10619 (21-01-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    INCONGRUENCIA-Causal segunda  

Cuando se plantea el  referido  desajuste  entre  la  acusación  y la sentencia, el casacionista debe  tomar   como   herramientas,   para  respaldar  su  alegación,  la  providencia  acusatoria  y la sentencia, y luego de un cotejo entres éstas, demostrarle a la  Corte  su  no  correspondencia,  es  decir  que  se  condenó  “por fuera” de la  realidad fáctico-jurídica contenida en el proveído acusatorio.   

PROCESO No. 10619  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                  Aprobado Acta No. 04.        

Santafé  de  Bogotá, D.C., enero veintiuno  (21)        de        mil        novecientos        noventa        y        ocho  (1998).                                                                            

          Decide  la  Corte  el recurso de casación interpuesto por el   defensor  de  ANDRES  AVELINO PULIDO GUERRERO contra la sentencia de enero 18 de  1995,  por  medio  de la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali  condenó  a  dicho  procesado  a  la  pena  principal  de 47 meses y 15 días de  prisión por los delitos de falsedad, fraude procesal y estafa.   

         

ANTECEDENTES  

          1.-   Los  hechos  origen  de  este  proceso  los  resume  así  el  Tribunal:   

“El cuatro (4) de junio de mil novecientos  ochenta  y cinco (1985) el señor PEDRO ELIAS BERMUDEZ GARCIA, dijo constituirse  en  deudor hipotecario de ANDRES AVELIO PULIDO GUERRERO por valor de trescientos  mil  pesos  ($300.000) y para tal efecto corrieron la escritura Pública No.1070  de  la  misma  fecha,  ante  el Notario Noveno de este Circulo, que comporta una  Hipoteca  de primer grado sobre un lote de terreno de 400 metros cuadrados en la  calle  53  Norte  con  Av.  7ª. Norte y del cual el deudor hipotecario declaró  como   de   su  exclusiva  propiedad,  identificado  con  los  linderos  que  se  consignaron  en  el  respectivo  acto  notarial.  Para  suscribir  la  escritura  anteriormente mencionada se aportaron los siguientes documentos:   

a)      Matricula      inmobiliaria  #370-0034542   

b) Paz y Salvo predial #Y-012-234  

El  acreedor  hipotecario  acudió  a  la  jurisdicción  civil  con  el fin de obtener a través del proceso ejecutivo con  título  hipotecario,  la  cancelación  de su crédito, demanda admitida por el  Juzgado  Quinto  Civil  Municipal  de  esta  ciudad  que  culminó con sentencia  decretando el remate, diligencia cumplida el 1º de agosto de 1991.   

Informado  por  un  colega  de  profesión,  llegó  a conocimiento del abogado FRANCISCO JOAQUIN CHAVEZ CAJIAO la diligencia  cumplida  sobre  el  predio  embargado  por  el  Juzgado Quinto Civil Municipal,  dentro  del  proceso promovido por ANDRES AVELINO PULIDO GUERRERO  y que el  profesional  del  derecho  informante  conocía  como  de propiedad de su amigo,  quien   obró   de   inmediato   acudiendo   en  principio  a  la  Procuraduría  Departamental  del  Valle,  organismo  que  designó una abogada visitadora para  constatar  si la inforrnación del quejoso respecto a la fraudulenta pretensión  del  demandante  encaminada  a  apoderarse  de predios pertenecientes a terceras  personas  era  verídica.  De  la visita de Procuraduría a las dependencias del  Juzgado  Quinto  Civil Municipal de esta ciudad y en las del Catastro Municipal,  como  a  la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos y Privados se llegó a  la  conclusión  acerca  de  la  falta  absoluta  de  identidad  entre el predio  identificado  en  la  Escritura  constitutiva de la Hipoteca y el que finalmente  resultara  afectado  con el embargo, secuestro y remate decretado por el Juzgado  Quinto  Civil  Municipal  de  esta  ciudad,  verificación  que  dio origen a la  presente  investigación a través de la correspondiente denuncia presentada por  el Dr. FRANCISCO CHAVEZ CAJIAO” (fls.900 a 902 cdno. 2º).   

2.- Los referidos hechos fueron denunciados  por el citado doctor Chávez Cajiao (fls.1, 108 y 225- cdno.1º).   

