AP4218-2016(45779)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP4218-2016  

Radicación N° 45.779  

(Aprobado Acta Nº 194)  

Bogotá D.C., veintinueve (29) de junio de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por el defensor de AIMER ROMERO CASAS, contra la sentencia del 23 de  enero  de  2015,  proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Bogotá.   

I. HECHOS  

                    En  el  lapso  comprendido  entre 2010 y enero de 2012, en el barrio  Dindalito    -localidad   de   Kennedy-  de  Bogotá  operó una organización delincuencial autodenominada  “Los  Paisas”, dirigida  por  HÉCTOR  JAIRO BELTRÁN AGUILERA, alias Caballo, y HÉCTOR BASTOS, dedicada  a  la  extorsión  de  comerciantes  del  sector.  Los  integrantes  de la banda  exigían,   mediante   constreñimiento,   el  pago  de  cuotas  semanales  para  “proveer”  de  seguridad a la zona. Inclusive, en ese contexto se dio muerte  a dos tenderos.   

          La   estructura   criminal   estaba   compuesta   por  cobradores  y  “campaneros”.  Éstos  eran  los  encargados  de esperar fuera de los establecimientos de comercio para  vigilar  mientras  aquéllos  obtenían  el botín extorsivo. AIMER ROMERO CASAS  integró    ese    grupo    delictivo    y   participó   como   “campanero” en diversos actos extorsivos  ejecutados  sobre  los  propietarios  de la panadería Sinaí y del supermercado  Coratiendas.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  los  referidos hechos, en audiencia del 1º de febrero de 2012,  celebrada  ante  el  Juzgado  67  Penal  Municipal  con  Función  de Control de  Garantías  de Bogotá, luego de legalizarse la captura ordenada previamente por  juez  homólogo, la Fiscalía imputó a AIMER ROMERO CASAS, en calidad de autor,  la  posible  comisión  de  los delitos de extorsión agravada, en concurso real  homogéneo,  y  concierto  para  delinquir agravado (arts. 31 inc. 1º, 244, 245  nums.   3   y   6   y   340   inc.   2º   del  CP)1.  Tras  no  haber aceptado los  cargos,  el  juez  se  abstuvo  de imponer medida de aseguramiento en contra del  señor ROMERO CASAS.   

          Radicado  el  escrito  de  acusación  ante  el  Juzgado  4º  Penal  Especializado  del  Circuito  de Bogotá, en audiencia del 24 de agosto de 2012,  la  Fiscalía  formuló  acusación  en  contra  de  AIMER ROMERO CASAS, por los  cargos   arriba   mencionados   (fl.   47   C.   1)2.   

          El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el  debate  y  emitido  sentido de fallo condenatorio  -que  dio lugar a la detención del acusado al amparo  del  art. 450 del CPP-, la correspondiente sentencia se  dictó  el  3  de  abril  de  2014.  Por  encontrarlo penalmente responsable, en  calidad  de  coautor  del  delito  de extorsión, en concurso con concierto para  delinquir  agravado,  la  jueza  condenó  al  señor  ROMERO  CASAS a las penas  principales  de  252  meses  de  prisión  y multa en cuantía de 4.300 salarios  mínimos  legales  mensuales,  al  tiempo que le impuso la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por lapso  de 20 años.   

          Habiendo  sido  interpuesto el recurso de apelación contra el fallo  de  primer  grado  por  el  representante  del  Ministerio  Público, el acusado y el defensor, la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá lo confirmó mediante  sentencia del 23 de enero de 2015.   

          Dentro   del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          3.1                       Al  amparo  del art. 181-2 de la Ley 906 de 2004  (CPP),  como  cargo  principal,  el censor demanda la nulidad de la actuación a  partir  de  la  formulación  de  imputación,  con fundamento en la afectación  estructural  del  debido proceso y el quebranto de garantías fundamentales, por  desconocimiento del principio de legalidad.    

          Los  cargos  formulados  a AIMER ROMERO CASAS en la imputación, que  fueron  ratificados  en  la  acusación, alega, conllevaron a la emisión de una  sentencia  injusta,  basada  en la “inflación de la  adecuación  típica”.  En  ese sentido, destaca, se  desconoció  el derecho sustancial en la formulación de imputación, por cuanto  a  su  defendido  se  le  atribuyó  la  comisión  de los delitos de extorsión  agravada    y    concierto   para   delinquir   en   calidad   de   coautor,   pese   a   que,  afirma,  los  elementos  materiales probatorios incorporados a “la  carpeta”  descartaban dicha forma de participación.  En   su   criterio,   dada  la  “remota”  participación  del  acusado en los hechos investigados, debió  habérsele  atribuido la conducta de extorsión a título de cómplice, mientras  que  no existían bases probatorias para estructurar una inferencia razonable de  responsabilidad por concierto para delinquir.   

          En  ese  contexto, subraya, se infringieron los arts. 6, 10 y 15 del  CPP,  así  como  los  arts.  29  y  228 de la Constitución. Un “examen  dogmático”,  dice,  indica que  AIMER  ROMERO  CASAS  sólo  podía  ser  cómplice del delito de extorsión. De  suerte   que   la  declaratoria  de  responsabilidad  penal  construida  en  las  instancias,  a  su juicio, vulnera los principios de legalidad y objetividad, al  tiempo que desconoce la prevalencia del derecho sustancial.   

