SP1392-2015(39894)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

SP1392-2015   

Radicación No. 39894  

(Aprobado    acta    No.44)   

Bogotá,  D. C., once (11) de febrero de dos  mil quince (2015).   

          Resuelve   la   Corte   el   recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto      por      el     defensor     de     los     acusados    INGRI  YECCENIA  BARRERA  TORRES  y  JOSÉ  JAVIER  VELASCO  DÍAZ, contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  mediante  la  cual  los  condenó  como  coautores penalmente  responsables del delito de secuestro  simple.   

ANTECEDENTES  

          1.-         La        cuestión        fáctica        –ocurrida   en  Bogotá-,  a  que  se  contrae  la  actuación, fue reseñada por el Tribunal  de     la    siguiente  manera:   

«Los  hechos  se  circunscriben  a  que  el  día  17 de noviembre de 2009, INGRI YECCENIA BARRERA  TORRES  y  JOSÉ  JAVIER  VELASCO  DÍAZ,  junto con otras personas que lograron  escapar,   arribaron   en   el  inmueble  ubicado  en  la  carrera  16  Nº  30-18  de esta ciudad, compuesto de tres pisos, donde tras  intimidar  a  sus  moradores  con  armas de fuego y amordazarlos, durante varias  horas,  luego  de que fueran conducidos de sus habitaciones a la sala del primer  piso,  procedieron  a hurtarle sus pertenencias como celulares, joyas, dinero en  efectivo,  prendas  de  vestir,  etc.,  al  cabo  de  lo cual, bajo candado, los  encerraron  en  un  cuarto,  del que salieron por sus  propios medios después de que los asaltantes se fueran.   

Los elementos fueron empacados en maletas de  viaje  para  cuyo transporte utilizaron varios vehículos, uno de los cuales fue  incautado   en   el   momento  mismo  en  que  se  produjo  la  captura  de  los  acusados.»1   

2.-  El 19 de noviembre de 20092   bajo  la  dirección  del  Juez   59  Penal  Municipal  de  Bogotá  con funciones de  control  de  garantías, tuvo lugar la audiencia de legalización de la captura,  formulación  de  imputación  y  solicitud  de  medida de aseguramiento por los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  en  concurso con secuestro simple y  fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  de  fuego o municiones3; en ella, la  Fiscalía   322  de  la  Unidad  de  Reacción  Inmediata  solicitó  medida  de  aseguramiento    de    detención    preventiva,   la   que   efectivamente   se  impuso.   

3.-   Por  los  hechos  y  delitos  antes  referidos,  el  19  de  diciembre  del  mismo  año4   la   Fiscalía   presentó  escrito de acusación.   

4.-  El  14  de febrero de 2010, las partes  concurrieron  al  Juzgado  16  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento  para  celebrar audiencia de formulación de acusación, donde la Fiscal delegada  presentó  una  «adición»  al  escrito  que  la contenía, en el sentido de complementar el documento en lo  referente  a  las víctimas y excluir el delito de secuestro simple, solicitando  en  consecuencia  la preclusión del proceso por este punible, requerimiento que  al ser negado generó la interposición del recurso de alzada.   

5.-  La propuesta impugnatoria no prosperó  ante  el  Tribunal,  razón  por  la  cual el 3 de junio de 2010, se efectuó la  audiencia  de  formulación  de  acusación por los delitos de secuestro simple,  hurto  calificado  y agravado y fabricación, tráfico o porte de armas de fuego  o   municiones   y   el   2   de   julio   de  2010  se  realizó  la  audiencia  preparatoria.   

6.-  Estando  pendiente la celebración del  juicio  oral,  el  8  de  septiembre  de  2010,  la  Fiscalía  y los procesados  suscribieron       acta      de      preacuerdo5,  mediante  el cual aceptaron  su   responsabilidad   por   los  delitos  de  hurto  agravado  y  calificado  y  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o  municiones,  a  cambio  de  una  rebaja de la tercera  parte   de  la  pena.   Aprobado  el  consenso6  se  dispuso la ruptura de la  unidad  procesal7  para  continuar  de manera independiente el proceso por el delito  de secuestro simple.   

7.-  El  juicio  oral  por  este punible se  inició     el    21    de    julio    de    20118  y  el 21 de marzo de 2012 se  profirió   fallo   condenatorio  de  primer  grado9, siendo confirmado el primero  de          junio          de          201210.   

Contra  esta  decisión, el defensor de los  acusados  oportunamente  interpuso  recurso extraordinario de casación mediante  la presentación de la correspondiente demanda.   

LA DEMANDA  

          Después   de   resumir   los   hechos  e  identificar  las  partes  intervinientes  en el trámite y la sentencia materia de impugnación, así como  de   hacer   un   relato   de   lo   actuado  en  las  instancias,  postula  el  recurrente  tres  cargos  con  apoyo  en  las causales  segunda  y  primera (en ese orden), del artículo 181  de la Ley 906 de 2004.   

          En    el    primer   cargo,    formulado  como  principal  al  amparo  de  la  causal segunda de las previstas por el  artículo   181   del   Código   de   Procedimiento  Penal,  el  casacionista  denuncia que el Tribunal profirió su sentencia en un  proceso  viciado  de  nulidad  por  afectación  sustancial  del debido proceso.   

          Sostiene  que  desde  el  instante  en  que  la Fiscal 2511   de  la  Unidad  Antiextorsión  y Secuestro presentó adición del escrito de acusación  para  excluir el delito de  secuestro  simple, toda la  actuación  posterior deviene irregular, pues al negar  el  juez de conocimiento la  solicitud,   rebasó  las  facultades  legales  y  constitucionales de su cargo,  pues esta competencia está atribuida a la Fiscalía  General  de la Nación, al  igual            que           aquella     de     solicitar     la  preclusión.   

         De     igual     forma,  esgrime que al Juez de conocimiento o  al   Magistrado   que   le  corresponda    desatar    la    apelación   no  les   es  dable,  como  aconteció  en  el  presente  asunto,  obligar  a la  Fiscalía    a    imputar   un   cargo    que    considere    que    no    se    cometió,    pues  ello  desborda  el  marco  funcional institucional y  vulnera la garantía del debido proceso.   

         Con  base  en  ello,  el  casacionista  solicita  que  se  decrete  la nulidad de lo actuado a partir de la audiencia de  acusación realizada ante  el  Juez  23  Penal  del  Circuito  con funciones de  conocimiento  el  21  de julio de 2011 y,   en   consecuencia,  se  absuelva  a  sus  representados por el  delito de secuestro simple.   

         En    relación    con   el   segundo  cargo, subsidiario del primero y postulado al amparo  de  la  causal  segunda  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004,       sostiene      el      impugnante      que     la  decisión  confirmatoria de la sentencia  de  primera instancia es  nula por haberse proferido con afectación sustancial del debido  proceso,  por  cuanto  su  ponencia  fue  realizada  por un Magistrado que carecía de competencia debido a  que  previamente  había  atendido   la  solicitud  de  adición  de  la  acusación  y  preclusión  del  proceso  por  el  delito  de  secuestro  simple  formulada   por   la  Fiscalía,     la    cual    negó.   

         En  atención  a lo anotado, considera que la decisión de segundo  grado  se  encuentra viciada de nulidad y requiere que  se rehaga el reparto y se profiera un nuevo fallo.   

En   su  tercer  cargo,   formulado al amparo del numeral 1º del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  acusa el libelista la sentencia del  Tribunal,  de  violación  directa de la ley sustancial por falta de aplicación  del  artículo  171  inciso  1º   de  la Ley 599 de 2000, puesto que en la  actuación   se  estableció  plenamente  que  las  víctimas  fueron  liberadas  voluntariamente,  esto  es,  sin la intervención de terceras personas y sin ser  sustraídos  del lugar de su residencia; que tan pronto sus captores abandonaron  el   inmueble  abrieron  la  puerta  y  pusieron  en  aviso  a  las  autoridades  competentes,  motivo  por  el  cual  se  pudo  lograr la captura de parte de los  miembros de la banda.   

Luego  en  su opinión, negar la diminuente  punitiva  reglada  en el inciso 2º del Artículo 171 del Código Penal, resulta  ser   una   clara   y   ostensible  violación  de  la  norma  sustancial,  pues  desconocería  el  hecho  cierto  e incontrovertible de que la retención de las  personas  fue  la  estrictamente  necesaria  para lograr el apoderamiento de los  bienes hurtados.     

Con  base  en  ello,  solicita  que se case  parcialmente  la sentencia de segundo nivel y como consecuencia, se le reconozca  a  sus  representados la rebaja punitiva reclamada, fijando como pena definitiva  la  de  99  meses de prisión y multa de 200 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

LA AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

En  la  audiencia oral de sustentación del  recurso   extraordinario,   se   presentaron   las   siguientes  intervenciones:   

1.- El defensor de los acusados.  

Se  abstuvo  de  pronunciarse  respecto del  segundo  y  tercer cargo de la demanda e insistió en los argumentos presentados  en  relación  con  la  primera  inconformidad,  pues  el  delito por el cual se  emitió  juicio  de condena no se hallaba contenido en la acusación, por cuanto  había  sido  retirado  por  la  Fiscalía,  reiterando su solicitud de casar el  fallo ameritado.   

2.-  El  Fiscal  Décimo  Delegado  ante  la  Corte.   

Considera  que  el  primer  ataque no está  llamado  a prosperar, pues no es posible adicionar la acusación para excluir de  ella  un  punible  como  si  se  tratara  de  un acto autónomo de la Fiscalía,  carente  de  control,  desconociendo la existencia de la imputación que en este  caso  fue  válidamente formulada, pues en estas condiciones debió solicitar la  preclusión.   

En   relación   con   el  segundo  cargo  –subsidiario    del  primero-,  sostuvo  que  la  intervención  del  Magistrado  cuya competencia se  cuestiona,  consistió  en  no  acceder  a  la  preclusión de la investigación  solicitada  por  la  Fiscalía  por  falta  de  cumplimiento de las causales que  legalmente  así  lo  permiten,  pero  sin  realizar  valoración probatoria que  comprometiera su imparcialidad.   

