16571 (03-04-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 16571  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 54  

Bogotá  D.C.,  tres (3) de abril de dos mil  uno (2001).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HÉCTOR EMILIO CRUZ SUÁREZ.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.- Fueron relatados por el Tribunal Nacional  de la siguiente manera:   

“Obra  en  el proceso que promediando las  cuatro  de  la  tarde  del 30 de diciembre de 1992, a la finca “La Estancia”  ubicada  en  la  vereda  Cuatro  Esquinas de la localidad de Carmen de Apicalá,  Departamento  del  Tolima,  en  un  vehículo  de  color  gris  y placas MH-2295  llegaron  cuatro  sujetos,  que  armados y diciendo ser agentes del Departamento  Administrativo  de  Seguridad “DAS”, so pretexto de investigar la existencia  de  estupefacientes,  se llevaron al señor OSCAR ENRIQUE GARCÍA SÁNCHEZ. Poco  después,  en  casa  del  plagiado  en Santafé de Bogotá, su familia, esposa e  hijos  comenzaron  a  recibir  llamadas telefónicas en las cuales, desconocidos  decían  pertenecer  al grupo subversivo “FARC”. Al tiempo que se atribuían  el  hecho,  exigían  por  la  liberación del secuestrado la suma de doscientos  millones de pesos ($200.000.000).   

Así,   entre   el  ir  y  venir  de  las  negociaciones,  el  día  2  de  febrero  de  1993,  en la población de Melgar,  Departamento  del  Tolima,  la  Policía  interceptó  el  vehículo  de  placas  MH-2295,  que  tiempo  atrás  había  sido  hurtado  en  la  ciudad de Pereira,  Risaralda,  y  capturó  a  MAURICIO  NÚÑEZ  CRUZ,  JESÚS  CORRALES CAMACHO y  HÉCTOR  EMILIO  CRUZ  SUÁREZ,  sus ocupantes. Luego, la Fiscalía Seccional de  esa  localidad,  tras  allanamiento efectuado al inmueble de la carrera 35 N° 4  –  19,  donde  éstos se  hospedaban,  encontró  prendas  de uso privativo de las Fuerzas Armadas, cuatro  granadas  de  fragmentación y una subametralladora calibre 9 mm, cargada con 12  cartuchos.  Se  detuvo  a  OLIVER  BENITEZ  MADROÑERO,  suboficial retirado del  Ejército  nacional,  cuñado  de  MAURICIO  NUÑEZ  CRUZ, quien residía en ese  lugar.   El   6  de  febrero  siguiente,  fue  liberado  OSCAR  ENRIQUE  GARCÍA  SÁNCHEZ.”.   

2.-   Un  Juzgado  Regional de Bogotá,  mediante  sentencia  del  19  de  noviembre  de  1998,  condenó, entre otros, a  HÉCTOR EMILIO CRUZ SUÁREZ  a  las  penas  principales  de  26  años  de  prisión y multa de 1800 salarios  mínimos  legales  mensuales  y a las accesorias de rigor, como autor del delito  de  secuestro  extorsivo agravado (art. 6° del Decreto 2790 de 1990, convertido  en legislación permanente por el Decreto 2266 de 1991).   

En razón de la apelación interpuesta por el  defensor  y  el  Ministerio  Público  y  de  la  consulta, conoció el Tribunal  Nacional,  que  modificó  la sentencia de primer grado, el 16 de junio de 1999,  en  el sentido de aumentar la pena privativa de la libertad a 33 años y 6 meses  de  prisión,  reducir  la  pena  de  multa  a  100  salarios mínimos legales y  condenar,  además,  por  el  delito  de  porte  ilegal de armas de fuego de uso  privativo de la fuerzas armadas.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor,  al  amparo  de  las  causales  tercera  y  primera de casación, presenta dos cargos contra la sentencia, cuyos  argumentos se resumen de la siguiente manera:   

Primer  cargo   

Acusa  al  sentenciador  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  violación del derecho de  defensa,  al  tenor  de  los  dispuesto  en el numeral 3° del artículo 304 del  Código de Procedimiento Penal.   

