39262(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 239.   

Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil  doce.   

V    I   S   T   O  S   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado DANILO ORTIZ  POVEDA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Popayán,  el  12  de  abril  de  2012,  confirmatoria  de la emitida el 16 de enero de 2012  por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esa  ciudad,  en la cual se condenó al  acusado  a  la  pena  principal  de 256 meses de prisión y multa en cuantía de  2.000  salarios  mínimos  legales mensuales, como autor del delito de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes agravado.  Allí mismo se decretó  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas,  por  un  lapso de 20 años, y se negaron al procesado los  subrogados  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y prisión  domiciliaria.   

H    E   C   H   O  S   

En  el  fallo de segundo grado, se narró lo  ocurrido, de la siguiente forma:   

“Señalan las actuaciones que el 13 de mayo  de  2011,  siendo  las  20.50  horas, funcionarios de la Policía de Tránsito y  Transporte    –Seccional  Cauca,  que  se  encontraban realizando un patrullaje a la altura del kilómetro  11    de   la   vía   Villa   Rica   –Candelaria,  Glorieta  Las  Brisas  del  municipio de Puerto Tejada,  hacen  señal  de  “pare” al vehículo clase tracto-camión, tipo Brigadier,  color  gris,  marca  Chevrolet,  de  placas  TIG  -620,  afiliado  a  la empresa  Paisandú,  conducido  por  DANILO  ORTIZ  POVEDA,  quien  venía acompañado de  Jhon   Fabio  Giraldo  Giraldo,  solicitándole  al conductor autorización  para  un  registro  en  el  interior  del  vehículo.  Revisado el termoquín se  encontraron  treinta  y  cinco  (35)  bultos de fibra de diferentes colores, sin  logo,   y   que   contenían   en   su   interior   una  sustancia  vegetal  con  características  similares  a  la  marihuana.  Practicada  la prueba preliminar  homologada,  ésta  arrojó resultado positivo para Cannabis Sativa, con un peso  neto  de  1.702, 08 kilogramos, procediéndose en consecuencia a la incautación  de la sustancia y la captura de los ocupantes del vehículo”.   

DECURSO  PROCESAL   

Conforme   la  captura  flagrante  de  los  ocupantes  del  automotor,  el  14  de  mayo  de  2011,  en el juzgado Promiscuo  Municipal  de  Padilla,  Cauca, se legalizó esa aprehensión, fueron formulados  cargos  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación y porte de estupefacientes,  aceptados  por  Jhon  Fabio  Giraldo  Giraldo,  lo  que generó la ruptura de la  unidad  procesal,  y  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

Presentado   el   escrito   de  acusación  –el 10 de junio de 2011- y  asumida  competencia,  en  virtud  del reparto, por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado de Popayán, el día 9 de agosto de 2011, se celebró la  audiencia de formulación de acusación.   

El  6  de  septiembre de 2011, tuvo lugar la  audiencia preparatoria.   

Los  días 6 de septiembre y 29 de noviembre  de  2011,  se  desarrolló  la  audiencia  de  juicio  oral, que culminó con el  anuncio  del  juez  de  conocimiento  de  que  emitiría sentencia de condena en  contra  del  procesado,  como  autor  del  delito  por  el  cual  se le acusó y  solicitó condena la fiscalía.   

El  16  de  enero  de  2012, se profirió la  sentencia de primer grado, apelada por la defensa.   

El  12 de abril de 2012, se emitió el fallo  de  segundo grado, que confirmó en su integridad lo decidido por el A quo y por  ello  fue  objeto  del  extraordinario  recurso  de  casación presentado por la  defensa     en    escrito    que    ahora    se    analiza    en    su    debida  argumentación.   

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

    

1. Cargo Primero     

Lo  ubica  el demandante dentro de la causal  primera   consagrada   en   el   artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   aduciendo  que  el  Tribunal  violó de forma directa la ley   sustancial  “por  EXCLUSIÓN EVIDENTE del artículo  32  Nral.10,  del  Código Penal, y a APLICACIÓN INDEBIDA del artículo 376-1 y  384 Nual (sic),-3, de la misma obra”.   

