AP5325-2016(46510)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado ponente  

AP5325-2016  

Radicación N° 46510  

(Aprobado Acta No. 263)  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de agosto de dos  mil dieciséis (2016).   

                                              ASUNTO   

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  revisión presentada por Rubén Darío  Ruiz  Berrio,  a  través  de  su  apoderado judicial,  contra  la  sentencia  proferida  por la Sala Penal del Tribunal Superior de San  Gil  que  confirmó  la de primer grado emitida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  Villavicencio,  que  lo  condenó por las conductas  punibles  de  secuestro  simple  agravado,  concierto  para delinquir agravado y  constreñimiento ilegal.   

HECHOS  

Fueron   compendiados   por   la  Sala  en  oportunidad anterior en los siguientes términos:   

“1.Desde el año  2003  el señor Rubén Darío Ruiz Berrío ejercía como personero del municipio  de  El  Castillo (Meta). El 7 de enero de 2004 se reunió el Concejo Municipal a  efectos  de  elegir  el  nuevo  funcionario,  inclinándose  la mayoría por una  mujer,  pero  el señor Ruiz Berrío hizo comparecer a su despacho al presidente  de  la  colectividad  y, bajo expresas amenazas por parte de dos hombres armados  pertenecientes  a  las  denominadas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, hechas  tanto  al presidente como a los demás ediles, logró que se votara a su favor y  fue reelegido en el cargo.   

2.  El  9  de  mayo  de  2005,  en la misma  localidad,  la  señora  Consuelo Camacho Barreto fue abordada por un integrante  de  las  AUC  que le pidió dirigirse a la población de Medellín del Ariari de  forma  inmediata,  lugar  en  el  cual varios hombres del grupo armado ilegal la  condujeron  a  un  sitio denominado La Cima y quien dijo ser el “comandante”  le  hizo saber que la iban a  matar  porque  el  personero  Ruiz Berrío les había informado que la mujer era  quien  denunciaba  a  los  ilegales  ante  el programa de derechos humanos de la  Presidencia de la República.   

Al   cabo  de  algunas  horas,  ante  las  explicaciones  y  súplicas  de la víctima, el “comandante” desistió de su  propósito  y  le  entregó un papel que -dijo- Ruiz Berrío le había allegado,  en  el  cual  con  puño  y  letra  de  este aparecía el nombre de la mujer. El  “comandante”  agregó  que  él  no  mataba  a  gente inocente e instó a la  señora    Camacho    Barreto,    dejándola    ir,    a   que   denunciara   al  personero.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  El  9  de  noviembre de 2010, el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de Villavicencio condenó a Rubén  Darío  Ruíz Berrio a las penas de prisión por el término de 225 meses, multa  de  900  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción  de derechos y  funciones  públicas por 20 años, por los delitos de secuestro simple agravado,  concierto para delinquir agravado y constreñimiento ilegal.   

2. Recurrido el fallo, una Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  San  Gil,  a quien el Consejo Superior de la  Judicatura le asignó el asunto, la confirmó.   

3.  El  defensor  del  condenado demandó la  sentencia  del  Tribunal en casación, recurso que fue resuelto el 27 de febrero  de  2013  inadmitiendo la demanda y casando parcialmente y de manera oficiosa la  sentencia,  exclusivamente, para dejar en 14 años 3 meses las penas de prisión  e    inhabilitación    para    el    ejercicio    de   derechos   y   funciones  públicas.   

4.  El  24  de  julio  de  2015,  mediante  apoderado,  Rubén Darío Ruíz Berrio interpuso demanda de revisión, que ahora  ocupa la atención de la Corte.   

5.  Los  Magistrados  José Leónidas Bustos  Martínez,  José  Luis  Barceló  Camacho,  Fernando  Alberto Castro Caballero,  Gustavo  Enrique Malo Fernández y Luis Guillermo Salazar Otero, solicitaron ser  apartados   del  conocimiento  del  presente  trámite  por  haber  suscrito  la  decisión  que  inadmitió  la  demanda  de  casación  y  casó parcialmente la  sentencia  del  Tribunal;  impedimento  que  fue  aceptado  por la Sala mediante  providencia de la fecha.   

