AP6045-2015(45664)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP6045-2015  

Radicación N°.45664  

(Aprobado Acta N°. 366)  

Bogotá, D.C., catorce (14) de octubre de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Yefer   Achinte,   contra   la  sentencia  proferida  el  16 de diciembre de 2014 por el Tribunal Superior de Popayán, que  confirmó  en  su  integridad  la  dictada el 20 de agosto del mismo año por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de El Bordo,    Cauca,   y  condenó  al  procesado como autor del delito de fabricación, tráfico, porte o  tenencia   de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 27 de febrero de 2014, hacia las 5:00  horas,  miembros  de  la Policía Nacional que cumplían labores de vigilancia y  control,  a  la  altura  del  kilómetro 15 de la vía que de Mojarras conduce a  Popayán,  hicieron  señales  de  pare  a  dos sujetos que se movilizaban en la  motocicleta  de  placas  KPP-13C, quienes no atendieron a la orden y se dieron a  la  fuga  aumentando  la  velocidad.  Iniciada  la persecución por parte de los  uniformados,  fueron alcanzados en el puente “Galíndez”, momento en el cual  Yefer  Achinte, conductor del  rodante,  arrojó al río un elemento que luego fue recuperado por los agentes y  que  resultó  ser  un  arma de fuego tipo revólver, calibre 38 especial, marca  Smith  &  Wesson,  número  de serie 3D53362, empuñadura de madera, acabado  pavonado, apta para disparar y cargada con cuatro (4) cartuchos.   

En  razón  a  que  el  citado  individuo no  exhibió  permiso para portar arma de fuego, se procedió a su captura, mientras  que el parrillero Wilder Montero Gutiérrez, huyó del lugar.   

2. Al día siguiente, ante el Juzgado Segundo  Promiscuo   Municipal   de   Patía,  tuvo  lugar  la  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura  y  formulación  de  imputación  por  el  delito de  fabricación,  tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes  o  municiones,  cargo  que  Yefer Achinte no  aceptó.  El  despacho  le  impuso  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  en establecimiento carcelario y la medida cautelar de no  enajenar  bienes  de su propiedad, sujetos a registro, al tiempo que decretó la  suspensión  del  poder  adquisitivo de la motocicleta marca Honda, modelo 2012,  de  placa KPP 13C1.   

La   Fiscalía  001  Seccional  de  Patía  presentó  el  escrito  de  acusación el 21 de abril del mismo año2, y durante los  días  29  y 30 de mayo siguiente se llevó a cabo la audiencia respectiva, bajo  la  dirección  Juzgado  Penal  del  Circuito  de la misma localidad3.   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 25 de  junio          de          ese          año4, y el  juicio  oral  se  desarrolló  en sesiones del 10 y 14 de julio posterior, fecha  última    en   que   anunció   sentido   de   fallo   condenatorio5.   

El 20 de agosto de la referida anualidad, el  juez   de   conocimiento   dictó  sentencia  condenatoria  contra  Yefer  Achinte, como autor responsable del  delito   de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o municiones. Le impuso, nueve (9) años de prisión y, por  el  mismo  término,  las  accesorias  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  y  la  privación del derecho a la tenencia y  porte de armas de fuego.   

No le concedió la suspensión condicional de  la  pena,  «ni otro beneficio o derecho»,  y  decretó  el  comiso  del  arma  de  fuego  y demás elementos  incautados6.   

4.  El  Tribunal  Superior  de  Popayán, al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensa del procesado,  confirmó   la   decisión   del   A  quo7.   

LA DEMANDA  

El impugnante formula cuatro cargos contra la  sentencia  del  Tribunal,  no  sin  antes identificar los hechos y la actuación  procesal.   

Primero:  Falso  juicio de existencia.   