Precisa  que  no  comparte  los  argumentos  expuestos  en  el  tercer  reparo de la demanda, pues desde su punto de vista no  hay  lugar  a  conceder  una  menor  punibilidad,  ya  que la restitución de la  libertad  a  las víctimas no se produjo como consecuencia de un acto voluntario  de  los  procesados,  sino  que  fueron  ellas quienes por sus propios medios la  obtuvieron tal y como fue estimado por el Tribunal.   

Con fundamento en lo expuesto, peticiona que  se  desatiendan  los  cargos  impetrados  en  la  demanda y, en consecuencia, se  mantenga incólume el fallo de segundo grado.   

CONSIDERACIONES  

La  Corte  efectuará  el  estudio  de  los  reproches  formulados  por  el  casacionista contra el fallo del Tribunal, en el  mismo    orden    observado   en   el   resumen   que   se   hizo   del   libelo  impugnatorio.   

          1.-  Primer  Cargo.   Nulidad  por  afectación  sustancial del  debido  proceso.  Causal  segunda  del artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   por   haber   negado  el  Juez  de  conocimiento  la  adición  de la acusación en el sentido de excluir de ella el  delito  de  secuestro  y  la  preclusión de la investigación solicitada por la  fiscalía.   

         Según       el      cargo   formulado   en   la  demanda,  debe        la        Sala        determinar        si:  (i)   una  vez  presentado  el  escrito  de  acusación la  Fiscalía     puede    introducir    «adiciones» en el sentido de excluir  alguno   de   los   delitos   contenidos        en        él?;  (ii) la  solicitud   de   preclusión   de   la   investigación  por  atipicidad  de  la  conducta  (numeral  4º,  art.  333 de la Ley 906 de  2004),       puede       ser       invocada en  la      audiencia     de     formulación     de  acusación?; (iii)  la  negativa   del   juez   de   conocimiento   a  declarar  la  preclusión  de  la  investigación      fundamentada     en  la atipicidad de uno de los delitos por los cuales   se  presentó  acusación,  genera  nulidad por violación al  debido proceso?.   

Como   bien   puede   advertirse,   la  respuesta  a  los problemas planteados y    con    ello,    a   la   primera  inconformidad  de  la  demanda,  implican  para  la  Corporación  analizar  los presupuestos          del         modelo         procesal         adoptado    mediante    el  Acto  Legislativo 03 de 2002, a fin  de  precisar, a partir de su naturaleza jurídica, el  margen     de     actuación    y    competencia   de   los   funcionarios   que  en  él  intervienen.    

Para  ello,   se  adoptará  una  hermenéutica  que  incorpore    la    normatividad    constitucional,  los preceptos legales, las líneas jurisprudenciales  decantadas  por  la Corte Constitucional en virtud de  la    doble    función    de   control  e interpretación de la Constitución  y  la  ley y,    la   jurisprudencia  de  esta  Sala,   a   fin   de   dotar   de   contenido  las    disposiciones    que    regulan  los aspectos anteriormente señalados  del       rito  procesal.   

Pues  bien, con  la  aprobación  del  Acto  Legislativo 03 de 2002 se  introdujo   en   el   país   la   más  importante  modificación  que  se  haya  realizado  al  diseño  constitucional         del        régimen  de procedimiento penal, como  parte   integrante   del  proceso  de  adopción  de  una política pública en  el  ámbito  criminal,  toda vez que se acogió  un  sistema    procesal   de   tendencia   acusatoria,  produciéndose   un   claro  abandono  de  las  formas  inquisitivas y mixtas.   

Es así como el  artículo   250   de   la   Constitución  Política  atribuyó  a  la  Fiscalía General de la Nación el  ejercicio   privativo   de   la   acción   penal  y  le    asignó    la  obligación12  de  investigar  los  hechos que revistan las características de  punibles,   siempre   y   cuando   cuente   con   la  concurrencia   de   elementos   materiales   probatorios,  evidencia  física  o  información   legalmente   obtenida,  que  le  permita  inferir razonablemente la participación    del    indiciado en ellos.   

En desarrollo de  lo    anterior,    a  partir    de   la   noticia   criminal, el fiscal  con  el  apoyo  de  los  funcionarios   de   la  policía                  judicial13,       debe       planear       la      investigación,          elaborando         un         programa  metodológico  donde  se  establezcan     sus  objetivos,  el cronograma  de  actividades  a seguir  y        la  evaluación,          identificación    y    clasificación  de  la     información  reunida,  para  construir  con   ello   la   hipótesis  delictiva             –fáctica     y     jurídica-    que  determinará su teoría del caso.   

Ahora  bien,  cuando  del  material  probatorio,  evidencia  física o información legalmente  obtenida   de   que   disponga   pueda   el  Fiscal  inferir  razonablemente  que la persona indiciada es  autora       o       partícipe       de      la      conducta      punible,  procederá  a  ejercer  sus  facultades  a nombre del  Estado como titular de la  acción  penal  y,  en  consecuencia, le comunicará  en  audiencia  de  formulación  de  imputación, que  contra  ella  adelanta  una  indagación   por   su   probable   participación   en  los  acontecimientos  delictivos,   adquiriendo  el  indiciado  a partir de entonces la condición de  imputado14.   

Este      acto      solemne     de  comunicación,  se  surte  ante  el  juez  en  función  de  control  de  garantías,  con la presencia del  indiciado  o  su defensor,  y  en  él,  el  fiscal,  luego    de   individualizarlo   e   identificarlo,  realizará  de  forma oral la imputación fáctica y  jurídica,  ofreciéndole  la  posibilidad de aceptar  los  cargos  para  obtener  una rebaja hasta del cincuenta por ciento de la pena  eventualmente                imponible15.   

Cabe  advertir  que  la  imputación  se  encuentra       caracterizada      por  su  alto  grado  de flexibilidad,  pues    en    aplicación    del    principio   de  progresividad,  a  medida  que     avanzan     las    actividades       investigativas,  y  con ello la recolección de nueva  información,      es     posible     que     sea  necesario                ajustarla  en  orden  a su precisión,  siempre     y     cuando    estos    no    supongan    la    alteración     de     la     facticidad comunicada.   

Ciertamente,  algo  distinto  ocurre con su  componente  jurídico, pues  este  no  predetermina  la  acusación  ni  la  sentencia, razón por la cual la  Fiscalía  puede  introducirle  variaciones  en  la  acusación, momento a   partir  del  cual  se erige en límite de la sentencia en sus aspectos personal,  fáctico  y  jurídico,  tal  como  lo  prevé el artículo 448 de la Ley 906 de  2004, al establecer que:   

«El acusado no  podrá  ser  declarado  culpable  por hechos que no consten en la acusación, ni  por   delitos   por   los   cuales   no  se  ha  solicitado  condena.».   

Con   este  criterio,  reiteradamente  la  Sala16   ha   sostenido   que   la   imputación   constituye    una  condicionante   fáctica  absoluta  de  la  acusación;  por  ello, entre estos dos actos debe existir una  adecuada  relación  de  correspondencia, exigencia que, como se ha dicho, no se  extiende     al    ámbito    jurídico,  cuya  congruencia  solo  es  exigible  entre  la acusación y la  sentencia,  y con un carácter relativo, puesto que el juez puede  condenar  de  manera  atenuada,  siempre  que  respete  el  núcleo fáctico central de la  acusación17.   

En el mismo sentido, la Corte Constitucional  avaló  esta  postura  con  ocasión  de  la sentencia C-025 de 201018 y articuló  el  contenido  normativo  del  artículo  448  de  la  Ley  906 de 2004, con los  cánones  29  y  31  del  Estatuto  Superior y el precepto 8º de la Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos,  para  concluir que también las normas que  conforman  el  bloque  de  constitucionalidad  exigen  la  correspondencia de la  facticidad contenida en la  imputación    de    cargos   con   la   formulación   de   acusación   y   la  sentencia.   

De  manera, que la acusación constituye la  pieza  procesal  que sirve de marco de delimitación al juicio, al tiempo que se  erige  en  garantía  del  derecho  a  la  defensa,  como  quiera que en ella se  establecen  los  sujetos, hechos jurídicamente relevantes, sus circunstancias y  delitos  que  estructuran  la  teoría del caso que la fiscalía se compromete a  demostrar  en  el juicio, y con base en este conocimiento la defensa planeará y  trazará  su línea defensiva, razón por la cual debe garantizársele que no se  le  sorprenderá   con  una  sentencia que no guarde correspondencia con la  acusación.   

Consecuentemente, la acusación no puede ser  realizada   en  cualquier  momento  ni  de  cualquier  forma.   El  escrito  acusatorio   se   introducirá   cuando  el  fiscal  considere,  con  base  en  la  evidencia  física  y  los  elementos  materiales  probatorios     recaudados,     que     puede     afirmar    con    probabilidad      de      verdad19   

, que la conducta delictiva existió y que  el  imputado  es  su  autor o partícipe,   respetando   los   términos   legalmente   estipulados   para  ello20.   

Este documento,  que  constituye  un  requisito  previo a la formulación definitiva,      comporta      el      carácter      instrumental21   del   derecho   a   ser  informado    de    la    acusación   y    consolida    el    derecho   del  acusado   a   conocerla  previamente,          contribuyendo  a evitar acusaciones sorpresivas,  al  tiempo  que  permite  proyectar  el  ejercicio  del  derecho  a  la defensa,  pues   teniendo   en   cuenta   la  vinculación  de    la   sentencia   a   ella,   la   defensa  trazará  su       estrategia      jurídica,  fáctica,  probatoria  y  argumentativa,  tendiente  a derruir la teoría del  caso  de la Fiscalía, materializando la garantía de  equilibrio     entre     las    partes en el proceso penal.   

Por         ello, el libelo  debe    ser    redactado    de    modo  explícito, claro, preciso, detallado  y                  circunstanciado22            para  satisfacer,  por un lado,  su efectivo conocimiento  por la defensa,  evitando  la  indefensión y, por  otro  lado, la garantía  de   los   derechos   de   la   sociedad23  y  de la  víctima24a   la   verdad,   la   justicia   y  la  reparación,  pues  de  no  ser así, desaparecería        la       posibilidad       de       oponerse  fundadamente  a  las  pretensiones  del  órgano  de  persecución     penal,     ya    que   al   estar  facultadas  para  intervenir  en  la  audiencia  de  formulación  de la acusación, su previo conocimiento les permitirá participar  activamente  en orden a sanear el litigio en procura de que se produzca un fallo  acorde con sus intereses.   

