36657(09-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36657   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 176.   

Bogotá  D.C.,  nueve  de  mayo  de  dos mil  doce.   

V I S T O S  

Se pronuncia la Sala sobre las peticiones de  pruebas  presentadas  por el defensor de oficio de LUIS  CARLOS  ASPRILLA  MOSQUERA, quien a la vez actúa como  defensor    público    de    JOSÉ   DELGAR   PARRA  HERNÁNDEZ  y de LUIS EDUARDO  MORA   CAICEDO  y  por  la  defensora  contractual  de  WILSON ALBERTO CONDE CHILITO,  quienes  elevaron sus pretensiones dentro del término al que alude el artículo  224 de la Ley 600 de 2000.   

ANTECEDENTES  DEL  CASO  

El  9  de  septiembre  de  1990,  militares  adscritos   a   la  Tercera  Brigada  del  Ejército  Nacional,  sostuvieron  un  enfrentamiento  armado  con  guerrilleros  del  XXIX  frente  de  las  FARC,  en  jurisdicción  del  municipio  de  Santa  Cruz  de  Guachavés,  departamento de  Nariño,  en  curso  del  cual  resultó   herido  el  soldado JULIO CÉSAR CAICEDO ANGULO.   

En la misma fecha, aproximadamente a las 4:30  p.m.,     la     religiosa     Hildegard     María  Feldman,  de  nacionalidad  suiza,  perteneciente a la  orden  de  las  Misioneras  Laicas,  se encontraba en cumplimiento de su misión  pastoral  y  de  atención  médica  a los campesinos de la región –verada  El  Sande  de  Santa  Cruz  de  Guachavés–, concretamente  en  la  casa  de  José Ramón Rojas Erazo,  sitio  en  que,  por  demás,  funcionaba  el  dispensario  de la  región.   

Cuando  la  religiosa atendía a una persona  enferma,  el  inmueble  fue  baleado por miembros de la fuerza pública y, en el  acto,  fallecieron Hildegard María Feldman  y  José  Ramón Rojas Erazo.  Además,  resultó  herido  en  una pierna el señor Hernando   García,  quien  junto  con  su  esposa    María    Graciela    Álvarez,   así   como   con   Carmen  Guelga  de  García  y  Segundo Abigaíl  García   Torres,  lograron  escapar.  Al  herido  le  colocaron  un  torniquete  y  lo ocultaron entre unas rocas de un río próximo,  mientras que los demás buscaron refugio en otra parte.   

No obstante, los militares llegaron hasta el  improvisado  resguardo  de Hernando García y ahí lo ultimaron con armas de fuego.   

Los pobladores del caserío fueron obligados  por  los  soldados  a  permanecer  acostados  en el piso de la iglesia. Luego, a  algunos  les ordenaron que trasladaran los cadáveres hasta una cancha, en donde  permanecieron  toda  la  noche,  al  tiempo que el centro de salud ubicado en la  residencia  de  José  Ramón  Rojas Erazo, fue saqueado.   

La  investigación  por  tales  hechos  fue  asumida  por  la Justicia Penal Militar, a la cual fueron vinculados el Teniente  NÉSTOR    ARMANDO    BELTRÁN    DUSSAN,  el  Cabo  Primero  WILSON ALBERTO CONDE  CHILITO,     y     los     Soldados    ROBINSON    GUILLERMO    QUIROZ   CORREA,  CARLOS ALBERTO CARDONA NAVIA,  JULIO  CÉSAR CAICEDO ANGULO,  TEMÍSTOCLES     BALANTA     CARABALÍ,   HERNÁN   VARONA  LIZCANO,       JORGE       DELGAR      PARRA  HERNÁNDEZ,  GUSTAVO  ADOLFO  CAICEDO,  LUIS  EDUARDO MORA  CAICEDO,   OMAR   EDUARDO  ÁLVAREZ  MORA,  JOSÉ ELDES  CAICEDO, LUIS CARLOS ASPRILLA  MOSQUERA,  WALTER HERNÁNDEZ  RAMÍREZ, LUIS EDGAR MONTAÑO  VALENCIA  y  ABEL  CHILLAMBO  GODOY,  a  favor  de  quienes  la  Tercera Brigada del  Ejército  Nacional con sede en Cali (Valle del Cauca), actuando como Juzgado de  Primera   Instancia,   en   proveído  del  17  de  mayo  de  1991,  cesó  todo  procedimiento  tras  declarar  que  no  existía  mérito  para convocarlos a un  Consejo  de  Guerra,  determinación que por vía de consulta fue confirmada por  el Tribunal Superior Militar mediante auto del 22 de julio de 1991.   