Hace  recaer  el yerro en la declaración de  Pedro  Alfadi  Ramírez González, Inspector de Policía de la localidad, porque  no  se  analizaron  los  datos que suministró, relacionados con las medidas del  puente  “Galíndez”, señalando que tiene 180 metros de largo y 12 metros de  ancho  y  que  las  barandas  laterales  tienen  una  altura  aproximada  de  un  metro.   

Dice  el  censor  que  se  trata  de  datos  importantes   que   permiten   establecer   la   imposibilidad   física  de  su  representado,   para  ejecutar  la  maniobra  de  lanzamiento  del  paquete  que  contenía  el  arma  de  fuego,  envuelta  en  una  bufanda  y  cubierta  con un  impermeable azul.   

Prueba    que   tampoco   se   tuvo   en  cuenta,  en relación con la  huida  del  parrillero,  al  tener  que  recorrer  una extensión bastante larga  pues,    según    los  declarantes, debió ser desde  la  entrada  del  puente,  de  norte  a sur, hasta la terminación del mismo, es  decir,  150  metros,  aproximadamente,  por lo cual, bien pudo ser capturado por  cualquiera de los policías que lo perseguían en motocicleta.   

Igualmente se dejó de valorar el testimonio  del      Subintendente      Alexander      de      Jesús      Chore     Trejos,  específicamente,  el aparte  donde  sostiene  que él se encontraba buscando el revólver u objeto lanzado al  agua,   cuando,   en   ese  momento,  pasó corriendo el  parrillero  y  se  arrojó  al río, mientras que los otros agentes manifestaron  que  éste  huyó aprovechando que ellos estaban concentrados observando el arma  y por eso no se percataron de la fuga de dicho sujeto.   

Si  se  hubiese apreciado esa situación, la  decisión  habría  sido  absolutoria y, además, lo poco que se examinó en las  instancias riñe con los principios de la sana crítica.   

Segundo:  Falso  juicio de identidad.   

Aduce  el  libelista  que  los  falladores  tergiversaron  el testimonio del Subintendente Alexander de Jesús Chore Trejos,  cuando   precisó   que   «sobre   el   puente   de  “GALINDEZ”,  el  conductor  evadido  lanzó  algo  a  la derecha del puente,  cuando  andaba  en  marcha la motocicleta», siendo que  en  verdad  manifestó  que «Yefer Achinte lanzó con  la  MANO  DERECHA  el  paquete al río y mientras tanto conducía la motocicleta  con la mano izquierda».   

El  yerro  es  trascendente  porque  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  dice que los uniformados Meneses, Vides y  Chore  son  enfáticos en señalar que observaron al conductor de la motocicleta  lanzar,   con   la   mano  izquierda,  dichos elementos  al río, mientras conducía.   

Concluye  el actor que si tal contradicción  hubiese    prosperado   en   las   instancias,   la   decisión   habría   sido  absolutoria.   

Tercero:  Falso  raciocinio.   

          Acusa  la  vulneración  de  los  principios de la sana crítica, al  valorar   los  testimonios  de  los  agentes  de  la  Policía  Nacional  y  del  Subintendente,   quienes   participaron   en  la  persecución  de  Yefer    Achinte    y   Wilder   Montero  Gutiérrez.   

          Según  el  libelista,  no  es  lógico  que su defendido ejecute la  maniobra  de conducir una motocicleta, le imprima velocidad superior a la normal  y,  en  esas condiciones, se desprenda del paquete contentivo de un revólver 38  largo,  cuya  longitud  es  de  23 centímetros, cargado con cuatro proyectiles,  envuelto  en  una  bufanda  y  cubierto con un impermeable azul, y lo arroje por  encima  de  las  barandas  del  puente,  que  tienen  una  altura  superior a un  metro.   

          Explica   que,  conforme  a las leyes de la ciencia, al lanzar el referido paquete, «por  efectos  de  la ley de la gravedad se efectuaría una fuerza  de  atracción,  produciendo  la  caída de dicho cuerpo al piso del puente, sin  poder    atravesar    las    barandas    laterales    del    mismo».   