Para soportar su tesis el demandante sostiene  que  su  representado  es persona que demuestra “una  protuberante   ingenuidad   y  mayormente  una  pobreza  intelectual”,  y  por  ello  fue  engañado  para  transportar  la marihuana,  creyendo se trataba de una carga legal.   

Debe entenderse, agrega, que el procesado no  tuvo   “capacidad  mental  o  conocimiento  de  la  tipicidad  antjurídica  de su comportamiento”, de lo  cual  se  sigue  la  inexistencia  de  dolo, estructurándose, en su sentir, una  causal de inculpabilidad.   

Pide  el  recurrente, acorde con lo anotado,  que  se  case  el  fallo  atacado y en su lugar se emita sentencia absolutoria a  favor del acusado.   

    

1. Cargo segundo     

También  dentro  del  camino  de violación  directa  de  la ley, pero ahora sosteniendo que se dejó de aplicar el artículo  7°  de la Ley 906 de 2004 (principio de presunción de inocencia y su correlato  in  dubio pro reo), el impugnante destaca que el acusado siempre ha pregonado su  completa  ajenidad  con el delito despejado por la Fiscalía, razón por la cual  su  defensa  siempre  se  ha  valido  del  principio en mención para obtener la  absolución:  “sin  embargo, el Juzgador de Segunda  Instancia,  con todo respeto, determinó que, no existían DUDAS, cuando  a  decir  verdad  son  palmarias  y  protuberantes  y  siempre  a  favor  de  ORTIZ  POVEDA”.   

Pide,  conforme a lo aducido, que se case la  decisión  del  Tribunal  y en su lugar se profiera fallo absolutorio que ampare  al procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Previo a examinar los cargos presentados por  el  impugnante  en  contra  de  la  sentencia  objeto de censura, debe relevarse  cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  la  casación  en cuanto medio de control constitucional y legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado  por  el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004, así redactado:   

“Finalidad.  El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  en  aras  de  materializar el  cumplimiento  de  tan  específicos  intereses, la Ley 906 de 2004, faculta a la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, para superar los  defectos  de  que  pueda  adolecer  la  demanda,  a  efectos  de  que  se  emita  pronunciamiento     de     fondo    –art. 184, inciso 3°-.   

          Es  necesario, sin embargo, inadmitir la demanda si, como postula el  inciso  segundo  de  la norma citada: “el demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la causal, no desarrolla los cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Atendidos  estos  criterios, ha señalado la  Corte1:   

“De  allí  que  bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

“Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

“1.  Acreditación  del  agravio  a  los  derechos    o    garantías    fundamentales    producido   con   la   sentencia  demandada;   

“2.   Señalamiento   de  la  causal  de  casación,  a  través  de  la  cual  se  deja  evidente tal afectación, con la  consiguiente   observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación propios del motivo casacional postulado;   

“3.  Determinación de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

“De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

“a)  La  de  su  numeral  1º –falta  de  aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)  La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En  tal  caso, debe tenerse en cuenta que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia  bien sea de la  vulneración  del  debido  proceso  o  de las garantías, exige clara y precisas  pautas                 demostrativas2.   

“Del  mismo  modo, bajo la orientación de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento del principio de congruencia  entre       acusación       y       sentencia3.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento   de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica   o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción4,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración   de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera    válida    al   proceso-   y   del   falso   raciocinio   –fijación   de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

La  Corte  no  estima  necesario  abordar de  manera  separada  los  dos  cargos  que  componen  el  escrito  de  impugnación  presentado  por  el  defensor  del  procesado,  pues,  ambos evidencian absoluto  desconocimiento   de   los   mínimos   rigorismos  del  extraordinario  recurso  intentado,    al    punto    que    ni    siquiera    alegato    de    instancia  representa.   