LA DEMANDA  

Con fundamento en la causal 3ª del artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000, el actor demanda la revisión de las sentencias  emitidas  en  primera  y  segunda  instancia  de  9 de noviembre de 2010 y 17 de  agosto   de  2012,  respectivamente,  que  lo  condenaron  por  los  delitos  ya  reseñados.   

Luego de presentar un recuento de los hechos,  de  la actuación procesal, los fundamentos que tuvieron los juzgados de primera  y  segunda  instancia  para  emitir los fallos condenatorios, sustenta el libelo  señalando  que  posterior  a  la  emisión  de las sentencias surgieron pruebas  nuevas  no  conocidas al tiempo de los debates, concretamente, las declaraciones  rendidas  ante  Notario Público, en dos oportunidades, por el anterior defensor  del  procesado  Octavio  Cumbe  Trujillo  y  la declaración libre y espontánea  rendida   por   Jhawer   Arles   Lobatón   Gil  ante  el  mismo  abogado  Cumbe  Trujillo.   

Afirma  que  con  estas pruebas se mutan los  hechos  tenidos  como  verdad  en los fallos de instancia, fundados en que Ruíz  Berrio  tuvo acuerdo o connivencia con el grupo de paramilitares que operaban en  el  municipio  de El Castillo, Meta, y que dos de los integrantes de la facción  armada  coaccionaron a miembros del Concejo Municipal de la misma localidad para  que  lo reeligieran en el cargo de Personero Municipal, y, además, dio la orden  de secuestrar y matar a Consuelo Camacho.   

Refiere  que  posterior  a  los  fallos  de  instancia,  el  defensor identificó y ubicó al comandante del grupo armado que  operaba  en  la región del Ariari, Jhawer Arles Lobaton Gil, quien le narró la  verdad  de los acontecimientos, la ajenidad de Rubén Darío Ruíz en los mismos  y  la  manipulación  que de la realidad histórica hizo Consuelo Camacho con el  ánimo de vengarse del sentenciado.   

Entonces, como el señalado ex comandante del  grupo   paramilitar   “ha   manifestado   que  las  sindicaciones  en  contra  de  RUBÉN DARÍO RUÍZ BERRÍO sobre tener relación  directa,  recibir  apoyo,  pertenecer  o  haber sido apoyado por miembros de las  autodefensas  en  cualquier  forma,  son falsas ya que nunca tuvieron tratos con  él,  luego  fuerza  es  concluir que las supuestas presiones para ser reelegido  como  Personero  con  el  respaldo  de  dos  paramilitares  es falso”1,  lo  mismo  que  el  secuestro de Consuelo Camacho, ya que el jefe  paramilitar  narró  que fue ella quien concurrió hasta la vereda el Dorado del  municipio  de  Medellín del Ariari, lugar donde tenía asiento el grupo armado,  manifestando  que  sabía  que  el Personero Municipal la había denunciado ante  ellos y había dado la orden para que la secuestraran y mataran.   

De   esta  manera,  la  intervención  del  procesado   en   los   delitos   por   los  que  fue  condenado  “resultan  desmentidos  y  desvirtuados por JHAWER ARLES LOBATON GIL  alias  “Colacho”  en  su  condición  no solo de Comandante de las AUC de la  zona  sino  en  su  condición  de  testigo  directo de la presencia de CONSUELO  CAMACHO      en     la     reunión     de     paramilitares…     ”2.   

Con  esta  declaración  se  “destruye  los  cimientos  y pilares que sirvieron para sustentar la  sentencia  condenatoria  que  hoy  lo  tiene  en prisión… este aporte ex novo  tiene  tal  valor que modifica sustancialmente el juicio positivo de valoración  probatoria   que   se   concretó   en   la  condena  del  procesado”3.   