          Y,   de   acuerdo   con   la   ley   de   la  inercia,  «los  cuerpos  por  sí  mismos  no pueden modificar ese estado de  reposo   o  movimiento,  lo  que  hace  imposible  lanzarlo  puesto  que  no  se  desprendería  y  volvería  a  caer  en  la misma parte de donde se intentó su  lanzamiento»,    y    la    motocicleta,  que  se encontraba en marcha, perdería  su  estabilidad,  máxime cuando los juzgadores no consideraron la distancia que  existió  entre  el lanzador del objeto y las barandas del puente, que no debió  ser  inferior  a  cuatro metros, lo cual hace imposible de conseguir el objetivo  de botarla al río.   

          Tampoco  se  estimó  que  a  las cinco de la mañana todavía está  oscuro  y se dificulta observar lo que ocurre alrededor y las luces de las motos  van    dirigidas   al   suelo.   Además,   a   Yefer  Anchite, por ir conduciendo, lo cubría el parrillero,  impidiendo  ver  la  supuesta  maniobra  de mandar el paquete al río, según lo  atestiguaron los policiales que los perseguían.   

          CUARTO:    violación    al    principio  in        dubio       pro       reo.   

          Los  falladores  incurrieron en error de hecho porque no tuvieron la  prueba  suficiente  para  llegar  a  la  certeza  sobre  la  responsabilidad del  procesado  y,  aun  así,  fue  condenado como autor del delito de fabricación,  tráfico,   porte   o   tenencia   de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones.   

          El  yerro  consistió  en suponer la certeza respecto de las pruebas  allegadas  al  juicio  oral,  tales  como  los  testimonios de los agentes de la  policía  que  intervinieron  en  la  captura  de Yefer  Achinte,  «error éste que  viola  la  ley  sustancial por la vía indirecta, como son los falsos juicios de  existencia,  identidad y raciocinio que se formaron los juzgadores»,  según  analizó  en los capítulos anteriores, cuya reiteración  considera  innecesaria  por  lo cual aspira a que «se  den por transcritos».   

          Con  fundamento  en  todo lo anterior, solicita se case la sentencia  impugnada y se absuelva a su defendido.   

CONSIDERACIONES  

1.   En  el  contexto  de  la  regulación  consagrada  en  la  Ley 906 de 2004, la finalidad del recurso de casación, como  instrumento  de  control  constitucional  y  legal, radica en la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  según  lo  disponen  los  artículos  180  y  181 de la citada  normativa.   

Dada  la  naturaleza  extraordinaria  de  la  impugnación,  el  demandante  debe  comprobar  que  el  fallo  de  casación es  necesario  para  el  cumplimiento  de  uno  de  estos objetivos y para ello debe  atender  a los requerimientos de coherencia, claridad y precisión, a través de  una   exposición  que  evidencie  la  vulneración  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  con  apoyo  en  la  causal respectiva, cuyo desarrollo impone el  respeto  a las reglas que rigen el recurso, so pena de ser inadmitido el libelo,  según lo dispone el artículo 184 -2.   

2.   El   demandante,  en  este  caso,  no  exteriorizó  la  posibilidad  de  alcanzar alguno de los objetivos primordiales  del  recurso de casación y en la proposición y desarrollo de los cuatro cargos  que  postula para denunciar la posible incursión del sentenciador en errores de  apreciación  probatoria,  lo  único  que  se  percibe  es su desacuerdo con el  mérito   probatorio   asignado   a  los  testimonios  de  los  uniformados  que  intervinieron   en   el   operativo   de  captura  de  su  defendido.   

          2.1.  Como  bien  se  sabe,  el  falso  juicio  de existencia que se  proclama  en  el primer cargo,  se  demuestra  precisando  la  información que brinda el elemento supuestamente  omitido,  así  como  el mérito persuasivo correspondiente y la manera cómo un  correcto  análisis  del  acervo  probatorio  incide  en  las  conclusiones  del  fallador,    a   tal   punto   que   otra   sería   la   orientación   de   lo  resuelto.   

