40141(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 458  

          Bogotá   D.C.,   doce   (12)   de   diciembre   de  dos  mil  doce  (2012).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  la  doctora MYRIAM  DÍAZ   DE  PÉREZ,  ex  Jueza  Primera  Laboral  del  Circuito  de Barranquilla, contra la sentencia proferida el 16 de agosto de 2012  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  esa ciudad, por cuyo medio la  condenó  a la pena de ciento once meses de prisión e interdicción de derechos  y   funciones   públicas   por  el  mismo  lapso  y  multa  de  $37’748.090,77  como autora del delito de  peculado por apropiación a favor de terceros.   

HECHOS  

El Grupo Interno de Trabajo para la Gestión  del  Pasivo Social de Puertos de Colombia, mediante Resolución No. 001105 del 1  de  noviembre  de  2005,  revocó  el  acto  administrativo  No.  2325 del 10 de  noviembre      de      1995      a     través     del     cual     Foncolpuertos  concedió  a Manuel  Vicente  Hereira  Rodríguez  la  pensión    de    jubilación    ordenada    por    la    doctora   MYRIAM  DÍAZ DE PÉREZ, en su condición  de  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de Barranquilla en sentencia del 12 de  julio  de 1994; así  mismo,  compulsó  copias  de la actuación ante la Fiscalía  General de la Nación.     

Lo  anterior  en  cumplimiento del fallo de  consulta  del  3  de  marzo de 2004 emitido por la Sala de Decisión Laboral del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Pasto, por cuyo medio revocó la  sentencia de primera instancia.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  6  de  febrero  de  2006  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá abrió instrucción en contra de  la   doctora  MYRIAM  DÍAZ  DE  PÉREZ  para  investigar  la  presunta comisión del punible de prevaricato  por  acción  en concurso homogéneo y sucesivo con peculado por apropiación en  relación    con    el    proceso    laboral    instaurado    por   Manuel Hereira Rodríguez.   

El  13  de  febrero  de  20071 la Fiscalía  vinculó  mediante  indagatoria  a la doctora DÍAZ DE  PÉREZ  y el 12 de septiembre siguiente definió  la           situación           jurídica2  absteniéndose  de imponerle  medida  de  aseguramiento.  De  igual  forma,  precluyó  la  investigación  en  relación  con  el  punible  de  prevaricato  al  encontrar prescrita la acción  penal.    

El   19   de   marzo   de  2010  el  ente  acusador3,  previo  cierre  de instrucción, calificó el mérito de sumario  con  resolución de acusación en contra de la doctora  MYRIAM  DÍAZ DE PÉREZ por el punible de peculado por  apropiación  a  favor de terceros, decretando, además, medida de aseguramiento  de   detención   preventiva   sin  beneficio  de  excarcelación.  Contra  esta  determinación no se interpuso ningún recurso.   

El  2  de  junio  de 2010 la Sala Penal del  Tribunal  Superior de Barranquilla asumió el conocimiento del proceso y dispuso  el  traslado del artículo 400 de la Ley 600 de 20004; el 11 de agosto siguiente se  llevó    a   cabo   la   audiencia   preparatoria5   dentro   de   la  cual  se  resolvieron   las  solicitudes  probatorias  de  las  partes;  la  audiencia  de  juzgamiento  se  realizó  el  9  de  noviembre del mismo año y la sentencia se  profirió el 16 de agosto de 2012.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de  Barranquilla  inicia  su  análisis  destacando  los elementos estructurales del  delito  de  peculado  por  apropiación  atribuido  a  la  doctora  MYRIAM DÍAZ DE PÉREZ.   

