SP13290-2014(40401)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

SP13290-2014  

Radicación 40401  

(Aprobado Acta No. 321).  

Bogotá,  D.C., octubre primero (1º) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Una  vez recibido  el  concepto del Ministerio Público, resuelve la Sala  el     recurso     de    casación    interpuesto  por     el  defensor de  AURORA  BENITEZ  BARRAGÁN,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior de  Cartagena  el 9   de   julio   de  2012,  a  través  del cual revocó la sentencia absolutoria dictada el 22  de  noviembre  de 2010 por el Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de  la  misma  ciudad,  para  en  su lugar condenarla como  autora    penalmente  responsable   de  delito  de  terrorismo.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  adecuadamente sintetizados por el Tribunal en el fallo de  segundo grado así:   

“Siendo  aproximadamente  las 10:30 horas del día 6 de octubre de 2005, en inmediaciones  del  kilómetro  cero de la vía que une al corregimiento de Paiva con la vereda  Tabacal,  jurisdicción del municipio de Santa Rosa de Lima (Bolívar), unidades  adscritas  al subgrupo Armados Ilegales de la SIJIN, en asocio con policiales de  Santa  Rosa  de  Lima,  que  realizaban labores de verificación de información  sobre  la  presencia  de  miembros de la insurgencia (Farc), luego de proceder a  dar  orden  de  pare  a  una motocicleta en la que se desplazaban AURORA BENITEZ  BARRAGÁN  y  Alcides Espinosa Murillo, hallaron en su poder una bolsa plástica  color  negro  que  contenía  una  caja  de  cartón sellada, así como un bolso  deportivo  color  negro,  en  cuyo  interior  fueron  encontrados 30 detonadores  ineléctricos  en  aluminio  convertidos  a  eléctricos,  con  dos cables color  blanco  y  amarillo cada uno, envueltos en una hoja de cuaderno cuadriculada con  rótulo     en    cinta    de    enmascarar    a    nombre    de    ‘Julio        Villa’, 30 baterías alcalinas de 9 voltios  marca  Duracell,  204 conectores para baterías de 9 voltios, 197 bombillos de 9  voltios  con  dos  cables  color  amarillo cada uno, 4 pulsadores eléctricos, 4  amplificadores  de  corriente de referencia S106, 4 swiches de codillo, dos led,  uno  verde  y  uno rojo y 3 teléfonos celulares con sus respectivos cargadores,  elementos  que  presuntamente  serían  utilizados con fines terroristas. Dentro  del   bolso   deportivo   se   hallaron   elementos   personales   y  documentos  pertenecientes a la capturada”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Seccional  de  Cartagena    declaró    abierta    la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo vinculó mediante indagatoria a AURORA  BENITEZ  BARRAGÁN y Alcides  Espinosa  Murillo, definiendo       la      situación  jurídica de la primera con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posible  coautora  del  delito  de  terrorismo,  y  absteniéndose  de  imponer  tal  medida  al segundo,   motivo   por  el  cual  fue  ordenada  su  libertad.   

Clausurada  la fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue calificado el 5 de junio de 2006 con  preclusión  de  la investigación en favor de los procesados, oportunidad en la  cual    se    dispuso    la   libertad   de   AURORA  BENITEZ.   

Impugnada  la  anterior  decisión  por  el  Ministerio  Público,  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de   Cartagena   la  revocó  el  28  de  febrero  de  2008,   para  en  su  lugar  acusar  a  AURORA                 BENITEZ                BARRAGÁN   “por  la  conducta  punible  de TERRORISMO” y libró orden  de captura.   

Una  vez  surtida  la fase del juicio, en la  cual  se  produjo  la  captura  de  la  acusada  el  15 de mayo de 2009 (fol. 66  c.juicio),  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito Especializado de Cartagena  profirió  fallo  el  22 de noviembre de 2010, a través del cual absolvió a la  procesada   y  dispuso  su  libertad,  proveído  impugnado  por  el  Procurador  Judicial.   

          Al  conocer  de  la  referida  apelación,  el Tribunal de Cartagena  decidió  mediante sentencia del 9 de julio de 2012 revocar la absolución, para  en  su  lugar  condenar  a  AURORA BENITEZ  a  la  pena  principal  de ciento veinte (120) meses de prisión y  multa  de  mil  (1000)  salarios mínimos legales mensuales, y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por diez  (10) años, como autora del delito de terrorismo.   

          En   la  misma  providencia  le  fue  negada  tanto  la  condena  de  ejecución   condicional   como   la  prisión  domiciliaria  y  se  ordenó  su  captura.   

Contra   la   sentencia  del  ad  quem  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó la respectiva demanda que fue admitida  mediante  auto  del  14 de diciembre de 2012 y el pasado 25 de julio se recibió  concepto  del  Ministerio  Público,  en  el  cual  solicita  casar  el fallo de  condena, para absolver a la acusada por atipicidad de la conducta.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo primero,  reglada  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el defensor propone un cargo  por  violación  directa  de  la  ley sustancial, pues considera que la conducta  imputada  a  su  asistida  es  atípica, de modo que se aplicó indebidamente el  artículo 343 de la Ley 599 de 2000.   

Luego  de  transcribir  apartes  del  fallo  cuestionado,  manifiesta  que  tal  como  lo  ha  expresado  en  el curso de las  instancias  “tales  elementos  eléctricos  por SÍ  SOLOS  no  tienen la relievancia, fortaleza o capacidad de colocar o mantener en  zozobra  a  la  comunidad,  población  o  parte de ella, pues carecen del poder  intimidante   que   le   proporcionaría  el  material  o  sustancias  químicas  explosivas  que le permitan generar un explosivo”, al  punto  que  los  policías  intervinientes  en  el  procedimiento de capturas no  tuvieron temor o miedo al encontrar tales objetos.   