Contra  esa  providencia  que  adquirió  la  condición  de  cosa  juzgada,  el  Procurador 171 Judicial II Penal de Bogotá,  actuando  por  comisión  conferida  por  el  Procurador  General de la Nación,  presentó  demanda  de revisión con fundamento en la hipótesis deducida por la  Corte  Constitucional  en  la sentencia C-004 de 2003, al interpretar el numeral  3º  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, la cual está hoy regulada en el  numeral  4º  del  artículo 192 de la Ley 906 de 2004, esto es, “Cuando  después  del  fallo  en proceso por violaciones a derechos  humanos   o   infracciones  graves  al  derecho  internacional  humanitario,  se  establezca  mediante  decisión de una instancia internacional de supervisión y  control  de  derechos  humanos,  respeto  de  la  cual  el  Estado colombiano ha  aceptado   formalmente   competencia,  un  incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones  del Estado de investigar seria e imparcialmente tales violaciones.  En  este caso no será necesario acreditar la existencia de hecho nuevo o prueba  no conocida al tiempo de los debates”.   

Por  reunir  las  formalidades  legales,  la  Corte,  mediante  auto  del  9  de  junio de 2011, declaró ajustada a la ley la  mencionada                  demanda1,   disponiéndose   que   los  beneficiados  con la cesación de procedimiento fueran notificados personalmente  de  tal  determinación  a  fin  de que hicieran valer sus derechos dentro de la  presente  actuación, notificación que no pudo llevarse a cabo en relación con  NÉSTOR    ARMANDO    BELTRÁN    DUSSAN2, GUSTAVO       ADOLFO       CAICEDO3, ABEL  CHILLAMBO  GODOY4,  de  quienes  se  tuvo conocimiento que habían fallecido conforme  consta   en   los  respectivos  registros  de  defunción;  ni  con  respecto  a  JULIO CÉSAR CAICEDO ANGULO y  LUIS     CARLOS    ASPRILLA    MOSQUERA,  pese  a las diligencias adelantadas para el efecto, razón por la  cual,  después  del emplazamiento de estos últimos5,  por  auto  del 7 de marzo de  2012,  se  les  declaró  personas  ausentes  y  se les designaron defensores de  oficio6.   

Posesionados  los  defensores  oficiosos  y  reconocida  personería  a  los  representantes  judiciales  de confianza de los  demás  notificados  del  auto  admisorio  de  la demanda, se dio traslado a los  sujetos  procesales  por  el  término de quince (15) días para que solicitaran  las    pruebas    que    estimaran    conducentes7.   

Dentro del término legal, se presentaron las  siguientes peticiones:   

1)  Del  defensor  de oficio de LUIS  CARLOS  ASPRILLA MOSQUERA, quien a la  vez  actúa  como  defensor  público  de  JOSÉ DELGAR  PARRA  HERNÁNDEZ  y  de LUIS  EDUARDO  MORA  CAICEDO, quien solicita la práctica de  las siguientes pruebas:   

Se escuche en declaración al Juez Tercero de  Brigadas  con  sede  en  Cali  y  a  los Magistrados que conformaban el Tribunal  Superior  Militar,  quienes para la época dictaron las providencias por las que  se  decretó  la  cesación  de  todo procedimiento a favor de sus asistidos, en  caso  de  que  la  Corte  las  considere convenientes, necesarias o pertinentes,  “…ya  que  fue su decisión propia la adoptada en  su  oportunidad  y  basada  en  las pruebas que los condujo a tomar la decisión  conforme  a  la ley y su convicción, la que allí está plasmada…”.   

