SP16935-2016(48369)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

SP16935-2016  

Radicación N° 48369  

(Aprobado acta Nº 376)   

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de noviembre  de dos mil dieciséis (2016).   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por la  defensora   de   HILIAR   ENRIQUE  MARTÍNEZ  GUESTER  y   DARWIN   JOSÉ  LÓPEZ  OROZCO.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad     quem     de     la    siguiente  manera:   

“En  el  corregimiento  de  San  José de  Oriente,  municipio de La Paz (Cesar), siendo aproximadamente las 2:30 horas del  27  de  abril  de 2005, en el sitio conocido como la Bocatoma, finca La Vega, el  grupo  contraguerrilla  Albardón  Tres,  adscrito  al Batallón La Popa de esta  ciudad,  al  mando  del  Teniente  Carlos  Andrés Vergara Mejía, informa de un  presunto  combate con miembros de las FARC, frente 41, en el cual se reportó el  fallecimiento  de tres personas inicialmente inscritas como N.N., quienes fueron  identificados  por  sus  familiares como Roberto Henry Taguer Bolívar, Cristian  Camilo Santiago Redondo y Deivis de Jesús Pacheco Hernández.   

De  otro  lado,  se sabe que los fallecidos  eran  personas  ajenas  al  conflicto  armado  que salieron de sus hogares en el  municipio  de  Baranoa  (Atlántico)  en  horas de la mañana del 26 de abril de  2005,  con  destino  al departamento del Cesar donde se les habría ofrecido una  oportunidad de trabajo en la recolección de café”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Culminado  el  ciclo  instructivo,  la  Fiscalía   94   Especializada  en  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  calificó  el  mérito  del  sumario, el 13 de octubre de 2011, con  resolución   de   acusación  en  contra  de  Carlos  Andrés  Vergara  Mejía,  HILIAR   ENRIQUE   MARTÍNEZ   GUESTER   y  DARWIN JOSÉ LÓPEZ OROZCO como  presuntos  responsables de la conducta punible de homicidio en  persona    protegida    (artículo    135    del   Código   Penal),1 determinación  impugnada  y  ratificada, el 21 de noviembre siguiente, por la Fiscalía Segunda  Delegada    ante    el    Tribunal    Superior    de    Distrito   Judicial   de  Valledupar.2    

2.   Correspondieron   inicialmente   las  diligencias  al  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de esa ciudad que celebró la  audiencia  preparatoria y luego al Juzgado Tercero de esa especialidad, el cual,  una  vez cumplida la vista pública, emitió sentencia el 12 de febrero de 2014,  imponiéndole  a  los  acusados  las  penas principales de prisión por cuarenta  (40)  años,  multa  de cuatro mil (4.000) salarios mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  doscientos   noventa  (290)  meses,  al  hallarlos  coautores  responsables  del  ilícito  por  el  que  se  les convocó a juicio. En la misma decisión, se les  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.3    

3.  Apelada esta providencia por la defensa,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Valledupar  -Sala   Penal-   el   9   de   diciembre  de  2015.4     

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La apoderada de los sentenciados MARTÍNEZ     GUESTER     y   LÓPEZ   OROZCO  presentó  el  recurso  extraordinario   para   postular   un   cargo  único  en contra del fallo de segunda instancia, al amparo de  la  causal  prevista  en  el  artículo 207, numeral 1º, de la Ley 600 de 2000,  aduciendo  la  comisión  de un falso juicio de identidad que condujo a la falta  de   aplicación   de  normatividad  internacional  y  local  consagratoria  del  principio de in dubio pro reo.   

En  ese  orden,  translitera  apartes  del  proveído  impugnado  para  poner  de  relieve  que  no se especificaron cuáles  fueron  las  circunstancias  por las que se endilgó responsabilidad penal a sus  acudidos,  advirtiendo  perplejidad  en  el fallo respecto de la valoración del  testimonio  de  Joiber  Yesith  De Ávila Alquerque, quien adujo la presencia de  éstos  en el grupo de avanzada que disparó en contra de los obitados, frente a  otros  siete  militares  que los ubicaron cuidando pertrechos en la retaguardia,  pues  el  ad quem sostuvo que  “no  hubo  combate  pero que mis prohijados estaban  con  él”, es decir, estima, la condena se basa en la  versión  de  un  soldado “que señaló que sí hubo  combate,  lo  cual  es  contradictorio dado que el propio Tribunal (sic) señala  que  no  lo  hubo”,  de  manera tal que este relato,  dice,      debió      ser     “rechazado     de  plano”.   