A  partir de estas consideraciones, solicita  que  se admita el libelo, se declare fundada la causal invocada y se emita fallo  rescindente  absolviendo  a  Rubén  Darío  Ruiz de los delitos por los que fue  condenado.   

Subsidiariamente, pide que se retrotraiga la  actuación  a  la  etapa  instructiva  y se orden la libertad inmediata de Ruíz  Berrio.   

CONSIDERACIONES  

1.  Como  quiera  que  el  caso que ocupa la  atención  de  la  Sala  se  tramitó  y decidió con fundamento en el modelo de  enjuiciamiento  regulado  en  la  Ley 600 de 2000, el procedimiento aplicable en  materia de revisión es el establecido en ese estatuto.   

2. La Corte es competente para conocer de la  demanda  de  revisión presentada por el apoderado de Rubén Darío Ruíz Berrio  de  conformidad  con lo establecido en el numeral 2º del artículo 75 de la Ley  600  de  2000,  ya  que  se  promueve contra providencia dictada por un Tribunal  Superior de Distrito Judicial.   

3.  La  acción  de  revisión  ha  sido  concebida  como  un  mecanismo  procesal  a  través  del cual se busca la invalidación de una providencia que,  no  obstante,  haber  adquirido  ejecutoria  material  y  hecho tránsito a cosa  juzgada,  de  ella  resulta  razonable  predicar  que  conlleva  un contenido de  injusticia material.   

Desde la decisión  adoptada        en       CSJ       AP,  27    Oct  1993,  reiterada en CSJ AP,     24  Abr   1997,       Rad.       11886,              tiene dicho la  Corte    que  se  trata de  “un   instrumento   de  garantía  que  otorga  el derecho a quien considere fundadamente que el fallo o  la  decisión  definitiva  que se haya emitido merece ser revisada para que, una  vez  ceda  el  principio  de  la  cosa  juzgada,  pueda  la  misma jurisdicción  ordinaria  corregir  el  error que se pudo haber cometido, por cualquiera de las  causas     señaladas    taxativamente    en    la  ley.   

Siendo  la cosa juzgada también una de las  garantías  procesales  más  importantes  que permite considerar a determinadas  decisiones  judiciales definitivas, dando así seguridad debida a las mismas, se  entiende  por qué una acción de revisión sea tan exigente, pues se trata nada  menos  de  buscar  con  ella  la  supresión  de  los efectos de la cosa juzgada  judicial.  Se  impone,  por consiguiente, la cuidadosa selección de la causal y  fundamentalmente  la  de  las pruebas en que ésta se funda; es un nuevo proceso  en  donde  el  objeto  cuestionado  es  la  decisión  que hizo tránsito a cosa  juzgada,  porque  al  pretender  su  remoción  con  la  demostración del error  planteado  se  busca  que  la  administración de justicia inexorablemente tenga  como soporte siempre la verdad real”.   

Dado  el  carácter  excepcional  de  esta  acción,  a  la  Corte  le  corresponde  verificar  que el demandante cumpla los  requisitos  que  el legislador consagró como mínimos en el artículo 222 de la  Ley  600  de  2000,  lo  mismo  que la configuración cierta e inequívoca de la  causal  invocada,  pues  no  se  trata  de  revivir  debates  concluidos  en las  instancias.   

          Esa  exigencia  de demostración del motivo expresado en la demanda,  conforme  lo  ha  sostenido  la  Sala  (CSJ AP, 25 Mar 2015, Rad. 43681), radica  exclusivamente  en  el  interesado,  considerando  que  se trata de un mecanismo  procesal  rogado,  de  modo  que  no  le  está  permitido  al  Juzgador ejercer  oficiosamente  facultades  probatorias  dirigidas  a  confirmar  o  descartar la  causal aducida por el libelista.   