2)   De   la   defensora  de  WILSON   ALBERTO   CONDE   CHILITO,  quien  solicita las siguientes pruebas:   

2.1)  Que  se traiga como prueba trasladada,  las  declaraciones  del  Cabo Primero Rigoberto Velasco  Maldonado  (folios 19 al 22  del   C.   No.   1)   y   del   Soldado  ROBINSON       GUILLERMO       QUIROZ       CORREA      (folios 33 al 36 del C. No. 1),  para  probar  que “…fue el soldado  QUIROZ  quien  disparó  y fue quien presuntamente dio muerte al señor HERNANDO  GARCÍA,  hechos  donde no participaron directa o indirectamente integrantes del  “Equipo   de   Choque”   de   la   Contraguerrilla  “Espina  6”;  del  Cabo  Primero,  WILSON  ALBERTO  CONDE  CHILITO (folios 169 al  173  del  C.No.1),  con  la que pretende probar que el  Equipo  de Choque “Espina 6”, sólo participó en los hechos en que fue dado  de   baja   el   centinela  de  la  guerrilla;  del  Cabo  Segundo  Rubén     Darío    Guarín    Sánchez  (folios 174 al 176 C. No. 1)  y      del     soldado     TEMÍSTOCLES     BALANTA  CARABALÍ (folios 177 al 179  C.  No.  1) para demostrar que quienes participaron en  la  acción  en la que se dio muerte a Hildegard María  Feldman  y José Ramón Rojas  Erazo,  fueron  los integrantes del “Equipo de Apoyo  1”;  del  Soldado  HERNÁN BARONA LIZCANO   (folios   226   al  228  del  C.  No.  1),  porque él intervino en la muerte de Hernando  García; del Soldado GUSTAVO   ADOLFO   CAICEDO  (folios  259  al 262 C. No.1) y del Soldado  JOSÉ DELGAR PARRA HERNÁNDEZ  (folios   261   al  263  del  C.  No.  1),  porque  a  ellos  declararon  que  la guerrilla disparó primero  contra  los  militares;  de  Gladys  Concepción Rojas  Leyton  (folios  329 al 334  del   C.  No.  2),  hija  del  fallecido  José  Ramón  Rojas  Erazo,  y a quien le  consta que los guerrilleros sí estuvieron en la casa de su padre.   

2.2)   También  pide  tener  como  prueba  trasladada  la  denuncia formulada por el soldado JULIO  CÉSAR  CAICEDO  ANGULO,  que  obra en el radicado No.  13511  del  Juzgado Penal Militar de la Tercera Brigada con sede en Cali, por el  delito  de  lesiones  personales,  con  la que se demuestra que fue esta persona  quien    disparó   contra   la   casa   en   donde   fallecieron   Hildegard  María  Feldman  y José Ramón Rojas Erazo.   

2.3)  Asimismo,  pide  tener  como  prueba  trasladada  que  reposa  en  el  expediente   No.  13511  del Juzgado Penal  Militar  de  la  Tercera  Brigada  con  sede  en  Cali,  la orden de operaciones  militares  No.  091  GMCA–90  del  27 de agosto de 1990, para demostrar que se trataba de un mandato legítimo  del  que  no  podía  sustraerse  WILSON ALBERTO CONDE  CHILITO.   

Igualmente,  de  la  inspección  judicial  realizada  a las armas que fueron encontradas en poder de la guerrilla, el 25 de  septiembre  de  1990  en  el  Batallón  Boyacá  de  Pasto, para establecer que  estaban  en  buen estado de funcionamiento; de las necropsias efectuadas el día  12  de  los mismos mes y año, para corroborar que el cadáver correspondiente a  un  N.N. era en realidad el centinela  de los guerrilleros; y, la relación  de  personal  que  integraba el Equipo de Choque de la contraguerrilla “Espina  6”,  para  probar  que  ninguno  de estos militares participó en la muerte de  Hildegard  María  Feldman y  José      Ramón      Rojas     Erazo.   

2.4)  Finalmente,  aporta  un  plano  a mano  alzada  del  lugar  de  los  hechos  y  un  organigrama  operacional  de quienes  integraban el equipo de contraguerrilla.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

El  fundamento de la causal de revisión que  ocupa  la  atención de la Sala fue el informe No. 15/95 del 13 de septiembre de  1995,  expedido  por  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el Caso  11.010    (Hildegard   María   Feldman    y    otros),    en   el   cual   se  concluyó:   

“Que el Gobierno  de  Colombia  ha  dejado  de cumplir con su obligación de respetar y garantizar  los  derechos  contenidos  en los artículos 4 (derecho a la vida), 5 (derecho a  la  integridad  personal),  8  (garantías  judiciales)  y 25 (sobre protección  judicial),   en   conexidad  con  el  artículo  1.1.  y  2  consagrados  en  la  Convención   Americana sobre Derechos Humanos, del cual Colombia es Estado  parte,  respecto  de la muerte de Hildegard María Feldman, Ramón Rojas Erazo y  Hernando García.   