En    consecuencia,   el   escrito  de  acusación cumple relevantes  funciones  en  el desarrollo procesal, así pues: (i)  con   base   en   él  se  define  la  competencia25;        (ii)   su  radicación  se  encuentra  sometida  a  plazo,  con  incidencia  directa en la continuidad del proceso y la  libertad    del    imputado   privado   de   ella26;      (iii)   si   la  práctica  de  pruebas  anticipadas  se  realiza  con  posterioridad   a   su  presentación  la  ley  exige  que  se  informe  de  tal  circunstancia    al    juez    de    conocimiento27;        (iv)  se  constituye  como acto procesal  sobre    el    cual    se   estructura  la  audiencia  de  formulación  de  acusación, pues solo puede  convocarse    a    ella    dentro    de    los   3   días   siguientes   a   su  presentación28;       (v)  en  materia  de  preacuerdos y negociaciones, la posibilidad de  obtener  la  rebaja  de  hasta  la  mitad de la pena se encuentra limitada a que  estos     se     realicen     antes     de     la  presentación              del  escrito de acusación29   y,  (vi)       establece     unas   marcadas  diferencias   entre   las   causales  por  las  cuales  procede  la  preclusión  del  proceso  y  los  sujetos   que   pueden   invocarlas,   como   se  desarrollará  más  adelante.   

Teniendo en cuenta lo anterior,  esta  Colegiatura  estima altamente  recomendable   que   las  partes  e  intervinientes  procesales  tengan acceso a las copias del escrito de  acusación  previamente  a  la  convocatoria  de  la  audiencia  para  su  formulación,  pues  su estudio  sosegado,    sereno,  reflexivo  y  juicioso  les  permitirá  concurrir a  ella      preparadas,     evitando     improvisaciones     y  estimulando      una     participación     más  técnica      y  estratégica,  al  igual  que    le    imprimirá    celeridad    al    acto  público  de  comunicación  y  depuración, lo cual  contribuirá    significativamente    con la descongestión de los despachos judiciales.   

Justamente,   con   el   propósito   de  satisfacer  el  perfecto  conocimiento   de   la   acusación  y  afirmar   los  derechos  que  de  ella  se activan, el  legislador  reguló  de  manera  estricta  los  aspectos que el  escrito      acusatorio      debe      contener30  y  permitió  su  control  formal31,  pues  como  se  ha  sostenido, al constituir el límite al poder  punitivo  del  Estado  y  por  tanto el marco jurídico y supuesto básico de la  sentencia,   debe  ofrecer  el  conocimiento  exacto  de  los  extremos  que  se  debatirán  en  el  juicio.  Por  este  motivo,  en  reiteradas oportunidades la  Sala32  ha  llamado  la atención a la Fiscalía para que la decisión de  acusar  obedezca  a  los  más  estrictos  postulados  de  responsabilidad en la  investigación  que  se  adelantó y lideró, de forma tal que el escrito sea el  reflejo  de  los  resultados de la actividad probatoria desarrollada y por tanto  entrañe  el pleno convencimiento de la teoría del caso que se defenderá en el  juicio.     

A  su turno, el artículo 339 de la Ley 906  de 2004 dispuso que:   

«Abierta  por  el  juez la audiencia [de  formulación   de   la   acusación],  ordenará  el  traslado  del  escrito  de  acusación a las demás partes … para que expresen  oralmente  … las observaciones sobre el escrito de acusación, sino reúne los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  337,  para que el fiscal lo aclare,  adicione   o   corrija  de  inmediato».   

Como  puede  observarse,  el  legislador no  desconoció  la  posibilidad  de que el escrito acusatorio pudiese ser aclarado,  adicionado   o   corregido   con   el   propósito   de   establecer   de  forma  actual, adecuada, suficiente  y  certera  el  marco  de  actuación  de  la  Fiscalía  en la fase del juicio,  reforzando   así   la   garantía   del   derecho  a  la  no  indefensión  del  procesado,   al  tiempo que la jurisprudencia de la Sala ha admitido que la  Fiscalía    pueda    retirarlo    –cosa  que  no  ocurrió en este asunto, sin que ello implique que a  través   de  este  proceder  se  dé  por  finiquitado  el  proceso33.   

En  el caso que se examina, la Fiscal   delegada   no   optó   por  retirar  el  escrito,  sino  que  indebidamente  lo  «adicionó»  para  excluir  de él de manera definitiva y dar por concluida la  actividad  procesal de uno de los delitos que había sido válidamente imputado,  equivocando  claramente  la  vía  legalmente  dispuesta  para ello, esto es, la  preclusión,  pues  atendiendo  las consecuencias que  conlleva    una    decisión    de    esta   naturaleza  para  la  defensa,  pero     particularmente     para    la   sociedad   y   la   víctima,   el  constituyente  previó  este  mecanismo específico,  con      garantías      reforzadas,             disponiendo   que   el  Fiscal   debe  solicitarla  ante  el  juez  de conocimiento quien  la decidirá.   

Tanto  es así,  que el numeral quinto del  inciso  segundo  del  artículo  250  Constitucional  asigna  a  la Fiscalía General de la Nación la precisa función de:   

«Solicitar ante  el  juez  de  conocimiento la preclusión  de  las  investigaciones cuando según lo dispuesto en la ley no  hubiere  mérito  para  acusar.».  (Resaltado de la  Sala).   

En  ese orden de ideas, por expreso mandato  constitucional,  ante  la  ausencia  de  mérito para sostener la acusación, el  fiscal   se   encuentra   compelido  a  requerir  al  juez  de  conocimiento  la  preclusión,  pues  ella  implica  la  terminación  de  la actuación de manera  definitiva   y   con   efectos   de  cosa  juzgada34,  sin el agotamiento de las  etapas procesales en su integridad.   

Ha  valorado el constituyente la existencia  de  un  claro  contenido jurisdiccional en esta decisión, razón por la cual le  asignó  la  competencia  para  su  conocimiento  al  juez,  pues  de permitirse  que     el    órgano    investigador  la adopte,  se   estaría   dejando   en  manos  de  una  parte  –la   acusadora-  la  titularidad  de la jurisdicción en franco detrimento  de   la  víctima,  la  sociedad  y  el  Ministerio  Público,   quienes   no   podrían   ejercer   ora  sus   derechos   ya  su  competencia    con    evidente    menoscabo    de  sus   intereses   ante   la   imposibilidad  de  su  cuestionamiento35.   Así lo consideró  también  el  legislador  de  2004  cuando  formuló  como  alternativa  para la  garantía  del  equilibrio de las partes,  el  reforzamiento  del  control  judicial  para  las  decisiones  procesales  definitivas  que  hacen  tránsito  a cosa juzgada, específicamente  para   la   preclusión   del   proceso   y  la  aplicación  del  principio  de  oportunidad36.   

Esta  postura,  que  evidencia  una  clara  separación   entre   las   funciones   de  investigación-acusación  y  la  de  juzgamiento,  armoniza plenamente con la característica fundamental del sistema  acusatorio,  el  cual  se  sustenta  en  el principio  acusatorio,   integrado por tres sub principios:  (i)    nemo    iudex    sine    actore,  (ii)  la separación entre el órgano que acusa y el órgano que  juzga  y,  (iii)  el  derecho  a  ser  informado  de  la  acusación37;  siendo  entonces  la atribución diferenciada de competencias para acusar y extinguir el  proceso, una clara expresión del acatamiento de este modelo.   

De  allí,  que  la  respuesta  al  primer  problema  jurídico  se  dirige a afirmar que  la Fiscalía no se encuentra  legalmente  facultada  para  dar  por  concluido  el  proceso  por  medio  de la  “adición”  del  escrito  de  acusación; en desarrollo de sus facultades de  parte,  puede  retirarlo  con  anterioridad a la celebración de la audiencia de  formulación  de  acusación,  sin  que ello incorpore la posibilidad de que con  tal   actuación    concluya   el   proceso   por  alguno  de  los  delitos  investigados,  pues,  para  tal  fin, debe articular el mecanismo procesal de la  preclusión  elevando  la  solicitud al juez de conocimiento, aun cuando no haya  habido      formulación     de     imputación38.   

En  consecuencia, en el caso concreto, y en  respuesta  al primer cuestionamiento, no puede la Sala avalar la utilización de  adiciones  al  escrito  de  acusación, para justificar el cese definitivo de la  actividad  procesal respecto del delito de secuestro simple que les fue imputado  a los procesados.   

El  segundo problema consiste en determinar  si   la   petición  de  preclusión  por  atipicidad de la conducta -numeral  4º,  art.  333  de la Ley 906 de 2004-, puede ser presentada en la audiencia de  formulación de acusación.   

Con   el  propósito  de  resolver  este  interrogante  es    importante   tener   en   cuenta    que    los   cánones         78,        331  y  332  de  la  Ley  906 de 2004,  desarrollan  el artículo 250 de la Constitución Política determinante de esta  específica    competencia    de    la   siguiente  manera:   

«Art.  78.-  Trámite    de    la    extinción.   La  ocurrencia  del hecho generador de la extinción de la acción  penal   deberá  ser  manifestada  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación.   

La  Fiscalía deberá solicitar al juez de  conocimiento la preclusión.».   

A  su  turno, el artículo 331 de la misma  obra dispone:   

«Art.  331.-  Preclusión.   En   cualquier   momento  el  fiscal  solicitará  al  juez  de  conocimiento  la preclusión, si no existiere mérito  para acusar.».   

En cuanto a las  razones    de   procedencia   de   la   preclusión  el    artículo   322  ibídem                 estableció:   

«Art.    332.-   Causales. El fiscal solicitará la preclusión  de la investigación en los siguientes casos:   

     

1. Imposibilidad  de  continuar  o iniciar el ejercicio de la acción  penal.   

2. Existencia  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad, de  acuerdo con el Código Penal.   

3. Inexistencia del hecho investigado.   

4. Atipicidad del hecho investigado.   

5. Ausencia    de    intervención   del   imputado   en   el   hecho  investigado.   

6. Imposibilidad      de     desvirtuar     la     presunción     de  inocencia.   

7. Vencimiento  del  término  máximo  previsto en el inciso segundo  del artículo 294 de este código.     

Parágrafo.  Durante  el  juzgamiento,  de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión.  (Resaltado  de la Corte).   

