9577 (25-07-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA DE CASACION/  HOMICIDIO/ LEGALIDAD DE LA PENA   

Tesis:  

“El  recurrente  que  se  acoge  a la causal  segunda  de  casación  aduciendo absoluta falta de armonía o consonancia entre  la  resolución de acusación y la sentencia, debe comprobar que ésta resolvió  o  definió  una  situación  jurídica distinta a la plasmada en la providencia  enjuciatoria  como  cuando  en  el  pliego  de cargos se imputa falsedad y en la  sentencia  se  absuelve  o  se condena por estafa” (Casación, 4 de noviembre de  l993. M.P. doctor Jorge Carreño Luengas).   

El  desacuerdo  entre  estos  pilares  del  juzgamiento  no  se  pregona, para efectos de la causal segunda de casación, de  la  sanción  que  le  corresponda,  la  cual  depende  exclusivamente de la ley  aplicable   y   el  juzgador  no  puede  variarla  pues,  de  hacerlo,  estaría  quebrantando  el principio de legalidad de la pena, que prohibe imponer sanción  que  no  se  encuentre  establecida  en  norma  vigente  (arts.  29 Const. y 1°  C.P.).   

Es  lo  cierto que la pena señalada para el  homicidio  simple es la de 25 a 40 años de prisión, de acuerdo al artículo 29  de  la  ley   40 de l993, norma legal preexistente al hecho punible, puesto  que  entró  en  vigencia  “a partir de su promulgación”, ocurrida en el Diario  Oficial No. 40.726, correspondiente al 20 de enero de 1993.   

La  referencia  en el pliego de cargos a los  extremos  punitivos  de  una  norma  previamente  modificada  (artículo 323 del  Decreto  100  de  1980), constituye error en que no ha debido incurrir el Fiscal  al  efectuar  la  calificación,  pero  su  lamentable  falta  de actualización  ninguna  fuerza  vinculante  puede  tener  para al sentenciador, que sólo ha de  acatar  lo  expresamente  dispuesto  por  la  ley  preexistente  al  acto que se  imputa   

De  otra  parte,  lo  que  la resolución de  acusación  debe  contener,  en  lo pertinente (art. 442-3), es la calificación  jurídica,  “con  señalamiento del capítulo dentro del título correspondiente  del  Código  Penal”,  normatividad  en  la  cual  se  hallarán los topes de la  punibilidad para cada caso.   

PROCESO                              : 9577   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No.110.-   

Santafé  de Bogotá D.C., julio veinticinco  (25) de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S:   

El  24  de  febrero  de  l994,  el  Tribunal  Superior  de Ibagué confirmó la sentencia dictada por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Melgar,  que  condenó  a ALCIBIADES MORENO WALTERO a la pena  principal  de  25 años de prisión, a la sanción accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  publicas por un período igual al de la pena principal y  al  pago  en  concreto  de los perjuicios causados, por hallarlo responsable del  delito    de    homicidio;    decisión    recurrida   en   casación   por   el  procesado.   

           H E C H O S   

La  tarde del 30 de enero de l993 dentro del  establecimiento  público conocido como “Cafetería Central” de la población de  Melgar  (Tolima),  se  suscitó  un altercado entre el lustrabotas William Duque  Alzate  y  el  agricultor  Alcibíades Moreno Waltero por la cancelación de una  cuenta  de aguardiente, en desarrollo del cual William, quien carecía del brazo  izquierdo,  golpeó a Alcibíades y éste, desenfundando un cuchillo que llevaba  en  un  bolso,  le  propinó  una  cuchillada  en  el abdomen, produciéndole la  muerte.   

          ACTUACION PROCESAL   

Inició  la  investigación  la  Fiscalía  Cuarenta  y Cuatro de Melgar, oyendo en declaración a los testigos presenciales  y  en  indagatoria  al sindicado Alcibíades Moreno Waltero, a quien definió la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  el delito de homicidio.   

Cerrada   la   instrucción,  procedió  a  calificar  su mérito con resolución de acusación en contra del procesado, por  el  delito  de  homicidio simple, citando el texto del artículo 323 del Código  Penal   anacrónicamente,  por  cuanto  menciona  la  punibilidad  originalmente  prevista en el Decreto 100 de 1980.   

