9308 (27-11-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    ESTAFA COLECTIVA/ COMPETENCIA  

PROCESO                                    : 9308   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

APROBADO: ACTA No. 168  

                      Santafé de  Bogotá  D.C.,  veintisiete  (27) de noviembre de mil novecientos noventa y seis  (1996)   

VISTOS  

                    Procede la  Sala   a resolver el recurso extraordinario de casación interpuesto por la  defensora  del  procesado HUGO ECHEVERRY MARMOLEJO, contra la sentencia de 22 de  octubre  de  1993  proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Santafé  de  Bogotá,  mediante  la  cual modificó el fallo de 22 de julio del  mismo  año,  dictado  por el Juzgado 28 Penal del Circuito de esta ciudad, para  reducir  de treinta y seis (36) a treinta y tres (33) meses la pena privativa de  la   libertad   impuesta   al   recurrente   e  imponerle  multa  por  valor  de  $1.000,oo    como  coautor  responsable  de  los  delitos  de  falsedad  en  documentos  privados,  en  concurso  material  heterogéneo  y  sucesivo con los  punibles de estafa.   

                    El recurso  lo  concedió el Tribunal el 4 de abril de 1994, en tanto que la correspondiente  demanda   de   casación  fue  declarada  por  la  Corte  como  ajustada  a  las  formalidades legales.   

HECHOS  

                     El 17 de  agosto  de  1989,  en  la  Oficina  del  Banco Popular del Centro Administrativo  Distrital  (CAD),  con  un  depósito  de  500  mil pesos, fue abierta la cuenta  corriente  No.  0321336-5,  tras  aprobarse  una  solicitud  que  en tal sentido  formulara    quien    se    identificó    como   JAIME   ALEJANDRO   CASTAÑEDA  VELOSA.   

                  Entre el 5 y  el  12  de  septiembre  de  ese año se efectuaron consignaciones por la suma de  $11.749.646,  correspondientes  a  más  de  un  centenar  de pagarés de ventas  supuestamente  realizadas  con  Tarjeta  de  Crédito Credibanco por parte de la  firma  “MULTILLANTAS  LTDA”  ,  los  cuales  aparecían  endosados  por  esa  compañía  a  favor  de  “CASTAÑEDA VELOZA” para que fuesen abonados en su  cuenta.  Posteriormente  el  titular de la misma giró varios cheques que fueron  cobrados   por   ventanilla,   alcanzando   a   retirar   la   suma   total   de  $10’340.000.   

                  Funcionarios  de  seguridad  del  Banco  Popular  al  advertir  que por medio de esa cuenta se  estaba  cometiendo  una  defraudación,  ya  que  los  comprobantes  de venta de  Credibanco  que  habían sido consignados fueron elaborados con base en tarjetas  de  crédito  gemelas   y utilizando una máquina impresora codificada a la  firma   MULTILLANTAS   LTDA,   solicitaron   colaboración   de   efectivos  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad, quienes el 15 de septiembre de 1989  observaron  cómo  un  sujeto  se  presentó  a cobrar un cheque por valor de un  millón  600  mil pesos perteneciente a la referida cuenta corriente y, luego de  hacerle  estampar su huella digital, no se lo pagaron con el argumento de que la  firma  del  cartulario no correspondía a la registrada.  Una vez salió el  sujeto   de  la oficina bancaria los agentes del DAS lo siguieron hasta que  se  encontró con dos individuos, procediendo a capturarlos cuando se disponían  a abordar un vehículo de servicio público.   

                         Los  capturados  respondían  a  los nombres de ENRIQUE SANTOS NIETO CALDERON (sujeto  que  pretendió  cobrar  el  susodicho  cheque),  ROBERTO  CORTES  ROJAS  y HUGO  ECHEVERRY  MARMOLEJO.  Dentro  del  proceso se estableció que el último de los  nombrados  fue  quien  abrió  la  cuenta  corriente con identificación falsa y  quien  giró  tanto  los  cheques  que alcanzaron a pagarse como el que intentó  hacer efectivo NIETO CALDERON poco antes de su captura.   