–  En  su  injurada  (fls.216, 228 y 311-1)  Pulido  Guerrero  dijo  que  sí  intervino en todas la referidas negociaciones,  pero  que  para  garantizar  el  negocio  que  hizo  con  el señor Pedro Elías  Bermúdez  suscribió un título hipotecario cuya titulación él conocía bien,  pero  agrega  que  todo  el predio de Bermúdez no es rural, como lo enseñó la  oficina  de  Catastro,  sino que ese predio queda ubicado justamente en el sitio  que  él  mismo mostró como el del lote que fue secuestrado y embargado. Niega,  pues, que él haya cometido cualquier delito.   

–  También fueron vinculados Fernando Ossa  Naranjo,  el  Inspector  18 de Policía que practicó la diligencia de secuestro  por  comisión del Juzgado Penal Municipal de Cali; Campo Elías Díaz Ramos, el  perito  evaluador,  la  doctora  Martha  Correa,  Registradora  de  Instrumentos  Públicos  de  Cali,  Jairo  León  García Aldana, el adquirente del mencionado  bien  y  Pedro  Elías  Bermúdez,  el  supuesto  propietario  del  inmueble que  hipotecó.   

Bermúdez murió y, por tanto, a su respecto  se  extinguió  la  acción   penal  y  con  relación  a  los restantes se  decidió la preclusión (fls.507 y ss-2).   

–  Se  practicaron otras pruebas, dentro de  las  cuales  obran todos los documentos pertinentes a las negociaciones narradas  en el primer numeral de esta providencia.   

3.-  Cerrada  la  investigación,  ésta se  calificó  con resolución acusatoria contra Andrés Avelino Pulido Guerrero por  los  delitos  de falsedad de particular en documento público, fraude procesal y  estafa  en  la  modalidad  de  tentativa  (fls.535 y ss.-2, febrero 1º de 1993,  ejecutoriada el 9 de febrero).   

4.- El Juzgado 18 Penal del Circuito de Cali  celebró  audiencia  pública  (fl.792-2)  y en julio 7 de 1994 dictó sentencia  condenatoria  en  armonía  con la acusación (fl.817), providencia que, apelada  por  el  defensor  del acusado, fue enteramente confirmada mediante la que ahora  es objeto del recurso de casación (fl.900-2).   

LA DEMANDA  

Primer cargo  

Bajo  el  enunciado de “causal primera de  casación”,  dice  el casacionista que el fallo impugnado viola los artículos  332  y  333  del Código de Procedimiento Civil (fl.933-2). Hace a continuación  el  censor  un  recuento  de  la prueba obrante en el proceso y saca de ella sus  propias  conclusiones, agregando que, entonces, “vemos que el lote alegado por  el  denunciante  es  parte  de  cosa  YA  JUZGADA, tratándose simplemente, a su  respecto,  de  la  compra de cosa ajena con violación de un mandato legal, como  lo  es  la  sentencia  proferida  por  el juzgado Noveno Civil Municipal de esta  ciudad de Cali” (fl.934) y añade:   

“Así las cosas, se puede observar que el  lote  objeto  de  este  proceso,  es  parte  de  un  lote de mayor extensión de  propiedad  de  PEDRO ELIAS BERMUDEZ GARCIA, o sea que no solamente hay identidad  entre  el  objeto  de  la  demanda  sino una identidad jurídica, por cuanto, la  entidad  demandante en el proceso del Dr. Navia Belalcazar fué quien colocó en  el  comercio  el  bien  inmueble mediante venta de cosa ajena, y el señor PEDRO  ELIAS  BERMUDEZ, quien inicialmente fue investigado, fué quien dio en garantía  hipotecaria  el  lote  de su propiedad al señor ANDRES AVELINO PULIDO GUERRERO,  situación  esta  que  se  encuadra  en  el contenido del parágrafo segundo del  art.332  del  Código  de  Procedimiento Civil, y que precisamente no se tuvo en  cuenta dentro de la constitución de la parte civil.   

El señor JUEZ DIECIOCHO PENAL DEL CIRCUITO  DE  SANTIAGO  DE  CALI,  aceptó  como  pruebas  aportadas por el sindicado, las  anteriormente   señaladas,   pero   desafortunadamente   por  un  error  en  la  apreciación  de  éstas,  no  se  tuvieron  en  cuenta  al momento de dictar la  sentencia” (fl.934 infra y 935).   