          El  libelista  hace recaer el yerro en el testimonio de Pedro Alfadi  Ramírez  González,  pero  en realidad su disenso no radica en que hubiese sido  excluido,  sino  en  que  los  juzgadores  no  lo  analizaron  en su integridad,  concretamente,  frente a los datos que suministró, relacionados con las medidas  del  puente  “Galíndez”, diciendo que tiene 180 metros de largo y 12 metros  de  ancho  y  que  las  barandas  laterales  tienen  una altura aproximada de un  metro.   

          En  tales  condiciones,  debió invocar un falso juicio de identidad  por  cercenamiento  y  demostrar  que  a  la prueba se le hizo decir aquello que  materialmente  no  expresa.  En  tal  supuesto,  el  demandante  debe acreditar,  mediante  la  comparación  del  contenido del medio probatorio y la concreción  que  de  su  texto  hiciera  la  sentencia,  la  ocurrencia  del  desafuero y su  repercusión en el sentido del fallo.   

          El  libelista  no procedió así y lo que surge incontrastable es la  falta  de  fundamento  del reparo porque el fallador no pasó por alto que Pedro  Alfadi  Ramírez  González,  en  su  testimonio,  se  refirió a la estructura,  tamaño  y  ubicación  del  puente  “Galíndez”,  solo que no le asignó la  importancia que relieva el demandante.   

          La  misma  hipótesis  de error por falso juicio de identidad debió  formular  para  reprochar  que  no  se  valoró  el  aparte  del  testimonio del  Subintendente  Alexander  de  Jesús  Chore  Trejos,  donde  sostiene que él se  encontraba    buscando   el   revólver   u   objeto   lanzado   en   el   agua,  cuando,     en     ese  momento,  pasó corriendo el  parrillero  y  se  arrojó al río, mientras que los otros agentes indicaron que  éste   huyó,   aprovechando   que  estaban  concentrados  observando  el  arma  y,   por   eso,  no se dieron cuenta de la fuga de dicho  sujeto.   

          Sin  embargo,  se  margina de la argumentación requerida en sede de  casación  para  demostrar el aludido dislate y restringe su discurso a enseñar  otra  forma  de  resolver el asunto, conforme a su personal criterio valorativo,  porque  sin  confrontar  la  estructura  analítica  de la decisión que intenta  desvirtuar,  simplemente  concluye que sin los yerros advertidos, el sentido del  fallo habría sido absolutorio.   

Es así como en el intento de desacreditar la  prueba  de  cargo,  conformada por los testimonios de los uniformados, discierne  que  en  atención a las medidas del puente “Galíndez”, donde se produjo la  aprehensión  del  procesado,  éste  no  pudo  ejecutar  la  maniobra que se le  atribuye,  consistente  en  lanzar  a  las  aguas  del  río,  desde la moto que  conducía, el paquete que contenía el arma de fuego.   

También  cuestiona  lo referente a la huida  del  parrillero,  pues  en  atención  al recorrido aproximado de 150 metros que  debió  efectuar,  pudo  ser  capturado  por  cualquiera de los uniformados, sin  mencionar  que, como se lee en el fallo del Tribunal, el patrullero Carlos Samir  Meneses  Oviedo  emprendió su persecución «solo que  no  lo  pudo  alcanzar,  debido  a  que  estaba más pesado por los elementos de  dotación   que   portaba   para   la   prestación  del  servicio»8.   

          Bastante   se   ha  insistido  que  cualquier  reproche  dirigido  a  cuestionar   la  valoración  judicial,  resulta  por  completo  extraño  a  la  casación,  dada  la libertad que tiene el sentenciador para evaluar el conjunto  probatorio,    limitado    únicamente   por   los   postulados   de   la   sana  crítica.   

