8959 (30-04-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    ESTAFA/ PERJUICIOS   

1.  No  fatalmente  quien  sufre el perjuicio  económico  y  es  víctima del hecho punible, debe ser la persona sobre la cual  recae  el ardid o maniobra artificiosa (art. 356 C.P.). El delito de estafa bien  puede  estructurarse sin que el estafador llegue a tener contacto directo con la  víctima,  como  ocurre  cuando el engaño se proyecta sobre persona distinta de  quien recibe el perjuicio.   

2.  Respecto  del artículo 55 ibídem, debe  decirse  que  no  es  cierto  que  esta  norma obligue al juzgador a designar un  perito  para  avaluar  los  perjuicios  ocasionados  con  el hecho punible. Esta  decisión,  de  acuerdo  con  el citado precepto, es facultativa del funcionario  judicial,  quien  según  la  complejidad  del  asunto,  podrá disponer o no su  intervención.   

PROCESO                              :8959   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.65   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr.      FERNANDO     E.     ARBOLEDA  RIPOLL.   

Santa Fe de Bogotá, D. C., treinta de abril  de mil novecientos noventa y seis.   

                      Conoce la  Sala  del recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  28  de  mayo  de  1993,  por  medio de la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de  Bogotá  condenó  a  los  procesados  JAIME     DIAZ    GARCIA-HERREROS    y  LIGIA        NELLY        MARIA        CABRALES  GARCIA-HERREROS, a 25 meses de prisión, al hallarlos  responsables  de  los  delitos de falsedad y estafa, imputados en la resolución  de acusación.   

                      Hechos y  actuación procesal.-   

                      Mediante  escritura  pública  No.2641  de  9  de  mayo de 1989, de la Notaría Novena del  Círculo  de  Bogotá, Jaime Díaz García-Herreros, en calidad de representante  legal  de  de  la  firma “Sociedad Din-Pro y Compañía Limitada”, de la cual es  también  socio  Luis  Carlos  Guerrero Franco, vendió a los esposos Jan Petter  Boehlke  y  María  Rosa Helena Salcedo la casa distinguida con el No.9-79 de la  calle  71 de esta ciudad, de propiedad de DIN-PRO, por la suma de siete millones  de  pesos ($7’000.000.oo). A la escritura se incorporó copia del acta No.029 de  18  de  diciembre  de 1988, de la Junta General de Socios de DIN-PRO, en la cual  textualmente  se  lee:  “En  la  sede  de  la  sociedad,  siendo las 12 m…, se  reunieron  los  socios JAIME DIAZ GARCIA-HERREROS y LUIS CARLOS GUERRERO FRANCO,  quienes  representan  el  100%  del  capital social. Como Secretaria Ad-hoc para  esta  sesión  se  nombró  a  la señorita LIGIA CABRALES GARCIA-HERREROS… Se  plantea  la  alternativa  de  vender  la  actual sede, la cual está actualmente  sub-utilizada…Después  de  analizar  lo  expuesto,  se aprobó y autorizó al  Gerente  para  negociar  el  inmueble que sirve de sede a la empresa durante los  meses   subsiguientes”   (fls.47-1).  El  acta  la  suscribe  la  referida   Secretaria  ad hoc, quien reconoció su firma ante Notario el 6 de marzo de 1989  (fls.47 vto-1).   

                           La  investigación  estableció  que  para el día 18 de diciembre de 1988, fecha en  la  cual se habría realizado la Junta de Socios y autorizado al Gerente para la  venta  de  la sede, el señor Luis Carlos Guerrero Franco se encontraba detenido  en los Estados Unidos.   

                    La denuncia  penal  por  estos  hechos  y  algunas  otras irregularidades en el manejo de los  bienes  de  la  sociedad  DIN-PRO,  fue  presentada por el abogado Pedro Enrique  Aguilar  León,  en  ejercicio  de  poder  especial  que le otorgara Luis Carlos  Guerrero  Beltrán,  padre  de  Luis  Carlos  Guerrero  Franco  (fls.1 ss., 59 y  90-1).    

                     El Juzgado  46  de  Instrucción  Criminal  de  Bogotá  abrió  investigación, escuchó en  declaración  a  Rafael  Antonio  Gómez  Solano  y  Maximiliano  Castillo Ortiz  (fls.68  y 72-1), contratistas de DIN-PRO en el rodaje de una película, quienes  aseguran  que  el  Gerente,  Jaime  Díaz  García-Herreros, vendió el inmueble  relacionado   en   la   denuncia   y   al  parecer  unos  equipos  de  la  misma  sociedad.   

                    Luis Carlos  Guerrero  Beltrán, en representación de su hijo, según poder general allegado  al  proceso,  se  constituyó  parte  civil.  Y  en  declaración  rendida  bajo  juramento,   corrobora  en  lo  pertinente  los  hechos  denunciados  (fls.87  y  90-1).   

                      Entre los  varios  documentos  aportados  a  la  investigación  se  cuentan  la  escritura  pública  No.2641  de  9  de  mayo  de  1989, otorgada en la Notaría Novena del  Círculo  de Bogotá; el acta No.029 de 18 de diciembre de 1988; y los estatutos  de la firma DIN-PRO CIA. LTDA. (fls.43,47,20-1).   

                    Los esposos  Boehlke  Salcedo aseguran que Jaime Díaz García-Herreros fue la persona con la  cual  hicieron  el  negocio de la casa, en representación de DIN-PRO (fls.247 y  169).   

                          En  indagatoria,   Jaime  Díaz  García-Herreros  y  Ligia  Nelly  María  Cabrales  García-Herreros  confirman  los hechos de que da cuenta el acta No.029 de 18 de  diciembre  de  1988,  pero sostienen que existe un error en la fecha, puesto que  la  reunión  de la Junta de Socios se realizó en diciembre de 1987, no en 1988  (fls.109, 121, 173).   

                  Cerrada la  investigación,  se  la  calificó  mediante  auto  de  8  de  enero de 1992 con  reapertura  en  favor  de  los  procesados  (fls.290  y  ss). Esta decisión fue  revocada  por  el  Tribunal, en virtud del recurso de apelación interpuesto por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  para  en  su  lugar  dictar resolución de  acusación  en  contra  de  Jaime  Díaz  García-Herreros  y Ligia Nelly María  Cabrales  García-Herreros,  por  los delitos de falsedad en documento privado y  estafa.  Se  argumentó por el ad quem que la falsedad del acta 029 sirvió como  soporte  para  la  venta  de  la  sede de DIN-PRO y que con esta negociación se  afectó  el  patrimonio  de  Guerrero  Franco,  el  socio  ausente.  En la misma  providencia  se  decidió medida de aseguramiento de caución para los indagados  (fls.8-2).   