Adelantado  el  juicio y celebrada audiencia  pública,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Melgar  puso fin a la  instancia  condenando  al acusado Moreno Waltero a la pena principal de 25 años  de  prisión  conforme  al  artículo  323  del Código Penal, modificado por el  artículo  29  de la ley 40 de l993, a la sanción accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por “un período igual al de la pena principal”;  fallo  apelado  por  la  defensa  y  confirmado,  sin ninguna variación, por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  mediante  el  que  es  objeto  del  recurso  de  casación.   

          DEMANDA DE CASACION   

Bajo  el  ámbito  de las causales segunda y  primera  de  casación  se  formulan,  en  su  orden, los siguientes cargos a la  sentencia impugnada:   

PRIMERO: Falta de  consonancia  de  la  sentencia  con  los  cargos formulados en la resolución de  acusación,  toda  vez que la pena de 25 años de prisión impuesta al procesado  Alcibíades  Moreno  Waltero  con  fundamento en el artículo 29 de la ley 40 de  l993,  está  en  desacuerdo  con  el  cargo de homicidio simple por el cual fue  llamado  a  responder  en  juicio,  que  le representaba una sanción de l0 a l5  años de prisión, conforme al articulo 323 del Código Penal.   

Concreta la libelista la impugnación en los  siguientes términos:   

        “La  sentencia  de  primera  instancia  que  fue  confirmada en su  integridad  por  el  fallo  que  se  acusa,  encontró  que:  ‘el comportamiento  ilícito  por  el  cual  se  procede  y se formuló Resolución de Acusación en  contra  del  procesado ALCIBIADES MORENO WALTERO se encuentra descrito en el 323  del  C.  Penal, modificado por el artículo 29 de la  ley  40 de enero l9 de l993, bajo la denominación de  ‘homicidio’  que  según  la  definición  clásica  es  la muerte causada a una  persona  por  otra’. Es decir, le agrega la modificación introducida por la ley  40  de  enero  l9  de  l993, de la cual no se habían ocupado la resolución que  resolvió  la  situación  jurídica,  ni el calificatorio, así como tampoco la  audiencia  pública  y por tanto agravó en tres lustros la condena anunciada en  el pliego de cargos…”.   

Afirma  que  a su representado se le juzgó  concretamente  por  el  delito  de  homicidio  subsumido  en  el  artículo 323,  habiéndose  consignado  expresamente que el delito materia del pliego de cargos  “tenía  asignado  una  pena de prisión de diez a quince años”, y sin embargo,  fue  condenado  a  veinticinco  años,  de donde colige que el fallo no está en  consonancia    con    los    cargos    formulados    en    la   resolución   de  acusación.   

SEGUNDO:  Violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida del artículo  29  de  la  ley  40  de  l993,  norma  que  a  juicio  de  la recurrente resulta  inaplicable  al  caso  juzgado,  por  referirse exclusivamente a situaciones que  tienen   que   ver    con   el   delito   de   secuestro  y  la  manera  de  combatirlo.   

Argumenta  que  “No puede entenderse que el  Congreso  no  haya  hecho diferencia entre un Homicidio cometido por móviles de  gravedad  mayores:  secuestro, turbación del orden público, actos terroristas,  que  amenazan  toda la sociedad colombiana y aquél homicidio simple, ocasional,  cometido  en circunstancias menores, calificado dentro de parámetros sociales y  humanos  diferentes:  un  campesino mata a una persona, en estado de embriaguez,  luego  de  que  ésta  le  ha  dado  una  bofetada.  La trascendencia de la  infracción  no  puede  tratarse  de  la  misma manera, de idéntica forma y con  iguales consecuencias.   

Lo  anterior quiere decir que, la Ley 40 de  l993,  debe  aplicarse  de  acuerdo  al  espíritu de lucha contra el secuestro,  donde  aparezcan  aunque  sean  indicios  de tal modalidad delictiva, pero no en  todos los casos, sin hacer diferenciación alguna.”   

Termina  solicitando  casar parcialmente la  sentencia  impugnada, declarando que la pena correspondiente al acusado es la de  diez   años   de   prisión   y   no   de   veinticinco   años,   que  le  fue  impuesta.   

        CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

El señor Procurador Segundo Delegado en lo  Penal,  se muestra partidario de no casar la sentencia acusada porque ninguno de  los cargos formulados en su contra se abre paso.   