ACTUACION PROCESAL  

                          La  investigación  fue  iniciada  por  el Juzgado Décimo de Instrucción Criminal,  despacho  que después de indagar a los capturados y allegar varias pruebas, les  resolvió  la  situación  jurídica  imponiéndoles  medida de aseguramiento de  detención  preventiva  como  presuntos  coautores  de  los punibles de estafa y  falsedad,  señalando  a  la  vez que el procedimiento a seguir era el abreviado  dado  que  la  captura  de  los  procesados se había producido en situación de  flagrancia.   

                   El Tribunal  revisó  esa  decisión por vía de apelación y en proveído de 19 de diciembre  de  1989  la  modificó en el sentido de ordenar que el trámite abreviado sólo  se  aplicara  respecto  de Enrique Santos Nieto Calderón, quien fuera capturado  en  flagrancia,  en  tanto  que  frente  a  los  otros  dos  procesados debería  continuar  la  tramitación  ordinaria,  razón  por  la  cual ordenó romper la  unidad procesal.   

                     Fue así  como  el  Juzgado  28  Penal  del  Circuito  continuó  conociendo  del  proceso  abreviado  y envió copias al Juzgado Décimo de Inscriminal de Bogotá para que  siguiera adelantando la investigación contra Cortés y ECHEVERRY.   

                     El  4 de  junio  de  1991  se  dictó  sentencia  en  el proceso abreviado condenándose a  Enrique  Santos Nieto Calderón; entre tanto el proceso ordinario era calificado  (Junio  12/91)  con resolución acusatoria en contra de Cortés y ECHEVERRY como  coautores  de  los  delitos  de  falsedad  y estafa, correspondiéndole al mismo  Juzgado  28  Penal  del  Circuito  conocer del juzgamiento, para lo cual dispuso  incorporar  al  plenario  el  cuaderno  original  y  los anexos de la actuación  abreviada que había realizado respecto de Nieto Calderón.   

                   Cumplida la  audiencia  pública  se profirió sentencia el 22 de julio de 1993 (fl. 165 y ss  del  c.o.  #  2)  siendo  condenados el recurrente y su compañero de causa a 36  meses  de  prisión  pero  con  derecho al subrogado de la condena de ejecución  condicional,  como  coautores  responsables de numerosas estafas y falsedades en  documentos  privados,  decisión  que al ser apelada por la defensa dio lugar al  proferimiento  del  fallo  del  Tribunal, impugnado en casación, que revocó la  sentencia  de primer grado en cuanto a ciertas estafas en cuantía inferior a 10  salarios  mínimos  legales  mensuales, las cuales pasaron a ser contravenciones  especiales  a  partir  de la vigencia de la Ley 23 de 1991, y, consecuentemente,  redujo  en  tres  meses  la  pena  privativa  de  la  libertad  fijada a los dos  sentenciados.   

LA DEMANDA  

                  Al amparo de  la  causal tercera de casación, la recurrente propone un único cargo contra la  sentencia  de segundo grado, tras considerar que ésta se profirió en un juicio  viciado  de nulidad debido a que el funcionario judicial carecía de competencia  para  conocer  del  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de estafas, por ser ellas  hechos punibles contravencionales y no delictuales.   

                     Se acusan  como  normas  violadas los artículos 1o., numeral 14 de la Ley 23 de 1991, 11 y  12  del  Decreto Reglamentario 800 de 1991, 1o., 10 y 72 del C. de P.P., 6o., 11  y   356   del   C.P..                  

                  La libelista  sostiene  que  los 110 (sic) comprobantes de credibanco espúrios son verdaderos  títulos  valores (pagarés) que permiten tipificar igual número de punibles de  estafa,  y  como  la  cuantía  de  cada uno de ellos no supera la suma de   $517.200,oo  , cifra equivalente a diez (10) salarios mínimos legales mensuales  de  1991,  es por lo que se está en presencia de 110 contravenciones especiales  cuya  penalización  corresponde  a  las  autoridades  de policía conforme a lo  dispuesto en el artículo 1o, numeral 14, de la Ley 23 de 1991.   