                   Celebrada  la  audiencia  pública, el Juzgado 23 Penal del Circuito de Santa Fe de Bogotá  dictó  sentencia  de  condena  contra  los  acusados por el delito contra la fe  pública  y  de  absolución por el punible de estafa. Respecto de este ilícito  adujo,  en lo esencial, para descartarlo, que el uso que se dió al acta 029 fue  el  normal,  propio  de  la falsedad; que Luis Carlos Guerrero Franco, por estar  ausente  del  país,  no sucumbió ante ardid alguno; y, que los esposos Boehlke  Salcedo  tampoco  se  perfilan  como  sujetos pasivos de dicha conducta (fls.377  ss.-1).   

                     Apelada  esta  sentencia  por  los  defensores  de  los  procesados y el Fiscal 138 de la  Unidad  II  de Patrimonio Económico, el Tribunal Superior, por medio de la suya  que  impugnaron  en casación los primeros, revocó la absolución por el delito  de  estafa,  para  deducir  responsabilidad  por  dicho  ilícito,  y mantuvo la  condena  por  el punible de falsedad. En definitiva, condenó a los procesados a  la  pena  privativa  de  la  libertad  de 25 meses de prisión y la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término, como  coautores  de los delitos de falsedad en documento privado y estafa, en concurso  material.  También  modificó  el  valor  de  los  perjuicios y ordenó expedir  copias  para investigar a Guillermo Romero Rincón, a quien el denunciante acusa  de  haber  participado  en  la  distracción  de  algunos  bienes de la sociedad  DIN-PRO CIA. LTDA. (fls.418-1 y 42-2 ss).   

                        Los  fundamentos  del  Tribunal para afirmar la estructuración del delito de estafa,  son en lo sustancial los siguientes:   

                     “… en  cuanto  hace  al punible de estafa, al contrario de lo considerado por el a-quo,  el  Tribunal  estima que sí existió, pues si bien es cierto Guerrero Franco no  se  encontraba  en  Colombia para el momento de efectuarse la venta del inmueble  en  referencia,  no es menos cierto que las maniobras engañosas no son única y  exclusivamente  para  entes  corpóreos,  tangibles  y  presentes;  es decir, el  engaño  o  artificio puede ser desplegado pretendiendo simular la ocurrencia de  un  trámite corriente y ajustado a la realidad, pero, en el fondo, como en este  caso,  lo  único  que  se  está haciendo es lograr el objetivo propuesto, cual  era,  vender  el  inmueble, sin autorización del otro socio, lo que constituye,  sin  lugar  a  dudas,  estafa;  más,  si  se tiene en cuenta que los engaños y  artificios  obedecen  a  una  creación  del  intelecto  tendiente  a moldear la  voluntad  de  otro  en orden de alterar el libre consentimiento que debe existir  en  esta  clase  de  negociaciones  y  por  esa  manera,  afectar  su patrimonio  económico;  y,  se está desconociendo su consentimiento al privarlo de conocer  el trance fáctico de la negociación del inmueble.   

                     “Baste  precisar  que  la descripción normativa del tipo penal de la estafa, si bien es  cierto  contiene elementos estructurales predeterminados, también lo es que por  la  magnitud de su descripción debe abarcar un sin número de situaciones entre  las  cuales,  necesariamente, se encuentra aquella mediante la cual a través de  engaños  y  artificios se logra afectar el patrimonio de otro, aún cuando este  no  tenga ni siquiera inconscientemente conocimiento de lo que está sucediendo,  es  decir,  también  se  estafa  a  quien carente de conocer los hechos resulta  afectado  por  el  despliegue  de  engaños  y  artificios a un tercero, con los  cuales  se  logra  crear la sensación y por qué no, la seguridad, de que quien  no  está  presente  ha autorizado la transacción donde están de por medio sus  bienes.  En  todo  caso, la estafa se configura cuando se despoja, sin razón de  ser  y  mediante artificios, a quien tenía el derecho de disponer de sus bienes  y     otro     u    otros    lo    han    hecho    por    él    perjudicándolo  patrimonialmente.   

                    

                    “En este  orden   de  ideas,  para  esta  Corporación,  la  estafa  sí  existió  y  los  responsables  de  la  misma  son  los  hoy  aquí  acusados pues, pretendieron y  lograron  afectar  el patrimonio económico de Guerrero Franco al vender, sin su  autorización  y por medio de un acta falsa, el bien raiz que servía de sede de  la firma comercial” (fls.53 y 54-2).   

                        Las  demandas.-   

                    

                   Demanda a  nombre de Jaime Díaz García-Herreros.   

                    Respecto  de  la  condena por el delito de falsedad, el actor acusa la sentencia impugnada  de  violar  de  manera  indirecta  la  ley sustancial, “por error de hecho en la  apreciación  del  acta  No.029  de  18  de diciembre de 1988”, al desconocer el  Tribunal  que  de acuerdo con los estatutos de la sociedad, elevados a escritura  pública  No.  808  de  junio  9  de  1987, el Gerente tenía autorización para  contratar  hasta  por la suma de $8’000.000.oo, traduciéndose el acta 029 en un  documento inocuo.   

                  Afirma que  este  ilícito  no  puede  tipificarse,  porque la conducta, por ser inocua, “no  produjo,  no  produce,  ni  puede  producir  efecto  jurídico alguno, carece de  posibilidad    de   perjudicar,   es   una   falsedad   inofensiva,   no   tiene  antijuridicidad”.  Y  concluye:  “respeto  profundamente el prolijo examen de la  falsedad  del  H.  Tribunal Superior de Santa Fe de Bogotá, no lo comparto pues  no  se  identifican sus afirmaciones con las del proceso ya que no es exacto, no  es  atinado, no corresponde a la verdad que la negociación del inmueble sede de  la  sociedad  solamente  se  pudo  realizar  mediante  el  `APORTE del acta 029′  olvidando  el  ad-quem  que  Jaime  Díaz García-Herreros gerente representante  legal  de  la sociedad contaba entre sus funciones la de poder negociar a nombre  del   ente   jurídico   hasta   por   la   suma   de  ocho  millones  de  pesos  ($8.000.000.oo)”.   