Refiriéndose  a  la  incongruencia  de  la  sentencia  con  el pliego de cargos, planteada al amparo de la causal segunda de  casación, expresa:   

        “A     Moreno    Waltero  se  le acusó por el delito de homicidio cometido el 30 de enero  de  l993,  en  vigencia  de  la  ley  40  de  enero  l9  de ese año, sin que se  establecieran  agravantes  en  su  contra  y,  se  le condenó como autor de ese  ilícito,  homicidio  simple,  a la pena mínima dispuesta en el artículo 29 de  dicho  Estatuto,  norma  que  modificó  el artículo 323 del Régimen Penal; de  consiguiente     el    fallo    fue    dictado    en    consonancia    con    la  acusación”.   

Y en cuanto al cargo de indebida aplicación  del  artículo  29, presentado bajo la égida de la causal primera de casación,  afirma  que  falla en su fundamento jurídico y se basa en simples supuestos que  no  consultan la realidad normativa, como considerar que el legislador dispensó  diferente    tratamiento   punitivo   al   homicidio   simple   según   algunas  circunstancias,   cuando   del   claro   texto   legal  se  infiere  la  expresa  modificación de la pena para todo el tipo básico.   

Aboga,  en  cambio,  por  la  infirmación  oficiosa  parcial  de  la  sentencia,  para  reducir  la  sanción  accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones publicas al limite de diez (l0) años,  por  ser  éste  el  máximo  previsto  en  el  artículo  44 del Código Penal;  petición  que  fundamenta  en  las  facultades  otorgadas  a  la  Corte por los  artículos  228  y  229  del  C.  de P.P., por ser ostensible el quebranto de la  garantía fundamental de la legalidad de la pena.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         

Primer  Cargo  :-Desacuerdo   de   la  sentencia  con  los  cargos  formulados en la resolución de acusación.   

        “El  recurrente  que  se  acoge  a  la causal segunda de casación  aduciendo  absoluta  falta  de  armonía  o  consonancia entre la resolución de  acusación  y  la  sentencia,  debe comprobar que ésta resolvió o definió una  situación  jurídica distinta a la plasmada en la providencia enjuciatoria como  cuando  en  el pliego de cargos se imputa falsedad y en la sentencia se absuelve  o  se  condena por estafa” (Casación, 4 de noviembre de l993. M.P. doctor Jorge  Carreño Luengas).   

El  desacuerdo  entre  estos  pilares  del  juzgamiento  no  se  pregona, para efectos de la causal segunda de casación, de  la  sanción  que  le  corresponda,  la  cual  depende  exclusivamente de la ley  aplicable   y   el  juzgador  no  puede  variarla  pues,  de  hacerlo,  estaría  quebrantando  el principio de legalidad de la pena, que prohibe imponer sanción  que  no  se  encuentre  establecida  en  norma  vigente  (arts.  29 Const. y 1°  C.P.).   

Por   eso,   no   existe   en  este  caso  incongruencia  o  desajuste  entre la acusación por el delito de homicidio, sin  agravantes  ni  atenuantes,  y  la sentencia que condenó al acusado exactamente  por   dicho  cargo,  sino  apropiada  armonía  y  correspondencia  entre  tales  extremos.   

La  falla  de  la  impugnante  consiste  en  predicar  tal  desacuerdo  en  cuanto  a  la  sanción correspondiente al delito  imputado,  cuando es lo cierto que la pena señalada para el homicidio simple es  la  de  25 a 40 años de prisión, de acuerdo al artículo 29 de la ley  40  de  l993,  norma  legal  preexistente  al  hecho  punible,  puesto que entró en  vigencia  “a  partir  de  su  promulgación”,  ocurrida en el Diario Oficial No.  40.726,  correspondiente  al  20  de  enero  de  1993, anterior en diez días al  acaecer criminoso.   