A  continuación  señala  la  presencia de  varias  irregularidades  en  el  trámite  del  proceso  laboral  instaurado por  Manuel     Hereira     Rodríguez     que  no pueden ser toleradas por los ordenamientos laboral y penal.  Así,  destaca  cómo  la  doctora  DÍAZ  DE  PÉREZ  desconoció  el  contenido  de  la  prueba documental  obtenida  en  la  inspección judicial, acorde con la cual el demandante laboró  en  la empresa demandada entre el 4 de noviembre de 1941 y el 31 de diciembre de  1949  y  no  por espacio de 20 años como se dijo en la demanda. En tal sentido,  agrega,   las  dos  declaraciones  extra  juicio  aportadas  con  el  libelo  no  ostentaban  la fuerza demostrativa necesaria para probar el vínculo laboral por  el  lapso  exigido  en  la ley para autorizar el reconocimiento pensional.    

De   otra   parte,  advera,  la  ex  juez  desconoció   las   reglas  contenidas  en  el  artículo  229  del  Código  de  Procedimiento  Civil  sobre  la ratificación de testimonios recibidos fuera del  proceso,  pues  permitió  que  los deponentes leyeran su declaración anterior,  situación  proscrita  en  esa  receptiva.  Tampoco  se  esforzó en cumplir las  reglas      del      interrogatorio      del      canon     228     ibídem   orientadas   a   obtener  una  versión  exacta  y  completa  de  los  hechos,  al  punto  que  no  formuló el  interrogatorio   sobre   el   objeto   de   la  litis  ni cuestionó a los testigos sobre los documentos que  indicaban la ausencia del tiempo de servicio exigido en la ley.   

De ello colige que la decisión emitida por  la  procesada  el  12  de  julio  de  1994  condujo  a  la  defraudación  de la  administración      pública      en      cuantía      de      $37’748.090.77,  siendo el prevaricato el  delito  medio  para esquilmar el patrimonio público. Y aunque la ex funcionaria  no  tenía  la  disposición  material de los recursos, sí ostentaba su control  jurídico,  pues  sin  la  orden contenida en la sentencia no se habría dado el  reconocimiento     pensional     y     el     consecuente     pago     de    las  mesadas.        

En  ese  orden,  señala,  la  autonomía e  independencia  judicial  argüida por la defensa para afirmar la legalidad de la  valoración  probatoria  efectuada  por  la  procesada,  no  autorizan al juez a  apartarse  de  los  hechos  probados  y a incumplir las reglas de argumentación  fundadas  en  la  coherencia  y  la  racionalidad  y  no  en  la arbitrariedad o  capricho.   

Por  último,  en punto de la improcedencia  del  grado  jurisdiccional  de  consulta  pregonada  por la defensa, el Tribunal  considera  que  se trata de un argumento sofístico por cuanto tal situación no  comporta  que  la  actuación  de  la  procesada  sea  legítima  ni  oculta las  múltiples  irregularidades  presentes  en  el  proceso laboral examinado.    

LA IMPUGNACIÓN  

La  defensa  de  la  doctora  MYRIAM  DÍAZ  DE  PÉREZ  solicita revocar la sentencia condenatoria  por  cuanto  al proceso no se aportó evidencia sobre su actuar doloso, esto es,  en  torno  a  su  conocimiento y voluntad de infringir la ley ni se demostró la  existencia  de  vínculo  familiar  o  de amistad entre la ex funcionaria con el  demandante y/o su apoderada del cual se pueda inferir su mala fe.   

La  doctora DÍAZ  DE    PÉREZ,    opina,  valoró  las  pruebas  aportadas  y  “observó  bajo  su  lupa  que eran buenas y las aceptó”,   sin   que   fuesen  repudiadas  por  la  parte  demandada  o  denunciados  los  testigos.  Por  ende,  actuó  imparcialmente  y acorde con el  derecho.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala  es  competente  para  resolver la  alzada  de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 75 de la  Ley  600  de  2000, pues la acción penal es ejercida contra la ex Jueza Primera  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  juzgada  en  primera instancia por el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad  por  actos  realizados  en ejercicio de sus  funciones.   