                    Critica la  tesis  del  Tribunal según la cual las estafas en cuestión sólo se consumaron  cuando  el  dinero  fue retirado del Banco mediante el giro de los cheques, y en  contraposición  de  ella  sostiene que según lo acreditado en el plenario cada  uno  de  los  pagarés,  o comprobantes de credibanco como se les denomina en el  proceso,  debían  ser  verificados  antes  de autorizarse su pago, al punto que  algunos  de  ellos fueron devueltos por carecer de código de autorización (Fl.  110  c.o.);  de  suerte  que  una  vez  abonados en la cuenta donde habían sido  consignados  quedaban consumadas las respectivas defraudaciones y se obtenía el  provecho  ilícito,  pues  a  partir  de  ese  momento  el valor de cada pagaré  ingresaba  efectivamente  al  patrimonio  del cuentahabiente quedando a su plena  disposición,  sin que importe en este punto la suerte que corrieran esos fondos  más  adelante.  Para  reafirmar  lo  dicho  agrega que ninguno de los 110 (sic)  titulares  de  las  verdaderas  tarjetas  de  crédito,  ni  ninguna  compañía  aseguradora  pueden  disponer  de  los dineros que aún es posible se encuentren  depositados en la cuenta de CASTAÑEDA VELOSA.   

                   Concluye la  casacionista  afirmando  que  se  ha  violado el debido proceso consagrado en el  artículo  29  de  la Constitución Nacional, toda vez que su representado tiene  derecho  a  ser  juzgado  por  el funcionario competente, con observancia de las  formas  propias  del  juicio y a que se le aplique retroactivamente la nueva ley  (23  de  1991)  por  ser  más  favorable  a  sus  intereses, razón por la cual  solicita  a  la  Corte  CASAR  la sentencia impugnada, señalar el estado en que  queda el proceso y remitirlo al funcionario competente.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

                     El señor  Procurador  Primero  Delegado  en lo Penal luego de exponer su criterio sobre la  unidad  de  acción,  asevera  que “…mirando al fraude patrimonial (Estafa) es  evidente  que  todo el volumen de valores introducidos en el mismo momento en la  misma   consignación,   configuran   un      solo     artificio  para  lograr  un  beneficio  patrimonial  indebido equivalente al  monto total que se consigna y ha de ser abonado en cuenta.”   

                   Lo anterior  considerando  que  una  vez  abonado  el  dinero  en  la  cuenta  corriente  del  estafador,  inmediatamente está a disposición del autor de la maniobra, por lo  cual  ya  se ha obtenido el provecho patrimonial en cuanto aparece en su ámbito  de   poder  jurídico  de  disposición   patrimonial  (retiros,  giros  de  cheques,  saldar  la cuenta etc.). Es por ello que el cheque girado para retirar  los  fondos  estafados  no  es más que un acto de agotamiento del delito que ya  está consumado.   

                    Agrega que  “..  recíprocamente  cada  acto  de cobro de las facturas por canje, constituye  una  sola  acción  fraudulenta,  independientemente  del  número  de  facturas  particulares  que  se  elaboren para ello, pues no se mira a la falsedad en cuyo  caso  sí  importaría  cada  unidad  documental,  sino al acto de defraudación  patrimonial   que   desde   todo   punto   de   vista   es  uno  sólo  en  cada  consignación.”   

                       De  lo  anterior  concluye que las acciones de falsedad por cada documento no pueden ser  consideradas   contravenciones   especiales  de  estafa,  como  lo  pretende  la  casacionista,  porque  las cuantías de las mismas por cada grupo de confección  de  comprobantes,  como  un único fraude, sobrepasa en cada uno de los casos el  monto  de  diez  (10)  salarios mínimos exigidos por la Ley 23 de 1991, para el  momento  de  la  comisión  de  los  hechos  ($325.596,  según  Decreto 2662 de  1988).   