Sostiene  que  la  Fiscalía  Regional nunca  ordenó  la práctica de la diligencia de reconocimiento en fila de personas, la  que   en   múltiples  ocasiones  fue  solicitada  por  los  procesados  y  que,  inexplicablemente,   no   se  efectuó,  medio  de  prueba  que,  a  su  juicio,  “hubiera contribuido eficazmente al esclarecimiento  de   los   hechos”  y,  consecuencialmente,  a  la  demostración  de  la  irresponsabilidad  de  los  acusados,  pues de haber sido  culpables  no se habría pedido, anotando que el Tribunal Nacional estimó en la  sentencia  que esa diligencia era innecesaria, “pues  qué  sentido  tendría  cuando los interesados habían visto a los aprehendidos  en las instalaciones de la policía”.   

En lo que llamó lesividad de la actuación,  sostiene  que al no averiguarse las circunstancias en que ocurrieron los hechos,  o  por  lo  menos  verificar  si  acaecieron  como  lo  afirmaron  los  testigos  presenciales,  “se tramitó el proceso totalmente en  contra   de   los   sindicados   y  no  hubo  posibilidad  que  se  plasmara  la  contradicción,  propia  del  proceso  penal, quedando la actuación para que se  fulminara   la   condena   completa  en  contra  de  los  sindicados”.   

En  cuanto  a  la  trascendencia  del vicio,  asegura  que al no cumplirse el mandato de la investigación integral, se violó  de  modo  flagrante el derecho de defensa, al haberse privado al “sindicado  de  elementos  que tienen incidencia nada menos que para  la  dosificación de la pena en el caso en estudio, y sobre todo para determinar  si    es    procedente    la    condenación    o   la   absolución”.   

Como normas transgredidas cita los artículos  304.3  y  333  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  el  1°  y  29  de  la  Constitución Política.   

Por lo expuesto, solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  declarando la nulidad a partir de la resolución mediante  la cual se clausuró la investigación.   

Segundo  cargo   

Acusa  al sentenciador de haber vulnerado la  ley  sustancial  de  manera  directa, por cuanto el Tribunal Nacional consideró  que  tanto en la resolución de acusación como en la sentencia de primer grado,  “hubo  un desconocimiento legal en lo atinente a la  sanción,  pues el a quo la impuso rebosando las fronteras de la legalidad, como  que  la  tasó conforme a un reglamento que no era dable aplicar, por el momento  histórico    del    crimen    y    la   entrada   en   rigor   de   una   nueva  legislación”, por lo que podía restablecerla, con  mayor  razón  cuando  se  está  dando  curso  al  grado  jurisdiccional  de la  consulta.   

Sostiene  que  al  proceder así el juzgador  aplicó  indebidamente  los  artículos 206 y 217 del C. de P. Penal, por cuanto  que  le  dio  trámite  al  mencionado  grado  jurisdiccional y no al recurso de  apelación,  el cual le señala límites para conocer o analizar “más   allá   de   lo   que   integra   el   recurso   o  recursos  presentados”.  Además,  desconoció los artículos  29  de  la  Constitución  Política   y 10° del C. de P. Penal, en lo que  atañe a la favorabilidad.   

Igualmente,  dice,  el  Tribunal  Nacional  aplicó  indebidamente los artículos 1° y 3° de la Ley 40 de 1993, y dejó de  aplicar  los artículos 268 y 270 del Decreto 100 de 1980 y 6° del Decreto 2790  de  1990,  “ya  que  estamos  en  presencia  de  un  tránsito  legislativo  que  hace factible acudir a la aplicación retroactiva o  ultractiva de la penal favorable”.   