Cita  apartes  de  una  decisión  de  esta  Colegiatura  del  15  de febrero de 2006 (Rad. 21330), en la cual se dice que el  delito  de  terrorismo  debe  estar  conectado  con  la  finalidad de provocar o  mantener  en  estado de zozobra o terror a la población, amén de que sus actos  deben    poner    en   peligro   la   vida   e   integridad   física   de   las  personas.   

Igualmente   trae   a   colación   otro  pronunciamiento  del  7 de mayo de 2010 (Rad. 31510) en el cual se indica que no  basta  la verificación del uso de armas de destrucción, en cuanto es necesario  acreditar  que el agente persigue provocar o mantener en estado de incertidumbre  a la colectividad.   

Considera  que  ninguno  de  los  elementos  enunciados  está  demostrado  en  el  caso de su representada, pues no realizó  conductas  capaces de provocar o mantener en zozobra a la población, no puso en  peligro  la  vida o la integridad de las personas, y los elementos incautados no  tienen  la  potencialidad  de  causar  daño, de manera que su comportamiento es  atípico.   

          En  punto de la trascendencia del yerro denunciado refiere que de no  haber  incurrido  el Tribunal en el mencionado equívoco, se imponía absolver a  su  procurada,  quien  ha  estado privada de la libertad, sin poderse ocupar del  cuidado de su hijos.   

Como  normas violadas directamente relaciona  los artículos 343 y 9º de la Ley 599 de 2000.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  censor solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria en favor de  AURORA       BENITEZ       BARRAGÁN.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  considera  que el cargo debe prosperar, toda vez que el delito  de  terrorismo  protege  el bien jurídico de la seguridad pública. Se trata de  un  punible  de  peligro,  en  el  cual  no es necesaria la lesión de la vida o  integridad  de  las personas, pero si precisa de causar zozobra, miedo o pánico  a  la comunidad, a través de medios potencialmente dañosos de las personas, su  integridad,  su libertad, las edificaciones, medios de comunicación, transporte  o  procesamiento  o conducción de fluidos o fuerzas motrices, capaces de causar  estragos.   

          Indica  que,  tal  como lo afirma el demandante, el hecho imputado a  AURORA  BENITEZ  no  encaja  dentro  del  supuesto  de  hecho descrito en la ley, pues lo máximo que podría  manifestarse  respecto  de  su  conducta es que estaba en la esfera de los actos  preparatorios  del  delito  de terrorismo, los cuales son atípicos, a menos que  se  encuadren  en  la  descripción de otro tipo penal, como en efecto ocurre en  este  asunto,  pues  se  adecuan al artículo 345 del Código Penal, esto es, al  delito  de “financiación del terrorismo y de grupos  de  delincuencia  organizada  y  administración  de  recursos  relacionados con  actividades    terroristas   y   de   la   delincuencia   organizada”.   

          Precisa   que   dicho   tipo  penal  incluye  el  comportamiento  de  suministro  de  elementos  para  actos  dañosos que provoquen terror, entre los  cuales   se   incluirían   los  insumos  para  elaborar  explosivos,  como  los  encontrados  en  poder de la acusada, pero como no fue esa la conducta imputada,  no  era  viable  para los falladores mutar la calificación jurídica, en cuanto  se  trata  de  un delito con pena mayor a la dispuesta para el punible objeto de  acusación.   

Advera  que  en  virtud  del  principio  de  estricta  legalidad,  no  se  efectuó  un adecuado procedimiento de adecuación  típica,  y  por  tanto, se impone declarar la atipicidad del comportamiento, el  cual,  pese a adecuarse a lo dispuesto en el artículo 345 de la Ley 599 de 2000  no  puede  ser  tenido  en  cuenta,  pues  comportaría  una  agravación  de la  situación  de  la  procesada  en  desmedro del principio de interdicción de la  reforma peyorativa.   

Con  base  en  lo  expuesto,  la Procuradora  considera  que  el cargo propuesto por el defensor está llamado a prosperar, es  decir,  se  debe  casar  el  fallo  del  Tribunal,  para  en  su  lugar absolver  a          AURORA         BENITEZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Dado que el cargo formulado por la defensa se  circunscribe  a  denunciar  la violación directa de la ley penal derivada de la  indebida  aplicación  del  artículo  343  de  la Ley 599 de 2000, tal será la  temática   que   corresponde  ahora  dilucidar,  en  cuyo  marco  jurídico  se  tiene:   

1.         El principio de tipicidad   

Según  la  preceptiva  contenida  en  el  artículo  29 de la Constitución, “nadie podrá ser  juzgado   sino   conforme   a   leyes   preexistentes   al   acto   que   se  le  imputa”,  disposición que consagra el principio de  legalidad  de los delitos y las penas, el cual desde la época de la Revolución  Francesa  protege  la  libertad  individual  frente  a  la  arbitrariedad de los  funcionarios  judiciales  y garantiza a la postre tanto el principio de igualdad  de las personas ante la ley, como el de seguridad jurídica.   

Por tal razón se  afirma  de  manera  pacífica  que  una de las características esenciales de un  Estado  de  derecho  está  constituida por la reglamentación exhaustiva de las  facultades   de   sus   servidores  públicos,  como  se  deriva  del  artículo  6º   de   la   Carta   Política,  según  el  cual  “los  particulares  solo  son responsables ante las  autoridades   por   infringir   la   Constitución  y  las  leyes.  Los  servidores  públicos lo son por la misma causa y por omisión  o    extralimitación    en    el   ejercicio   de   sus   funciones” (subrayas fuera de texto).   

A       su       vez,     el    artículo    121  del  mismo ordenamiento  dispone que  “ninguna   autoridad  del  Estado  podrá  ejercer  funciones   distintas   de   las   que   le  atribuyen  la  Constitución  y  la  ley”  y  el  artículo 122 establece que  “no  habrá  empleo  público que no  tenga     funciones     detalladas     en     ley    o    reglamento”.   

