39146(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 239.  

Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil  doce.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación que presenta el representante de la parte  civil,  contra  el fallo de segunda instancia proferido el 2 de febrero de 2012,  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Facatativá (Cundinamarca),  mediante  el  cual  confirmó  la  sentencia  absolutoria emitida por el Juzgado  Promiscuo   Municipal   de   Viani,   en   favor   de   JOSÉ  PARMENIO  HERRERA  FIGUEREDO,    a   quien   acusó  la  Fiscalía  por  el  delito  de  hurto  agravado.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“El   señor  RICARDO  IGNACIO  RAMÍREZ  BAUTISTA,  propietario  de  la  finca  ‘San  Martín’,  ubicada  en  la  vereda  Centro  del  Rosario  del  municipio  de Vianí (Cund.)  formuló  denuncia  el  5  de junio de 2006, informando que el sábado anterior,  aproximadamente  a  las  nueve de la mañana, había sorprendido al señor JOSÉ  PARMENIO  HERRERA FIGUEREDO, encargado del secamiento del grano en dicho predio,  cuando  sacó un bulto de café del silo y lo escondió en una plantación de la  hacienda”.   

DECURSO PROCESAL  

La  denuncia  penal  fue  instaurada el 5 de  junio  de  2006,  ante  la  Inspección  Municipal  de  Policía  de  Viani. Por  consecuencia  de  ella,  el  20  de junio de 2006, la Fiscal delegada ordenó la  apertura de investigación preliminar.   

Luego  de  practicar  algunas  pruebas,  la  oficina  Fiscal  abrió  formal instrucción el 29 de junio de 2006, disponiendo  escuchar  en  indagatoria  a JOSÉ PARMENIO HERRERA FIGUEREDO, diligencia que se  cumplió el 30 de abril de 2007.   

El 3 de octubre de 2008, se declaró cerrada  la  investigación.  Consecuentemente  con  ello, el 9 de diciembre de 2008, fue  calificado  el  mérito de la instrucción, decretándose la preclusión a favor  de HERRERA FIGUEREDO.   

Empero, como esa decisión fue impugnada por  la  representación  de  la parte civil, en providencia del 30 de julio de 2009,  se  revocó  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cundinamarca para, en  su  lugar,  proferir  resolución  de  acusación  en  contra  de JOSÉ PARMENIO  HERRERA    FIGUEREDO,    en    calidad    de   autor   del   delito   de   hurto  agravado.   

Ejecutoriada  la  resolución acusatoria, el  asunto  le fue repartido, para iniciar la etapa del juicio, al Juzgado Promiscuo  Municipal  de  Viani,  oficina  que adelantó la audiencia preparatoria el 28 de  enero de 2010.   

El  día 23 de julio de 2010, se celebró la  audiencia pública de juzgamiento.   

El 14 de septiembre de 2011, se profirió el  fallo  absolutorio de primer grado, oportunamente apelado por la representación  de la parte civil.   

Finalmente,  el  2  de  febrero  de 2012, el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Facatativá, emitió la sentencia de  segunda  instancia  en la cual se dispuso confirmar la absolución proferida por  el  A  quo,  lo  que  motivó  la  impugnación  de la parte civil a través del  extraordinario  recurso  de  casación que ahora se analiza en su legitimación,  corrección argumental y debida fundamentación.    

LA DEMANDA  

Cargo único  

Lo  enfila  el  demandante  por  la  causal  primera,  cuerpo  primero, consagrada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  por  estimar  que  se  violó  la ley sustancial, en este caso el tipo penal que  consagra   el   delito   de   hurto  agravado  “por  inadecuada   apreciación   de   la   prueba  al  ser  las  sentencias  atacadas  desconocedoras  del  derecho sustancial (por error de derecho en la apreciación  de  la  prueba  y  dentro  de  lo establecido en el numeral segundo de la citada  norma  207  del  C.P.P., relativa a el numeral 3. Al no estar en consonancia con  la resolución de acusación…”.   

En  sustento  de lo propuesto, el demandante  advierte  que  la  sentencia  “carece  de  respaldo  probatorio”   para   demostrar  la  presunción  de  inocencia  pregonada  del  acusado,  en  tanto,  se desestimaron las pruebas que  demuestran  la  realización  del  ilícito  y consecuente responsabilidad en el  mismo de PARMENIO HERRERA.   