                   En cuanto  a  la  condena  por  el  punible  de  estafa, el casacionista plantea igualmente  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por error de hecho, derivado de la  argumentación  del  Tribunal  de  que este delito existió como producto de los  artificios  o  engaños  que  afectaron  el patrimonio de Guerrero Franco. En su  opinión,  el  Tribunal  olvida  “que no se puede dar el concurso de falsedad en  documento  privado  y estafa ya que sería hacer una doble imputación al agente  de un mismo hecho”.   

                        Mas  adelante  y  luego  de reseñar los elementos estructurales de este ilícito, el  libelista  precisa:  “Los  artificios  o  engaños,  aspecto  objetivo del reato  demandan  crear  un falso estado de conciencia, es el resultado de maquinaciones  para  generar  un juicio equivocado. De dónde acá se puede hablar de un juicio  equivocado  mediante  el  uso  del  acta  de  marras cuando los compradores Jean  Petter  Y Rosa Helena verificaron las autorizaciones estatutarias de la gerencia  amén  del  concepto de su abogado que les indicó la validez de la negociación  por el respaldo legal con que contaba la gerencia” (fls.85).   

                     Y sobre  los  perjuicios, anota: “En dónde consta, en qué parte del proceso se acredita  que  Jaime  Díaz García-Herreros se benefició dolosamente con la negociación  cuando  aún  a la fecha de este escrito no se conoce legalmente cuáles son los  activos  y  los  pasivos  de la sociedad, esto que solo mediante la liquidación  legal de la misma puede conocerse” (fls.85).   

                                           Consecuente  con sus planteamientos, el actor termina pidiendo que  se case totalmente la sentencia en todos sus puntos.   

                   Demanda a  nombre de Ligia Nelly María Cabrales García-Herreros.   

         

                        Con  fundamento  en la causal primera de casación, cuerpo primero, el actor presenta  tres cargos contra la sentencia impugnada.   

                    

                    

                      Cargo  primero:   

                         El  Tribunal  violó la ley sustancial al subsumir la conducta de Ligia Nelly María  dentro  de  la  norma  penal  que  tipifica y sanciona el punible de falsedad en  documento   privado   (art.221   C.P.).  Por  contera  infringió  también  los  artículos  3º  y  21  de  la misma codificación y el 247 del Código del rito  penal” (fls.93).   

                   Al entrar  a  demostrar  el  reproche,  el  recurrente   recuerda  que  la falsedad en  documento  privado  descrita  en  el  artículo  221  del  Código  Penal es una  conducta  de  dos actos, en cuanto requiere mutación de la verdad y uso, con el  item  que  debe  tener  connotaciones  probatorias.  De  esta premisa parte para  sostener  que  su  representada,  según  los testimonios de los compradores del  inmueble,  no  intervino  en los actos preparatorios ni finales relacionados con  la  negociación,  de donde se concluye que ella no usó el documento, amén que  tampoco  estaba  destinado  a servir de prueba de las funciones y facultades del  Gerente.  Además  de  esto,  Ligia  Nelly, como secretaria ad-hoc, se limitó a  expedir  copia  del  acta  O29,  con  fecha diciembre de 1988, pero como ella lo  explicó  en  indagatoria,  la  reunión  se llevó a cabo en diciembre de 1987,  habiéndose  incurrido  en  el  acta  en  un  lapsus  calami,  lo cual aclara la  diferencia  de  fechas,  y su explicación no fue infirmada ni contradicha en el  proceso. A eso se limitó toda su actividad.   

                               Puesto  que la responsabilidad  penal  solo  puede  predicarse  cuando  el  hecho  punible  es  resultado  de la  actividad  sico-física  del  agente, Ligia Nelly no podía ser condenada por el  punible  en  comento,  dado  que  la  copia del acta dubitada no era elemento ni  requisito  ad  sustantiam  actus,  ni  menos ad probationem. Estatutariamente el  Gerente   estaba   facultado   para   realizar  la  transacción,  sin  requerir  autorización alguna.   

                    Dice que  ante  la ausencia de los elementos estructurantes del tipo penal que describe la  falsedad  en  documento  privado,  mal puede hablarse de la certeza acerca de su  acontecer   y   predicar  certeza  de  la  responsabilidad  de  su  representada  (fls.96).   

                      Cargo  segundo:   

                   Se violó  la  ley  sustancial al subsumir la conducta de Ligia Nelly María Cabrales en la  hipótesis   antisocial   prevista  en  el  artículo  356  del  Código  Penal.   

Por  este error de subsunción se violaron,  así  mismo,  los  artículos  3º y 21 del estatuto represor y 247 del procesal  (fls.93).   

                  En orden a  la  demostración  de  este cargo, el censor sostiene que si el delito de estafa  no  ha  existido,  mal  pudo  su  cliente haber contribuido a su realización. A  continuación  transcribe  doctrina  de la Corte sobre la configuración de este  delito  y  se  detiene en el análisis de la víctima del mismo para afirmar que  la  sentencia  acusada  tiene como tal a Luis Carlos Guerrero Franco, ante quien  Jaime  Díaz  no  ejecutó maniobra engañosa alguna, ni lo indujo ni mantuvo en  error.  Y  como  sin víctima no hay delito, Jaime Díaz no podía estar incurso  en la estafa, ni tampoco su representada en calidad de coautora.   

                     Asegura  que  “el falso juicio de identidad en que incurrió el Tribunal es protuberante,  al  tener  a  Ligia  Nelly  como coautora de maniobras o artificios orientados a  inducir  o  mantener  en  error  a Guerrero Franco para obtener ella un provecho  ilícito.  Luego  la  transgresión  a  los artículos 3º y 21 es indiscutible”  (fls.99).                      

                  Finalmente  afirma  que Ligia Nelly no deplegó actividad engañosa alguna, por la potísima  razón  de  que  no  tuvo  contacto o trato con el presunto desposeído Guerrero  Franco.  Luego  su  conducta,  no  tiene  relación de causalidad con el virtual  perjuicio económico padecido por éste (fls.100).   

                      Cargo  tercero:   

                         El  fallador  infringió  el  artículo  107  del  Código  Penal,  al igual que los  artículos  44  y  55  del  Código de Procedimiento Penal, en cuanto a la forma  ligera,  improcedente  e  ilegal  como  cuantificó  el resarcimiento económico  (fls.93).   