En cuanto se refiere a los funcionarios que  administran  justicia, además de las anteriores normas, sus facultades se rigen  por  lo  dispuesto  en  el  artículo  230  de  la  Constitución,  precepto que  establece   el   principio   de   imperio   de   la   ley   en   las  decisiones  judiciales.   

Ahora  bien,  el principio de legalidad se  concreta  en  el ámbito penal en el principio de tipicidad objetiva,  en virtud del cual los tipos penales  deben  ser  definidos  por  el  legislador  de manera  previa,     clara,  cierta,    escrita,  estricta,  entendible, sin  anfibologías,    y  por  ello  se excluye la  analogía  en  cuanto  pueda  perjudicar al procesado  (in         malam         partem),  no  así  en  la medida que le sea  beneficiosa   (in  bonam  partem).   

Desde luego, si  los  particulares  pueden hacer todo aquello no prohibido expresamente, es claro  que  para  adoptar  la  decisión de delinquir o de abstenerse de hacerlo, deben  conocer  y  entender el tipo penal, circunstancia que tiene lugar en el marco de  la   presunción   legal   de   conocimiento   de   la   ley  por  parte  de  todos  sus  destinatarios,  la  cual  admite  prueba  en  contrario por no ser una presunción de derecho.   

Según la preceptiva del artículo 9º de la  Ley  599  de  2000 “para que la conducta sea punible  se    requiere   que   sea   típica,   antijurídica   y   culpable”,  texto  del  cual  se  desprende  que el hecho humano (activo u  omisivo)  debe  pasar por el tamiz de las tres referidas categorías dogmáticas  para  que  pueda  tener  la  condición  de  delictivo (Cfr. Sentencia del 12 de  octubre de 2006. Rad. 25465).   

          En   virtud  de  la  tipicidad,  es  necesario,  de  una  parte,  que  la conducta se adecue a las  exigencias  materiales  definidas en el respectivo precepto de la parte especial  del  estatuto penal (tipo objetivo), tales como el sujeto activo, la acción, el  resultado,  la  causalidad,  los  medios  y modalidades del comportamiento, y de  otra,  que  cumpla  con  la especie de conducta (dolo, culpa o preterintención)  establecida  por  el  legislador  en cada norma especial (tipo subjetivo), en el  entendido  que  de  conformidad con el artículo 21 del Código Penal, todos los  tipos  de  la  parte  especial requieren de una conducta dolosa, salvo cuando se  haya   previsto   expresamente  que  se  trata  de  comportamientos  culposos  o  preterintencionales.   

No se aviene con dicho rigor, conquista de  la  Revolución Francesa y del advenimiento del Estado de derecho por oposición  a   la   monarquía  y  el  absolutismo,  que  en  el  proceso  de  adecuación  típica los funcionarios  judiciales  olviden honrar  tales  exigencias  de  certeza  y claridad, y como consecuencia de ello terminen  realizando  indebidas  interpretaciones extensivas o  analógicas,  ajenas  al  texto  de la  ley.   

         2.                   El     delito     de  terrorismo   

El   legislador  tipificó  el  delito  de  terrorismo  en  el  artículo  343  de  la  Ley  599  de 2000, en los siguientes  términos:   

“El  que provoque o mantenga en estado de  zozobra  o  terror  a  la  población  o a un sector de ella, mediante actos que  pongan  en  peligro la vida, la integridad física o la libertad de las personas  o  las  edificaciones  o  medios  de  comunicación, transporte, procesamiento o  conducción  de  fluidos  o  fuerzas  motrices, valiéndose de medios capaces de  causar  estragos,  incurrirá  en  prisión  de  diez (10) a quince (15) años y  multa  de  mil  (1.000)  a diez mil (10.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  sin  perjuicio  de  la pena que le corresponda por los demás delitos  que se ocasionen con esta conducta.   

“Si el estado de  zozobra   o   terror   es   provocado   mediante   llamada   telefónica,  cinta  magnetofónica,  video,  casete  o  escrito anónimo, la pena será de dos (2) a  cinco  (5)  años  y la multa de cien (100) a quinientos (500) salarios mínimos  legales mensuales vigentes”.   

Sobre  dicho  punible  ha  señalado  la  jurisprudencia  de  esta Colegiatura (Cfr. CSJ AP, 14  ago.   2013.   Rad.   40252   y   CSJ  AP,  26  sep.  2012.  Rad.  38250,  entre  otras):   

“Este  delito,  cuyo  bien  jurídico  protegido  es  la  seguridad  pública,  requiere para su  estructuración  típica  que  el  sujeto -no cualificado- i) realice una de las  conductas   alternativas:  provocar  o  mantener  en  zozobra  o terror a la población o parte de ella, ii)  lo  cual debe lograr a través de actos que pongan en  peligro    la   vida,   la   integridad   física   o   la   libertad   de   las  personas   o   las   edificaciones   o   medios   de  comunicación,  transporte,  procesamiento  o  conducción  de fluidos o fuerzas  motrices,  iii)  utilizando  para ese fin medios que  tengan la capacidad de causar daños.   

“Es  así  como  esta  conducta  punible  instantánea, de  resultado  objetivo,  también  es de peligro real,  pues  demanda el empleo de esos medios potencialmente dañinos a  fin  de obtener la finalidad propuesta, esta es, causar pánico en la comunidad,  a  condición  de  que los actos desplegados generen  peligro   a   las   personas   o   bienes  mencionados  en  el  tipo” (subrayas fuera de texto).   

