10055 (11-12-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO  No.  10055            

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.192   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa Fe de Bogotá, D. C., once de diciembre  de mil novecientos noventa y ocho.   

                    Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  8  de junio de 1994, mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cali  condenó  a  los  hermanos  FERNANDO y JORGE  LOPEZ  MONTENEGRO,  el primero a la pena principal de  10  años  de  prisión  como autor responsable del delito de homicidio en José  Heriberto  Calvo  Ramírez,  y  el  segundo  a  5  años  de prisión como autor  responsable  del  delito de homicidio, en la modalidad de tentativa, de que hizo  víctima al menor Johnny William Skinner Marín.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                      El 19 de  agosto  de  1992,  siendo  aproximadamente  la 1:30 de la tarde, José Heriberto  Calvo  Ramírez, quien se encontraba con su primo Fanel Fernando Calvo González  en   la   estación  de  servicio  “Texaco-Guadalupe”  de  la  ciudad  de  Cali,  aprovisionando  de  combustible  la  motocicleta  en  la  cual  se  movilizaban,  recibió  un  disparo  con  arma de fuego tipo revólver, calibre 32 largo, a la  altura  de  la  región  torácica,  que  le  causó  la  muerte  (fls.269),  en  desarrollo de un tiroteo que se presentó cerca de este lugar.   

                   Las primeras  pesquizas  establecieron  que  los disparos provenían de la casa de habitación  de  la  familia  López  Montenegro,  demarcada  con el No.50-94 de la calle 10,  contigua  a  la  estación  de  servicio,  y que habían sido realizados por los  hermanos   Fernando  y  Jorge  contra  cuatro  adolescentes  que  merodeaban  la  residencia,  utilizando  una  escopeta calibre 12, de dos cañones, de propiedad  de  este  último,  quien es miembro del Club de Tiro, Caza y Pesca “Los Tigres”  de  la  ciudad  de  Cali,  y  un  revólver  calibre  .32 largo, marca Colts, de  propiedad   del  padre  de  ellos,  ambas  amparadas  con  salvoconducto  (fls.1  vto.,105,118,385-1).  Se  determinó,  así  mismo,  que  Fernando  disparaba el  revólver y Jorge la escopeta.    

                    El grupo de  adolescentes  estaba  integrado  por  Zuleyman Silva Oviedo (16 años), Hernando  Alberto  Bedoya  Estrada  (14  años),  Leonardo  Arredondo Botero (15 años), y  Johnny  Williams  Skinner  Marín  (14  años),  quien  recibió  un  disparo de  escopeta,  presentando  heridas  por  perdigones  en  tórax,  miembro  superior  izquierdo  y  miembro inferior izquierdo, así: a) Pre-axilar izquierda; b) Cara  interna  tercio  inferior  del  antebrazo  izquierdo;  c)  Cara  externa  tercio  superior  del  muslo  izquierdo; d) Cara posterior de la pierna izquierda en No.  de  3  cada una en sus numerosos tercios; e) talón izquierdo en No. de 2; y, f)  dorso   del   pie   izquierdo,  habiéndole  sido  determinada  una  incapacidad  definitiva   de   ocho   (8)   días   sin   secuelas   (fls.  77,  153,  179  y  211-1).   

                    Iniciada la  investigación,  la Unidad de Vida de la Fiscalía escuchó en indagatoria a los  hermanos   Fernando   y  Jorge  López  Montenegro,  resolviendo  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva para el primero,  por  homicidio  culposo,  y  de caución prendaria para el segundo, por lesiones  personales intencionales (fls.25, 27 vto. y 60-1).   

                          Los  imputados  explicaron  su  actitud  afirmando  haber sido objeto de un conato de  “robo”  en  su domicilio por parte de cuatro sujetos; dos que lograron traspasar  la  puerta  de  la  residencia  portando un revólver, y dos más que intentaban  abrir  la  camioneta  que  se  hallaba estacionada en frente. Por esta razón se  vieron  obligados  a  utilizar  las armas, no con el ánimo de herirlos, sino de  amedrantarlos,  dirigiendo  siempre  los  disparos  al  aire  o  al  piso. Jorge  accionó  la  escopeta  y  Fernando  el revólver, habiendo sido un proyectil de  esta  última  arma  el  que  accidentalmente  hirió  a  un  transeúnte que se  encontraba  en  esos  momentos  en  la  bomba  de gasolina contigua. Minutos mas  tarde,  cuando   fueron  informados  de este insuceso, Fernando prendió la  camioneta  y  lo  trasladó  al  hospital,  pero  allí llegó muerto. Según el  relato  de  Jorge,  los  disparos  con  la escopeta los hizo a 15 o 20 metros de  distancia de los ladrones (fls. 25 y 27 vto.-1).   

                           En  declaraciones  rendidas  bajo juramento, los menores negaron las imputaciones de  los  hermanos  López Montenegro, señalando que desde aproximadamente las 10:30  de  la  mañana  de ese día estuvieron cazando lagartos e iguanas, y recogiendo  frutas  en  distintos  lugares  de  la  ciudad,  hasta  llegar a la estación de  servicio,  donde  solicitaron  permiso  para  coger  mangos,  habiéndoles  sido  negado.  Después avistaron dos palmas de coco, una en el antejardín de la casa  donde  se presentó el problema, y otra en el lote adyacente. Zuleyman abrió la  puerta  de  la  reja  que encierra el antejardín para pedir permiso, pero se lo  negaron,  indicándole  que  si querían bajar cocos podían hacerlo en seguida.  Zuleyman  y  Leonardo  intentaron  subir  a  la  palma sin lograrlo. Después de  varios   minutos,   Johnny   y   Hernando,  quienes  habían  cruzado  la  calle  manifestando  su intención de irse, empezaron a lanzar pequeñas piedras contra  sus  compañeros  utilizando  una cauchera, y como una de ellas pegó en la reja  del   antejardín   causando   mucho   ruido,  resolvieron  arrojar  otras  para  asustarlos.  Estando  en  esto,  salieron del interior de la casa dos muchachos,  uno  con  una escopeta y otro con un revólver, diciéndoles “ladrones y/o ratas  hijueputas  váyanse  “.  Leonardo  trató  de  aclararles  la  situación, pero  empezaron  a  disparar  a  los  pies suyos y de Zuleyman, obligándolos a correr  hacia  la  bomba  de  gasolina.  Después,  quien  portaba  la escopeta disparó  directamente  contra   Johnny,  hiriéndolo,  mientras  el  otro  lo hacía  contra  aquéllos. Todos son estudiantes, excepto este último, y la única arma  que   llevaban   consigo   era   una   navaja   (fls.   2   vto.,  39,  47,  92,  189-1).   