                         En  alusión  al  artículo  44,  el  casacionista  sostiene que quien es obligado a  indemnizar  un  perjuicio  debe  haber  obtenido  en  la ejecución del hecho un  enriquecimiento   ilícito  y  que  en  el  proceso  por  parte  alguna  aparece  demostrado     que     su     representada     hubiera     obtenido     provecho  económico.   

                        Luego  se refiere al contenido de los artículos 55 del Código de Procedimiento  Penal  y  107  del  Código  Penal,  para  sostener que en el proceso hubo parte  civil,  cuya vocería ejercieron varios profesionales del derecho, y que ninguno  de  ellos  realizó  actividades orientadas a demostrar los perjuicios, como que  ni  siquiera  solicitaron  la  designación de peritos para su tasación, razón  por   la   cual  el  Tribunal  no  podía  acudir  a  la  solución  extrema  de  cuantificarlos discrecionalmente (fls.102).   

                     Tampoco  estuvo  acertado  el ad quem en la forma como pretende fijar las participaciones  de  los  socios, remitiéndose, simplemente, a aplicar a un activo el porcentaje  aportado  al  momento  de  la  constitución. El Tribunal no podía concluir que  Guerrero  Franco  era  titular  de  un  derecho  equivalente al 50% del inmueble  enajenado,  sin haberse depurado previamente el haber social, una vez practicada  la liquidación (fls.103).    

                     En los  anotados términos, pide que se case el fallo.   

                     Alegato  apreciatorio.-   

                  Dentro del  término  de  traslado  a  los  no  recurrentes,  el apoderado de la parte civil  solicita  que no se case la sentencia impugnada, excepto en el numeral 5º de la  parte  resolutiva,  para  que se incrementen los daños materiales y morales, de  acuerdo  con  la  cuantía  señalada  en  la  demanda de constitución de parte  civil.  De  igual  manera,  que  se  ordene  la  cancelación  de  los registros  obtenidos  fraudulentamente,  conforme  lo  disponen  los artículos 61 y 14 del  Código de Procedimiento Penal.   

                  En seguida  se  refiere  a  la  demanda presentada por el defensor del procesado Jaime Díaz  García-Herreros,   para   solicitar   su   desestimación,   por   adolecer  de  deficiencias  técnicas,  y  porque,  según  el  contenido de los artículos 25  (sic)  literal b), y 19 literal e) de los estatutos de DIN-PRO, el acta falseada  resultaba necesaria para realizar el negocio jurídico (fls.111-2).   

                    Concepto  de la Procuraduría.-   

                   Demanda a  nombre de Jaime Díaz García-Herreros:   

                     Para el  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal, este libelo está llamado al fracaso,  por  razón  de  las  múltiples  falencias de orden técnico que presenta en su  enunciado y desarrollo.   

                    

                       Para  empezar,  destaca  que  la cita hecha por el actor del artículo 226, en procura  de  precisar  la  causal de casación, es equivocada, puesto que correspondería  al derogado Decreto 0050 de 1987.    

                         Al  analizar  el contenido del cargo relativo al delito de falsedad, sostiene que el  enunciado  es  confuso,  puesto  que  refiere  un  error de hecho derivado de la  intepretación  del  acta  No.029,  al  que  le  adscribe  como  consecuencia el  desconocimiento  de la escritura pública No.808, lo cual no permite saber si la  prueba  fue  omitida  o  tergiversada por el fallador, “incompleta presentación  que  junto  con  la  ninguna  relación  de  las  disposiciones infringidas y el  sentido    de    dicha    violación,    permiten    afirmar   su   inidoneidad”  (fls.20).   

                    Recuerda  que  los errores de interpretación se predican de las disposiciones legales, no  de  las  pruebas,   razón por la cual es equivocado sostener, como lo hace  el  censor,  que el sentenciador violó indirectamente la ley por error de hecho  manifiesto en la interpretación.   

                    Califica  de  deficiente,  confuso  e  incorrecto  el planteamiento que sirve de base para  afirmar  la inocuidad del acta, como que, además de comportar eventualmente una  censura  autónoma,  es  dejada  a  manera  de  simple  conclusión,  sin que el  libelista   muestre   encomio   alguno   para   descubrir   la   razón  de  sus  aseveraciones.   

                    De todas  maneras,  en lo que tiene que ver con la autorización estatutaria de que gozaba  el  procesado  para  enajenar  el  inmueble,  el  Tribunal,  a  pesar  de  haber  asumido   equivocadamente que los estatutos sociales le permitían hacerlo,  igual  concluyó que el delito contra la fe pública se consolidaba, como quiera  que  fue  gracias a la  falsificación y postrer empleo ilegítimo del acta  que  se  produjo  la  negociación,  al  punto  que  quedó  protocolizada en la  escritura de venta.   

                        Sin  menoscabo  de  lo  anotado,  sostiene  que  del  contenido  de los artículos 23  literal  b)  y  19  de  los  estatutos  de  la sociedad, se desprende que sin la  voluntad  de  la  Junta  de  Socios, el procesado no podía entrar a negociar el  inmueble,  circunstancia  que  lo  llevó  a  urdir  la  creación del documento  espurio.   

                     En  lo  tocante  al  disentimiento  del  censor  respecto de la condena por el delito de  estafa,  la  Delegada sostiene que no pasa de ser un alegato de instancia, en el  que  se limita a manifestar que no existieron mecanismos engañosos y a señalar  que   la  investigación  tampoco  demostró  que  su  representado  se  hubiera  beneficiado dolosamente con la venta del inmueble.   

                    Dice que  la  absoluta  carencia  argumentativa  y la mención aislada que luego hace a la  impredicabilidad   de   un  concurso  delictual,  sin  exponer  cargo  jurídico  concreto,  ninguna  respuesta ameritan, toda vez que no se sobrepone a un simple  enunciado  carente de contenido. Y concluye: “En síntesis, resulta palmario que  la  confusa,  incompleta  e  infundada  mención  de  la vía y causal de ataque  presentada,  apenas  sirvió  al  recurrente  de  pretexto  para  acceder  a  la  casación,  aserto  apenas  obvio si se toma en cuenta que en ningún momento se  preocupó  por  precisar  en  qué residían los errores de hecho anunciados, al  punto  que ni siquiera se dijo cuáles pruebas y de qué manera se apreciaron de  manera  errada,  viéndose  suplido este análisis por el arbitrio del censor en  torno  a  la  inexistencia  de  los  delitos  imputados que, en su sentir, no se  estructuraron…” (fls.26).   

                   Por estas  razones, solicita que el cargo sea desestimado.   