         

4.  En  este  orden  de ideas, atendiendo al  artículo   222   ibídem,  constituyen  presupuestos formales para la admisión de la demanda: i)  se  determine  la actuación procesal  cuya  revisión  solicita,  con  la  concreción  del  despacho que profirió el  fallo;  ii)  el  delito  o  delitos     que     motivaron     la     actuación    procesal;    iii)  la  causal  que  se  invoca  y  los  fundamentos  de  hecho  y  de derecho en que se apoya la solicitud; iv)  la  relación  de  las  pruebas  que  fundamentan  la petición; v)  el  aporte  de  copia  de  las  sentencias  de  primera y segunda instancia y de  casación,   según   el   caso;  y,  vi)  constancia  de  su  ejecutoria,  exigencias  frente  a  las cuales  ninguna objeción admite la demanda instaurada.   

5.  Ahora,  con  relación  a  la  causal de  revisión  prevista en el numeral 3° del artículo 222 en cita, invocada por el  demandante  por  la  aparición  de  pruebas  nuevas,  se  tiene  dicho por esta  Corporación   que  el  interesado  debe  sustentar  la  pretensión  en  medios  cognoscitivos   de  naturaleza  documental,  pericial,  testimonial  o  de  otra  índole,  que  no  hayan  sido debatidos en el juicio, que el accionante no haya  tenido  conocimiento  de  su  existencia,  o  que teniéndola, no haya estado en  condiciones de aportarla.   

Con relación al concepto de prueba nueva se  ha     dicho     reiteradamente     por     la     Corte     que    “(…)    es,   en   cambio,   aquel  mecanismo    probatorio    (documental,   pericial,  testimonial)  que  por  cualquier  causa  no se incorporó al proceso, pero cuyo  aporte  ex  novo tiene tal valor que podría modificar sustancialmente el juicio  positivo   de   responsabilidad  penal  que  se  concretó  en  la  condena  del  procesado.  Dicha  prueba  puede  versar sobre evento  hasta  entonces  desconocido  (se  demuestra que fue otro el autor del delito) o  sobre  hecho  conocido ya en el proceso (muerte de la víctima, cuando la prueba  ex  novo  demuestra  que  el agente actuó en legítima defensa), por manera que  puede  haber prueba nueva sobre hecho nuevo o respecto de variantes sustanciales  de   un   hecho   procesalmente   conocido   que   conduzca  a  la  inocencia  o  irresponsabilidad del procesado.   

   

No  se  dará,  desde luego, esta causal de  revisión,  cuando  el  demandante  se limita a enfocar de otra manera hechos ya  debatidos  en  el  juicio  o pruebas ya aportadas y examinadas en su oportunidad  por   el   juzgador,   pues   en  tales  casos  lo  nuevo  no  es  ni  el  hecho  naturalísticamente  considerado,  ni la prueba en su estructura jurídica, sino  tal  vez el criterio con que ahora los examina el demandante, y no es eso lo que  la    ley    ha   elevado   a   la   categoría   excepcional   de   causal   de  revisión”.(CSJ  AP,  25  Abr 2012, Rad. 34646).   

En  este  orden de ideas, la admisión de la  demanda  está  sujeta a que los elementos de conocimiento que sirven de soporte  a  la  pretensión  revisionista,  además de novedosos, resulten trascendentes,  esto      es,      que      su      «naturaleza  y  capacidad  suasoria… debe ser de tal consistencia,  que  permita la formación de un juicio distinto, en punto de la responsabilidad  penal   declarada   en   la  sentencia». (CSJ AP, 9 Mar 2015, Rad. 43325.)   

