37892(07-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37892  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta N° 077  

Bogotá, D. C., siete (7) de marzo de dos mil  doce (2012)   

V I S T O S  

La   Corte  decide  la  manifestación  de  impedimento  realizada  por unos Magistrados y, a su vez, la admisibilidad de la  demanda   de   revisión   presentada   por  el  apoderado  de  la  Compañía       de       Seguros      Bolívar      S.A, contra la sentencia  dictada por el  Tribunal  Superior  de Ibagué, el  21 de junio de 2007, que la condenó al  pago  de  perjuicios  derivados  del  fallo  condenatorio  impuesto a César Liz  Lozano por la conducta punible de homicidio agravado.   

HECHOS  Y ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE   

    

1. Fueron sintetizados de la siguiente manera:     

“Por  ocasión  de  su condición de madre  soltera  de  dos  menores, de origen humilde y sin contar con medios económicos  para  su  sustento,  Niyamirle  Leonel  Rada  se trasladó desde el municipio de  Rovira-  Tolima,  hasta la ciudad de Ibagué, ocupándose transitoriamente en el  servicio doméstico.   

“Como quiera que para el mes de octubre de  1999,  CÉSAR  LIZ  LOZANO,  con  estudios  de  contaduría y propietario de dos  residencias  estudiantiles  en  el  barrio  Ambalá  de  Ibagué,  requirió una  empleada  para  ocuparse del negocio de comidas rápidas que pensaba implementar  en   el   barrio  Cañaveral  de  esa  capital,  fue  contactado  con  Niyamirle  Leonel  Rada, quien de inmediato obtuvo el trabajo.   

“Pocos  días después LIZ LOZANO, propuso  matrimonio  a su empleada, razón por la cual se iniciaron los trámites legales  para  el  efecto, hasta que finalmente, el 29 de octubre de 1999, se celebró la  unión en la Notaría Segunda de Ibagué.   

“Previo  a  celebrarse las nupcias, CÉSAR  LIZ  LOZANO, contactó a Carmen Adelina Moreno, en su  calidad de corredora  de  seguros,  solicitando  información acerca de una póliza de seguro de vida.  Acorde  con  ello,  el 25 de octubre, cuatro días antes de contraer matrimonio,  LIZ  LOZANO  solicitó  a  su nombre la expedición de una póliza por cincuenta  millones  de  pesos,  en la cual aparecen, en proporción para cada una del  50%,  como  beneficiarias  su  menor  hija Johana Carolina Liz y  Niyamirle  Leonel  Rada;  a  su vez, tomó para su futura cónyuge una póliza por el mismo  valor,  en  la cual el único beneficiario era él. Las pólizas, una vez hechos  los  diligenciamientos  del  caso,  fueron  expedidas  el  16  de  noviembre  de  1999.   

“De  igual  manera,  para  comienzos  de  diciembre de ese mismo año, Niyamirle Leonel Rada  obtuvo  de la Caja Social, un préstamo por la suma de cuatro millones de pesos,  avalado  con un seguro de vida por valor de quince millones de pesos, en el cual  aparecían  como  beneficiarios  una  de  sus  hijas, en proporción del 50%, su  madre,  en  proporción del 25%, y su esposo CÉSAR LIZ LOZANO, con el otro 25%,  aunque en el registro se le hizo aparecer como amigo.   

“La pareja ubicó su hogar en la casa 13 de  la  manzana  86  de  la Urbanización Cañaveral, Segunda Etapa, de la ciudad de  Ibagué.   

“En esas condiciones, luego de cerca de una  semana  de  padecer  disfunciones  gástricas,  el  día  12 de febrero de 2000,  Niyamirle  Leonel  Rada fue atendida en el Centro Médico La Quinta, donde se le  prestó   la   atención   médica   de   urgencia,   dándosele   de   alta  de  inmediato.   

“Finalmente,  el  día 1 de marzo de 2000,  Niyamirle  Leonel  Rada, luego de almorzar, salió de su casa a eso de las dos o  tres  de  la  tarde,  con el ánimo de realizar diligencias bancarias y adquirir  algunos productos en el supermercado.   

“En efecto, a las  4: 55 de la tarde,  realizó  una  consignación  en  la  Caja Social, y a las 5:35, compró algunos  alimentos en el supermercado Mercacentro.   

“A eso de las 6:30 de la tarde, llegó a su  casa,  pero  empezó  a  mostrar  signos de enfermedad, particularmente vómito,  razón  por  la  cual  CÉSAR  LIZ  LOZANO  la  trasladó  a  la  Unidad Médica  Santamaría, donde ingresó a las 8:00 de la noche.   

“En el centro de urgencias se le realizaron  los   procedimientos   de   urgencia  –hidratarla  y  suministrarle  droga-,  dándosele  de alta, vista la  mejoría, a las 8:45 de la noche.   

“De regreso a la vivienda común, Niyamirle  Leonel  Rada,  al  parecer  cuando se entregaba al sueño, convulsionó y murió  esa  misma  noche, sin que nada pudiesen hacer los facultativos, pues trasladada  por  CÉSAR  LIZ  LOZANO  al Centro Médico La Quinta, se anota en los registros  que a su ingreso ya había perecido.   

“Por último, el día 3 de agosto de 2000,  CÉSAR  LIZ LOZANO, presentó formal solicitud, ante Seguros Bolívar S.A., para  el  pago  de  la  póliza  tomada por la fallecida y en la cual aparece él como  único  beneficiario. Al presente el pago no se ha hecho, dado que la compañía  aseguradora  se  halla a la espera de las resultas del proceso penal”.    

2. Proferida la resolución de acusación, la  etapa  del  juicio  la tramitó el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Ibagué  que,  el  12  de junio de 2002, absolvió al procesado del delito imputado en la  resolución de acusación.   

3.  Apelado  el fallo por la parte civil, el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  el  21 de junio de 2007, condenó a César Liz  Lozano  a  la pena principal de 26 años, 10 meses y 15 días de prisión y a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el término de  10 años, como autor del delito de homicidio agravado.   

4.  Interpuesto el recurso extraordinario de  casación  por  parte  del defensor del procesado,  la Sala, el 29 de julio  de 2009, inadmitió la demanda.   

5.  El  apoderado  de  Seguros Bolívar S.A,  presentó  demanda  de  revisión.  Sin  embargo,  los  H.  Magistrados doctores  MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ, JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ,  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ, AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN, JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA  y  JAVIER  ZAPATA  ORTIZ,  se  declararon  impedidos para  conocer    de    la    actuación    por   haber   tramitado   el   recurso   de  casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A   

El  apoderado  de  la  compañía, basado en  “la  causal séptima consagrada en el artículo 380  del  Código  de  Procedimiento Civil…”, manifiesta  que funda la presenta acción en las siguientes consideraciones:   

Después  de  enunciar  los  hechos  y  las  situaciones  desarrolladas  dentro  del proceso penal, aduce que “la  Compañía  de  Seguros  Bolívar  nunca  tuvo la condición de  sujeto  procesal, ni fue llamada como tercero civilmente responsable al tenor de  lo  señalado  por el artículo 140 de la Ley 600 de 2000. La aseguradora jamás  fue  notificada de decisión alguna sobre el proceso, jamás fue citada al mismo  y   jamás   tuvo   ocasión,   por   lo   mismo,   de   ser  oída  dentro  del  proceso”.   

De  tal  manera, anota que él tiene las dos  versiones  del  proceso,  en  razón  a  las  copias de la actuación que había  solicitado antes de cometerse la denunciada irregularidad.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

De      la     manifestación     de  impedimento   

1.  Como  quiera  que  la  manifestación de  impedimento  que  realizan  algunos  de  los  Magistrados, de conformidad con el  artículo  103  de  la  Ley  600 de 2000, corresponde a ésta Sala resolverlo de  plano, así se procederá:   

La  Corte  en  diversas  oportunidades,  ha  expresado  que  el  instituto  de los impedimentos y las recusaciones tienen una  clara  fuente  constitucional,  pues,  de  un  lado,  el  artículo  228  de  la  Constitución  Política  dispone que la administración de justicia es función  pública  y  que  sus decisiones son independientes y, de otro, el artículo 230  de  la misma prevé que en sus providencias los jueces sólo están sometidos al  imperio de la ley.   

De    manera    que   en   desarrollo  del  principio     de     imparcialidad    que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales,  la legislación  procesal   ha   previsto   una   serie   de   causales   de   orden  objetivo  y  subjetivo,  por  virtud de  las  cuales  el  juez  debe declararse impedido para decidir, garantizando a las  partes,  terceros, demás intervinientes e incluso a la comunidad en general, la  transparencia   y   rigor   que   deben   presidir   la   tarea  de  administrar  justicia.   