                   Demanda a  nombre  de Ligia Nelly María Cabrales          García-Herreros.   

                    Luego de  recordar  el  manejo  técnico  de  las  dos  formas  de  violación  de  la ley  sustancial,  la directa y la indirecta, el Procurador relieva su desconocimiento  por  el  censor  en  el  planteamiento  de  los  tres  cargos  que  le hace a la  sentencia.   

                   En cuanto  al  primero,  referido a la inexistencia del delito de falsedad, sostiene que el  actor  fundamenta  su  inconformidad  con  la  sentencia,  en el hecho de que su  patrocinada  se  equivocó  al  registrar  en  el  acta la fecha de la reunión,  explicación   suya   que   no   fue   contradicha   ni   infirmada  dentro  del  proceso.   

                     De esta  manera,  desplaza  la  censura del plano puramente jurídico, dentro del cual la  concibió,  al campo probatorio, entremezclando la vía directa con la indirecta  y  planteando de paso una insoluble proposición en la respuesta que ameritaría  por parte de la Corte.   

                     De otra  parte,  ignora  que  la procesada fue condenada como coautora del injusto contra  la  fe  pública,  como  que  relevante  penalmente fue también su conducta, al  punto  que  no  solo creó la mendaz acta y se prestó para el reconocimiento de  firma,  sino  que  tenía  absoluto  conocimiento que sería ilegalmente aducida  para la negociación del inmueble.   

                     En  lo  concerniente  a  la  facultad  estatutaria  de que gozaba Díaz García-Herreros  para  vender  la  casa,  la  Delegada se remite a las razones expuestas sobre el  punto al estudiar la primera demanda (fls.26 a 30).   

                         En  relación  con  el  segundo  reproche,  referido a la inexistencia del delito de  estafa,  sostiene  que  el  casacionista,  una  vez  más,  pretende sustraer de  toda   responsabilidad  penal  a  su representada, desarrollando la censura  por  la  vía  indirecta,  pues  entiende  que  ésta  no intervino en los actos  preparatorios  ni  ejecutivos  relacionados  con  la  enajenación del inmueble,  “posición  que  de suyo implica una absoluta disparidad con los hechos conforme  fueron plasmados en el fallo”.   

                    En suma,  el  actor  no logra clarificar el enfoque de su acusación, no obstante entrar a  descartar  con  apoyo  en  doctrina de la Corte los requisitos estructurales del  injusto  patrimonial,  con lo cual solamente pretende crear la impresión de que  se  respeta  la  técnica  del  recurso  dentro  de  los  lindes  que  impone la  violación  directa,  pues  se  opone  a la estructuración del delito de estafa  sobre  la  base  de que la víctima del desmedro patrimonial no fue directamente  quien  fuera  inducida  en error. Este teórico cuestionamiento, en sentir de la  Delegada,  lo  condujo a un mayúsculo sinsentido: Sostener que “el falso juicio  de  identidad  en  que  incurrió  el Tribunal es protuberante, al tener a Ligia  Nelly  como  coautora  de maniobras o artificios orientados a inducir o mantener  en error a Guerrero Franco” (fls.31).   

                     Por las  referidas   razones,   considera   que   este   segundo   cargo   tampoco  puede  prosperar.   

                         Al  referirse   al  tercer  reparo,  atinente  a  la  indebida  cuantificación  del  resarcimiento  económico,  la  Delegada  sostiene  que  es  tan  defectuoso  su  desarrollo,  que  para  afirmar  la  violación  del artículo 44 del Código de  Procedimiento  Penal,  el  censor  de nuevo acude a esgrimir posturas polémicas  con  el  fallo  en torno a la valoración probatoria hecha por el juzgador, para  en  su lugar decir que por parte alguna el proceso demuestra provecho económico  para  su  representada  con  ocasión  del  manejo que el Gerente le diera a los  bienes de DIN-PRO.   

                       Para  terminar,  aclara  que  no  solamente  estando  demostrados los perjuicios en el  proceso  el  Juez  puede  cuantificarlos,  sino  que  le  resulta  un imperativo  hacerlo,  en  cumplimiento  de  la  norma  rectora  que ordena a las autoridades  proveer por el restablecimiento de los derechos quebrantados.   

                   También,  que  en aplicación del artículo 107 del Código Penal, el Juez no siempre debe  consultar  la  opinión  de  un  perito,  toda  vez  que,  de conformidad con el  artículo  55  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  ello  dependerá  de  la  complejidad  del  asunto,  circunstancia  que  no se presentaba en este caso, al  punto  que el fallador logró con ajustado criterio establecer su monto en forma  directa.   

                    De igual  manera,  que  las  normas  tenidas en cuenta para tasar los perjuicios no fueron  desbordadas  por  el  Tribunal  al  ordenar  que Guerrero Franco sea indemnizado  con   la  mitad  del valor de venta de la casa, más sus intereses. Y si no  se  está en presencia de una liquidación del haber social, es porque las vías  delictuales  empleadas  para  apropiarse de los bienes de la sociedad impidieron  dicho procedimiento privado.   

                     Que se  desestime  también  este  cargo,  es  la sugerencia de la Delegada.           

                    

                         SE  CONSIDERA:   

                   Demanda a  nombre de Jaime Díaz García-Herreros.-   

                      Cargo  único:   

                   De manera  antitécnica  el  censor  presenta  dentro  de un mismo cargo ataques que por su  naturaleza  y alcance debieron plantearse autónomamente, a fin de no sacrificar  la  claridad  del  libelo,  ni  tornar  una  alegación técnico jurídica en un  simple alegato de instancia.   

                        Por  cargo  en casación debe  entenderse  todo  cuestionamiento que por sí solo pueda tener la virtualidad de  derruir  parcial  o  totalmente  el  fallo  impugnado.  Por eso, la técnica del  recurso manda que se enuncien y desarrollen en forma separada.   

                        Con  menoscabo  de  este  principio,  el  actor,  en  el cuerpo de una misma censura,  cuestiona  la  existencia  de los  dos delitos por los cuales fue condenado  su  patrocinado,  falsedad y estafa, alegando, en cada caso, errores de hecho en  la  apreciación  de  las  pruebas,  reparos  que  por  fundarse  en  argumentos  distintos  e  involucrar  eventuales  violaciones  a normas diferentes de la ley  sustancial,  con  consecuencias  jurídicas  igualmente  autónomas,  ameritaban  planteamiento separado.    