Así las cosas, el legislador estableció de  manera  expresa y precisa las causales específicas que  pueden originar la  solicitud  de  preclusión  en  la  fase del juicio, reduciéndolas a dos de las  contempladas   en  el  artículo  332  de  la  Ley  906  de  2004:  la  primera,  -imposibilidad  de  iniciar o continuar el ejercicio  de  la  acción  penal-  y;  la  tercera -inexistencia       del       hecho       investigado-.   

Esta  regulación  normativa, fue objeto de  análisis  e  interpretación por parte de la Corte Constitucional, la cual, con  ocasión    de   la   sentencia   de   constitucionalidad   C-920/0739,   afirmó:   

“El  régimen establecido por la Ley 906  de  2004  contempla  dos oportunidades en que puede presentarse una solicitud de  preclusión,  supuestos  que  se  encuentran perfectamente caracterizados por el  momento  procesal  en  que  operan,  las  causales en que se pueden fundar y los  sujetos  legitimados  para  formularla.  La primera oportunidad (Arts. 331 y 332  inciso  1°)  se  presenta  (i)  durante  la  investigación (aún desde la fase  previa),  hasta  antes de  que    el   fiscal    presente   el   escrito   de   acusación40,   (ii)   se   puede   formular  con  fundamento  en  cualquiera  de  las siete (7) causales previstas en el artículo  33241,  y (iii) el legitimado para hacer la solicitud, según lo prevé  la ley, es el fiscal.   

La  segunda,  (Parágrafo  Art. 332) puede  presentarse     (i)     durante     el     juzgamiento,     (ii)    únicamente   con   fundamento  en  dos  (1ª  y  3ª)42  de  las  causales  previstas  en el artículo 332, y (iii) los  sujetos  legitimados  para formularla son el fiscal, el ministerio público y la  defensa. (Negritas y subraya agregadas).   

Recordó  la  Corte  Constitucional  que la  doctrina  ha  caracterizado  a  las  dos causales que habilitan la solicitud con  posterioridad  a  la  radicación  del  documento  acusatorio  en  su naturaleza  objetiva,   cuya   constatación   no   demandaría   juicios,   valoraciones  o  interpretaciones ponderadas,  y que en su particular criterio:   

«  El rasgo determinante para el efecto,  radica  en  que  se trata de causales que no imponen un pronunciamiento sobre el  asunto   de   fondo,   ni   sobre   la  responsabilidad  del  procesado,  aunque  efectivamente  como  lo  ha señalado la Corte, y lo admite la Procuraduría, no  sean   siempre  de  fácil  constatación  empírica,  y  eventualmente  generen  controversia sobre su estructuración.   

Observa  la  Corte que las dos causales a  que  se  refiere  el  precepto  acusado  tienen  en  común  que no comportan un  pronunciamiento  sobre  la  responsabilidad  del acusado. No obstante ése mismo  rasgo  puede  predicarse  de  la  causal  7ª  prevista en el artículo 332, que  contempla  como  motivo  de  preclusión  el “Vencimiento del término máximo  previsto  en  el inciso segundo del artículo 294 de este Código”43  .  Esta  causal  hace  referencia  al  evento en que transcurrido el plazo (30 días) que  tiene  el fiscal para acusar, solicitar la preclusión o aplicar el principio de  oportunidad  (Art.  175)  y  no  lo  hiciere,  pierde  competencia  y el caso es  reasignado  a otro fiscal quien a su vez cuenta con otros 30 días para el mismo  propósito.   Si   transcurrido   ese   segundo  plazo  el  caso  permanece  sin  definición,  hay  lugar a la libertad del imputado, y se configura la causal de  preclusión  a  que  alude  el  numeral  7°  del artículo 332. Es evidente que  aunque  se  trata  de una causal que tampoco implica un pronunciamiento sobre la  responsabilidad  del  imputado,  su  ámbito  propio  y  exclusivo  es  el de la  investigación,  por  lo  que  no  podría  ser incluida por el legislador en el  parágrafo  del  artículo  332 que regula las causales admisibles en la fase de  juzgamiento.   

4.5. La regulación impugnada excluye  así  la  posibilidad  de  propiciar  un  pronunciamiento  anticipado  del  juez  de conocimiento por la vía de la preclusión, en la fase  de  juzgamiento,  aduciendo la configuración de  una  causal  de  exclusión  de la responsabilidad;44        la  atipicidad  del hecho investigado45;    la    ausencia    de  intervención  del imputado en el hecho investigado46. Lo mismo acontece con las  causales  consistentes  en  la  imposibilidad  de  desvirtuar  la presunción de  inocencia  (Art.  332.6) y el vencimiento del término máximo de que dispone la  Fiscalía  para  acusar,  precluir  o  aplicar el principio de oportunidad (Art.  332.7),  causal  esta  última  que  como  se  señaló  está  específicamente  diseñada  para  ser  invocada  en  la  fase  de  investigación.». (Negritas adicionadas)   

Argumentó la Corte Constitucional, que la  regulación  legal  de  las causales, sujetos legitimados y oportunidad procesal  para  requerir  la preclusión, obedecen claramente a la lógica estructural del  modelo  acusatorio  de  procesamiento  y  respeta  las  reglas  propias  de  sus  elementos  esenciales,  que  se   concretan  en  la estructuración de tres  etapas:   

«La   primera   etapa,  denominada  de  indagación         e         investigación47cuyo objetivo básico es la  preparación  del  juicio,  supone  el  conocimiento  por parte de los sujetos e  intervinientes,  de  la existencia del proceso, quienes despliegan una actividad  de  recaudo  de  la evidencia y de los elementos materiales probatorios que  pretenden   llevar   al   juicio   para  respaldar  sus  posiciones  procesales.   

La  etapa  intermedia, se caracteriza por  que  una  vez  que  las partes y los intervinientes se encuentran preparados, se  presentan  ante  el juez con el propósito de buscar una aproximación al objeto  del  debate  y una  definición del marco en el que habrá de desenvolverse  el  juicio  oral.  Proceden  al  descubrimiento  de los elementos de convicción  recaudados  en  la  investigación,  a  la  definición de la aptitud legal y la  pertinencia  de  los  mismos para ser llevados a juicio, y a establecer acuerdos  acerca  de  tópicos  comúnmente  aceptados y que por lo tanto no serán objeto  del  debate,  a  la  vez que constituye un espacio para eventuales negociaciones  entre         fiscal        y        acusado48.   

La  tercera fase  corresponde al  juicio  oral49,  público, concentrado y con inmediación de la prueba, que gira  sobre  tres  ejes fundamentales: la presentación de la teoría del caso por las  partes,  la  práctica  de  las pruebas previamente decretadas por el juez, y la  exposición  de  los  alegatos  por  las  partes  e intervinientes. Concluido el  debate  se  anunciará  el sentido del fallo. En esta fase, como lo ha destacado  la    jurisprudencia    de    esta   Corporación50   adquieren   su   mayor  énfasis  los rasgos adversariales del sistema.   

De  acuerdo  con  la  estructura  y  las  denominaciones  utilizadas  por el legislador, tanto la etapa intermedia como la  del    juicio    oral,    propiamente    dicho,    conforman    la    fase    de  juzgamiento51,   en   tanto  que  una  y  otra  se  encuentran   precedidas   de   una  acusación  formalmente  presentada  por  la  Fiscalía.   

De tal manera que cuando el parágrafo del  artículo  332  acusado  establece  que   “Durante  el  juzgamiento” de  sobrevenir    las    causales    1ª    y    3ª,    podrá    solicitarse    la  preclusión,    hace  referencia  a  la  fase  procesal posterior a la presentación de la acusación,  que  corresponde  a  la  fase  de  “El juicio” conforme al Libro Tercero del  código  procesal  y  que  aglutina  los  momentos  de presentación del escrito  de   acusación,  la  audiencia de formulación de acusación, la audiencia  preparatoria y el juicio oral.   

4.7.   Teniendo  en  cuenta  ese  marco  estructural,  observa  la  Corte  que  desde  una  visión  sistemática resulta  plausible  que  sea  en  el  momento  de culminación de la investigación, y de  consiguiente  valoración  de  una eventual acusación por parte del fiscal, que  surja  la  necesidad  de plantear la preclusión de la investigación,  por  ausencia   de   mérito  para  sostener  una  acusación,  ya  sea  por  razones  sustanciales   atinentes   a  la  responsabilidad  del  imputado,  debido  a  la  inexistencia  de soporte probatorio adecuado sobre cualquiera de los aspectos de  la  imputación,  o por razones procesales relacionadas con la procedibilidad de  la acción, o el vencimiento de los términos legales.   

Una   vez  que  se  ha  formalizado  la  acusación,  con  el  cumplimiento de los requisitos  previstos   en   el   artículo   337,  el  escenario  previsto  por el legislador  para controvertir  los  supuestos  fácticos,  probatorios  y  jurídicos  que  le  dan sustento al  escrito  acusatorio, es el juicio mismo, a través de  las  diferentes  audiencias  que  lo  integran.  Como  consecuencia  de  tal concepción las posibilidades de solicitar una preclusión  en   la  fase  de  juzgamiento  quedan  reducidas  a  la  constatación  de  una  circunstancia,  sobreviviente  a  la  acusación,  que  impida  proseguir con la  acción   penal,   o   la   verificación   de   la   inexistencia  –     fáctica-     del     hecho  investigado.».             (Resaltado de la Sala).   

Por ello, en el caso bajo estudio resultaba  improcedente  requerir la preclusión con base en la causal cuarta del artículo  332   de   la   Ley   906  de  2004  –   atipicidad   del  hecho  investigado-  con  posterioridad  a  la  radicación  del  escrito  acusatorio,  ya  que no se presentaron circunstancias  sobrevinientes  que  le  impidieran a la Fiscalía continuar con el ejercicio de  la  acción  penal  o le posibilitaran respaldar probatoriamente la inexistencia  del hecho investigado.    

Atendiendo    a   la   interpretación  constitucional  anteriormente  señalada,  la demanda de preclusión incoada con  posterioridad  a  la  presentación del escrito de acusación debe estar fundada  en   que  sobrevengan  las  causales     primera     y    tercera    del    artículo    332    ejusdem,   pues   el   parágrafo   del  artículo 332 del Código de Procedimiento Penal dispone que:   

«Durante  el  juzgamiento,  de     sobrevenir    las    causales  contempladas  en los numerales 1º y 3º, el Fiscal, el Ministerio Público o la  defensa,   podrán   solicitar   al   juez  de  conocimiento  la  preclusión».  (Negritas fuera de texto original).   