          Y,  si  bien  el  desconocimiento  de esos parámetros constituye un  yerro  susceptible  de  reprochar  en esta sede, es necesario acudir al error de  hecho  por  falso  raciocinio y demostrar su ocurrencia de manera independiente,  acorde     a     los     parámetros     ampliamente     difundidos    por    la  jurisprudencia.   

Por    manera    que    desacierta    el  censor,  una  vez  más,  al  alegar  la  falta  de  apreciación  de  los testimonios de los uniformados y al  mismo  tiempo  disentir de su estimación, incurriendo en abierta contradicción  porque  no  es  lógico  pregonar  yerros  de  valoración sobre una prueba que,  presuntamente, no fue examinada.   

          2.2.    En    el   segundo   cargo, las falencias no son menores.   

Afirma  el  libelista  que  los  falladores  tergiversaron  el testimonio del Subintendente Alexander de Jesús Chore Trejos,  cuando   precisó   que   «sobre   el   puente   de  “GALINDEZ”,  el  conductor  evadido  lanzó  algo  a  la derecha del puente,  cuando  andaba  en marcha la motocicleta»,    siendo    que,    en    verdad   manifestó   que   «Yefer  Achinte  lanzó  con  la MANO DERECHA el paquete al río y  mientras  tanto  conducía  la  motocicleta  con la mano izquierda».   

          Es  cierto  que  cuando  se  reprocha  falso juicio de identidad, se  parte  del  supuesto  que  el fallador ha tergiversado la expresión fáctica de  una  prueba  haciéndole producir efectos que no se derivan de ella, bien porque  distorsiona,  cercena  o  adiciona su contenido. Empero, la sola afirmación del  yerro   no   es   suficiente   para   desestabilizar  el  juicio  del  juzgador;  adicionalmente,  es  imperativo  acreditar su efectiva ocurrencia y el resultado  determinante      en      la      declaración      de      justicia.   

          La  tarea  que  asume  el demandante impide comprobar la realidad de  sus  aseveraciones,  porque no se esfuerza por enseñar, en forma objetiva, qué  dice  el  cuestionado  testimonio  y,  sin  contrastar  sus  réplicas  con  los  razonamientos  judiciales,  da  por  sentado,  escuetamente,  que sin la aludida  incorrección la sentencia hubiese sido absolutoria.   

          A  lo  anterior  se  suma,  que  lo manifestado por el subintendente  Alexander  de  Jesús  Chore  Trejos,  en  su  declaración,  es  distinto  a lo  señalado  por  el  censor,  pues según se escucha en el audio, cuando él y su  compañero  estaban  próximos  a  darle  alcance  a  los  sujetos, «noté  que  el  conductor  de  la  motocicleta que estaba en fuga  arrojó  algo  al  costado derecho del puente a caer sobre el río»9.   Y   más  adelante,   en   respuesta  al  contrainterrogatorio  de  la  defensa,  indicó:  «yo  me  percato que el conductor es quien lanza por  el      lado      derecho      el      objeto»10.   

   

          El  testigo,  entonces,  en ningún momento afirmó que Yefer  Achinte  lanzó  el paquete al río  con  la  mano  derecha,  según  lo  aduce el recurrente, sino que, «lanzó  algo a la derecha de puente»11         como  apuntó  el  Ad  quem, sin tergiversarlo.   

Y,  si el sentenciador concluyó, con fundamento en los testimonios de  Meneses,  Vides  y  el  mismo Chore Trejos,  que  lo  hizo  con la mano izquierda, es claro que tal afirmación  derivó  del análisis conjunto de lo expuesto por los uniformados, pues los dos  primeros  siempre estuvieron más cerca de los evadidos, a quienes alcanzaron en  el  puente  “Galíndez”,  y  estando  a  una  distancia mínima de ellos les  reiteraron    la    señal    de    pare,   momento   en   el   cual,  el  procesado,  conductor  de  la moto,  lanzó un paquete con su mano izquierda.   