                    Conforme  con  lo  argumentado  el  Señor  Procurador  Delegado solicita a la Corte CASAR  PARCIALMENTE  el fallo impugnado para adicionarlo en el sentido de imponer a los  condenados  la  pena de multa que conlleva el delito de estafa  y que fuera  omitida por el a-quo.   

                                

                                   CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE   

                 La nulidad  planteada  por  la  recurrente  debe ser examinada a la luz del artículo 26 del  Código  Penal,  que  regula  el  concurso  de  hechos  punibles,  una  de cuyas  modalidades  consiste  en infringir con varias acciones u omisiones varias veces  la  misma  disposición  de  la ley penal. De ahí que sea necesario tener plena  claridad  sobre  lo  ocurrido, pues lo fundamental es establecer si el procesado  realizó  un  sólo  delito  de  estafa  en  varios  actos,  o  varias  acciones  autónomas   cada   una   constitutiva   de   una   contravención  especial  de  estafa.   

                        

                 El proceso  informa  que  el  5  de  septiembre  de  1989,  en diversas sucursales del Banco  Popular,  fueron  consignados  a  la  cuenta  corriente  del supuesto Castañeda  Velosa  15  pagarés Credibanco cuya sumatoria asciende a $1’279.333,oo. Al día  siguiente  (sept.6/89)  fueron  consignados  15  más  por  valor  global  de  $  1’734.633,oo.  Un  día  después  (Sept.7/89)  se consignaron otros 19 pagarés  Credibanco  en  varias  sucursales del mismo banco, que sumados arrojan la cifra  de  $1’900.681,oo.  Posteriormente fueron consignados 25 pagarés adicionales en  diversas  oficinas  por valor total de 3’144.535,oo. El 11 de septiembre de 1989  se  consignaron  otros  10  que  sumados arrojan la suma de $1’220.200,oo. Y por  último,  el día 12 del mismo mes fueron consignados 15 pagarés más por valor  global de $1’899.097,oo.   

                      Como  quedó  demostrado,  dichos  pagarés  o  compromisos de pago de Credibanco eran  espúrios  y  casi  todos fueron abonados efectivamente a la cuenta del supuesto  beneficiario,  quien alcanzó a disponer de gran parte del producto del ilícito  mediante    el    giro    normal    de   cheques   que   fueron   cobrados   por  ventanilla.   

                   

                    De otro  lado,  tal  como  lo  señaló  el  Ministerio  Público,  no  cabe  duda que la  defraudación  de  que  trata  este  asunto  se  consumó  con  el  abono de los  susodichos  pagarés  a  la  cuenta  apócrifa, pues en ese momento se obtuvo el  provecho  ilícito  con  perjuicio  patrimonial  ajeno,  en  cuanto  se hicieron  efectivos  los  títulos  valores  falsos  quedando  el dinero correspondiente a  disposición  de  los  timadores. El cobro de los cheques mediante los cuales se  dispuso  del dinero fraudulentamente obtenido son actos propiamente dirigidos al  agotamiento  del  delito,  que como se sabe es posible que se consiga o nó pero  en todo caso después de consumado el mismo.   

                   No puede  aceptarse  la tesis traída por el Tribunal para este caso, según la cual sólo  se  obtiene  el provecho ilícito cuando se logra retirar el dinero de la cuenta  fraudulenta,  porque  ello  implicaría extender los actos ejecutivos del delito  más  allá  de la órbita de su consumación, llevándolos hasta el terreno del  agotamiento  como  si  la  consumación  del  reato  estuviese condicionada a la  obtención  del propósito perseguido por el actor, confundiendo así dos etapas  bien diferenciables del iter criminis.   

