AP955-2015(43368)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado Ponente  

AP955-2015  

Radicación n° 43368  

(Aprobado   Acta  No.77)   

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015)   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda,  sustento  del  recurso de casación interpuesto por el defensor de  NANCY  MILENA  RUEDA  LEÓN,  contra  la  sentencia  de  diciembre 2 de 2013 del  Tribunal  Superior de Bucaramanga, mediante la cual revocó el fallo absolutorio  de  junio  6  de  ese  año dictado por el Juzgado Tercero Penal Municipal de la  misma  ciudad,  y  en  su  lugar, la condenó a prisión de cincuenta y dos (52)  meses, como autora responsable de un delito de hurto agravado.   

HECHOS  

El 29 de diciembre  de  2006,  Nancy  Milena  Rueda  León,  empleada de la peletería Mundo Cueros,  recibió  $18.228.697  en  dinero efectivo y un cheque por valor de $13.853.362,  que  le  fueron  enviados  por Claudia Mayerli Durán,  secretaria   y   cajera   de   la  peletería  Alfa,  para      pagar      a      los      proveedores  indicados  en un  memorando  que  le hizo llegar, y cancelar la seguridad social de  los  empleados. A mediados  de  enero  de  2007, al no remitir las consignaciones  reclamadas  por  aquella y  ser  requerida  por Jairo Cristancho, propietario de la peletería Mundo Cueros,  se  estableció un faltante de $15.043.015,     ya  que     únicamente  había      consignado      el      título  valor  y  pagado los aportes de  pensión y salud.   

Fue denunciada por  la  apropiación  de  dichos  dineros,   como  también  del    apoderamiento  de $3.696.850, que el 26 de  diciembre   recibiera  de  Víctor          Murcia,         por    pagos   anticipados    de    ventas,    y    de   $3.500.000   que  el  día  28  del  mismo  mes  y  año  Libardo González Velásquez  le  entregara, por una deuda  que     tenía    con    la    peletería    Mundo  Cueros.   

ANTECEDENTES  

El 27          de         agosto       de      2008   en   audiencia   preliminar   ante  el   Juez   Once  Penal  Municipal  de  Bucaramanga         con  función  de  control de garantías,  la    Fiscal    2ª    Local        formuló       imputación  a  NANCY MILENA RUEDA LEÓN  por  el  delito  de  hurto  agravado  –artículos  239, 241.2 del Código Penal-.   

El   10   de  diciembre     del     citado     año,             ante            la   Juez  Tercera     Penal  Municipal  de  esa  ciudad, la Fiscal 30   formuló   acusación   contra   la  procesada por el delito imputado.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En   la   demanda   se   presenta  un  (1)  cargo.   

Al amparo de la causal 3ª del artículo 181  de  la  ley  906 de 2004, el recurrente aduce la existencia de un error de hecho  por falso juicio de identidad.   

El  impugnante  señala  que el Tribunal con  sustento  en  las  declaraciones  de  Claudia  Mayerly  Durán  Castro,  Gonzalo  Franklin  Gutiérrez  y Leonardo Sanabria Carrillo, empleados de las peleterías  Alfa  y  Mundo  Cueros,  establece  que los dineros hurtados se hallaban bajo la  custodia  de  la acusada, y que luego con la construcción de indicios, concluye  que ella se apropió de los mismos.   

Expresa  que  para  elaborar los indicios de  oportunidad  para  delinquir,  mala  justificación,  de  hechos concomitantes y  posteriores  al  delito,  y  de  mentira,  a  la  prueba  testimonial se le hace  producir efectos que no derivan de su contenido.   

En ese sentido, manifiesta que ninguno de los  testigos,  ni  los mencionados por el ad quem, pueden afirmar que la acusada fue  la   que  se  apropió  del  dinero,  luego  se  altera  su  sentido  “para hacerlo indicativo de lo que no se indica” en ellos.   

Advierte  que  la  declaración  de  Bielca  Patricia  Uribe,  en  donde admite que la noche del 9 o 10 de enero estuvo en el  lugar  donde  se  guardaba  el  dinero,  desvirtúa  la inferencia del Tribunal,  según  la  cual, la implicada tenía la posibilidad de apoderarse del mismo, ya  que  tenía  llaves  del cajón y de la oficina, conforme a lo dicho por Jairo y  Fernando Cristancho.   