Por su parte el Patrullero Perdomo Perdomo y  el  Subintendente  Chore  Trejos,  prestaron apoyo a los anteriores y si bien no  estaban  tan  cerca  de  los  individuos,  sí alcanzaron a ver que arrojaron un  objeto.  El  primero  no pudo ver quién lo hizo, pero Chore Trejos, como venía  de     parrillero,     advirtió     que     fue     el    conductor, aquí procesado.   

Así  las cosas, la inconsistencia planteada  por  el  actor  carece de trascendencia, porque lo cierto es que, efectivamente,  los  policiales  hallaron el paquete que vieron lanzar, flotando a la orilla del  río,  y  confirmaron que se  trataba de un arma de fuego.   

2.3.  La  réplica  que por falso raciocinio  formula   el  actor  en  el  tercer  cargo,  carece  de  los mínimos presupuestos para su viabilidad, porque,  al   igual   que   los   anteriores,   el   reclamo   se  quedó  apenas  en  el  enunciado.   

Desconoce  que  esta  especie  de  yerros se  predican  de  la  apreciación  probatoria  del  sentenciador, en cuanto elabora  razonamientos   absurdos,   ilógicos  o  desfasados  que  evidencian  un  claro  alejamiento   de   la   lógica,   la   ciencia   o  la  experiencia,  y  que  su  demostración  no  se agota  mediante  un  examen de la prueba distinto al del fallador, sino que es menester  comprobar  la  ocurrencia de vicio con incidencia en la declaración de justicia  contenida  en  la  decisión  cuestionada  y  señalar el aporte científico, el  raciocinio  lógico,  o la deducción por experiencia que debió aplicarse en el  asunto sometido a debate.   

En  este  caso,  las  imprecisiones  en  que  incurre     el     letrado     saltan    a    la    vista,    porque,  sin  identificar  puntualmente aquellas  apreciaciones   que   contravienen   los   postulados   de   la  sana  crítica,  constantemente  descalifica  el  análisis  del Tribunal e intenta sobreponer su  personal  entendimiento, pues  no  encuentra  lógico  que  Yefer Achinte ejecutara  la  maniobra  de  conducir  una  motocicleta,  imprimirle  velocidad   superior   a   la   normal   y,   en   esas  condiciones,  se desprenda del paquete contentivo del  revólver  38 largo y lo lance por encima de las barandas del puente, que tienen  una altura superior a un metro.   

El planteamiento del defensor es hipotético,  porque   se   soporta   en   una  premisa  no  evidenciada  en  el  fallo,  como  es,  la  alta velocidad a la  que  dice  se  desplazaba  su  asistido  al  momento  de  arrojar el envoltorio,  excluyendo   así   el   juicio   analítico  del  Ad  quem,  quien,  a  partir  del  mérito  asignado a los  testimonios  de  los uniformados, dada la convergencia en punto de las concretas  circunstancias  que rodearon la persecución y posterior captura del enjuiciado,  no  vaciló  en  dar por probado, que en el puente “Galíndez”, Yefer   Achinte,  desde  su  motocicleta,  lanzó  un  paquete  hacia  el lado derecho del río, que fue recuperado por los  policiales  y que se trataba de un revólver cargado con 4 proyectiles, envuelto  en  un  impermeable,  por  lo  cual fue capturado, ya que no contaba con permiso  para  su  porte.  Además,  el sujeto que lo acompañaba como parrillero, logró  fugarse.   

          Sin  duda,  pretende  la  extensión  del debate para obtener que la  Corte  evalúe  el  acervo  probatorio  conforme  a sus aspiraciones defensivas,  pasando  por alto que el proceso concluyó con el fallo de segundo grado y que a  esta  sede llega prevalido de la doble presunción de acierto y legalidad, en el  entendido  que  los  hechos  y  las  pruebas fueron correctamente valoradas y el  derecho  cabalmente  aplicado y que esa presunción solo se quiebra a través de  las  causales  de casación, acreditando la existencia e incidencia del yerro en  la declaración de justicia.   