En efecto, en lo que constituye una verdadera  petición  de  principio  (yerro  lógico  que  se  construye  a partir de dejar  sentado  como  demostrado  lo que precisamente se debe demostrar), el demandante  utiliza  los dos cargos para afirmar, omitiendo reseñar algún tipo de sustento  argumental,  probatorio,  fáctico  o  jurídico,  que su representado legal fue  engañado  para  conducir  el  tractocamión que transportaba el enorme alijo de  marihuana,  sin  preocuparse  por  examinar los amplios y contundentes análisis  realizados  por  ambas  instancias  para  desvirtuar fehacientemente la tesis de  inocencia   pregonada   como   teoría   del   caso   por   el  procesado  y  su  defensa.   

Cuando  se acude a la vía extraordinaria de  impugnación,  debe resaltarse, la exigencia de fundamentación es mayor incluso  que  la  reclamada  ante  las  instancias, pues, el fallo llega a este escenario  revestido  de  una doble connotación de acierto y legalidad sólo derrumbable a  través  de  la  exposición  clara  y  detallada de un yerro ostensible, de tal  trascendencia que obliga a modificar o revocar lo decidido.   

Ese  yerro,  debe  también  precisarse,  no  corresponde  a  la  libre  e  interesada  confección del recurrente, sino a una  concreta  y específica causal que demuestre la necesidad de proteger garantías  conculcadas.   

         Con  criterio  eminentemente  pedagógico,  para  que el impugnante  conozca  en  concreto  cuál  es  la  razón  por  la  que  su demanda ha de ser  inadmitida,  la  Corte  estima  necesario  traer  a  colación la ya pacífica y  añeja   jurisprudencia   que   puntualmente   relaciona   qué   y  cómo  debe  fundamentarse en casación.   

         Atinente,   entonces,   a   la   violación   indirecta,   esto  se  dijo5   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

         Acerca  de  la  violación  directa de la ley se expuso6:   

“En  general, y frente a la demanda que se  examina,  cuando  el  casacionista se basa en la causal 1a. de casación, cuerpo  1o.,    es    decir,     violación  directa de la  ley sustancial, fundamentalmente le corresponde:   

2.1.   Afirmar   y  probar  que el  juzgador  de  2a.  instancia  ha  incurrido  en  error  por falta de aplicación  (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por aplicación indebida   (falso   juicio   de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (sobre  la  existencia  material,  sobre la validez o sobre el sentido o alcance ) de la ley  sustancial.   

2.2.  Abstenerse  de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia  de la errónea  interpretación  de la ley, ésta se deja de aplicar, o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de estas dos hipótesis y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley  pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

2.5. Si predica  aplicación indebida de  una  norma,  tiene  que  precisar  la  norma  inadecuadamente  utilizada  y  aquella que en su lugar debe ser atribuida.   

2.6. Respecto de una misma disposición legal  no   puede   predicar   simultáneamente  falta  de  aplicación  y  aplicación  indebida.   

2.7.  Indicar  en  forma clara y precisa los  fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar  las  normas  que  se  estiman  infringidas.    

2.9. Si por esta vía el proponente reprocha  al  Juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que demostrar  que  en  la  sentencia  el fallador ha reconocido formalmente la presencia de la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta de aplicación del artículo 445 del C. de. P. P.”    

El impugnante dice, en ambos cargos, que la  violación  opera  por  la  vía  directa de indebida aplicación de la ley (las  normas  que consagran el delito por el cual se condenó al procesado) o falta de  aplicación  de la misma (el artículo 7° de la Ley 906 de 2004 que consagra el  principio   de   presunción   de   inocencia),   pero   lejos  de  enmarcar  la  fundamentación  dentro de la causal propuesta, conforme arriba se transcribió,  desvía   ostensiblemente   la  argumentación  hacia  presuntos  desafueros  de  valoración  probatoria,  propios  del camino indirecto de los errores de hecho,  aunque  jamás  precisa  cuáles pueden ser esos vicios, ni mucho menos delimita  la  trascendencia de los mismos, dentro de la especificidad y dialéctica que en  la jurisprudencia transcrita se detalla.   

