36590(09-07-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 250   

Bogotá D.C., julio nueve (9) de dos mil doce  (2012).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado CARLOS AUGUSTO COLLAZOS  CARVAJAL.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   Durante  1998  los  empleados  del  Fondo  de  Empleados  de  Coopsibaté  CARLOS AUGUSTO  COLLAZOS   CARVAJAL  (tesorero)  y  JAIME  LEONARDO  BENÍTEZ  TINOCO  (auxiliar  contable)  se apoderaron de 20 millones de pesos.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  3  de  noviembre  de  1999, fueron vinculados mediante indagatoria  JAIME  LEONARDO  BENÍTEZ  TINOCO,  CARLOS AUGUSTO COLLAZOS CARVAJAL, MARÍA DEL  PILAR  GARCÍA SOLER, LUIS JORGE PRADA ROCHA y MARÍA ELENA LUJÁN LOAIZA. DIANA  PATRICIA  VARGAS  ZAPATA  fue  vinculada  a  través  de declaración de persona  ausente.   

Se  cerró parcialmente la investigación al  primero,  quien  fue  acusado  el  30  de  mayo  de 2002 por los cargos de hurto  agravado  y  falsedad  en  documento  privado.  Este asunto se tramitó en   expediente separado.   

A  los demás procesados se les calificó el  mérito  del  sumario  el  10  de  noviembre  de  2006, así: con resolución de  acusación  contra  CARLOS  AUGUSTO  COLLAZOS  CARVAJAL,  en  calidad de coautor  responsable  de  hurto agravado y falsedad en documento privado; con preclusión  de la instrucción a los restantes.   

El  defensor  de COLLAZOS CARVAJAL apeló el  pliego  de cargos y la Fiscalía en segunda instancia, por auto del 21 de agosto  de 2007, le impartió confirmación.   

3. Tras declararse  en  el  juicio  prescrita la acción penal relacionada con el delito de falsedad  en  documento privado, el 11 de febrero de 2010 el Juzgado 44 Penal del Circuito  de  Bogotá  condenó al acusado CARLOS AUGUSTO COLLAZOS CARVAJAL, por el delito  de  hurto  agravado  por  la  confianza, a 36 meses de prisión, inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo término y a  pagarle  a la entidad defraudada, por concepto de perjuicios materiales, la suma  equivalente  a  66.5 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Se le otorgó  la condena condicional.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento y el Tribunal Superior de  Bogotá,  por  intermedio  de la sentencia recurrida  en casación, dictada  el 14 de enero de 2011, le impartió confirmación.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos, el primero de nulidad y  el segundo de violación indirecta de la ley sustancial.   

Primer  cargo.  Trasgresión  del  deber  de  investigación integral.   

Se  omitió  la  práctica  de  un  dictamen  pericial  contable  para  demostrar el valor del faltante de dinero en las arcas  del Fondo de Empleados de Coopsibaté.   

Se   trataba  de  una  prueba  conducente,  pertinente  y  útil.  Lo  primero en tanto la permite la ley; lo segundo porque  pese  al  principio  de  libertad  probatoria  es  la mejor para “afirmar  con  certeza  o  seguridad”  la  existencia  de  faltantes  en  la  contabilidad de una persona jurídica y si se  originaron  o  no  en  un delito de hurto; y útil en cuanto no está acreditado  dentro     del     proceso     el     monto     exacto    del    “supuesto” apoderamiento.   

Cierto   que   CARLOS   AUGUSTO   COLLAZOS  CARVAJAL     y   JAIME   LEONARDO   BENÍTEZ   TINOCO   se   comprometieron  documentalmente  ante  las directivas del Fondo de Empleados al pago mancomunado  de  20  millones  de  pesos.  Pero  si  se  tiene  en  cuenta que en esa suma se  incluyeron   “las  pérdidas  de  dinero  del  año  1999”       ($11.613.618.oo)       –en  las  cuales  no  pudo  intervenir  COLLAZOS  CARVAJAL  porque  en  ese año no era empleado de FECOOPSI—,  más  las  diferencias contables de  1998   ($5.978.700.oo),   la  conclusión  del  censor  es  que  “no  existe  prueba  de la real existencia de dineros faltantes en el  año   1998”   o   que,   de   haberse  presentado,  “no  existe  prueba  que  determine  el  monto  del  apoderamiento,  no  siendo  aceptable  que  se  fije este guarismo en la suma de  $20.000.000.oo,  ya  que,  tal como se dijo, en ella se incluyeron las pérdidas  de  dinero  del año 1999, junto con las diferencias contables del año 1998, en  las    cuales    supuestamente   habría   tenido   responsabilidad   penal   mi  representado”.    El    peritaje   contable,   por  consiguiente,  no  era  superfluo sino indispensable para definir si se cometió  hurto y, en caso afirmativo, si fue o no atenuado por la cuantía.   

Resultaba  posible  su  práctica  sobre los  soportes  aportados  por los denunciantes y la parte civil. Y aunque la decretó  la  Fiscalía  en  el  sumario,  debido  a  negligencia oficial no se practicó.  Simplemente  se  limitó  el instructor a pedirle al Grupo de Contadores del CTI  su  realización,  recibiendo como respuesta que “por  el  escaso número de peritos” no era posible atender  la misión. No se intentó otra solución.   

