SP10400-2014(42495)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  Ponente   

SP10400-2014   

Radicación        N°  42495   

Aprobado      Acta     Nº 254   

Bogotá         D.C.,  cinco  (5)  de  agosto  de  dos mil  catorce (2014)   

Decide  la  Sala  el  recurso  de  casación  presentado   por   el   defensor   de   GABRIEL  JAIME  ORTEGA  MARÍN  contra la  sentencia   del   Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Medellín,  confirmatoria  de  la  emitida  en  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de  Bello, mediante la cual fue  condenado  como autor de tráfico, fabricación o porte ilegal de armas de fuego  o municiones.   

I.   HECHOS  Y  SÍNTESIS  PROCESAL   

1.  La  situación fáctica en relación con  la  cual  se  emitieron los  fallos  de  instancia  fue  resumida   así   en   la   sentencia   de   segundo  grado:   

“Los  hechos  objeto   de  juzgamiento  ocurrieron  el  día  7  de  agosto  de  2011,  siendo  aproximadamente  las  02:45  horas,  cuando  miembros  de  la Policía Nacional,  alertados  a  través  de la Central de Comunicaciones sobre disparos efectuados  en    la    Discoteca   Rancho   Gozón,  situada  en  la  vereda  Potreritos  del  municipio  de Bello, se  trasladaron  al  lugar  indicado  donde  una  persona  les  suministró  en  una  servilleta   la  anotación  del  número  de  placas  del  vehículo  donde  se  desplazaba   el   que   presuntamente   los  había  efectuado;  fue  así  como  interceptaron  el  vehículo señalado y procedieron al registro personal de sus  ocupantes,  a  los  que  inicialmente  no les hallaron nada, pero al examinar un  bolso  de  cuero  que llevaba terciado el señor Gabriel Jaime Ortega Marín, en  su  interior  encontraron  una  pistola  marca  Jericho,  calibre 9 milímetros,  modelo  941  FB  y  el  número de serie borrado, con proveedor sin munición, y  como  el ciudadano manifestara que tenía permiso para su porte lo trasladaron a  la  estación  de  policía, donde éste les hizo saber que no lo tenía, razón  por   la   cual   fue   dejado   a   disposición  de  la  Fiscalía”.   

2.  Con base en lo  anterior  el  8    de    agosto   de   2011  la  Fiscalía General de la Nación,  ante  un juez con función de control de garantías de  Bello,   le   formuló   imputación   a  GABRIEL JAIME ORTEGA MARÍN  como  autor del delito de fabricación,  tráfico   o  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  o  municiones    de    defensa    personal   descrito   en   el   artículo   365  del    Código   Penal,  modificado  por la Ley 1453  de   2011,  artículo  19,  cargo   al   que   no   se   allanó  el  indiciado1.   

3.  El  1° de  noviembre  del  citado  año  el ente instructor presentó escrito de acusación  contra  ORTEGA  MARÍN en  calidad  de  autor de la  conducta   punible   atrás  aludida,  el  cual  fue  formalizado,  tras  varios  aplazamientos y luego de ser negada una solicitud de  preclusión  elevada por la defensa del procesado, en  audiencia    pública  celebrada  el  28  de  marzo  de  2012 en el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Bello,  cuyo titular adelantó el juicio oral en varias sesiones, siendo  la  última de ellas el 8  de  octubre  de  2012,  en  la  que  anunció que el  sentido  del fallo era absolutorio y fijó como fecha  para  la  lectura  de  la  respectiva  sentencia el 25 del mismo mes2.   

Sin   embargo,   llegada  esa  fecha  e  instalada   la   audiencia   pertinente,  el  mismo  funcionario decretó  nulidad del anuncio del sentido del fallo con base en que  “una vez analizados íntegramente los elementos de  convicción”  las  dudas advertidas en la anterior  oportunidad   estaban   superadas,   razón  por  la  que el fallo sería condenatorio, pronunciamiento en  relación  con  el cual advirtió que no procedía recurso alguno y se   entendía  incorporado  a  la  sentencia,  que  de  inmediato  leyó,      en      la      que     declaró a  ORTEGA   MARÍN  autor  penalmente  responsable  del  delito  atribuido  en  la acusación, por       virtud      de    lo    cual   le   impuso   pena  principal   de  ciento  catorce  (114)  meses de  prisión,  las accesorias de ley por el mismo lapso,  y    le    negó    los    subrogados    penales3.   

4.  Contra la  expresada  providencia el procesado y su asistencia   técnica   interpusieron        el  recurso  de apelación, el cual fue  resuelto   el  9  de  agosto  de  2013  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Medellín en el sentido de confirmarla,  excepto  en  cuanto  a  la  magnitud  de  la pena de prisión, la cual redujo al  mínimo   legal  de  ciento  ocho  (108)   meses,   fallo  de  segundo  grado  impugnado  por  la  misma parte mediante el recurso extraordinario de casación,  cuya   demanda   esta   Corporación  declaró  ajustada  a  las  exigencias  de  ley4.   

II.  DEMANDA Y  AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN   

5.    El  actor   reiteró   los  planteamientos  expresados  en la demanda, en la que  propuso  un  cargo, cuyos  fundamentos se resumen a continuación:   

Con sustento en  la  causal  segunda  (Ley  906  de  2004,  artículo  181-2),  el  recurrente  estima  que  el fallo condenatorio emitido contra su  prohijado  se  dictó  en  un  juicio viciado de nulidad por desconocimiento del  debido   proceso,   específicamente   de   los   principios  de  juez  natural,  inmediación, contradicción, congruencia y seguridad jurídica.   

En esencia, luego de resumir la actuación  puntualiza  que  el vicio se configuró porque el mismo funcionario que conoció  del  juicio  en  su integridad, ante quien se cumplió el debate probatorio y se  expusieron  los  alegatos de las partes, una vez concluida esa fase anunció que  el  sentido del fallo era absolutorio; sin embargo, llegado el día y hora de la  lectura  de  la  respectiva sentencia, anuló el sentido del fallo y en la misma  audiencia  emitió  sentencia  de  condena,  irregularidad  avalada en    segunda   instancia  al confirmar la referida providencia,  en  desmedro  de  los  principios  y  garantías arriba señaladas, acerca  de  las  cuales  consigna  una  amplia disertación.   

Con base en lo anterior solicitó   casar   el   fallo  impugnado  y  retrotraer  la  actuación  a  la  audiencia  de lectura de sentencia de primera  instancia  para  que  se  emita  la  decisión  congruente  con  el  sentido del  fallo.   

6.  El  representante  de la  Fiscalía  General de la  Nación    ante    esta    Corporación,   expresó   su   acuerdo   con  la  pretensión  del demandante, ya que el problema jurídico planteado por el actor  ha  sido  tratado  en  la  jurisprudencia de la Corte, siendo el precedente más  reciente  la sentencia emitida el 25 de septiembre de 2013 en el radicado 40334,  en  la  cual  ante  un  asunto  semejante  se  decretó la nulidad parcial de lo  actuado   para  que  el  juzgador  de  primer  grado  dictara  la  sentencia  en  congruencia con el sentido del fallo.   

Puntualizó  que,  en ausencia de criterio  jurisdiccional  distinto  y vinculante, la referida solución es la que consulta  con  el debido proceso, ya que admitir que el mismo juez que presidió el juicio  y  anunció  el  respectivo  sentido  del  fallo,  luego  lo  anule  para dictar  sentencia   contraria  a  aquel,       equivale       a      prohijar    que    los   funcionarios  revoquen su propio fallo,  facultad   de  por  si  proscrita   en   el   ordenamiento,   mediante   la   nulidad   con        desconocimiento  de que  las   causales  de  esa  sanción  extrema  se hallan expresa y taxativamente  consagradas  por  el  legislador, además abolir los  recursos  contra  una  decisión  semejante  que  de ordinario es pasible de los  mismos.   

Señaló  que  la  nulidad del sentido del  fallo  por  parte  del  mismo  juez  de  la  causa, desquicia o atenta contra el  principio  de  imparcialidad,  ya  que  sólo las partes o intervinientes están  facultadas  para,  a  través  de  los mecanismos de  impugnación,  cuestionar  un  fallo  absolutorio  o  condenatorio.   