Que  el  Gobierno  de  Colombia  no ha dado  cumplimiento  a  las  normas  contenidas  en el artículo 2do. de la Convención  Americana  sobre  Derechos  humanos,  adoptando con arreglo a sus procedimientos  constitucionales  y  legales  vigentes,  las  medidas  legislativas  o  de  otro  carácter,  necesarias  para hacer efectivo el derecho de las personas a obtener  que  se  les  haga  justicia sancionando a los miembros de la fuerza pública en  servicio  activo,  quienes,  en desempeño de actos del mismo servicio, violaron  el derecho a la vida.”   

Acorde   con   ello,   en  el  informe  se  recomienda,   entre  otras  cosas,  que  el Estado “…continúe y profundice la  investigación    sobre    los    hechos   denunciados   y   sanciones   a   los  responsables”,  tratándose  de  una  decisión  de  instancia   internacional   de  supervisión  y  control  de  derechos  humanos.   

En   sentencia   del   24  de  febrero  de  20108,  dentro  de  una  acción  de  revisión similar a la que ocupa la  atención  de  la  Sala, se reiteró frente a la causal de revisión del numeral  4º  del  artículo  192  de la Ley 906 de 2004, que el efecto vinculante de las  recomendaciones  de  la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos, en tanto  acto  jurídico  unilateral  internacional,  tiene como única virtualidad la de  propiciar  la  revisión  de la actuación demandada por parte de la Corte, pero  no  la  de  declarar su invalidez sin que previamente la Sala haya verificado si  hubo algún tipo de violación en el desarrollo del proceso:   

“En consecuencia,  la  definición  de  si se cumple o no la causal que demanda revisar el proceso,  no  surge,  en  estricto sentido, como lo dispone el artículo 192 de la Ley 906  de  2004,  en  su  numeral  cuarto,  de  que  esa  instancia  internacional haya  establecido  mediante  una  decisión que, en efecto, se violaron las garantías  de  seriedad e imparcialidad en la investigación, sino producto de que la Corte  Suprema   de  Justicia,  una  vez  habilitada  la  posibilidad  de  examinar  el  procedimiento,  gracias  a  la  recomendación  de  la Comisión Interamericana,  encuentre  que  en  verdad  ello ocurrió así, pues, en caso contrario, dada la  carencia  de  efecto  vinculante  de  la  dicha  recomendación, a la Sala no le  corresponde  más  que  avalar  el proceso seguido en nuestro país.”   

Por  lo  tanto,  como  se  analizó  en  los  antecedentes  citados  y  así  como  también  se explicó en el fallo del 6 de  marzo  de  20089,  admitida  la  demanda  de  revisión,  la  determinación  de  si  materialmente  se  cumplen o no los requisitos consagrados en el numeral 4º del  artículo  192 de la Ley 906 de 2004, para derrumbar los efectos de cosa juzgada  de  las  decisiones  tomadas  por  la Justicia Penal Militar, gira alrededor del  establecimiento de dos cuestiones puntuales, a saber:   

La  primera, si efectivamente la conducta de  la  Fuerza  Pública,  en  este caso, de los miembros del Ejército Nacional que  fueron  favorecidos  con  la  cesación  de procedimiento, señores NÉSTOR    ARMANDO    BELTRÁN    DUSSAN,  WILSON ALBERTO CONDE CHILITO,  ROBINSON    GUILLERMO    QUIROZ   CORREA,  CARLOS ALBERTO CARDONA NAVIA,  JULIO CÉSAR CAICEDO ANGULO,        TEMÍSTOCLES        BALANTA  CARABALÍ,  HERNÁN  VARONA  LIZCANO,  JORGE DELGAR PARRA  HERNÁNDEZ,  GUSTAVO  ADOLFO  CAICEDO,  LUIS  EDUARDO MORA  CAICEDO,   OMAR   EDUARDO  ÁLVAREZ  MORA,  JOSÉ ELDES  CAICEDO, LUIS CARLOS ASPRILLA  MOSQUERA,  WALTER HERNÁNDEZ  RAMÍREZ, LUIS EDGAR MONTAÑO  VALENCIA  y  ABEL  CHILLAMBO  GODOY, debe entenderse un acto propio del servicio que  se  halle  cubierto  por  el  fuero  investigativo  propio  de la Justicia Penal  Militar;   y,  en  segundo  lugar,  se  busca  verificar  si  la  investigación  adelantada  por  esa  jurisdicción  fue  seria  e  imparcial,  o  mejor, si por  consecuencia  de  ella  no  se generó una abierta impunidad, aspectos que sólo  pueden  verificarse  al  interior  de  la  actuación  que  generó la decisión  demandada.   

No se trata aquí de definir la existencia o  no  de  responsabilidad  penal, sino de establecer, previa la revisión objetiva  del  trámite  adelantado  por  la  Justicia Penal Militar, si éste fue serio e  imparcial.   

De esa manera, resulta claro que las pruebas  solicitadas  por los apoderados de LUIS CARLOS ASPRILLA  MOSQUERA,  JOSÉ DELGAR PARRA  HERNÁNDEZ, LUIS EDUARDO MORA  CAICEDO  y  WILSON  ALBERTO  CONDE   CHILITO,   no  reúnen  los  presupuestos  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  para  su admisibilidad, toda vez que con  ellas,  lo  que  se  pretende  es  controvertir las conclusiones del informe No.  15/95  de  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos en el Caso 11.010  (Hildegard María Feldman y  otros), pero nada aportarían al establecimiento de si  la  investigación  adelantada  por  la  justicia  penal  militar  fue  seria  e  imparcial,  ya  que ello, se reitera, debe verificarse materialmente al interior  de la actuación demandada.   

No  es factible, si se trata precisamente de  la  defensa  de  los  procesados  en  cuyo  favor  se precluyó la instrucción,  solicitar  pruebas  que ratifiquen lo que necesariamente debería hallarse en el  expediente,  pues, su posición como parte contraria a la revisión es la de que  se  ratifique,  o  mejor,  se  entienda  seria,  imparcial  y respetuosa de  derechos la investigación y consecuente decisión definitoria.   

Vale  decir, esa postura de la defensa ha de  significar  que  el  proceso  y el auto que lo finiquita, se valen a sí mismos,  para  lo  cual,  obvio  resulta  señalar,  asoma completamente impertinente esa  serie de pruebas reclamadas.   

Ahora, si lo discutido es que, efectivamente,  los  uniformados  fueron  investigados por su juez natural, es esa una posición  de  parte  que  tampoco  requiere de elementos de juicio diferentes a los que ya  deben acompañar el proceso.   

Finalmente, debe reiterarse que la decisión  buscada  de  la Corte, no es definir la responsabilidad penal de los favorecidos  con  la  preclusión,  entre  otras razones, porque esa sería una nueva tarea a  adelantar  por los funcionarios competentes, en el evento de aceptarse la causal  propuesta,   sino   apenas   verificar   que   lo  postulado  por  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos, se aviene con la labor desarrollada por la  Justicia Penal Militar.   

En tales condiciones, se negarán las pruebas  impetradas por los apoderados en cuestión.   

En  mérito  de lo expuesto, la Sala  de Casación Penal de La Corte Suprema de Justicia,   

R E S U E L V E  

          Negar  las  pruebas  solicitadas por los defensores de LUIS     CARLOS    ASPRILLA    MOSQUERA,  JOSÉ     DELGAR    PARRA    HERNÁNDEZ,  LUIS  EDUARDO  MORA CAICEDO     y     WILSON     ALBERTO     CONDE  CHILITO.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

Excusa justificada  

Página  contiene  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Acción  de  revisión  N°  36.657   -Niega pruebas-  

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  C.  No. 1, fol. 54   

2  Ídem, fol. 310 al 312   

3  Ídem, fol. 313-314   

4  Ídem, fol. 315 al 318   

5  C.  No. 2, fol. 6, 79 y 18   

6  Ídem, fol. 23 al 26, 63, 65 y 66   

7  Ídem, fol. 68 y 106   

8 Cfr.  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación  Penal. Sentencias del 1º de  noviembre  de   2007,  Rdo.   26.077 y del 24 de febrero de 2010, Rdo.  31.195   

9  Radicado No. 26.703     

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