La referencia en el pliego de cargos a los  extremos  punitivos  de  una  norma  previamente  modificada  (artículo 323 del  Decreto  100  de  1980), constituye error en que no ha debido incurrir el Fiscal  al  efectuar  la  calificación,  pero  su  lamentable  falta  de actualización  ninguna  fuerza  vinculante  puede  tener  para al sentenciador, que sólo ha de  acatar  lo  expresamente  dispuesto  por  la  ley  preexistente  al  acto que se  imputa   

De  otra  parte,  lo que la resolución de  acusación  debe  contener,  en  lo pertinente (art. 442-3), es la calificación  jurídica,  “con  señalamiento del capítulo dentro del título correspondiente  del  Código  Penal”,  normatividad  en  la  cual  se  hallarán los topes de la  punibilidad para cada caso.   

No prospera el cargo formulado.  

Segundo Cargo :  Violación  directa  por  aplicación  indebida del artículo 29 de la ley 40 de  l993.   

El  cargo  se fundamenta en el equívoco de  considerar  que  la  sanción  prevista  en la norma citada, esto es, de 25 a 40  años  de  prisión,  solo  es aplicable al homicidio perpetrado por causa o con  ocasión  del  secuestro  o  con  fines  terroristas,  y  no  para  los casos de  homicidio  simple, como el presente, que la recurrente aun estima reprimidos por  el  artículo  323  del  Decreto 100 de 1980, con pena de diez a quince años de  prisión.   

El  Estado  en  ejercicio  de  la  potestad  punitiva  para  decretar  e  imponer  penas  y  medidas  de  seguridad a quienes  resulten  responsables  de  la  comisión  de  delitos  y  contravenciones y por  razones  de  política  criminal  atinentes  a  la  lucha  contra el flagelo del  secuestro  y  otras  formas de delincuencia, mediante la ley 40 de l993 (“Por la  cual  se  adopta  el  estatuto  nacional  contra  el secuestro y se dictan otras  disposiciones”),  incrementó  significativamente  la  pena  correspondiente  al  delito  básico  de  homicidio tipificado en el artículo 323 del Código Penal,  igualándolo  en  ese aspecto a la sanción privativa de la libertad contemplada  en  dicha  normatividad  para el delito de secuestro extorsivo, artículos l° y  29  ibidem,  disposiciones  sustanciales, ésta última aplicable al caso por no  haber sido modificada, revocada o declarada inexequible.   

La Corte Constitucional, declaró exequible  la   norma   cuestionada   en  la  demanda,  con  especial  análisis  sobre  la  consagración  de  penas  elevadas  para delitos especialmente graves (Sentencia  C-565, diciembre 7/93, M.P. Dr. Hernando Herrera Vergara).   

Sobre   el   particular,   esta  Sala  ha  manifestado  que  si  bien  es  cierto  que  la  ley  en  mención, “en su mayor  contenido  se  ocupa  del  secuestro,  también  lo  es  que  el  capítulo  VI,  denominado     Aumento    de    penas”,  declarado exequible mediante la sentencia antes citada, “versa  sobre  los  delitos  de homicidio y extorsión, y de su texto … se infiere que  la  intención  y  lo  diáfanamente expresado fue modificar los artículos 323,  324  y  355,  sin  que  por  parte alguna se aprecie que ese cambio en las penas  dependa  de  algún  tipo  de conexidad con el delito de secuestro”. (Casación,  rad.    9991,    noviembre    21/95,    M.P.    Dr.   Carlos   Augusto   Gálvez  Argote).   

No puede pensarse en la coexistencia de dos  modalidades  del mismo tipo penal (homicidio voluntario y homicidio consiguiente  al  secuestro  de  la  víctima),  reprimidos  con  diferente  sanción, pues la  voluntad  inequívoca  del legislador expresada en el texto de la citada ley fue  la  de  incrementar  considerablemente  la  pena  correspondiente  al  homicidio  voluntario,  tanto  el  agravado  como el simple del artículo 323, considerando  precisamente  como circunstancia de agravación punitiva del secuestro extorsivo  la  muerte  sobreviniente  del  secuestrado  por  causa o con ocasión del mismo  (artículo  3°-11  de la ley 40 de l993),lo cual no se habría configurado así  de  haber  querido  el  legislador  que sólo los homicidios relacionados con el  secuestro   fueren    objeto  de  la  reforma  introducida,  pues  la  pena  resultaría incrementada  dos veces por igual circunstancia.   

El  fallador  no  podía  sustraerse  a  la  imperiosa  aplicación  del  artículo  29  del estatuto en mención, por ser la  normatividad  jurídica  atinente  al caso. Su inaplicación si hubiera generado  el yerro planteado por el censor.   