                         José  Humberto   Londoño   Ayala   (fls.183-1)   y   Ernesto  Arturo  Burbano  Vélez  (fls.207-1),  empleados  de la estación de servicio Texaco-Guadalupe, confirman  bajo  juramento  la  versión de los adolescentes, en el sentido de que momentos  antes  de  los  disparos  estuvieron  solicitando  permiso  en la estación para  recoger  mangos, y luego se retiraron hacia la esquina a “molestar” en una palma  de   coco.  Londoño  Ayala  agrega  que  minutos  después  se  escucharon  las  detonaciones,  y  que  al  salir observó los muchachos corriendo, viendo caer a  uno  de  ellos  al otro lado de la autopista a consecuencia de los disparos. Dos  de  estos  jóvenes  se  dirigieron a la estación de servicio buscando refugio,  mientras  el agresor disparaba en su contra, habiendo sido impactado en el pecho  un  señor que se encontraba delante suyo. Calcula la distancia entre el agresor  y la víctima en 50 o 60 metros.   

                         Nancy  Julieth  Brito  González  (fls.175-1),  Libardo  Alfaro  Ramírez (fls.178-1) y  Adriana  Olaya  Tierradentro  (fls.193-1), empleados también de la estación de  servicio,  refieren  lo  ocurrido  desde  cuando  fueron escuchados los primeros  disparos.  Igual  acontece  con el testimonio de Fanel Fernando Calvo González,  quien   acompañaba   a  la  víctima  en  el  momento  de  recibir  el  impacto  (fls.9-1).   

                    Del proceso  hacen  también  parte  los  testimonios  de Luis Alberto Toro López (fls.14) y  Carlos  Arturo García Ramírez (fls.15-1), Agentes de la Policía que suscriben  el  informe  relacionado  con la aprehensión de los procesados y los motivos de  su  captura  (fls.12), quienes declaran haber escuchado de uno de los capturados  la versión del atraco.   

                      De igual  manera,  el  testimonio  de  Hugo  López  Arango,  padre de los acusados, quien  hacía  la  siesta cuando se presentaron los hechos, enterándose de lo sucedido  por  boca  de  Jorge (fls.10 vto.); el acta de levantamiento del cadáver (fls.1  vto.);   un  informe  sobre  los  hechos  rendido  por  el  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la  Fiscalía  (fls.78);  fotografías  de la víctima, las  armas  y del lugar del insuceso (fls.123, 145 ss); y, una inspección judicial a  la  camioneta que se encontraba estacionada frente a la residencia de la familia  López  Montenegro,  con  el  fin  de  establecer  la  existencia  de huellas de  violencia (fls.91-1).   

                      Mediante  resolución  de  30  de  marzo  de  1993,  la Fiscalía calificó el mérito del  sumario  con  resolución  acusatoria respecto de Fernando López Montenegro por  el  delito  de  homicidio  culposo,  y  dispuso  expedir  copias  para  que  las  autoridades  de  policía  investigaran  la conducta de Jorge López Montenegro,  por  considerarla  constitutiva  de  lesiones  personales,  y ser la incapacidad  médico  legal  de  ocho (8) días sin secuelas. Dentro de la misma providencia,  negó  la  vinculación  de  Hugo López Arango, propietario del revólver, como  tercero civilmente responsable (fls.248-1).   

                          Esta  decisión  fue impugnada por el apoderado de la parte civil en procura de lograr  la  referida  viculación  de López Arango, y por el defensor de los procesados  para  que  la  segunda  instancia profiriera en favor de Fernando preclusión de  investigación  (fls.271  y  277-1). La Fiscalía Delegada ante el Tribunal, por  auto  de  9 de junio del mismo año, tomó la siguientes decisiones: 1) Acusó a  Fernando  por  el  delito de homicidio simple, deduciéndole culpabilidad dolosa  eventual;  2)  Profirió resolución de acusación contra Jorge por tentativa de  homicidio  en  relación  con  el  menor  Johnny  William  Skinner Marín; y, 3)  Dispuso   la   vinculación  de  Hugo  López  Arango  como  tercero  civilmente  responsable (fls.282 y ss-1).        

                                   

                     En  el  juicio  fueron  ordenadas  varias  pruebas,  entre ellas el testimonio de Marina  Montenegro  de  López,  madre  de  los  procesados,  y  la  ampliación  de  la  declaración  del  Agente  de  Policía  Carlos  Arturo  García  Ramírez, cuya  práctica  se  cumplió  dentro del período probatorio de la causa, antes de la  celebración de la audiencia pública (fls.337, 372 y 377-1).   

                    Mediante  resolución  C-0005 de 16 de febrero de 1994, el Fiscal Coordinador de la Unidad  Delegada  ante  el  Tribunal  dispuso  el desplazamiento de la Fiscal que venía  actuando  en  el asunto, en cumplimiento de lo establecido en el artículo 440.6  del  Código  de  Procedimiento,  asignando en su lugar a la Fiscal Delegada que  modificó la resolución acusatoria (fls.418-1).   

                   Con fecha  del  día  siguiente  (febrero  17),  el Juzgado Doce Penal del Circuito de Cali  dictó  sentencia,  mediante  la  cual  condenó a los hermanos Fernando y Jorge  López  Montenegro  a  las  penas  principales  de  10  y  5  años de prisión,  respectivamente,  y  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas  por  el  mismo  término,  como  autores  responsables de los delitos  imputados en la resolución de acusación (fls.420-1).   