          2.4. Por último,  el  desconocimiento  del  principio  in dubio pro reo,  que  de manera genérica y sin estribo en una concreta  causal,   plantea   en   el  cuarto  cargo,  tampoco  se  entiende  acreditado  con  la  sola expresión de su  ocurrencia.   

Debe  recordarse  que  la  obligación  de  resolver  la  duda  a  favor  del  procesado  se  habilita  cuando  el  universo  probatorio  válidamente  incorporado  a la actuación, no alcanza a despejar el  estado  de  perplejidad  en  que  se  soporta  la  pretensión  absolutoria y la  consecuente      aspiración     de     rescindir     la     declaración     de  responsabilidad.   

Aspectos  de  los  cuales  no  se  ocupó el  impugnante.   

Bastante se ha insistido, que el referente de  demostración       de       cualquier      error      trascendental,  en  sede de casación, lo constituye la  misma   decisión   cuya   remoción   se   pretende   y,  de  allí,  que  sea  imprescindible  confrontar el  proceso  intelectivo  del  juzgador,  y  no  simplemente  criticarlo, pues si el  recurrente  solo contempla aquellos aspectos que son de su interés, como ocurre  en  este  caso,  termina  por  desconocer  el principio de corrección material,  según  el  cual,  las  razones,  fundamento  y  contenido  del  reproche, deben  corresponder en un todo con la realidad procesal.   

          3.   Se   concluye  que  el  casacionista,  en  lugar  de  enfrentar  decididamente  los  juicios  del  sentenciador,  simplemente aportó un punto de  vista  distinto,  dejando  de atender a los mínimos requerimientos de claridad,  precisión  y  coherencia,  indispensables  para  entender  el  sentido  de  las  censuras,  así  como la demostración de los dislates aducidos y la concreción  de sus consecuencias.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han sido  definidas por la Corte desde el año   

2005,  en  CSJ AP, 12 dic.2005, rad. 24322 y  precisadas          en          AP-3481-201412.   

          4.  No  obstante,  surge imperioso disponer que una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia, si es que se promueve y su resultado es opuesto, las  diligencias  regresen al despacho del Magistrado Ponente, en orden a examinar de  manera  oficiosa  la posible vulneración del principio de legalidad frente a la  imposición  de  la  pena  accesoria  de  privación del derecho a la tenencia y  porte de arma.   

Tiene    dicho    la    Sala13 que pese a la  decisión  inadmisoria, es posible ordenar oficiosamente el trámite del recurso  extraordinario  respecto  de  asuntos  ajenos  al  libelo y que tengan relación  directa  con  los  fines  de la casación, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

          Para  ese  efecto,  no  surge  necesario  convocar  a  audiencia  de  sustentación, ni surtir el traslado al Ministerio Público.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda     formulada     a    nombre    de    Yefer  Anchite.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

2.  ORDENAR que las  diligencias  regresen  al  despacho del Magistrado Ponente, una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia,  si es que se promueve y su resultado es opuesto, en  orden  a  examinar  de  manera oficiosa la posible vulneración del principio de  legalidad,   tal   como   se   dijo   en   la   parte   considerativa   de  esta  decisión.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios12 a 14 Cuaderno No 1.   

2  Folios 1 al 4 Cuaderno No 2.   

3 Folio  18 y 20 Ib.   

4  Folios 21 y 22 Ib.   

5  Folios 25 y 26, 33 y 34 Ib.   

6  Folios 43 a 52 Ib.   

7  Folios 75 a 92 Ib.   

8 Folio  83 Cuaderno del Tribunal.   

9  Récord 01:54:51 a 01:55:00 Cd audiencia del 10 de julio de 2014.   

10  Récord 02:04:05 a 02:04:11 Ib.   

11  Folio 82 Cuaderno del Tribunal.   

12  Radicado 42597.   

13 Cfr  autos  del  15  de julio de 2007, radicado 27383, y 4 de marzo de 2009, radicado  31109.     

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