5.1  Acorde  con  la definición legal de la  causal  en cuestión, resulta necesario que el actor satisfaga tres presupuestos  básicos,  así:  uno,  que  la demanda se dirija contra sentencia condenatoria,  dos,  que  posteriormente a su ejecutoria emerjan hechos nuevos o pruebas nuevas  no  conocidas  al  tiempo  de  los debates, y, tres que los hechos que se aducen  como  desconocidos  o  las  pruebas  que se presentan como nuevas, demuestren la  inocencia  del  procesado,  o  tornen  cuestionable  la  verdad  declarada en el  fallo.   

En el asunto bajo  estudio  ninguna  duda  se advierte sobre el     cumplimiento     de     las    dos    primeras    exigencias  reseñadas,   pues   la  decisión  que  se  pide  revisar  es  una  sentencia condenatoria, y     las  pruebas   referidas  como  nuevas no hicieron    parte    del    acervo    aportado   en   el        proceso       respectivo.   

Sin   embargo,   no   ocurre   lo   mismo  con  relación  al  tercer  requerimiento,  por  lo  que la inadmisión de la demanda se impone. Las razones  son las siguientes:   

5.1.1 Inicialmente  debe   señalarse  que  la  “VERSIÓN    LIBRE    Y   ESPONTÁNEA”  de Jhawer  Arles  Lobatón  Gil,  sobre  la  cual se estructura   realmente  la  pretensión  rescisoria,   adolece  de  idoneidad   demostrativa  al     no     haber  sido recaudada  ante una  de  las  autoridades  facultadas  para  ello, con el  lleno   de   las   exigencias   legales,             “en  razón  al compromiso de verdad  que   esta   ritualidad   presupone”  como  lo  ha  precisado  la Sala en CSJ  AP,     10     Dic  2014,      Rad.  37502        y        CSJ       AP,  25 May 2015, Rad.45725.     

Esta  exigencia  fue  acogida      por      la     Corte  en  CSJ     AP,     15  Oct  2008, Rad. 29626 al  sostener  que  “Aunque  cualquiera  de  las  categorías  comprendidas  dentro  del  concepto  de medios  cognoscitivos  es  teóricamente  apta  para  promover  la acción de revisión,  en   tratándose   de   elementos  de  juicio  como  declaraciones   o  entrevistas,  es  importante  que  hayan  sido  recaudadas  o  ratificadas  bajo juramento ante las autoridades autorizadas por el Código, con  el  fin  de  que sus fuentes adquieran vinculación legal con los compromisos de  verdad   y  lealtad  procesal,  y  que  la  pretensión  se  torne  sumariamente  seria”.(Las  negrillas  no        aparecen        en        el        texto       original.)       

El   accionante   presentó   con   la  demanda,  a  título  de  prueba      nueva,  la  “VERSIÓN  LIBRE  Y  EXPONTANEA”  que Jhawer  Arles    Lobatón    Gil    le   entregó   al  anterior  defensor del procesado, por petición suya,  conforme   lo   indicó  el  abogado  en  la declaración que rindió ante el  Notario  57  del  Circulo  de  Bogotá  el  14  de  julio  de 2015, y    como    lo   expresó   el   mismo   Lobatón   Gil   en   la  versión.   

Nótese,   entonces,   que   la   prueba  ex    novo   no   fue  practicada   por   autoridad   judicial   alguna,  con  las  formalidades  y  advertencias  previas  que  impone  la  Ley  para  esta clase de manifestaciones  testificales,   pues  no  obstante  que  se  le haya  etiquetado  como  versión  libre  y  espontánea,  contiene manifestaciones que  involucran  o  eximen  a  terceras  personas  de los  hechos  que  fueron  investigados  y  juzgados  en  las  instancias procesales,  razón  por  la  cual  se  impone  su recaudo formal,  omisión   que   conspira   seriamente  contra       la       admisión       del       libelo.   