De  otro  lado, cuestiona la conclusión del  sentenciador   referida   a   que   MARTÍNEZ  GUESTER  y  LÓPEZ OROZCO  ejecutaron  de  consuno  la  conducta  punible  con  división  de  labores,  debido  a  que  en  otros  acápites  de su providencia se contrajo el  aporte   de  aquellos  a  actividades  de  defensa  mientras  otros  uniformados  materializaban    el   ilícito,   por   consiguiente,   asevera,   “esta  vaguedad argumentativa demuestra las dudas insalvables del  proceso”.   

En  estas  condiciones, al considerar que no  existe  precisión  sobre  el  modo en que ocurrieron los hechos ni acerca de la  participación  puntual  que  tuvieron  estos  implicados en los mismos, afirma,  debió  declararse la presencia de duda probatoria, por lo que solicita casar la  sentencia y, en su reemplazo, se profiera fallo absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de  etapas  concatenadas,  revestidas  de  un plexo de garantías, en las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya   discusión   culmina  con  la  sentencia,  decisión  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación  en  aras de que la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario que la emitió para que éste la confirme, modifique o revoque,  si a ello hubiere lugar.   

Dicho  contexto  explica  por qué el debate  sobre  las  aristas  de  interés  para el ejercicio de la acción penal cesa en  tales   escenarios,   previéndose  un  recurso  extraordinario,  la  casación,  solamente  cuando  por causales taxativas, en este caso las del artículo 207 de  la  Ley  600  de 2000, se pretenda un estudio respecto de la legalidad del fallo  por  parte  de la Corte Suprema de Justicia. No se trata, entonces, de prolongar  la  polémica  que  feneció  con la emisión de una providencia amparada con la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Por ende, existen parámetros que hacen de la  demanda  un  escrito  sometido  a  estrictas  reglas de postulación que bajo la  égida  de principios como el de autonomía, limitación, claridad, entre otros,  debe  bastarse a sí mismo para demostrar el yerro planteado y su trascendencia,  siendo   premisa   fundamental  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye   una   variable   con  la  viabilidad  de  ser  auscultada  en  sede  extraordinaria  (Cfr.  CSJ  AP,  18  Ago  2010,  Rad.  33559).   

2.  Lo  anterior  se  menciona  por cuanto  ninguno  de  estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por la  censora,  pues  únicamente  plasmó  en  su  libelo la postura subjetiva que le  merecen  las  pruebas  aportadas a la actuación, diversa a la de la judicatura,  pasando  por  alto  que  esa  llana  disonancia  es insuficiente para derruir la  presunción de legalidad de la sentencia atacada.   

En  ese orden, basta confrontar el contenido  del   cargo   único   para  avizorar  que  se  circunscribe  al rechazo de las conclusiones ofrecidas por el  Tribunal  en  pos  de  sustentar  la  declaratoria  de  responsabilidad  de  los  implicados,  obviándose  la metodología consustancial para la acreditación de  la  infracción  en  ella  invocada,  lo  que  impele  a recordar la teleología  que   respecto   de   la   misma   ha   depurado  la  jurisprudencia:   

“El  error  de  hecho por falso juicio de  identidad  tiene  lugar  cuando  el  juzgador se equivoca al apreciar la prueba,  dado  que,  si  bien  esta  obra  en el proceso, cuando procede a su valoración  distorsiona   su   contenido   material,  bien  por  cercenamiento,  adición  o  tergiversación.  Por  tanto,  en  estos  casos,  el  impugnante está llamado a  señalar  mediante  el  cotejo  objetivo del contenido del medio probatorio y lo  asumido  en  relación  con  el  mismo  en  el  fallo, qué aparte fue omitido o  agregado,  qué  efectos  se produjeron a partir de ello y, especialmente, cuál  es  la  trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  aspecto que no puede tenerse por  cabalmente  demostrado  con  la  simple  exposición  subjetiva del criterio del  actor  acerca  del valor que corresponde al medio de prueba que estima objeto de  un  error  de  hecho  por la naturaleza del que aquí se da cuenta, pues resulta  imprescindible  que,  además  de  acreditar  el  yerro,  demuestre que el mismo  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a  la  aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el error, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto con las demás modificaría sustancialmente el sentido de  la     decisión     reprochada”.    (CSJ AP, 26 Ene 2005, Rad. 22177)   

Desde  esta perspectiva, es palmario que la  demanda  no  acató  dichos  derroteros  al  no  evidenciarse  el modo en que el  Tribunal  hipotéticamente  adicionó,  cercenó o tergiversó el testimonio del  soldado  Joiber Yesith De Ávila Alquerque y, por el contrario, lo que se denota  es  la  exposición  de críticas caóticas que eventualmente se acompasarían a  otro  tipo  de  vicios.  Verbi  gratia,  la  recurrente  alude  a que la valoración de esta declaración es  incoherente  por  otorgarle  el  ad quem credibilidad  en  unos  aspectos  y  en  otros  no,  lo  que  en la  práctica  podría  constituir  error  de  hecho  por  falso  raciocinio ante la  transgresión  del  principio lógico de no contradicción, en tanto una cosa no  puede  ser  y  no  ser  al  mismo  tiempo;  y  a  la  vez  sugiere  una indebida  conceptualización  del  fallo,  reparo  propio  a  la  denuncia  de motivación  aparente  o  anfibológica  cuya  postulación corresponde por vía de la causal  tercera de casación, es decir, por nulidad.   

En consecuencia, la confusa sustentación de  la  presunta  infracción  conculca los deberes de claridad, precisión y debida  fundamentación propios a esta sede.   

Ahora bien, aun morigerando el principio de  limitación  que  impide  corregir  las  falencias  de  la  demanda,  tampoco se  vislumbra  la materialización de algún vicio por cuenta de la circunstancia en  comento  porque  el  juzgador se encuentra legitimado al momento de apreciar las  manifestaciones   contenidas   en   la  prueba  testimonial,  para  “determinar,   con   sujeción  a  los  parámetros  de  la  sana  crítica,  si  son  verosímiles  en  parte,  o  que todas son increíbles o que  alguna  o  alguna  de  ellas  tienen  aptitud  para  revelar  la  verdad  de  lo  acontecido”  (CSJ  SP,  11  Oct  2001,  Rad. 16471),  conforme  ocurrió  en  el  sub examine, en lo atinente al relato en cita:   

“En  esa  línea argumentativa estimó el  funcionario  de  primer  nivel  que  lo  cierto  es  que  la  posición de estos  procesados   al   negar   de   manera   insistente   su   participación  en  el  enfrentamiento,  ya  que supuestamente estaban en la tercera escuadra al cuidado  del  material  de intendencia, viene desvirtuada por la primera declaración del  soldado  De Ávila Alquerque Joiber Yesith, rendida el  día  siguiente  de los hechos quien admite que estaba  en  el  grupo  que  hizo  contacto  y  ubica  dentro  del  mismo, entre otros, a  MARTÍNEZ   GUESTER   y  LÓPEZ  OROZCO,  aunado al  hecho  de  que  los encartados aparecen firmando el acta de consumo de munición  Albardón  3  en  desarrollo  de  la  misión  táctica  Acero  en la operación  Esplendor,   en  donde  figura  que  el  primero  gastó  dos  (2)  granadas  de  fragmentación  IM-26 y el segundo 34 cartuchos […]. La defensa, como viene de  verse,  plantea  a  la  Corporación  la  necesidad de valorar y privilegiar los  testimonios  de  […]  en  contraposición  al  dicho  de  De Ávila […], sin  embargo,  la  Sala  debe  restar  credibilidad  a todos ellos, pues unos y otros  resultan  avalando  la  ocurrencia  del  supuesto  operativo militar en donde se  produjo  la  muerte violenta de estos civiles ajenos al conflicto interno armado  que  azota a nuestro país, por tanto demuestran un interés en que salga avante  la  tesis del combate que no solo beneficia al comandante del grupo sino a todos  los                  complotados”.5   

