41930(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                         Magistrada Ponente:   

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 302.  

         

Bogotá,  D.  C., septiembre once (11) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  la  empresa  “Inversión      y      Desarrollo     Barranco  S.A.”,     cesionaria     de     los     derechos  litigiosos,   contra   la  sentencia  proferida  el  20 de marzo del año en curso, a través de la cual el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó la dictada el 23 de mayo de 2012 por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de la misma sede que  absolvió  a  MAURICIO  RACHID  GARCÉS  y    NELSON   JULIÁN   BONILLA   NIETO  como coautores del delito de estafa.   

HECHOS  Y  ANTECEDENTES  PROCESALES  

Los  primeros  fueron  sintetizados  por  el  ad  quem  de  la  siguiente  forma:   

“Fueron denunciados el  21  de  diciembre  de  2005,  por  la señora Irma Sus Pastrana, porque luego de  hacer  ofertas  (como  persona natural y como representante legal de la Sociedad  Gestiones  Comerciales  Ltda.),  en  abril  de  2003 para la adquisición de los  locales   comerciales   205   de   38.68   metros   cuadrados  por  la  suma  de  $484.190.000,oo   y  local  214  de  71.57  metros  cuadrados  por  la  suma  de  $930.000.000,oo  (hoy  en día locales 231 y 241) de “El Retiro Centro Comercial  S.A.”,  ubicado entre las calles 81 y 82 con carrera 12 de esta ciudad, motivada  porque  según  los  planos tendrían acceso directo a las terrazas anexas a los  mismos  y  en  el lugar funcionaría el establecimiento “Mecanelectro S.A., Home  Sentry”,  como  almacenes  ancla,  el  3  de  junio  de  2003, suscribió con el  representante  legal  MAURICIO  RACHID  GARCES, las correspondientes promesas de  compraventa  pactando pago de cuota inicial y cuotas mensuales a partir de junio  de 2003.  

Que  luego  de  modificar  las  promesas  de  compraventa  de  común  acuerdo  en  cuanto  a la nomenclatura de los locales, su cabida en metros y las  fechas  para  recibo de los inmuebles y suscripción de escrituras, conoció que  habían  cambiado unilateralmente no sólo las condiciones de los locales porque  ya  no  tenían acceso a las  terrazas,  a  su  vez,  el almacén Home Sentry, se había retirado del proyecto  por  el  incumplimiento  de  la  vendedora,  y  de  acuerdo con el reglamento de  propiedad  horizontal  (formalizado  en la Escritura 3013 del 25 de noviembre de  2005  de  la  Notaría  39  de Bogotá), no obstante que el gerente del proyecto  JULIÁN  BONILLA,  la  había  convocado  a  firmar  escrituras de venta el 3 de  agosto  de  2005  aduciendo  que  para  ese  momento ya tenían el reglamento de  propiedad),  pero,  ni  siquiera  podía explotar económica y comercialmente el  primer  local porque debía someterse a las reglas de una sociedad operadora que  manejaría  no  sólo  los recaudos de caja sino que controlaría lo relacionado  con mobiliario, personal y dotación.  

Concluye   que   se   sentía  defraudada  patrimonialmente  por  inducción  en  error,  pues  los  locales no costaban lo  mismo,  no  se  los  habían  entregado,  tampoco  le habían devuelto su dinero  debidamente  indemnizado,  anexando  el  documento  suscrito y los anexos de las  especificaciones    de    construcción    del   centro   comercial”.  

Decretada la apertura formal de instrucción  por  cuenta  de  los  acontecimientos  denunciados, a ella se vinculó, mediante  diligencia  de  indagatoria, a MAURICIO RACHID GARCÉS  y  NELSON  JULIÁN  BONILLA  NIETO.  

Clausurado el ciclo instructivo, la Fiscalía  153  Seccional  de  la  Unidad Tercera de Fe Pública y Patrimonio Económico de  Bogotá  calificó  su  mérito  el  17  de  junio  de  2008  con resolución de  acusación  en  contra  de RACHID GARCÉS y     BONILLA    NIETO    como  presuntos coautores del delito de estafa, decisión confirmada  el  26  de  febrero  de  2009  por  la Fiscalía 29 Delegada ante el Tribunal de  Bogotá.       

Del  adelantamiento  de  la  causa  conoció  inicialmente  el  Juzgado 53 Penal del Circuito de la misma ciudad, ante el cual  se  surtió la audiencia preparatoria, pero luego se reasignó al 22 de la misma  especialidad,  el  cual  finiquitó  la  audiencia pública de juzgamiento, para  finalmente  emitir  sentencia el Segundo Penal del Circuito de Descongestión de  igual  sede  el  23  de  mayo  de 2012 en sentido de absolver a los acusados del  cargo endilgado en la acusación.  

En desacuerdo con la anterior decisión, los  apoderados   de   la   parte   civil   y   el   cesionario   de   los   derechos  litigiosos1,  así  como la defensa de NELSON JULIÁN  BONILLA  NIETO, promovieron  recurso  de  apelación  en su contra, de los cuales se  ocupó  el Tribunal Superior de Bogotá el pasado 20 de marzo del año en curso,  impartiéndole        confirmación.    

Inconforme   con   la  determinación  del  ad  quem,  quien se anuncia  como  defensor  de  los  intereses  privados  -parte  civil-  cesionario  de los  derechos  litigiosos,  interpuso  recurso  extraordinario  de casación, el cual  sustentó  con  la  presentación  de la respectiva demanda. Dentro del término  previsto para los no recurrentes se presentaron varios escritos.   

EL LIBELO  

          Formula  dos  reparos  contra  el  fallo  impugnado. El primero, con  sustento  en  la causal primera por violación indirecta de la ley sustancial y,  el segundo, por violación directa.   

La  Sala, como metodología, en el siguiente  acápite  considerativo,  luego  de  sintetizar el fundamento de los cargos y de  hacer  lo  propio  con  el  criterio  expuesto  por  los  sujetos  procesales no  recurrentes,  expresará  su  criterio sobre el cumplimiento de los presupuestos  de  admisibilidad.  En  un  capítulo  previo  y  como  quiera que uno de los no  recurrentes  cuestiona  la  legitimación que asiste al impugnante para recurrir  se  abordará ese aspecto, previo compendio de los argumentos consignados en esa  dirección.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

    

1. Legitimación para impugnar:     

Previamente  a  formular  cargos  contra  la  sentencia,  el censor se ocupa  del interés que le asiste para impugnar.   

          Al  respecto,  señala  que  le  asiste  interés  legítimo  en las  consecuencias  finales  derivadas  del recurso extraordinario, como “representante,  defensor  de los intereses privados –parte  civil- a nombre del Dr. Miguel  Barranco  García,  cesionario de los derechos”. Así  mismo,  en tanto cumple con los presupuestos de la norma procedimental referente  a  cuando  la  casación  tiene  por  objeto  únicamente  la  indemnización de  perjuicios.   

Por  su  parte,  el  apoderado  de la sociedad Aldea Proyectos S.A., la cual  ostenta  la  calidad de tercero civilmente responsable dentro de la actuación y  en    su   calidad   de   no   recurrente,  antes  de  referirse  a  los  cargos,  señala que al actor no le  asiste   legitimación   para   impugnar  en  casación.       