Seguidamente,  se  ocupa  el  recurrente  de  afirmar  la credibilidad que debe darse a los testigos de cargo, particularmente  el  presunto  afectado  y  su  compañera,  aunque  jamás  detalla cómo fueron  analizados  por  las  instancias  esos  testimonios o en qué radica el yerro de  valoración atribuido a los falladores.   

Y,  aunque  dice  el  impugnante formular un  segundo  cargo  dentro  del  mismo  espectro,  se  limita  a  reiterar  que  las  instancias  desconocieron la valoración probatoria consignada en la resolución  de  acusación,  restándole  credibilidad  a  lo  dicho  por  el  ofendido y su  compañera,    con   lo   cual,   en   su   sentir,   se   violó   “la  sana  crítica”,  dado que no se  tuvo  en cuenta la percepción directa de la víctima, mucho más valiosa que la  indirecta de los falladores.   

En  conclusión,  pide  el recurrente que se  case  “parcialmente” el  fallo  atacado,  en  aras de revocar la absolución dictada por las instancias y  en su lugar proferir fallo de condena en contra del acusado.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

          Es  necesario  destacar,  en  primer  lugar,  que en atención a los  requisitos  legales  consagrados  para  acudir al mecanismo extraordinario de la  casación,  el  asunto  examinado  obliga recurrir a la vía discrecional, dado,  primordialmente,  el  origen  del  fallo  de  segundo  grado,  emitido no por un  Tribunal,    sino    por    el   Juzgado   Segundo   Penal   del   Circuito   de  Facatativá.   

          En  este  sentido,  el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000,   regula  que  el  recurso extraordinario procede contra las sentencias proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  de distrito judicial o el tribunal  superior  militar,  para  delitos  cuya  pena privativa de la libertad exceda de  ocho años.   

          Entonces,  cerrada  la  vía  ordinaria  dado  que  la  sentencia no  proviene  de  un  tribunal,  era  menester  que  el  demandante  especificase la  necesidad   de   intervención   de   la  Corte,  ya  para  garantizar  derechos  fundamentales,  ora  en  el cometido de desarrollar la jurisprudencia, como así  lo impone el artículo 205, inciso último, de la Ley 600 de 2000.   

          Nada  dijo  el  recurrente  y  eso  por sí mismo es suficiente para  inadmitir  la  demanda,  pues,  si  ya  la casación, con el cumplimiento de los  requisitos  de  legitimidad  que  la  habilitan, demanda de una carga argumental  profunda,  como quiera que los fallos de instancia arriban a la Corte prevalidos  de   una   doble   connotación   de  acierto  y  legalidad,  esa  exigencia  se  superlativiza  respecto  de  asuntos  que  normalmente  no  permiten  acceder al  recurso,  en postulación excepcionalísima que por esa misma condición reclama  de justificación amplia y suficiente.   

Desde luego, si sucede que lo alegado por el  impugnante  es  que  se violaron garantías fundamentales del procesado, siempre  será   posible  aducir  que  ello  por  sí  mismo  permite  acudir  al  camino  discrecional.   

Pero, se repite, ello no exonera de la carga  procesal  de  explicar  la  necesidad  de  esa  intervención discrecional de la  Corte,  como  quiera  que se trata de dos exigencias y niveles de argumentación  diferentes,  de manera que  en primer lugar se justifique ese requerimiento  para  que  la  Sala aborde el conocimiento del asunto, y en segundo término, se  sustente   adecuada   y   suficientemente   la  existencia  del  vicio  o  yerro  trascendente   que   obliga  modificar  o  revocar  la  decisión  a  favor  del  recurrente.   

Se reitera, si ya por sí mismo el recurso de  casación  asoma extraordinario, en cuya razón la admisión de la demanda opera  consecuencia  de  que  se  cumplan  unas  pautas argumentales y de sustentación  exigentes,  el  tópico  deriva  hacia  escenarios  excepcionalísimos cuando se  verifica  que,  en sentido general, el asunto no admite de esa especial forma de  impugnación,  tornándose  imperioso  delimitar  amplia  y  suficientemente  la  materialización  de una de las dos circunstancias que habilitan el examen de la  Corte:  vulneración  de  garantías fundamentales o necesidad de desarrollar la  jurisprudencia.   

En  otras  palabras, cuando el delito por el  cual  se  condena contempla una pena legalmente establecida inferior a 8 años o  la  segunda  instancia del proceso corresponde a un juzgado, lo normal es que el  trámite  termine  con  el  fallo  del  Ad  quem,  y  sólo cuando el recurrente  argumenta  de  manera  expresa y suficiente que se impone la intervención de la  Sala  para  restañar garantías vulneradas o hacer dinámica la jurisprudencia,  es  posible,  desde  luego, si además se fundamenta cabalmente la existencia de  un  yerro  trascendente, admitir la demanda de casación. Lo contrario significa  tornar general lo que excepcional se ha fijado.   

Pero, ni siquiera el impugnante postuló que  se  hallase  en  busca de proteger derechos fundamentales y lo que de su demanda  se  deduce es apenas el interés por hacer prevalecer su criterio, en contra del  más autorizado de la segunda instancia.   

De  esta  manera,  si  la Corte no advierte,  porque  el  recurrente  se abstuvo de plantear esos tópicos así fuese de forma  adjetiva,  que  deban  protegerse derechos fundamentales o haya de desarrollarse  la  jurisprudencia,  mal  puede  admitir  una  demanda  que no se aviene con las  exigencias formales establecidas.   

Ahora,  aún  en  el evento de que se dijera  superado  ese  primer  escollo,  para la Sala es claro que los cargos postulados  por   el   casacionista   no   resisten   un   primer   análisis   de  adecuada  fundamentación,  pues, bajo el ropaje de las causales de casación contempladas  en  la norma legal, esconde su intención de contraponer sus juicios valorativos  a  los  del  juzgado  de segunda instancia, pretendiendo entronizarlos como más  contundentes,  aunque  no  alcanza a perfilar una concreta violación que por su  trascendencia obligue declarar la condena pretendida.   

Es   que,   el  escrito  allegado  por  el  representante  de  la parte civil ni controversia de instancia puede entenderse,  pues,  a través de una amalgama descontextualizada y desprolija de afirmaciones  carentes  de sustento, pretende significar la plena credibilidad de lo dicho por  el  afectado,  sin  siquiera abordar las amplias y muy fundamentadas razones que  expusieron  los  falladores para significar contradictorio e incluso desvirtuado  por otras declaraciones, lo dicho por quien se aseveró víctima.   

El  recurso  planteado se limitó a realizar  manifestaciones  generales  que  nunca verificaron su justeza o definieron en la  evaluación  probatoria  de  los  juzgados  algún tipo de yerro trascendente en  casación.   

Incluso,   lo  consignado  en  la  demanda  evidencia  incontrastable la total ignorancia que posee el casacionista respecto  de  las  causales  que habilitan acudir a tan excepcional medio de impugnación,  al  punto  de  mezclar  de  forma heterogénea y carente de ilación lógica, la  vía  directa  con  la  indirecta  de impugnación y el error de hecho con el de  derecho,  pasando  por  alto  que  a  la  sede casacional arriban las sentencias  prevalidas  de  una  doble  condición  de acierto y legalidad sólo destronable  cuando,  dentro  de  la  lógica argumentativa propia del medio impugnaticio, se  demuestra  la  existencia  de un yerro tan trascendente, que obliga modificar lo  decidido.   

Desde  luego, el casacionista no perfiló la  existencia   de   un  vicio  de  dicho  tenor,  ni  mucho  menos  determinó  su  trascendencia,  pues,  se  repite,  ocupó  su  tiempo  en hacer manifestaciones  interesadas  de  la  credibilidad  que  supuestamente  comporta  lo dicho por el  afectado,  pero  nunca abordó, así fuese de soslayo, el análisis que sobre el  particular hicieron los falladores.   

Así las cosas, la carencia de sustentación  adecuada  de  la  demanda y, primordialmente, la completa ausencia de argumentos  que   demuestren   necesaria   la  vía  discrecional,  se  erigen  en  factores  ineludibles  que  tornan  imperiosa su inadmisión, como quiera que, además, no  se  observan  violaciones  a  garantías  fundamentales, que obliguen conocer de  oficio lo actuado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el              representante  de  la  parte civil, en el  proceso   que   por   el  delito    de    hurto   agravado,   culminó    en    las    instancias    con    fallo    absolutorio     en     favor     de    JOSÉ    PARMENIO    HERRERA  FIGUEREDO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Página contiene parte  resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación   N°  39.145  –Inadmite demanda-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

Página  contiene  5  Magistrados   

Casación   N°  39.145  –Inadmite demanda-  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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