Por  ende, no se demuestra cuál es el error  que  recaería  en  dichos razonamientos más allá de la mera inconformidad, se  recalca,  pues se indican los motivos por los que se le confirió credibilidad a  ciertos  acápites  del  testimonio  en  cuestión.  Así  mismo,  la recurrente  asimila  equívocamente  que  el ejercicio de apreciación probatoria depende de  factores  cuantitativos  y  no  cualitativos en punto de los elementos de juicio  aportados  a  la  foliatura,  dejando  de  lado  que  con  independencia  de  la  pluralidad  de  declaraciones que situaban a los procesados en un grupo distinto  al  que  disparó  en  contra  de  los  obitados, el alcance de tales asertos se  descartó,  según  lo  transcrito, por referirse en conjunto a la existencia de  un  enfrentamiento  armado  cuya  ocurrencia  se infirmó en las diligencias. De  ahí  que  a  esas  dicciones  se  le  restara  validez  suasoria,  al igual que  trascendencia  al  hecho de que los implicados manifestaran que el acta de gasto  de  munición  a  su nombre no fue suscrita por ellos, debido a la convergencia,  se  repite,  de  medios  de  convicción  indicativos  de esa situación, o sea,  relativos a que no hubo combate.   

De   otra   parte,   que  el  ad  quem  ubicara  a    MARTÍNEZ   GUESTER  y  LÓPEZ OROZCO bien  fuera en el  grupo  que hizo la ofensiva o en el que le prestaba seguridad, no conlleva a que  se  admitiese  la  presencia  de  incertidumbre respecto de su compromiso penal,  toda  vez  que  esa  premisa se trajo a colación para plasmar cómo decantar el  particular  era  a  la  postre irrelevante por  cuenta  de  la  distribución  de  labores, derivada de acuerdo  previo,  encaminada  a  la  producción de un resultado sabido y querido, por lo  que,  de  contera, en virtud del principio de imputación recíproca que rige la  coautoría,   éste   les   era   atribuible   con  ocasión  de  dicho  aporte.  Véase:   

“Para  la  Sala,  existe  certeza  de  la  participación  subjetiva de los condenados en estos hechos, inicialmente porque  se  evidencia  en  sus  respectivas  indagatorias  que actuaron activamente, con  dominio  del  hecho y división del trabajo criminal, sin que jurídicamente sea  trascendente  para  este  efecto  que se afirme, como en efecto lo hacen, que se  encontraban  en  la tercera escuadra la cual supuestamente brindaba seguridad al  material  de  intendencia  y  a  la  tropa;  escuadra  que por cierto tenía una  función  más  formal  que  material,  ya  que  no  se  trataba  de desarrollar  efectivamente  un  operativo  militar  capaz  de  elevar  el riesgo que conlleva  normalmente  movilizar a una tropa a un escenario de guerra, sino de una empresa  criminal  en  donde  todos responden penalmente como autores, demostrado como se  encuentra  la  esencialidad  del  aporte  que  consistió  en  participar  en la  supuesta  operación  militar, en donde prevalidos del conocimiento que se tiene  del  torcitero  desenlace  que  tendrán  los  acontecimientos,  se  dividen las  funciones,  unos  cuidan  la  parte  posterior  de  la  línea  y otros la parte  anterior,  mientras  algunos accionan las armas, finalmente todos cumplen un rol  para  el  éxito del proyecto criminal propuesto de antemano, ya que como afirma  el  Fiscal las personas que prestan seguridad al grupo que materialmente produce  la  muerte,  garantiza  no  solo que éstos no serán (sic) fastidiados mientras  accionan  sus  armas contra las inermes víctimas, sino el éxito de la supuesta  operación  pues  podrían  ser  sorprendidos en la comisión del ilícito, para  ello  se  cuenta  con  alguien  que,  por  así  decirlo,  eche aguas o sirva de  campanero  a  esos  torcidos  propósitos, función que se encuentra más acorde  con  la  realidad  que  muestra el proceso, pues en el escenario montado en esta  ocasión  por  la tropa, se reitera, no existía el menor riesgo de combate, por  tanto  de  peligro  para  ésta  o para el material de intendencia, lo que (sic)  desvela  la  inutilidad  de  su  argumento  pues los encartados no estaban allí  materialmente  para  brindar  seguridad  a  los  elementos legítimos del Estado  […]  sino a un grupo de militares desviados de los fines que le son exigibles,  que  decidieron  dar  muerte  de  forma  dolosa  a  unas  personas  campesinas y  trabajadoras                  […].6   

En  estas  condiciones,  es palmario que la  libelista  se  encarga  de  criticar  las  conclusiones de la judicatura pero no  acredita  en  ellas  un  yerro fehaciente, matizando la argumentación del fallo  atacado  para  pregonar  la  supuesta  confluencia  de duda únicamente desde su  particular  discernimiento  del  asunto.  En  ese  sentido, no tiene asidero que  predique  que  no se concretó cuál fue el rol desempeñado por sus acudidos en  los  sucesos  por  lo  que se dictó condena, ya que, según lo visto, de manera  prolija  se  analizó  con  ese  propósito  el  instituto  de  la coautoría y,  además,  no  solo  fueron  parámetros  de dogmática penal los que permitieron  arribar  a  esa  intelección  sino  también  factores  probatorios, de cara al  análisis    global    de    los   elementos   de   juicio   aportados   a   las  diligencias:   

[…]  cuando  los  procesados bosquejan un  supuesto  combate  lo  hacen  con  la  intención  de  beneficiar  a  todos  los  partícipes  y  no  solo  al  S.T.  Carlos  Andrés  Vergara Mejía, a quien han  pretendido  presentar  como  el  único  responsable  por  ser el director de la  supuesta  operación militar, derivado de su condición de comandante del grupo,  siendo  esto  cierto  como  innecesario,  pues  si  el  teniente  es  el  único  responsable  de  este  desaguisado, porqué poderosa razón los militares que lo  acompañaban,  quienes  hoy  responden  como  coautores materiales del delito de  homicidio  en  persona  protegida,  elaboran en sendas indagatorias una coartada  para  ocultar  lo  sucedido,  sino es porque evidentemente participaron en estos  hechos,  con  conocimiento y voluntad, ya que la regla general de la experiencia  nos  enseña que nadie se involucra en un delito de otro, mucho más si se trata  de  conductas tan graves como la presente […] todo lo cual permite estructurar  en  contra  de  éstos el indicio grave que denominaremos de las manifestaciones  posteriores   al  delito,  el  cual  valorado  en  su  conjunto  con  la  prueba  testimonial,  técnica  y pericial, antes reseñada, que excluye a las víctimas  del  conflicto  armado  y de forma razonable explica la participación subjetiva  de  los  recurrentes  en  estos  hechos,  ofrecen a la Sala certeza acerca de la  materialidad  de  la  conducta  de  homicidio  en  persona  protegida  y  de  su  responsabilidad   dolosa   en   estos   hechos”.7   

Por  consiguiente,  se  insiste,  el  error  invocado  se  verifica  cuando se distorsiona el contenido material de la prueba  en  forma  tal  que no hay identidad entre lo que materialmente dice y lo que el  juzgador  manifiesta de su texto, haciéndole producir efectos que no se derivan  de  ella,  y  no  por  discrepar  de  la  credibilidad  que  le  fue conferida o  negada (CSJ SP, 02 May 2003,  Rad. 12701), como aconteció en este evento.   

Aunado  a  lo  anterior, tampoco aparece una  conceptualización  que  acredite la hipotética repercusión que ostentaría el  pregonado  yerro,  toda  vez  que, en gracia a discusión, aun admitiendo que el  testimonio  del  soldado  De  Ávila se tergiversó en la valoración agotada en  las  instancias,  no se acomete un estudio consistente que, incluyendo las otras  pruebas  sobre  las  cuáles  no se reputa ningún tipo de error (que lo serían  las  injuradas  de los procesados, empleadas por el ad  quem  para  elevar  juicio  de reproche en su contra),  muestre  sin  dubitación  alguna  que  éstos  se  hallaban  al margen del plan  criminal  ideado  para  ultimar  a humildes labriegos con el fin de presentarlos  como  bajas  operacionales,  en  el entendido de que en indagatoria LÓPEZ  OROZCO  adujo  un  intercambio  de  disparos    y    MARTÍNEZ    GUESTER   expresó  su  desacuerdo  con la maniobra militar desplegada el día  de   marras;   circunstancias   traídas   a   colación   por  el  ad                 quem8 para  robustecer  sus reflexiones, transcritas en precedencia, y acerca de las cuales,  se subraya, ninguna mención se realiza en la censura.   