                     Apelado  este  fallo  por el apoderado de la parte civil y la defensora de los procesados  (fls.454  y  459), el Tribunal Superior, mediante el suyo de 8 de junio de 1994,  que  ahora  recurre  en  casación  la defensa, lo confirmó en lo atinente a la  condena  de  los procesados, pero absolvió al padre de éstos de los cargos que  merecieron  su vinculación al proceso como tercero civilmente responsable (fls.  485-1).   

                         1.  Demanda    a   nombre   del   procesado   Fernando  López                                     Montenegro.   

                  Dos cargos  al  amparo  de  la causal tercera y uno con fundamento en la primera presenta el  demandante contra la sentencia impugnada.   

                     Causal  tercera:   

                      Cargo  primero:   

                  Violación  del  derecho  de  defensa  por infracción  del principio de investigación  integral,   específicamente   por   no  haber  sido  practicada  diligencia  de  inspección  judicial  con  reconstrucción en el lugar de los hechos, necesaria  para  poder  determinar  las  distancias  entre  en  lugar de los disparos y las  personas  que  recibieron  lesiones,  y despejar las dudas creadas en torno a la  verdadera intención de los procesados.   

                       Esta  prueba,  resultaba  indispensable  para  ubicar  la  posición  desde la cual el  procesado  dice  haber  realizado  el  último  disparo  al  piso, y el grado de  desviación  que  pudo  haber  tomado, amén de la distancia que recorrió hasta  hacer    contacto   con   el   cuerpo   del   infortunado   parrillero   de   la  motocicleta.   

                    Reconoce  que  la  Fiscalía  ordenó la práctica de esta diligencia en dos oportunidades  durante  la fase de instrucción, y que no logró efectuarse por la inasistencia  del  defensor, pero sostiene que el referido profesional justificó su ausencia,  siendo   posteriormente   reemplazado,   sin  que  los  juzgadores  volvieran  a  ordenarla.                                                  

                      Cargo  segundo:   

                  Violación  del  debido proceso por desconocimiento de lo establecido en el inciso sexto del  artículo  440  de  Código  de  Procedimiento  Penal  que  ordena que cuando la  resolución  calificatoria  es  revocada o modificada como resultado del recurso  de  apelación,  debe  seguir conociendo de la investigación, si a ello hubiere  lugar,    un    fiscal    diferente    del    que    profirió    la   decisión  impugnada.   

                    Sostiene  que  en  el  caso  objeto  de  estudio  ese desplazamiento solo vino a cumplirse  después  de  realizada la audiencia pública, mediante resolución C-0005   de  16  de  febrero de 1994, debiendo haberlo sido desde el momento mismo en que  se  efectuó  la  notificación  de la decisión modificatoria. Además de esto,  terminó  permitiéndose,  por  este  modo,  la intervención en el juicio de un  funcionario  que  solo  podía  actuar  en  segunda  instancia,  puesto  que  la  designación  recayó  en  la  Fiscal  Delegada  ante  el  Tribunal  que  había  modificado la calificación del sumario.     

                       Pide  decretar  la  nulidad  de  lo actuado a partir del momento procesal que la Corte  estime  pertinente,  y  disponer  la  devolución  del  proceso  al  funcionario  judicial  correspondiente  para  que  proceda  de  conformidad  con lo resuelto.   

                     Causal  primera:   

                  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  y  de derecho en la  apreciación  de  las pruebas, que llevaron a la inaplicación de los artículos  29.4  y  30  del  Código Penal, y la aplicación indebida del 323 ejusdem. Como  errores    de   derecho   por   falso   juicio   de   legalidad,   señala   los  siguientes:   

                     -Haber  apreciado  los juzgadores los testimonios de los menores Hernando Alberto Bedoya  Estrada  y  Leonardo  Arredondo  Botero,  y  de los empleados de la estación de  servicio  “Texaco” Nancy Julieth Brito González, Libardo Alfaro Ramírez, José  Humberto  Londoño  Ayala, Adriana Olaya Tierradentro y Ernesto Arturo Urbano, a  pesar  de  haber sido recepcionados por un Técnico Judicial, quien carece de la  condición  de  funcionario,  según lo previsto en el artículo 572 del Código  de Procedimiento Penal.   

                     -Haber  valorado  el  testimonio del Menor Johnny Williams Skinner Marín, de cuyo texto  se  deduce  que la Fiscal no estuvo presente en el momento de su práctica, pues  quien   aparece   recibiendo   el   juramento,   según   consta   en   el  acta  correspondiente, es la “técnico asignada”.   

                    -Haberle  otorgado  validez a la declaración de María Montenegro de López (madre de los  imputados),  no obstante haber sido recibida antes de la audiencia pública, con  violación  de lo establecido en los artículos 447 y 448 del estatuto procesal.   

                  Afirma que  este   acopio   de  testimonios  comprometió  el  pensamiento  del  funcionario  instructor  y  los  juzgadores,  en cuanto condujeron a la desestimación de las  afirmaciones  de  su  representado  sobre los hechos, según puede advertirse en  sus  razonamientos, básicamente de los expuestos por el Tribunal, cuyos apartes  pertinentes  transcribe.                                         

                    También  se  presentó error de hecho por falso juicio de existencia en relación con las  siguientes   pruebas,   las  cuales  fueron  ignoradas  por  los  juzgadores  de  instancia:   

                        -La  inspección  judicial  practicada  sobre la camioneta de propiedad de la familia  López  Montenegro,  en  la  cual  se  estableció  la  existencia de huellas de  violencia  “en el agujero de la chapa de la puerta izquierda”, siendo claramente  indicativas  del  inicio  por  parte  de  los intrusos de maniobras orientadas a  burlar la seguridad del vehículo;    

                        -El  testimonio  de Fanel Fernando Calvo González, quien relata que al pedirle ayuda  a  Fernando López para trasladar a su primo al hospital, se mostró dispuesto a  colaborar,  explicándole  que  había  sido  sin  culpa,  y que solo pretendía  “darle   a  unos  ladrones  que  le  iban  a  robar  su  camioneta”;     