                    De otro  lado,  las  circunstancias  que  rodearon  la  ilicitud  revelan  que  desde  un  principio  los  procesados tuvieron la intención positiva de cometer una estafa  por  el  monto  global  de todos los pagarés falsos, es decir, idearon una sola  acción  delictual ejecutable por etapas, obviamente para no despertar sospechas  y  asegurar  el  éxito  de su empresa criminal. De ahí que en vez de hacer una  única  gran  consignación,  hubiesen hecho varias consignaciones relativamente  pequeñas,  con  intervalos cortos, involucrando diferentes sucursales del mismo  banco  y  falseando  numerosos títulos en cuantías discretas para no despertar  desconfianza y evitar así mayores controles de los habituales.   

                     Dicha  modalidad  de  la  ilicitud  permite  concluir que los procesados cometieron una  sola  acción  delictiva  de  estafa  en  cuantía  muy superior a los diez (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales de que habla la ley 23 del 91, cuya cifra  concreta  corresponde  a  la  sumatoria   de  la  totalidad de los pagarés  espúrios  efectivamente  abonados  a  la  cuenta corriente abierta a nombre del  supuesto  Castañeda  Veloza.  Y  siendo ello así, carece de todo fundamento la  nulidad  incoada,  pues  tanto  por el factor funcional como por el territorial,  resulta   incuestionable   la   competencia   ejercida  por  el  a-quo  en  este  caso.   

                    De otra  parte,  la  división  de acciones delictivas que plantea el Ministerio Público  con  base  en el número de consignaciones efectuadas de los títulos espúrios,  no  puede admitirse en las particulares circunstancias que rodearon este asunto,  porque  tal como se dejó explicado, las diversas etapas en que se fraccionó el  delito  fueron  ejecutadas  en  tan  corto lapso que ni los propios delincuentes  estaban  en  posibilidad  de  conocer  y  evaluar  los resultados obtenidos como  presupuesto  para  el  surgimiento de nuevos propósitos criminales; de ahí que  deba   admitirse   que   todas  las  consignaciones  realizadas  obedecieron  al  propósito  de  realizar  una  sola  acción  delictiva  ideada  para   ser  ejecutada en varios actos sucesivos.   

                        En  conclusión  el  cargo  no  puede  prosperar frente a la incompetencia aunque el  fraccionamiento  de  la  conducta  única  genera  violación  del principio que  prohibe  el  doble  juzgamiento  por  el  mismo  hecho,  remediable  mediante la  declaración pertinente, a lo cual se procederá en la resolución.   

                                          Improcedente  resulta la petición de casar parcialmente formulada  por  el  señor Procurador Delegado, toda vez que la multa que echa de menos fue  impuesta   en   el   fallo   de   segunda  instancia.  (folio  54  cuaderno  del  Tribunal).   

                                          Finalmente,   la   Sala  declarará    la  cesación  de  procedimiento  por  los delitos de falsedad dado que interrumpido el término de  prescripción  con  la  ejecutoria de la resolución de acusación, este habría  de  contabilizarse  de  nuevo por un periodo de la mitad del máximo, pero nunca  inferior  a  cinco  años. Como la acusación se ejecutorió el 22 de octubre de  1991,   para   éste   momento   ha   prescrito   la   acción   y  de  ahí  su  declaratoria.   

                      Ello  implica  readecuar  la  pena,  descontando  los  12 meses que por el concurso de  falsedades  impuso  el  a-quo  en la sentencia. Quedará entonces de 21 meses la  prisión  y  en  el  mismo  término  se  rebajará  la interdicción para ambos  condenados.   

                 En mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

                                                RESUELVE:   

                   1. CASAR  la  sentencia  impugnada para declarar que el delito  de estafa es único.   

                        2.  Cesar todo procedimiento por los delitos de falsedad  en  documento  y  reajustar  la  pena  conforme  se dejó consignado en la parte  motiva de ésta providencia, frente a los dos condenados.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                RICARDO CALVETE RANGEL     

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA                  CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE     

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                          CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO  PAEZ  VELANDIA                                                 NILSON   PINILLA   PINILLA   

JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA  

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria.-  

   

    

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