No prospera la impugnación.  

        CASACION OFICIOSA   

1.-  Con  razón  reclama  la Procuraduría  Delegada  la  casación  parcial  oficiosa  de  la  sentencia impugnada, por ser  violatoria  del  artículo  44 del Código Penal, modificado por el 28 de la ley  40  de  l993,  que  señala  la  duración máxima de las penas, porque tanto el  Juzgado  como el Tribunal Superior, al confirmar integramente, incurrieron en el  error  de  imponerle  como  pena  accesoria  al  sentenciado  Alcibíades Moreno  Waltero  la  de interdicción de derechos y funciones públicas “por un período  igual  al  de  la  pena  principal”,  esto es, veinticinco (25) años, cuando la  norma  infringida  fija  para esta sanción un máximo de duración de diez (l0)  años.   

Habiendo  desbordado  el  sentenciador  el  máximo  legal  de  la  sanción  accesoria,  no  solo  quebrantó el mencionado  precepto  sino que vulneró la garantía fundamental de la legalidad de la pena,  integradora  del  debido  proceso;  decisión equivocada que la Corte corregirá  oficiosamente  con  apoyo  en lo dispuesto por los artículos 228 y 229 del C.de  P.P.,  casando  parcialmente  la  sentencia, para imponer al procesado diez (10)  años   de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  como  sanción  accesoria.   

2.-  De  otra  parte  y  de  acuerdo con lo  mencionado  dentro  de  este  proceso  en providencia anterior (mayo 7 de 1996),  debe  la  Sala  analizar,  también  oficiosamente, la posible nulidad que pueda  derivarse  de  un eventual menoscabo en la defensa técnica del procesado, quien  fue  capturado el sábado 30 de enero de 1993 en horas de la noche, misma de los  hechos,  puesto  a  disposición  del Fiscal el lunes 1° de febrero siguiente y  escuchado  en  indagatoria el miércoles 3 ídem, diligencia en la cual, ante su  manifestación  de no tener a quien nombrar como defensor, el Fiscal acudió “al  señor  MARCO  TULIO  CELIS LEAL, quien estando presente aceptó la designación  del cargo y se identificó con la c.c. …”.   

No  aparece  referencia alguna a formación  jurídica   del   apoderado   y   no   tratarse   de  servidor  público,  ni  a  carecerse   en  ese  momento  de  abogado  que  lo asistiera, que puede sin  embargo  colegirse  del tamaño de la población, del hecho en sí de no haberlo  designado  y  tener otro domicilio quienes después han sido defensoras, y de la  inminencia del vencimiento del término para indagar.   

La  situación  jurídica  es  resuelta  el  viernes  5  de  febrero  de  1993,  con  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva,  providencia  que  es  personalmente  notificada  el  lunes 8 de los  mismos  al  sindicado  detenido y a la agente del Ministerio Público (Personera  Municipal).  Al  día  siguiente,  martes  9,  es  presentado poder otorgado por  ALCIBIADES  MORENO  y  ese  mismo  día la abogada designada, defensora pública  residente  en  el municipio de Cunday, es reconocida (fs. 31 y 32 primer cdno.),  quedando   a  su  discreción,  con  amplitud,  el  estudio  del  proceso  y  la  posibilidad  de  asesorar  a  su  acudido,  interponer  solicitudes  y recursos,  observándose  a  f.39  ib.  que el 12 de febrero “a las seis (6:00) de la tarde  venció   ejecutoria   de   la   providencia   que   resolvió   la   situación  jurídica…”.   

Esta   defensora   continúa   actuando  acuciosamente  a  todo  lo  largo  del  proceso,  hasta  que luego de múltiples  intervenciones  suyas, otra defensora pública, vecina de Ibagué, recibe poder,  ya  en  oportunidad  de  presentar  la  demanda  de  casación, lo que en efecto  hace.   

Cabe  recordar  que mediante providencia de  fecha  7  de  mayo  de  1996,  esta Sala se abstuvo de resolver una solicitud de  nulidad  y negó la libertad de ALCIBIADES MORENO WALTERO, quien ésto impetraba  “en  fiel aplicación de JURISPRUDENCIA de la HONORABLE CORTE CONSTITUCIONAL, en  la  cual  dispuso  la  INCONSTITUCIONALIDAD de lo ordenado en el Art. 148 del C.  P.P.  y  por  ende  la  NULIDAD de los procesos en los cuales el sindicado en su  indagatoria    no    contó   con   un   abogado   defensor.”   (f.   35   cdno.  Corte).   