                    -El acta  de  levantamiento  del  cadáver  de  José  Heriberto  Calvo Ramírez, donde la  Fiscal  dejó  constancia  del  relato hecho por el procesado, en los siguientes  términos:  “Su  hermano  Fernando  manifestó  que  accionó  el  revólver  de  propiedad  de su padre por cuanto escuchó a su señora madre que dijo rateros y  vio   a  cuatro  sujetos  con  intención  de  malicia  sobre  el  carro  de  la  casa”;    

                        -El  testimonio  de  Hugo  López  Arango, padre de los procesados, quien alude a las  manifestaciones  que  le  hizo  su  hijo Fernando inmediatamente después de los  hechos,  en  sentido  de  que  los  individuos  contra quienes habían disparado  pretendían ejecutar un robo; y,   

                       -Las  declaraciones  de  los  agentes Luis Alberto Toro López y Carlos Arturo García  Ramírez,  a  quienes  el procesado y algunos transeúntes les hicieron el mismo  comentario.     

                         El  desconocimiento  de  estas  pruebas,  aunado  a los errores de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  llevaron  al  fallador  a  aplicar de manera indebida el  artículo  323  del  Código  Penal,  y  por  ende  a condenar a Fernando López  Montenegro  como  autor  del  delito de homicidio, dejando de aplicar el ordinal  4º  del  29  ejusdem,  “deduciéndole,  eso  sí,  el  exceso  de  que trata el  artículo 30 de la misma obra”.   

                    Pide, en  consecuencia,   casar   parcialmente  la  sentencia  impugnada,  y  condenar  al  procesado  a  la  pena  principal  de  20  meses  de  prisión,  disponiendo  la  suspensión  condicional de la condena (fls.527-1).    

                                                    

                         2.  Demanda     a     nombre    de    Jorge    López  Montenegro.   

                     Causal  tercera:   

                      Cargo  primero:                                                                    

                                                    

                                           Incompetencia  de  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal para  modificar  la  orden  contenida  en la resolución acusatoria, de expedir copias  con  destino  a  las  autoridades de policía para que investigaran las lesiones  personales causadas al menor Johnny William Skinner Marín.   

                    Sostiene  que  ni el apoderado de la parte civil, ni el defensor de los procesados, cuando  interpusieron  el  recurso  de  apelación  contra la resolución de acusación,  impugnaron  este aspecto, y que al no haberlo hecho, ni haber sustentado una tal  inconformidad,  el  superior  no podía entrar a revisarlo, como equivocadamente  lo  hizo.                                                                                                          

                                           Consecuente  con  este  planteamiento solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado,  decretar  la nulidad de lo actuado a partir de la resolución  de  acusación,  y  ordenar  expedir  copias  con  destino a las Inspecciones de  Policía para que aprehendan el conocimiento de este punible.   

                      Cargo  segundo:                                                                                        

         

                     Nulidad  por  errónea  calificación de la conducta, toda vez que los hechos imputados a  este  procesado  son  solo constitutivos de lesiones personales, no de homicidio  en el grado de tentativa.    

                   Apoya sus  conclusiones  en  el análisis de las siguientes circunstancias: a) la distancia  habida  entre “el disparo realizado al piso” por el acusado, y el sitio donde se  encontraba  el  menor  que  resultó  herido  a  causa “del rebote de uno de los  perdigones”,  calificada  por  el técnico de balística como “larga distancia”;  b)  la circunstancia de haber sido halladas frente a la residencia de la familia  López  Montenegro,  sobre  el  pavimento, señales de que el arma fue accionada  contra  el  piso; c) la superficialidad de las heridas, en cuanto no interesaron  la   estructura  ósea;  y,  d)  la  condición  de  deportista  afiliado  a  la  federación  de  tiro al blanco del procesado, la cual le permitía hacer blanco  en el cuerpo, sin fallar, si hubiera tenido la intención de matar.   

                      Estos  elementos  de  juicio muestran con claridad que los perdigones que alcanzaron al  menor  provinieron del disparo de escopeta hecho al piso, y que la intención de  Jorge  fue  de  lesionar,  no  de  perpetrar  un  delito de homicidio. Por estas  razones,  la  calificación  debió  erigirse sobre la base de la violación del  numeral  9º  de  la  ley  23  de  1991,  y  no  del  artículo  323 del Código  Penal.   

                       Pide  decretar  la  nulidad  del  fallo  impugnado,  y remitir la actuación al Fiscal  instructor  para  que proceda a expedir copias con destino a las Inspecciones de  Policía, por competencia.   

                     Causal  primera:   

                  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  y  de derecho en la  apreciación  de  las  pruebas,  que  llevaron  a  los juzgadores de instancia a  aplicar  indebidamente  el  artículo  323  del  Código  Penal, e inaplicar los  artículos 29.4 y 30 ejusdem.   

                        Los  fundamentos  de  este cargo son sustancialmente idénticos a los expuestos en la  demanda  presentada  a nombre del procesado Fernando López Montenegro al amparo  de  la  misma  causal. Por esta razón, la Corte se abstendrá de sintetizarlos.  Al  igual  que  en  aquélla,  solicita  dictar fallo de reemplazo, suspendiendo  condicionalmente la condena (fls.552-1).   

                    Alegatos  apreciatorios.   

                  Dentro del  término  legal  presentaron  alegaciones la Fiscal Delegada ante el Tribunal, y  el  Procurador  63 en lo Judicial. La primera se opone a la demanda presentada a  nombre  del  procesado Jorge López Montenegro argumentando que el artículo 217  del  Código  de  Procedimiento permitía al superior funcional pronunciarse sin  limitaciones  sobre  la  decisión  impugnada,  y  que  los  elementos de juicio  allegados  al  proceso  evidencian  “de  bulto”  la  intención del procesado de  causar  daño. Además, porque la prueba que sirvió de sustento al fallo reúne  los  requisitos  legales  de  validez  (fls.577).  En  relación  con la demanda  presentada   a   nombre   del  procesado  Fernando  López  Montenegro,  ningún  comentario hace la memorialista.   