        En   otra   oportunidad   señaló  la  Corporación (CSJ SP, 7 may. 2010. Rad. 31510):   

“La  Sala se ha  ocupado  de  precisar  que  en  el  juicio  de  adecuación  típica no basta la  verificación  del  uso  de  las  armas  de destrucción así como de su nítido  carácter  peligroso  o  dañino sobre los bienes subsidiarios protegidos -vida,  libertad,  integridad  física  o de las edificaciones, medios de comunicación,  transporte,  procesamiento  o  conducción  de fluidos o fuerzas motrices-, sino  que  el  elemento subjetivo del tipo debe aparecer consolidado, de tal forma que  sea  claro que el agente persigue provocar o fomentar un estado de incertidumbre  colectiva  frente  a  la  garantía  de  gozar de la paz y tranquilidad pública  propios del Estado Constitucional”.   

        De   lo   expuesto   puede  concluirse  en el análisis dogmático del delito de terrorismo,  que  tiene  un  sujeto  activo  indeterminado,  cuyo  proceder  se  concreta  en  los  verbos  rectores  alternativos  de  provocar  o  mantener  en  estado de zozobra o terror a  la  población  o  una  parte de ella, mediante la realización  de “actos que pongan en  peligro  la  vida,  la  integridad  física  o  la libertad de las personas, las  edificaciones   o   medios   de   comunicación,   transporte,  procesamiento  o  conducción       de       fluidos      o      fuerzas      motrices”,  es  decir, se trata de un delito  de  resultado, en cuanto  requiere  amedrentar  o poner en estado de pánico e  incertidumbre     a     la    población    o    parte    de    ella.   

Es pertinente recordar que la provocación o  mantenimiento  de  la  zozobra en la población se erigen en el artículo 343 de  la  Ley  599  de  2000,  así  como  en  legislaciones  anteriores tales como el  artículo  1º  del  Decreto  Legislativo  180  de  1988  y el artículo 4º del  Decreto  2266  de 1991 en verbos rectores del delito de terrorismo, a diferencia  del  artículo  187 de la original tipificación contenida en el Decreto Ley 100  de  1980, en el cual tenían la condición de ingredientes subjetivos, es decir,  motivaciones,  objetivos  o  móviles  del  autor,  al disponer: “TERRORISMO.  El  que con el fin de crear  o  mantener un ambiente de zozobra, o de perturbar el  orden  público,  emplee  contra  personas  o  bienes,  medios  de  destrucción  colectiva     …”     (subrayas     fuera     de  texto).   

        La  zozobra  corresponde   a   una   situación  de  intranquilidad,  inquietud,  aflicción,  angustia,  desazón,  incertidumbre  o desasosiego, mientras que el terror alude al miedo, pánico, temor,  pavor  o  susto; sobra señalar que sin la acreditación de tales circunstancias  no    podrá    tenerse   por   configurada   la   tipicidad   del   delito   en  comento.   

Hay  una  relación  teleológica  entre  la  realización  de  “actos  que  pongan en peligro la  vida,  la integridad física o la libertad de las personas o las edificaciones o  medios  de  comunicación,  transporte, procesamiento o conducción de fluidos o  fuerzas  motrices” y los verbos rectores de provocar  o  mantener  “en  estado  de  zozobra o terror a la  población  o  a  un sector de ella”, para lo cual se  exige  además,  la  utilización de “medios capaces  de  causar  estragos”,  de  modo  que  sin  una  tal  articulación  de  aquellos actos, con los referidos medios y la consecución de  la   provocación  o  mantenimiento  del  estado  de  zozobra  o  terror  en  la  población, no se configura el referido tipo penal.   

Por ejemplo, cuando se crea una situación de  zozobra  generalizada  derivada  de  una  falsa  información  masiva  sobre  un  supuesto  envenenamiento  de  los  tanques  de  suministro de agua potable de un  municipio,  pero  no  se  está  colocando  en  peligro  alguno  de  los objetos  materiales  señalados  en  la  ley,  y tampoco se han utilizado “medios  capaces de causar estragos”, tal  conducta  no  se  adecua  al  tipo  de  terrorismo,  por  lo  menos en su primer  inciso.   

Como  el  bien jurídico, en cuanto interés  objeto  de  protección  definido  por el legislador en los títulos de la parte  especial  del  estatuto  punitivo,  se  erige  en  un elemento delimitador de la  interpretación  de los preceptos pues permite desentrañar el ámbito protector  de  cada  disposición, puede verificarse que si bien el terrorismo es un delito  pluriofensivo,  el legislador decidió ubicarlo entre los delitos contra el bien  jurídico   de   la   seguridad  pública,  especialmente referida a un orden de mínimo de condiciones de la  sociedad   para   asegurar   su  desarrollo  como  ente  social,  así  como  el  desenvolvimiento  de las relaciones intersubjetivas y del libre desarrollo de la  personalidad  de  cada  uno  de  sus  miembros,  libres  de  presiones, miedos o  temores.   

En la ponderación de la tipicidad del delito  de  terrorismo  no  es  necesario  constatar que “la  vida,  la  integridad física o la libertad de las personas, las edificaciones o  medios  de  comunicación,  transporte, procesamiento o conducción de fluidos o  fuerzas  motrices” hayan sufrido menoscabo o lesión,  pero  si  es preciso establecer que fueron expuestos al peligro; además, si con  ocasión   del  comportamiento  terrorista  resultaron  dañados,  se  está  en  presencia  de  un  concurso  material  efectivo  de delitos de terrorismo y, por  ejemplo,  homicidio,  lesiones  personales,  daño en bien ajeno, etc. (Cfr. CSJ  SP, 7 may. 2010. Rad. 31510).   