Con   base   en  lo  anterior  solicitó  declarar   la   prosperidad   del   reproche  y  en  consecuencia  casar  la  sentencia  de  segunda  instancia,  para  en  su  lugar  invalidar  lo  actuado  hasta  el fallo de primer grado inclusive, con el fin de  que  el  juez  de  conocimiento  emita  la  decisión  congruente con el anuncio  absolutorio hecho al finalizar el debate público.   

7.   A   su  turno,  la Delegada de la  Procuraduría  General de  la    Nación,   tras   hacer   una   recapitulación  sucinta  del criterio  jurisprudencial     de     esta    Corporación    acerca    del    problema   tratado,  señaló  que  la  unidad    temática  inescindible  existente  entre   el   anuncio   del   sentido  del  fallo  y  la  sentencia  no        es        meramente  formal,  sino  de  carácter  sustancial,  porque  solo  así  permanecen  indemnes derechos tales como el de  libertad,  igualdad  y  dignidad,  ya  que  si  bien  la resolución jurídica o  declaración  de  justicia que corresponde al caso se  integra  por dos momentos,  desde  la  enunciación oral en audiencia del sentido del fallo surgen a la vida  jurídica       consecuencias      que  evidencian  su  carácter  de  acto constitutivo de derechos y no de meras expectativas.   

Para  respaldar  tal  criterio  destacó  la    exigencia    prevista    en   el  artículo  446  de  la  Ley   906  relacionada  con   el   contenido   y   alcance   del   anuncio  del  sentido  del  fallo,   según   la   cual   éste   “será   individualizado  frente a  cada  uno  de los enjuiciados y los cargos contenidos  en  la  acusación, y deberá referirse a las solicitudes hechas en los alegatos  finales”, mandato del que la Agente del Ministerio  Público   asegura   no  se  desprende  una      simple     e     intrascendente     manifestación     de  encontrar al procesado inocente o culpable, sino una  sucinta    pero    clara    y    completa    decisión   sobre   los   problemas  planteados.   

Acerca   de  las  consecuencias  tal  pronunciamiento           agregó    que,    de    conformidad  con  los artículos 449 a 453 de la ley 906/2004, según  sea  el  sentido del fallo  absolutorio  o  condenatorio,  se  desprenden, entre  otras,  la libertad inmediata del declarado inocente,  la  posibilidad  de la captura del declarado culpable, las medidas provisionales  de  seguridad  para los inimputables, la puesta a disposición de otra autoridad  requirente  del absuelto, la intervención de las partes sobre criterios para la  tasación  de la pena en caso de fallo de responsabilidad, la excarcelación del  condenado  susceptible  de  recibir el subrogado de la ejecución condicional de  la pena, etc.   

De  acuerdo  con  lo  anterior la Delegada  reiteró que del  sentido  del  fallo no surgen meras expectativas sino efectos  concretos  frente  a  la  situación  de  las  partes  en el proceso y de manera  preponderante  para los procesados, por lo que aquél  pronunciamiento    es   una   verdadera   decisión  vinculante  para  los  intervinientes  y de manera principal para el funcionario  que la profiere.   

Señaló  también  que  el  principio   general  del  derecho   de   no  actuar  contra  los  actos  propios   constituye   límite  al    ejercicio    de   una                     facultad               o              potestad,   como  consecuencia  del  principio  de  buena fe  y,  particularmente,  de  la  exigencia de observar,  dentro  del  tráfico  jurídico,  un comportamiento  consecuente,  de  suerte  que   en  este  caso  es  un límite al ejerció por el juez de su potestad de  dirimir  el  asunto  sometido  a juicio,   razón  por  la  cual  no  puede  en un momento anunciar una decisión y luego proceder a  redactar una contraria, anulando para ello la primera.   

Advirtió que el referido axioma igualmente  se  conoce  bajo  el  aforismo  latino  “venire  contra  factum proprium non  valet”  y  que  el  mismo  no está reservado a  disputas   entre   particulares,   sino   que   se   extiende  a  la                      Administración        Pública  en todos sus ámbitos, en  cuya  virtud  los actos y decisiones  judiciales  pueden  modificarse  sólo  a  partir  de su cuestionamiento por las  partes  mediante  el  ejercicio  de  los  recursos  que permitan un reexamen del  asunto, ello en conexión  con  la  idea  de  seguridad  jurídica  y  con  el  derecho  de  los  ciudadanos  a  la igualdad ante la  ley.   

Por  último  resaltó  que  en    circunstancias    como    las    del    caso    examinado,  en  el  que  en  un primer  momento   el   juez  absuelve  y  luego  procede  a  condenar,  en  la práctica lo que evidencia es que  en  la  formación  del  proceso  de conocimiento y convicción del fallador     existe    duda   sobre   la   responsabilidad   del   acusado,  la   cual   según   los   postulados  Constitucionales no puede  absolverse    en    su    contra,    sino    todo    lo    contrario,     a     su    favor,  razones  por las que solicita declarar la prosperidad del cargo  y decretar la nulidad de la sentencia atacada.   

III. CONSIDERACIONES  

8. Desde    ahora    anuncia    la    Sala    que   el   único   cargo   propuesto   por   el  demandante,   como   también   lo  advirtieron  los  Delegados         de        la  Fiscalía  General de la Nación y  el   Ministerio   Público,   tiene   vocación  de  éxito,   razón   por   la   que  se  accederá  a  invalidar  lo  actuado  a partir, inclusive, de la audiencia de   25  de  octubre  de  2012,  por  la  estructuración  de  una  irregularidad sustancial que afectó el debido proceso  como más adelante se precisará.   

Previamente   es  oportuno  recordar   que   la   causal   de   casación   invocada   por  el  actor,  consagrada en la  Ley   906   de   2004,   artículo   181,   numeral  2º,  permite  reivindicar        el  decaimiento  de  la  presunción  de  acierto  y legalidad que  ampara  al  fallo  de segundo grado, con base en la proposición y demostración  de   irregularidades   constitutivas   de   nulidad   por   vicios  in  procedendo,  es  decir, cuando tal  decisión  se  ha  producido  con  desconocimiento  del  debido proceso o de las  formas    propias    del    juicio    (yerro    de   estructura),  o  por violación de las garantías debidas a cualquiera de las  partes    (yerro   de  garantía).   

Cuando se acude a ese motivo rescindente de  la  sentencia,  debe  el  actor  tener en cuenta que las causales de nulidad son  taxativas5  y  que  la  denuncia,  bien  sea  de  la  vulneración  del debido proceso o de garantías  fundamentales,  requiere  de  claras  y precisas pautas demostrativas, ya que no  cualquier  anomalía  conspira  contra la vigencia de  la  actuación,  pues la  misma  debe ser esencial y estar vinculada en calidad  de  medio  para  socavar  las  bases  esenciales del  juicio  o  algún derecho fundamental de las partes o  intervinientes,  de  suerte que, igual que en las otras causales, debe ajustarse  a  ciertos  parámetros lógicos que permitan comprender el motivo de ataque, el  yerro  sustancial  alegado  y  la  manera  como  se  quebranta la estructura del  proceso   o   se  afectan  las  garantías  a  consecuencia  de  aquel.   

Precisamente,  a  asegurar esos cometidos,  así  como  el carácter serio y vinculante del correspondiente reproche, apunta  la  observancia de los principios que orientan la declaración de nulidades, los  cuales,  a  pesar  de no estar previstos en una determinada norma del Código de  Procedimiento   Penal   que   rige  este  asunto,  siguen  siendo  criterios  de  inexcusable  observancia,  como  así  ha tenido oportunidad de puntualizarlo la  Sala6.   