          3.2                       Por  otra  parte,  de manera subsidiaria formula  otro  cargo  contra  la sentencia dictada por el Tribunal, fundado en violación  indirecta  de la ley sustancial, por indebida apreciación de la prueba sobre la  cual  se  ha fundado el fallo. Al amparo del art. 181-3 del CPP, pide a la Corte  casar  la  sentencia  para  que  se  absuelva  al  acusado, con fundamento en el  incumplimiento  del  estándar probatorio para condenar, exigido por el art. 381  ídem.   

          En  sustento  de  su  pretensión, argumenta que el acusado debe ser  absuelto,  por  cuanto  los  elementos  de  la  coautoría  no  fueron  probados  por  la  Fiscalía.  De  la  presencia  de  AIMER  ROMERO  CASAS  en  dos  lugares  donde  se cobraron cuotas  extorsivas,  asevera,  no  es  dable  inferir su participación dolosa en hechos  delictivos.  Ello,  continúa,  se explica en que aquél es residente del barrio  Dindalito,   razón   por   la   cual   también   conocía  a  algunos  de  los  extorsionistas.   

          En  esa  dirección,  prosigue,  no se encuentra probado que hubiese  mediado  un  acuerdo  previo  entre  aquéllos  y  el  procesado,  sin que pueda  “inferirse”    ni  “presumirse” un designio  criminal  común. Tampoco, añade, se acreditó la división de tareas ni que el  aporte  del  señor  ROMERO CASAS como “campanero”  hubiera  sido necesario y eficaz. Pues, por una parte,  los  informes  de  policía  judicial indican que tal costumbre delictual ya era  consentida  por  las  víctimas  en la cotidianidad; por otra, si el acusado era  amigo  de los extorsionistas, debe operar la presunción de inocencia y de buena  fe.   

          Adicionalmente,  subraya,  no  se demostró que AIMER ROMERO formara  parte  de  la organización criminal, en la medida en que la actuación sólo da  cuenta  de  su  presencia  en dos ocasiones en que se exigían pagos extorsivos,  sin  que  exista  evidencia  de  reuniones  permanentes  con los delincuentes ni  actuaciones  criminales  de aquél durante tres años. Tales asertos los soporta  en  un  análisis  de  algunos  testimonios de cargo3,  a  partir  del cual concluye  que  “las  pruebas”  no  permiten  “inferir”  la  responsabilidad penal.   

          3.3                       En  subsidio del anterior reproche, a la luz del  art.  181-1  del  CPP,  formula  otro  cargo  por  violación  directa de la ley  sustancial,  basada  en la aplicación indebida del art. 29 del CP y la falta de  aplicación   del   art.   30   ídem.  En  esa  dirección,  tras  resumir  las  razones  expuestas  por el  Juzgado  y  el  Tribunal  para  concluir  que  AIMER ROMERO CASAS es coautor del  concurso  de delitos de extorsión agravada y autor de concierto para delinquir,  pone  de  presente  que  en  el  proceso  se  acreditó que la intervención del  procesado     fue     “remota”    -dos  intervenciones  en  cobros  extorsivos en Coratiendas y en la  panadería  Sinaí,  donde  su  rol era el de vigilar el exterior de los locales  comerciales mientras se efectuaban los pagos-.   

          De  ahí  que,  agrega,  no  emerge  de  las pruebas incorporadas al  juicio    que    ROMERO   CASAS   hubiese   pre-acordado   una   “idea  criminal”, no podía afirmarse que  hubo  división  de  tareas  criminales,  no  obra  prueba  certera  de  un dolo  específico  para  estructurar las conductas punibles imputadas y faltan pruebas  para  acreditar  el elemento de aporte eficaz. Por consiguiente, concluye, no es  dable  sancionar  al  procesado  como autor, sino a título de cómplice, según  conceptuó el Ministerio Público.   

          En   tal   virtud,   demanda  de  la  Sala  que  se  “readecúe” el título de participación  del  acusado  en  el  delito  de  extorsión  a  complicidad, de acuerdo con los  testimonios    -por   él   reseñados- y demás pruebas practicadas en el juicio.   

          3.4                       De  otro  lado, también subsidiariamente, acusa  la   sentencia  de  violar  directamente  el  art.  269  del  CP  por  falta  de  aplicación.  Pese  a  que,  sostiene, se probó en el  juicio  que  HÉCTOR JAIRO BELTRÁN AGUILERA y HÉCTOR  BASTOS  RODRÍGUEZ  aceptaron  cargos  por  secuestro extorsivo y concierto para  delinquir,   al   tiempo   que   indemnizaron  los  perjuicios  causados  a  los  comerciantes  Jeisson  Marín  Castellanos,  José  de  la Cruz Montañez y Luis  Alberto  Céspedes,  el Tribunal negó la rebaja de pena de que trata tal norma,  en  tanto  fenómeno  post-delictual. Sobre el particular, dice, ni el fiscal ni  el   agente  del  Ministerio  Público  se  opusieron  a  la  concesión  de  la  disminución    punitiva,   por   lo   que   el   ad  quem  debió haberle dado aplicación a los principios  de  “lealtad y buena fe”.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda de señalar la  causal  o  no  desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco, si  se  advierte la irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          4.2                       Si   la   demanda  incumple  con  las  aludidas  exigencias   formales   para   estudiarla   de   fondo   o   se   establece   de  entrada  su  falta total de  idoneidad,  de cara a los fines inherentes a la casación, la decisión debe ser  la inadmisión.   

