  demostrar  su ocurrencia, ciñéndose a las exigencias del  precepto  transcrito, valga decir, demos­trando  con prueba calificada (providencia en firme) la falsedad de  la  prueba  que  dio  sustento  al  fallo  que  ataca.  Pero  a la demanda no se  acompaña  ese  insustituible  medio  probatorio, mas, ni siquiera se aproxima a  encaminar  la  alegación  dentro de los motivos de la causal que invoca, porque  prefiere  remitirlos  a  un supuesto error al interior de la sentencia, y ello a  las   claras   significa   que   se   desentendió   de   la  exigen­cia    formal    ineludi­ble  prevista  en  los numerales 3 y 4  del     artículo     222     del     Código     de     Procedimien­to   Penal,  lo  que  por  anticipado  inclina  a  su desestimación formal, en cuanto así obliga a proceder el inciso  segundo del artículo 223 ibídem.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          1.-   Reconocer   al   doctor   Julio  E.  Hernández   Giraldo   como  defensor  del  condenado  ALVARO ANTONIO HERRERA ARIAS,  en    los    términos   y   para   los   efectos   precisados   en   el   poder  conferido.   

2.-   Rechazar  la  demanda  de  revisión  que en representación del  mencionado  reo  instauró  su  defensor,  por  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS           CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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