Tales   axiomas   se  concretan  en  los  siguientes       postulados:       sólo       es      posible      deprecar  la  nulidad  por los motivos  expresamente  previstos  en  la  ley  (principio  de  taxatividad);  quien  alega  la configuración de un  vicio   enervante   debe  especificar  la  causal  que  invoca  y  señalar  los  fundamentos   de   hecho   y  de  derecho  en  los  que  se  apoya  (principio     de    acreditación);  no  puede  deprecarla  en  su  beneficio  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta  haya  dado lugar a la configuración del yerro  invalidante,  salvo  el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica  (principio  de  protección); aunque se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías     fundamentales     (principio    de  convalidación);  no procede la invalidación cuando  el  acto  tachado  de  irregular  ha  cumplido el propósito para el cual estaba  destinado,   siempre  que  no  se  viole  el  derecho  de  defensa  (principio             de            instrumentalidad);    quien    alegue    la  rescisión  tiene  la obligación indeclinable de demostrar no  sólo  la  ocurrencia  de  la incorrección denunciada, sino que ésta afecta de  manera  real  y  cierta  las  bases fundamentales del  debido     proceso    o    las    garantías    constitucionales    (principio   de   trascendencia)   y,  además,  que  para enmendar el agravio no existe remedio procesal distinto a la  declaratoria     de    nulidad    (principio    de  residualidad).   

9. Ahora bien,  el   censor  alude  como  motivo  invalidante  el  previsto  en  el  artículo  457 de la Ley 906 de 2004,  precepto   que   abriga   con  tal  carácter  “la  violación   del   derecho   de   defensa  o  del  debido  proceso  en  aspectos  sustanciales”.   

En   sentido   amplio   el  debido   proceso   es  una  garantía  superior7  reconocida  por  parejo  en el ámbito supranacional8   y  con  estricto    desarrollo    en    el    ordenamiento   penal   interno9, de acuerdo  con   la  cual  “Nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme  a  la  las  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o  tribunal  competente  y  con observancia de la plenitud de las formas propias de  cada juicio”.   

En   materia   penal,   el  proceso  tiene una estructura formal y otra conceptual. La primera  guarda   relación   con  el  principio  antecedente-consecuente,  inherente  al  conjunto  o  sucesión  escalonada  y consecutiva de  actos   jurisdiccionales   con   carácter   preclusivo   regulados  en  la  ley  procesal,  los cuales lo integran como unidad dentro  del marco de una secuencia lógico-jurídica.   

La   segunda,  esto  es,  la  estructura  conceptual,  se  relaciona con la definición progresiva y vinculante del objeto  del  proceso  penal,  el  cual  no  es  otro  que el de establecer, más  allá  de  toda  duda,  por  una  parte,  la  realización de un comportamiento humano  de  acción  u  omisión  verificable  en el mundo exterior o físico, que halla  correspondencia  en la descripción legal y abstracta de una conducta punible; y  de  otra,  determinar  la  consecuente  responsabilidad  del  sujeto  al  que se  atribuye la respectiva conducta de connotación jurídico-penal.   

La  estructura  formal  del  proceso,  ha  precisado         esta         Corporación10,  ocasionalmente,  con base  en  expresos  mandatos  constitucionales  y  legales,  sustentados en razones de  política   criminal,   justicia   premial,   eficacia   y   eficiencia   de  la  administración  de  justicia,  etc.,  puede  dar cabida a mecanismos que agoten  anticipadamente  el  objeto del proceso, esto es, sin surtirse todas sus etapas.  Claro  ejemplo  de  ello  lo  constituye  el  actual  sistema  de enjuiciamiento  (Ley  906 de 2004), en el  que,  no  obstante  ser  de  su  esencia  que  un  juez  imparcial  decida   en   un   juicio   público,  concentrado,     con     inmediación  y  controversia  probatoria, acerca de la ocurrencia de un hecho  de        connotación       jurídico-penal   y   la   responsabilidad   del  procesado   en   el   mismo,  se  consagró  la  aplicación del novísimo  principio  de oportunidad, así como trámites    (el   allanamiento   a   la  imputación    y    los   preacuerdos)   que  permiten  decidir  sobre  su  finalidad  sin  controversia  probatoria ni juicio.   

La  estructura  conceptual,  en cambio, es  más  rígida  que  la  formal,  dado que al referirse a tres aspectos, a saber:  personal,   fáctico   y  jurídico,  que  integran  el  hilo  conductor  de  la  pretensión  punitiva  del  Estado,  una vez los mismos son determinados con las  formalidades  legales  por el órgano que encarna esa prerrogativa, es decir, la  Fiscalía  General de la Nación, no pueden ser variados por ésta o por el juez  llamado  a  resolver  el  asunto,  salvo en cuanto al último atributo que puede  modificarse  siempre  y cuando ello no implique deterioro del derecho de defensa  por        lesión        de       los  principios     de  contradicción     y     congruencia,  ni  comporte, en general,   una   situación   jurídica   más  gravosa para el procesado.   

Síguese   de   lo  dicho  entonces  que  transgredir  el  debido proceso significa, ni más ni menos, pretermitir un acto  procesal   expresamente   señalado  por  la  ley  como  requisito  sine   qua   non  para  adelantar  el  subsiguiente,  o  llevarlo a cabo sin que cumpla los  requisitos sustanciales inherentes a su validez o eficacia.   

10. En el asunto  analizado    la   situación   invocada   como  irregular  y  con  incidencia  sustancial  en  el  debido  proceso,  tanto  por  el actor como por las partes e  intervinientes  en  la  audiencia  de  sustentación,  consiste  en  que  el  mismo  juez  que adelantó el  juicio,  es  decir,  el  funcionario  que  presenció el debate probatorio, tras  hacer  un  receso  y  llegar  a  la  convicción  de que el procesado debía ser  absuelto  por aplicación del axioma de in  dubio  pro reo, como en efecto así  lo  anunció de manera pública al finalizar la última sesión de la audiencia,  al  momento  de  emitir  la  sentencia  congruente  con  ese  sentido, anuló su  anterior   pronunciamiento  para  cambiar  de  opinión  y  proferir,   por   el   contrario,    fallo   condenatorio   en   los  términos  ya  referidos  por   la   Sala  en  la  síntesis procesal.   

El  dislate  es evidente y sobre el mismo,  como  vicio  generador de  la  nulidad,  ya  ha  tenido  oportunidad  de  pronunciarse  la Corte en asuntos  semejantes,  adoptando  el remedio extremo que hoy reclama el censor, respaldado  por la propia Fiscalía y la Procuraduría General de la Nación.   

En  efecto,  en  CSJ    SP,    14    nov.    2012,    rad.   3633311,        en   un   asunto  de  contornos  fácticos  semejantes,  se  hicieron  las siguientes reflexiones que por su pertinencia  se transcriben a continuación:   

La  Sala  en  múltiples  decisiones se ha  ocupado   de   establecer  el  alcance  del  sentido  del  fallo,  cuyo  anuncio  corresponde  hacer  al  juez  a  la  terminación del debate en el juicio oral o  después  de  un  receso  hasta de dos (2) horas si lo considera necesario, y su  vinculación con el proferido posteriormente de manera escrita.   

Respecto  de la naturaleza del anuncio del  sentido  del  fallo,  inicialmente  la Sala estimó que se trata de “un  concepto jurídico determinado y obligatorio”,  lo  cual  significa  que la sentencia escrita guarde coherencia  con   el   aviso   oral   y   público  hecho  por  el  juez  que  presidió  el  juicio.   

De  ese  modo  advirtió  que “Si  el  legislador  consagró  la  obligación  para el juez de  informar  a  las  partes  el  sentido  de su resolución final, de manera oral y  pública,  es para garantizarles el pronto conocimiento de la decisión adoptada  y  que,  por  obvias razones, debe ser coherente con ese anuncio verbal. De otra  manera,  no  tendría  razón  de ser la inclusión de ese precepto en la actual  codificación        procesal        penal”12.   

Posteriormente  en  un  caso, en el que el  juez  en  la audiencia de lectura de la sentencia absolvió en lugar de condenar  al  acusado  como  lo había anunciado, citó las disposiciones de la ley 906 de  2004  relacionadas  con  el  sentido  del  fallo, para precisar que junto con la  sentencia  escrita  constituye  un acto complejo que hace parte de la estructura  básica del proceso.   

Dijo    entonces    que   “resulta  incontrastable  que la comunicación del juez sobre el  sentido  del fallo, acto con el que culmina el debate público oral, forma parte  de  la estructura básica del proceso como es debido y vincula al juzgador en la  redacción de la sentencia.   