                         El  Procurador  63  Judicial  Penal  coadyuva  el cargo de nulidad que el impugnante  deriva  del  desplazamiento  de  la  Fiscal  instructora y la designación en su  reeemplazo  de  la Fiscal Delegada ante el Tribunal, por considerar que resiente  el  principio  de  la  doble  instancia,  y  se  opone  a  los  demás reproches  contenidos  en  la  demanda  presentada  a  nombre del procesado Fernando López  Montenegro.   

                         En  relación  con el segundo libelo, secunda el cargo de nulidad fundamentado en la  incompetencia  del  ad  quem  para pronunciarse sobre aspectos de la resolución  calificatoria  no  impugnados  por  las  partes,  y  se  opone  a  los restantes  (fls.589-1).   

                    Concepto  del Ministerio Público.   

                    

                         El  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal responde de la siguiente manera los  cargos formulados contra la sentencia impugnada.   

                   Demanda a  nombre de Fernando López Montenegro.   

                  1. Nulidad  por  la no práctica de la diligencia de inspección judicial. Sostiene que esta  situación  no anula ni deslegitima el fallo, porque los resultados buscados con  ella  constituyen  simples  expectativas, y porque la prueba aportada al proceso  no  sufriría  modificaciones.  Además,  porque  el  proceso  cuenta  con otros  elementos de juicio que sustentan lo fallado.      

   

                  2. Nulidad  por  el  desplazamiento  de la Fiscal instructora. Considera que la apreciación  del  casacionista  es  equivocada,  puesto  que  el  texto del artículo 440 del  estatuto  procesal  solo se refiere a los eventos en los cuales la revocación o  modificación  de la calificación implica un retorno de la actuación a la fase  de  la  investigación, caso en el cual no puede seguir adelantándola el Fiscal  cuya providencia ha sido modificada o revocada.   

                  3. Errores  de  derecho  por  falso juicio de legalidad. Es del criterio que los testimonios  recibidos  por los técnicos judiciales, y las declaraciones que lo fueron antes  de  la  audiencia  pública,  son  ilegales, pero  que ello no incide en la  decisión  de  condena, puesto que son los mismos procesados los que suministran  todos  los  datos fácticos para concluir que cuando se presentaron los disparos  causantes  de  las  lesiones  del  menor  y  la  muerte  del tercero, la injusta  agresión  de quienes, según su versión, pretendían hurtar, ya había cesado,  como       quiera       que       huían       del       sitio       de      los  hechos.           

                        Por  idéntica  razón,  el  ataque  consistente  en  la  falta de apreciación de la  inspección  judicial  donde  se  dejó  constancia  del  hallazgo de huellas de  violencia  en  la  chapa  de  una  de  las puertas del vehículo, resulta inocuo  frente  al  sentido  de  la  decisión, porque aún admitiendo la hipótesis del  intento  de hurto, de todas maneras habría de concluirse que la agresión a los  bienes ya había cesado.   

                    

                   Demanda a  nombre de Jorge López Montenegro.   

                  1. Nulidad  por  incompetencia  de  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal para pronunciarse  sobre  lo  decidido  en  la  calificación  del sumario respecto de las lesiones  personales.  Para  la  Delegada  este  cargo  está  llamado  a  prosperar, pues  considera  con  el  demandante  que  existió  una  intromisión  indebida de la  segunda instancia en la decisión del recurso.   

                     Explica  que  el  a  quo  definió  el hecho de las heridas sufridas por el menor Skinner  Marín   como  lesiones  personales,  de  competencia  de  las  Inspecciones  de  Policía,  y  por esta razón dispuso en la parte resolutiva compulsar copias de  todo  el sumario con destino a dichos funcionarios  para su investigación.   

                     Como es  obvio,  se trataba de una decisión de impulso procesal (simple compulsación de  copias),  ajena  a  la  calificación  del  mérito  del  sumario, siendo por su  naturaleza  de  carácter  sustanciatorio,  al  tenor  de  la  definición legal  traída por el artículo 179, numeral 3º del estatuto procesal.   

                   A su vez,  el  artículo  202  ejusdem, establece que el recurso de apelación solo procede  contra  las  sentencias  y  las decisiones de naturaleza interlocutorias, siendo  inevitable  concluir  que  en  el caso concreto no cabía este recurso contra la  orden  de  expedir  copias,  por  no ser tema de decisión. Además de ello, los  recursos   de   apelación   interpuestos   no    comprendían   este   pronunciamiento,  como que ninguno de los impugnantes refirió inconformidad con  él.   

                  Por tanto,  frente  al  contenido del artículo 217 del Código de Procedimiento, que limita  la  competencia  del superior a los aspectos impugnados, debidamente sustentados  y  que  sean susceptibles del recurso, debe concederse razón al censor, pues al  revocar  la  Fiscalía  Delegada  la decisión de expedir copias para investigar  las lesiones, propició una sentencia contra legem. Y agrega:   

                    “Sin que  sea  materia  adecuada  al  debido proceso, H. Magistrados, es claro además que  las  pruebas  parecen  indicar  que  no  hubo  tentativa  de  homicidio: heridas  superficiales, parte del cuerpo afectada, distancia del   

disparo, capacidad del disparador en el uso  de  armas,  el  apuntar  al  piso  y  hacia  los  pies  como declaran los mismos  muchachos  agredidos,  la  incapacidad  misma  de  ocho  días,  muestran que el  criterio  de la primera instancia no está sin sustento debido (sic) en el orden  sustancial”.   

                  2. Nulidad  por  equivocada calificación jurídica de la conducta. Considera, sin perjuicio  de  lo  expuesto en el cargo anterior, que este cargo debe ser desestimado, toda  vez  que  el  demandante,  en  el análisis que presenta de las pruebas, no hace  cosa  distinta  de  invadir  la  esfera  de  valoración  propia  del  juzgador,  amparada,  como  se sabe, por la doble presunción de acierto y legalidad.    

                  3. Errores  de  derecho  por falsos juicios de legalidad. Reitera su criterio ya expuesto de  que  los  testimonios  recibidos por los técnicos judiciales son ilegales, pero  insiste  en  que  su exclusión no incide en la sentencia, puesto que los demás  medios      de     prueba     permiten     sustentar     la     decisión     de  condena.                                                                  

                                           Consecuente   con  sus  planteamientos,  pide  a  la  Corte  casar  parcialmente  el  fallo  recurrido  para  decretar  la  nulidad de lo actuado en  relación   con   la  acusación  por  el  delito  de  tentativa  de  homicidio,  manteniendo  su  validez en lo demás.                                     

                         SE  CONSIDERA:                                      

   

                   Demanda a  nombre  del  procesado Fernando López                                  Montenegro.   

                     Causal  tercera:   

                  1. Nulidad  por   violación  del  derecho  de  defensa  debido  a  que  no  fue  practicada  inspección  judicial  con  reconstrucción  de  los  hechos  en  el  lugar  del  insuceso.   

                         La  inconsistencia  de este cargo es manifiesta. Para empezar debe recordarse que en  materia  de  nulidades  rige  en  nuestro sistema procesal penal el principio de  protección,  de  acuerdo  con el cual, quien haya coadyuvado con su conducta la  situación  irregular,  no  puede  invocar  la ineficacia del acto, salvo que se  trate de falta de defensa técnica (art.308.3 C. de P.P.).   

                  En el caso  sub  judice,  en  dos  oportunidades  la  Fiscalía  decretó  oficiosamente  la  práctica  de  esta  prueba,   y  en  ambas  ocasiones  hubo  necesidad  de  renunciar  a  ella  por  inasistencia  del  defensor  de los procesados (fls.53,  100,   155  y  196-1).  Luego  mal  puede ahora, quien funge igual encargo,  demandar  la  invalidación  de la actuación procesal porque esta diligencia no  fue  practicada.                                

                   Cierto es  que  en una de estas oportunidades el defensor pesentó un memorial justificando  su  inasistencia,  pero  no  lo  es  menos  que jamás demandó su práctica, ni  insistió  en  ella,  y que igual actitud asumió la nueva defensora en la etapa  de  la  causa,  siendo  evidente  el desinterés hacia su realización (fls.198,  335-1).   

                         La  importancia  que  el  actor le atribuye a esta probanza tampoco corresponde a la  que  realmente  podría tener en términos de trascendencia, pues no se advierte  de  qué  manera  la  medición  de la distancia existente entre el agresor y el  occiso,  o  la  verificación   hipotética  del ángulo de desviación del  proyectil  a  partir  de  su  contacto  con el piso, tendrían la virtualidad de  mostrar  una  visión distinta de los hechos investigados, capaz de conmover los  cimientos del fallo.   

                         

                  En cambio,  resulta  evidente  su  inutilidad.  De  una  parte, porque en el proceso existen  pruebas  testimoniales, constancias judiciales, planos y registros fotográficos  que  permiten  tener  una percepción clara del lugar de los hechos; y, de otra,  porque  la  trayectoria  del  proyectil  en  el  cuerpo  del  occiso,  según el  protocolo  de  necropsia (de arriba hacia abajo en un ángulo de aproximadamente  15º  con  el  plano  horizontal), descarta que el disparo hubiese sido recibido  después  de haber hecho contacto con el piso, como lo sostiene el procesado. De  allí   que   pretender   establecer   dicho  ángulo  de  desviación,  advenga  irrelevante.   

                                     

                   El cargo,  por consiguiente, no está llamado a prosperar.   

                  2. Nulidad  por  no  haberse  dado  cumplimiento  a  lo establecido en el último inciso del  artículo  440  del  Código  de Procedimiento Penal, modificado por el 59 de la  ley  81 de 1993 (inciso tercero del texto original) que dice: “Si como resultado  de   la   apelación   interpuesta,   se   revoca   o  modifica  la  resolución  calificatoria,   continuará   conociendo   de   la  investigación,  si  a ello hubiere lugar, un fiscal  diferente  del  que  profirió la decisión recurrida”  (Negrillas fuera de  texto).   

                       Este  reproche  es  infundado.  Como acertadamente lo expone el Procurador Delegado en  su  concepto,  la  norma  que viene de ser transcrita solo hace referencia a los  eventos   en   los  cuales  la  revocación  o  modificación  de  la  decisión  calificatoria  implican  un  retorno  de  la  actuación  a la fase investigativa, no cuando determinan el  tránsito   a   la   etapa   de   la   causa,   como  ocurrió  en  el  presente  caso.   

                     Siendo  ello  así, no era necesario disponer el desplazamiento del Fiscal que profirió  la  decisión  objeto  de revocación, y si después se hizo, esto en nada puede  afectar  el  derecho de defensa o el debido proceso, pues en aras de mantener la  coherencia  de la investigación y acusación, o por razones de conveniencia, la  ley  faculta a la Fiscalía General de la Nación para que realice esta clase de  cambios,  pudiendo  ser  asumida directamente por el superior funcional, sin que  por  ello  se  afecte  el  principio de la doble instancia (Cfr. Cas. mayo 5/98.  Mag. Pte. Dr. Fernando Arboleda Ripoll).   

                     Por lo  demás,  el  recurrente  no  demuestra  de qué manera la permanencia del Fiscal  instructor  al  frente  de la acusación hasta después de la celebración de la  audiencia  pública,  pudo  haber  afectado  las  garantías  de  la  parte  que  representa, o quebrantado las bases fundamentales del juzgamiento.   

                    El cargo  no prospera.   

                     Causal  primera.   

                                           Aplicación  indebida  del  artículo  323  del  Código  Penal  e  inaplicación  de  los artículos 29.4 y 30 ejusdem, debido a errores de hecho y  de derecho en la apreciación de las pruebas.   

   

                  Principios  elementales  de  teoría  del delito enseñan que las causales de justificación  del  hecho  y  el  exceso,  son  instituciones  jurídicas  incompatibles,  pues  mientras  las  primeras  niegan  la  responsabilidad  penal del procesado en los  hechos,   la   segunda   la   afirma,   implicando   solo   una   aminorante  de  punibilidad.      

                   Esto hace  que  el  recurrente en casación no pueda invocar simultáneamente, dentro de un  mismo  reproche,  el  reconocimiento de ambas figuras, como lo plantea el censor  en  este  caso,  no  solo por constituir un contrasentido jurídico, sino porque  una   propuesta   de   esta   índole  torna  indescifrable  el  alcance  de  la  impugnación,  en  cuanto  no  podría  establecerse  si  lo  pretendido  por el  impugnante es la absolución o la condena del procesado.   

                         Si  procuraba  lo  primero,  por  considerar que la conducta estaba amparada por una  causal  de justificación, debió invocar aplicación indebida del artículo 323  del  Código  Penal,  y falta de aplicación del artículo 29.4 ejusdem; pero si  solo  buscaba  el  reconocimiento  de  la  atenuante  del exceso, no podía, sin  incurrir  en  abierta contradicción, invocar paralelamente aplicación indebida  del artículo 323, y falta de aplicación del 29.4.   

                   Al margen  de  esta  inconsistencia,  suficiente  de  suyo  para  desestimar  el  cargo, el  demandante  se  limita  a  descalificar  la  prueba  testimonial  que sirvió de  fundamento  a  los  juzgadores de instancia para desechar la versión del atraco  suministrada  por los hermanos López Montenegro, sin demostrar la trascendencia  del  yerro,  pues  asume,  equivocadamente, que la circunstancia de hallarse los  menores  en  actitud  delictiva,  justificaba  la  conducta  de  los procesados.   

                   Acertados  son  en  este punto los razonamientos expuestos por el Procurador Delegado en su  concepto,  cuando  sostiene  que  en  un tal supuesto las alegaciones del censor  serían  también  estériles, puesto que la agresión a los bienes de propiedad  de  la  familia  López  Montenegro,  de  haber  ella existido, ya había cesado  cuando  los  procesados decidieron utilizar sus armas, tornándose su acción en  una vindicta, no amparada por la ley.   

                      Estas  inconsistencia  de  orden  técnico, relevan a la Corte de tener que examinar la  legalidad  de  las pruebas cuestionadas por el actor, pues aún prescindiendo de  ellas,   el  sentido  del  fallo sería el mismo. Con todo, debe dejarse en  claro  que  los  testimonios  de  los  menores  Johnny  William Skinner Marín y  Suleyman  Silva  Oviedo fueron recibidos directamente por la Fiscal Coordinadora  de  la  Unidad en presencia del defensor de los procesados (fls. 39 y 47), quien  ninguna  constancia  dejó  sobre  la  no  asistencia  de  la  funcionaria, como  pareciera  insinuarlo  el impugnante, y que estos elementos de juicio, junto con  los  demás  que integran el acervo probatorio, cuya legalidad no ha sido objeto  de   cuestionamiento,   sustentan   ampliamente   las  conclusiones  del  fallo.   

         

                       Debe  hacerse  también  claridad  en el sentido de que los juzgadores no ignoraron la  inspección  judicial  practicada  sobre  el  vehículo  de  la  familia  López  Montenegro  con el fin de establecer la existencia de huellas de violencia, como  puede  inferirse  de  los  siguientes  apartes  de la sentencia de primer grado:  “Sobre   el  particular  nada  aportaron  los  encausados,  quienes  únicamente  centraron  su  justificación por una incursión de los menores en la casa y los  otros,  tratar  (sic)  de  desvalijar  la  camioneta,  que  a  la  postre  no se  demostró,  porque a pesar de que en la inspección judicial verificada sobre el  rodante,  se  constató una pequeña avería catalogada como ´leve escoriación  en  el  agujero  de  la  chapa de la puerta izquierda del vehículo ´, … debe  considerarse  que  ello  por  sí  solo  no  convence  a este funcionario de que  constituye  una huella dejada por los jóvenes al pretender forzar la puerta del  carro,  según  lo  sostienen  los  indagados, porque como se esbozó, la prueba  vertida  en  la foliatura, releva a los jóvenes de cualquier actividad ilícita  para la tarde de los acontecimientos” (fls.440-1).   

                    No solo,  entonces,  por  inidoneidad sustancial, sino por adolecer de falencias técnicas  insalvables   en   su   formulación,   se   impone   la  desestimación  de  la  censura.                                   

                    

                   Demanda a  nombre  del  procesado  Jorge  López                                   Montenegro.                        

                     Causal  tercera:   

                  1. Nulidad  del  proceso  por  haber  desbordado  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal el  marco  de  competencia  funcional que le fijaba la apelación interpuesta contra  la resolución calificatoria.   

                        Dos  argumentos  se  presentan  para  sustentar  este  reproche. Uno, expuesto por el  Procurador  Delegado  en su concepto, consistente en que la decisión de expedir  copias  para  investigar  las  lesiones  personales  era inimpugnable por ser de  simple  impulso   procesal.  El  otro, presentado por el censor y secundado  por  la  Delegada,  en  el sentido de que el superior no podía entrar a revisar  este  aspecto,  por  no  haber  sido  objeto  de impugnación, y que al hacerlo,  desconoció  el  contenido  del  artículo 217 del estatuto procesal, modificado  por el 34 de la ley 81 de 1993, con violación del debido proceso.   

                      Ambas  posturas   son  equivocadas.  La  orden  de  expedir  copias  no  puede  mirarse  aisladamente,  ni  ser  entendida  como  el  cumplimiento  de  la obligación de  informar  a  la autoridad competente sobre la ocurrencia de un hecho punible. La  compulsación  sobrevino  como consecuencia de la decisión de la funcionario de  declararse  incompetente  para  seguir  conociendo  de  las lesiones causadas al  menor  Skinner  Marín,  por considerarlas de conocimiento de las autoridades de  policía.      

                       Para  llegar  a  esta  conclusión  basta  tener  en cuenta que este hecho ameritó la  vinculación   al  proceso  de  López  Montenegro,  determinó  una  medida  de  aseguramiento  en  su contra, y habría sido objeto de calificación de no haber  sido  porque  la funcionaria expresó su incompetencia para hacerlo.     