5.1.2 Además, y  de  aceptarse  la  aptitud probatoria de la versión allegada por el demandante,  como    se   indicó   previamente,   no   resulta  suficiente  presentar  una  prueba  nueva  para dar  por     acreditada     la     causal     y     en  consecuencia  permitir  la apertura a trámite de la  acción     de     revisión,    pues,         se        reclama          también    que    el   medio   de  conocimiento  novedoso   tenga   la   capacidad  demostrativa suficiente para  derruir las conclusiones  probatorias  a  las  que  se llegaron en   los  fallos  demandados,    así   como   el   contenido   de   justicia     allí     contenido,     al     punto     que  haga  emerger de inmediato la idea  que  se  condenó  a un inocente, o que se          sancionó          a          un          inimputable como imputable,     condiciones     que     la     Corte     no     avizora  en  la  versión  aportada en  el   caso   de  estudio.   

Ciertamente,   Jhawer   Arles   Torres  Gil       hizo  mención  a dos aspectos  puntuales      en      su      declaración    libre:   i-  conoce  al   procesado  Rubén  Darío Ruíz Berrio pero  con  él  no  tuvo  trato  alguno    en   su   condición   de   comandante  del  grupo de autodefensas  que    hacía    presencia    en   el   municipio   de   El   Dorado,  departamento  del  Meta   y,  ii-  para   el   mes   de   mayo   de   2005,  Consuelo  Camacho hizo presencia en  zona  rural del  municipio  de  El  Dorado donde se  encontraba  reunido  con  los  demás  miembros  de la organización,             afirmando que sabía que Rubén Darío  la  había  denunciado  ante  ellos  y  había  dado  orden al grupo para que la  secuestraran   y   mataran,  ante  lo  cual,  previa  verificación  con  sus  acompañantes, le manifestó  “que  en  contra  de  ella  no había nada, que el  personero  no  tenía trato con nosotros,        que        se       fuera       de       ahí…”.   

En  cuanto  al  primero     de     los     hechos    referido   por  Lobatón  Gil  ninguna  novedad  aporta, pues los  jueces   de   instancia   se   ocuparon    del  estudio  de  la  posible  vinculación  del  procesado  con  la  organización  criminal  –  AUC  –  a  partir  de  las  declaraciones que presentaron varios  integrantes      del      mismo     grupo         armado,  quienes  aseguraron la ajenidad del  procesado con la organización y sus miembros.   

En efecto, en la  sentencia  de segundo grado el Tribunal se pronunció  sobre este aspecto en los siguientes términos:   

“El condenado  asegura  que  no  es cierto de sus presuntos vínculos con los paramilitares, es  más  que  existen  dentro del expediente diferentes declaraciones de quienes si  son  integrantes  o  desmovilizados  de  dicho  grupo  armado  y enuncian que ni  siquiera  lo  conocen,  a saber señala HEYMER ANTONIO PULGARIN CÁRDENAS (folio  225  cuaderno  2),  ASTOLFO  SEGUNDO  POLO  ESPITIA4,  MAURICIO DE JESUS ROLDAN y  JAVIER  DOMINGO  ROMERO era RUFO O NUQUE TORCIDO, este último afirma que conoce  todos  los  datos  de la muerte del Concejal ALIRIO BELTRAN porque fue efectuada  por  ese  grupo,  pero  al requerirlo para  su  exposición  manifiesta que esa información solo la dirá  cuando  este en el procedimiento ante Justicia y Paz, pero de la unión de estas  versiones      se      puede      direccionar     la     investigación  de  responsabilidad  sobre  alias  JULIAN,  como  autor  material  de  la aniquilación, sin embargo reportando una  denuncia  por parte de una personalidad de El Castillo, lo que a unísono por lo  expuesto  por  la  cónyuge  sobreviviente del edil y los demás integrantes del  concejo, la queja fue puesta por el procesado.”   

Entonces,  no  obstante  que  en  el  juzgamiento  se aportó prueba  testimonial  de varios integrantes de esa facción armada de las AUC que negaban  la  militancia  del procesado en la misma,        los        juzgadores  de  instancia no acogieron  sus   manifestaciones,  pues  los  demás  elementos  de  juicio,  valorados  en  conjunto,  les  permitió llegar a la demostración cierta de su contubernio con  el  grupo  armado,  por  lo  que se itera, la prueba  nueva  ningún  evento  novedoso  aporta,   como   tampoco   ofrece   una   variante   sustancial   frente  a     este    hecho  procesalmente conocido.   