          4.2.1   Ahora  bien,  de acuerdo con los arts. 181-2 y 457 inc.  1º   del  CPP,  en  el  ámbito  de  la  casación  es  causal  de  nulidad  el  desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura  o la violación de la garantía fundamental a la defensa.   

          El  adecuado  planteamiento  de  la  censura  por  esta  vía supone  cumplir  con  las  exigencias  legales  y  jurisprudenciales pertinentes. En esa  dirección,  la  Corte  ha  clarificado  que  la  alegación  de nulidades ha de  ajustarse  a  los  principios concurrentes   de   taxatividad,   acreditación,  protección,  convalidación,  instrumentalidad,  trascendencia  y  residualidad  (cfr.,  entre  otros,  CSJ AP  09.03.2011, rad. 32.370 y AP 30.11.2011, rad. 37.298).   

          Bajo  tales  premisas,  salta  a  la vista la insuficiencia formal y  sustancial  de  los  cargos  propuestos.  Como se expondrá a continuación, los  reproches   elevados   por   el  censor  de  ninguna  manera  configuran  yerros  constitutivos  de  vicios  estructurales  ni  de  garantía  que  conlleven a la  nulidad   de   la  actuación.  Es  decir,  se  incumple  con  el  requisito  de  acreditación.   

          4.2.2                       Efectivamente, el reclamo cifrado en la supuesta  ausencia  de  sustento  material  para  formular  imputación  por  el delito de  concierto  para  delinquir y por la conducta punible de extorsión, a título de  coautoría,  se  ofrece  manifiestamente  infundado.  Semejante planteamiento no  sólo   está  en  incapacidad  jurídica  de  acreditar  la  existencia  de  un  yerro  que socave el debido  proceso  en su estructura o vulnere alguna garantía fundamental, sino que está  desprovisto  de  todo  sustento  fáctico.   

          En  cuanto al primer aspecto, el libelista desconoce por completo la  estructura  lógica del proceso penal diseñado por la Ley 906 de 2004, debido a  la  incomprensión tanto de sus fases como del objeto legalmente asignado a cada  una  de  éstas.  En síntesis, la censura plantea que la Fiscalía no  podía atribuirle a AIMER ROMERO CASAS  la  comisión  de  los  delitos  atrás mencionados, por no existir bases    probatorias   suficientes   que  permitieran     estructurar     una     inferencia  razonable  de  autoría  en  los  términos jurídicos  definidos  en la imputación. A partir de ello, convoca a la Corte a que realice  un  control  material  del mérito sustantivo para formular imputación. Empero,  es  absolutamente  claro  que el ente acusador no sólo estaba legitimado por la  ley  para  haberle  comunicado al indiciado que lo investigaría en razón de su  posible  responsabilidad,  a  título  de  coautor  y  autor  por los delitos de  extorsión  y concierto para delinquir, respectivamente; también le asistía la  potestad  de  convocarlo  a  juicio  a  través de la acusación, por idénticos cargos. Y habiendo procedido  en  esa dirección, fue que fácticamente se demostró en la audiencia de juicio  oral la responsabilidad penal del señor ROMERO CASAS.   

          La  formulación  de  imputación, a la luz de lo preceptuado en los  arts.  286  y  287  del  CPP,  es  el  acto  a  través del cual la Fiscalía le  comunica  a  una persona su  calidad  de imputado, por contar con medios de conocimiento legalmente obtenidos  que   le  permitan  inferir  razonablemente  que  puede  ser  autor  o  partícipe  de  la  conducta  punible  investigada.  En  la  exposición  oral respectiva, acorde con el art.  288  ídem,  el fiscal está obligado a referir  los  datos  que  permitan  individualizar  al imputado, los hechos  jurídicamente  relevantes  con  la  formulación  de  la respectiva imputación  jurídica  y  el  ofrecimiento de obtener la rebaja de pena de que trata el art.  351 ídem, en caso de allanarse a los cargos.   

          Bien  se  ve,  entonces, que por tratarse de un acto de comunicación,  donde el juez no emite en  estricto  sentido  ninguna  decisión,  la  ley  no  lo faculta para efectuar un  escrutinio  sobre  el  mérito sustantivo para imputar. En esa fase está vedado  un  control  judicial  sobre  las  razones probatorias  que   fundamentan   la   inferencia   de  autoría  o  participación.  Si,  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Sala, el  control  material  de  la  acusación  le  está  vedado al juez de conocimiento  (cfr.,   entre   otros,   CSJ  AP  21.03.2012,  rad.  38.256  y  AP  15.07.2008,  rad. 29.994), con   mayor  razón  es  inconcebible  un  debate  probatorio  ante  el  juez  de  garantías en la imputación, tanto más  cuanto   la  Fiscalía  no  está  obligada  a  descubrir  elementos  materiales  probatorios,  información  ni  evidencia  física  alguna (art. 288-2 CPP) y el  estándar   de  conocimiento  exigido  en  esta  etapa  procesal  es  apenas  de  posibilidad.   