          Aunque  la  exigencia  legal  de  que  se  coloquen  en  peligro los  anunciados  objetos  materiales  pareciera  comportar  una  reiteración  de  la  antijuridicidad,   lo   cierto   es   que   tal  categoría  dogmática  estará  circunscrita  a verificar si se lesionó o puso en peligro de manera efectiva el  bien  jurídico de la seguridad pública, en tanto que en sede del tipo objetivo  se   impone   verificar   probatoriamente  si  corrió  peligro  “la  vida, la integridad física o la libertad de las personas o las  edificaciones   o   medios   de   comunicación,   transporte,  procesamiento  o  conducción  de  fluidos o fuerzas motrices”, siempre  que  se  hayan  utilizado  “medios capaces de causar  estragos”.   

          Se   entiende   por   estrago  un  daño,  asolación, destrucción o devastación importante, de  grandes  proporciones, pero, es pertinente aclararlo,  no  todo  proceder  que causa estragos se adecua al tipo penal de terrorismo, en  cuanto  es  necesario, de una parte, que ponga en peligro los objetos materiales  definidos  por  el  legislador,  y  de  otra,  que  cause zozobra o terror en la  población  o  parte  de  ella;  en  tal  sentido,  si un conductor en estado de  embriaguez  choca  aparatosamente su vehículo con otros causando varias muertes  y  lesiones,  no  hay  duda  que  se trata de una conducta que produjo estragos,  lesionó  la vida y la integridad de las personas, pero no provoca o mantiene el  estado de zozobra o terror que requiere el tipo penal analizado.   

        El  tipo  subjetivo  es  doloso,  dado  que como atrás se precisó,  conforme  a  la  regla  definida en el artículo 21 de la Ley 599 de 2000, todos  los  delitos  de  la  parte  especial son dolosos, salvo los que sean culposos o  preterintencionales,  y  respecto  del delito analizado no se dispuso de las dos  últimas modalidades de conducta.   

También  debe  puntualizar  la Corte que el  delito  de  terrorismo  contenido  en  el artículo 343 de la Ley 599 de 2000 no  debe  ser  cometido “con ocasión y en desarrollo de  conflicto  armado”,  pues  tal  supuesto de hecho se  encuentra  expresamente  reglado  en  el  artículo  144 del mismo ordenamiento,  así:  “Actos de terrorismo. El que, con ocasión y  en  desarrollo  de conflicto  armado,  realice  u  ordene  llevar a cabo ataques indiscriminados o excesivos o  haga  objeto  a la población civil de ataques, represalias, actos o amenazas de  violencia  cuya finalidad principal sea aterrorizarla, incurrirá…”.   

3.            Fundamentos  de la acusación y fallo de  condena   

Una vez puntualizado lo anterior, advierte la  Sala  en  el  asunto  objeto  de  estudio que en la resolución de acusación de  segunda  instancia  proferida  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal   Superior  de  Cartagena,  se  imputó  fácticamente  a  AURORA  BENITEZ BARRAGÁN que el día 6 de  octubre  de  2005,  “cuando transitaba de parrillera  en  la moto conducida por Espinosa Murillo, transportaba material bélico propio  para hacer explosivos”.   

          A  su  vez,  en la sentencia de condena dictada en segundo grado por  el mencionado Tribunal se afirmó en algunos de sus apartes:   

“Desde  dicha  óptica,  se  tiene  que  el  actuar  de  la  señora  AURORA  BENITEZ BARRAGÁN  consistente  en  transportar  elementos  tales  como  detonadores,  baterías,  conectores  de  baterías,  pulsadores  eléctricos,  amplificadores de corriente, swiches y diodos emisores  de  luz,  en  las  conocidas  circunstancias  en  que  fue sorprendida, no puede  observarse  como  un  hecho  aislado,  sino  como eslabones de una cadena causal  propia   de   estructuras  criminales  organizadas  y  previamente  concertadas,  precisamente  para cometer delitos indeterminados con  el propósito de causar estragos”.   

“Para el caso de  la  especie  la  conducta  desarrollada por BENITEZ BARRAGÁN se aviene al verbo  ‘provocar’.  Este  de acuerdo al diccionario de  la     Real     Academia     de     la     Lengua     significa     ‘incitar,  inducir  a  alguien  a  que  ejecute    algo’   y  ‘hacer  que  una  cosa  produzca    otra    como    reacción    o    respuesta    a    ella’,     en     tanto    la  amenaza  era innegable y tenía la capacidad de inyectar en la  población   una   sensación  de  terror  colectivo,  estimación  que para nada comprende la aplicación de un derecho penal de autor  ajeno a nuestra juridicidad”.   

          “No  es  de  soslayar  los antecedentes  mediatos  consignados  en  el informe No. 0579/DELES SIJIN DEBOL de 6 de octubre  de   2005   que  da  cuenta  de  recientes  acciones  terroristas  llevadas a cabo en los municipios de Villanueva y San Estanislao de  Kotska   entre   los   meses   de   agosto   y  septiembre  de  2005,  así  como  de  los  atentados  ocurridos en Cartagena entre los  años  2004  y 2005, circunstancia que para la fecha de los hechos hiciera mucho  más  sensible a la población con esta clase de acontecimientos, en vista de la  delicada  situación  de orden público que se vivía para entonces, en especial  con  la  presencia  de  grupos  insurgentes  armados  y  al margen de la ley que  hacían  presencia  en  la región y los cuales eras temidos por sus demenciales  acciones criminales”.   

“Tenemos entonces  que  para  el  presente  caso, lo que se infiere del actuar de la señora AURORA  BENITEZ   BARRAGÁN   es  que  su  actividad  estaba  encaminada  a proveer, con los dispositivos que le fueron incautados en su poder  el  día  6  de  octubre  de  2005,  a  grupos  encargados de sembrar el pánico  colectivo  en esa parte del territorio patrio, adminículos estos con los cuales  cometerían  acciones  en  contra  de  la  población civil, sus edificaciones y  medios  de transporte y comunicación, la infraestructura petrolera o contra las  fuerzas  encargadas de mantener el orden nacional, con el propósito de provocar  o  mantener  en  estado  de  zozobra  o  terror a la población o a un sector de  ella, proceder que se ha tornado consuetudinario para  este    tipo    de    organizaciones    al    margen   de   la   ley”.   