Con relación al segundo tema sobre el que  declaró   Jhawer   Arles   Lobatón,  evidente   resulta   el  propósito   del   actor  en   promover  un  nuevo  debate      probatorio  con  el fin de demeritar  el  valor suasorio de la declaración  vertida   por  Consuelo  Camacho,       víctima      directa      de      la      retención,  pretensión  que desde luego escapa  al cabal entendimiento de la causal invocada.   

En  este  punto  concreto  cobra importancia  reiterar,  que  la  prueba  que  se presente para buscar la rescisión del fallo  debe   tener   la   capacidad   suficiente  de  abatir  el  juicio  positivo  de  responsabilidad  realizado por los juzgadores de instancia, pues “La  Corte  ha sido insistente en sostener que la prueba ex novo que  se   aduce   para   probar  los  hechos  básicos  de  la  causal,  debe  enervar  ab  initio  el  juicio  positivo de responsabilidad  realizado  por  los  juzgadores  de  instancia,  en grado tal, que haga nacer de  inmediato   la   idea   de   que   se   declaró  penalmente  responsable  a  un  inocente  o  que  se  condenó  a un inimputable como  imputable”.   (CSJ   AP,   23   Nov   2011,   Rad.  34716.)   

No  se  trata  entonces  de  confrontar  las  pruebas  vertidas  en  las  oportunidades  legalmente  previstas  en el trámite  normal  del  proceso  con  la que se presenta en esta instancia excepcional como  prueba,    pues    ello    equivaldría   a   reabrir   una   fase   ampliamente  superada.   

En este orden, la prueba aportada en el caso  sub  judice dista de reunir  estas  condiciones,  si  en  cuenta  se  tiene  que  la condena por el delito de  secuestro  no  se  apoyó exclusivamente en la declaración de Consuelo Camacho,  también   se   soportó  en  otras  pruebas  testimoniales,  concretamente  las  declaraciones   de   Eufemiano  Camacho  y  Marleny  Camacho,  quienes  dieron cuenta de las circunstancias que rodearon la       aprehensión  de  aquella  y su traslado el campamento paramilitar,  pruebas que  no logran ser desvirtuadas con la versión aportada como novedosa.   

En el fallo de segundo grado el Tribunal se  refirió  a  la  prueba de la materialidad del secuestro en el siguiente aparte:  “Véase como en declaración de EUFEMIANO CAMACHO y  su        hija        MARLENY        CAMACHO5,   confirman  lo  dicho  por  CONSUELO  en  relación  con el secuestro que ocurrió el 9 de mayo de 2005 y el  acoso  a  la  que  se  vio sometida por el desdén de RUBEN DARIO, versiones que  como  se  dijo son diáfanas, concordantes y concluyentes entre sí, lo que a la  luz  de  los  postulados  de  la sana crítica y la experiencia revelan el hecho  materializado     del     secuestro.”6   

Olvidó  el  actor  que  es tarea del demandante exponer de manera razonada de qué manera la  prueba  aportada  ex novo  tiene  la  virtualidad  de  derruir el juicio de responsabilidad al que llegaron  las  instancias,  sin  desconocer  los  demás medios de prueba aportados en los  estadios  procesales  anteriores,  pues de lo que se  trata  es  demostrar  que  la  prueba  aportada  con  el  carácter  de novedosa  establece  la  inocencia  del condenado.   

Y  con  relación  a  las  declaraciones  rendidas  por  el  abogado  Cumbe  Trujillo  Octavio,  presentadas  también como prueba ex novo,  su  aptitud probatoria no satisface  las  expectativas  que  se  reclaman  para  derruir la intangibilidad de la cosa  juzgada de las sentencias demandadas.   