Manifiesta  que cuando se produjo el plagio,  el  30 de diciembre de 1992, se encontraba vigente el Decreto 2790 de 1990 y los  artículos  268  y  270 del Decreto 100 de 1980, y al momento de la liberación,  el  6  de  febrero  de  1993,  la  Ley  40  de  1993,  por lo que por razones de  favorabilidad se debió aplicar la primera preceptiva.   

Así  mismo,  advierte que el juzgador   aplicó  indebidamente  el  numeral  6°  del  artículo  270 del Código Penal,  agravando  la  situación de su defendido, cuando en el plenario no se demostró  que  el  sentenciado  tuviera las calidades exigidas en ese numeral y cuando, al  parecer,  se  quiso  aplicar el numeral 7°, que se refiere a que se presione la  entrega de lo exigido con amenaza de muerte.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia,  modificando  el  fallo  en  el  sentido  de  condenar  por secuestro  extorsivo  conforme  a  los  artículo  268  y  270  del Código Penal y 6° del  Decreto  2790  de  1990  y, además, no tener en cuenta la agravante del numeral  6° del artículo 270, ibidem.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada  por el defensor del  sentenciado,  no  reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuye el  numeral  3°  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal para su  admisión.   

En efecto, entre los desatinos en que incurre  y que impiden un estudio de fondo, se destacan los siguientes:   

    

1. En lo atinente al primer cargo, que  postula  con  fundamento en la causal tercera, por quebrantamiento del principio  de  investigación  integral,  aunque indica cual fue el medio de convicción, a  su  juicio,  omitido,  a  saber,  la  diligencia  de  reconocimiento  en fila de  personas,  no  muestra  su  conducencia, pertinencia y utilidad, máxime cuando,  según él mismo lo relata, aparecía como innecesaria.     

De  igual  manera,  tampoco  demuestra  su  trascendencia,  esto  es,  cómo  de haber sido llevada a cabo hubiese tenido la  aptitud  para  variar  las conclusiones del fallo, considerando los elementos de  convicción que lo sustentaron y cuyo señalamiento omite.   

Por  otra  parte, incurre en contradicción,  pues  al mismo tiempo que afirma que la prueba echada de menos hubiera permitido  demostrar  la  inocencia  del  procesado,  asevera  que  hubiera  incidido en la  dosificación     punitiva,     con     lo     que    acepta    y    niega    la  responsabilidad.   

    

1. En  lo  que  respecta  al  segundo  reproche  que invoca con fundamento en la causal primera, por violación directa  de  la  ley sustancial, aparece confuso, pues no logra saberse si reclama por la  vulneración  de  la  prohibición  de la reforma peyorativa, ya que se duele de  que  no  obstante  ser  el  procesado  apelante  único,  se le haya agravado su  situación,  al  aumentarse  la  pena  por el Tribunal, o si lo relaciona con la  transgresión  al  principio  de favorabilidad, dado que denuncia la aplicación  indebida   de   unos  preceptos  y  la  falta  de  aplicación  de  los  que  lo  beneficiaban.     

De  todos  modos,  si se aceptara que quiso  referirse  a esta última garantía, se encuentra que no logra evidenciar cómo,  en  tratándose  de  un  delito  permanente  que se continúo cometiendo bajo la  vigencia  de  la  ley 40 de 1993, no sea ésta la aplicable sino la legislación  anterior.   

El  desconcierto  se  hace  mayor cuando al  interior  del  mismo  cargo  se queja de la aplicación indebida del numeral 6°  del  artículo  270  del C. P, censura que no sólo no desarrolla, sino que deja  entrever que se trató de un simple error mecanográfico.   

Frente a los anotados yerros de la demanda,  se  impone  su  rechazo,  de  acuerdo  con lo dispuesto por el artículo 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues  la  Sala,  en  virtud del principio de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR     IN    LIMINE   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HÉCTOR    EMILIO   CRUZ   SUÁREZ.   En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                           JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *