AP888-2015(44594)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP888-2015  

Radicación n° 44594  

(Aprobado  Acta No.  077)   

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  SILVIA  MARGARITA  MENESES  VEGA contra la  sentencia  del 31 de marzo de 2014, a través de la cual el Tribunal Superior de  Barranquilla  confirmó  el  fallo  proferido  el  4 de diciembre de 2013 por el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede,  que condenó a la  procesada  a  las  penas  principales  de  33  meses  de  prisión y 50 salarios  mínimos   legales   mensuales   de   multa,   así   como  a  la  accesoria  de  inhabilitación   de   derechos   y  funciones  públicas  por  igual  lapso  al  determinado para la sanción privativa de la libertad.   

HECHOS  

Se  vienen  resumiendo  en  el proceso de la  siguiente manera:   

“Se  extraen  de  la  denuncia  escrita  presentada  por  el  doctor  Álvaro Trespalacios Lalinde el día 29 de julio de  2005  ante  la  Oficina de Asignaciones de la Dirección Seccional de Fiscalías  de  esta  ciudad, previo poder que le confiriera el señor José Vicente Salazar  Eckardt,  en su calidad de administrador de la Sucursal Bavaria S.A., denominada  Cervecería  Águila…,  siendo  que en desarrollo de la actividad comercial la  señora  SILVIA  MARGARITA  MENESES VEGA, quien representa a la Distribuidora La  Española  y  Cía  Ltda.,  realizó  compra o adquirió mercancía a la empresa  Bavaria,  las  cuales  respaldaría con varios cheques de gerencia por las sumas  de  $120.000.000  y  $80.000.000  millones  de  pesos igualmente hizo entrega de  títulos         valores        –cheques-   de   la  misma  entidad  bancaria  ahora  por  valor  de  $400.000.000  y $120.000.000… Que tales títulos valores fueron rechazados por  diferentes  motivos, como sería ser librados en chequera ajena, cuenta saldada,  instrumento falsificado y firma no registrada…”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con base en la mencionada denuncia, el 8  de  agosto de 2005 la Fiscalía dispuso la apertura de instrucción criminal, en  cuyo     desarrollo     vinculó    mediante    indagatoria    a    SILVIA    MARGARITA    MENESES    VEGA.  Posteriormente,    ordenó    la    vinculación    también   de   Lina  María  Meneses  Vega y Diego García.   

2.  Clausurada  la  instrucción  en  forma  parcial,  en cuanto comprendió solamente a la primera de los antes mencionados,  el  18 de diciembre de 2008 el investigador calificó el mérito del sumario con  resolución   de   acusación  en  contra  de  SILVIA  MARGARITA  MENESES  VEGA,  a  quien  le  atribuyó los  delitos  de  estafa  agravada  y  falsedad  en  documento privado. Apelada dicha  determinación  por  la defensa, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de   Barranquilla,  por  decisión  del  22  de  junio  de  2011,  le  impartió  confirmación.   

3. Adelantadas las fases correspondientes del  juicio  conforme  a  los  trámites  de  la Ley 600 de 2000, el Juzgado Séptimo  Penal  del Circuito de Barranquilla profirió la sentencia de primera instancia,  en  donde  condenó  a  SILVIA MARGARITA MENESES VEGA  por  el  delito  de  estafa,  en  tanto  la  absolvió  respecto del punible de falsedad en documento privado.   

4. En virtud de la apelación interpuesta por  el  defensor  de  la  procesada,  el Tribunal Superior de la precitada ciudad le  impartió confirmación al fallo.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

El recurrente instaura el libelo por vía de  la  casación  excepcional,  atendida  la  violación  del  debido proceso en su  componente  de  derecho  de  defensa,  y del desconocimiento de las reglas de la  sana  crítica  en la valoración de las pruebas, yerro que impidió advertir la  atipicidad de la conducta desplegada por la procesada.   

Según el actor, las referidas vulneraciones  las  demostrará  a  través  de la demanda presentada, y al efecto formula tres  (3)  cargos  contra la sentencia del Tribunal, el primero por violación directa  y los dos restantes por violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la  aplicación  indebida  del  artículo  246 del Código  Penal, norma que contempla el delito de estafa.   

          Para  sustentar  el  reproche  cita precedentes jurisprudenciales de  esta  Corporación  acerca de los elementos estructurales del mencionado delito,  tras  lo  cual  emprende  el  examen  de  los  mismos  a  partir  de las pruebas  incorporadas  al  proceso,  empezado  por el relativo al engaño y dentro de ese  componente, por la mentira y el hecho exterior.   

          Así,  considera que el correo electrónico enviado por Eduardo   Castro  Castro  a  Adriana  Cecilia García Restrepo el 26 de  julio    de    2005,   el   informe   contable   presentado   por   María  Eugenia  Peña  Amador  el  28 de  febrero  de  2006,  la indagatoria ofrecida por SILVIA  MARGARITA    MENESES   VEGA,   los   testimonios   de  Efraín  Pico  Calderón  y  Eduardo  José Castro Castro  y  el  interrogatorio  rendido  por  la propia MENESES  VEGA  en  la  audiencia  pública,  de cuyos elementos  probatorios   transcribe   algunos  apartes,  demuestran  que  la  procesada  no  desplegó  mentira  alguna  con  el fin de engañar al personal de BAVARIA S.A.,  sino  que  su  actuación  se  encaminó  a  colaborar  para saber lo sucedido y  finalmente mitigar el daño realizado por su hermana.   

          Al  respecto,  recalca  en  que  fue  Lina  María  Meneses  Vega, su hermana, quien se encargó de  usar  sus  contactos  y  amistades  en  la  referida  empresa  para abusar de la  confianza  tanto  de  sus  empleados  como de la propia acusada. En tal sentido,  dice  no  compartir  la posición del fallador, al atribuir a ésta un artificio  hábil e idóneo inexistente, sin respaldo en los medios de prueba.   

          Acerca  del  hecho  exterior,  estima el actor que las pruebas antes  mencionadas,   así   como   los   cheques   y  el  testimonio  de  Augusto  Vicente  Jiménez Pinedo, de cuyo  contenido   nuevamente   reproduce  algunos  apartes,  acreditan  que  los cartularios no fueron firmados por  la  procesada,  ni  demuestran  que  ella  los  haya elaborado y entregado. Esas  acciones,  dice,  las  realizó  Lina  María Meneses  Vega,  según  así  lo  confesó  ésta.  Por  tanto,  rechaza  la  conclusión  del  Tribunal  conforme  a  la  cual  la acusada es la  determinadora del uso de los títulos valores.   

          De   otra  parte,  para  el  demandante,  las  pruebas  inicialmente  citadas,  así  como  la demanda de constitución en parte civil, el certificado  de  existencia  y  representación de la DISTRIBUIDORA LA ESPAÑOLA Y CIA LTDA.,  los   cheques   objeto   de   controversia   y  el  testimonio  de  Lina   María   Meneses  Vega,  probanzas  respecto  de  las  cuales  una  vez más transcribe algunos fragmentos, permiten  predicar  la  no existencia de inducción en error de la presunta víctima, ello  no  obstante  afirmarse  la  presencia  del engaño, en cuanto ésta carecía de  auto   tutela,  al  ostentar  una  posición  de  garante  frente  a  su  propio  patrimonio,   habida   cuenta   de   su  condición  de  superior  frente  a  la  acusada.   

          Sobre  el  particular,  es del criterio que la nómina de la empresa  afectada  “debe tener personas profesionales capaces  de  determinar  que ante este tipo de situaciones se debe acudir a lo estipulado  por  la  misma  empresa  y  en  efectuar  una  verificación,  lo cual le da una  salvaguarda  a  la  víctima”.  Por eso, insiste, la  víctima  contribuyó  a que hubiera un aumento del riesgo no permitido, máxime  cuando se trataba de una alta suma de dinero.   

          Correlativamente,  considera  que  SILVIA  MARGARITA  MENESES  VEGA  no ostentaba una posición de  garante,   dado  el  desequilibrio  entre  ella  y  BAVARIA  S.A.,  que  por  su  “nivel  de  cultura corporativa, y la trascendencia  de   esta   empresa   en  nuestro  país,  la  cultura  educación  (sic)    y   en   otros   ámbitos,   se  encuentra…   por   encima   de   personas  como  la  acusada”.  Ello   tanto  más,  añade,  cuando  ésta  tenía  la  calidad  de  subgerente,   pese   a   lo   cual   no  hubo  “una  verificación  de la persona que se encuentra en calidad para realizar el pedido  bajo  crédito.  Pues debió BAVARIA S.A. comprobar quién estaba realizando los  pedidos    y    si   efectivamente   tenía   la   capacidad   económica   para  hacerlo”.       

         

          Con  cita  de  decisiones  de  la Corte relacionadas con el deber de  auto  tutela  de  las  personas,  concluye  afirmando  que si existió perjuicio  patrimonial  en  la empresa BAVARIA S.A., el mismo se generó a instancias de su  propia actuación imprudente.   

          Finalmente,  acerca  del  provecho  ilícito  sostiene  que  con  el  informe   contable   ya   citado,   la  indagatoria  ofrecida  por  SILVIA    MARGARITA    MENESES   y   el  interrogatorio  rendido  por  ella  en  la  audiencia pública, algunos de cuyos  apartes  una  vez  más  transcribe,  así  como  con  las  facturas  cambiarias  allegadas  a  la  actuación, que relaciona en extenso, y con la declaración de  Lina  María  Meneses Vegas,  se  demuestra  la  inexistencia  de  prueba acerca de que la acusada recibió la  mercancía  objeto  de  provecho ilícito o de haber delegado en su hermana o en  otra persona esa labor.   

          En  las  demás  probanzas, como es el caso del correo electrónico,  la  denuncia  y  demanda  de constitución en parte civil y las declaraciones de  Eduardo   Castro   Castro,  Efraín  Pico  Calderón  y  Augusto Vicente Jiménez  Pinedo,    dice    el    impugnante,    “hay  una  ausencia de información con respecto del recibo de la  mercancía  y  del  paradero  final  de  ésta, de tal manera que no se le puede  atribuir  a la señora SILVIA MARGARITA MENESES VEGA el provecho ilícito de que  trata el tipo penal de la estafa”.   

          En  esas  condiciones,  reiterando  que  las  pruebas  recaudadas no  permiten  acreditar  los  elementos  estructurales de la estafa, por cuya razón  los  falladores  vulneraron la ley sustancial cuando condenaron a la acusada por  ese  ilícito,  solicita  casar  el  fallo impugnado para, en su lugar, proferir  absolución en su favor.   

          En    el   segundo   cargo   acusa   al  Tribunal  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la apreciación del testimonio de Lina  María Meneses Vega.   

          Para  fundamentar la cesura cuestiona la afirmación del juzgador de  primer  grado,  acorde  con la cual la mencionada declarante estuvo internada en  un  centro  de  rehabilitación,  por cuya razón debe probarse que se encuentra  recuperada.   

          En  su  concepto,  tal  aserto  no  está  en  consonancia  con  los  principios  de  buena  fe, inocencia y contradicción, además de desconocer que  la  carga  de  la  prueba  está  en  cabeza  del ente acusador. En ese sentido,  considera  que no le correspondía a la defensa demostrar la recuperación de la  testigo,  de  manera que el juez no podía predicar lo contrario, máxime cuando  no tiene prueba de la patología padecida por ella.   

          El  actor  reprocha  al a quo por  asegurar  que la declarante hace referencia a la acusada por su  nombre  y  no  por  el  parentesco  existente  entre  ellas. Al respecto, es del  criterio  que en la actualidad la forma como se dirigen los hermanos entre sí o  con  otros familiares es por su nombre o por su parentesco, máxime si entre las  hermanas    MENESES   se  estableció  que  hubo  tensión  en  su  relación. En suma, considera que para  establecer   si  el  trato  entre  ellas  era  anormal  debió  practicarse  una  valoración        psicológica,       psiquiátrica,       psicológica       o  antropológica.   

          Con  cita  de  doctrina  nacional,  el demandante sostiene que si el  juez  recibió  la declaración de Lina María Meneses  es  porque no le vio ninguna perturbación mental. Por  lo  demás,  dice,  de  la lectura de esa pieza procesal salta a la vista que la  aludida se encontraba en capacidad para testificar.   

          Con  idéntico  apoyo  doctrinal  considera,  de  otra parte, que la  citada  deponencia  es  creíble  porque  Lina María  Meneses   (i)  percibió  los  hechos  con  todos  sus  sentidos,  (ii) recuerda éstos, al punto de tener memoria acerca de los nombres  del  sitio  en  el  cual sucedieron, (iii) la regla de la experiencia indica que  nadie  se  auto incrimina en beneficio de otra, sino sólo cuando ha cometido un  delito  (iv)  la  testigo  adquirió  el  conocimiento  de  los  hechos en forma  directa,  pues  fue  quien  los cometió, amén de que su versión concuerda con  otros  medios  probatorios  (v) no incurrió en contradicciones entre sí ni con  las  demás  pruebas,  (vi)  narró  los hechos de manera clara, coherente y con  seguridad,  (vii)  los  aspectos  que relató son de gran importancia, en cuanto  tienen  que  ver  con  cada  uno  de  los  elementos de tipo penal, y (viii) las  preguntas que se le formularon no fueron sugestivas sino abiertas.   

          En  punto  a  la  trascendencia del yerro, el libelista trascribe en  forma  extensa  el  testimonio  de Lina María Meneses  para concluir que quien ejecutó la conducta no fue la  aquí  procesada  sino  su hermana, quien se encargó de conseguir los elementos  mediante  los  cuales  “va  a cometer el delito, la  intensión    (sic)   de  ejecutarlo   y   la   ejecución   como  tal”.    

          Por   lo  demás,  añade,  de  las  demás  pruebas  no  se  deriva  responsabilidad  penal  en  contra  de la acusada. Así, precisa, los cheques no  ostentaban  “la  calidad de gerencia”,  ni  ella  los  entregó  o suscribió; del correo electrónico se  deriva     que     Lina     María    entregó  los  títulos valores y fue a quien contactaron una vez se  tuvo  conocimiento  de  su devolución; el informe contable nada indica sobre si  entregó   los  cheques,  firmó  las  órdenes  de  pedido  o  si  recibió  la  mercancía,  y  si  bien  da  cuenta que Castro Castro  contactó a SILVIA MARGARITA  MENESES,   ello  no  es  cierto;  la  declaración  de  Efraín      Pico      Calderón     revela  la  ausencia de autotutela de la propia víctima, aun cuando  el   testigo   rompe   la   lógica   cuando   acepta   conocer  a  Lina  Meneses;  finalmente, la deponencia  de   Eduardo   José   Castro   Castro  acredita   que   la  procesada  se  sentía  estafada  y  revela  la  existencia   de   directrices   especiales   para   la   negociación   con   la  distribuidora.   

          De  esa  manera,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada y, en su  reemplazo proferir una de carácter absolutorio.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia por omisión.   

          El  error  lo  hace  recaer  respecto  de  17 facturas cambiarias de  compraventa,  cada  una  de  las  cuales  identifica  con número, fecha, valor,  comprador,  vehículo  transportador  y constancia de recibido. Esas pruebas, en  su  sentir,  conducen  a  demostrar  la  inexistencia  del provecho ilícito, en  cuanto  indican  que  la  mercancía  no  fue  recibida  por la acusada o por un  tercero autorizado por ella.   

          En   opinión   del  casacionista,  las  demás  pruebas  recaudadas  muestran   también   que  SILVIA  MARGARITA  MENESES  no  recibió  la  mercancía ni delegó a alguien para  realizar esa labor.   

          Considera  que  si  los  falladores  hubiesen  apreciado  la  prueba  omitida,  no  habrían  condenado  a  la  procesada por el delito de estafa. Por  tanto,  impetra  casar  la  sentencia  impugnada  y  absolver, en su lugar, a la  prenombrada.     

ALEGATOS   DEL   NO  RECURRENTE   

          El  apoderado de la parte civil, en su condición de sujeto procesal  no   recurrente,   oportunamente   se  pronunció  para  solicitar  “se  confirme” la sentencia recurrida,  en  cuanto  los  elementos probatorios incorporados a la actuación, respecto de  los  cuales  efectuó  amplia  valoración, demuestran la comisión voluntaria y  dolosa  “de  los  varios  punibles enrostrados a la  sindicada,   y   de   los   cuales   funge   como   coautora   con   los   otros  encartados”.  Se encuentra así, dice, incursa en el  delito   de   estafa   agravada   de   que   fue  víctima  la  empresa  BAVARIA  S.A.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Correctamente,  el  demandante  acudió a la  casación  discrecional,  pues  aun cuando la sentencia de segunda instancia fue  proferida  por  un  Tribunal  Superior  de  distrito judicial, se procede por el  delito  de  estafa  previsto  en el artículo 453 del Código Penal de 2000, que  tiene   señalada   pena  de  prisión  cuyo  máximo  no  excede  de  ocho  (8)  años1,  monto a partir del cual el inciso primero del artículo 205 de la  Ley   600   de   2000   autoriza   su   interposición  por  la  vía  común  u  ordinaria.   

Acorde  con  el  inciso  tercero  del  mismo  artículo  205  en  cita  y con las pacíficas decisiones producidas al respecto  por  la  Sala,  cuando  se  acude  a  la casación excepcional o discrecional el  recurrente  ostenta  la  carga  de fundamentar la necesidad del fallo impetrado,  expresando  si  la finalidad de la impugnación es desarrollar la jurisprudencia  o preservar la intangibilidad de los derechos fundamentales.   

          Al  respecto,  esta  Corporación  tiene  dicho  que si se trata del  primero   de   esos   aspectos,   al   demandante  le  corresponde  exponer  con  claridad  y  precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina,  bien  para  abordar  un tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera la decisión solicitada tiene la dual utilidad de brindar solución  al  asunto  y  servir  de  guía  a  la  actividad judicial. Por su parte, si la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la violación e indicar las  normas  constitucionales  o  legales que protegen el derecho invocado, así como  su  desconocimiento  en  el  fallo recurrido (entre otros, CSJ AP, 18 de abr. de  2007, rad. 26916).   

En el caso objeto de estudio, el actor invoca  la   casación   excepcional   para   buscar   la   protección   de  garantías  fundamentales,  en  concreto,  refiere la vulneración del debido proceso, en su  componente  de  derecho de defensa, así como de las reglas de la sana crítica.   

Advierte  la  Corte que el libelista no hace  sino  censurar  al  Tribunal por incurrir en errores de apreciación probatoria,  que   impidieron,  en  su  criterio,  predicar  la  atipicidad  de  la  conducta  desplegada  por  la  procesada,  olvidando  que  ese tipo de ataques, por versar  sobre  vicios  in iudicando o  errores   de   juicio,  no  se  relacionan  con  la  protección  de  garantías  fundamentales,  a  menos que, como ha tenido oportunidad de precisarlo la Corte,  se  refieran  a  defectos graves de motivación, porque en esos casos se vulnera  el  derecho  de  contradicción (CSJ SP, 9 de febr. de 2006, rad. 26493; CSJ AP,  23 de jul. de 2014, rad. 43591, entre otros).   

Si bien el actor aduce también la violación  del   derecho   defensa,  se  abstiene  de  fundamentar  la  irregularidad  así  planteada,  al  punto  de que los tres cargos  propuestos ninguna relación  tienen con  tal temática.   

Más  aún,  en  las  censuras  que formula  tampoco  satisface  los  presupuestos  de adecuada sustentación previstos en el  numera  3º  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000 y desarrollados por la  jurisprudencia  de la Corte, a cuyo cumplimiento debe concurrir también aún en  los  casos  de  la  casación excepcional, tal como lo dispone el inciso tercero  del artículo 205 ibídem.   

En    efecto,    en   el   primer  cargo  reprocha al Tribunal violar  en  forma  directa la ley sustancial, por aplicación indebida del artículo 246  del Código Penal, norma que contempla el delito de estafa.   

Cuando se acude a la invocada infracción de  la  ley,  conforme lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, es necesario que  el  actor  se  atenga a los hechos declarados probados en el fallo y se sujete a  la  valoración  probatoria realizada por el juzgador. La discusión, por tanto,  es  netamente  jurídica y debe limitarse a demostrar la falta de aplicación de  la ley, su aplicación indebida o su interpretación errónea.   

Tal  presupuesto  de  fundamentación no lo  cumplió  la  demandante, pues a lo largo de la censura se dedica a controvertir  la  situación  fáctica  evidenciada  por  el  sentenciador  y  la  valoración  probatoria  con  sustento  en  la  cual  arribó  a  la conclusión acerca de la  demostración  en  este  caso del delito de estafa y de la responsabilidad de la  acusada.   

Obsérvese  cómo,  a  partir  de su propia  apreciación  de las pruebas, el censor predica la falta de acreditación de los  elementos  estructurales  de  ese  punible,  como  es  el  caso  del engaño, la  inducción  en  error  y  el provecho ilícito. Igual proceder asume frente a la  condición  de  determinadora  de  la  procesada  que  encontró  establecida el  Tribunal.  Frente  a  ese  último  aspecto,  nuevamente  postula  su particular  análisis  del acervo probatorio para afirmar que la prenombrada no incurrió en  dicha forma de participación.   

Es  evidente,  por tanto que el impugnante,  lejos  de  respetar los hechos y la valoración contemplados por los juzgadores,  pese  a  anunciarlo al emprender el sustento del libelo, se aparta completamente  de  ellos, desatendiendo en forma palmar la exigencia de sustentación inherente  a la violación directa.   

         Aparte   de   la   anterior   incorrección,  la  censura  acusa  la  vulneración  del principio lógico de no contradicción que gobierna el recurso  extraordinario  de  casación. Acorde con ese axioma, algo no puede ser y no ser  al  mismo  tiempo.  Su  quebranto ocurre porque inicialmente el actor rechaza la  existencia  de  engaño  en  la  conducta  de  la  procesada,  pese  a  lo  cual  posteriormente  reconoce  su  presencia  para predicar que, de todas maneras, no  hubo inducción en error.   

En el segundo cargo  predica  la  existencia de un error de hecho por falso  raciocinio  en  la apreciación del testimonio de Lina  María Meneses Vega.   

         Conforme  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala, el  referido  error de hecho se presenta cuando el fallador, al apreciar el conjunto  probatorio,  desconoce  los  principios  de  la sana crítica, los cuales están  conformados  por  las  reglas  de  la experiencia, los postulados lógicos y las  leyes   de   la   ciencia.                  

Para   su   demostración,  al  actor  le  corresponde  indicar  la  regla de la experiencia, el postulado lógico o la ley  de  la ciencia desatendida, precisar cuál principio de la sana crítica debió,  en   su   defecto,   aplicar   el  juzgador  y  explicar  la  trascendencia  del  yerro.   

         A  lo largo del sustento del reproche el libelista solamente plantea  un  enunciado que, en su criterio, corresponde a una regla de la experiencia, en  cuanto  sostiene  que  nadie  se auto incrimina en beneficio de otra, sino sólo  cuando ha cometido un delito.   

Pues   bien,   como   lo   ha   dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  las  reglas  de la experiencia son todas aquellas  “generalizaciones   que  se  hacen  a  partir  del  cumplimiento   establece   e   histórico   de  ciertas  conductas  similares”  (CSJ  SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787), de modo que  para  que  ofrezca  fiabilidad una premisa elaborada a partir de un dato o regla  de  la experiencia ha de ser expuesta, a modo de operador lógico, así: siempre  o  casi  siempre  que  se  da  A, entonces sucede B (CSJ SP, 21 de nov. de 2002,  radicación 16472).   

          En  el  caso  materia de análisis, no resulta apropiado afirmar que  esa  pretensión  de  universalidad  se  concrete  en  la regla expresada por el  censor,  pues  no  aparece verificado que siempre o casi siempre quien acepta la  comisión  de un delito es porque es responsable del mismo. Hay muchas ocasiones  en  que  algunas personas se autoincriminan falsamente sólo para exonerar a los  verdaderos autores del delito.   

          Como  queda  visto,  la  regla  de  la experiencia cuya vulneración  atribuye  al Tribunal carece de una adecuada sustentación, máxime cuando no se  esforzó   por   acreditar   la  incidencia  del  aducido  error  frente  a  las  conclusiones probatorias de esa corporación.   

         En  los  demás  apartes  de  la  censura el impugnante no hace sino  abordar  su  particular valoración de las pruebas incorporadas a la actuación,  pretendiendo  de  la Corte acoja su criterio y repudie el de los sentenciadores,  y  es  así  como  sostiene  que el testimonio de Lina  María  Meneses  Vega es creíble, entre otras razones,  porque  narró  los  hechos de manera clara, coherente y con seguridad, y que si  bien   el  declarante  Eduardo  José  Castro  Castro  contactó a SILVIA MARGARITA  MENESES,  ello  no es cierto, según así lo estima la  demandante.   

         Olvida  que ese tipo de controversias probatorias no son válidas en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción de acierto y legalidad de que  está  revestido  el  fallo  de  segundo  grado,  a  cuyo  tenor la ponderación  probatoria  allí  efectuada  prevalece  sobre  la  de los sujetos procesales, a  menos  de  demostrarse  la  vulneración  evidente  de  los criterios de la sana  crítica, lo cual no ha ocurrido en el presente caso.   

En el tercer cargo  aduce  la  presencia  de  un  error de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  dada  la  no apreciación de 17 facturas  cambiarias  de  compraventa.  Según  el  casacionista,  esas pruebas conducen a  demostrar  la  inexistencia  del  provecho  ilícito,  en  cuanto indican que la  mercancía  no  fue  recibida  por  la  acusada  o por un tercero autorizado por  ella.   

El  falso juicio de existencia se configura  cuando  el  sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio, omite valorar  algún  medio  de  convicción  obrante en el proceso o supone otro inexistente.   

Para  su  demostración  al  libelista  le  corresponde   señalar   si  el  yerro  se  presentó  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una prueba (existencia por omisión)  o  porque  el sentenciador inventó una que no obra en  el  proceso  (existencia  por invención),  precisando  cuál es el contenido de la prueba omitida o cuál el  mérito  asignado por el juzgador al medio supuesto y, en ambos casos, indicando  la trascendencia del error.   

         En  el  presente  caso,  como  queda  visto,  el  actor  reprocha la  incursión  en  la  primera  de  las  citadas  modalidades  del  falso juicio de  existencia,  por  la  no  apreciación de 17 facturas cambiarias de compraventa.   

         Sin  embargo,  se  advierte  que el yerro así denunciado carece por  completo  de  trascendencia.  De  una  parte, porque a la procesada SILVIA   MARGARITA  MENESES  VEGA  se  le  formula  el  juicio  de  reproche  a  título  de  determinadora,  es decir, por  instigar  a  otras  personas para realizar la estafa. Siendo así la situación,  resulta  claramente  irrelevante  que  en los mencionados documentos no aparezca  anotación   de   que   la  prenombrada  recibió  la  mercancía  directamente.  Precisamente,  en  la  referida forma de participación quien determina a otro a  realizar la conducta punible no la ejecuta directamente.   

Y, de la otra, por cuanto, aun cuando en las  facturas  tampoco  consta  que la acusada recibió la mercancía por interpuesta  persona,  es lo cierto que el censor no se ocupa de rebatir, a través del rigor  casacional,  los  elementos de juicio a partir de los cuales el Tribunal arribó  a    la    conclusión    acerca   de   la   responsabilidad   de   MENESES  VEGA  a título de determinadora.   

         Los  defectos  puestos  de  presente  en precedencia son suficientes  para  inadmitir  la  demanda  de  casación  objeto de examen, máxime cuando la  Corte  no  advierte  la vulneración de garantías fundamentales que le impongan  intervenir oficiosamente, en orden a preservar su intangibilidad.   

                                

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  SILVIA MARGARITA MENESES VEGA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 La norma lo sanciona con prisión de 2 a 8 años.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *