39299(24-07-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Aprobado Acta No. 271.  

Bogotá,  D.C.,  veinticuatro de julio de dos  mil doce.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor de la procesada CARMELITA  GEORGINA  FANDIÑO  DE  QUINTERO,  contra el fallo de segunda instancia que  profiriera  el  Tribunal Superior de Santa Marta, fechado el 27 de septiembre de  2011,  mediante  el cual confirmó, con modificaciones, la sentencia emitida por  el  Juzgado  Cuarto   Penal  del Circuito de esa ciudad el 19 de octubre de  2010,  condenando a su representada legal, junto con Alex Alvear Alvarado, Jorge  Eliecer  García Burgos y Hernán Rafael Cafiel Calao, a la pena principal de 55  meses  de  prisión,  en  calidad  de  autores  del  delito  de hurto calificado  agravado.  Además,  se  impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas, por un lapso  igual al de la sanción aflictiva de la  libertad;  se  dispuso  el  pago  de  perjuicios  materiales  en  cuantía  de $  496.606.050,56,  y  morales  por  el equivalente a 300 salarios mínimos legales  mensuales;   y,   se   otorgó   a   la   acusada   el   subrogado  de  prisión  domiciliaria.   

La  modificación introducida por la segunda  instancia   consistió   en   revocar   la   condena   al   pago  de  perjuicios  morales.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Según  denuncia penal N° 102 del día 7  de  febrero –léase mayo- de  2007,  incoada  por  el  señor  Alfredo  José  Bateman  Pinedo,  Secretario de  Hacienda  del  Distrito  de Santa Marta, se puso en conocimiento de la Fiscalía  General  de  la  Nación  (U.R.I.) los hechos irregulares acaecidos el día 4 de  mayo  de 2007, entre las 12.48 y las 6:37 p.m., aproximadamente, sobre la cuenta  N°  56425915-8  del  Banco de Bogotá de esta ciudad, perteneciente al Distrito  de   Santa   Marta,  donde  se  realizaron  70  transferencias  electrónicas  a  diferentes  cuentas y por montos que se detallan en documento anexo, exceptuando  los   tres   últimos   movimientos  que  corresponden  a  traslados  realizados  legalmente  para  el  pago  de  nómina de los educadores del distrito. El banco  informó  de  la irregularidad a la encargada de ingresos y pagos de la entidad,  señora  Gladys Candelario, por lo que se procedió a congelar las cuentas a las  cuales  se  habían  realizado  las  transferencias  y  por  ello  en una de las  oficinas  del  Banco AV VILLAS de la ciudad de Barranquilla fueron identificados  y  capturados  por la SIJIN cuatro personas que se presentaron a retirar dineros  del ilícito”.   

DECURSO PROCESAL  

El  día  7  de  mayo  de  2007, fue abierta  formalmente  la  investigación en contra de Dallys María Argote Berdugo, Jorge  García  Burgos,  Jael  Rosmery  Castro  Castillo,  Alex  Alvear  Alvarado, Luis  Fernando Burgos Jattin y Carmelita Georgina Fandiño de Quintero.   

Después  de  recabada la indagatoria de los  investigados,  el día 23 de mayo de 2007, fue resuelta su situación jurídica,  imponiéndose  en  contra suya medida de aseguramiento de detención preventiva,  en  calidad  de  autores  de  los  delitos  de  concierto  para delinquir, hurto  calificado agravado y estafa agravada.   

Con  resolución del 7 de junio de 2007, fue  declarado persona ausente  Hernán Rafael Cafiel Calao.   

El  11  de  abril  de  2008,  fue cerrada la  investigación.  Consecuentemente,  el  19  de  junio  de  2008, se calificó el  mérito  del sumario con el proferimiento de resolución de acusación en contra  de  Alex  Alvear  Alvarado,  Jorge Eliecer García Burgos, Hernán Cafiel Calao,  Fernando  Luis  Burgos  Jattin  y  CARMELITA FANDIÑO DE QUINTERO, en calidad de  autores  de los delitos de hurto calificado agravado y concierto para delinquir;  al  primero  se  le  adiciona  el  delito  de  falsedad personal; se precluye la  instrucción  a  favor  de  Dallys  María  Argote Berdugo y Jael Rosmery Castro  Cantillo,  en  lo que toca con el delito de hurto calificado agravado, y a favor  de todos los vinculados respecto del delito de estafa agravada.   

Apelada  la  decisión por la defensa de los  acusados,  en  providencia del 29 de octubre de 2008, la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal de Santa Marta la confirmó parcialmente, pues, dispuso precluir la  investigación  por  el delito de concierto para delinquir en favor de todos los  procesados,  y  la  conducta  punible  de  hurto calificado agravado, a favor de  Fernando Luis Burgos.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de Santa Marta, despacho que en auto del 5 de diciembre de  2008,  dispuso  revocar  la  medida  de  aseguramiento  impuesta a los acusados,  quienes obtuvieron de inmediato la libertad.   

El  2  de  febrero  de  2009,  tuvo lugar la  audiencia preparatoria.   

La audiencia pública de juzgamiento comenzó  a  desarrollarse el 27 de julio de 2009, continuó el 13 de octubre de ese año,  el  21  de  mayo  y  el  31 de agosto de 2010, y culminó el 21 de septiembre de  2010.   

La  primera  instancia  profirió  fallo  de  condena  el  19 de octubre de 2010, en decisión que fue impugnada, entre otros,  por el defensor de CARMELITA  FANDIÑO DE QUINTERO.   

Acorde con ello, el 27 de septiembre de 2011,  el  Tribunal  Superior  de Santa Marta desató la alzada confirmando lo decidido  por  el  A  quo, aunque revocó la condena en perjuicios morales,  en fallo  que  ahora  es  objeto  del  recurso extraordinario presentado por la defensa de  CARMELITA  FANDIÑO  DE  QUINTERO,  a  través  de  escrito que se examina en su  corrección argumental y fundamentación lógica.   

LA  DEMANDA  

    

1. Cargo primero     

Acude  el  demandante  a  la  causal  primera  instituida  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, señalando que en la  decisión  del  Tribunal  se  incuba  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia por omisión y suposición.   

Respecto de lo primero, aduce el casacionista  que  se  omitieron pruebas trascendentes por medio de las cuales se demuestra la  inocencia  de  su  representada  legal,  en  particular,  una  letra  de  cambio  que   “respaldaba  una  deuda entre la señora  DALLYS    MARÍA    ARGOTE    BERDUGO    y   la   señora   CARMELITA   QUINTERO  FANDIÑO”,  y  “de igual  manera  se  desconoció  que  todo el acervo probatorio involucraba a la señora  ARGOTE  BERDUGO,  porque  no  se  logra  explicar  como  ella,  fue  alegremente  expulsada  del  proceso, cuando ella era depositaria de la mayoría por no decir  que   todas  las  respuestas   que  exigía  la  investigación.”   

Acerca  del  falso  juicio  de existencia por  suposición,   significa  el  recurrente  que  “los  funcionarios  instructores  y  de  conocimiento,  muy especialmente al dictar la  sentencia,  se  imaginaron,  se  supusieron,  se  amarraron  con  una  idea, sin  cimiento  probatorio  alguno,  como  era  que había un vínculo entre el señor  HECTOR  RAFAEL  CAFIL  CALLAO,  personaje  que  recibió  el  dinero (según las  declaraciones  de  ALEX  ALVEAR  ALVARADO),  y  la señora CARMELITA QUINTERO DE  FANDIÑO”,  pese  a  que no existen interceptaciones  telefónicas,  estudios,  seguimientos  de  Policía  Judicial o testimonios que  referencien algún tipo de relación entre ellos.   

Critica el impugnante, en este sentido, que se  dedujera  coautora del delito a su patrocinada legal, pese a que no se demostró  el  acuerdo  previo con los otros vinculados o la división de funciones que les  competía.   

A renglón seguido, entroniza el demandante su  particular  concepción  de  los  elementos  que  configuran la coautoría, para  después  controvertir  la credibilidad de lo expresado por la testigo de cargos  Dallys Argote.   

Después,  adelanta  un examen dogmático del  fenómeno  de  la  autoría  mediata, siguiendo a Claus Roxin, para desechar que  ello  hubiera  sucedido  respecto  del comportamiento de la acusada, pues, no es  cierto  que  esta  le hubiese ordenado a Dallys Argote adelantar el cobro de los  cheques,  advirtiendo  mendaz  la  explicación  que  al  respecto  presentó la  declarante.   

Y     concluye     preguntándose    el  casacionista:  “¿qué prueba, existe a parte (sic)  del  testimonio  sospechoso  de  la  señora  DALLYS  MARÍA ARGOTE BERDUGO, que  incrimine   a  mi  defendida?,  que  (sic)  investigación  se  hizo  sobre  los  movimientos  de  la  O.N.G  FUNDACIÓN GESTIÓN POR COLOMBIA, porque (sic) no se  investigó  ni  se  dio  credibilidad  alguna  a  lo  manifestado por la señora  CARMELITA        GEORGINA        FANDIÑO        DE        QUINTERO?”.   

    

1. Cargo segundo     

También  por la vía indirecta de violación  de  la  ley,  pero  ahora  dentro  del  error de hecho por  falso juicio de  identidad,  el  impugnante  manifiesta que se tergiversaron las declaraciones de  los  partícipes  en el hecho, en tanto, estos nunca advirtieron de la autoridad  demostrada   por   la  acusada  en  la  fundación,  sino  del  imperio  que  le  correspondía como directora del plantel educativo.   

De  igual  manera,  sostiene  el  recurrente:  “Se  tomó  la  declaración  de  la  DALLYS MARÍA  ARGOTE  BERDUGO,  como  una  verdad  incriminatoria  absoluta,  sin  dudar ni un  ápice,  se  creyeron  el  cuento  que  mi cliente la coaccionaba…”.   

Añade, con auxilio de las pautas establecidas  para  el  examen  del  testimonio,   que lo dicho por la testigo en comento  debe  entenderse  sospechoso,  dado su interés en que no se le involucrara como  partícipe en el delito.   

Seguidamente,   en   lo   que  rotula  como  “Omisión  parcial”, el  casacionista  manifiesta  que nada de lo dicho o aportado probatoriamente por la  acusada  fue  tomado  en  cuenta por los falladores, destacando que su defendida  permaneció  laborando  sin contratiempos, dado que se sabía inocente, al tanto  que Alex Alvear, otro de los condenados, trataba de huir.   

Además, acota, se omitió tomar en cuenta la  conversación  vía  Messenger  entre  Alex Alvear y el también acusado Héctor  Cafil  Calao,  en  cuanto,  nunca  mencionan  a  CARMELITA FANDIÑO DE QUINTERO:  “si  ella  hubiese estado involucrada lo lógico es  que hubieran preguntado por ella…”.   

    

1. Cargo tercero     

Incursiona  el  recurrente  en el terreno del  error  de  hecho  por  falso raciocinio para aseverar que el Tribunal violó los  postulados  de  la  sana  crítica cuando les dio credibilidad a los testigos de  cargos y desestimó lo expresado por la acusada.   

Estima el demandante que en seguimiento de las  pautas  de  la  lógica, la experiencia, las normas de procedimiento y lo que el  conjunto  probatorio  enseña,  debe  concluirse  sospechoso lo afirmado por los  testigos  de  cargo –que no  relaciona-.   

Construye,   así,   como   reglas   de  la  experiencia,  las  siguientes:  (i)  El  testigo  que  puede derivar perjuicio o  provecho  con  su  atestación,  no  suele  decir  la verdad; (ii) Cuando existe  relación  de  subordinación o dependencia con alguna de las partes, es posible  que   el   testigo  “desfigure  el  relato  de  los  hechos”.   

Ello,  trasplantado  a  lo  expresado  por la  testigo   Dallys   Argote,   afirma   el  casacionista,  permite  desestimar  su  testimonio,  ya  que  tenía interés en el asunto, reflejado en la necesidad de  no  ser  involucrada  como  partícipe,  y  tenía  vínculos  laborales  con la  acusada.   

Luego,  el impugnante aborda lo realizado por  la  testigo  en  cuestión, para significar inusual su comportamiento, propio de  una   extrema   ingenuidad,  ajena  a  alguien  con  preparación  académica  y  experiencia  en  el cargo desempeñado, motivo por el cual no es posible creer a  su manifestación de que cumplió lo ordenado por la acusada.   

Después de resumir, a manera de conclusiones,  lo  que constituyó sustento de los cargos, el demandante pide de la Corte casar  el  fallo  atacado  y  en  su  lugar  emitir  sentencia  absolutoria  a favor de  CARMELITA GEORGINA FANDIÑO DE QUINTERO.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Y  se  advierte,  no  corresponden  las  exigencias  argumentativas  planteadas   en  la  ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  a  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la  perentoria  necesidad  que  el derrumbamiento de esa doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que  rodea  los fallos de las instancias,  discurra  por  caminos  adecuados  de  claridad,  lógica  y sindéresis sin los  cuales,  sobra  recordar,  la discusión deviene en el simple debate de posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotado con el proferimiento del fallo de segundo  grado.   

         Y  es ello lo que ocurre precisamente en la demanda que se examina,  pues,   ostensible  aparece  el  interés  del  impugnante  por  contraponer  su  particular  visión  de  lo  que  la  prueba  arroja,  a  la más autorizada del  Tribunal,  utilizando  las  causales   de  casación  aducidas   apenas   como  pretexto  para  cubrir la exigencia legal de precisar el tipo de violación y su  naturaleza,   pero   desviando  completamente  la fundamentación hacia el típico  alegato   de   instancia   que   en  lugar  de  precisar  efectivo  un  yerro  y  demostrar trascendentes sus  efectos,  circula  en  torno  de  la  credibilidad  de  los  testigos,  buscando  desvirtuar  aquellos  que soportan la acusación y superlativizar la tesis de la  procesada.   

         Con   fines   eminentemente  pedagógicos,  para  que  el  defensor  de     la          procesada           entienda  por  qué habrá de ser inadmitida su  demanda,   la   Sala   reproducirá  la  reiterada  y  pacífica  jurisprudencia  establecida    acerca    de    la   forma   de   argumentar   adecuadamente   en  casación.   

         Atinente,   entonces,   a   la   violación   indirecta,   esto  se  dijo1:   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

         Teniendo   como  norte  estas  precisiones  conceptuales,  la  Sala  abordará    cada   uno   de   los   cargos   que   soportan   la   demanda   de  casación.   

    

1. Cargo primero     

         Por    dos    vías    –omisión  y  suposición-  el  demandante  señala  que el Tribunal  incurrió en el vicio de falso juicio de existencia.   

         Respecto  de  la  primera,  asegura  que  no  se  tuvo en cuenta la  existencia  de  una  letra  de  cambio  que respaldaba  la  deuda  de  la  testigo  Dallys  María  Argote,  en  favor  de  la  procesada QUINTERO FANDIÑO, lo cual  justificaría   esa   entrega   de   dinero   que   la   primera   hizo   a   la  segunda.   

         Empero,  la  afirmación  realizada  por  el  casacionista  se  aparta  ostensiblemente  de lo que la realidad enseña, pues, lejos de omitir el  sentenciador  referirse  a  ese  elemento  concreto  de juicio, utilizó amplios  apartados  del fallo, en su parte motiva, para delimitar el efecto y alcances de  la  letra  de cambio, sólo que concluyó de manera diferente  a como ahora  lo hace el recurrente.   

         Sobra  recordar  al impugnante que la primera y segunda instancias  conforman  una  unidad  inescindible para efectos de sustentación de la condena  cuando,  como  aquí sucede, comparten el mismo criterio y llegan a igual  solución,  resultando  por  lo  demás  impropio exigir que el fallo de segundo grado aborde todas y cada una de  las  aristas  fácticas,  probatorias  y  jurídicas,  cuando suficientemente se  conoce  que,  precisamente,  el Ad quem está limitado, en su análisis, por las  razones del disenso.   

        Entonces,   sin   que  quepa  duda  de  que  lo  dicho  por  la primera y segunda instancias  asoma  no  solo  concordante  sino complementario, palmario se alza que nunca se  materializó  esa  omisión  inopinadamente  propuesta  en  el  primer  cargo de  casación.   

        Y,   para   ello   solo   basta  con  remitirse  a  los folios 23  y  24  de la sentencia de primer grado, donde el funcionario diserta ampliamente  acerca  del tópico de la letra y lo que ella respalda, en contrastación con lo  expresado   por   los   testigos   de   descargos  y  la  misma  acusada,  hasta  concluir:   

“Los   testimonios  de  Juana  Cecilia  Carrillo  Alonso  y Gissette Rodríguez Cantillo son mendaces, contradictorios y  fueron  traídos  al  proceso  con el ánimo de proteger a Carmelita Fandiño de  Quintero.  Por  ello no cumplen con el cometido propuesto ni llevan credibilidad  a la mente de este operador jurídico.   

Está  demostrado  que  jamás  Carmelita  Fandiño  de  Quintero  prestó a Dallys María Argote la suma de cinco millones  de  pesos.  La letra de cambio incorporada por ella al expediente representa una  deuda   de   mínima   cuantía   contraída   por   Dallys  y  que  fue  pagada  oportunamente.”   

        La  evidente  carencia de sustento fáctico en lo propuesto por el  impugnante  torna  innecesarias  otras disquisiciones en torno de la inexistente  omisión probatoria atribuida al fallador.   

        Atinente  a  la  que dice el demandante suposición probatoria del  nexo  existente  entre  quien se advirtió principal involucrado en el desfalco,  Héctor  Rafael  Cafil,  y  la  acusada,  bien  poco tiene que decirse, pues, el  casacionista  jamás  redondea el cargo o su trascendencia y se limita a afirmar  que no existe prueba directa de esa relación.   

        Está   claro   que   el   A   quo  estableció  el  vínculo      por      vía  indirecta,  a  través de lo que  los   hechos   informan   respecto  de  la  participación  de  aquellos  en la  defraudación,  sin  que  en  un  sistema de libertad probatoria como el que nos  gobierna  sea  posible exigir algún tipo de demostración especial del tópico,  como  se  desprende  de  lo sostenido en la demanda, cuando se echa de menos una  inspección  judicial,  interceptación  telefónica,  testimonio   o   seguimiento   policial   que   lo  corroboren.   

        Lo  cierto  es que el fallador dilucidó el vínculo por el camino  inferencial,  sin que el  recurrente  controvierta  la  justeza  de  esa inferencia o delimite yerro en su  construcción argumental.   

        Y  si  ello es así, finalmente se advierte que lo discutido no es  la  inexistencia  de  prueba que soporte la conclusión, sino el contenido mismo  de esta última, en cuanto perjudica los intereses de la acusada.   

        El  A quo reconoció que no existe prueba de una relación directa  entre  la  acusada  y Hernán Cafiel, pero advirtió que como intermediario para  conjugar  estas voluntades  hacia     la    ejecución    del    ilícito,       intervino       Alex      Alvear,      también  condenado, en cuanto, cercano  a una y otro.   

        Además,  sostuvo  que  la complejidad de la ilicitud demandaba de  la  intervención  sucesiva  y mancomunada de varias personas, sin cuyo concurso  resultaba  imposible  materializar  el querer contrario a derecho, discriminando  cómo  esas  varias  actividades  se fueron desarrollando, hasta culminar con la  intervención    de    la    procesada,  que  prestó  su  fundación  para  que  a  nombre  de  esta  se  consignara    el    producto    del   delito,   obteniendo   a   cambio   jugosa  comisión.   

        El   examen   probatorio   que   permitió  elucidar  la  concreta  intervención  de  la  acusada  en  el  iter criminis, así como las inferencias  adoptadas  a  partir  de  lo realizado por los demás intervinientes,  resulta  suficiente  para  cubrir  esa  exigencia  motivacional  controvertida por el recurrente.   

        Acorde  con  lo  anotado  en  precedencia,  imperativo  se  ofrece  inadmitir el primer cargo de la demanda.   

    

1. Cargo segundo     

        De  forma  amplia  y  prolija  la Corte, en la jurisprudencia base  citada   arriba,   referenció   cómo   debe  sustentarse  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  en  concreto,  referido  a  un  yerro de lectura de lo que la prueba  contiene,  cuya  demostración asoma elemental, pues, basta con confrontar, para  el  caso  específico,  lo  que  el  testigo  narró,  con  lo  que el fallador objetivamente extrajo.   

        En  tratándose  de  tergiversación,  el  vicio  ocurre porque se  entendió    mal    el    contenido   de   ese  testimonio,  haciéndolo  decir  lo  que  en  verdad  no  dice.   

        El  cargo  formulado por el casacionista dista mucho de ceñirse a  tan  claros  parámetros,  pues, en lugar de establecer ese yerro de lectura, se  encamina  a  controvertir  la  valoración probatoria  realizada  por las instancias, derivando el ataque hacia el falso raciocinio, en  cuyo  caso  era  menester  señalar  vulnerados  los  preceptos   que   gobiernan   la   sana   crítica,   determinando  en      cuál     de     sus     tres     aristas     –ciencia,  lógica  o  experiencia-,  opera   el  fenómeno,  discriminando  la  forma  de  ocurrencia,  relacionando  cuás  es  la  regla  de  la  experiencia,  principio  científico  o  criterio  lógico  debido  aplicar  y  realizando,  en  punto de  trascendencia,  un  nuevo  examen  del  total suasorio, ya expurgado el yerro, a  efectos  de  demostrar  que sin este la decisión varía sustancialmente a favor  de la procesada.   

        Desde  luego,  esa  no  fue una labor que adelantase el demandante  así  fuese  de  soslayo,  en  tanto,  la  crítica  giró  exclusivamente,  en  evidente  alegato  de instancia, en torno de la poca  credibilidad  que  el  casacionista entrega a la testigo de cargos, soportada en  muy  particulares  apreciaciones  que  jamás  diseñan  un cargo serio y apenas  propenden  por hacer valer una muy interesada visión  de lo ocurrido.   

        Nada,  entonces,  argumentó  el  recurrente para fundar ese yerro  por  falso  juicio  de  identidad  propuesto,  motivo  por  el  cual inconcusa se ofrece la necesidad de  inadmitir el segundo cargo.   

    

1. Cargo tercero     

        Aquí   sí   bajo  el  ropaje  del  falso  raciocinio,  busca  el  demandante  demostrar  que  el  Tribunal  incurrió  en  insalvables  yerros  de  valoración de la prueba.   

        Sin  embargo,  como  es  lugar  común  en  la  integralidad de la  demanda,  esa rotulación apenas se erige en formalismo para ocuparse de su real  intención,  no  otra distinta a anteponer su criterio al más autorizado del Ad  quem,  pasando  por  alto,  como  desde  el  inicio  se advirtió, que a la sede  casacional  arriba  el  fallo  prevalido  de una doble connotación de acierto y  legalidad  sólo  controvertible  con  la  demostración  de la existencia de un  yerro,        conforme        las        causales       establecidas,  de  trascendencia  tal que obligue mutar la decisión.   

        El   impugnante,   entonces,   sigue  empeñado  en  debilitar  la  credibilidad  de la testigo de cargos, pero de manera indistinta dice vulnerados  los  principios de la lógica y las reglas de la experiencia, como si se tratase  del  mismo  fenómeno  del  conocimiento  o  pudiese  demostrarse  su  violación  por  similar camino.   

        Ahora,  lo  que el casacionista construye como supuestas reglas de  la  experiencia  pasadas  por  alto,  nunca  alcanza esa categoría, simplemente  porque  las  mismas  carecen  de  las  notas  de  universalidad,  reiteración y  generalidad   consustanciales   a   ese   tipo   inferencial   de  conocimiento,  representando  apenas  la conclusión interesada que para el soporte de la tesis  de inocencia construye sobre el camino.   

        De  esta  manera,  cuando  el  defensor  de la acusada  sostiene  que  el  testimonio  de  Dallys  Argote  Berdugo, debe  entenderse  “sospechoso”,  “de acuerdo con  la  sana  crítica,  basada  en  la  lógica,  la  experiencia,  las  normas  de  procedimiento  y  su  confrontación con los otros medios de prueba allegados al  expediente”,    convierte    en    circular   su  argumentación,  pues,  precisamente  lo  que  se  exige es demostrar cómo esas  reglas,   principios,  preceptos  y  normas  fueron  pasados  por  alto y cuál es su trascendencia.   

        Tampoco  puede  tener  buena  fortuna,  para efectos de determinar  efectivamente  materializado  un  vicio,  afirmar que cuando de las resultas del  proceso  se  puede  obtener  provecho  o  perjuicio, es posible mentir, o que la  subordinación  del  testigo  frente  al acusado puede conducir a que el primero  desfigure  su  relato,  en  tanto,  esas  son  simples  afirmaciones carentes de  respaldo  y  ni siquiera determinan posible la conclusión, o cuando menos, nada  se dijo para sustentar que en el caso examinado ello ocurrió.   

        En  suma,  el  cargo  nunca  define  cuál es el yerro propuesto o  cómo  opera  su  efecto  respecto de la totalidad de las pruebas, representando  apenas  la  posición de parte del defensor, por lo demás reiterativa y carente  de  sustento fáctico, probatorio o jurídico, razón  que torna indefectible su inadmisión.   

        No   son   necesarias  mayores  precisiones,  dada  la  ostensible  impropiedad     de    lo    expuesto    por    el    recurrente,    emergiendo    inconcusa  la  inadmisión  de  la demanda en su  totalidad   cuando,   a   la   par,   también   la  verificación  de  todo  lo  actuado  permite  advertir que no se materializaron  circunstancias  que  hagan  imperiosa la intervención  oficiosa de la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema De Justicia, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la         procesada CARMELITA  GEORGINA FANDIÑO DE QUINTERO.   

Página contiene firma  de los 7 Magistrados   

Casación   N°  39.299  –Inadmite demanda-  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTÍZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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