Con  apego a lo normado en el artículo 204  del  estatuto  procesal  penal en mención, la labor de la Corte se contraerá a  examinar  los  aspectos  sobre  los cuales se expresa inconformidad, incluyendo,  como  lo  autoriza  esa  preceptiva,  los  temas inescindiblemente vinculados al  objeto de la censura.   

En ese orden, la Sala analizará el aspecto  subjetivo  del  delito,  esto  es  el  dolo,  único  tópico cuestionado por el  recurrente.   

     

i. Acotación Previa     

Conforme al artículo 12 del Código Penal,  “Sólo se podrá imponer  penas  por conductas realizadas con culpabilidad. Queda erradicada toda forma de  responsabilidad        objetiva”.  De  esta  manera, el ordenamiento jurídico nacional proscribe la  imposición  de  sanciones  basadas  en  el  simple  acontecer  fáctico, siendo  indispensable  demostrar  el  conocimiento  y  la  voluntad del sujeto activo de  infringir la ley.   

De  otra parte, como el medio a través del  cual  se  obtuvo  la  apropiación  de recursos públicos a favor de terceros lo  constituyó  una  decisión  manifiestamente  contraria  a la ley, resulta   pertinente  señalar  cómo  el delito de prevaricato por acción precisa de una  resolución,   dictamen  o  concepto  –en  este  caso,  sentencia–  ostensiblemente  contraria  a  la  legislación, es decir, que su  contenido  torna  notorio,  sin  mayor  dificultad,  la  ausencia  de fundamento  fáctico  y  jurídico,  y  su  contradicción  con  la  normatividad, rompiendo  abruptamente    la    sujeción    que    en    virtud    del    “imperio  de  la  ley” del artículo 230  de  la  Carta  Política  deben  los  funcionarios  judiciales  al  texto  de la  misma.   

Tal   ocurre,  por  ejemplo,  cuando  las  decisiones  se  sustraen  sin  argumento  alguno  del texto de preceptos legales  claros  y  precisos, o cuando los planteamientos invocados para ello no resultan  de  manera  razonable  atendibles  en el ámbito jurídico, v.g. por responder a  una  palmaria  motivación  sofística  grotescamente  ajena  a  los  medios  de  convicción  o  por  tratarse  de una interpretación contraria al nítido texto  legal.   

Con   ese  proceder  debe  advertirse  la  arbitrariedad  y  capricho  del  servidor  público  que adopta la decisión, en  cuanto  es  producto  de  su intención de contrariar el ordenamiento jurídico,  sin  que, desde luego, puedan tildarse de prevaricadoras las providencias por el  único  hecho  de  exponer un criterio diverso o novedoso y, de manera especial,  cuando  abordan  temáticas  complejas o se trata de la aplicación de preceptos  ambiguos, susceptibles de análisis y opiniones disímiles.   

Es  también necesario indicar que respecto  de  la apreciación de las pruebas no es suficiente con la posibilidad de hallar  otra  lectura  de  ellas, en cuanto es menester que la tenida como prevaricadora  resulte  contundentemente  ajena  a las reglas de la sana crítica al momento de  ponderar  los  medios probatorios, de manera que denote capricho y arbitrariedad  de quien así procede.   

ii) Del caso concreto  

Aduce la defensa que la doctora  MYRIAM  DÍAZ DE PÉREZ actuó sin dolo  por  cuanto  i)  no tenía vínculo familiar o de amistad con el demandante o su  apoderada,  ii) no tenía conocimiento de que estaba realizando un hecho punible  y,  iii)  valoró  las pruebas acopiadas en el proceso de forma imparcial porque  no  fueron  repudiadas  por  la  parte  demandante  ni denunciados los testigos.   

Pues bien, en punto de la configuración del  aspecto   subjetivo   del   delito,  la  Corte  encuentra  que  las  actuaciones  desplegadas   por   la   doctora   DÍAZ  DE  PÉREZ  al  interior  del  proceso  laboral  instaurado  por  Manuel  Hereira Rodríguez,  sí  evidencian  un comportamiento consciente y voluntario orientado a favorecer  la  postura del demandante en detrimento de la parte demandada y, sobre todo, de  los recursos de ésta.   