Como  puede advertirse, en estos supuestos  la  solicitud  debe  cumplir  con el condicionamiento de ser  sustentada en  elementos  de  convicción  que  surjan  con  posterioridad a la radicación del  escrito  de  acusación,  pues  no  puede  basarse  en los mismos argumentos que  sirvieron de base para su formulación.   

Estas circunstancias no concurrieron en el  caso  bajo  estudio, en donde la fiscal delegada, además de acudir a una causal  improcedente  en  esta  fase  del  proceso, la requirió con apoyo en los mismos  medios  de conocimiento que obraron en la etapa investigativa pero aduciendo una  aproximación  teórica  diferente para arribar a la no tipificación del delito  de  secuestro simple, olvidando que según lo ha sostenido la Sala, la  alternativa  de  poner  fin  al proceso por esta vía supone la  existencia  de  prueba  de  tal  entidad  que determine de manera concluyente la  ausencia  de  interés del Estado en agotar toda la actuación procesal prevista  por  el  legislador  para  ejercer  la  acción penal, dando paso a un mecanismo  extraordinario  por  virtud del cual pueda cesar de manera legal la persecución  penal52.   

Es  importante  advertir  que en supuestos  como  el  que  hoy  se  analiza  no  estamos  frente a un control material de la  acusación,  el  cual  opera  cuando  el  juez,  verbi  gracia, muestra su inconformidad con los punibles por  los  que  se  acusa,  o  determina  si  es completa, o si se excluyen o dejan de  incluirse  delitos,  o  circunstancias  con  consecuencias punitivas; decisiones  estas  que  son  de  la  competencia  exclusiva  de la Fiscalía derivadas de la  discrecionalidad en el ejercicio de la acción penal.   

Contrario  a lo anterior, la intervención  del  juez  en  la  acusación  ha sido admitida por la jurisprudencia en aras de  evitar  violaciones  a garantías fundamentales, como ocurre, por ejemplo, para:  evitar  acusaciones  absurdas;   garantizar la legalidad de los delitos por  los          que          se          acusa53;  requerir  al  fiscal  que  complemente  la  acusación  con  los datos básicos consagrados en el artículo  337     de     la     Ley     906     de     200454;  garantizar  la  claridad,  precisión55  y  concreción  de  las circunstancias de tiempo, modo y lugar en  que   se   produjo   la   conducta   endilgada;   garantizar   que   los  hechos  atribuidos   al  procesado  se  refieran   estrictamente  a los mismos  antecedentes  fácticos  de  cargo contenidos en la formulación de imputación;  garantizar   que   el   descubrimiento   probatorio   sea   lo   más   completo  posible56;  decidir  la devolución del escrito de acusación por considerar  que        carece        de        competencia57;  ejercer  un  control a la  asistencia  técnica  que  se  le  brinda al procesado, a fin de materializar el  derecho   a   la   defensa  durante  la  acusación58;    pues    con    tales  intervenciones   da   cumplimiento   a   la   función  protectora  de  derechos  fundamentales   que   le   ha   sido   asignada   por   la  Constitución  y  la  ley.   

Ciertamente,   la   nueva   regulación  constitucional  del  proceso  penal  introducida  por  el Acto Legislativo 03 de  2002,  a  través  de la reforma al artículo 250 constitucional, introdujo como  uno  de los rasgos fundamentales del sistema criminal de estirpe adversarial, la  adscripción   de   la   función  acusatoria  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación59;  por ello, en aras de respetar esta metodología de procesamiento  y  lograr  que  constituya  una  totalidad  caracterizada  por  la articulación  dinámica  de sus actores, es necesario que exista pleno respeto a las funciones  atribuidas  a  cada  uno  de  ellos,  sin  que se produzcan interferencias a los  ámbitos de competencia asignados a otros sujetos procesales.   

Como  consecuencia  de  la  sistemática  adversarial,  en  el acto de acusación el juez de conocimiento no podrá, entre  otros;  promover  el  ejercicio  del llamamiento a juicio;  requerir que se  persevere  en  la persecución penal, por ejemplo cuando la fiscalía manifiesta  que  está  tramitando  la  aplicación  del  principio  de  oportunidad,  de un  preacuerdo,  o  si  decide  retirar la acusación; incitar al órgano acusador a  que  invoque  la  preclusión  del  proceso;  emitir  su opinión respecto de la  completitud  de  la investigación; oponerse a la acusación, puesto que el juez  no  está autorizado por la ley para impedir la persecución penal; plantear una  calificación  jurídica  de  los  hechos  u  otras formas de participación del  imputado  distinta  a  la  adecuada  por la Fiscalía; ampliar la acusación del  fiscal  extendiéndola  a  hechos  o  delitos no contenidos en ésta60; contribuir  con  las  partes  a  la  prueba del hecho justiciable, pues la incorporación de  medios    probatorios    al    proceso    se    rige    por    el   principio   de   aportación  de  parte,  según  el  cual  la  actuación  del  juez  debe estar regida por una pasividad  probatoria  que  le  impide  sugerir  pruebas  o decretarlas de oficio, debiendo  aproximarse  a  la  verdad de lo sucedido dentro de los parámetros establecidos  por  la  Constitución  y  la  ley «sin que se pueda  ligar  el concepto de verdad con la búsqueda de oficio de aquella»61.   

Todas  estas restricciones pretenden   asegurar  la  imparcialidad de los jueces evitando que se transformen en actores  de  la  persecución  penal  y, al tiempo, garantizar a las partes procesales un  juicio  objetivo,  justo  y ecuánime, que se traduce en un derecho subjetivo de  los   ciudadanos   en  la  medida  en  que  forman  parte  del  debido  proceso.   

Así, el pensamiento rector que debe guiar  la  actuación  del juez durante el acto de acusación, debe estar orientado por  el  respeto  de  la  regla  básica del principio acusatorio:  quien   instruye   no   puede  juzgar  y  quien    juzga    no   puede   instruir,  razón  por  la  que  debe  abstenerse  de desplegar actuaciones  atribuidas  al  órgano  investigador o propias de la actividad defensiva de los  intereses  del  procesado o de la víctima, evitando con ello la pérdida de una  de    las    garantías    cardinales    de    la    función    judicial:    la  imparcialidad.   

Su actuación debe entonces adscribirse al  ámbito  típicamente  judicial,  salvaguardando en todo momento la posición de  neutralidad   y   equilibrio   que   modula  la  metodología  de  procesamiento  adversarial,  evitando que con su participación se produzca un desequilibrio en  la  igualdad  procesal  de las partes o interfiriera en el ejercicio del litigio  estratégico.  Téngase  en cuenta que en procura de garantizar la imparcialidad  judicial,  este  principio  rector  fue erigido por el legislador de 2004 con el  carácter           de           imperativo62, conforme con la axiología  que inspira al sistema acusatorio.   

En  el  presente  asunto,  se  reitera, el  órgano  de  investigación  ejerció  libremente  la  acción  y  realizó  las  calificaciones  fácticas  y  jurídicas  que en su momento estimó pertinentes,  solo  que,  luego  de  hacerlo,  la  Fiscal  que  intervino  en  la audiencia de  formulación  de  la  acusación consideró que no se cumplía el presupuesto de  tipicidad  de la conducta investigada y solicitó la preclusión sin atender las  pautas legal y constitucionalmente establecidas para ello.   

En  este  orden  de  ideas, el cargo no se  encuentra llamado a prosperar.   

          El  tercer  cuestionamiento  contenido en el primer cargo contra la  sentencia  del Tribunal, consiste en determinar si la  negativa  del  juez  de  conocimiento en   declarar   la   preclusión  de  la  investigación   solicitada  por  la  Fiscal  genera  nulidad    por   violación   al   debido   proceso  por   ruptura  de   su   estructura  constitucional,  al      verse      compelida      a     acusar     por        un      delito   que   consideraba   que  los  procesados  no  habían  cometido, con lo cual el escrito de acusación carecía  de    los    requisitos    legalmente    consagrados   en   el   artículo   336   de   la   Ley   906  de  2004,  pues  no  podía  afirmar  con probabilidad de verdad que el punible se  hubiera    cometido.   

         Atendiendo  a  los  planteamientos  de  índole   constitucional,   legal,  jurisprudencial  y               doctrinarios   hasta  ahora  expuestos, resulta  evidente  que  la  negativa  del juez en  declarar  la  preclusión,  lejos de  transgredir   los   postulados  del  debido  proceso  los  respeta  y  los confirma.   

         Es  claro  que la adopción  del  sistema  acusatorio trae consigo  el   imperativo   de  acatar   sus   componentes   esenciales,   entre  los  que  se   encuentra   la   separación  del  órgano  acusador  y  el  juzgador;  por ello, es oportuno indicar que en  el  presente  asunto  el  juez  de  conocimiento  en  momento   alguno   obligó   a   la   Fiscalía   a  acusar   por   un   delito  determinado  o  a no hacerlo.  Fue el órgano  acusador  del  Estado  quien  de  manera  autónoma e  independiente     imputó     los    punibles  que en su momento consideró  que    se    tipificaban    y    radicó    el    correspondiente   escrito   de  acusación    dando  paso,    según    el    diseño    constitucional   del   proceso   penal  a    la    fase   del   juicio   oral;  cuestión  diferente    es   que   como   consecuencia   de   la   decisión   que  negó  el  requerimiento  se deba  dar continuidad a la actuación.   

         No admite discusión que en el momento  de   ser  radicado  el  escrito  de  acusación,  el  Fiscal   que   tramitaba   el   caso   consideró  que el delito de secuestro  simple  se tipificaba, es decir, estimó con  probabilidad  de  verdad  que  la  conducta    había    existido,    como   también  la    valoró    el  delegado     que  posteriormente    actuó    durante    el   juicio  oral;    recuérdese  que    en    lugar    de    solicitar    en    sus  alegaciones  finales  la  absolución  de  los  procesados por atipicidad del comportamiento, el       agente       de       la      Fiscalía      demandó  sentencia condenatoria en su  contra,   como   en   efecto   ocurrió.   