De   acuerdo  con  la  manifestación  de  impedimento  hecha  por  los  Magistrados,  surge incuestionable que el supuesto  fáctico  se  adecua  a lo reglado en el artículo 228 de la Ley 600 de 2000, en  la  medida  que  en virtud del recurso  de casación conocieron del proceso  sobre  el  cual  hoy  se  pretende  la  revisión  de la sentencia, al punto que  confirmaron   el   fallo   de   condena   proferido   contra   de   Liz Lozano.   

En  tales  condiciones,  como  los doctores  MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ, JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ,  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ, AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN,   JULIO   ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA   y   JAVIER   ZAPATA   ORTIZ   participaron  en  el  asunto cuya revisión se pretende, conforme al  citado  artículo  228, surge evidente que se encuentran impedidos para tramitar  la  presente  acción,  razón  por  la  cual  así se  dispondrá en la parte resolutiva de esta decisión.   

Calificación  de  la  Demanda   

1. Recuérdese, en primer término, que como  lo  ha  reiterado  la  Sala  en  múltiples  ocasiones  al  ser  probable que la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria,  o  las  providencias  de preclusión o  cesación  de  procedimiento  que  se  encuentran  ejecutoriadas no contengan la  verdad  histórica,  o  que  posteriormente a su emisión la Corte haya cambiado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que  sirvió de sustento, originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal instituyó la acción de revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el  fallo   objeto  de  la  acción,  dictando  la  providencia  que  corresponda  o  disponiendo  tramitar  nuevamente el proceso desde el momento en que se indique,  según la causal invocada y que la Corporación encuentre fundada.   

Así,  la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.    Resulta,  además,  consecuente  con tal finalidad la exigencia  de   que   la   demanda   a   través   de   la   cual   se   ejerce,  reúna estrictamente los presupuestos  de  admisibilidad establecidos por el artículo 222 del Código de Procedimiento  Penal  de 2000 por el que se rige el presente asunto. De no cumplirse esta carga  por    el   accionante,   inexorablemente   conduce   a   la   inadmisión   del  libelo.     

La  norma  referida establece determinados y  precisos  requisitos que debe contener la demanda de revisión, de los cuales se  hace  depender  la  procedencia  de  la misma. Así, se tiene establecido que el  carácter  extraordinario y rogado de la acción hace ineludible el cumplimiento  de  los  referidos  presupuestos  de  la  demanda,  de  manera  que sin la plena  acreditación de los mismos no es posible la admisión de la misma.   

En  ese  orden  de  ideas,  como  se  tiene  presupuestado,   corresponde   al  demandante  identificar  la  actuación  cuya  revisión  se  reclama,  los juzgadores que intervinieron en ella, las conductas  punibles   investigadas   y  juzgadas,  las  decisiones  censuradas,  la  causal  invocada,  los  fundamentos  de  hecho  y de derecho en que se funda la acción,  así  como  la  relación  de  pruebas  aportadas  para  demostrar los supuestos  fácticos en que se apoya la petición.   

Adicionalmente,  el actor debe allegar copia  de  las  sentencias  de primera y segunda instancia con la respectiva constancia  de  ejecutoría  y,  en  las  mismas condiciones deberá hacerlo en punto de las  demás  decisiones  con  efectos  de  cosa  juzgada,  si son el fundamento de la  causal invocada.   

Pero igualmente, esa misma excepcionalidad de  la  acción  conlleva a imponer que tan sólo de la formulación y desarrollo de  la  demanda,  surja  clara la iniquidad de la condena cuya revisión se demanda.  Ello  debe  ser  así  en  cuanto el propósito de remover la cosa juzgada no es  otro  que  el  de  poner  fin  a  una injusticia, la cual debe emerger de manera  espontánea   y  no  de  esforzados  razonamientos.1   

Si lo anterior no se cumple, el ejercicio de  la acción se torna manifiestamente improcedente.   