                    La orden  de  expedir  las  copias  sobrevino necesaria porque en el mismo proceso estaban  siendo  investigados  otros  hechos,  y  respecto  de  ellos debía continuar la  actuación,  pero si esta situación no se hubiera presentado, la Fiscal habría  tenido  que  enviar  el expediente a las autoridades de policía, absteniéndose  de ordenar la compulsa.   

                     Siendo  ello  así,  no  cabe duda que a través de esta decisión la funcionaria estaba  definiendo   un   aspecto  sustancial  del  proceso  (la  competencia),  que  no  imprimiendo  simple dinámica al rito procesal, como equivocadamente lo sostiene  el  Procurador  Delegada en su concepto al desligar la consecuencia de la causa,  y  que  en  tales  condiciones,  era  susceptible  de  ser impugnada (arts.179.2  C.P.P.).    

                     El otro  argumento  no  es  de  recibo para el caso concreto, puesto que para la fecha en  que  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal desató los recursos de  apelación  interpuestos  contra la resolución calificatoria, (junio 9 de 1993)  no  se  encontraba vigente la norma que el casacionista invoca para sustentar el  cargo  (art.34  de  la  ley  81  de  1993),  sino  el original artículo 217 del  estatuto   procesal,   que  autorizaba  al  funcionario  para  pronunciarse  sin  limitación alguna sobre la providencia impugnada.   

                    El cargo  no prospera.   

                    2. Error  en  la  denominación  jurídica  del  hecho punible. En la formulación de este  reparo  el  demandante  acierta  en  la  selección  de  la  causal,  pero omite  demostrar  el  error  denunciado,  dejando  a  mitad de camino el desarrollo del  cargo.   

                                           Insistentemente  ha sido sostenido por la doctrina de la Corte que  cuando  se  alega  por  el  recurrente error en la calificación jurídica de la  conducta,  la  censura  debe  formularse  al  amparo  de  la  causal  tercera de  casación,  pero  desarrollarse  conforme a la técnica que gobierna la primera.   

                       Esto  implica  para  el  casacionista  tener que precisar la forma de violación de la  ley  sustancial,  si  directa  o  indirecta,  y  en  este  último  supuesto, la  naturaleza  del  error  cometido,  si  de  hecho  por  omisión,  suposición  o  tergiversación  de  la  prueba;  o de derecho por falsos juicios de legalidad o  convicción,  con  indicación  de  las pruebas comprometidas y la trascendencia  del desacierto en las conclusiones del fallo.    

         

                  Ninguna de  estas  precisiones contiene el escrito impugnatorio. A través de este reproche,  el  demandante  no  hace  cosa distinta de presentar una versión personal de lo  ocontecido,  desconociendo la base fáctica que sustenta la decisión de condena  y  la  valoración  que  de  las  pruebas  hicieron los juzgadores de instancia,  quienes,  apoyados en la evidencia procesal, descartaron que el disparo causante  de  las  heridas  al menor hubiese sido realizado al piso, como da en sostenerlo  el    recurrente    para   cuestionar   la   calificación   jurídica   de   la  conducta.   

                         No  obstante  que  la  referida  ausencia de fundamentación resulta suficiente para  desestimar   la   censura,   no   puede  la  Sala  dejar  de  precisar  que  las  circunstancias  tenidas  en  cuenta por los juzgadores de instancia para afirmar  la  configuración  del  delito  de  homicidio  en  la  modalidad  de tentativa,  aparecen  suficientemente  establecidas  en  el  proceso,  y  que  su  análisis  concatenado   permiten  llegar  razonadamente  a  esta  conclusión.     

                   El propio  procesado,  en  su  indagatoria,  acepta  haber disparado directamente contra el  menor  cuando sostiene: “a un trigueño que se estaba (sic) pasando la autopista  a  ese  le  hice el otro  disparo  para  que  se  detuviera  porque llevaba un arma en la mano, ese sujeto  quedó  herido  en  la pierna” (fls.28-1). Obsérvese que el indagado utiliza la  expresión  “le  hice”, indicativa de que disparó directamente contra el menor,  no al piso como después lo sostiene.   

                        Con  fundamento  en  el  estudio  de balística que afirma que el disparo fue hecho a  larga  distancia,  el  actor  ha  pretendido  desvirtuar la intención homicida,  dando  a entender que resultaba inidónea para que el procesado pudiera albergar  este  propósito,  pero  interesadamente  omite  referirse  a  las explicaciones  contenidas  en  el mismo dictamen, en el sentido que “larga distancia” significa  a  más  de 10 metros entre la boca de fuego y la víctima, y a las afirmaciones  del  procesado  de  que el disparo lo hizo a 15 o 20 metros del menor (fl.28-2),  distancia  que,  atendida la naturaleza del arma, permitía obtener el resultado  imputado.       

                     Dígase  finalmente  que  la  duración  de la  incapacidad no es per se elemento de  juicio  del  que  pueda  inferirse  la intencionalidad, pues bien puede llegar a  suceder  que  aquélla  no exista, y no por ello puede negarse la configuración  del  delito.  Mucho mas importantes resultan ser las circunstancias que rodearon  el  hecho,  la condición de experto tirador del agresor, la naturaleza del arma  utilizada,   la   distancia,   y   la  región  anatómica  impactada,  aspectos  debidamente  analizados  por los juzgadores de instancia, y que constituyeron el  soporte    fáctico   de   la   decisión   cuestionada.       

                    El cargo  no prospera.   

                     Causal  primera.   

                     Como ya  había   sido   dicho,  el  reparo  presentado  al  amparo  de  esta  causal  es  literalmente   idéntico   al   planteado  por  idéntica  vía  en  la  demanda  anteriormente  estudiada.  Por  consiguiente, basta retomar los argumentos allí  expuestos, para afirmar la improsperidad de la censura.    

                                                                                                                                     

                  En mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Primero Delegado, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

                                      JORGE  CORDOBA  POVEDA                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE             JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             CARLOS      E.     MEJIA  ESCOBAR                                

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA            NILSON  PINILLA  PINILLA   

                         

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

                                                                                                                                                                               

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