Ello por cuanto el dolo emerge de la actitud  de  la  ex  funcionaria  en  la dirección de las audiencias y en los argumentos  expuestos  en  la  determinación  proferida,  en tanto no consultan la realidad  fáctica  y  jurídica,  situación  indicativa  de su consciencia y voluntad de  vulnerar la ley.   

En  efecto,  acceder a las pretensiones del  libelo  sin  reunirse los fundamentos sustanciales de hecho y de derecho para el  reconocimiento  de  la  pensión de jubilación constituyen acciones que revelan  la  intención  de MYRIAM DÍAZ DE PÉREZ de  infringir  la  ley  con  el  claro  propósito  de favorecer al  demandante  y  permitir  su  acceso  a  recursos  estatales  a los que no tenía  derecho   en   tanto  no  reunía  los  requisitos  previstos  en  la  ley  para  pensionarse.   

Así,    la    doctora    DÍAZ  DE  PÉREZ en la sentencia del 12  de julio de 1994 resolvió,   

“1º. CONDENAR a  la  demandada  EMPRESA  PUERTOS  DE  COLOMBIA  TERMINAL  MARÍTIMO  Y FLUVIAL DE  BARRANQUILLA,  a  reconocer  y  pagar  al  señor MANUEL HEREIRA RODRÍGUEZ, una  pensión  vitalicia  de  jubilación  a partir del 24 de enero de 1989, más los  reajustes  de  ley  año por año, en cuantía inicial de $32.559,50”6.   

Y  fundó la decisión en las declaraciones  extra   proceso   rendidas  en  Notaría  por  Alfaro  Martínez  Cruz  y Salvador  Pallares  Varela, ratificadas sin mayor profundidad en  audiencias  de  trámite  del  22 de junio y 18 de agosto de 1993, en las cuales  manifestaron  que  les  constaba,  por  haber  sido  compañeros de trabajo, que  Manuel  Hereira  Rodríguez  laboró   al  servicio  de  Foncolpuertos  entre  el  4  de  diciembre  de  1941  y  el  31  de diciembre de  19627.   

Con   todo,   la   doctora   DÍAZ  DE PÉREZ pasó por alto que en la  inspección  judicial  practicada a la hoja de vida del demandante encontró que  el     señor     Hereira    Rodríguez  sólo laboró con la entidad demandada entre el 4 de noviembre de  1941  y  el 31 de diciembre de 1949. Es decir, por un lapso de 8 años, un mes y  26  días,  situación  que  no  lo  habilitaba  para  obtener  la  pensión  de  jubilación  por  no reunir los requisitos previstos en el artículo 1 de la Ley  33  de  1985  para  obtener  esa  prestación  social,  a  saber: a) 20 años de  servicios, continuos o discontinuos y, b) 55 años de edad.   

No  obstante lo anterior, la ex funcionaria  no  cuestionó  a  los  declarantes  sobre este aspecto a pesar de que ya había  practicado  inspección  a  la  hoja  de  vida  del  demandante,  por cuyo medio  constató  una  duración de la relación laboral menor a diez años. Tampoco se  refirió  en  la  sentencia  a  la  referida  prueba  documental, limitándose a  señalar  de manera genérica la configuración de los requisitos exigidos en la  ley   para  obtener  esa  prestación  social,  situación  que  sabía  no  era  cierta.   

En suma, la ex juez omitió el examen de la  prueba  indicativa  de  la inexistencia del supuesto de hecho relativo al tiempo  de  servicios  establecido  en  la  ley  para  autorizar el reconocimiento de la  pensión de jubilación.   