En  su primera exposición, rendida el 19  de   febrero   de   2015,   relató   que  en  su  condición  de  defensor  del  procesado,  y por petición de éste, se entrevistó  con  un  ex  integrantes  de las AUC, quien dijo llamarse Javier Domingo Romero,  alias  “Rufo”  y  que  su  comandante  era  alias  “Colacho” de apellido  Lobatón,  detenido  en  la  penitenciaria de Espinal, Tolima, y al interrogarlo  sobre  el  secuestro de Consuelo Camacho Barreto le manifestó que “eso no era  verdad”,  que  estaba  dispuesto  a  declarar  bajo juramento como lo hizo ante Justicia y Paz  donde  fue  interrogado sobre ese  presunto   secuestro   y   ante   quienes  señaló  que  fue  la  víctima  la  que arribó “de        repente”     en     un     vehículo  tipo  “campero”  a la vereda Mesetas del municipio  El   Dorado   donde   se  encontraban  reunidos           con          su          comandante,  a  quien  la  mujer abordó directamente para darle quejas del  Personero  Municipal  Rubén Darío Ruíz Berrio,  siendo      despedida     por     alias            “Colacho”  al  establecer  que  no  la  requerían,  instándola para que denunciara al funcionario ante la Fiscalía  General de la Nación.   

En    la    segunda    declaración  jurada,  de  fecha  14 de julio de 2015,   el   abogado  indicó  que  con la información obtenida de alias “Rufo” ubicó  a  alias  “Colacho”, quien  responde    al    nombre    de   Jhawer   Arles   Lobatón   Gil,   quien  aseguró  haber  sido  el  comandante  de  las  AUC, bloque  Ariari,  desde  enero de  2005,  a quien interrogó sobre el secuestro   de   Consuelo   Camacho  Barreto,  consignando  en  su  declaración un recuento de las  manifestaciones  dadas  por Lobatón Gil y  que  corresponden  a  lo  esbozado  en  la  “Versión libre y  espontánea” ya referida.   

Es   evidente   entonces,   que   las  declaraciones  juramentadas  del  abogado Cumbe Trujillo Octavio sólo acreditan  la  labor  de  indagación  cumplida por él con posterioridad a la culminación  del  proceso  penal,  sin  que  aporte  conocimiento  directo alguno    sobre    los   hechos   conocidos  procesalmente  que  demuestren  la  inocencia  de su  prohijado en las conductas punibles por las que fue condenado.   

Es  más, se limita a señalar, a modo de  resumen,  las  manifestaciones  que  obtuvo  de alias “Rufo”, Javier Domingo  Romero,  quien  fue  testigo en el proceso penal como se evidencia claramente en  la  sentencia del Tribunal (Folio 86 de la demanda), y de Jhawer Arles Lobatón,  en  su  posible  condición  de comandante del grupo de autodefensas que hacían  presencia en la región del Ariari.    

Por   todo   lo  anterior,  como    quiera    que   la  demanda no  satisface los  requerimientos  normativos mínimos  para   su   admisibilidad,   no  cabe  otra        alternativa       que  inadmitirla   como  en  efecto se hará.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de revisión presentada por el apoderado de Rubén Darío Ruíz Berrio,  conforme lo expuesto en la parte motiva de esta providencia.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

PATRICIA  SALAZAR  CUELLAR

Magistrada   

FABIO ESPITIA GARZÓN  

Conjuez  

JULIO  ANDRÉS  SAMPEDRO ARRUBLA   

Conjuez  

RICARDO POSADA MAYA  

Conjuez  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  Folio 6 de la demanda.   

2  Cfr. Folio 17 de la demanda.   

3  Folio 19 ibídem.   

4  Ver folio287 cuaderno 2.   

5 Ver  folios 120 y ss, 131 y ss del cuaderno 3.   

6 Folio  72.     

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