No  es,  por  ello, que efectivamente pueda  aducirse   la  indebida  aplicación  de  la  ley,  pues,  para  que  una  dicha  argumentación  pudiera  tener  buena  fortuna era menester aceptar los hechos y  pruebas  tal  como  los  evaluó  el  Tribunal,  asunto completamente ajeno a lo  debatido  en  la  demanda  examinada,  precisamente  ocupada  en controvertir el  examen  que  de  lo  ocurrido  y los elementos suasorios acopiados, hicieron las  instancias.   

Para  que  esa crítica por la vía directa  pudiera  tener  buena  fortuna,  cabe  señalar,  debería  haber  postulado  el  recurrente  que  el  Tribunal,  a  manera  de  ejemplo, a pesar de reconocer una  causal  de  ausencia  de responsabilidad, dejó de aplicar el artículo 32 de la  Ley  599  de 2000, o que, reconociendo la existencia de duda probatoria, no hizo  uso del artículo 7° de la Ley 600 de 2000.    

Pero  como  nada  de  ello  sucedió  y las  instancias   expresamente   advirtieron,  luego  del  correspondiente  análisis  probatorio,  que  existía  certeza  acerca  de  la  responsabilidad  penal  del  procesado,  los  cargos  se muestran huérfanos de soporte fáctico y jurídico,  razón suficiente para su inadmisión.   

Además, si se dijera que el error es apenas  de  rotulación y lo querido controvertir es la evaluación probatoria realizada  por  los  falladores,  ninguna  fortuna  comporta  la  demanda,  en  tanto, como  ampliamente  se  ha  dicho,  jamás  se  perfiló  siquiera  de  forma somera la  existencia  de  algún  tipo de vicio atacable por el camino indirecto, ni mucho  menos  se  estableció  la trascendencia del mismo, limitándose el recurrente a  anteponer  su  particular  e  interesada  visión  de  las  pruebas,  a  la más  autorizada  del Tribunal, en ejercicio puramente retórico que, ya se advirtió,  ni siquiera alegato de instancia representa.   

De  esta  manera, la aislada afirmación de  que  el  procesado es persona ingenua e iletrada que por su pobreza de espíritu  fue  engañado  por  quien  lo  contrató  para el transporte, se enfrenta a los  amplios  y  razonados  argumentos  de los falladores en los que se desvirtuó la  credibilidad  de  lo  expresado  al  respecto  por el acusado en la audiencia de  juicio oral.   

Una  a  una,  es  imperioso destacarlo, las  instancias   controvirtieron   las   distintas  manifestaciones  defensivas  del  procesado,  hasta  definir  la  completa  mendacidad que encierran, no sólo por  virtud  del test de credibilidad intrínseco practicado sino por ocasión de las  evidentes  contradicciones  existentes  con quienes pretendieron avalar la tesis  de ajenidad con la ilicitud.   

Esa   tarea  de  decantación  probatoria  realizada  por  las  instancias  nunca  fue  efectivamente  controvertida por el  casacionista   a   través   de   argumentos  serios,  en  tanto,  previo  a  la  configuración  de los cargos se  ocupó apenas de confrontar su tesis a la  ofrecida  por  la  segunda  instancia,  aunque  omitiendo  entregar soportes que  siquiera  insinúen  la  existencia  de  vicio  o error en la valoración del Ad  quem,  con  lo cual evidente asoma la total desarmonía con el fundamento propio  de  la  casación,  obligando  la  inadmisión  de  los cargos propuestos.    

Finalmente, atendido que la Corte no observa  en  el  trámite  del  asunto o lo consignado en el fallo atacado, violación de  garantías  fundamentales  que  haga  necesaria  la  intervención  oficiosa, se  inadmitirá   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del  acusado.   

Cuestión       final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con lo establecido en el Art. 186 de la Ley 906/04, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación7 como sigue:   

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la demanda de casación presentada en nombre de DANILO  ORTIZ   POVEDA,    en  seguimiento  de   las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo del presente  proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 8 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 39.153  –Inadmite  demanda-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

4 ib.  radicación 24.530   

5 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

6 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14.535   

7  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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