         En  el  mismo  sentido,  el  juez  de conocimiento no se encuentra  obligado    a    resolver    favorablemente    las    solicitudes   de  preclusión  que la parte acusadora  le  presente,  como  quiera que  los          principios    de    independencia      y     autonomía63   que  informa  la  actividad  jurisdiccional, al igual que su sometimiento  exclusivo  a  la  constitución y la  ley64,    le    permiten    proferir   sus  decisiones  sin  que  su  contenido  sea   predeterminado   por  la  solicitud  o   por   la   injerencia  de  terceros,   lo  cual  lejos  se  encuentra  de  violar la estructura procesal acusatoria   pues   de  ser  así  no  tendría  sentido  que la solicitud tuviera que ser sometida a  su  decisión,  aparejando  un claro compromiso del principio acusatorio.   

         Con  base  en  los  argumentos  anteriormente expuestos, el primer  cargo de la demanda no se encuentra llamado a prosperar.   

         Segundo     cargo.-    Subsidiario  del  primero  y  postulado al amparo de la causal segunda del artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004, al  considerar   que   el   fallo   del   Tribunal   es  nulo    por   haberse  proferido  con afectación sustancial del debido proceso por cuanto uno   de   los  Magistrados  que  integró  la  Sala  que   se   ocupó   de   resolver   la  apelación    de    la    sentencia   carecía   de   competencia   debido   a  que  previamente  había  conocido   el   recurso   de   alzada  de        la        decisión  que  negó  la  solicitud de  preclusión  formulada  por  la Fiscalía,        esto        es,        estaba        impedido.   

Imprescindible  resulta  entonces señalar  que  la  jurisprudencia  pacífica  de  esta  Corporación  tiene por sentada la  línea  según  la  cual  el  silencio  del  funcionario  a declararse impedido,  estando  en  la  obligación  de  hacerlo,  no vicia de  nulidad  la actuación en la que participa, a pesar de  que  pueda  eventualmente constituir una falta disciplinaria y, en algunos casos  conducta  punible,  toda  vez  que  la propia ley prevé el correctivo apropiado  para  subsanar el vicio y lo ha puesto a disposición de las partes, esto es, el  mecanismo  de  la  recusación  contenido  en  el  artículo 60 de la Ley 906 de  2004.   

De  modo  tal  que  si  la declaración de  impedimento  es  un  deber  del  funcionario, la recusación es un derecho de la  parte  y  no  activarla  significa  que  en  su  criterio  no está en riesgo su  imparcialidad.   

Con    apoyo    en   esta   invariable  jurisprudencial  que  se  remonta  al  año  de 198965  y  que  ahora no encuentra  razón alguna que implique su variación, la Sala ha estimado que:   

«Si  en  materia  de  nulidades  rige el  principio  de  convalidación  (…) resulta inconsistente que el actor pretenda  censurar  una actuación que se registró con la anuencia de la defensa, sin que  en  esa  oportunidad se procediera, por ejemplo a recusar a los funcionarios con  los  argumentos  que  ahora  han  sido  planteados  en su demanda.  Como es  evidente    que    la    defensa    –ejercida  en  aquella  época  por  otro  profesional-  estuvo  de  acuerdo  con  la actuación censurada, a ello debe atenerse y por tanto no le es  posible  de  manera  tardía  reprochar  lo que en su momento no reprobó.   Motivo  adicional  para desestimar el cargo, aparte de que lo relacionado con un  impedimento  no  declarado no repercute como motivo anulatorio …»66.   

Posteriormente,  otras  decisiones  de  la  Corte     han    tratado    el    tema,    reforzando    la    sólida    línea  interpretativa67,     al    sostener  que:   

«Por  otro lado, si la causal de nulidad  que  en últimas quería denunciar el profesional del derecho no era la atinente  a  las  reglas  de  los impedimentos y las recusaciones, sino a la conculcación  del  principio  de  imparcialidad  en  general,  la  Sala  ha  sostenido  que el  solicitante  tiene  la  carga  de  demostrar  la  relevancia  de la actuación o  pretermisión:   

(…)  cuando  se propone la vulneración  del  principio  de  imparcialidad  en el nuevo sistema acusatorio, el demandante  tiene  la  obligación  de  convencer  a la Corte de que en el caso analizado el  funcionario  de  conocimiento  evidenció,  mediante  manifestaciones de índole  objetiva,  algún  interés  personal  o  privado  en el resultado del proceso o  buscó  un  fin  público  o institucional distinto al respeto de las garantías  fundamentales,  en  otras  palabras, que ejerció o mostró el ánimo de ejercer  funciones  afines  a  las pretensiones acusatorias del Estado, o bien a favor de  los   designios   de   la  defensa,  durante  el  transcurso  de  la  actuación  procesal.»68.   

De manera que: (i) no es cualquier tipo de  participación  la  que genera impedimento,  esta debe ostentar una entidad  tal  que  haya llevado a que el juez pierda su imparcialidad y, (ii) la falta de  competencia  debe ser alegada por la parte o interviniente afectado en su debida  oportunidad  procesal, situación que no ocurrió en el presente asunto, pues la  Corporación  ha  podido  constatar  que  la  defensa no puso de manifiesto esta  circunstancia  en  el momento en que eventualmente se produjo, validando así la  actuación desplegada.   

En  efecto, el argumento de la “falta de  competencia”  de  unos  de los Magistrados que integraron la Sala de decisión  que  conoció  la apelación contra la sentencia, tan solo fue presentado por el  defensor  con  ocasión de la demanda de casación, cuando en realidad lo debió  identificar,  estructurar  y  argumentar  cuando  este  se  generó,  vale decir  recusándolo  al  integrarse la Sala de decisión y no esperar a la culminación  del  proceso para alegarlo en sede extraordinaria, pues para este instante ya se  encontraba saneada la actuación.   

Adicionalmente  es  necesario  tener  en  cuenta,  que  el artículo 456 de la Ley 906 de 2004, régimen procesal  al  que  se  encuentra  supeditado  el  presente  caso, restringe la declaración de  nulidad  por  incompetencia,  a aquellos supuestos en donde haya desconocimiento  del  fuero  o  se  establezca que el asunto corresponde a un juez especializado.  Obsérvese:   

«Artículo      456.     Nulidad     por     incompetencia     del    juez.-   Será  motivo de nulidad el que la actuación se hubiere  adelantado     ante    juez    incompetente    por  razón   del  fuero,  o  porque  su  conocimiento esté asignado a los jueces  penales  del  circuito  especializados.».  (Negritas  agregadas por la Corte).   

De   manera   que,  en  aplicación  del  principio  de  taxatividad,  no  hay  lugar a declarar la nulidad por falta de competencia ni a retrotraer el  trámite  procesal,  cuando  quiera  que  el desconocimiento de ella provenga de  situaciones   diversas  a  las  cimentadas  en  la  existencia  de  fuero  o  de  asignación     específica     a    los    jueces    penales    del    circuito  especializados.   

Lo  cierto es que aplicando armónicamente  los  preceptos  normativos contenidos en los artículos  55 numeral 14, 335  y  456  de  la  Ley  906  de  2004,  si  los sujetos procesales no alegan en las  respectivas  oportunidades  procesales  la  falta  de  competencia  por estar el  funcionario  impedido  para  conocer  el  caso,  ésta  se  considera prorrogada  –principio     de  convalidación-,  salvo que el asunto sea juzgado por  un  funcionario  que  se  encuentre en el marco de las previsiones del canon 456  ibídem.   

Con base en estas razones, se desestima la  inconformidad.   

        En    su    Tercer    Cargo,   el   recurrente   solicita   que  se  aplique  a  la  sentencia  condenatoria  la  circunstancia de atenuación punitiva contemplada en el inciso  segundo  del  artículo  171 del Código Penal, según el cual, en los supuestos  del  delito  de secuestro simple en que se deje a la víctima voluntariamente en  libertad  dentro  de los quince días siguientes a la retención, habrá lugar a  una disminución de pena hasta en la mitad.    

        Considera   el   togado   que   las   víctimas   fueron  liberadas  voluntariamente,  pues  lo  hicieron  sin  la  intervención de terceros; que en  momento  alguno  fueron  sustraídos  del lugar de su residencia  y que tan  pronto  los hurtadores abandonaron el inmueble sus residentes abrieron la puerta  y  dieron aviso de lo sucedido a las autoridades lo que logró la captura de los  procesados.   

        Igualmente  advera  una valoración menguada de la prueba recaudada  por  parte  del  juez  de  segundo grado, pues en su opinión desconoció que la  retención  de  las  personas  duró  el  tiempo  estrictamente  necesario  para  ingresar  al lugar, requisar las habitaciones del inmueble, trasladar los bienes  al  primer  piso,  llamar a su cómplice para transportarlos y poder consumar el  despojo a las numerosas víctimas.   

        Advierte  entonces  que  no  se realizó una delimitación entre el  tiempo  que  requirió  la consumación del hurto agravado y el que se requería  para configurar autónomamente el secuestro simple.   

        En  atención  a  lo  anotado,  es oportuno indicar que acudir a la  vía   de   la  violación  directa  –inciso  primero  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004-, implica  la  aceptación  de la facticidad fijada por el juez en su sentencia.  Así  lo     ha     expresado     esta     Corporación69:   

«Una  vez más la Sala debe precisar que  cuando  el demandante en casación opta por la causal primera de casación, vale  decir  violación directa de la ley sustancial, acepta los hechos, las pruebas y  la  valoración  que  de ellas se hizo en las instancias, de manera que no le es  permitido  discutir  cuestiones  de  facto, teniendo en cuenta que la discusión  que  propone  es de estricto orden jurídico y recae sobre la ley sustancial por  una de estas razones:   

1.  Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  defecto  que surge porque el juez yerra acerca de la existencia de la  norma,  razón  por  la  cual  no  la aplica al caso específico que la reclama.  Ignora  o  desconoce  la  ley  que  regula  la  materia y por eso no la tiene en  cuenta,  debido  a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en el  tiempo o en el espacio.   

2.  Aplicación  indebida.  El  error  se  manifiesta  en  la  falsa adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  la  norma,  ya que los sucesos procesalmente reconocidos no coinciden  con las hipótesis condicionantes del precepto.   

3.  Interpretación errónea. El yerro se  presenta  cuando  el  sentenciador,  aunque acierta en la selección de la norma  que  corresponde  al  caso  en  cuestión,  se  equivoca  al  interpretarla y le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, o le asigna efectos distintos o  contrarios a su real contenido.».   