                  Además de  esta  deficiencia  técnica  de  carácter puramente formal, la demanda presenta  otras  al interior de cada reproche, de naturaleza sustancial, que de entrada la  tornan impróspera. Veamos:   

                    

                                           Planteamiento     del    censor    respecto    del    delito    de  falsedad:   

                                 

                     Para el  casacionista,  la  falsedad  del  acta No.029 de 18 de diciembre 1988 es inocua,  puesto  que  los estatutos de DIN-PRO, elevados a escritura pública No.808 el 9  de  junio  de 1987, autorizaban al Gerente para realizar transacciones hasta por  ocho  millones  de  pesos.  Partiendo  de este razonamiento, afirma que el fallo  impugnado  viola  indirectamente la ley sustancial, por errores de hecho en  la  apreciación  de  dicha acta y desconocimiento de la autorización contenida  en los mencionados estatutos.   

                         Al  referirse  al  primer  documento,  el  demandante  no concreta la naturaleza del  error  invocado,  si  de  existencia o identidad, ni del desarrollo del cargo es  posible  deducirlo,  y si bien en algunos apartes del libelo llega a calificarlo  como  un  error  de  interpretación, oportuna es la aclaración que la Delegada  hace  en  su  concepto, al señalar que este yerro es exclusivo de la violación  directa de la ley sustancial.   

                       Todo  parece  indicar  que la inconformidad del censor está referida más al hecho de  no  haberse aceptado por el juzgador que la junta de socios se realizó en 1987,  como  los  procesados  lo sostienen en sus indagatorias, pero si el motivo de su  desacuerdo  era  este,  debió  impugnar  la apreciación que en la sentencia se  hizo  de  estos  elementos de convicción, no la que se contrajo al acta, puesto  que  la  fecha  que  aparece  en  este  documento es la misma que los juzgadores  tuvieron  en cuenta para proferir el fallo de condena, quedando por consiguiente  descartada cualquier distorsión de su contenido material.   

                    Sobre el  correlativo  desconocimiento  de la facultad que tenía el Gerente para negociar  sin  previa  autorización de la junta de socios, contenida en los estatutos, la  censura  carece en absoluto de fundamento, ya que de la lectura de los fallos se  concluye  que  en  este  punto  los juzgadores coinciden con el casacionista, en  cuanto  reconocen,  contra  lo  prescrito  en  los artículos 19 literal e) y 23  litetal  b) del los multicitados estatutos,  que el Gerente podía negociar  sin  la  habilitación  de la junta hasta por la suma de ocho millones de pesos.   

                         El  argumento  que las sentencias tuvieron en cuenta para afirmar la responsabilidad  de  los procesados por el delito de falsedad, es que la citada acta, si bien era  intrascendente  frente  a  los  estatutos por las razones anotadas, no lo fue de  cara  a  la  compraventa  que se hiciera con los esposos Boehlke Salcedo, puesto  que  ante  éstos  se  la usó para convencerlos amañadamente de la legitimidad  del  negocio, tanto que se la incorporó a la correspondiente escritura, como se  deduce de su contenido y de los testimonios de los compradores.   

                         Al  respecto, se dijo en el fallo de primera instancia:   

                    “Es real  que  la  escritura  de  constitución de la sociedad facultaba al procesado para  celebrar  negocios  en  cuantías como la reportada para el caso concreto, tal y  como  se  vislumbra  en  el  literal b) del artículo 23 de la escritura social,  cuya  fotocopia auténtica se halla plasmada en el folio 25 vto. y 26 del c. o.;  pero   también   es   inobjetable   que  pese  a  no  requerirse  del  acta  de  autorización,  se  empleó  esta  como medio probatorio para legitimar frente a  terceros  de  buena  fe,  la  venta  del inmueble y cuya anuencia de la junta de  socios  era  falaz,  con  lo  que  el  uso  se  estructura  frente  al  criterio  legitimizador  arriba  planteado. Por ende, el uso se conforma inescrutablemente  y  su  carácter  jurídico se hace denotar al punto de que el documento espurio  fue  aportado  para la protocolización; siendo mecanismos distorsionadores, los  asumidos  por la defensa y el propio procesado Jaime Díaz, en sentido de que en  el  evento de existir una falsedad, esta sería inocua, debido precisamente a la  autorización estatutaria.   

                     “A este  respecto  y  donde  se  hace  más patente la consecución del uso jurídico del  documento  es  en  la  declaración  de Jan Petter Boehlke, folios 269 del C.o.,  quien  fuera  la persona que adquirió, junto con su esposa Rosa Helena, el bien  inmueble  en  virtud  de la enajenación concertada con el procesado. En efecto,  dicho  declarante  señala  bajo  la  gravedad  del  juramento, que le mostraron  algunos  documentos como el certificado de constitución y gerencia expedido por  la  Cámara  de  Comercio y donde el procesado aparece precisamente como Gerente  de  la  sociedad  y  además  le  fue  mostrada  la  autorización para hacer el  negocio.  Si  esto  último  es  así,  se  desdice  la supuesta inocuidad de la  falsedad,  amén  de que al añadir el documento espurio o en otras palabras, al  hacer  uso  jurídico  de  él  en la protocolización y al hacerlo parecer como  verdadero  ante  los  ojos de los compradores, vino cumpliéndose con el segundo  elemento  ultimamente  referido,  dado  que  para estos últimos adquirió dicha  autorización  visos  de  legitimación, frente a la cual se podía realizar con  seguridad el negocio jurídico planteado” (fls.391 y 392-1).   

                     Y en la  sentencia de segunda instancia, se hicieron estas precisiones:   

                  “No huelga  consignar  que  si  bien  de  acuerdo  con  los estatutos de la empresa, el  gerente  DIAZ  GARCIA-HERREROS tenía la facultad negociadora hasta por el monto  de  ocho  millones de pesos y el inmueble fue vendido por siete, es indiscutible  que  tanta  sería  la  necesidad  de  respaldar  la enajenación presentando la  aprobación  del otro socio, que se falsificó y protocolizó el acta No.029…”  (fls.54 caderno del Tribunal).   

                     Como se  ve,  Juzgado y Tribunal aceptan que el procesado podía celebrar la negociación  de  acuerdo  con  los  estatutos  de  la sociedad, luego la censura que el actor  plantea  sobre  la base de su desconocimiento, se queda sin soporte fáctico. De  allí  que  el  cargo  devenga  inexaminable.               

         Planteamiento     del    censor    respecto    del    delito    de  estafa.    