En  tal sentido, indica que el cesionario de  los    derechos    no    está    facultado,    por   sí   solo,   “independiente   de   quien   ha   sido   reconocido  como  parte  civil”,  para acudir en casación, como así incluso  lo  destacó  el  Tribunal  en  el  fallo  de  segundo  grado, pues “no  es  un  sujeto  procesal autónomo e independiente, sino que  integra uno solo, la parte civil”.   

Por  lo  anterior, expresa, las afirmaciones  del   libelista   en  cuanto  a  que  actúa  como  defensor  de  los  intereses  privados     -parte  civil- “implican  que  se  está  atribuyendo una calidad de sujeto procesal -parte civil-, que no  tiene,  por cuanto a quien representa es al mero cesionario de los derechos y no  a  quien,  conforme  a la ley penal, reúne las condiciones para ser considerado  como  parte  civil”,  como  así  lo ha sostenido la  Corte   Constitucional   en  sentencia  que  transcribe  en  lo  pertinente,  al  diferenciar  los  conceptos  de  parte civil, víctima y perjudicado2.   

Entonces, sostiene, si la parte civil es una  institución  jurídica  que  permite  a víctimas y perjudicados, dentro de los  cuales  se  encuentran  los  sucesores de las víctimas, participar como sujetos  dentro  del  proceso  penal  “al no ostentar en este  caso  el  cesionario  de  los derechos las condiciones para ser considerado como  víctima  o  perjudicado  del  delito,  dado  que  no  puede  acreditar un daño  concreto,  real y específico, no puede abrogarse (sic)  la  categoría  de defensor de los intereses privados  -parte  civil-,  pues  su  actuar  solitario,  aislado de quien fuera reconocida  desde  el  principio del proceso como la parte civil -Irma Sus Pastrana-, apenas  le  otorga  una expectativa económica en cuanto a las resultas del proceso, sin  contar  con la legitimidad requerida para acudir en casación como demandante en  procura  de  que la Corte case una sentencia absolutoria y en su lugar dicte una  condena”.   

En ese orden, depreca se inadmita la demanda  interpuesta  en  representación  del  cesionario de los derechos por carecer de  legitimación para recurrir en sede  extraordinaria.   

Consideraciones:  

Para  responder  el  reparo  en  punto de la  legitimación  que asiste al recurrente para impugnar en casación, es necesario  tener en cuenta lo siguiente:   

El  10  de  enero  de  2006  la  denunciante  Irma Sus Pastrana, a través  de  apoderado,  presentó  demanda  de  constitución  de  parte  civil  ante la  fiscalía                 instructora3          “contra  el  señor  MAURICIO  RACHID  GARCÉS,  mayor  de edad y  domiciliado  en  Bogotá,  para  que  en  sentencia definitiva sea condenado, lo  mismo  que  las demás personas que resulten responsables de los hechos punibles  denunciados,  al  pago  de  la  indemnización  de  los  perjuicios materiales y  morales  ocasionados  a  la  doctora Irma Sus Pastrana y a la Sociedad Gestiones  Comerciales                   Ltda.4”.   

Mediante   resolución  del  23  de  enero  ulterior,  la  Fiscalía 152 de la Unidad III de Delitos contra la Fe Pública y  el  Patrimonio  Económico  admitió  la  demanda  de  parte  civil  y,  en  tal  condición,    a    la    denunciante    Irma   Sus  Pastrana,    al   tiempo   que   reconoció   a   su  apoderado5.   

El  31  de  marzo  subsiguiente,  la  misma  denunciante,  en su condición de representante legal de la empresa Gestiones  Comerciales Ltda., a través de  apoderado,    también    presentó    demanda   de   constitución   de   parte  civil6,  la  cual  fue  admitida  el  5  de  abril  postrero  por la misma  fiscalía7.   

El  14 de de diciembre de 2007, el apoderado  de  la  parte  civil, tanto de la denunciante Irma Sus  Pastrana    como    de    la    firma   “Gestiones            Comerciales            Ltda.”,   presentó  demanda  contra  las  empresas  “El  Retiro  Centro  Comercial  S.A”  y “Aldea  Proyectos  Inmobiliarios  S.A.” para que respondieran  como     terceros     civilmente     responsables8,  la  cual fue admitida por la  Fiscalía  153 de la Unidad III de Delitos contra la Fe Pública y el Patrimonio  Económico    el    26   de   diciembre   ulterior9.   

Mediante   escrito   del  8  de  julio  de  200910,   reiterado   el   19  de  enero  del  año  siguiente11   

, el mismo representante conjunto de la parte  civil,  solicitó,  en  virtud  de  escritura  pública  No.  7948 corrida en la  Notaría   45   del   Círculo   de   Bogotá,  especificada  como  “dación    en   pago   de   derechos   litigiosos”,     el     reconocimiento     de    la    sociedad    “Inversión    y    Desarrollo    Barranco    S.A.”,   “como   cesionaria  de  todos  los  derechos  litigiosos  que  le  corresponden o puedan corresponder a las cedentes  doctora     Irma     Sus    Pastrana    y    a    la    sociedad    ‘Gestiones         Comerciales  Ltda.’.   dentro   del  proceso  de  la  referencia como parte civil reconocidas o bien como demandantes  dentro    de    las    demandas    instauradas    contra   terceros   civilmente  responsables”.       

En  virtud  de  la  petición, el Juzgado 53  Penal   del   Circuito,   mediante   auto   de   enero  27  de  201012,    por  considerar  que la solicitud estaba orientada a tener a la sociedad “Inversión   y   Desarrollo  Barranco  S.A.”  “como  tercero  incidental”,  dispuso dar cumplimiento a lo previsto  en  el  artículo  139 del estatuto procesal. Contra esta decisión el apoderado  de  la  parte civil interpuso recurso de reposición al estimar que la calidad a  reconocer  respecto  de  la  sociedad  en  referencia  era  la  de cesionaria de  derechos  litigios  y  no  la  de tercero incidental13.   

No obstante, el despacho judicial al resolver  la  impugnación  por  auto del 9 de marzo siguiente14  se  mantuvo  en su criterio  tras  considerar que “la legislación penal ni civil  colombiana  ha  dispuesto un procedimiento específico para el reconocimiento de  un  cesionario  de  los derechos litigiosos, mas si contempló la posibilidad de  que  un  tercero  que  no tenga responsabilidad en la conducta punible, pero sí  interés  económico  afectado  en el proceso, puede ser reconocido como tercero  incidental,    que    no    tercero    civilmente    responsable    –lo  cual  es  radicalmente distinto-,  determinando     precisamente     el     trámite    para    ello”.   

Surtido  el  trámite  previsto  en la norma  procesal  en  mención, el mismo despacho judicial, mediante proveído del 10 de  mayo     subsiguiente,     reconoció     a     la     sociedad     “Inversiones   Barranco   S.A.”  como  “tercero        incidental       –cesionaria  de  todos  los  derechos  litigiosos,  dentro  del presente proceso seguido contra MAURICIO RACHID GARCÉS  y  NELSON JULIÁN BONILLA por el delito de estafa”15.   

Pues  bien, para el apoderado de la sociedad  Aldea  Proyectos  S.A.,  la  cual  ostenta  la  calidad  de  tercero  civilmente  responsable   dentro  del  proceso  y  presenta  alegato  de  no  recurrente  en  casación,  al cesionario de derechos litigiosos no le asiste legitimación para  impugnar  en casación de forma autónoma a la parte civil, ya que en esencia no  puede  ser  considerado  como  víctima  o  perjudicado del delito, “dado   que   no  puede  acreditar  un  daño  concreto,  real  y  específico,  no  puede  abrogarse  (sic) la  categoría de defensor de los intereses privados -parte civil-,  pues  su  actuar solitario, aislado de quien fuera reconocida desde el principio  del  proceso  como  la  parte  civil  -Irma  Sus Pastrana-, apenas le otorga una  expectativa  económica  en cuanto a las resultas del proceso, sin contar con la  legitimidad  requerida  para  acudir  en casación como demandante en procura de  que   la  Corte  case  una  sentencia  absolutoria  y  en  su  lugar  dicte  una  condena”.   

La  anterior argumentación no encuentra eco  en  la  Sala.  En  tal  sentido,  conviene ahondar en la figura de la cesión de  derechos litigios para comprender su naturaleza.   

Pues bien, la regulación del fenómeno obra  en  el Capítulo III, del Título XXV del Código Civil, artículos 1969 a 1972,  y  en  el 60 del Código de Procedimiento Civil. La primera disposición en cita  refiere:   

“ARTICULO   1969.  CESION  DE  DERECHOS  LITIGIOSOS. Se  cede  un  derecho  litigioso  cuando  el  objeto  directo de la  cesión  es el evento incierto de la litis, del que no se hace responsable el cedente.   

Se  entiende litigioso un derecho, para los  efectos  de  los  siguientes  artículos, desde que se notifica judicialmente la  demanda”   (subraya  fuera  de  texto).   

Por  su  parte,  el  precepto mencionado del  segundo estatuto contempla:   

“ARTÍCULO   60.   Sucesión  procesal.  Fallecido  un  litigante  o  declarado  ausente  o  en interdicción, el proceso  continuará  con  el cónyuge, el albacea con tenencia de bienes, los herederos,  o el correspondiente curador.   

Si  en  el  curso del proceso sobreviene la  extinción  de  personas jurídicas o la fusión de una sociedad que figure como  parte,  los  sucesores en el derecho debatido podrán comparecer para que se les  reconozca  tal carácter. En todo caso, la sentencia producirá efectos respecto  de ellos aunque no concurran.   

El adquirente a cualquier título de la cosa  o  del  derecho  litigioso,  podrá  intervenir  como litisconsorte del anterior  titular.  También  podrá  sustituirlo  en  el  proceso,  siempre  que la parte  contraria lo acepte expresamente.   

El  auto  que admite o rechace a un sucesor  procesal es apelable.   

Las  controversias  que  se  susciten  con  ocasión  del  ejercicio del derecho consagrado en el artículo 1971 del Código  Civil,  se decidirán como incidente” (subraya fuera  de texto).   

Sobre  la  naturaleza  de  dicha  figura, ha  sostenido la Corte Constitucional:   

“Es  un  contrato  que  tiene  por objeto  directo  el  resultado  de  una  litis. Se trata de la  transferencia  de  un derecho incierto, porque, una de  las  partes  procesales,  demandante  o demandado, dispone a favor de un tercero  del   asunto  en  disputa,  luego  de  entablada  la  relación  procesal.  Así  entendida,  la cesión de derechos litigiosos es una negociación lícita, en la  cual  el cedente transfiere un derecho aleatorio y el  adquirente  se  hace a las resultas del juicio, pudiendo exigir este a aquel tan  solo   responsabilidad   por   la   existencia   misma  del  litigio”16   

(subrayas  fuera  de  texto).   

El Consejo de Estado también se ha ocupado  del tema, en los siguientes términos:   

“Es  un contrato aleatorio, a través del  cual,  una  de  las  partes  de  un proceso judicial (cedente) cede a un tercero  (cesionario),   a  título  gratuito  u  oneroso,  el  derecho  incierto  sobre  el  cual  recae  el interés de las partes.  Debe  advertirse  que  el  derecho o la cosa adquiere naturaleza  litigiosa,  con  la notificación de la demanda, pues, con este acto procesal se  traba  la  relación jurídico procesal que permite hablar de parte demandante y  demandada.  Según el inciso tercero del artículo 60 del C.P.C., cuando se ceda  un  derecho  o una cosa litigiosa, caso en el cual el cesionario (adquirente del  derecho),  intervendrá  en  calidad  de litisconsorte del cedente (enajenante);  empero,  si  la cesión de derechos litigiosos es aceptada, expresamente, por el  cedido  (contraparte procesal), el negocio jurídico de la cesión formaliza una  sustitución  procesal,  en  tanto  que  el cedente deja de ser sujeto procesal.  Como  se  aprecia, la cesión de derechos litigiosos no implica per se, el hecho  de  que  opere  el  fenómeno  de  la  sustitución  procesal, por ende, ante el  silencio   de   la   parte   cedida  en  la  relación  jurídico  procesal,  es  perfectamente  posible afirmar que el negocio jurídico mantiene sus condiciones  de  eficacia  y  validez,  sólo  que  cedente y cedido permanecen vinculados al  proceso;  contrario sensu, cuando el cedido acepta expresamente la cesión opera  el  fenómeno  de  la  sustitución  procesal,  motivo por el cual el cedente es  reemplazado  integralmente  por  el  cesionario, quien ocupará la posición del  primero.  La  intervención  del  cesionario  se  puede realizar de dos formas a  saber:  a.  El cedente se dirige al juez con la prueba de la cesión del derecho  ligitioso  y,  adicionalmente,  solicita  al  juez que reconozca expresamente la  cesión.  b.  El  cesionario se dirige directamente al juez de la causa, para lo  cual  debe acompañar la prueba de la celebración de la cesión, con la expresa  solicitud  de que sea reconocido como parte procesal. En ambos escenarios, sólo  habrá  lugar  a predicar el fenómeno de la sustitución procesal, si el cedido  acepta  expresamente  la  cesión  realizada  entre  cedente y cesionario; de lo  contrario,    entre    estos    últimos    se    producirá    una    relación  litisconsorcial”17.   

Vistas  así  las cosas, se colige que no es  atendible  el argumento del no recurrente al proclamar la falta de legitimación  del  cesionario  de  derechos litigiosos para impugnar en casación porque no es  pasible   de   un   daño   concreto,   real  y  específico,  cuando  se advierte que el derecho cedido, en  este  caso  por la parte civil, es de estricto contenido económico y representa  una mera expectativa frente a las resultas del proceso.   

Entonces,  si  la  falta  de  concreción,  especificidad  y  realidad del daño que echa de menos el no recurrente estriba,  porque  tampoco  lo  explica  con la necesaria claridad, en que el cesionario de  derechos  litigiosos  tan  sólo tiene una expectativa frente al proceso, habrá  que  decirse  que  lo  mismo  opera  para  la parte civil quien precisamente, en  cuanto  al  aspecto  económico  o indemnizatorio, se aclara, ostenta igualmente  una  aspiración  aleatoria,  lo cual es connatural a este tipo de contrato como  expresamente  lo  señala  el  transcrito artículo 1969 del Código Civil, pues  precisamente  lo  que se cede es el “evento incierto  de  la  litis”,  según  también  se recalca en las  decisiones  traídas  a  colación  para  ilustrar  sobre  la naturaleza de este  contrato.   

En ello, además, poco importa si la cesión  fue  a  título  gratuito  u  oneroso, porque lo cierto es que el cesionario, en  materia     económica,     valga    subrayar,    conforma    un    litisconsorcio   con   el   cedente  del  derecho,  salvo  que  los cedidos o la parte contraria, en este caso, v.gr., los  procesados  y los terceros civilmente responsables, en términos de lo dispuesto  en  el  inciso  tercero  del mismo artículo 60 del ordenamiento procesal civil,  hayan  aceptado  la  cesión,  de  lo  cual  no hay constancia en el expediente.   

De antaño lo ha considerado así la Sala de  Casación Civil de esta Colegiatura, al señalar:   

“En consecuencia (y con independencia de  si  el  Tribunal  vio  o no los autos y documentos que probaban la oportunidad y  calidad  en que intervinieron los señores …) y situada la Corte en el ámbito  que  traza  el  casacionista,  esto  es,  abstracción  hecha  de  la situación  fáctica  -que  de  alguna  forma  roza  el  recurrente al mencionar que no hubo  sustitución  de la demandada-, es lo cierto que estos  adquirentes  de  los  derechos  de  …  podían  intervenir  y los vinculaba la  sentencia  que  se  profiriera  así  ellos  no hubiesen intervenido, lo que los  sitúa  en el caso plasmado en el inciso tercero del artículo 52 del Código de  Procedimiento  Civil,  y  por  tanto  los  faculta,  a la par que ocurre con los  litisconsortes  facultativos  y  los necesarios, para contrademandar, interponer  recursos,  etc. Porque la limitante (“el adquirente  del  demandado de un derecho litigioso no puede deprecar acción reivindicatoria  sustituyendo  a  la  causante,  a  menos  que  se  haya solicitado y aceptado el  fenómeno   de   la  sustitución”)  que  le  impone  el  recurrente  a  estos  litisconsortes,  que él considera facultativos, no se presenta ni aún en estos  y  más  bien  podría  ser asunto propio de la intervención adhesiva, ajena al  caso    debatido.    Debe    recalcarse   que   los  litisconsortes,  de cualquier clase que sean son parte demandante o demandada, y  estos  intervinientes litisconsorciales de que trata el artículo 60 del Código  de  Procedimiento Civil tienen las mismas garantías y facultades de parte y por  tanto,  en  el  evento  de  ubicarse  en  la  parte demandada y estar dentro del  término,    pueden    contrademandar”18   

(subrayas fuera  de texto).   

De  cualquier  forma, la posibilidad de que  concurran   simultáneamente   al   proceso   penal   la  víctima  –constituida  como  parte civil bajo la  égida  de  la  Ley  600  de 2000- y el cesionario de derechos litigiosos, está  garantizada  por el redimensionamiento de los derechos de la primera, no sólo a  lo  estrictamente  económico  (siendo  una  de los componentes del derecho a la  reparación), sino a los planos de justicia y verdad.   

Empero,  el exclusivo interés resarcitorio  de   índole   económico   -en   este   caso   por   la  cuantiosa  suma  de  $  2.400.000.0000,oo,  que se constituyó en el valor de la cesión de los derechos  litigiosos  por virtud de la escritura pública No. 7948 a título de dación en  pago19,  habilita  la  intervención  procesal  del cesionario de derechos  litigiosos  o  de  cualquier  otro  interviniente con un interés cifrado en ese  solo  aspecto,  quienes,  claro está, no podrán nunca, ciertamente, abogar por  los   derechos   de   obtención  de  justicia  y  verdad,  indelegables  de  la  víctima.    

Máxime  en  este asunto, ha de subrayarse,  cuando  la  calidad reconocida al cesionario de derechos litigiosos, conforme al  recuento  procesal  consignado  al  inicio de este apartado, es la de “tercero  incidental”,  respecto  de  quien,  ha  indicado  esta Corporación, le asiste  pleno  interés para promover el recurso extraordinario de casación en el marco  de la Ley 600 de 2000, como lo precisó en la siguiente decisión:   

“Previamente,  debe señalar la Sala que  ningún  reparo amerita, desde el punto de vista de la legitimación por activa,  la  demanda  de  casación  promovida  por el tercero incidental, si se tiene en  cuenta  lo dispuesto en el artículo 209 de la Ley 600 de 2000, conforme al cual  el     libelo     extraordinario     puede     ser    presentado    ‘por   el   fiscal,   el   Ministerio  Público,    el   defensor   y   los   demás   sujetos   procesales’,  categoría  esta  última asignada  por  el  mencionado  Código  de  Procedimiento  Penal  al  tercero  incidental,  conforme   se   aprecia   en   el  título  III  de  su  libro  I”20   

.  

La   anterior  postura  fue  reiterada  y  complementada   en   reciente   sentencia,  con  fundamento  en  las  siguientes  razones:     

“Dado   que   el  Ministerio  Público  cuestionó  la legitimidad de (…) para acudir a esta sede al considerar que no  es  el  titular  del dominio de los inmuebles en litigio, disiente la Sala de un  tal  aserto,  toda  vez  que  la  situación  de  dicho  recurrente sí  responde  a  la  concepción  de  un  tercero  incidental  con  interés en el recurso extraordinario.   

Ciertamente,  la  legitimación  o  interés  jurídico  para  recurrir  en casación se deriva no  sólo  de  la  condición de sujeto procesal, sino también y desde luego de que  se  haya  irrogado  un  perjuicio, del agotamiento del  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia  de  primer  grado y de la unidad  temática,  con  las excepciones que la jurisprudencia ha establecido en los dos  últimos  respectos,  ya que por aplicación de éstas es posible dar curso a la  impugnación  extraordinaria  por  quien  no  cuestionó la sentencia de primera  instancia  cuando  se  acredite  la imposibilidad de ejercer la apelación, o la  sentencia  de  segunda  instancia  modifique  en  sentido  adverso la situación  jurídica  del  recurrente,  se trate de fallos consultables o el fundamento del  reproche  casacional se soporte en la violación de garantías fundamentales que  pudieran dar lugar a la invalidez de la actuación.    

En  el  asunto  examinado,  en  principio  cabría  argüir  que  quienes  se  han  anunciado como terceros incidentales no  tendrían  legitimidad  porque  no  eran sujetos procesales, mas es evidente que  esta  aseveración  carece  de  fundamento  en  la  medida  en  que al     ser     probablemente    afectados    en    sus    intereses  patrimoniales  con la sentencia de primera instancia,  les  surgió a partir de dicho momento esa condición y más específicamente la  de  terceros  incidentales,  si en cuenta se tiene su definición legal prevista  en  el  artículo  138  de la Ley 600 de 2000, según la cual se tiene por tal a  ‘toda  persona natural o  jurídica,  que  sin  estar  obligada  a  responder penalmente, tenga un derecho  económico    afectado    dentro    de    la   actuación   procesal’…”21    (subrayas   fuera   de  texto).   

No  cabe  duda,  en  consecuencia,  de que,  contrario  a  lo  sostenido  por  el no recurrente, en este caso le asiste plena  legitimación  al  cesionario  de  los derechos litigios, considerado aquí como  tercero  incidental, para acudir en sede de casación, y que su intervención no  está supeditada a la de la parte civil.       

Superado  este  aspecto,  se  decidirá  lo  pertinente   en   relación   con   el   cumplimiento  de  los  presupuestos  de  admisibilidad   de   la   demanda   allegada   por   el  mencionado.   

    

1. Presupuestos de admisibilidad de la demanda:     

     

1. Primer cargo. Violación indirecta  de la ley sustancial:     

     

1. Planteamiento:     

Comienza  por  señalar el libelista que el  agravio  se  produce  porque  “la  forma  en que se  apreció  la  prueba  quebrantó  las  garantías  de  los intereses civiles que  represento”.   

Luego  de  evocar  los  fundamentos  de  la  absolución,  en  esencia  por  estimarse  que el asunto objeto de estudio es de  naturaleza  civil  y  comercial, por cuanto el despojo dinerario operó como una  vicisitud  propia  de  ese  tipo  de  relaciones y dado que la denunciante en su  condición  de  notaria  era  sujeto de imposible engaño, advierte que las  pruebas  han  debido  examinarse  “conforme  a  las  normas  del derecho privado”, lo cual hubiera variado  el panorama como a continuación expone.   

Así,   procede  a  exponer  in  extenso su visión particular sobre la  forma  como  se  llevó  a cabo el negocio jurídico con el fin de demostrar que  ello    es   indicativo   “de   que   (los   procesados)   no  cumplirían  lo  pactado  y  de  que  desde  el  mismo  momento de las promesas de compraventa no  tenían  el  más  mínimo  propósito  de  entregar los inmuebles objeto de los  contratos”,  actitud  tipificable  en  el  delito de  estafa,  pues  no  concurrieron  a  correr  las escrituras pero en cambio sí se  apropiaron  de los dineros entregados por los prometientes compradores, esto es,  de   la   denunciante  y  de  la  sociedad  “Gestiones  Comerciales  Ltda.”,  obteniendo un provecho ilícito en perjuicio de estos últimos.   

Además,  los  vendedores  unilateralmente  modificaron  algunos  puntos  acordados  y  las  características de los locales  objeto  del  negocio,  suprimiendo  el  acceso  a las terrazas anexas estipulado  inicialmente   y   modificándose,  sin  su  consentimiento,  el  reglamento  de  propiedad  horizontal.  Adicionalmente,  durante  el desarrollo del proyecto, la  sociedad  “Mecanelectro  S.A.Home  Sentry” se retiró porque le incumplieron  las  cláusulas  pactadas “con una notable desmejora  de  las  condiciones;  circunstancia que traduciría un perjuicio adicional para  los  intereses  de  la  doctora  Sus  Pastrana  y  de  la  sociedad ‘Gestiones         Comerciales  Ltda.’,  dado  que  el  principal  motivo por el cual éstas invirtieron cuantiosas sumas en los citados  inmuebles  se  debió  a  que  aquella  entidad  tendría  un establecimiento de  comercio;  tal  disposición fue un ardid más como del tribunal de arbitramento  se          observa          (sic)”.   

Por  lo  anterior, estima que el punible de  estafa  se  configuró  desde  el  momento  mismo  de  la  iniciación del trato  comercial en cuanto se verificaron todos sus elementos.   

En  relación  con  el argumento base de la  absolución  según  el cual en este caso se concretaba imposibilidad de engaño  a  la  víctima  por  su  desempeño  como  notaria de Bogotá, estima que no es  atendible,  pues  si  bien  las  partes  contractuales  se encontraban en pie de  igualdad,   las   vicisitudes   presentadas  no  eran  de  aquellas  posibles  y  previsibles,  sino  que  fueron  creadas  por  el  vendedor;   además, las  funciones  de  notario  no  crean  “una  postura  de equilibrio”, pues no es  constructor  ni  estructurador  de  ese  tipo  de  proyectos y la naturaleza del  contrato  evidencia  una  posición  de domino que lo rompe, de la cual abusaron  los vendedores.      

De  esta  manera,  afirma  que “el  Tribunal  incurre  en violación indirecta de la ley, pues a  pesar  de observar claramente el incumplimiento, por no ver delito, se olvida de  todo  lo  demás,  cuando  era  competente  para el efecto, a causa de evidentes  errores    de    hecho    en    la    apreciación   del   acerbo   (sic)   probatorio  y  en  la  falta  de  apreciación de algunas pruebas”.   

Acto seguido, en el acápite de “demostración  del  cargo”, comienza  por  realizar  un  recuento  cronológico  de  los  hechos,  destacando  que los  vendedores  fueron  quienes,  de  forma  unilateral,  redactaron el documento de  oferta  y  los  contratos  de  promesa, mientras que los compradores simplemente  adhirieron  a  ellos  “con el clausulado que venía  predispuesto”,  siendo aquellos, igualmente, quienes  administraron  la  relación  jurídica  durante  la  construcción  del  centro  comercial  elaborando el reglamento de propiedad horizontal al cual introdujeron  reglamentaciones  para  su  uso  y  goce  totalmente contradictorias del derecho  clásico  de  dominio,  por  lo  que  ejercieron  una  posición dominante en la  negociación,   como   ha   tratado  ese  tema  la  jurisprudencia,  cuyo  abuso  “constituye  un acto ilícito, desde la perspectiva  civil”.   

De   ahí   que,  añade  más  adelante,  “se  trata  entonces de determinar cuándo ese, sin  duda,   ilícito   civil,   se   convierte   en   un   ilícito   de  relevancia  penal”.  Al  respecto,  acota  que  en  “el  presente  caso  así  sucede, en la medida en que el esquema  negocional   diseñado   por  las  empresas  promotoras,  por  conducto  de  sus  representantes  legales,  establecieron unas condiciones originales, que tenían  por  objeto  atraer  clientes, financiar al proyecto que venía mal en términos  de  ventas  y  financiación.  Así  atrajeron  la  inversión  del ‘local        ancla’, invitando al almacén HOME SENTRY y  mejoraron  su  situación  frente  al  mercado  inmobiliario,  pero  una  vez se  solventaron  y  mejoraron  sus ventas, le dieron aplicación a los términos del  clausulado  diseñado  por  ellos  mismos, a través de la ilícita cláusula de  retracto,  según  la  cual  quería (sic) desmontarse    del    negocio   a   su   decisión   unilateral   y  antojo”.   

Así  mismo, afirma, porque se incurrió en  una  serie  de  maniobras  engañosas,  como  la  exhibición de una licencia de  construcción  que  no  correspondía con el proyecto ofrecido, la modificación  de  las  áreas,  la  negativa  a  zonas de acceso común y la imposición de un  reglamento   de   propiedad   horizontal.    De   esa   forma  “el  pretendido  uso  de  la  cláusula de retracto como fórmula  contractual  para  lograr  el cometido de perfeccionar la estafa, no es más que  la   demostración,  una  vez  más,  que  la  promesa  de  compraventa  fue  el  instrumento  para  lograr  defraudar  patrimonialmente,  entre otros, a la aquí  denunciante,  lo  cual constituye un modus operandi totalmente reprochable tanto  desde     el     campo    civil    como    en    el    penal”.   

Luego indica que si el Tribunal “hubiera  apreciado  en  su  real dimensión y en su conjunto las  siguientes  pruebas, otra habría sido su decisión”.  Alude  así  a  las ofertas y promesas de compraventa, al informe de gerencia de  abril  27  de 2005 presentado por el procesado JULIÁN  BONILLA a la denunciante, según el cual la fecha para  suscribir  las  escrituras  era  el  3  de  agosto  de  2005,  transcribiendo un  artículo  del  para  ese momento inexistente reglamento de propiedad horizontal  y,  como  no  existía el referido documento, “no se  podía   hacer   venta   por   carencia   jurídica   de   objeto”.   

Igualmente,     al     “otro  si  #  2”  suscrito  el  10 de  septiembre  de  2005, por medio del cual se fijó nueva fecha para la entrega de  los  locales;  al  acta  de 30 de septiembre ulterior donde la denunciante dejó  constancia  de  su  no  entrega,  resaltando que el día acordado en el otro sí  para   suscribir   las   escrituras   públicas  sólo  se  hizo  presente  esta  última.   

De  lo  anterior  infiere  que “de  estos  hechos  y  su prueba se puede concluir que a pesar de  los  reiterados  incumplimientos  por parte de la sociedad vendedora, la doctora  Irma  Sus Pastrana, atendió todas sus obligaciones contractuales por lo cual no  había  lugar  a  imputarle  omisión  alguna  y menos pretender, como argumento  defensivo,  señalar  que  se  hizo  uso  del  retracto por parte de la sociedad  vendedora  por  el  incumplimiento  de aquella, cuando, como se observa, ello no  ocurrió”.   

Por   lo   tanto,   agrega,  “el  dolo  directo  del  tipo  penal  de estafa queda demostrado,  además  de lo ya señalado, cuando la pretendida justificación defensiva choca  con  lo  pactado en la promesa de compraventa”, en lo  relacionado con el derecho a retracto.   

Enseguida,   refiere   al  reglamento  de  propiedad  horizontal,  elaborado  y  protocolizado  por  el representante de la  firma  promotora  del  proyecto  y promitente vendedora, respecto del cual anota  que  si  se  hubiera  evaluado  en  su real alcance se habría concluido que fue  impuesto en virtud de la posición dominante de aquella.   

Después,  alude  a  la  declaración  de  Luis  Carlos Gamboa Morales,  abogado   de   la   sociedad   propietaria   de   los   almacenes   Home  Sentry,  sobre  la  forma  como  se  vinculó  y posteriormente se desvinculó esa empresa al proyecto, de lo cual no  se  ocupó  el  Tribunal, pues “si la hubiera mirado  habría  llegado  a la conclusión de que los promitentes vendedores abusaron de  su  posición  dominante  y con conocimiento previo prometieron vender lo que no  podían”.   

Luego,   recaba   en  la  atestación  de  Miguel  Barranco  García,  quien  “aporta importantes e ignorados elementos de  juicio”,  en  el  laudo  arbitral de mayo 19 de 2006  entre  LIPSY  S.A.  y  El  Retiro Centro Comercial S.A., en donde se declara que  este  último  incumplió  el  contrato de promesa de compraventa suscrito entre  ellos  por  lo  cual  se  lo  condenó  al  pago  de perjuicios, y a la carta de  diciembre  6  de  2005,  suscrita  por  Lucio  Bernal  Castaño  de  la  sociedad  LIPSY  S.A., quien explica  “los   motivos  por  los  cuales  se  frustró  la  expectativa   del  denominado  local  ancla,  y  el  manejo  unilateral  que  el  promitente     vendedor     introdujo     en     reglamento     de     propiedad  horizontal”.   

Lo  anterior,  a  su  juicio,  condujo a la  violación  indirecta  del artículo 13 de la Constitución Política, los arts.  830  y 870 del Código del Comercio, arts. 133 y ss. de la Ley 142 de 1994, art.  42   de   la   Ley   1480   de  2011  y  1602  del  Código  Civil  “sobre  la  fuerza  vinculante  del contrato y la responsabilidad  contractual”,     art.     1604     “sobre   el   incumplimiento”,  1611,  modificado  por  la  Ley  153  de  1887  y  el  861  del  Código  del  Comercio  “sobre   la  promesa  de  contratar”,  el  1546  del  Código  Civil  y  el 870 del Código del Comercio  “sobre la previsión legal de las consecuencias del  incumplimiento”.     

A  renglón  seguido,  aborda el tema de la  “trascendencia”,  señalando  que  “en suma, la sentencia absolutoria  exhibe  ostensibles  y  trascendentales yerros en la apreciación y ponderación  de  la prueba, ora por suposición, omisión o equivocada valoración y, así se  patentiza    el    error    planteado”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, depreca  casar   el   fallo   recurrido   y,  en  su     lugar,    condenar    a    los  procesados.     

     

1. No recurrentes:     

El apoderado de la sociedad Aldea Proyectos  S.A.,   en   su   calidad   de   tercero   civilmente  responsable  dentro  de la actuación, señala, en relación con este reparo, que  no  cumple  con  los  requisitos de admisión, pues no determina con claridad el  tipo  de  error  de  apreciación  probatoria,  incurre  en  contradicciones que  impiden  comprender  su  disenso  y no demuestra que las pruebas respecto de las  cuales    recae    el   error   deben   conducir   a   adoptar   una   decisión  distinta.     

El   defensor  del  procesado   MAURICIO   RACHID    GARCÉS  llega  a igual conclusión por considerar que el cargo  no  se  desarrolla,  pues  aparte  de  “realizar un  relato  acomodado”  sobre  el  negocio  ocurrido, no  acredita  la  causal   invocada,  amén  de  consignar  hechos  que  no  se  corresponden  con  la realidad y “sin que precise ni  señale  cuál  prueba supuso, cuál omitió o cuál valoró erróneamente, como  y  su  incidencia en la sentencia, ni mucho menos indica si el error es de hecho  o de derecho”.   

A  idéntica  inferencia  arriban  en  sus  respectivos  escritos el representante del Ministerio  Público,   agente  especial  en  la  actuación,  y  el    defensor    del    procesado    NELSON    JULIÁN    BONILLA    NIETO,  este  último advierte    que    el   censor   entremezcla   los   conceptos   de  error de hecho y de derecho  “y,  además, al final de las pruebas que cita como  avasalladas,  hace  una  mixtura  conclusiva  que no indica en forma diáfana el  modo  en que cada uno de tales medios de convicción fueron vulnerados, ni cómo  incidiría  trascendentalmente  en  la  sentencia para propiciar su mutación de  absolución a condena”.   

     

1. Consideraciones:     

Asiste  razón  a los sujetos procesales no  recurrentes  en  casación al indicar que este reproche desconoce las exigencias  de  lógica  y debida argumentación que regulan este extraordinario recurso, lo  cual impone su consecuente inadmisión.   

En efecto, de conformidad con el numeral 3°  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, la demanda de casación deberá  contener   “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las   normas   que   el  demandante  estime  infringidas”.   Así  mismo,  en  el  siguiente  numeral  de  la  misma  preceptiva,  también  se exige que “si fueren varios los cargos,  se  sustentarán  en  capítulos  separados”  y  que  “es   permitido  formular  cargos  excluyentes  de  manera          subsidiaria”.     

Pues  bien,  en  el  caso  de la especie es  indiscutible  que  la  propuesta  del casacionista no se presenta de acuerdo con  los  presupuestos  que  vienen  de  verse y que, por tanto, se ha de proceder de  conformidad   con   la  consecuencia  procesal  prevista  en  el  artículo  213  ibídem.   

En tal sentido, porque en su disertación el  actor  no  se  allana a la naturaleza de ninguna de las modalidades del error de  hecho  en  la  apreciación  probatoria  invocada  ni,  lo  que es más grave, a  ninguno de los yerros demandables en esta sede.   

Ciertamente,  recuérdese cómo, de acuerdo  con  la  jurisprudencia pacífica e inveterada de esta Sala, el pretextado error  de  hecho  en  la valoración probatoria se configura por los denominados falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y raciocinio, sobre cuya esencia y forma de  ataque   ante   esta   sede   extraordinaria  es  preciso  tener  en  cuenta  lo  siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de prueba es excluido de la valoración efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y  oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión, pues, en su proceso  de  valoración,  se  le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera  su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

– La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual  se presenta cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

El  demandante,  lejos  de  desarrollar  un  cuestionamiento   acorde   con   las   directrices   indicadas,  a  más  de  no  individualizar  la  modalidad  de falso juicio correspondiente al error de hecho  invocado,  opta por referirlos coetáneamente, cuando refiere genéricamente que  fueron  supuestos,  omitidos  y,  en fin, equivocadamente valorados, sin reparar  que,  de  acuerdo  con  su  naturaleza,  según  acaba  de verse, son diversos y  excluyentes.   

Pero,  lo que pretende en realidad, bajo el  manto  del  manido  error  de  hecho es, lisa y llanamente, imponer in  extenso  su  visión  personal  sobre  cómo  han  debido  valorarse  y  aceptarse  los  hechos, intención que se hace  manifiesta  cuando  reiteradamente  advierte  que han debido ser valorados en su  “real   dimensión”,   no  conforme  a  los  lineamientos  de  algún  error  valorativo,  sino  de acuerdo a su    sentir subjetivo opuesto al  de los juzgadores.   

Esa  forma  de  abordar la censura no tiene  acogida  en  esta  sede  extraordinaria  por no estar concebida como una tercera  instancia  y  porque  con  ella tampoco logra desvirtuar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que gobierna al fallo, para lo cual es preciso demostrar,  de  acuerdo  con la causal de casación seleccionada, yerros trascendentes en la  apreciación de las pruebas con incidencia en la ley sustancial.   

Tales  falencias  argumentales  y lógicas  determinan la inadmisión de la censura.   

     

1. Segundo cargo. Violación directa  de la ley sustancial:     

     

1. Planteamiento:     

Para el actor, se incurrió en esta causal  de  casación “por falta de aplicación -en un todo-  o,  aplicación indebida si se tiene en cuenta que, se debatió y la postura fue  derrotada,  evidenciando el contenido del salvamento de voto-, de los artículos  2,  58, 34 y 228 de la Constitución Política; de los artículos 669, 673, 1494  y  2341  del  Código  Civil:  de  los  artículos  822  y  831  del  Código de  Comercio; de los artículos  94,  95,  96,  98  y 99 del Código Penal; de los artículos 25, 43, 57 y 59 del  Código    de    Procedimiento    Penal,   normas   procesales   con   contenido  sustancial”.   

A   continuación,   precisa   que   el  fallador  absolvió  a  los  procesados  sin tener en  cuenta  los  derechos  de  las  víctimas “muy  a pesar de las opiniones y referencias que se encuentran en  el  salvamento  de  voto”,  los  cuales,  advierte,  fundamentan la causal.   

Acto seguido, alude a las normas superiores  que  consagran  deberes  y  principios  estatales  y  el  derecho a la propiedad  privada,    con    sus    limitaciones    a    la    luz    de    jurisprudencia  constitucional,    que  luego    transcribe   a  espacio.   

Posteriormente, desarrolla el mismo derecho  en  los  Códigos  Civil  y de Comercio (modo de adquirir el dominio, fuentes de  las         obligaciones        –resaltando      el      contrato      y      la     responsabilidad  contractual-)  y  la  figura  del enriquecimiento sin  causa  en  el  último  estatuto,  para  lo cual cita  abundante  jurisprudencia  sobre   la   materia.   Luego  de  ello,  alude  al  Código  Penal  (6.2.2.4.),  transcribiendo   los  artículos  94  (reparación  del daño), 95 (titulares de la acción civil), 96  (obligados  a  indemnizar),  98  (prescripción)  y 99 (extinción de la acción  civil).   

Enseguida, se  ocupa      del      Código     de     Procedimiento     Penal,     advirtiendo       que,  de conformidad con el artículo 43,  se  impone al funcionario judicial el deber de resolver dentro del proceso penal  las   cuestiones   extrapenales  que  surjan  en  la  actuación  y  que  no  sean  elementos constitutivos de la conducta punible, en  desarrollo  de  los principios constitucionales de (i) efectividad del principio  del  restablecimiento  del  derecho  y  (ii)  aplicación  de  normas jurídicas  materiales,   para  de  inmediato   preguntarse:  “¿  Y  la  absolución,  absuelve   e   indulta   la   pretensión   civil   insatisfecha?”.   

Tras  referir a los artículos 57 y 59 de  este    ordenamiento    y    a   la   jurisprudencia  constitucional relacionada con los derechos de las  víctimas  y  los efectos  de  la  cosa  juzgada absolutoria cuando el   sustento   de   tal  determinación   radica   en   que  la  conducta  investigada  no  constituye  delito, afirma  que  la  víctima  queda  en  libertad de iniciar un  proceso  civil,  o  de  continuar  el  vigente,  para reclamar la indemnización  correspondiente.   

Finalmente, en  el  acápite de trascendencia, afirma que el fallador  absolvió  a  los enjuiciados MAURICIO RACHID GARCÉS  y NELSON JULIÁN BONILLA  NIETO  “sin tener en cuenta los derechos de las víctimas…muy a pesar de las  opiniones  y  referencias  que  se  encuentran  en  el salvamento de voto. Y, de  haberse  dado  la  operación  mental  adecuada,  la  víctima  y su pretensión  habrían sido atendidas”.   

Corolario  de lo dicho, solicita casar el  fallo   recurrido   y,   en   su  lugar, condenar a los procesados por el delito de estafa.   

     

1. No recurrentes:     

El apoderado de la sociedad Aldea Proyectos  S.A.,   en   su   calidad   de   tercero   civilmente  responsable  dentro  de  la actuación, indica, en relación con este reparo, que  tampoco    cumple  con  los  requisitos  de  admisión,  por cuanto no  mantiene  identidad  temática ni se ajusta a las exigencias básicas de lógica  general  y jurídica en la medida en que, como sustento de absolución, remite a  los  argumentos  del salvamento de voto de segunda instancia, el cual no refiere  a  la  responsabilidad  de  los implicados, sino que lo fue parcial en relación  con  el  numeral  tercero de la decisión en cuanto se ordenó la devolución de  los   depósitos  judiciales  al  procesado  MAURICIO  RACHID GARCÉS.   

Así mismo, en tanto es contradictorio, pues  pregona  los  sentidos  de  falta  aplicación  y  aplicación indebida al mismo  tiempo y respecto de las mismas normas.   

Por  su  parte, el  defensor  del  procesado  MAURICIO RACHID    GARCÉS   arriba  a  igual  conclusión  al  estimar que en momento alguno se precisa o concreta la falta de  aplicación y la aplicación indebida en el cargo.   

Para       el      representante       del       Ministerio      Público,   este   cargo,  al  igual  que  el  precedente,  también  se  debe  inadmitir,  dado  que no ilustra de forma clara  cómo  se  desconoció el artículo 246 del Código Penal y pasando por alto los  condicionamientos   establecidos   en   el  numeral  3  del  artículo  212  del  ordenamiento procesal.   

El defensor del  procesado  NELSON  JULIÁN BONILLA NIETO       comparte      el      mismo  criterio,   pues  “el  censor   no   aborda  la  metodología  propia  de  esta  causal  y  no  enuncia  fundadamente  las  normas  sustanciales violadas, por cuanto, inclusive, incluye  una  serie  de  disposiciones  que no tienen relación alguna con los hechos del  proceso  y ningún nexo con lo sentenciado, su contenido material no lo sustenta  y  el  desarrollo  del  concepto  de  su transgresión es fallido”,  a  la  vez que mezcla impropiamente las tipologías de falta de  aplicación y aplicación indebida.   

     

1. Consideraciones:     

Como ocurrió con el reparo anterior y lo  pregonan  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  también  por ostentar  deficiencias argumentativas y  lógicas, se inadmitirá el cargo.   

En  tal  sentido, sobre lo primero que se  debe  hacer  hincapié  es que, como bien lo acota el  apoderado    del   tercero  civilmente  responsable,  sociedad  Aldea  Proyectos S.A., el cargo se aparta de  principios  regentes de la actividad casacional, tales como los de sustentación  suficiente,   crítica   vinculante,   autonomía,      coherencia,      no      exclusión      y     no  contradicción.   

El   primero,   implica   que  la  demanda  debe  bastarse  a  sí  misma  para  propiciar la  invalidación  del  fallo  al  paso  que  la  Corte no puede entrar a suplir sus  vacíos, ni a corregir sus deficiencias.   

    

El  de  crítica  vinculante, por su parte,  exige  de  la  censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente  y  someterse  a determinados requisitos de forma y contenido dependiendo del motivo  invocado.  Y,  conforme  a  los  de  autonomía,  coherencia, no exclusión y no  contradicción,  sobre los cuales mucho ha insistido la Sala, se proyectan en el  sentido  de  que el discurso debe mantener identidad temática y ajustarse a los  requerimientos básicos de la lógica.   

En primer lugar, porque, como también lo  advierte      el     mencionado     procesal     no     recurrente    en    casación,    resulta   del  todo  incoherente  que  el  fundamento  del  cargo,  orientado, conforme a los  términos  de  la  disertación y, en particular de la petición final, a que se  case  el  fallo  para  en  su  lugar condenar a los procesados, se soporte en el  salvamento   parcial   de   voto   presentado   contra   el   fallo  de  segundo  grado22.   

Ello,  en cuanto dicho criterio disidente  se  circunscribió  textualmente,  y  de  ahí  su carácter parcial,   “en  cuanto  al  ordinal  tercero  que  ordena  devolver los depósitos judiciales al  procesado  MAURICIO  RACHID  GARCÉS”; es decir, y  basta  en  tal  dirección  consultar  su  tenor  literal,  en  ningún  momento  controvierte  o  se  aparta  de  las  razones  que  condujeron  a absolver a los  implicados;  de  donde  se  colige  que  tales  motivos  no  pueden sustentar la  petición  de  casar  el fallo impugnado para, en su  lugar,   condenar.    

Es  evidente,  por  tanto,  que  como  el  propósito  del  recurrente  es  sustentar  el  cargo  conforme  a lo argumentos  plasmados    por   el   magistrado   del   Tribunal  parcialmente    en    desacuerdo   para  sustentar  la  solicitud  de  condena  y  allí nada se dice al  respecto,  el  cargo  carece  de  fundamentación,  en  detrimento  del apotegma  referido de sustentación suficiente.   

La         misma    conclusión    deviene  de su reiterativa afirmación en el sentido de que el fallo  es   violatorio   de  preceptos  sustanciales  sólo  porque   resulta           contrario     a     los     derechos     de    las    supuestas  víctimas, proposición que,  además  de  ser  meramente enunciativa, es ilógica,  pues   implicaría  que  en  todos  los  casos  de  absolución  las  sentencias  se  tornan  en injustas e  ilegales  y  habría  que  siempre  impartir  condena, al margen de la  realidad  jurídica  o             probatoria   y  de  los  derechos  que  asisten a los sujetos pasivos de la acción penal.    

Y,  también,  en  tanto  no  vincula en momento alguno la supuesta  transgresión  de normas civiles con las de orden penal, que apenas cita, con el  fin  de  demostrar  la  configuración  del  delito  de estafa por el que fueron  absueltos  los  procesados  MAURICIO  RACHID GARCÉS  y     NELSON          JULIÁN          BONILLA         NIETO.   

Por   otra   parte,   y   en             segundo        orden,      la     propuesta  contenida  en la censura es ambigua y contradictoria, pues no es  dable   pregonar   al   mismo  tiempo  los  sentidos  de  violación  de  la  ley sustancial por  falta de aplicación y aplicación  indebida      respecto      de     las     mismas  disposiciones.   

Ciertamente,  la  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente   procede  cuando  no se selecciona la norma llamada a  regular  el  caso concreto, mientras que la aplicación indebida surge porque se  escoge  para  solucionarlo una normativa que no es atinente. Dicho de otro modo,  ontológicamente  es  imposible  que concurran las dos situaciones planteadas en  cada  uno  de  estos  sentidos,  por  lo que su propuesta coetánea riñe con la  lógica  y los principios mencionados de autonomía, coherencia, no exclusión y  no contradicción.      

Por  las  razones  expuestas, el cargo se  inadmitirá.   

Lo   anterior  se  constituye  en  razón  suficiente  para  inadmitir  la demanda presentada por defensor de los intereses  privados   –parte  civil-  cesionario  de  los  derechos litigiosos y devolver el expediente al despacho de  origen,  tal como lo señala el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.  Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales que haga necesaria la intervención oficiosa de la  Sala     

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

       INADMITIR  la  demanda de casación  presentada  por  el  apoderado de la empresa “Inversión    y    Desarrollo    Barranco    S.A.”,  cesionaria  de los derechos litigiosos,  por   las   razones   expuestas   en   la   anterior  motivación.   

       Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                    GUSTAVO           ENRIQUE          MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Para  los  efectos  del  recurso fueron considerados como uno solo, así, págs. 10-12  del fallo de segunda instancia.   

2 C-228  de 2002.     

3  A  partir fol. 1 del c.o. de la parte civil.   

4  Representada por la misma denunciante.   

5 Fols.  32-33 ídem.   

6 Fol.  55 y ss. ídem.   

7 Fols.  71 y 72 ídem.   

8 Fols.  1 y ss. c.o. del c. del tercero civilmente responsable.   

9 Fols.  71 y ss. ídem.   

10  Fols. 20 y 21 del c. del tercero incidental.   

11  Fols.      72      y      73     ídem.   

12  Fol. 26 ídem.   

13  Fols.      28      y      29     ídem.   

14  Fols.      39      y     ss.     ídem.   

15  Fols.      52      y     ss.     ídem.   

16  Sentencia C-1045 de 2000.   

17  Sentencia  Nº  25000-23-26-000-1998-00324-01(22043)  -Sección Tercera- de febrero 7 de 2007.   

18  Sentencia  de septiembre 10 de 2001, rad. 6625. Así mismo, sobre  la  legitimación  en  casos de sucesión y sustitución pueden consultarse auto  de  mayo 29 de 2013, exp. 11001-0203-000-2009-01877-00 y sentencias de diciembre  15  de  2005,  exp.  C-2575431030021999-00095-01  y  de  marzo  27 de 2003, exp.  C-6879.   

19  Fol.       30       vto.       ídem.   

20  Auto de noviembre 11 de 2099, rad. 32600.   

21  Sentencia  de  agosto 28 de 2012, rad.  35195.   

22 A  partir del fol. 50 del c. de segunda instancia.     

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