Y de manera conclusiva refirió:  

“La valoración  sistemática  de los elementos de juicio precedentes llevan a la Sala a concluir  que   en  el  momento  consumativo  de  la  conducta  punible  AURORA  BARRAGÁN  (sic)   era   la  persona  encargada   de   hacer  este  tipo  de  encomiendas  ilegales,  de  tal  manera que su actividad constituía una eficaz colaboración  para  ayudar a la empresa delictiva insurgente, concretamente para el transporte  de   los   elementos   incautados   en   su   poder   el   6   de   octubre   de  2005     (…)  elementos  algunos  de  libre  comercio  y  otros  de  tránsito controlado, que  serían  entregados a las Farc. En ese orden es autora  penalmente  responsable  del  delito  de  terrorismo”  (subrayas fuera de texto).   

          4.        Análisis del caso concreto   

          Ab  initio  debe  manifestar  la Sala que  asiste  mucho  de razón al recurrente en su demanda y al Ministerio Público en  su  concepto,  al  deprecar  la casación del fallo de condena, para en su lugar  absolver  a la procesada por atipicidad de la conducta por la cual fue acusada y  condenada en las instancias.   

En  efecto,  se  advierte  en  el caso de la  especie  que desde la acusación la Fiscalía de segundo grado no se percató de  los  elementos  estructurales  del  delito de terrorismo, pues le bastó imputar  fácticamente    a    AURORA    BENITEZ  la  conducta  de transportar “material  bélico  propio  para hacer explosivos”, sin explicar  de  qué  manera  se  configuró  alguno  de  los  verbos rectores del delito de  terrorismo,  esto  es,  provocar  o  mantener en estado de zozobra o terror a la  población  o  parte  de ella; tanto menos señaló cuáles fueron los actos que  pusieron  “en peligro la vida, la integridad física  o  la  libertad  de  las personas o las edificaciones o medios de comunicación,  transporte,    procesamiento    o    conducción    de    fluidos    o   fuerzas  motrices”,  y tampoco especificó la utilización de  “medios  capaces  de  causar  estragos” por parte de la procesada.   

          A  su  vez,  también la Sala de Decisión del Tribunal de Cartagena  incurrió en incorrecciones similares sobre el particular.   

Así   pues,   si   bien  el  ad  quem  sustenta sus consideraciones en  el  instituto  de  la  coautoría  material  impropia  por división de trabajo,  según    el    cual    AURORA   BENITEZ  tenía  la  misión  de  transportar  los  elementos que le fueron  incautados,   los   cuales   servían  como  insumos  para  realizar  artefactos  explosivos,  no  se  adentra  a señalar de qué manera ese comportamiento, aún  entendido  en  el  marco  de  un  tejido  más amplio de actividades delictivas,  tenía  la  capacidad  de ajustarse a los verbos rectores de provocar o mantener  en estado de zozobra o terror a la población o parte de ella.   

Olvida el Tribunal que aún para sancionar la  coautoría  material  impropia es indeclinable que el suceso, por lo menos, haya  tenido  comienzo  de  ejecución,  esto  es,  que se haya configurado su entidad  tentada,  pues de lo contrario únicamente pueden ser sancionados aquellos actos  de  ideación  o  preparación  que  autónomamente  por voluntad del legislador  dentro  de  su  libertad  de  configuración  normativa  hayan sido tenidos como  delitos,  como  ocurre,  por  ejemplo,  respectivamente,  con  el concierto para  delinquir  que  sanciona la simple y llana concertación para cometer delitos, o  el  tráfico de sustancias para procesamiento de narcóticos que hace punible la  importación  o  exportación  ilegal,  transporte  o  tenencia de elementos que  sirvan  para el procesamiento de cocaína o de cualquier otra droga que produzca  dependencia,  tales  como  éter  etílico,  acetona, amoníaco, permanganato de  potasio,  carbonato liviano, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, diluyentes,  disolventes.   

          En  este asunto se constata que el comportamiento de transportar los  elementos  incautados  a  la  procesada,  de  una  parte, no permite avizorar en  concreto  la  división  de  trabajo  que advera el ad  quem  como para proceder a verificar la posibilidad de  un  delito  de  terrorismo,  siquiera   en grado de tentativa y de otra, no  comporta  en  sí  mismo un acto preparatorio de aquellos que independientemente  sanciona  el  legislador,  es decir, no es punible el transporte de dispositivos  como    los   encontrados   en   poder   de   AURORA  BENITEZ.   

          En  efecto, aún si se encontrara demostrada la división de trabajo  inherente  a  un  propósito  común de cometer un delito de terrorismo, resulta  incuestionable  que  la  conducta  bajo examen no había salido de la órbita de  los  actos  preparatorios,  de  modo  que  no  puede  ser objeto de sanción, ni  siquiera  en  grado  de  tentativa.  Piénsese  por ejemplo en el caso de varios  hombres  que  armados  con  cuchillos  se dirigen hacia un lugar ubicado al otro  lado  de  la ciudad con el propósito de causar la muerte a otras personas y son  sorprendidos  por  la  policía,  caso  en  el  cual, el delito pretendido no ha  trascendido  de  la  esfera  de  la  preparación  y como portar cuchillos no es  punible, tendrá que reconocerse la atipicidad de la conducta.   