Consideró  la  corporación, que “tanto la  declaratoria  de  nulidad  como  la liberación que pretende el acusado, la cual  sería  consecuencia  de  aquélla  sobre  los  presupuestos  que  aduce  en  su  solicitud,  solo  serían  viables  al momento de proferir el fallo definitivo.”  (fs. 46 y 47 ib.).   

Del  recuento anteriormente efectuado puede  deducirse  que  el Fiscal 44 de Melgar aplicó, sin mencionarla expresamente, la  facultad  que  entonces permitía el inciso 1° del artículo 148 del Código de  Procedimiento Penal:   

        “De  conformidad  a  lo  dispuesto  por el Decreto 196 de 1971, el  cargo  de  defensor  para la indagatoria del imputado, cuando no hubiere abogado  inscrito  que  lo  asista  en  ella,  podrá  ser confiado a cualquier ciudadano  honorable siempre que no sea servidor público.”   

Esta  norma  fue declarada inexequible tres  años  después  por la Corte Constitucional mediante sentencia C-049 de febrero  8  de  1996,  M.P.  dr.  Fabio Morón Díaz, providencia que sólo tiene efectos  hacia  el  futuro,  en  virtud  de  que  la propia Corte ningún pronunciamiento  realizó sobre una hipotética retroactividad.   

Frente  a  la  obligación  de  recibir  la  indagatoria  dentro  de  un  término  tan  cercano a vencerse, en una localidad  pequeña  de gran afluencia turística pero amodorrada vida propia, sin disponer  de  información  sobre  cuantos  abogados tengan allí domicilio, pero no deben  ser  muchos  como  que  hubo de acudirse luego a una abogada de Cunday y otra de  Ibagué,  el  Fiscal  aplicó  una  disposición  vigente,  lo  cual  mal  puede  censurarse como irregularidad.   

Además,  es  de  observar la  dinámica   gestión   desarrollada   por   la   defensora   inicial,   quien   asumió  cuando tenía amplio término para recurrir contra la  medida   de   aseguramiento   y,   por    ejemplo,   acudir  a  algún  mecanismo    procesal    que   le  otorgara   beneficios   a  su   acudido;  solicitó   la  práctica de pruebas durante parte  del   sumario   y    la    etapa   probatoria   del  juicio,  alegó   de   conclusión al  cierre de  la investigación e  intervino  durante  el  debate público,  ocasiones en  las  que,  entre   otras,  pidió   para  su representado el reconocimiento de la  diminuente  de  la  ira prevista en el artículo 60 del Código Penal, petición  que  sustentó  con  argumentos  serios, así no haya tenido acogida finalmente.  Puede  afirmarse,  en  conclusión, que a pesar de no haber contado el inculpado  con  abogado  inscrito  que lo asistiera durante la indagatoria, regía entonces  norma  que lo autorizaba y no fue conculcado o mermado su derecho a gozar de una  defensa  técnica  durante  el  curso  del  proceso, hasta llegar a este recurso  extraordinario con la intervención de otra defensora pública.   

En consecuencia, no procede declarar nulidad  alguna por éste factor, que oficiosamente ha sido considerado.   

         D E C I S I O N   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal,  de  acuerdo  con la Procuraduría  Delegada  y administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

        R E S U E L V E   

1.- DESESTIMAR la  demanda de casación interpuesta por la defensora del procesado.   

2.-   CASAR   PARCIALMENTE,  de  oficio,  la  sentencia  impugnada  en el sentido de imponer al  condenado    Alcibíades    Moreno    Waltero    la    sanción   accesoria   de  interdicción   de  derechos  y  funciones publicas por el término de diez  (l0) años.   

3.-  En todo lo  demás el fallo recurrido queda sin modificación.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

        FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO    CALVETE   RANGEL                                  JORGE    CORDOBA  POVEDA          

ALFONSO           GOMEZ  MENDEZ              JORGE   A.  GOMEZ GALLEGO   

     Conjuez  

NO FIRMO  

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                    DIDIMO             PAEZ  VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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