          Sobre  esa  proscripción de desplegar una controversia probatoria    en    la   audiencia   de  formulación  de  imputación,  ya suficientemente decantado tiene la Corte que:   

[La]          decisión        de       formular  imputación         en         contra      de     una     determinada  persona radica en cabeza exclusiva del fiscal y corre  consecuencia  de  que  este,  dentro  de  su  particular desarrollo del programa  metodológico,  haya  recaudado  elementos materiales  probatorios,  evidencia  física o informes, a partir  de  los  cuales  infiere  que el indiciado es autor o  partícipe del delito que se investiga.   

Y por ello acude ante el juez de control de  garantías,  no a practicar  pruebas   de   autoría  o  responsabilidad  penal  -que no es este el momento ni  escenario   adecuados   para   el  efecto-,  sino  a  plantear  al  imputado,  para  facultarle adelantar su  específica    tarea    defensiva,    que   se   le  está  investigando por un determinado delito, ya que  se    le    entiende    autor   o   partícipe   del  mismo.   

Pero  además,  lejos   de  facultar  la  diligencia,  se  practiquen  pruebas,  o  mejor,  se  alleguen elementos de juicio que ya deberían  estar  en poder de la Fiscalía y por  ello,  reiteramos,  decidió solicitar la convocatoria  de     la     audiencia    de    formulación    de  imputación,   allí  ni  siquiera     se     exige     del     funcionario     exhibir     los   elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  o informes recopilados, pues, una  dicha  obligación,  apenas  parcial,  debe anotarse,  subyace  necesaria  únicamente cuando se solicita la  imposición  de  medida  de aseguramiento4.   

          Por  consiguiente,  ante  la  imposibilidad  de  aplicar  un control  judicial  sobre la suficiencia probatoria para formular imputación, mal podría  el  libelista  afirmar  la  existencia  de  un  yerro  procesal. Menos cuando la  actuación  muestra que no sólo existía evidencia para afirmar con posibilidad  -en   la   imputación-  y  probabilidad  de  verdad  -en la acusación (art. 336  CPP)-la   responsabilidad  del  procesado,  sino  que,  inclusive, en dos  instancias se determinó en un grado  de  conocimiento  más allá de toda duda,   con   fundamento   en   las   pruebas   debatidas   en   el  juicio  (art.  381  ídem),   que   AIMER  ROMERO  CASAS  es  penalmente  responsable  por  los  cargos  que  se  le imputaron. De ahí que la  supuesta  “inflación” de  éstos, denunciada por el censor, carece de cualquier asidero.   

          En  ese  sentido,  el  libelista desconoce que, al acudir al recurso  extraordinario  de casación, la declaratoria de responsabilidad penal en contra  de   su   defendido  viene  cobijada  por  una  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.  Por  ende, de  ninguna  manera  es  admisible  que, haciendo abstracción del debate probatorio  desarrollado  en el juicio, simplemente pretenda anteponer su lectura particular  del  caso para afirmar la existencia de un vicio ciertamente inexistente, lo que  indefectiblemente  conduce  a  la  inadmisión  del  reclamo  a  partir del cual  demanda la anulación del proceso en casación.   

          Ahora,  si  lo  pretendido  era  desmontar  las  premisas  fácticas  fijadas  en  la  sentencia,  la  censura  estaba  en  el  deber de formular, con  cumplimiento  de  las exigencias técnicas, un cargo por violación indirecta de  la  ley  sustancial.  Pero,  como  a  continuación  se  expondrá,  el reproche  formulado  subsidiariamente  por  errores de hecho en la apreciación probatoria  también es inadmisible.   

          4.2.3                                    Sobre  ese  particular,  de  acuerdo  con  el art. 181-3 del CPP, la  casación  procede  cuando  se  afecten  garantías  fundamentales, producto del  manifiesto   desconocimiento   de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba sobre la cual  se  ha  fundado la sentencia de segunda instancia. Allí se encuentra consagrada  la  modalidad  de  infracción  indirecta  o  mediada  de la ley sustancial, por  errores  en  la  construcción  de la premisa fáctica  del silogismo jurídico.   

          Cuando   en  esta  sede  se  acude  a  la  violación  indirecta   de  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho  en  las  fases  de  observación  o  valoración  de  la  prueba,  ha  de  acreditarse el  desconocimiento  de una situación fáctica, producto de la incursión en falsos  juicios de existencia, identidad o falso raciocinio.   

          La   primera   de   dichas   hipótesis  –falso  juicio  de existencia- se presenta cuando, al  proferir   la  sentencia  impugnada,  el  fallador  desconoce  por  completo  el  contenido    material    de    una   prueba   debidamente   incorporada   a   la  actuación;   también,  cuando  le  concede  valor probatorio a una que jamás  fue recaudada, suponiendo su existencia.   

          En  segundo  término, el falso juicio de  identidad  tiene ocurrencia  cuando  en  el fallo confutado el juzgador distorsiona o tergiversa el contenido  fáctico   de  determinado  medio  de  conocimiento,  haciéndole  decir  lo  que en realidad no dice, bien  sea    porque    realiza   una   lectura  equivocada  de  su  texto,  le  agrega  circunstancias  que  no  contiene  u  omite  considerar  aspectos relevantes del  mismo.   