“Por tanto, el  fallo  conforma  un  todo  inescindible, un acto complejo, una unidad temática,  entre  el  anuncio  público  y  la  sentencia finalmente escrita, debiendo, por  tanto,    ser    coincidentes   sus   alcances”13.   

…“De  lo  anterior deriva que el aviso  público  sobre  condena  o  absolución hecho por el juez una vez finalizado el  debate  oral, constituye la resolución de mérito al conflicto, emitido el cual  solamente  resta  redactar,  a modo de sentencia, los aspectos que se deriven de  ese  aviso.  Por  modo  que ésta no puede desconocer el sentido pronunciado, de  donde  surge  que  exista  una  unidad temática entre el sentido del fallo y la  sentencia        finalmente       adoptada”14.   

No  obstante,  como      en      el      aludido      precedente      se      admitió  como  posibilidad  excepcional  la    nulidad  del sentido del fallo  por  parte  del  juez si “en  el  proceso  de  redacción del  mismo    llegaba   al  convencimiento  que la decisión anunciada encierra una injusticia material, con  el   propósito   de   preservar   con   uno   nuevo   las   garantías  de  las  partes”, en  la  sentencia  traída  a colación se aclaró el alcance de esa  salvedad  de la siguiente  manera:   

La reseña anterior, permite concluir que  la  consideración según la cual el anuncio de la decisión o sentido del fallo  y  la  sentencia  finalmente  leída  es  un  acto complejo que hace parte de la  estructura  del  debido  proceso, no es asunto problemático, como tampoco lo es  la obligación que entre el uno y la otra haya concordancia.   

Sin embargo, la anulación del sentido del  fallo  cuando  el juez encuentra en el proceso de redacción de la sentencia que  contiene  una  injusticia  material, es admitida como la vía jurídica expedita  que permite su modificación a través de un nuevo anuncio.   

A  pesar  de  ella,  la  misma merece una  reconsideración  en  aquellos  asuntos  en  los  cuales  se  ha  preservado  el  principio  de  la  inmutabilidad  del juez, a partir de la naturaleza del juicio  oral  consagrado  en la ley 906 de 2004 y los principios que lo orientan, con el  objeto de garantizar el debido proceso acusatorio.   

Con  dicha rectificación no se sacrifica  lo  sustancial  por lo formal; por el contrario, implica la observancia plena de  los  principios  constitucionales  y legales inherentes al juicio oral, rescatar  su  importancia  y distinguirlo de los procedimientos escritos, como también es  el  camino  adecuado  con  miras  a respetar las garantías fundamentales de los  intervinientes.   

En  el  juicio oral, la labor del juez no  está  circunscrita  a su instalación, a dirigir el desarrollo de la audiencia,  a  verificar  la  validez  de  la  manifestación de culpabilidad del acusado, a  aceptar  o  rechazar  las  manifestaciones de culpabilidad preacordadas entre la  defensa  y la acusación, sino que lo obliga a estar atento a su desarrollo y al  debate probatorio en razón de la inmediación.   

Recuérdese  que  en  virtud  de  dicho  principio,   son   pruebas   únicamente   las   practicadas,   confrontadas   y  controvertidas  en  su presencia, dada la admisibilidad excepcional de la prueba  de referencia.   

Así las cosas, en su presencia la prueba  es  producida  e  incorporada  al  juicio  en forma pública y oral, mediante un  debate  desarrollado  de manera continua en un mismo día, en días consecutivos  o    no,   debido   a  suspensiones  legales  excepcionales; luego la inmediación y concentración son  fundamentales,  mientras le posibilitan el conocimiento directo de los hechos, a  partir de los cuales le corresponde decidir.   

De  modo  que  una  vez  presentados  los  alegatos  y  posterior  a la declaración de terminación del debate, el juez se  hallará  en  capacidad  inmediatamente  o  después  del receso legal, de dar a  conocer  de  manera  oral  y  pública  el  sentido  del  fallo,  cuya decisión  individualizará  frente a cada uno de los enjuiciados y cargos contenidos en la  acusación,   indicando   el   delito   por   el   cual   lo  halla  culpable  o  inocente.   

Entonces  el debido proceso acusatorio se  preserva,  cuando  el  juez  al  redactar  la  sentencia  respeta el sentido del  anuncio  del  fallo  y  no  a  la  inversa,  esto  es, cuando anula su aviso por  considerar que el mismo encierra una injusticia material.   

La  anulación de ese acto, admitida bajo  el  hipotético  juicio  del juez de encontrarse en el proceso de redacción del  mismo  con  que su convencimiento es distinto del anunciado, resulta inadmisible  en  un  procedimiento regido por la inmediación, concentración e inmutabilidad  del juez.   

Permitirla no es un acto trascendente sino  una  informalidad  que sacrifica el debido proceso acusatorio con el pretexto de  contener  una  injusticia  material,  fundamentalmente  porque la aceptación de  dicha  tesis, conduce sin ninguna duda, a ignorar los principios de inmediación  y    de    concentración,    pilares    del    juicio   oral,   que   considera  protegidos.   

Riñe  además  con  el  debido  proceso,  cuando  el  mismo  juez  que  asistió, presenció, dirigió el juicio, esto es,  ante  quien  la  prueba  fue  producida  e  incorporada en forma pública, oral,  concentrada,  confrontada y controvertida, procede a anular su sentido porque al  redactar   la   sentencia   aduce   que   con   él   cometió   una  injusticia  material.   

Este  procedimiento  avalado por la Sala,  tiene  justificación  únicamente  en  aquellos  casos  en  los que por razones  administrativas  o  de  otra  índole,  la  inmediación  y la concentración no  tienen  cabal  aplicación,  en  el  entendido  que  el juez que intervino en el  juicio  oral  y  anunció  el  sentido  del  fallo  no  es el mismo encargado de  redactarlo.   

Sin  embargo,  respecto de la posibilidad  que  un  juez  distinto  al  que  presenció  el juicio oral sea el que dicte el  fallo,  se  tiene  dicho que tal situación es de carácter excepcional dado que  es  “necesario insistir  en    la    estricta    atención    de    los    principios   de   inmediación   y   de   concentración       que   impone   el   nuevo   sistema   penal,  porque  si  bien  la  jurisprudencia  de  la Sala ha admitido como posible que un juez distinto al que  presenció  el  debate  oral,  sea el que profiera la sentencia correspondiente,  ello  debe  ser  entendido  como  una  situación  excepcional  o, si se quiere,  inusual.”15.   

Ahora  bien,  la  justicia material en un  Estado   Social       de      Derecho  se  resguarda  observando  el  debido  proceso  y no acudiendo a procedimientos que lo vulneran. Su invocación  para  invalidar  el  sentido  del  fallo,  no deja de ser una entelequia, porque  estará  de  por  medio  una  decisión  respecto  de  la cual tampoco existirá  certeza,  esto  es,  no  existe  un  parámetro razonable que permita determinar  cuál  fue  el anuncio correcto, ya que puede ser probable que el primer anuncio  fuera  el  que  finalmente  se  ajustara  a  lo  probado y debatido en el juicio  oral.   

Luego no hay una causa jurídica válida o  de  derecho  que  justifique  un procedimiento distinto al señalado por la ley,  así  se  argumenten razones de justicia material, no solo porque los principios  tutelares  en  los  que  se  sustenta  el  debido  proceso  acusatorio deben ser  acatados,  sino  también  por la existencia de medios idóneos para impedir que  ello ocurra.   

Por  eso la ley ha consagrado la facultad  del  juez,  si lo estima necesario, para decretar un receso antes de anunciar el  sentido  del  fallo,  cuya  finalidad no es otra que adelantar un reexamen de lo  acontecido  en  el  juicio, incluso consultar los videos y oír los audios, para  disipar  las  dudas  surgidas  de  lo  percibido, procurando por esa vía que la  sentencia   escrita   y   leída   días   después   guarde   consonancia   con  él.   

“La  posibilidad  de acudir a registros audiovisuales, en los términos del artículo  146  de  la  normativa procesal penal de 2004, debe entenderse como soporte para  probar  lo  ocurrido  en  el juicio oral para efectos de tramitar y resolver los  recursos  de  apelación  y de casación,  y  para  suplir  algunas  falencias temporales que no incidan de  manera      sustancial      en     el     sentido     del     fallo.”16.   

Del mismo modo, cuando la complejidad del  asunto  lo  amerita,  el  receso puede prolongarse razonablemente más allá del  término  señalado  en  la  ley,  para  garantizar  que  el  sentido  del fallo  anunciado corresponda a lo probado y debatido en el juicio oral.   

A  dicha posibilidad, la Sala se refirió  cuando  dijo  que  “Para  lograr  esa armonía, el  legislador  otorgó  al  funcionario  un  lapso  prudencial  para que decante lo  percibido  directamente  en  el juicio y, así, evite posibles yerros. Ahora, si  un  asunto  resulta  en  extremo  complejo,  nada obsta para que prudencialmente  amplíe  ese  término,  pues  criterios  superiores,  como la prevalencia de lo  sustancial  sobre las formas, la necesidad y la ponderación (artículos 10 y 27  de  la  Ley  906  del  2004),  lo autorizarían.”17.   

De  otro lado, los equívocos en que pudo  incurrir  el juez al hacer el anuncio, son susceptibles de ser corregidos con la  interposición  de los recursos legales por la parte a la que le asista interés  jurídico,    haciendo    posible    la    reparación    de   la   “injusticia  material” vislumbrada  al  redactar  la sentencia, pero no por vía de anulación que equivaldría a la  revocatoria de la sentencia por el mismo juez que la dictó.   

La  obligación de mantener inmodificable  el  sentido del fallo no atenta contra la verdad y la justicia, por el contrario  respeta  los  pilares  sobre  los que se sustenta el debido proceso acusatorio y  vivifica  el  deber  de  obrar  con  absoluta  lealtad  y  buena  fe  de quienes  intervienen  en  la  actuación,  los  cuales  no  pueden  ser  sorprendidos  ni  afectados  con  nuevas  decisiones que desconocen el surgimiento de derechos con  el  sentido  del  fallo  anunciado, como el de la libertad y el levantamiento de  las medidas cautelares impuestas.   

En  este  sentido,  la  Sala  tiene dicho  que    “claramente  delimitadas  la  naturaleza y efectos concretos de esas dos figuras, sentido del  fallo   y   sentencia,  debe  hacerse  énfasis  en  que  de  la  primera  nacen  expectativas,    o,    si    se    quiere,   derechos,   que   no   pueden   ser  desconocidos”18.   

La anulación del sentido del fallo cuando  se  ha observado el debido proceso acusatorio, es una medida extrema contraria a  la   seguridad  jurídica,  no  solo  porque  las  partes  no  sabrían  a  qué  procedimiento  atenerse,  sino  que  quedarían  sometidas  al  arbitrio  de  la  facultad  discrecional  del  juez,  a  quien  solo  le  bastaría con invocar la  justicia  material  para  modificar su decisión inicial. Además, la nulidad no  es  aplicable  para  corregir un criterio del juez, sino que opera por vicios en  la  producción  de  los  actos  procesales  y  el  sentido  del  fallo  no  fue  irregular.   

11.  Descendiendo  al  caso  concreto,  el  juez   de   primer   grado   en   este  asunto  en  la  sesión  de audiencia de 8 de octubre  de  2012,  concluido  el  debate  probatorio  y  las  alegaciones  finales  de  la Fiscalía y la defensa, luego de la suspensión que  ordenó  por  un lapso prudencial para emitir el sentido del fallo, tras  una  recapitulación  de  los  hechos  y  de los principales  aspectos controvertidos, indicó:   

“Con  base entonces en los elementos de  convicción  que  ya han sido analizados, los alegatos de conclusión, así como  la  resolución  de  acusación, entra el Despacho a considerar que la sentencia  debe   ser   de  carácter  absolutorio.  La razón  de  esta  decisión,  se  indicará   de   manera   muy   somera,   pues  que  no  hay  obligación  del  funcionario  judicial  de  sustentar   o   de   fundamentar  este  sentido  de  fallo  toda  vez  que  el  mismo  se incorpora en la  sentencia,  es  que  en  verdad  existen dudas trascendentes frente a los hechos  pero  principalmente frente al elemento del tipo del permiso para portar arma de  fuego,  y  hay esa duda porque los mismos testigos de la Fiscalía, como bien lo  indicara  la  defensa,  indican que efectivamente la Cuarta Brigada manifestó   que   el  señor  GABRIEL  JAIME  sí tiene permiso para portar armas de fuego,  e  indicó  incluso  la identificación de esa arma de fuego la que coincide con  la  incautada,  salvo  en  lo  que  tiene  que  ver,  o  salvo  no, quedando por  determinar  si  efectivamente  la  incautada  es  la  misma por la que tiene con  permiso  el  señor  GABRIEL  JAIME  para  portar armas de fuego, pues que está  limada,  eso  lo  indicaron  dos de los testigos de la Fiscalía. Y si bien esas  dudas  se  generaron  desde  el inicio del proceso, dudas que por eso incluso se  llegó  a la revocatoria,  (sic)  en primer lugar se  impuso  una  medida  de aseguramiento más tenue, por  así  decirlo,  que  la solicitada por la Fiscalía, y posteriormente en segunda  instancia  fue revocada la medida de aseguramiento, y se ordenó la libertad del  procesado,  en  ambas  audiencias  o  ambos  funcionarios judiciales indican las  dudas  que se generan al interior de ese proceso, y es bien es extraño o por lo  menos  si  llama  la  atención  de  este funcionario judicial que esas dudas no  hubieran  sido  resueltas  por  la Fiscalía ya en la  etapa  de  conocimiento. Mírese que el mismo señor  Fiscal  indica  que  la Cuarta Brigada no le prestó la colaboración suficiente  pues  que  incluso no le aportó las respuestas de manera oportuna, pero en modo  alguno   descarta   el  señor  Fiscal  que  efectivamente  esa  haya  sido  la  respuesta  de  la  Cuarta  Brigada  y que fue la indicada en la audiencia en los testimonios bajo juramento  de  parte de sus declarantes. Ello hace entonces repito que como no hay claridad  sobre   si   tiene   o   no  permiso  para  portar  armas  de  fuego, posiblemente si haya sido los hechos  como   los   narró  la  Policía,  posiblemente  si  haya  tenido  este  señor  el arma de fuego, posiblemente el arma sea diferente  a  la  que  él  tiene  permiso  para  portar,  pero  aquí  no se demostró con  conocimiento  más allá de toda duda que efectivamente esos tres aspectos hayan  sucedido,  y  para  condenar  de  conformidad  con  el  artículo  381  y normas  concordantes  se requiere conocimiento más allá de toda duda sobre el delito y  la  responsabilidad  penal  del  procesado, y eso brilla por su ausencia en este  proceso.  Sin embargo, si debe advertirse que se  debe  ordenar  el  comiso  de  esa  arma  de  fuego  pues  que si bien existe la  posibilidad  de que la misma fuera del señor GABRIEL  JAIME,   de   todas   maneras  esa  arma  tiene  la  numeración  limada,  y  uno  de  los  presupuestos  por los cuales se otorga el  permiso  para  portar  arma  de fuego es que el Estado tenga la certeza de quien  posee  un  arma  determinada  y  en este caso esa arma nunca va a estar entonces  determinada     plenamente     y     por     tal    razón    no    podría  estar  en  cabeza  de ningún  particular  y  debe  regresar  entonces  al  Estado; aparte de ello igualmente   si   esa   arma  sí  es  la  del  señor  GABRIEL  JAIME,   que   repito   no  hay  certeza  sobre  que  efectivamente  lo  sea, de todas maneras hay prueba y la defensa lo admitió, se  encontraba  ebrio  en un establecimiento abierto al público y si el arma estaba  o  no  en  su  poder,  pues de todas maneras lo que se indica es que fue portada  allí, por lo que tampoco  los  permisos  para  porte  de armas permiten el que la misma se lleve a lugares  donde  hay  expendio  y  consumo  de  bebidas  embriagantes, por tal razón esos  argumentos  considera  este funcionario judicial son contundentes para que en la  sentencia  se  ordene  el comiso de esa arma de fuego… Esta decisión entonces  será  incorporada  en  la  sentencia  que  habrá  de  proferirse y el Despacho  entonces  propone  como  fecha para la lectura de fallo el día 25 de octubre de  2012,  a las once horas treinta minutos en esta misma  sala  de audiencias… lo decidido aquí queda notificado en estrados siendo las  doce     horas     diez     minutos”19.   

No  obstante  ese  análisis  que para el  funcionario  resolvía  de fondo el problema debatido, en la fecha en que debía  dar   lectura   a   la   sentencia   congruente   con   ese  sentido, adujo:   

“Bien,  se  había  indicado  el sentido del fallo había sido absolutorio, sin embargo este  funcionario  judicial  considera necesario decretar la nulidad de esa decisión,  de  ese  sentido del fallo y en tal sentido indicar que la decisión, el sentido  del   fallo  será  de  carácter  condenatorio.  Las  razones  que  aduce  este  funcionario  judicial  es  que una vez analizados íntegramente los elementos de  convicción  para  efectos  de  dictar  la  sentencia  se puede observar que las  presuntas  dudas  en  relación  con los hechos pero particularmente  como  lo había indicado este funcionario judicial en el sentido  del  fallo,  que  hacían  relación  así  el  señor  ORTEGA MARIN tenía o no  permiso  para portar armas de fuego se encuentran dilucidadas explícitamente en  el  dictamen  pericial  y el informe resumido, como se verá en la sentencia que  habrá  de  proferirse.  Con base en eso entonces el Despacho decreta la nulidad  de  ese  sentido  del fallo y el sentido del fallo que indica es el de carácter  condenatorio,  decisión ésta que queda notificada en estrados, contra la misma  no  proceden  recursos y se incorpora a la sentencia que a continuación procede  a     leerse…”20.   

Y   el   argumento,  consignado  en  la  sentencia,  para  superar  la  duda acerca del permiso para porte, consistió en  que   como   según   la   prueba   técnica   el   arma   objeto  material  del  delito,  a  pesar de ser  calibre  9.652  (.38  pulgadas)  no reunía la totalidad de las características  prevista   en   el   artículo   11   del   decreto   2535  de  1993,  por  cuanto  el  proveedor   con   el   que  fue  incautada  era  de  capacidad  para  diez  cartuchos,  de acuerdo con el artículo 8º del mismo régimen, el aludido  artefacto  era en consecuencia de uso privativo de la  Fuerza  Pública  y  por lo tanto respecto del mismo  nunca   se   podría   haber   expedido   un   permiso   para  porte21.   

Sin  embargo,  pese  a  la pretensión de  acierto  de  ese  argumento  expuesto por el a-quo para sustentar, además de la  condena,  la  nulidad  del  inicial anuncio del sentido del fallo, debe la Corte  destacar  que  el  ad-quem, aun cuando impartió confirmación a la declaración  de   responsabilidad,   revocó  expresamente  el  aludido  fundamento  por  las  implicaciones  del  mismo,  dada  la  incongruencia  que  aparejaba con el cargo  formulado    en    la    acusación   (aspecto  también advertido por el juez de primer grado, así como  su  eventual  incompetencia por ser el delito atribuido a los Jueces Penales del  Circuito  Especializados,  no  obstante lo cual emitió el fallo pretextando ser  esa  la  solución menos gravosa para el procesado) y  con  base  en otros razonamientos, reiterase, avaló la condena por el delito de  porte ilegal de armas de defensa personal.   

Visto  lo  anterior  y de acuerdo con las  precisiones  concernientes  a  la línea jurisprudencial que sobre el tema tiene  sentadas  esta  Corporación, es evidente que al juez  que  presidió el juicio con observancia del debido proceso, le estaba proscrito  cambiar  el  sentido  del  fallo, acudiendo al mecanismo de la anulación, mucho  más,  cuando lo que se advierte es que el cambio de su decisión estuvo fundado  en  una  equivocación  personal  al  valorar  los  medios de prueba.   

Eran las partes con interés para recurrir  la  decisión  absolutoria  que  debió proferir  el  a-quo,  las  legitimadas  para perseguir   a   través  de  los  recursos  de  ley,  si  lo  consideran  pertinente,  el           cambio          de          esa          decisión.   

En  tales condiciones, de conformidad con  el  artículo  457  de la Ley 906 de 2004, se anulará la actuación, en orden a  que  el  juez  de  primera  instancia,  quien  presidió  el  juicio oral, dicte  sentencia  de  acuerdo con el sentido del fallo anunciado en la audiencia que se  llevó   a   cabo   el  8  de  octubre  de 2012.   

La  Sala  no hará pronunciamiento alguno  acerca  de  la  libertad  del  encausado,  habida cuenta que éste si bien está  privado  de  ese derecho,  tal  conminación  lo es por cuenta de un proceso distinto, como se desprende de  la  constancia hecha en la audiencia del 8 de octubre de 2012, sin que desde esa  época a la actual obre registro de una situación diferente.   

En mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

CASAR   la  sentencia          de          9 de agosto  de    2013  emitida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Medellín,  y en su lugar  DECLARAR   PARCIALMENTE  nula   la   actuación  por   violación   de   la  estructura  del  debido  proceso,  debiendo  en  consecuencia  devolverse  el  proceso  al  juez de conocimiento para que se proceda  a  dictarla  de acuerdo con el sentido del fallo anunciado a la culminación del  juicio oral.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

       Con  el  debido  respeto  por  los  juicios  de valor diversos, me  permito   disentir   del   criterio   mayoritario  consignado  en  la  sentencia  SP-10400-2014,  pues si bien comparto algunos de sus fundamentos, concretamente,  los  que  reiteran la jurisprudencia de la Corte en el sentido que, existe pleno  consenso  en que no es posible variar en la sentencia, la decisión o el sentido  del  fallo  anunciado  al culminar la audiencia de individualización de la pena  por  cuanto  ello  contrae  un  vicio  de estructura que vulnera el principio de  congruencia,  en  tanto  anuncio  y  sentencia  constituyen  un  acto  jurídico  complejo  que, por consiguiente, debe ser consonante entre sí, es lo cierto que  no   comulgo   con   la   solución   adoptada  en  el  precedente  –CSJ  SP, 14 nov. 2012, rad. 36.333-  del  que  se  vale  la determinación respecto de la cual me aparto, en tanto la  juzgo equivocada.   

En efecto, es claro que los principios de  inmediación  y  concentración  que rigen en el nuevo sistema de enjuiciamiento  penal,  en  un estado ideal de cosas, deberían orientar al juez para dictar una  sentencia  que  corresponda,  siempre,  en  un  todo, al sentido de la decisión  anunciada.   

No  obstante, ante la evidencia frecuente  de  casos,  como  el  que  nos  ocupa,  en  los  que  por diferentes motivos, la  convicción  sobre  la existencia o no de la materialidad de la conducta punible  y  de  la  ausencia  o  no  de  responsabilidad,  inicialmente  revelada tras la  culminación  del  juicio  oral, muta sustancialmente en el funcionario judicial  debido  al  reexamen  de  los  medios  de prueba, el cual le muestra una postura  fáctico-jurídica  distinta  a  la  inicial,  impone  como solución razonable,  eficiente  y  apegada  al debido proceso, la  invalidación del anuncio del  sentido  del  fallo para que se vuelva a dictar uno que corresponda con el de la  sentencia  finalmente  adoptada,  tal  como  en pretérita oportunidad lo había  autorizado  la  Sala  de  Casación Penal (CSJ SP, 17  sept.  2007,  rad.  27.336, CSJ SP, 28 nov. 2007 rad. 27518, CSJ SP, 5 dic 2007,  rad. 28125, CSJ SP, 4 febr. 2009, rad. 30043).   

En  ese  orden,  soy  de  la  idea que la  decisión  de  casar  el  fallo impugnado para declarar la nulidad del proceso a  fin  de  que  el  juez  dicte  la providencia de fondo de acuerdo con el sentido  emitido   inicialmente,   resulta   altamente   transgresor   del  postulado  de  instrumentalidad  de  las  formas,  del principio de autonomía jurisdiccional y  del valor justicia, como fin esencial del Estado de derecho.   

En verdad, creo que existe un intrínseco  nexo  entre  la asunción epistémica directa de la prueba en el juicio oral por  parte  del juez (inmediación) y la necesidad de acceder, en espacios temporales  cortos,  a  la  información  que  suministran  los  medios  de convicción para  provocar  una  fijación  consistente  de  la  misma  en  la memoria22  (concentración)  que  permita formar el convencimiento sobre la materialidad de  la  conducta  punible  y  la  participación  o  no  del inculpado en ella, pero  también  soy  consciente  de  las dificultades que entraña acertar al tomar la  decisión  de  fondo –de  condena  o absolución-, pues eventualmente pueden darse percepciones equívocas  que  no  necesariamente podrían disiparse en el corto tiempo transcurrido entre  la  culminación del debate oral y la emisión del sentido del fallo, sino entre  éste último acto y la elaboración de la sentencia.   

Recuérdese que    el  ordenamiento  procesal penal actual (artículos 445 y  446  de  la  Ley  906  de  2004),  dispone  que terminados los alegatos finales,  corresponde  al  juez  declarar  cerrado  el  juicio  y, acto seguido, emitir el  sentido  del  fallo,  anuncio  que  se debe proferir respecto de cada uno de los  enjuiciados  y cargos contenidos en la acusación y que tiene que involucrar las  peticiones  elevadas  en  los  referidos  alegatos  así como un pronunciamiento  sobre  el  delito  por el que se absuelve o condena, salvo que el fallador asuma  el  receso  de  hasta  por dos (2) horas para proceder en idéntica forma, lapso  que  eventualmente  podría  ser  superior,  esto  es, el necesario –más    no   considerable-   para  garantizar  que  el sentido del fallo anunciado corresponda con lo acreditado en  el juicio.   

La  dificultad  procesal estriba o, mejor  aún,  nace  a  la  vida  jurídica,  cuando  el  juez  de conocimiento, una vez  finalizado  el  ciclo probatorio y pronunciadas las correspondientes alegaciones  finales  de las partes, descubre días después de emitido el sentido del fallo,  al  motivar  la  sentencia, que aquel no se acopla a lo informado por los medios  de  conocimiento  y a su raciocinio inicial, pues su impresión inmediata de los  medios  debatidos  resultó  no  ser  fidedigna  y,  una segunda reflexión más  mesurada  y  reflexiva  lo  lleva a decantar una postura distinta y opuesta a la  concebida  de  manera  primigenia,  evento en el que para integrar la coherencia  propia  del  acto  complejo de sentencia es indispensable declarar la nulidad de  dicho anuncio del sentido del fallo.   

Y   es  que,  a  mi  modo  de  ver,  es  perfectamente  probable  la  falta  de  percepción  completa de las pruebas por  parte  del  juzgador  que,  no  obstante  haber presenciado a plenitud directa y  concentradamente   su   práctica,   pueda  incurrir  en  primarios  errores  de  apreciación,   generados  verbi  gracia  por  complejos  y extensos juicios en los que la aprehensión de  los  medios de conocimiento se torna ardua y difícil por la cantidad, calidad y  complejidad  de  la  información  recaudada  o  por  episodios  de  dispersión  sensorial   que  pudieran  ocasionar  una  percepción  errada,  parcializada  o  fragmentada  de  la prueba en su conjunto, con la entidad de variar la decisión  final.   

En este punto, oportuno se ofrece resaltar  que  para  los  miembros  de  la  Comisión  Constitucional  Redactora  del Acto  Legislativo  03 de 2002, el tema relativo al período indispensable o suficiente  para  adoptar la decisión de fondo una vez concluido el debate oral, fue objeto  de gran preocupación, la que plasmaron de la siguiente forma:   

Una  importante  discusión  y  esto  lo  decimos,  pues es importante trasladar las discusiones que se tuvieron a ustedes  para  que  así  mismo  se  tome  nota  fue  respecto  del  anticipo  del fallo.  La  percepción  que  nosotros  podemos tener es del  alto  temor  que  tienen,  o tenemos los jueces de emitir fallos errados, de que  existan  errores judiciales y entonces eso fallos al momento que se deben emitir  en  principio  según  el  código,  al momento de terminar la audiencia pues en  consideración  de  unos  si,  y  otros  no  debe  darle más margen de tiempo y  discrecionalidad  al juez para que en consideración a la complejidad del asunto  no  se  vaya  a  emitir  fallos  inmediatos,  sino  que  pueda tomarse un tiempo  reposado,  prudencial  y  por  sobre  todo  que no este, que ni se sienta la persecución propia del error  judicial      detrás      de     si.”23        (Negrillas y resaltado de la Corte).   

Sobre  este  riesgo,  SCHMIDT  también  destaca:   

No se puede negar que al debate oral ante  el     juez    cognitivo    se    pueden    vincular    peligros    –también  en lo que se refiere a la  investigación  de  la  verdad-.  Se  pueden  originar y posiblemente sin que se  aclaren,  equivocaciones  provenientes  de  las  formas de expresión torpes, de  insuficiencias  auditivas  o  de faltas de atención. En los debates prolongados  existe  el  peligro  de  que se olvide lo actuado; a veces se hace necesaria una  gran  capacidad  de  concentración  espiritual  para  comprender  y  retener lo  esencial.24   

Así,  aunque  la  hábil  dirección del  debate  por  parte  del juzgador puede ayudar a conjurar tales peligros, ante el  acaecimiento  de  alguna  de  esas  circunstancias una reexploración del acervo  probatorio  resulta  ser  acertada  para  superar  cualquier  incertidumbre  que  pudiera surgirle en el trabajo de motivación de la sentencia.   

Aunque por disposición legal, el anuncio  del  sentido  del  fallo  se debe producir luego de cerrado el juicio, dos horas  después  o dentro de un término razonable que le permita incluso consultar los  registros  magnetofónicos, es indiscutible que, la valoración de los medios de  prueba  se presenta desde el mismo momento en que están siendo practicados pero  la  concreción de dicha apreciación probatoria y de la correcta aplicación de  la  ley  sustancial  se  condensa  en el fallo que debe ser dictado quince días  después      de      forma      verbal      (artículo     447     ejusdem),   oportunidad  en  que  los  fundamentos  de  la  decisión  que  han  de  estar  precedidos por un ejercicio  reflexivo  o  razonado  que  involucra  las  reglas  de  la  sana  crítica,  se  materializan  o  exteriorizan,  activando la verdadera posibilidad de ejercer el  derecho  de  contradicción  por  las  partes  e  intervinientes,  a través del  recurso  de  apelación en los términos del artículo 179 del Estatuto Procesal  Penal.   

Si lo realmente esencial para procurar la  vigencia  del  principio  de  inmediación  es  que  las  pruebas  que sirven de  fundamento  a  la  sentencia hayan sido practicadas directamente por el juez que  la  dicta,  la  aquiescencia  frente  a  la posibilidad de anular el sentido del  fallo  para  dictar  otro  que  sí corresponda a la valoración sosegada de los  medios  de  prueba, no comporta lesión esencial de dicho postulado, como quiera  que,  finalmente,  es  aquel  juez,  el mismo que de acuerdo con sus impresiones  –las que no necesaria y  fatalmente  se  pierden  por  el  transcurso  de ese tiempo- entra a proferir la  sentencia  soportada en argumentos sólidos, reposados, mesurados y racionales o  reflexivos,  pese  a  que  en un primer impacto o momento hubiera optado por una  decisión        diversa        –absolutoria o condenatoria-.   

Ciertamente,  es  mi  convicción, que un  juez  que se percata de que cometió un error judicial cuando emitió su sentido  del  fallo  y  decide  corregirlo,  anulando  tal  acto lesivo de la verdad y la  justicia,  para  volver  a  emitirlo conforme a la sentencia a proferir, no hace  más  que  garantizar  la  autonomía  jurisdiccional,  la  imparcialidad  de su  decisión,  la  prevalencia  del derecho sustancial sobre el formal, la dignidad  humana, la lealtad procesal, la justicia y la equidad.   

En tal cometido, resulta esencial recabar  que  conforme  al artículo 10º de la Ley 906 de 2004 la actuación procesal se  debe  desarrollar “teniendo en cuenta el respeto de  los  derechos  fundamentales  de  las  personas  que  intervienen  en  ella y la  necesidad  de  lograr  la  eficacia  del  ejercicio  de  la justicia”.   

De igual modo, constituye norma rectora y  criterio  modulador  de  esa  actividad, el mandato contenido en el artículo 27  ejusdem, el cual obliga a  los  servidores  judiciales  y,  por  supuesto,  al  juzgador  a  ceñirse a los  parámetros  de “necesidad, ponderación, legalidad  y  corrección  en  el  comportamiento,  para  evitar  excesos  contrarios  a la  función      pública,      especialmente     a     la     justicia”.   

Contrario  a lo que estima la Sala, en su  mayoría,  opino  que  no  puede existir ruptura de los axiomas de inmediación,  concentración,  contradicción  e inmediatez como consecuencia de la anulación  del  anuncio  del  sentido  del  fallo  a  partir  de ese mismo momento, pues la  inmediación, en esencia,  se  predica  de  la  aprehensión  directa  tanto  de  la  prueba  como  de  las  pretensiones   en   el   juicio   por   parte   del  juzgador,  la  concentración,   de   la   sucesiva  celebración  de  las sesiones en que se adelanta el debate oral para evitar que  la     memoria     de    lo    ocurrido    se    disperse,    la    contradicción, de la oportunidad real  de   ejercer   actos   de   defensa   durante   el  proceso  y  la  inmediatez  de la emisión del sentido  del  fallo  y  de  la sentencia, en fecha cercana a la clausura del debate oral.   

Objetivamente, un vicio en el anuncio del  sentido  del  fallo  no  compromete,  entonces, tales postulados del sistema con  tendencia  acusatoria,  porque,  hasta  ese instante procesal, lo exigido es que  los   ritos   propios   del   juicio   oral  se  hayan  mantenido  incólumes  y  salvaguardados los axiomas invocados.   

En efecto, al aviso del sentido del fallo  lo  debe  preceder un juicio público, oral, concentrado, con inmediación de la  prueba  por  parte  del juez competente, en el que se deben haber brindado todas  las  oportunidades para controvertirla y ejercer otros actos de defensa técnica  y material.   

Tratándose  de  la  sanción  extrema de  nulidad,  la  actuación sólo se debe retrotraer al instante procesal en que se  configuró  el  vicio  de  estructura,  el que, en estricto sentido, es aquél a  partir  del  cual se pueda hacer el cabal restablecimiento del derecho afectado,  que  para  el  caso,  lo  es  el  acto  del anuncio del sentido de la sentencia,  oportunidad  ésta  en la que las partes pueden ejercer el derecho de defensa en  su componente de doble instancia.   

Conferirle,  como  lo  propone  la  Sala  mayoritaria,  validez  y  eficacia jurídica a un acto procesal que no lo tiene,  esto  es,  a  un  anuncio  del  sentido  del  fallo que a juicio del juzgador es  contraevidente  y  no  satisface  criterios mínimos de racionalidad en tanto el  funcionario  considere  que  se  aparta del contenido informativo de la prueba y  del  postulado  de justicia material, para conminarlo a dictar una sentencia que  guarde  congruencia  con  tal  anuncio,  pero  no  con  su convicción judicial,  irrumpe  en  contra de la autonomía judicial reconocida a los jueces en nuestra  Carta  Política  (artículo  228),  instándolos,  ni  más  ni  menos,  que  a  prevaricar,  amén  que  se  promueve  en  ellos,  el  imperativo  de motivar su  decisión    conforme    a    una   percepción   parcial   y   alejada   a   su  convicción.   

La decisión de que me aparto privilegia,  entonces,   la  forma  por  encima  de  lo  sustancial,  e  impide  no  solo  la  realización  de  la  justicia material como aspiración última de los procesos  judiciales  criminales  sino  que, como es obvio, tiende a vulnerar los derechos  de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación.   

Ahora,   aunque   no   desconozco  que,  eventualmente,  es  posible que la percepción equivocada del juez no sea la del  sentido  del  fallo  inicial sino la surgida, de manera posterior, al adoptar la  sentencia,  es  claro que, tal equivocación podría ser controvertida a través  del  ejercicio  de  los  recursos de ley, sin afectar caros intereses superiores  como el de la autonomía jurisdiccional del fallador.   

En  ese orden, considero que la Corte, en  el  asunto  de  la  especie,  ha debido no casar el fallo impugnado –que   avaló   la   decisión  del  funcionario  judicial  unipersonal  por  cuyo  medio anuló su sentido del fallo  absolutorio  para  dictar  uno nuevo condenatorio y una sentencia congruente con  aquel-,  y  volver  a su tesis anterior, es decir, a la que era consciente de la  necesidad  de  aceptar la anulación del sentido del fallo que no se corresponda  con  el análisis posterior de las evidencias, a fin de que el juzgador emita el  que  se  ajuste  a  su  concepción  racional  en  punto  de la existencia de la  conducta  punible y la responsabilidad del implicado y, en esa misma dirección,  profiera la decisión de fondo.   

Las  anteriores, en suma, son las razones  que  me  llevaron  a salvar el voto frente a la determinación mayoritaria de la  Sala.   

Con la mayor atención,  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

1 C. O.  # 1, folios 3-8.   

2 C. O.  #  1,  folios 27, 28, 33-36, 40-43, 45, 48, 50, 56, 58, 61, 65, 70, 78, 100-103,  138,139, 172, 173, 180, 181 y 185.   

3 C. O.  # 1, folios 190 y 191. C. O. # 2, folios 192-200.   

4 C. O.  #   2,  folios  205-244,  253-292  y  297-376.  Cuaderno  de  la  Corte,  folios  4-5.   

5 Ley  906  de 2004, artículo 458. Son ellas: nulidad derivada de la prueba ilícita y  cláusula  de  exclusión  (artículos  23 y 455 ib.); nulidad por incompetencia  del   juez   (art.   456  ib.);  y,  la  nulidad  por  violación  a  garantías  fundamentales:  derecho  a la defensa y debido proceso, en aspectos sustanciales  (art. 457 ib.).   

6 Entre  otras,   CSJ.   SP,  18  nov.  2008,  rad.  30539  y  SP,  18  mar.  2009,  rad.  30710.   

7  Constitución   Política   de   Colombia,   artículo  29,  incisos  primero  y  segundo.   

8  Convención   Americana   sobre  Derechos  Humanos,  artículo  8;  Declaración  Americana   de  los  Derechos  y  Deberes  del  Hombre,  artículo  XXVI;  Pacto  Internacional   de   Derechos  Civiles  y  Políticos,  artículo  14,  y  Carta  Internacional de Derechos Humanos, artículo 10.   

9 Ley  906 de 2004, artículo 6.   

10 CSJ.  SP, 10 mar. 2010, rad. 32422.   

11 Tal  criterio  fue  reiterado  luego  por  la  Corporación en AP, 27 feb. 2013, rad.  40110, y SP, 25 sep. 2013, rad. 40334.   

12  Casación de mayo 3 de 2007, radicación 26222.   

13  Casaciones  de  septiembre  17  de  2007, radicación 27336; octubre 30 de 2008,  radicación 29872; y febrero 4 de 2009, radicación 30043.   

14  Casación de septiembre 17 de 2007, radicación 27336.   

15  Casación de enero 20 de 2010, radicación 32196.   

16  Casación, enero 20 de 2010; radicación 32196.   

17  Casación, septiembre 17 de 2007; radicación 27336.   

18  Casación, enero 20 de 2010; radicación 32196.   

19  CD   contentivo   de   la  sesión  de  8  de  octubre  de  2012,  registro  Nº  …050883104002_3.   

20  CD   contentivo   de  la  sesión  de  25  de  octubre  de  2012,  registro  Nº  …050883109002_6.   

21  C. O. # 2, folios 196 vto., y 197.   

22  Admitiendo  que  los procesos de rememoración humanos son sensibles al paso del  tiempo.   

23  Acta  No.  020  del  6  de  junio de 2003. folios 30-31. http://www.cispa.gov.co/index.php?option=com_docman&Itemid=46. Consultada el 8 de agosto de 2014.   

24  SCHMIDT,  Eberhard.  Los  fundamentos  teóricos  y constitucionales del derecho  procesal penal. Lerner Editora SRL. Córdoba. 2008. p. 251.     

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