Critica  que  con  los  testimonios  de  los  Cristancho  y  de  Ernesto  Zambrano  Rueda,  se  estructure  el indicio de mala  justificación,  porque  Nancy Milena al ser preguntada por la desaparición del  dinero,  les  dijera  que  había  sido robado, si en el juicio se probó que en  realidad fue hurtado.   

Manifiesta  que  los  actos constitutivos de  encubrimiento  del hurto que Ernesto Zambrano le atribuye a la procesada, no son  indicativos  ni  demostrativos  de la apropiación del dinero por parte de ella,  de  modo  que el Tribunal se equivoca al declarar probado con la declaración de  aquel, el indicio de hechos concomitantes y posteriores al delito.   

Por último, indica que los hechos ocurridos  el  26  y  28  de  diciembre  de  2006,  en  los cuales se soporta el indicio de  mentira,  no fueron debatidos ni comprobados en el juicio oral, luego se incurre  en  un  falso  juicio  de  apreciación  por  tergiversación  del  “sentido de la prueba”.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  incumple  los  presupuestos  de  técnica  que  permita  disponer  su  admisión, en razón a que el cargo único  postulado  contra la sentencia del Tribunal, se desarrolla sin la observancia de  los  requisitos  formales  y  materiales  previstos  en los artículos 183 y 184  inciso 2º de la ley 906 de 2004.   

Es   pertinente  recordar  que  aunque  la  casación  proceda  como control constitucional y legal contra las sentencias de  segunda  instancia,  los requisitos de técnica del recurso no han desaparecido,  ni  tampoco  la  demanda  mediante  la  cual  se instaura es un escrito de libre  confección,  en  el  que  resulte  innecesaria  la  mención de la causal y las  normas de derecho sustancial vulneradas.   

El recurso exige un juicio lógico jurídico  que  obliga  al  impugnante  a observar los principios que lo diferencian de los  ordinarios,  mediante  la  proposición  de cargos claros y concretos en los que  los  errores  sean  postulados  de manera objetiva, sin contradicciones, de modo  que  la  interpretación  de  las  alegaciones  hechas en la demanda1,    la  modificación   y   la   readecuación   de   los   reparos,  son  ajenos  a  la  casación.   

Cuando  en casación se denuncia el error de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad,  es  imprescindible  que  la  censura  individualice  la  prueba  o  pruebas  supuestamente  objeto de tergiversación,  realice  una  confrontación  de  su  contenido  literal  con lo que de ellas se  expresa  en  la  sentencia,  indique  si  su  falseamiento material obedece a su  adición,  mutilación  o alteración y establezca la trascendencia del yerro en  el sentido del fallo.   

En  principio,  se  equivoca  el  recurrente  cuando  anuncia que la causal tercera es por infracción directa de la ley, pues  tratándose  de  errores en los medios probatorios, la violación de la norma se  produce  en forma indirecta, mientras que la primera obedece a vicios que recaen  sobe   la  ley,  sea  por  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación indebida.   

Ahora, aun cuando la demanda individualiza la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  error,  era  imperativo  que el casacionista  adelantara  un  proceso  de  confrontación del contenido literal de cada uno de  los  testimonios  citados  en  el  reproche  con  lo  expresado  de  ellos en la  sentencia,  porque  a través de él es verificable su tergiversación o no, por  tratarse de un vicio de carácter objetivo.   

El  libelo además de incumplir el requisito  de  técnica  señalado,  omite  en el desarrollo del cargo indicar la modalidad  bajo  la  cual  el  Tribunal  incurre  en  el  error  formulado, esto es, si por  adición,    alteración    o    mutilación    de    la    prueba   testimonial  cuestionada.   

Su  inconformidad con la apreciación de los  testimonios  de  Claudia Mayerli Durán, Gonzalo García y Leonardo Sanabria, no  tiene  origen  en  la  traición de su contenido literal sino en la “construcción  de  la  inferencia”,  puesto   que   a   juicio  del  libelista  lo  probado  por  ellos  “no    es    ni    siquiera   un   acto   previo   que   permita  inferir”,  que  la  acusada  tenía  la custodia del  dinero.   

Luego  si  lo que reprocha al ad quem, es un  error  en  el  proceso de inferencia lógica en la construcción del indicio, el  vicio es de otra naturaleza.   

El   demandante  falta  a  la  claridad  y  precisión  exigidas  en la postulación del cargo, ya que a continuación alude  a    la    alteración    del    “sentido    del  testimonio”,  con  el  único  propósito de hacerlo  indicativo,  para  aseverar que el hecho indicador no se deriva de ellos, por lo  cual no identifica adecuadamente el error.   

Su confusión es evidente, cuando al discutir  el  indicio  de  oportunidad  derivado  de  las  versiones  de  Jairo y Fernando  Cristancho,  acude  a  la declaración de Bielca Patricia Uribe, no para mostrar  la     tergiversación     de     la     prueba     sino    para    “desvirtuar   esta   inferencia   a  la  que  arriba  el  a-quem  (sic),      y      controvertir      “las      elucubraciones     del     fallador     de     segunda  instancia”.   

Y su falta de claridad es notoria al advertir  que  ese  indicio,  el  Tribunal  lo  construye “al  omitir   ponderar   las   declaraciones   claras,   coherentes   y   veraces  en  conjunto”,          y          “parcializa      su     inferencia     de     manera     parcial  (sic)”,   defectos   de   la  demanda  que  impiden  establecer cuál es el reparo propuesto en ella.   

De  ahí  que al discutir el indicio de mala  justificación  sustentado  en  las  declaraciones  de  los  Cristancho, Jairo y  Fernando,    y   de   Ernesto   Zambrano   Rueda,   exprese   que   “No  entiende  este  servidor,  como  se  hace  alusión  por el  fallador”  a  él,  y  a  señalar  que “bajo  ningún  aspecto  se puede considerar que tales elementos  materiales   probatorios  apuntan  a  indicar”,  sin  mostrar  en  qué  consiste  la  tergiversación  de  la  prueba  en  el  que se  sustenta.   

De  modo que si la pretensión del actor era  la  de  discutir los indicios tenidos en cuenta en la sentencia, debía observar  la  técnica  exigida  en  esta sede, proponiendo los cargos según que el error  recayera  en  la  prueba  del  hecho  indicador, o en el raciocinio respecto del  proceso  de  inferencia lógica o frente a la convergencia de los indicios entre  sí y con los demás medios de prueba.   

El impugnante considera que la construcción  del  indicio  de  hechos  concomitantes y posteriores a partir del testimonio de  Ernesto   Zambrano   Castro   es   errónea,   debido  a  que  sus  “afirmaciones  no  tienen el soporte técnico probatorio idóneo  que  demanda  la  actividad  probatoria”, lo cual no  guarda relación alguna con la clase de error postulado.   

Pero  además,  el  casacionista  pretende  imponer  su  criterio  valorativo  al  del  Tribunal,  olvidando que el fallo de  segunda  instancia goza de la doble presunción de acierto y de legalidad, y que  la  apreciación  probatoria  del  fallador  prevalece  sobre  la de las partes,  mientras no contravenga las reglas de la sana crítica.   

Por ello en vez de mostrar, si el error recae  en  la  prueba  del hecho indicador o en la inferencia lógica, adelanta juicios  probatorios,  como  cuando  para controvertir el indicio de mentira, señala que  las  afirmaciones  de  Víctor Murcia y de Libardo González sobre la entrega de  sumas  de dinero a la acusada, no están comprobadas porque al juicio oral no se  incorporó  “un soporte contable que así lo dejara  entrever”,  olvidando  que  la  materialidad  de  la  conducta puede establecerse con cualquier medio de prueba.   

El  casacionista  bajo  la  apariencia  de  discutir  los  indicios probados en la sentencia, sin precisar la clase de error  ni  identificar  claramente  el  defecto  en  el proceso  de raciocinio del  Tribunal,  adelanta  una  controversia probatoria que riñe con la naturaleza de  la casación.   

Debido  a  las  falencias  anotadas, la Sala  inadmitirá  la  demanda  sin  considerar necesaria su intervención oficiosa en  este  asunto  con  fundamento  en  el  inciso  3º  del  artículo  184,  por no  vislumbrar    la   afectación   de   derechos   y   las   garantías   de   los  intervinientes.   

Contra esta determinación se hace legalmente  viable  el  mecanismo  de insistencia previsto en el artículo 184 de la ley 906  de  2004,  cuyo  trámite ha sido señalado en el auto de diciembre 12 de 2.005,  con radicación 24322.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Inadmitir    la    demanda   de    casación  de  origen  y  procedencia  anotada  presentada  por   el    defensor   contractual   de   NANCY  MILENA  RUEDA  LEÓN.   

Contra  esta  determinación procede el  mecanismo  de insistencia contemplado en el  inciso segundo del artículo 184 de  la ley 906 de 2004.   

Cópiese,  notifíquese y devuélvase  al       Tribunal       de      origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP, 8 jun. 2006, rad. 25565.     

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