Segundo cargo  

Al amparo de la causal segunda de casación  del  artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal, el actor sostiene que  “la  sentencia  no  está  en  consonancia  con  los  cargos  formulados en la  resolución de acusación” (fl.935-2).   

Argumenta  al  respecto  que  “en  dicha  sentencia  se  ordena  la cancelación de la escritura de hipoteca No.1070 del 4  de  junio de 1985, la cancelación de su registro y del embargo hipotecario y el  pago  de  un  (sic)  indemnización   por  el  sindicado en la suma de diez  millones  de pesos, ($10.000.000.oo), sin tener en cuenta, como dije, por error,  de  las pruebas que fueron presentadas dentro del proceso y que fueron aceptadas  por  el  señor  Juez  18  Penal del Circuito de Cali pero repito, no tenidas en  cuenta” (fl.935-2).   

Luego  dice que las acusaciones que le hizo  el   denunciante   “son   incoherentes  y  falsas”  y  realiza  unas  breves  consideraciones  tendientes  a  demostrar que su defendido “en ningún momento  ha pretendido estafar a nadie” (fl.936).   

Concluye  solicitando  a  esta  Corte  que  “invalide”  la  sentencia  recurrida  y ordene la devolución del proceso al  Juzgado   18   del  Circuito  de  Cali  “para  que  reponga  el  procedimiento  afectado” (fl.936-2).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

Primer cargo  

Dice  el señor Procurador Tercero Delegado  en  lo  Penal  que  el  casacionista revela “un desconocimiento absoluto de la  técnica”  que  gobierna  el  recurso de casación (fl.6 cdno. Corte), como lo  demuestra  las  citas  de  normas  del Código de Procedimiento Civil que indica  como  violadas  y al omitir la demostración referente a si la sentencia civil a  la  que  se  refiere  como  “cosa  juzgada”  “impide  iniciar, adelantar y  culminar   una  actuación  penal”  (fl.7)  y  añade  que  “Se  asume  así  inadecuadamente,  que  la  cosa  juzgada  debe  examinarse a partir de las cosas  vinculadas  al  proceso,  no  de  las  relaciones  jurídicas  implícitas en la  conducta  de  quienes  intervinieron  en  el  hecho  que  genera o puede generar  conflictos  meramente  patrimoniales  (ámbito  de  derecho  civil)  o  de orden  público (ámbito de derecho penal)” (fl. cit.) y agrega:   

“Las  sentencias judiciales de carácter  civil  no  deciden  sobre  la  responsabilidad  penal  que  una  de  las  partes  involucradas  en  el  aquél  proceso  pueda  tener  por  haber actuado típica,  antijurídica  y  culpablemente;  sólo resuelve los conflictos privados. Las de  naturaleza   penal,   por   el  contrario,  resuelven  lo  pertinente  sobre  la  responsabilidad  penal  del  incriminado por la realización de una conducta que  el  ordenamiento  jurídico  ha  considerado  como delito. Una y otra decisión,  entonces,  son  separables  y  se ocupan de distintas relaciones, por lo que las  primeras  no  inhabilitan  al  Estado para adelantar la investigación penal que  surja  de  la  conducta de quien ha intervenido en la relación privada” (fl.7  y8).   

.Como  “segundo  error  técnico”  la  Delegada   observa  que  no  obstante  el  casacionista  plantear  “de  manera  impropia”  la  violación  directa  de  la ley, al desarrollar la censura  critica la prueba y se adentra así en la violación indirecta.   

En  resumen, considera que tales falencias  “imposibilitan  a  la Corte por la total falta de claridad, un pronunciamiento  sobre el cargo que pretende estructurar el impugnante” (fl.8).   

En   su  concepto,  pues,  el  cargo  no  prospera.   

Segundo cargo  

Estima  la  Delegada  que  en  lugar  del  casacionista  fundamentar  el  cargo  propuesto  (falta  de consonancia entre la  acusación  y  la sentencia) “se dedica  a lanzar afirmaciones tendientes  a  demostrar   una  pretendida falta de veracidad en la denuncia presentada  ante  las  autoridades  judiciales  y  a  predicar  que  las acusaciones en ella  contenida  son  incoherentes,  acompañado  de  calificaciones sobre condiciones  personales  relacionadas con la honorabilidad y laboriosidad del denunciado, que  ninguna  relación  tienen  con  la  acusación  presentada”  (fls.8  infra  y  9).   