          Como   el   artículo   29   de   la  Carta  Política  dispone  que  “nadie  podrá  ser  juzgado  sino conforme a leyes  preexistentes  al  acto que  se  le imputa” (subrayas fuera de texto), de allí se  ha  reconocido  que  en  Colombia,  como Estado social y democrático de derecho  sustentado  en el valor supremo de la persona humana y su eminente dignidad, las  personas  responden por sus comportamientos (derecho penal de acto), y no por lo  que  son  (derecho  penal  de  autor),  reconociendo entonces a la par que está  proscrito  el  derecho  penal de ánimo o de pensamiento, en cuanto no puede ser  punible  lo que los individuos piensen, por reprochable o potencialmente dañino  que  parezca, en la medida en que no hayan materializado su intención en actos,  por  lo  menos  ejecutivos para lograr siquiera la configuración del delito por  vía del dispositivo amplificador del tipo de la tentativa.   

          Para   una  mejor  comprensión  del  tema  abordado  es  pertinente  señalar  que  la  tentativa  se encuentra regulada en el artículo 27 de la Ley  599 de 2000 en los siguientes términos:   

“El que iniciare  la   ejecución   de   una   conducta   punible   mediante   actos   idóneos  e  inequívocamente  dirigidos  a  su  consumación,  y  esta  no  se produjere por  circunstancias ajenas a su voluntad…”.   

          La  tentativa,  entonces,  supone  un  comportamiento  doloso que ha  superado  las  fases  del  iter criminis correspondientes  a la ideación y a la preparación del delito y ha  comenzado  a  ejecutarse,  sin  conseguir  su consumación y, desde luego, tanto  menos su agotamiento (Cfr. CSJ SP, 8 ago. 2007. Rad. 25974).   

          Por  lo  anterior,  la  doctrina  insistentemente  se  ha ocupado de  establecer  criterios  que  permitan  diferenciar  entre los actos preparatorios  –   que  salvo  cuando  autónomamente  son  considerados  delitos  por  el legislador, resultan impunes  – de los actos ejecutivos  que,   a  la  postre,  resultan  sancionables  en  aplicación  del  dispositivo  amplificador que se estudia.   

Es  así  como  concluyó  la  Sala  en  la  providencia  citada,  que es a partir de la ponderación del plan del autor y de  los  actos socialmente adecuados para poner en peligro el bien jurídico, que se  impone  analizar  en  cada  caso  concreto  si  se  está  en presencia de actos  preparatorios  o ejecutivos y, con ello, constatar si se presenta o no la figura  de la tentativa.   

          En   la   labor   de   constatar  si  el  proceder  de  AURORA  BENITEZ  siquiera  corresponde al  delito  de  tentativa  de  terrorismo,  encuentra  la  Colegiatura  que  no  hay  acreditación  cierta  y  concreta, no meramente especulativa, acerca de que los  elementos  hallados  en su poder serían utilizados en un futuro inmediato en la  elaboración  de  artefactos  explosivos para atacar a las fuerzas del orden o a  la  población  civil,  como para reconocer un posible comienzo de ejecución de  los  verbos  rectores  de provocar o mantener en estado de zozobra o terror a la  población, propios del terrorismo.   

        Este  asunto  difiere  de  uno  similar  abordado  por  la  Corte  (CSJ SP, 7 may. 2010. Rad.  31510),  en  el cual se reconoció la configuración  de   un  delito  de  terrorismo  al  demostrarse  la  inminente   utilización   de   los   dispositivos,  oportunidad en la cual se expresó:   

“Ahora, si bien  el  censor  se  empeña  en  mostrar  que  su prohijado fue ajeno a ese designio  criminal,   por  cuanto  los  elementos  incautados  en  su  residencia  no  son  propiamente  explosivos  sino parte de ellos y en ese orden, no se evidenciaría  la  ejecución  concreta  de  un  acto terrorista, oportuno resulta precisar que  (…)  En el asunto que se examina, está probado que  varios  vehículos  cargados  de  artefactos  explosivos estaban próximos a ser  detonados,  luego  la  amenaza era cierta y tangible y  tenían  la  capacidad  de  incitar  en  la  población una sensación de terror  colectivo,  consideración  que  de  forma  alguna  implica  la  aplicación del  derecho    penal    de    autor    proscrito    por    el   ordenamiento   penal  colombiano”  (subrayas  fuera  de texto).   

Ahora,  si  bien en el fallo del Tribunal se  dice   que   la   acusada   realizó   el   verbo   rector   de  “provocar”,        “en  tanto  la  amenaza  era  innegable  y  tenía  la  capacidad de  inyectar  en  la  población  una  sensación  de  terror  colectivo”,  encuentra  la Corte que la argumentación ofrecida dista mucho  de  los  alcances  del  tipo  penal  de terrorismo, pues lo requerido en sede de  tipicidad,  como  atrás  se  explicó,  no  es  que  se obre con el ingrediente  subjetivo  de provocar o mantener en zozobra o terror a la población, según se  disponía  en  el  estatuto  punitivo  de  1980,  sino  en  provocar  o mantener  efectivamente  en  dicho  estado  a la población, de manera que el ad  quem  no dijo, ni la Sala advierte de  qué  manera  con el porte de una bolsa contentiva de los referidos elementos se  provocó pánico o temor en los habitantes de la zona.   

          Es  cierto  que  por la época de los hechos en municipios aledaños  habían  tenido  ocurrencia actividades terroristas con explosivos, no obstante,  ello  no  permite  variar  las reglas del proceso de adecuación típica en este  caso  para,  pasando por encima del principio de legalidad que se concreta en el  principio  de  tipicidad  objetiva, afirmar, sin más, que se cometió un delito  de terrorismo.   

          Tampoco  es  de  recibo  la  argumentación del Tribunal orientada a  señalar     que     la    conducta    de    AURORA  BENITEZ “estaba encaminada  a  proveer,  con los dispositivos que le fueron incautados en su poder el día 6  de  octubre  de 2005, a grupos encargados de sembrar el pánico colectivo en esa  parte  del  territorio  patrio,  adminículos  estos  con los cuales cometerían  acciones  en  contra  de  la  población  civil,  sus  edificaciones y medios de  transporte  y  comunicación,  la infraestructura petrolera o contra las fuerzas  encargadas  de  mantener  el  orden  nacional,  con  el propósito de provocar o  mantener  en  estado  de zozobra o terror a la población o a un sector de ella,  proceder  que  se ha tornado consuetudinario para este tipo de organizaciones al  margen  de  la  ley”,  pues en primer lugar, ello no  pasa  de ser una razón especulativa no demostrada efectivamente en el trámite,  y  de  otra,  aún  si  así  fuera,  como  ya  se  dijo,  no  trascendió en el  iter  criminis el ámbito de  los  actos  preparatorios, impunes conforme a las reglas que sancionan el delito  tentado.   

          Si  a manera de conclusión señaló el ad  quem  que  la acusada “era  la  persona  encargada de hacer este tipo de encomiendas ilegales, de tal manera  que  su  actividad constituía una eficaz colaboración para ayudar a la empresa  delictiva   insurgente,  concretamente  para  el  transporte  de  los  elementos  incautados  en  su  poder el 6 de octubre de 2005   (…)  elementos algunos de libre comercio y otros de  tránsito  controlado, que serían entregados a las Farc. En ese orden es autora  penalmente  responsable  del  delito  de terrorismo”,  advierte  sin  dificultad la Colegiatura que discursivamente se varió de manera  sustancial  la  imputación  fáctica,  al  colocar  a  la procesada, no ya como  coautora  material  impropia  del delito de terrorismo, sino como quien colabora  en  la  empresa  delictiva  insurgente,  proceder  que  podría  adecuarse al de  cómplice  en  el delito de rebelión, no al de autora de terrorismo por el cual  fue   acusada   en   segunda   instancia   y   finalmente   condenada   por   el  Tribunal.   

        Como  en su concepto la Procuradora Delegada refiere que el proceder  de   AURORA   BENITEZ  ese  subsume  en  el delito de financiación del terrorismo  y   de   grupos   de  delincuencia  organizada  y  administración  de  recursos  relacionados    con    actividades    terroristas    y    de   la   delincuencia  organizada,  al  cual  dice  no  se  puede  variar  la  calificación  por  tener  una  sanción  más  grave  que  el  delito objeto de  condena, encuentra la Corte que tal planteamiento no es acertado.   

En primer término, el referido tipo penal se  encuentra  contenido  en  el  artículo 16 de la Ley 1121 del 29 de diciembre de  2006,   el  cual  modificó  el  artículo  345  de  la  Ley  599  de  2000,  en  consecuencia,   si   los   hechos  que  motivaron  este  averiguatorio  tuvieron  ocurrencia  el  6  de  octubre  de  2005,  es evidente que aún no se encontraba  vigente  dicha  norma,  la  cual no podría aplicarse con efecto retroactivo por  ser desfavorable a la acusada.   

          En  segundo  lugar,  el artículo 345 original de la Ley 599 de 2000  disponía:   

“ARTICULO  345:  Administración   de   recursos   relacionados  con  actividades  terroristas.  El que administre dinero o  bienes  relacionados con actividades terroristas, incurrirá en prisión de seis  (6)  a  doce (12) años y multa de doscientos (200) a diez mil (10.000) salarios  mínimos legales mensuales vigentes”.   

Como  viene  de  verse,  dicho  precepto  no  recoge el proceder de  AURORA  BENITEZ,  en  cuanto  su  ámbito  de protección se  encontraba  orientado a sancionar la administración de dinero o bienes, lo cual  supone  desarrollar  conductas complejas y de importantes decisiones sobre tales  objetos,  pues   comporta  las  actividades  de  administración  de  bienes  de  los  grupos  al  margen  de la ley, o de grupos  terroristas  nacionales  o  extranjeros,  y  comportamientos relacionados con su  financiación,  o  la  financiación de sus actividades o el apoyo económico de  las   personas   que   los   integran,  y  no  la  mera  entrega  de  algunos elementos necesarios para la  explosión      de      artefactos,      como     aquí     ocurrió.   

          Conforme  a  las razones procedentes, encuentra la Sala que el cargo  propuesto   por  la  defensa  debe  prosperar,  según  también  lo  avaló  el  Ministerio  Público  en  su  concepto, y por ello, se dispondrá casar el fallo  condenatorio  de segundo grado proferido contra AURORA  BENITEZ  por  el Tribunal de Cartagena como autora del  delito  de  terrorismo,  para  en  su  lugar  confirmar la sentencia absolutoria  dictada   en  primera  instancia  por  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad.   

Cuestión final  

Al  dictarse  el fallo absolutorio de primer  grado  la  procesada  accedió  a  su libertad provisional el 26 de noviembre de  2010,  situación  corroborada  por  el  Director  de la Cárcel de San Diego de  Cartagena.  En  la sentencia condenatoria de segunda instancia del 9 de julio de  2012  se dispuso su captura, sin que obre en la actuación registro alguno sobre  su  materialización,  motivo por el cual se dispone cancelar de inmediato dicha  orden.   

Compete   al  a  quo cancelar los demás compromisos de la procesada en  razón de este diligenciamiento.   

        Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE   

1.            CASAR  el fallo  condenatorio   proferido   contra   AURORA   BENITEZ  BARRAGÁN por el Tribunal de Cartagena como autora del  delito  de  terrorismo,  para  en  su  lugar  confirmar la sentencia absolutoria  dictada  en  primera  instancia,  de  acuerdo  con  las razones expuestas en las  consideraciones precedentes.   

2.             CANCELAR  la  orden  de captura dispuesta por el Tribunal Superior de Cartagena en el fallo de  segundo grado.   

3.             SEÑALAR  que  corresponde  al  juez  de primera instancia proceder a la cancelación de demás  los     compromisos     adquiridos    por    AURORA  BENITEZ en este diligenciamiento.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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