Nótese que la demanda laboral se presentó  el  24  de  junio  de  1992,  es  decir,  casi  20 años después de la supuesta  consolidación  del  derecho pensional (31 de diciembre  de  1962), situación que por sí misma debía alertar  a  la  juzgadora sobre la existencia del derecho ante la tardanza en el reclamo,  máxime  cuando  no  se  aportaron  pruebas  de  mayor  solidez  en  punto de la  existencia  de  la  relación laboral, esto es, recibos de nómina, certificados  de  afiliación  a  la  seguridad  social,  entre  otros  elementos.     

En  ese orden, la sentencia del 12 de junio  de  1994  proferida  por  la  doctora  DÍAZ DE PÉREZ  por  cuyo  medio  reconoce la pensión de jubilación  con  base  en  dos  declaraciones  extra  juicio,  ratificadas lacónicamente en  el   proceso,  resulta,  a  simple  vista, carente de fundamento fáctico y  jurídico,   siendo  notoria  su  contradicción  con  la  normatividad  laboral  aplicable al caso.   

En   tal   proceder   la  Corte  advierte  arbitrariedad  y  el  claro propósito de infringir la ley, en tanto se trata de  una   persona   con   amplia  experiencia  judicial8   especializada  en  derecho  laboral,  en virtud de lo cual estaba en capacidad de abordar con suficiencia la  resolución   de  un  asunto  jurídico  sencillo  que  no  demandaba  análisis  complejos o novedosos.   

Por el contrario, excluyó de valoración el  material  probatorio  que desestimaba la pretensión incorporada a la demanda y,  consecuentemente,  se  apartó de la ley laboral al ordenar la pensión para una  persona  que  no  cumplía los presupuestos establecidos en el artículo 1 de la  Ley 33 de 1985 para obtener esa prestación social.   

De  otra parte, contrario a lo afirmado por  el  impugnante,  la  inexistencia  de vínculos familiares o de amistad de la ex  funcionaria  con  las  partes no desvirtúa su actuar protervo, pues, como se ha  precisado,  el  dolo  no depende de ese tipo de relaciones, aunque eventualmente  pueden  demostrar  el  móvil, sino del conocimiento y el querer de infringir la  ley,  aspecto evidenciado en la conducta de la doctora  DÍAZ DE PÉREZ.    

Y  aunque  se consolidó el fenómeno de la  prescripción  de  la acción en relación con el delito de prevaricato, ello no  comporta  la  imposibilidad  de  reprochar  el  delito contra la administración  pública,  en  la  medida que las consecuencias del actuar del servidor público  no  se agotaron con la emisión de las decisiones. Por el contrario, sus efectos  perduraron  en  el  tiempo  en  virtud  de  las  órdenes contenidas en el fallo  laboral,  al  punto que propiciaron el despojo de recursos públicos en cuantía  de  $37’748.090.77, según  se    estableció    por    el   a   quo.   

De  acuerdo con lo anterior, los argumentos  esbozados  por  la  defensa  no logran persuadir a la Sala de la inocencia de la  doctora    MYRIAM   DÍAZ   DE   PÉREZ,  razón  por  la  cual se impone confirmar la sentencia impugnada  respecto de los motivos de inconformidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  16  de  agosto  de 2012 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Barranquilla, acorde con lo expuesto.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                              FERNANDO    ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                 GUSTAVO  ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ                

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                       JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA             

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 40 y ss del cuaderno No. 1.   

2 Cfr.  Folio 57 y ss del cuaderno No. 1.   

3 Cfr.  Folio 253 y ss del cuaderno No. 1.   

4 Ver  folio 3 del cuaderno de la causa.   

5 Ver  folio 48 del cuaderno de la causa.   

6 Cfr.  Folio 55 del proceso laboral.   

7 Cfr.  Folio 12 del proceso laboral.   

8  Acorde   con   lo   manifestado   por  la  procesada,  es  abogada  desde  1985,  especializada  en  derecho laboral y ha laborado por más de 30 años en la rama  judicial  como  empleada,  juez  promiscuo municipal, juez civil municipal, juez  civil  del  circuito y juez laboral de circuito.  Ver folio 41 del cuaderno  No. 1.     

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