        Conforme  con  esta  apreciación,  la argumentación de violación  directa  a  la  ley sustancial por falta de aplicación, debe hallarse huérfana  de  consideraciones  de  índole  probatoria,  pues  la  falta de aplicación se  predica,  justamente,  de  los  hechos declarados por el juez de instancia en la  sentencia.   

        En  este  contexto,  perdió de vista el impugnante que acudir a la  vía  de  la  violación  directa  demandaba  un  juicio de aceptabilidad de los  enunciados  fácticos  de  los  falladores  de  instancia,  según  el cual, las  víctimas  recobraron  su  libertad  por  sus  propios  medios y no gracias a la  intervención de los procesados como lo esgrime el demandante.   

        Pese   a   lo   anterior   y  entendiendo  superados  los  defectos  argumentativos  del  cargo, la Sala no comparte su postura, pues parte del falso  supuesto   de   asimilar  la  liberación  voluntaria  con   que   en  el  acto  de  recobrar  la  libertad  no   hayan   intervenido  terceras  personas, lo que  en realidad son dos postulados distintos.   

        Es  claro  que  la  liberación  voluntaria  de  las víctimas hace  referencia  a un acto que nace de la espontánea voluntad, del libre albedrío o  autónoma  determinación  del  sujeto  activo  del  delito y no por necesidad o  causas        extrañas        a       aquella70,  es decir, se trata de una  acción  que  no  depende  de la intervención de terceras personas –segundo supuesto-, como lo argumenta  el  demandante,  sino  de  la  espontánea subjetividad del individuo que decide  restablecer la libertad de sus víctimas.   

        Luego  de  valorar  la  prueba,  los jueces de instancias dedujeron  acertadamente  que  las  víctimas no habían recobrado su libertad por causa de  la      voluntad      de      sus      captores71,  pues  estos  las  dejaron  encerradas           con           candado72  en  una  habitación y que  lograron  liberarse  después de haber desplegado la  fuerza  para  abrir  el candado aproximadamente cuatro  horas    después    hacia    la    media    noche73,    facticidad   que  estuvo  respaldada  probatoriamente  con  los  testimonios  de Agueda Arciniegas  Fonseca  y  Viviana  Sánchez  Medina,  quienes  fueron reconocidas como sujetos  pasivos  del  delito  y  en  razón  de  tales  comparecieron al juicio a rendir  testimonio  de  lo  ocurrido,  informando  de  forma  unánime  respecto  de las  circunstancias  en  las  que  el  secuestro  se  produjo  y  la manera en la que  recobraron la libertad, esto es, por sus propios medios.   

        En  esas  condiciones  no  puede  sostenerse  fundadamente  que las  victimas  hayan  sido  liberadas  voluntariamente  por  sus  agresores,  pues la  actitud  de  estos apuntó a privar de la libertad a los ofendidos para asegurar  su  fuga  lo  que  se  refleja  en  que  emprendieron la huida sin proceder  previamente  a liberarlos, como quiera que no abrieron el candado, dejándolos a  su  suerte,  siendo  los  propios secuestrados quienes por sus propias maniobras  lograron  liberarse,  sin  que  importe  si en ese proceso  contaron con la  ayuda  de  terceros  o  no,  puesto  que  lo  que exige la causal atemperante de  punibilidad  es  que:  (i)  la liberación haya sido producto de la voluntad del agresor y, (ii) que se haya  producido  dentro  de  los  quince  días  siguientes al secuestro, y ninguno de  estas exigencias concurrió en el caso bajo análisis.   

Significa  esto  que el cargo se encuentra  fundamentado  en  una personal y subjetiva forma de apreciación del alcance que  ha  debido  otorgársele  a  las  pruebas practicadas, que además riñe con los  postulados  fácticos  declarados en las sentencias de instancia que gozan de la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, razón por la cual el cargo no se  encuentra llamado a prosperar.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO   CASAR  la  sentencia   impugnada   por   el   defensor   de   los  procesados  INGRI    YECCENIA   BARRERA   TORRES   y  JOSÉ     JAVIER     VELASCO     DÍAZ.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno. Devuélvase al Tribunal de origen.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 2 del de la carpeta del proceso.   

2 Cfr.  Folios      1      a     3     ibídem.   

3 Cfr.  Folio    2   específicamente,   ibídem.   

4 Cfr.  Folios 6 y 7 ibídem.   

5 Cfr.  Folios 14 a 19 de la carpeta del proceso.   

6 Cfr.  Folio 32 de la carpeta del proceso.   

7 Cfr.  Folio 34 de la carpeta del proceso.   

8 Cfr.  Folios 103, 104, 111, 112, 114 y 115 de la carpeta del proceso.   

9 Cfr.  Folios 126 a 142 de la carpeta del proceso.   

10 Cfr.  Folios 21 a 39 de la carpeta de segunda instancia.   

11 El  proceso  muestra  que  realmente  quien  presentó  la solicitud referida fue la  Fiscal  15  de  la  Unidad  Nacional  de  Fiscalías  contra  la Extorsión y el  Secuestro.   

12  Cfr.    Constitución    Política    “art.   250   inc.   1º.    La   Fiscalía   General   de   la  Nación  está  obligada  a  adelantar el ejercicio de  la  acción  penal  y  realizar la investigación de los hechos que revistan las  características  de  un  delito  que  lleguen  a  su  conocimiento por medio de  denuncia,  petición  especial,  querella  o  de oficio, siempre y cuando medien  suficientes   motivos   y  circunstancias  fácticas  que  indiquen  la  posible  existencia  del  mismo.  No  podrá, en consecuencia, suspender, interrumpir, ni  renunciar  a  la  persecución  penal,  salvo en los casos que establezca la ley  para  la  aplicación  del principio de oportunidad regulado dentro del marco de  la  política  criminal  del  Estado,  el  cual  estará  sometido al control de  legalidad  por parte del juez que ejerza las funciones de control de garantías.  Se  exceptúan  los  delitos  cometidos  por  Miembros  de la Fuerza Pública en  servicio activo y en relación con el mismo servicio.”.   

13  Cfr. Ley 906 de 2004, art. 207.   

14  Cfr. Ley 906 de 2004, art. 286.   

15  Cfr. Ley 906 de 2004, arts. 153, 154.6, 286 a 289.   

16  Cfr.  CSJ, SP, 28 de noviembre de 2007, Rad. 27518; CSJ, SP. de 30 de octubre de  2008,  Rad.  29872; CSJ, AP. de 5 de septiembre de 2012, Rad. 39799; CSJ, AP. de  3 de julio de 2013, Rad. 36467; entre otras   

17  Sobre  el  punto  puede consultarse, entre otras, la providencia del 27 de julio  de 2007 (radicado 26.4687).   

18 De  enero 27.   

19  Respecto   de   esta   valoración   la   Sala  ha  sostenido  que  «corresponde  ser  realizada por la Fiscalía, luego de un proceso  de  valoración  de tales elementos de convicción, gracias al cual dicho sujeto  procesal  evalúa  si  se  satisface  la  exigencia  probatoria  prevista por el  mencionado  precepto  para  convocar  el  juicio  mediante  la presentación del  mencionado  escrito.». Cfr. CSJ., AP. de 18 de abril  de 2012, Rad. 38521.   

20  Cfr. Ley 906 de 2004, art. 175.   

21  Cfr.  Jaen Vallejo, Manuel, Derechos Fundamentales del  proceso  penal, Ediciones jurídicas Gustavo Ibáñez,  Bogotá, pág.73.   

22  Cfr.  Ferrajoli,  Luigi, Derecho y razón. Teoría del  garantismo  penal, Ed. Trotta, Madrid, 1997, págs.606  y 607.   

23 Ley  906 de 2004, inc. 1º, art. 339.   

24  Cfr. Sentencia de la Corte Constitucional C-209/07, de 21 de marzo.   

25  Cfr. CSJ. AP. de 3 de julio de 2013, Rad. 41639, entre otras.   

26  Cfr. Ley 906 de 2004, arts. 175, 294 y 317.4.   

27  Cfr. Ley 906 de 2004, Parágrafo 1, art. 284.   

28 Ley  906 de 2004, art. 338.   

29  Cfr.    Ídem,    art.  350.   

30 Ley  906 de 2004, art. 337.   

31  Cfr. Sentencia de la Corte Constitucional C-209/07, cit.   

32  Cfr. CSJ. SP. AP. 40365, de noviembre 20 de 2013, entre otras.   

33  Cfr.  En  este  sentido, CSJ. SP. de 28 de febrero de 2007, Rad. 26087; AP. de 5  de  octubre  de 2007, Rad. 34370; AP. de 15 de julio de 2008, Rad. 29994; SP. de  13  de  diciembre  de  2010, Rad. 38256; AP. de 13 de marzo de 2013, Rad. 39561;  AP. de 18 de diciembre de 2013, Rad. 34916, entre otras.   

34  Cfr. Ley 906 de 2004, art. 334.   

35  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-591/05, de junio 9.   

36  Cfr.  Actas  de  la  Comisión  Constitucional  Redactora  Creada  por  el  Acto  Legislativo  003  de  2002, Acta No. 023, correspondiente a la sesión del 27 de  junio  de  2003,  Vid. Específicamente intervención de los comisionados Adolfo  Salamanca Correa y Carlos Eduardo  Mejía.   

37  Cfr.  Armenta  Deu,  Teresa,  Principio  acusatorio y  Derecho  penal,  J.M.  Bosh  editor, Barcelona, 2003,  p.31 y ss.   

38  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-591/05, cit.   

39  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-209/07, de noviembre 7.   