          En  tercer  lugar,  el  falso  raciocinio  se  configura  cuando el  Tribunal  observa  la prueba en su integridad, pero al  valorarla   desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir,  una  concreta     ley    científica,    un    principio  lógico o una máxima de la  experiencia.   

          Cualquiera     de    estos    yerros    debe    ser    trascendente  desde  el  punto  de vista  jurídico,    esto    es,    que    frente   a   la  valoración conjunta de la  prueba  realizada  por  el  Tribunal o las instancias  (según sea el caso), su  exclusión   debería  conducir   a   adoptar  una  decisión  sustancialmente    diversa    a   la  recurrida.   

          Pues   bien,   contrastadas   las   anteriores   premisas   con   la  sustentación  ofrecida por el demandante, salta a la vista el incumplimiento de  los  estándares  mínimos  de  técnica casacional para lograr la admisión del  cargo.   La   demanda   no   presenta   –y    la   Corte   tampoco   puede  identificarlo-   ningún  reproche  ajustado  a  alguna de las mencionadas modalidades de error, encausado  por  los  derroteros  argumentativos pertinentes. En lugar de ello, el libelista  simplemente  presenta  una  valoración  de  pruebas  testimoniales diversa a la realizada en las instancias,  a    partir    de    la   cual   sostiene   que   la  Fiscalía  no  probó  los elementos de la coautoría,  que  se  infirió  incorrectamente  la  participación  del  acusado  en  hechos  delictivos,  que  no existe evidencia sobre un acuerdo común entre aquél y los  miembros   de  la  organización  criminal,  que  la  supuesta  actuación  como  “campanero”  de  AIMER  ROMERO  no  era  necesaria  ni eficaz para ejecutar las actividades extorsivas y  que    no   está   demostrada   la   militancia   de   aquél   en   la   banda  delincuencial.   

          Tales  reproches,  por  no adecuarse a ninguna modalidad de error de  hecho  constitutivo  de  infracción indirecta de la ley sustancial –falso  juicio  de  existencia, falso  juicio  de  identidad o falso raciocinio-, corresponden  a  argumentos  propios  de un alegato de instancia, carentes de aptitud para ser  atendidos  en  casación.  Como  lo  tiene  establecido la Corte, no hay lugar a  predicar  la  configuración de dichos yerros cuando simplemente se presenta una  apreciación  probatoria  que no se comparte. La mera disparidad de criterios en  ese  aspecto  no  habilita para acudir al recurso de casación (CSJ AP 03.12.09,  rad.  27.264).  En  la  misma  dirección, la Sala ha puntualizado que la simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas  contra  los razonamientos probatorios  efectuados   por  el  juez  o  la  postulación  de  críticas  a  la  actividad  valorativa,  formuladas  con  la amplitud propia del ejercicio de contradicción  de   las  instancias,  sin  el  debido  planteamiento  técnico,  conduce  a  la  inadmisión    del    recurso    de   casación   (CSJ   AP   16.06.2010,   rad.  33.697).   

          Ello  es  así,  por cuanto en sede de casación se está obligado a  destruir  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  cobija  a  las  sentencias  objeto de censura. Ello implica el deber de desarrollar un ejercicio  de  deconstrucción  de los  fundamentos  probatorios  de  los  fallos de instancia, que conforman una unidad  decisoria  (cfr.,  entre  otras,  CSJ AP 24.06.2015, rad. 45.594; AP 24.02.2016,  rad.  43.017  y  AP 30.03.2016, rad. 42.397). Mas tal ejercicio argumentativo no  fue  emprendido  por  el  demandante, quien pretende equivocadamente que la Sala  desconozca  la  verdad  procesal  construida en las instancias y, tras acoger su  particular  lectura del caso,  absuelva  al  acusado por aplicación del principio in  dubio pro reo.   

          Es  más,  desde  la  perspectiva  de  la  idoneidad sustancial, aun  tratando  de  superar las deficiencias formales en la sustentación, el reproche  se  muestra  igualmente insuficiente para ser estudiado de fondo, por cuanto, al  faltar  al  deber  de  reseñar  con  fidelidad  la  estructura  probatoria y la  motivación  expuesta en las sentencias, el reclamo se torna inatinente. Pues no  se  puede derrumbar una estructura argumentativa si se atacan bases diferentes     a     las     que    la  sustentan.   

          En   esa   dirección,   la   censura  omite  refutar  razonamientos  probatorios   concretos  que  cierran  la  puerta  a  sus  ataques,  basados  en  conjeturas        fundadas        en       un       análisis       fragmentario   de   algunos   medios  de  conocimiento.   Ingenuamente,   el   libelista   trae  a  colación  apartes  de  testimonios    de    comerciantes   afectados   por   las   extorsiones   y   de  coacusados5,  con  el  propósito de sustentar dos asertos: i) que los testigos  de  cargo,  al  ser  contrainterrogados,  dijeron  que  vieron  a  AIMER  ROMERO  -a    quien    conocen    por    ser   vecino   del  sector-  en  compañía  de  los miembros de la banda,  pero  que  no  percibieron  que  participara  en hechos delictivos y ii) que los  exintegrantes  de  la  organización  criminal  niegan  que  el  aquí procesado  hubiera pertenecido a ella.   