3.   Recapitulando,   se   tiene   que  el  cargo  único  postulado bajo  la  égida  del  error de hecho por falso juicio de identidad está cimentado en  premisas  subjetivas  y descontextualizadas que esboza la censora a partir de la  mera  disidencia  que  le  genera  la  apreciación  probatoria  plasmada  en la  sentencia  atacada,  siendo  esta  divergencia  inane  para  evidenciar un vicio  susceptible   de   ser  enmendado  a  través  del  recurso  extraordinario.  En  consecuencia,  al  carecer  la  demanda  de  casación del sustento conceptual y  argumentativo      propio      de      esta     sede,     será     inadmitida.   

CASACIÓN   OFICIOSA  

Ha venido considerando la jurisprudencia de  la  Sala  que  en  aras  de  los  axiomas de  pronta y eficaz administración de justicia, una vez inadmitida  la  demanda  de casación pero advertida una irregularidad que atenta contra las  garantías  de  los  derechos  fundamentales, se impone, sin necesidad de correr  traslado  al  Ministerio  Público,  el  deber  de  subsanar  el yerro de manera  inmediata   para   así   reparar   el   agravio  inferido,  máxime  cuando  la  Constitución  y la ley le asignan a la Corte Suprema de Justicia la función de  efectivizar  el derecho material (CSJ SP, 12 Sep 2007,  Rad.   26967).   

Ello   se   menciona  atendiendo  que  la  Corporación  advierte  del estudio del expediente la violación al principio de  legalidad  de los delitos y  las  penas, como quiera que el sentenciador de primera  instancia    al   fijar  la  sanción  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas lo hizo en un término superior contemplado en  los   artículos   51   y   135   del   Código  Penal,  esto  es,  veinte  (20)  años,9  inconsistencia  de  la  cual  tampoco  se percató el ad quem.   

El  principio  de legalidad de las penas es  una  garantía  fundamental  que constituye un baremo al poder sancionatorio del  Estado,    en    la   medida   que   “nadie podrá ser juzgado sino conforme a  las    leyes   preexistentes   al   acto   que   se   le   imputa”.10  Por tanto, la  Corte  procederá a casar de modo parcial la sentencia  en  el  sentido  de ajustar  la  aflicción en   comento  a  dicho  guarismo,  es  decir,  a  doscientos  (240)  meses.   

Valga    aclarar    que   la   decisión  impugnada,  en  los  demás  aspectos  que  no  fueron  objeto de modificación,  permanecerán  incólumes.    

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:              INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada          por          la          defensora     de  HILIAR   ENRIQUE   MARTÍNEZ   GUESTER   y  DARWIN  JOSÉ LÓPEZ OROZCO.   

SEGUNDO:      CASAR      DE      OFICIO     Y  PARCIALMENTE  el  fallo  recurrido,  en  el sentido de  fijar  la  pena  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  impuesta  a  los  procesados  por  el término de doscientos cuarenta  (240) meses.   

TERCERO: PRECISAR que la  determinación  del  ad quem  se  mantiene  incólume  en  todos  los  demás aspectos que no fueron objeto de  modificación.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso   

Cópiese, comuníquese y cúmplase  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.   Folio   42  y  siguientes  cuaderno  original  4   

2  Cfr. Fl. 109 y s.s ibídem   

3  Cfr. Fl. 94 y s.s c.o 5   

4  Cfr. Fl. 6 y s.s cuaderno Tribunal   

5  Cfr.  Fl.  70 y s.s. sentencia de segunda instancia /  Fl. 75 y s.s cuaderno Tribunal, resaltado en el texto   

6  Cfr. Fl. 72 / Fl. 77 ibídem   

7  Cfr. Fl. 75 / 80 ídem   

8  Cfr.  numeral  25 del fallo de segunda instancia, Fl.  75/ Fl. 80 ídem   

9  Respecto  de  este  último precepto, no hay lugar al  incremento  punitivo introducido por la Ley 890 de 2004, en virtud del principio  de legalidad.   

10  Código Penal, artículo 6     

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