                         La  fundamentación  de  este  cargo  se  reduce  a  la  reseña  de  los  elementos  estructurantes  de  esta  modalidad  delictiva  y a la afirmación de que dos de  ellos,  la  inducción  en error y el provecho ilícito, no concurren en el caso  sub judice.   

                    Pretende  el  actor,  mediante la formulación de interrogantes a través de los cuales da  por  sentada la inexistencia de los referidos elementos, que sea la Corte la que  entre  a  estudiar  y  dilucidar el punto, olvidando que las conclusiones de los  fallos   de   instancia  corresponde  desvirtuarlas  en  sede  de  casación  al  demandante,  ante  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad de que están  amparadas.   

                    De paso,  ignora  que  en  virtud  del  principio de limitación que rige el recurso, a la  Corte le está vedado entrar a suplir los vacíos del libelo.   

                   Razón de  sobra  le  asiste por ende a la Delegada, cuando sostiene que el casacionista no  va  más allá del simple enunciado de la censura, tanto que ni siquiera precisa  las  pruebas  indebidamente  apreciadas  ni  la  naturaleza  del  error de hecho  endilgable al juzgador.   

                    

                  Situación  similar  se  presenta con la afirmación sobre la imposibilidad jurídica de que  los  delitos  de  falsedad en documento privado y estafa sean concurrentes, pues  aparejada  a  esta  afirmación  no  se  plantea  tesis  jurídica  alguna  para  respaldarla,   ni  se  menciona  de  qué  manera  se  habría  violado  la  ley  sustancial, ni el concepto de esta presunta violación.   

                   Por estas  razones, también esta censura deviene incontestable.   

                   Demanda a  nombre de Ligia Nelly María Cabrales García-Herreros.   

         

                    

                     La Sala  comparte  las observaciones que hace la Delegada en cuanto a que el casacionista  desacierta  al  hacer  objeto  de  reproche la prueba, no obstante haber aducido  como  motivo de ataque la violación directa de la ley sustancial, en la cual es  deber  admitir  los  hechos tal como los asumió el sentenciador, discrepándose  únicamente  de la aplicación de la norma jurídica o su interpretación.    

                   Por ende,  es  palpable  la contradicción en que incurre el censor, máxime que dentro del  desenvolvimiento  de  la  censura  cae en confusiones inadmisibles en las cuales  termina  mezclando  ambas  formas  de  violación,  como podrá apreciarse en el  análisis que se haga de cada reproche en particular.   

                      Cargo  primero.-   

                    

                   A través  de  este  primer  reparo el casacionista procura descartar el delito de falsedad  imputado  a  Ligia  Nelly María Cabrales García-Herreros, trayendo en apoyo de  su  pretensión,  los  siguientes argumentos: Que el acta No. 029 no es espuria,  como  se  desprende  de  las  explicaciones  ofrecidas  por  su  representada en  indagatoria.  Que  el acta no era necesaria para la celebración del negocio, de  cara  a  la  autorización  contenida  en  los  estatutos; y, que Ligia Nelly no  intervino  en  los actos preparatorios ni finales de la negociación, como puede  concluirse  de los testimonios recibidos a los esposos Boehlke Salcedo, de donde  surge que ella no usó el documento.   

                   De bulto,  se  advierte  que  el  desarrollo  del cargo no corresponde a su enunciado, cuya  naturaleza  no  permite cuestionamiento probatorio alguno, como antilógicamente  lo   hace   el   censor   al   desarrollar  la  censura.  Aparte  de  ello,  las  argumentaciones  que  presenta  se exhiben huérfanas de sustentación, dado que  no  entra  en  el  análisis  de  las  conclusiones  de  los fallos, con miras a  desvirtuarlas.   

                    No puede  dejarse  de  precisar, igualmente, que la mayoría de las premisas que sirven de  soporte  a  la  censura debieron enunciarse y desarrollarse en cargos separados,  por  tratarse  de  ataques  autónomos.  Es  más,  ni  siquiera podían haberse  presentado  como principales, sino como subsidiarios, por ser excluyentes. No se  olvide  que  el  actor,  después de negar la falsedad del acta, sostiene que la  conducta  es  inocua, y luego que su representada no usó el documento, posturas  estas   últimas   que   presuponen   la   aceptación   de   que   el  acta  es  mentirosa.   

                     Por lo  demás,  es flagrante la equivocación del actor al señalar que su representada  no  cometió  el  delito de falsedad porque no tuvo contacto con los compradores  del  inmueble.  Si  los  fallos hubieran afirmado la presencia de Ligia Nelly en  los  actos previos o concomitantes a la negociación y de allí predicado el uso  del   documento   que   la   censura   rechaza,  el  cargo  presentando  por  el  demandante   podría  llegar  a  tener  algún sentido, pero las decisiones  impugnadas  no  se  basan en dicha presencia, sino en el conocimiento que tenía  del  uso  que  le  sería  aplicado al acta por ella falsificada. Las siguientes  fueron  algunas de las precisiones hechas sobre el particular en la sentencia de  primera instancia:   

   

                     “Con lo  precedente  se  estructura  de  diáfana manera la participación tanto de Jaime  Díaz  como de Ligia Cabrales en la elaboración y posterior uso del acta 029 de  1988,  recalcando  que  esta  última  participó  de  manera  sumamente activa,  considerando  que su rúbrica es la que aparece en el documento espurio y que es  reconocido  tanto  por  ella, como por Jaime Díaz dicha situación. Por ende es  inobjetable  el  conocimiento  que  Ligia  Cabrales  tenía  del ilícito que se  fraguaba,  prestando  activa  colaboración  en  el mismo, tal como se desprende  también  del  acervo  documental y concretamente del acta falsificada” (fls.402  del cuaderno No.1).   

                     Nada de  ello  es  rebatido  por el casacionista, quien se limita, como se dijo, a lanzar  afirmaciones  generales,  sin  sustentación alguna, en contravía de los hechos  declarados  en  las  sentencias y de la evaluación probatoria realizada por los  falladores.   

                      Estas  inconsistencias  y  las consignadas por la Delegada, conducen a la improsperidad  del cargo.   

                      Cargo  segundo.-   

                    También  en  este  segundo  reparo el casacionista es sumamente confuso, pues si bien del  encabezamiento  del reproche cabe inferir violación directa de la ley, derivada  de  errores  de  subsunción en relación con el punible de estafa, mas adelante  se  coloca dentro de los linderos de la violación indirecta, al sostener que el  Tribunal  incurrió  en  falso juicio de identidad, al tener a su defendida como  coautora  de  maniobras  orientadas  a  inducir  o  mantener  en  error al socio  Guerrero Franco.   