40  Conviene  recordar  que  mediante sentencia C- 591 de 2005, la Corte declaró la  inexequibilidad   parcial   del  artículo  331  que  regula  la  figura  de  la  preclusión.   En   aquella  oportunidad  se  pronunció   respecto  de  la  expresión   “a   partir  de  la  formulación  de  imputación”   que  determinaba  la  oportunidad  a  partir  de  la  cual  el  fiscal  debía  solicitar  al  juez de conocimiento la  preclusión.  Para  la  Corte dicha expresión posibilitaba que en fase previa a  la   formulación   de   imputación,   fuese   el   fiscal  quien  motu  proprio  declarara la preclusión,  opción  que  riñe con el nuevo modelo de investigación que radica en el juez,  –   de   garantías   o   de   conocimiento   –   las   funciones   típicamente  jurisdiccionales,  por  lo  que  declaró  su  inexequibilidad.  En aquella  oportunidad  dijo la Corte: “Ahora bien considera la  Corte  que  en  lo  concerniente  a  la preclusión de la investigación, en los  términos  del  artículo  331  de  la  Ley 906 de 2004, acusa el mismo problema  constitucional  advertido, en cuanto esta norma prevé la intervención del juez  de  conocimiento  para su adopción sólo a partir de la imputación, existiendo  la  posibilidad  de  que aún en la etapa previa esta determinación sea toma da  por  el  fiscal  respectivo.  Así las cosas para guardar plena armonía con las  decisiones  adoptadas  respecto  de  la  extinción  de  la  acción,  considera  necesario    un   pronunciamiento   –        de        inexequibilidad        parcial       –    en  relación       con      el      artículo      331      mencionado.           Esta  determinación sin embargo, no afecta en absoluto el presente  pronunciamiento  dado  que  sería, al aspecto funcional, vale decir, a  la  delimitación  de funciones entre el fiscal y el juez respecto de decisiones que  ponen  fin al proceso y que por ende son típicamente jurisdiccionales; en tanto  que  el presente atañe al aspecto material, es decir a los motivos que ameritan  la  preclusión  y  a  la oportunidad en que dependiendo de su naturaleza pueden  ser invocados.   

41  ARTÍUCLO  332. CAUSALES. El fiscal solicitará la preclusión en los siguientes  casos:  1.  Imposibilidad  de  iniciar  o  continuar  el ejercicio de la acción  penal.2.  Existencia  de  una  causal que excluya la responsabilidad, de acuerdo  con  el  Código  Penal.3.  Inexistencia del hecho investigado.4. Atipicidad del  hecho  investigado.  5.  Ausencia  de  intervención  del  imputado  en el hecho  investigado.  6.  Imposibilidad  de  desvirtuar  la presunción de inocencia. 7.  Vencimiento   del   término   máximo   previsto   en  el  inciso  segundo  del  artículo  294 de este código.    

PARÁGRAFO.  Durante  el  juzgamiento,  de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión.   

42  (…)  1.  Imposibilidad  de  iniciar o continuar el  ejercicio   de   la   acción   penal.   (…)   3.   Inexistencia   del   hecho  investigado.   

43  Art-   294.  Vencimiento  del  término.  Vencido  el  término   previsto   en  el  artículo  175  el  fiscal  deberá  solicitar  la  preclusión  o  formular  la  acusación  ante  el  juez  de conocimiento. De no  hacerlo  perderá  competencia  para  seguir  actuando  de  lo  cual  informará  inmediatamente  a  su  respectivo  superior.  En este  evento  el  superior  designará  a  un  nuevo  fiscal  quien deberá adoptar la  decisión  que  corresponda  en  el  término  de  treinta (30) días, contado a  partir  del  momento  en  que  se  le  asigne  el  caso. Vencido el plazo, si la  situación   permanece   sin   definición  el  imputado  quedará  en  libertad  inmediata,  y la defensa o el ministerio público solicitarán la preclusión al  juez   de   conocimiento”.   El  aparte  resaltado  corresponde  al  inciso  2°  del  artículo  294.  Por  su  parte  el artículo  175   establece  que  el  fiscal  dispone  de  30  días  a  partir de la formulación de imputación para  presentar  la  acusación,  solicitar  la  preclusión o aplicar el principio de  oportunidad.   

44 De  acuerdo   con   el   artículo   32   del  Código  Penal,  no  habrá  lugar  a  responsabilidad  cuando  se  actúe  bajo  los  siguientes  supuestos:  1.  Caso  fortuito  y  fuerza  mayor;  2.  Con  el consentimiento válidamente emitido del  titular  del  bien jurídico, en los casos en que es posible disponer del mismo;  3.  En  estricto  cumplimiento  de  un  deber legal; 4. En cumplimiento de orden  legítima  de  autoridad competente; 5. En ejercicio legítimo de un derecho, de  una  actividad  lícita o de un cargo público; 6. Por la necesidad de defender,  proporcionadamente,   un  derecho  propio  o ajeno contra injusta agresión  actual  o  inminente  (legítima  defensa)  ; 7. Por la necesidad de proteger un  derecho  propio  o  ajeno  de  un peligro actual o inminente, inevitable de otra  manera,  que  el  agente  no  haya  causado  o  no  tenga  el deber jurídico de  afrontar;  8.  bajo  insuperable  coacción   ajena; 9. Impulsado por miedo  insuperable;  10.  Con error invencible sobre la tipicidad del hecho, o sobre la  concurrencia  de  una causal que excluya la responsabilidad.  10. Con   error invencible sobre la ilicitud de la conducta.   

45  Establece  el  artículo  10  del  código  penal  que la ley penal definirá de  manera  inequívoca, expresa y clara las características básicas estructurales  del  tipo penal. Si el hecho investigado no se adecúa a esa descripción legal,  la conducta deviene en atípica.   

46 El  artículo  28 del Código Penal establece que las personas pueden concurrir a la  realización  de  la  conducta  punible  en  calidad  de autor (quien realiza la  conducta  punible  por sí mismo o utilizando a otros como instrumento),  o  partícipe (cómplice o determinador).   

47  Libro II, títulos I a VI del Código de Procedimiento Penal.   

48  Aunque  la  Ley  906  de  2004  no  hace  explícita referencia a una fase   intermedia  o  transitiva,  el Libro III (Título I a II, artículos 336 a 365),  regula  la acusación, la audiencia de formulación de acusación, (en la que se  produce   el  descubrimiento  de  los  elementos  materiales  probatorios  y  la  evidencia   física),   la  audiencia  preparatoria  y  los  preacuerdos  y  negociaciones,  como  el  preludio  de  lo  que será el juicio oral.  Cabe  aclarar  que,  a  diferencia  de  lo  que  ocurre en otros sistemas,  en el  colombiano  esta  fase no está sometida a una valoración del juez acerca de la  viabilidad del juicio oral.   

49  Título IV del Libro III. Arts. 356 a 454.   

50  Sentencia  C-  209  de 2007, MP, Manuel José Cepeda Espinosa,  y C- 516 de  2007, MP, Jaime Córdoba Triviño.   

51 El  Libro  III  del  Código se denomina “El Juicio”, e incluye la presentación  de  la  acusación,  la  audiencia  de  formulación de acusación, la audiencia  preparatoria, y el juicio oral.   

52  Cfr. CSJ. SP. de 25 de mayo de 2005, Rad. 22856.   

53  Cfr. CSJ. AP. de 1º de octubre de 2014, Rad. 42452.   

54  Cfr. CSJ. AP. de 6 de marzo de 2013, Rad. 40739.   

55  Cfr. CSJ. SP. de 10 de diciembre de 2014, Rad. 39993.   

56  Cfr. Ley 906 de 2004, inciso 3º del artículo 344.   

57  Cfr. CSJ. AP. de 26 de mayo de 2014, Rad. 43795.   

58  Cfr. CSJ. AP. de 30 de mayo de 2012, Rad. 38955.   

59  Cfr. Constitución Política, artículo 250.4.   

60 En  este sentido, cfr. CSJ. SP. de 13 de julio de 2006, Rad. 15843.   

61  Cfr. Sentencia de la Corte Constitucional C- 396/07, de mayo 23.   

62  Cfr.  Ley  906  de  2004, artículo 5º “Imparcialidad.-  En ejercicio de  las  funciones  de  control de garantías, preclusión y juzgamiento, los jueces  se  orientarán  por  el imperativo de establecer con objetividad la verdad y la  justicia”.   

63  Cfr.    Corte    Constitucional,   Sentencia   C473/99   de   julio   7,   entre  otras.   

64  Cfr. Constitución Política, art. 230.   

65  Cfr. CSJ. SP. de 23 de noviembre de 1989, Rad. 3600.   

66  Cfr. CSJ. SP. de 14 de septiembre  de 2000, Rad. 13268.   

67  Cfr.  CSJ.  AP.  de  14 de abril de 1994, Rad. 9169; SP. de 8 de agosto de 1996,  Rad.  10632,  SP.  de 8 de noviembre de 2000, Rad. 14078, SP de 1º de agosto de  2002,  Rad.  14501;  SP de 19 de enero de 2006, Rad. 20769; AP de 27 de marzo de  2007,  Rad.  26066;  AP.  de  25  de  abril  de  2007, Rad. 26672; AP. de 1º de  noviembre  de  2007, Rad. 28482; SP. de 26 de marzo de 2008, Rad. 25610; AP de 5  de  marzo de 2009, Rad. 29089; SP. de 6 de mayo de 2009, Rad. 29328; AP. de 3 de  diciembre  de 2009, Rad. 33105; AP. de 9 de marzo de 2010, Rad. 28545; AP. de 12  de  mayo  de 2010, Rad. 33755; AP. de 4 de agosto de 2010, Rad. 30788; AP. de 10  de  agosto de 2010, Rad. 34448; AP. de 15 de septiembre de 2010, Rad. 34532; AP.  de  17  de  noviembre  de 2010, Rad. 34964; AP. de 17 de noviembre de 2010, Rad.  35051;  AP.  de  11  de mayo de 2011, Rad. 36130; SP. de 8 de noviembre de 2011,  Rad.   34495;   AP.   de   30   de   noviembre   de   2011,  Rad.  37298;  entre  otros.   

68  Cfr. CSJ. AP. de 10 de agosto de 2010, Rad. 34448.   

69  Cfr. CSJ., SP. de febrero 23 de 2011, Rad. 35387.   

70  Cfr.  Aplicación  del  Diccionario  de  la Real Academia Española de la Lengua  –RAE-, vocablos voluntad  y voluntariamente.   

71  Cfr.  CSJ. SP, del 9 de diciembre de 2010, Rad. 36385 y SP. del 19 de octubre de  2011, Rad. 373   

72  Cfr.  Folios  132 y 133 de la carpeta del proceso, correspondiente al folio 10 y  11 del fallo de primera instancia.   

73  Cfr.  Folio  131  de  la  carpeta del proceso, correspondiente al folio 12 de la  decisión de primera instancia.     

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