Por  lo  dicho  considera  que  este cargo  tampoco prospera y solicita lo propio para la demanda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        Primer cargo   

        Inicialmente,  al decir el casacionista que el sentenciador dio un  mal  entendimiento  a  la  situación  planteada por la argüida sentencia civil  frente  a  los  artículos 332 y 333 del Código de Procedimiento Civil (“Cosa  juzgada”  y  “sentencias  que no constituyen cosa juzgada”), no precisa el  cargo,  se  limita  a un recuento probatorio y a extraer de éste la valoración  que  le  conviene  desde  su  posición de defensor, con lo cual hace una mezcla  indebida  de  los  dos  motivos  de  casación  que trae la causal invocada, los  cuales,    además,   deja   en   el   simple   enunciado,   sin   demostración  alguna.   

        Aparte  de  esa  deficiencia  el  casacionista exhibe otra  quizas  mayor: yerra enteramente  con  respecto  a  la norma sustancial violada y no dice el sentido de violación  de  la  misma, que en este caso sería la aplicación indebida de los artículos  tipificantes  de  los  tres delitos por los cuales fue condenado Andrés Avelino  Pulido Guerrero.   

        Si  fueran  ciertas sus afirmaciones sobre el errado entendimiento  de  la  referida  “cosa  juzgada”  civil, esta errónea interpretación  sería   apenas   un   medio  o  puente  para  arribar a la violación de las citadas normas penales, por  indebida aplicación de éstas, como se dijo arriba.   

        Resulta  evidente,  pues,  que  un “cargo” así no puede salir  avante.   

        Segundo cargo   

                    En este  reproche  el desconocimiento respectivo del censor se  torna  más  patente,  pues  alega la causal 2ª. de  casación  (no consonancia entre la acusación y el fallo) pero la sustentación  de  tal  reproche lo hace con argumentos inherentes a  otra   causal,   como   son   las   consideraciones  probatorias.   

        No;  cuando se plantea el referido desajuste entre la acusación y  la  sentencia,  el  casacionista debe tomar como herramientas, para respaldar su  alegación,  la  providencia  acusatoria  y  la  sentencia, y luego de un cotejo  entres  éstas,  demostrarle  a  la Corte su no correspondencia, es decir que se  condenó  “por  fuera”  de  la  realidad  fáctico-jurídica contenida en el  proveído  acusatorio:  por  ejemplo  -para  este  caso-  que al acusado Andrés  Avelino  Pulido Guerrero se le condenó por un delito  más  de  los tres por los cuales fue acusado, o por  tres  delitos  a  los  cuales el sentenciador les dio  otra y más gravosa tipificación.   

        Absolutamente  nada  de  ello  hace el casacionista en este cargo,  motivo   por   el  cual  con  toda  legitimidad  debe  afirmarse  que  el  mismo  no    tiene    ninguna   sustentación.    En   estas   condiciones   sólo  aparentemente  es  un  cargo,  apariencia  que,  por  sustracción    de    materia,    imposibilita   a   la   Corte   responder   al  mismo.   

        No   prospera   entonces   la   demanda   y  la  sentencia  no  se  casará.   

        Por  lo  anteriormente expuesto la Corte Suprema de Justicia, Sala  de  Casación  Penal,  de  acuerdo  con  el  Ministerio  Público, administrando  justicia    en    nombre    de   la   República   y   por   autoridad   de   la  Ley,                

RESUELVE  

        NO  CASAR el fallo recurrido. En firme,  devuélvase al Tribunal de origen.   

        Cópiese y cúmplase.   

CARLOS       AUGUSTO      GALVEZ  ARGOTE        

FERNANDO     E.     ARBOLEDA     RI  POLL              RICARDO   CALVETE   RANGEL                

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA                       JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                                          DIDIMO      PAEZ  VELANDIA          

NILSON          PINILLA  PINILLA                                JUAN   MANUEL   TORRES   FRESNEDA                        

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

     

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