2.  En  este  caso  se  impone  inadmitir la  demanda  de  revisión,  en la medida en que el demandante no dio cumplimiento a  varios de los presupuestos requeridos por la norma antes citada:   

En    primer  lugar,  recuérdese que esta clase de acción debe ser  incoada  con  sujeción  a  los parámetros legales y con respeto a la causal en  que  se  apoya,  en  tanto  no  es dable que la demanda se confeccione basada en  motivos  de  revisión  contenidas en la legislación civil, pues, en este caso,  no  opera  el  principio  de  integración,  en  la  medida en que el Código de  Procedimiento  Penal, dada su especialidad, contempla unos propios en procura de  cumplir con los fines previstos, por esta jurisdicción.   

Así   mismo,  tampoco  esta  acción,  en  principio,  fue estatuida para denunciar vicios de derecho o de actividad que se  hubiesen  podido  cometer durante el trámite del proceso, pues valga nuevamente  reiterar  que  el fallo ha hecho tránsito a cosa juzgada y que, como tal, tiene  el  carácter  de  definitiva  e  inmutable,  lo  que constituye un desafuero el  innovar  esos yerros, como los que se invoca, puesto que desnaturaliza los fines  de la revisión.   

De  tal  manera,  la  demanda  no reúne los  presupuestos  establecidos  en  la ley penal para su admisibilidad, toda vez que  el  accionante  se  apoyó  en  causales  extrañas  a  la  legislación penal y  pretende,  igualmente,  denunciar un presunto vicio de estructura  cometido  al  interior del proceso, argumento que, como quedó visto en precedencia, no se  compadece  con  este  instituto,  toda vez que el mismo fue estatuido en orden a  remediar  una  injusticia  y  no a corregir los errores de actividad, los cuales  debieron  ser  alegados  al  interior  del  proceso, máxime cuando la sentencia  llega amparada a esta sede por la presunción de verdad y justicia.   

Y, finalmente, es evidente que el demandante  no  dio  cumplimiento al requisito de allegar copia auténtica de las decisiones  cuya  revisión  se  demanda,  acompañadas de la certificación que indique que  las   decisiones   contra   las  cuales  se  dirige  la  acción  se  encuentran  ejecutoriadas.   

La  exigencia  de  la  aludida constancia de  ejecutoria  no  es un mero capricho del legislador, sino que ella, acorde con la  naturaleza  de la acción, resulta necesaria en cuanto, de lo que se trata es de  remover  la  autoridad  de cosa juzgada de la susodicha decisión, lo cual sólo  es posible establecer el referido documento.   

En  tale condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión del libelo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.  1.              DECLARAR    FUNDADO   el    impedimento    manifestado    por  los   doctores  MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ,  JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ, SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ,  AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN,  JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA y JAVIER  ZAPATA  ORTIZ,  Magistrados  de  la  Sala de Casación  Penal   de   la   Corte   Suprema  de  Justicia.  Por  tanto,  se  les     declara     separados del conocimiento del presente asunto.   

Contra         esta   decisión   no  procede  recurso  alguno.   

2.   INADMITIR  la  demanda  de revisión presentada por el defensor de  la  Compañía  de Seguros  Bolívar S.A.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO PERDOMO                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA                                          LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ   

                CONJUEZ                                                                                                                                     CONJUEZ   

                                                                                                             Impedido   

DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN                                WILLIAM      MONROY  VICTORIA   

CONJUEZ                                                                   CONJUEZ   

Impedido  

JUAN   CARLOS   PRIAS  BERNAL                                          YESID VIVEROS CASTELLANOS   

CONJUEZ                                                                                         CONJUEZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  La  Corte  ha  sido  insistente  en  sostener  que  cuando se plantea esta causal de  revisión,  es  indispensable,  para  la  procedencia  de  la  acción,  que  la  hipótesis  que  se  aduce  en su apoyo surja nítida de la confrontación de la  realidad  fáctico procesal con la normatividad legal, de suerte que, ab initio,  la  sentencia  revele un contenido injusto, que requiera de la intervención del  juez   de   revisión   para   su   enmienda.  Esta  exigencia,  deriva  de  dos  consideraciones,  (i)  el  carácter excepcional de la acción de revisión, que  hace  que  sólo  sea  procedente  su  apertura  a trámite en casos de evidente  injusticia  de  la  decisión,  y  (ii) la naturaleza objetiva de las hipótesis  contempladas  en  la  causal,  que  repele  cualquier  consideración  de  orden  subjetivo,  y  que  exige, para su admisión, que la eventualidad que se plantea  fluya  nítida  de  la  simple confrontación de los supuestos fácticos con los  normativos. Rad. 29523 15 de octubre de 2008     

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