                  Constituye  de  igual  manera  un cuestionamiento abierto a las conclusiones fácticas de la  sentencia,  la afirmación de que Ligia María tampoco es coautora del delito de  estafa  porque  no intervino en los actos previos ni ejecutivos relacionados con  la  enajenación  de la sede de DIN-PRO, aspecto ya esbozado por el libelista al  refutar su participación en el delito de falsedad.   

                   Al margen  de  estas deficiencias de naturaleza técnica, de suyo suficientes para rechazar  la  censura,  dígase,  en  orden  a  clarificar  el  punto  relacionado  con la  pretendida  atipicidad de la conducta, planteada por el  casacionista sobre  la  base  de  que  Luis Carlos Guerrero Franco no habría sido sujeto pasivo del  engaño,  que  no  fatalmente  quien sufre el perjuicio económico y es víctima  del  hecho  punible, debe ser la persona sobre la cual recae el ardid o maniobra  artificiosa  (ar.356  C.  P.).  El delito de estafa bien puede estructurarse sin  que  el  estafador  llegue a tener contacto directo con la víctima, como ocurre  cuando  el  engaño  se proyecta sobre persona distinta de quien recibe el   perjuicio,  tesis  que  junto  con  la  de  la  disposición patrimonial omisiva  inconsciente,  confusamente  aplicada  a la inactividad del tercero perjudicado,  son,  en  síntesis,  los planteamientos que motivadamente sirvieron de apoyo al  Tribunal  para  afirmar  la  existencia  de  este hecho punible, los cuales, por  inconsistencias  de  orden  técnico,  cuando  no por falta de sustentación, el  actor  no  logra  descalificar,  sin  que  a  la Corte le sea permitido entrar a  analizarlos   para  acogerlos  o  desvirtuarlos,  en  virtud  del  principio  de  limitación  del recurso que le impide entrar a suplir las lagunas del libelo, y  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  con  que  el  fallo viene  amparado.        

                         Se  desestima, por consiguiente, esta censura.   

                      Cargo  tercero.-   

                         Al  sostener  el  libelista  que  el  fallo  viola  el  artículo  44 del Código de  Procedimiento  Penal, porque en el proceso no aparece demostrado que Ligia Nelly  haya  obtenido  provecho  económico con su comportamiento, de nuevo desborda el  marco  de  la  violación  directa,  para  adentrarse  en  los  terrenos  de  la  indirecta,  con desmedro de la técnica del recurso. Además, deja en el aire el  reproche,  ante  la  no determinación del error estructurante de la violación,  ni  la  especificación  de  las  pruebas  en  las  cuales se habría originado.   

                    De todas  maneras,  el  cargo en lo sustancial resulta desafortunado, pues es evidente que  con  su  conducta ilícita Ligia Nelly causó un perjuicio, y que, por tanto, se  imponía  la  condena por este motivo, independientemente de que particularmente  ella se hubiera o no lucrado con su actuar delictivo.   

                    Respecto  del  artículo  55  ibidem,  cuya  violación denuncia también el casacionista,  debe  decirse  que no es cierto que esta norma obligue al juzgador a designar un  perito  para  avaluar  los  perjuicios  ocasionados  con  el hecho punible. Esta  decisión,  de  acuerdo  con  el citado precepto, es facultativa del funcionario  judicial,  quien  según  la  complejidad  del  asunto,  podrá disponer o no su  intervención.    

                     Y,  en  cuanto  al  artículo  107 del Código Penal, el actor afirma su violación pero  no  la  sustenta,  al menos no como corresponde en esta sede extraordinaria. Mas  no  porque  la parte civil haya dejado de solicitar la designación de un perito  para  la  determinación  del  monto  de los daños y perjuicios, puede llegar a  sostenerse  que  la  condena  por  dicho motivo es ilegal. Para el Juez, como lo  sostiene  la  Delegada,  es un imperativo cuantificar los daños cuando aparecen  demostrados  en el proceso, en cumplimiento de la norma rectora que ordena a las  autoridades    proveer    por    el    restablecimiento    de    los    derechos  quebrantados.   

                                           Finalmente,  ningún menoscabo a las normas tenidas en cuenta para  determinar  los  perjuicios  se  advierte  por la forma como el fallador hizo su  tasación,  pues  para dar por sentado y cuantificado el referido daño, bastaba  conocer el monto de la ilícita negociación.   

                  Los cargos  no prosperan.   

                     Algunas  observaciones    sobre    el    alegato    de    la    parte   civil.-   

                    

                     Es bien  sabido  que  con ocasión del traslado previsto en el artículo 224 del estatuto  procesal,  el  no  recurrente  únicamente  está  facultado  para  coadyuvar  u  oponerse  a  la  demanda  de  casación  presentada,  sin  que  le sea permitido  plantear   sus   propios   cargos.   Si  se  le   consintiera  hacerlo,  se  convertiría  en  un  impugnante más, y entonces, ninguna diferencia existiría  entre quien oportunamente recurre y quien no lo hace.   

                       Este  principio,  es  en  buena  medida  desoído  por el apoderado de la parte civil,  quien  al iniciar su alegato apreciatorio se aparta de las demandas de casación  para  hacer sus propias peticiones, como las atañederas al incremento del monto  de  los  perjucios  y  la  cancelación del registro de la escritura mediante la  cual  los  procesados  vendieron  el inmueble a los esposos Boehlke Salcedo como  forma de concretar el restablecimiento del derecho.   

                     Dichas  pretensiones  no  pueden  ser  estudiadas por la Sala, por desbordar el marco de  acción de los sujetos procesales no recurrentes.   

                     En  lo  demás,  el alegato en referencia se ajusta a las pautas señaladas, al oponerse  a  las  demandas con razones que, en lo esencial, han sido acogidas por la Corte  en   la   motivación   que   se   ha   hecho   para   no   casar  la  sentencia  recurrida.   

                  En mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA, SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del  Procurador  Segundo  Delegado, administrando justicia en nombre de la república  y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                    NO CASAR  la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL    RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE           CORDOBA  POVEDA           SANTIAGO  BERACASA HOYER   

                                                                             Conjuez   

                                                              Nofirmo   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                  DIDIMO          PAEZ  VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

                    

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *