40612(31-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 244   

Bogotá D.C., julio treinta y uno (31) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  apoderado del tercero responsable LEONARDO IVÁN  RAMÍREZ BERNAL.   

ANTECEDENTES:  

1. Hacia las 4:30 de  la  tarde  del  17 de febrero de 2009, en la vía que de Cáqueza (Cundinamarca)  conduce  a  Bogotá,  a  la  altura del barrio Tunja, Jovanny Cortés Hernández  resultó   gravemente   lesionado   en   su  integridad  personal  a  causa  del  desprendimiento  de  la  pala   del mini  cargador JDC  ROBOT 190  –en    la   cual   iba  montado—, que conducía en  el   lugar   de   forma   imprudente  el  operario  ALEJANDRO  TOBÍAS  ÁLVAREZ  SORACA.   

2.  Una vez surtido  el  trámite correspondiente, la Fiscalía acusó a ÁLVAREZ SORACA por el cargo  de  lesiones  personales culposas y el 11 de marzo de 2010, tras la celebración  de  la  audiencia de juicio oral, resultó absuelto por el Juzgado 1º Promiscuo  Municipal de Cáqueza (Cundinamarca).   

3. La Fiscalía y el  representante  de  la  víctima  apelaron  ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  mediante  sentencia  del 9 de diciembre de 2010, lo  revocó y condenó al acusado.   

4.  El apoderado de  la  víctima,  de  conformidad con lo previsto en el artículo 86 de la Ley 1395  de  2010,  solicitó  el  13  de  enero de 2011 la realización del incidente de  reparación  integral,  al  cual  concurrieron en calidad de terceros civilmente  responsables  JOSÉ  ALBERTO  ROJAS PRIETO, en representación del CONSORCIO ARA  LR;  ÉDGAR  CARDOZO  CHAPARRO,  propietario  del  mini  cargador con el cual se  causaron  las lesiones; y LEASING BOLÍVAR S.A. COMPAÑÍA DE FINANCIAMIENTO, en  calidad de llamada en garantía.   

5.  Cumplido  el  trámite  incidental,  el 28 de marzo de 2012 el Juzgado 1º Promiscuo Municipal  de  Cáqueza  declaró “que ALEJANDRO TOBIAS ÁLVAREZ  SORACA,  CONSORCIO  ARA  en cabeza de los ingenieros JOSÉ ALBERTO ROJAS PRIETO,  LEONARDO  RAMÍREZ  y  REINANDO ROJAS ROJAS, LEASING BOLÍVAR S.A. COMPAÑÍA DE  FINANCIAMIENTO  y  el  locatario  señor ÉDGAR CARDOZO CHAPARRO, deben resarcir  los  daños  causados  a la víctima”. Los condenó a  pagarle  a  ésta, en consecuencia, por concepto de daños materiales, morales e  incapacidad, la suma de $16.149.000.oo.   

6. Los apoderados de  la  víctima,  el  de  ÉDGAR  CARDOZO  CHAPARRO,  el  de  LEASING BOLÍVAR S.A.  COMPAÑÍA  DE  FINANCIAMIENTO  y el de los representantes legales del CONSORCIO  ARA-LR  (ingenieros JOSÉ ALBERTO ROJAS PRIETO y LEONARDO RAMÍREZ) apelaron ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, a través del fallo  recurrido  en casación, expedido el 10 de octubre de 2012, revocó parcialmente  el  fallo  y  declaró  que  no  deben  responder por los perjuicios causados la  sociedad  LEASING  BOLÍVAR  S.A.  y  el  locatario  ÉDGAR CARDOZO CHAPARRO. Al  procesado  y  al  CONSORCIO ARA-LR, “en cabeza de los ingenieros JOSÉ ALBERTO  ROJAS  PRIETO,  LEONARDO  RAMÍREZ  y  REINALDO  ROJAS  ROJAS”,  los  condenó  “al  pago  solidario  de  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  al  afectado  CARLOS  JOVANNY  CORTÉS  HERNÁNDEZ, valorados en 84  salarios  mínimos legales mensuales vigentes por concepto de perjuicios morales  y   en   $45.904.169.11,   por  daños  materiales  (lucro  cesante)”.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos.  

Primero.  Violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

El   juzgador  aplicó  indebidamente  los  artículos  2347  y  94  del Código Civil  y dejó de aplicar el artículo  2349    ibídem,    conforme    al    cual   los   empleadores   “responderán  del  daño  causado por sus trabajadores, con ocasión  del  servicio  prestado  por  éstos  a  aquéllos;  pero  no responderán si se  probare  o  apareciere que en tal ocasión los trabajadores se han comportado de  un  modo  impropio,  que  los  empleadores  no tenían medio de prever o impedir  empleando  el cuidado ordinario y la autoridad competente; en este caso recaerá  toda   la   responsabilidad  del  daño  sobre  dichos  trabajadores”.   

No  se  tuvo  en  cuenta  en  la  sentencia  impugnada  que  desde  el  fallo  del a quo  se  estableció  “que la participación  de  la  víctima  en  la  comisión  del  daño  fue determinante”   del   resultado.   La   exclusión   de  responsabilidad  por  el  comportamiento   impropio   del  condenado  y  de  la  víctima  “no   se  aplicó  racionalmente  y  de  forma  garantista  para  las  partes” y específicamente para el consorcio ARA-LR,  cuyos  representantes,  como  lo  recordó  el testigo Rafael Antonio Soto Ortiz  (ingeniero  residente), le impartieron directrices al personal de la obra, entre  las  cuales  estuvo  la  de  no transportar personal en las máquinas, una orden  contrariada   por   “por  decisión  propia  de  la  víctima”, “en asocio del  señor ÁLVAREZ SORACA”.   

El  CONSORCIO  ARA-LR,  en  consecuencia, de  acuerdo  con  el  artículo  2349  del  Código  Civil, debe ser exonerado de la  responsabilidad  de  indemnizar  debido  a  que  “no  tenía  el  medio  de  prever o impedir con el empleo del cuidado ordinario y la  autoridad  competente la realización del hecho, atendiendo esta aseveración al  hecho  de  que es personal con experiencia y al cual se le habían efectuado las  advertencias  del  caso,  siendo  en  particular  la  de  no transportarse en la  maquinaria pesada”.   

En  conclusión, le solicita el recurrente a  la   Sala   casar  parcialmente  el  fallo  y  absolver  al  tercero  civilmente  responsable CONSORCIO ARA-LR.   

Segundo.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivada de errores de hecho.   

En  primer  lugar,  incurrió el Tribunal en  falso  juicio  de existencia “frente a la valoración  efectuada  al  dictamen  emitido por la Junta Regional de Invalidez de Bogotá y  Cundinamarca,  ya  que  no  se  pudo  producir  una certeza sobre la valoración  actual  y/o  recuperación  de  la  víctima  al  momento  del  fallo de segunda  instancia,  esto es a consecuencia de la falta de material probatorio a cargo de  la  parte  actora”. Sin determinación definitiva de  las  secuelas  por  ausencia de los resultados de las terapias y demás actos de  recuperación  a  que  ha  estado  sometida  la  víctima,  la segunda instancia  “infiere   valoraciones   a  partir  de  medios  de  convicción  que  no  hacen parte del proceso y no se tiene prueba de haber sido  producidos       o       incorporados      a      la      actuación”.   

Se  presentó,  en  segundo  lugar,  falso  raciocinio  al  valorarse  los  testimonios  de  José Alberto Rojas y de Rafael  Antonio  Soto Ortiz, quienes expresaron que se había indicado a los operarios y  trabajadores  de  la  obra  la  prohibición  de  no  transportar personal en la  maquinaria  pesada.  Si  bien  es cierto el Tribunal no desconoció lo anterior,  señaló   que   se  carecía  de  soporte  acerca  de  que  instrucciones  así  “hayan  sido  impartidas  directamente  a  ÁLVAREZ  SORACA”.   

Transgredió  el ad  quem,   entonces,   “los  postulados  de  la  sana crítica en relación con las reglas de la lógica y la  experiencia  común,  que  nos  indica que siempre en el desarrollo de las obras  civiles  se  efectúa  una  impartición de órdenes y prohibiciones a todos los  operarios  y trabajadores de la obra y no se requiere como lo pretende hacer ver  ausente  el  fallador,  de  una  orden  específica y personal a cada operario o  trabajador,   desvirtúa  la  credibilidad  de  los  testimonios  del  ingeniero  representante     del    COSORCIO    ARA-LR    y    del    residente”.   

El  juzgador, adicional a lo anterior, dejó  de  lado  que  el locatario arrendó el equipo con el conductor, desvirtuándose  el  elemento  subordinación entre ese operario y ARA-LR, consorcio éste que no  le  pagaba los salarios sino solamente le proporcionaba hospedaje y comida, como  lo  manifestó  el  ingeniero José Alberto Rojas. El arrendador de la máquina,  en  consecuencia,  era  quien debía responder por la imprudencia derivada de la  selección de ese trabajador.   

La  aplicación  de  la sana crítica, pues,  conduce  a concluir que el CONSORCIO AR-LR debe ser exonerado de responsabilidad  civil.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

En  el  capítulo  IX  de la Ley 906 de 2004  dedicado  a  regular  el  recurso extraordinario de casación, exactamente en el  inciso  2º  del  artículo  184,  se  contemplaron cuatro posibilidades para no  seleccionar  o  admitir  una  demanda  de  casación:  carencia  de interés, no  señalamiento  de  la  causal,  falta  de  sustentación  debida de los cargos y  cuando  de  su  contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo de  la Corte para cumplir alguna de las finalidades del recurso.   

El numeral 4º del artículo 181 de la misma  codificación,  por  su  parte, estatuyó que “cuando  la  casación  tenga  por  objeto  únicamente  lo  referente  a  la reparación  integral  decretada  en  la providencia que resuelva el incidente, deberá tener  como  fundamento  las  causales  y  la  cuantía  establecidas en las normas que  regulan la casación civil”.   

En la demanda, eso es manifiesto, se pretende  la   revocatoria   del   pronunciamiento   que  condenó  al  CONSORCIO  ARA-LR,  “en  cabeza  de  los  ingenieros JOSÉ ALBERTO ROJAS  PRIETO,  LEONARDO  RAMÍREZ y REINALDO ROJAS ROJAS” ,  a  pagarle  a  la  víctima  de  la conducta punible los perjuicios materiales y  morales   que   en   concreto   se  cuantificaron  en  la  sentencia  objeto  de  impugnación.      

Según  el  artículo  366  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  modificado por el artículo 1º de la ley 592 de 2000, la  cuantía  para acceder a la casación civil es de 425 salarios mínimos legales.  Estos,  de  conformidad  a  como lo tiene establecido la jurisprudencia  de  las  Salas  de  Casación  Civil  y  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, son  mensuales  vigentes  para  la  fecha de la sentencia de segunda instancia, donde  finalmente  ha  quedado  fijado  el  monto de los perjuicios del cual depende la  procedencia del recurso extraordinario de casación.   

En  el  caso sometido a consideración de la  Sala,   no   hay   duda,   el  objeto  de  la  casación  es  exclusivamente  la  indemnización  decretada en el fallo mediante el cual se resolvió el incidente  de  reparación integral y, por tanto, aplica al mismo la cuantía para recurrir  de  la  casación civil, en concordancia con el citado artículo 181-4 de la Ley  906 de 2004.   

Ahora bien, si se tiene en cuenta que para  el  año  2012, cuando se dictó la sentencia, regía como salario mínimo legal  mensual  la  suma de $566.700.oo, el cual se adoptó mediante Decreto 4919   de  2011,  la  cuantía para acudir a la casación civil era de $240.847.500.oo.   

Si en el presente caso ese valor corresponde  al  determinado en la sentencia, es decir, 84 salarios mínimos (daños morales)  más   $45.904.169.11   (daños   materiales),   lo   que   sumado   equivale  a  $93.506.969.11,  es  evidente  que  el  casacionista  carece  de  interés  para  recurrir  al  resultar  su pretensión inferior a la cuantía que hace viable la  impugnación extraordinaria.   

Así   las   cosas,    la   Sala   no  seleccionará  la demanda y tampoco dispondrá su intervención oficiosa en este  asunto,   al   no  vislumbrar  la  afectación  de  los  derechos  y  garantías  fundamentales de los intervinientes.   

Cabe  advertir,  para finalizar, que contra  la  presente  decisión       procede   el   mecanismo   de   insistencia  de  conformidad   con   lo  establecido  en  el  artículo  184  del  Código de Procedimiento Penal  y con  las  reglas  definidas  por  la  Sala  de  manera  pacifica  en pronunciamientos  anteriores.   

         

         En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado del tercero civilmente responsable  LEONARDO IVÁN RAMÍREZ BERNAL.   

          Contra  esta  determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los términos definidos por la jurisprudencia de la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                          FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ          GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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