          Sin   embargo,   tales   situaciones   de   ninguna   manera  fueron  inadvertidas  en  las  instancias.  Tanto  el  a  quo  como el ad quem se  pronunciaron  al  respecto,  sólo  que en un sentido diverso al  pretendido  por  el  libelista.  El  escrutinio  probatorio  consignado  en  las  sentencias   confutadas   muestra,   en   síntesis6,  que para los juzgadores, por  una  parte,  las explicaciones dadas por los coacusados en favor de AIMER ROMERO  carecen   de   credibilidad   por   advertirse   múltiples   inconsistencias  y  contradicciones  tanto  internas  como  externas  en  aspectos esenciales de los  relatos,  de  donde  coligieron un ánimo torticero de favorecimiento; por otra,  que  si  bien  algunas  víctimas quisieron desvincular al acusado de los hechos  en  el  juicio -a  diferencia  de lo declarado en entrevistas que fueron utilizadas  para  impugnar  credibilidad-,  ello  se explica en el  evidente  temor  de que se tomaran represalias en su contra por testificar, dado  el  contexto  de  amenazas  y los antecedentes, inclusive, de muerte violenta de  algunos   comerciantes.  Ese  amedrentamiento,  resaltaron  los  falladores,  se  evidenció  en  el  juicio,  donde  tuvo  que ofrecérsele protección a algunos  testigos  para  que  continuaran con la declaración7.  En ese contexto, apoyados en  los  criterios  de  valoración establecidos en el art. 404 del CPP, fue que los  falladores de instancia descartaron las alegaciones de la defensa.   

          Aunado   a   lo  anterior,  se  lee  en  las  sentencias8,    los  testimonios  de  los  agentes  investigadores  valorados  en  conjunto  con  las  declaraciones  de  las  víctimas  y  la prueba documental (videos), permitieron  declarar  como probado que AIMER ROMERO CASAS hacía parte del grupo de personas  que  extorsionaba  a  los  comerciantes  del  barrio  Dindalito, sin que ello se  quedara  en  un  mero  concierto  para  cometer  conductas punibles, sino que se  concretó  en  la  participación  en  varias acciones extorsivas ejecutadas por  acuerdo  común, planeadas y emprendidas con división de trabajo, en cuyo marco  el  aporte  de  aquél era de “campanero”  y  escolta. Ésta función, para la a  quo,  fue  trascendental,  ya  que con dicha manera de  operar  las  víctimas  sabían  que, detrás de quien los constreñía a pagar,  había  más  hombres  dispuestos  a  ejecutar  las amenazas. A ese respecto, el  Tribunal  añadió  que, en ese contexto, AIMER ROMERO actuó como coautor, pues  su  aporte  criminal  fue  importante,  dado  que contribuyó eficazmente con el  amedrentamiento  o elevación del poder intimidatorio del grupo, en la medida en  que  para las víctimas era claro que el cobrador no actuaba sólo, sino apoyado  por  otros,  menguando  así  la  posibilidad  de una reacción defensiva de los  comerciantes extorsionados.   

          Y  esa  argumentación probatoria es la que, precisamente, al no ser  refutada  por el libelista, habría de mantenerse incólume, por cuanto la Corte  no  está  llamada  a acoger, sin más, la lectura subjetiva del caso presentada  en  la  demanda.  De suerte que, en razón de la incorrección formal y material  del reproche, éste también será inadmitido.   

          4.2.3                                    Ahora,  a voces del art. 181-1 del CPP, el recurso extraordinario de  casación,  entendido  como control constitucional y legal, procede por falta de  aplicación,  interpretación  errónea  o aplicación indebida de una norma del  bloque  de constitucionalidad, constitucional o legal llamada a regular el caso.  La  norma estatuye la modalidad de infracción directa  o  inmediata  de la ley. Ello supone, entonces, que el  error  denunciado ha de contraerse a una mera oposición entre la sentencia y la  ley,  sin  que tenga cabida la intermediación de aspectos probatorios, con base  en  los  cuales  el  juez  fija  la  premisa  fáctica  del silogismo jurídico.   

          En   consecuencia,   al   escoger  esta  vía  de  impugnación,  el  recurrente  acepta  tanto  la corrección de los enunciados fácticos fijados en  la  sentencia  como  el  correspondiente  escrutinio  probatorio.  Al  respecto,  mediante AP 25.04.2007, rad. 26.9238, la Sala puntualizó:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que  cuando  el  censor  elige  el  cuerpo primero de la causal primera de  casación  (Ley  906  de  2004,  artículo 181-1°; o Ley 600 de 2000, artículo  207-1°),   es   decir,   la   violación   directa   de  la  ley,  se  halla  en  el  deber  de  aceptar los hechos, las pruebas y la  valoración  que  de ellas se hizo en las instancias, y en tales circunstancias,  no  le  es factible discutir cuestiones de facto, toda  vez  que  la  impugnación  es  de estricto orden jurídico y recae sobre la ley  sustancial  por  una  de  estas  razones:  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente, aplicación indebida o interpretación errónea.   

          Pues  bien,  a  la luz de las anteriores premisas jurisprudenciales,  salta  a  la  vista la indebida sustentación del cargo formulado por violación  directa.    Como    con  anterioridad  se  reseñó,  el  censor  se  queja  de  un  error de adecuación  normativa,  cifrado  en  la errónea atribución de responsabilidad al acusado a  título  de  coautor,  cuando  lo  correcto,  dice,  era  hacerlo en el grado de  participación  de  complicidad.  Empero,  en  sustento  de  tal apreciación no  desarrolla  ninguna  argumentación  indicativa de que la hermenéutica aplicada  por  los  falladores  es  equivocada, como tampoco ofrece razones para sustentar  que su criterio es más adecuado desde el plano interpretativo.   

          En  lugar  de ello, el libelista estructura el reproche a partir del  desconocimiento  de las premisas fácticas  fijadas  en las decisiones confutadas. Pues el reclamo lo funda en  un     supuesto     evento     de     insuficiencia  probatoria,   basado   en   que,  de  los  medios  de  conocimiento       incorporados       en       el      juicio,      no     se  infiere   una   actuación   criminal   pre-acordada  ni  se acredita la división  de   tareas   delictivas,   como   tampoco   existen  pruebas  del  propósito  específico para cometer las  conductas  imputadas  y  del  elemento  de aporte eficaz a la realización de la  descripción        típica.       Es       más,       la       “readecuación”    del    grado    de  participación   solicitado   por   el  censor  lo  fundamenta  expresamente  en  “los  testimonios”  por  él señalados.   

          Así,  al  cuestionar  el  fundamento  fáctico  de la decisión, la  censura  desbordó  la unidad lógica del reproche, vulnerando los principios de  coherencia  y  no  contradicción,  lo que desemboca en el incumplimiento de las  exigencias  de  claridad  y  precisión.  Por consiguiente, desde la perspectiva  técnico-formal,  existe razón suficiente para inadmitir el cargo en cuestión.   

          4.2.4                                    Y  por  esas  mismas razones, idéntica suerte debe correr el tercer  cargo  subsidiario  formulado al amparo de la causal de violación directa de la  ley  sustancial (art. 181-1 del CPP), basada en la falta de aplicación del art.  269  del  CP.  El  reconocimiento  de  la  rebaja  punitiva  por  reparación de  perjuicios  cuya  concesión  echa  de  menos  el demandante presupone que en la  sentencia  se  hubiera  reconocido  que el acusado restituyó el objeto material  del  delito o su valor e indemnizó los perjuicios ocasionados a los ofendidos o  perjudicados.   

          Sin  embargo,  en  el  fallo de segunda instancia, el Tribunal fijó  una    premisa   fáctica  diferente,  a  saber,  que  si  bien  la jurisprudencia admite la posibilidad de  aplicar   dicha   norma   a  favor  de  acusados  por  extorsión  (CSJ  SP  13.11.2013,  rad.  41.464), en el  presente   caso,  como  lo  puso  de  presente  el  Juzgado  (fls.  24-25  C.1),  no  se  probó  que  AIMER  ROMERO  CASAS  hubiera  indemnizado  los  perjuicios,  como  tampoco  se aportó  ningún  medio  de  conocimiento  indicativo  de  que  otros  coacusados así lo  hubieran hecho en el marco de otros procesos.   

          Al  margen  de  ello,  así  se hubiera planteado el reproche por la  vía  adecuada, éste carece por completo de aptitud sustancial. Al sostener que  los  juzgadores  de  instancia  debieron  conceder  la  rebaja  de  pena porque,  habiéndolo  así  solicitado  el  fiscal,  era  menester  dar aplicación a los  principios  de  buena  fe  y  lealtad  procesal,  el  censor  tácitamente está  formulando  un  reclamo por violación indirecta, fundado en un error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción.  Pues  comprende  que, para la acreditación   del   supuesto  fáctico  -que   el  acusado  efectivamente  indemnizó  a  la  víctima-  que  daría  lugar  a  la aplicación de la  consecuencia  jurídica -rebaja de pena-, los  juzgadores  exigieron  pruebas,  pese a que, en su criterio, la  simple afirmación de una de las partes -el fiscal- es prueba.   

         

          Mas  tal  aserto  desconoce que, en lo concerniente a la aplicación  de  la  rebaja  de  pena por indemnización integral, rige el principio de carga  probatoria,  conforme  al  cual,  a  la  parte  que  demanda  la  aplicación de  determinada   consecuencia   jurídica   le  asiste  el  deber  de  probar los supuestos de hecho que darían  lugar  a  ella,  sin  que  las  meras  afirmaciones  acrediten hechos. Sobre ese  particular,    la    Corte    textualmente    ha    puntualizado   (CSJ       SP       19.06.2013,       rad.       39.719):   

Huelga señalar que conforme lo pretendido,  debe  ser,  en  esos  casos,  la  defensa o el mismo  procesado,  quien  presente  el  elemento  de  juicio  en  el cual se soporte la  solicitud.   

Si   se  busca  acudir  al  mecanismo  de  reducción  de  pena  dispuesto  en  el  artículo 269 de la Ley 599 de 2000, lo  adecuado  es  que  la  presentación de la prueba que  demuestra  la  reparación  efectiva del daño, suceda  en  curso  de  la  diligencia dispuesta en el artículo 447 de esa normatividad,  encaminada  precisamente  a  regular  la  individualización  de la pena, uno de  cuyos  factores  incidentes,  para  los  delitos  cometidos contra el patrimonio  económico,  lo  es  la  indemnización de perjuicios, entendida como hecho post  delictual  que  ninguna  incidencia  tiene en la delimitación de los mínimos y  máximos  de  dosificación,  contrario  a  lo  expuesto  por  el defensor en la  demanda de casación.    

Es ese un espacio pertinente para el efecto,  pues,  además de que parte del anuncio de fallo condenatorio, tiene como objeto  central   el   de   la   definición   de   pena   y   faculta  la  presentación  de  los medios suasorios encaminados a demostrar la  pretensión de cada parte.   

[…]  

Aspectos como los referidos a quién, qué y  para   qué   se   presentaron  las  pruebas  de  la  reparación,               necesariamente  han  de  ser  analizados  por el juez a efectos de  definir    si    se    demostró    o   no   la   indemnización   integral   de  perjuicios  garantizando la contradicción, dado que,  pese  a  lo sostenido de consuno por la defensa y la Procuradora judicial, no es  la   efectiva  satisfacción  de  uno  de  los  derechos  fundamentales  de  las  víctimas,  un  asunto simple que apenas demande de la formalidad de un escrito,  si de justicia material se trata.   

En  efecto, como atinadamente lo sostuvo el  señor  Fiscal  en  la  audiencia de alegaciones orales, la reparación integral  demanda     probar    suficientemente,  porque  así expresamente lo consagra el artículo 269 de la Ley  599  de  2000,  que  “el responsable restituyere el  objeto  material del delito o su valor, e indemnizare los perjuicios ocasionados  al ofendido o perjudicado”.   

Cuando  menos,  entonces, esos elementos de  juicio  aportados  deben  cubrir  tan  básicas  exigencias,  esto  es, permitir  desentrañar    que   no   solo   se   restituyó   el   objeto   material   del  delito           –cuando  pudo  haberse desplazado su tenencia o se trató de un bien  fungible  el  entregado  u  obtenido  por  ocasión  del  ilícito-, sino que se  indemnizaron los perjuicios de todo orden anejos al delito.   

[…]  

Es por virtud de lo anotado que la Corte ha  sentado  pacífica  jurisprudencia en torno de la forma como debe demostrarse la  reparación  integral, o mejor, la necesidad de que el juez verifique las reales  condiciones  de  la  misma,  no  sea que por la vía del simple formalismo inane  queden  expuestas  las  necesidades  de  las  víctimas y a la par se otorgue al  procesado un derecho que no ha merecido.   

          Así,  entonces,  no  habiendo probado ninguna de las partes que las  víctimas  fueron  efectivamente  indemnizadas,  resulta  inobjetable que en las  instancias  se  hubiera  determinado  la improcedencia de la rebaja de pena. Por  consiguiente,     el    reclamo    –presentado     con    total    incorrección    formal-  también  es  absolutamente  inidóneo  desde la perspectiva de la  idoneidad sustancial, de donde se sigue su inadmisión.    

          4.3                       En   consecuencia,  no  habiéndose  presentado  ninguno  de los cargos en casación con respeto de los estándares mínimos para  su  estudio  de fondo, es innegable su indebida fundamentación. Ello constituye  razón suficiente para inadmitir la demanda.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de AIMER ROMERO CASAS.      

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1   Cargos   que  igualmente  fueron imputados a JUAN FRANCISCO ROBAYO MARTÍNEZ, JONATHAN ANTONIO  LÓPEZ  SALAZAR,  ÓSCAR  EDUARDO  SABOGAL GUTIÉRREZ, JONATHAN ALEXANDER MORENO  GÓMEZ,  HÉCTOR  FABIO  MOLANO  PUENTES, RAFAEL BELTRÁN LÓPEZ, JAIRO BELTRÁN  AGUILERA, HÉCTOR BASTO RODRÍGUEZ y YEISON VARGAS ARANZAZU.   

            2   En  relación  con JONATHAN ANTONIO LÓPEZ SALAZAR y JUAN FRANCISCO  ROBAYO  MARTÍNEZ,  la  Fiscalía  anunció  que  solicitaría  la ruptura de la  unidad   procesal,   con  el  propósito  de  solicitar  la  preclusión  de  la  investigación (fl. 46 C.1).    

            3 Reseña apartes de  los  testimonios rendidos por JOSÉ DE LA CRUZ MONTAÑEZ, LUIS ALBERTO CÉSPEDES  MELO, RAFAEL BELTRÁN LÓPEZ y JOHN BELTRÁN AGUILERA.   

            4 CSJ AP 03.05.2007,  rad.   27.108,   reiterado  en  múltiples  pronunciamientos,  entre  ellos,  AP  17.10.2012, rad. 39.515.   

            5  JOSÉ  DE LA CRUZ  MONTAÑEZ,  LUIS  ALBERTO  CÉSPEDES,  JOHN  BELTRÁN AGUILERA y RAFAEL BELTRÁN  LÓPEZ.   

            6  Cfr. fls. 204-215  C.1 y 29-35 C. 3.   

            7  Cfr. fl. 32 C. 3.   

            8  Cfr. fls. 216-216  C. 1 y 36 C. 3.     

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