El  resultado  del  dictamen  habría  sido  favorable        al        procesado       en       cuanto       “concluyera”    que   las   diferencias  contables  “fueron aclaradas, ajustadas o conciliadas  contablemente”,  caso  en  el  cual  “no  se  trataría de dineros faltantes” y  no cabría responsabilidad penal.   

De  todas  formas,  en  la  medida que de un  peritaje  puede  pedirse  su aclaración o adición, o ser materia de objeción,  si  su  resultado  fuese  adverso  a los intereses del procesado “se  hubiese  tenido  la valiosa oportunidad de tornar lo negativo en  positivo  gracias  a  las posibilidades que el legislador ha brindado en materia  de controversia de la prueba pericial”.   

Habría  podido concluir el estudio, de otro  lado,  que  se  manipuló  el  sistema contable con la finalidad de sustraer los  recursos  del  Fondo  de Empleados. En esa hipótesis se tendría hoy la certeza  del  monto  por el cual debería declararse la responsabilidad penal de COLLAZOS  CARVAJAL,  definitorio  para demostrar la materialidad del hurto y si fue o  no   atenuado.   Esto   en   atención   a   la   imposibilidad  “de  tener  como  monto de lo apropiado la suma de $20.000.000.oo, ya  que   esta   cifra   incluye   tanto  los  faltantes  correspondientes  al  año  1999”,  en  los  que no pudo tener participación el  procesado   y   respecto  de  los  cuales  ya  fue  condenado  BENÍTEZ  TINOCO,  “como  las  diferencias  contables  aducidas  por la  parte  denunciante,  correspondientes  al  año  1998, en las cuales sí podría  ser  responsable” COLLAZOS CARVAJAL.   

La  omisión  probatoria  fue  trascendente  porque  cualquiera  de  los posibles resultados a que se hizo alusión, habrían  sido  suficientes  para  mejorar la situación del inculpado. Las demás pruebas  obrantes  en  el proceso quedarían sin piso “dado su  escaso  valor  probatorio”. El documento suscrito por  BENÍTEZ  y  COLLAZOS,  en  el  que  se  hacen responsables económicamente para  cubrir   las   diferencias   contables,   en   primer   lugar,   “no  es  prueba  de  confesión”. Tampoco  evidencia  de  responsabilidad  penal  sino sólo “un  acto  de  asunción  de  la  responsabilidad  civil  derivada  del alto grado de  responsabilidad  y  compromiso”  del  procesado.  En  cuanto  a  la versión de BENÍTEZ TINOCO, mediante la cual incrimina a COLLAZOS  CARVAJAL,    tiene    “escaso    valor”  debido  a  que  el mismo afirmó que el documento a través del  cual   lo   responsabilizó  “tuvo  como  origen  la  sugestión   o   la   influencia   de  sus  superiores  en  FECOOPSI”.  BENÍTEZ  TINOCO, además, no quiso bajo juramento ratificarse  “en  las  denuncias  o  incriminaciones”  contra el ex tesorero del Fondo. Eso le resta toda credibilidad  a su dicho.   

Los  indicios deducidos en la sentencia, por  último,  son  contingentes.  Se  soportan  en  los testimonios de referencia de  María Elena Luján Loaiza y María del Pilar García Soler.   

La  prueba  contable,  en  fin, habría sido  demoledora  y  “tenido la capacidad para derruir los  argumentos  que  fundamentaron  el fallo de condena”.   

La nulidad debe decretarse a partir del auto  de cierre de la instrucción.   

Segundo cargo.  

El  juzgador incurrió en error de hecho por  falso  raciocinio  en la valoración de la prueba de indicios. Los deducidos por  el  Juez de primera instancia fueron los de presencia en el lugar de los hechos,  mala  justificación  y  de  oportunidad  para  delinquir.  Se trata de indicios  contingentes  y  leves  porque  “si bien el juzgador  realizó  sus raciocinios basado en las pruebas de los hechos indicadores, no es  posible  desconocer que dada la precariedad de las mismas, no es posible arribar  a  la  conclusión  de  que  nos  encontramos  frente  a  indicios  contingentes  graves”.  Se  carecía,  en consecuencia, de certeza  para condenar.   

Las  pruebas  que  apoyan el hecho indicador  “sufren  de  graves problemas que si bien no afectan  su  validez, al menos si dejan en graves problemas su valoración, tales como el  tratarse   de   versiones   de   escasa  credibilidad  o  de  meras  pruebas  de  referencia”.   

El   documento  suscrito  por  BENÍTEZ  y  COLLAZOS,  en  efecto,  no es confesión ni evidencia directa de responsabilidad  penal.  El  mismo,  e igual la versión incriminatoria del primero en contra del  segundo,  son  pruebas  “de escaso valor”  por  las  razones  dichas  en  el anterior cargo. Acerca de los  indicios,  adicionalmente,  reiteró  el  recurrente lo sostenido en el reproche  inicial.   

Es  claro,  entonces,  que  “dadas   las  dificultades  que  afectan  la  valoración”  de  los  medios probatorios que sirvieron de sustento al fallo,  mal  se  puede  con  los mismos construir indicios graves de responsabilidad que  analizados   en   conjunto   den   la   certeza   necesaria   para  condenar  al  acusado.   

Le  solicita  la  defensa  a  la  Sala,  en  consecuencia, casar la sentencia y absolver al sindicado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.   En   los  fundamentos  de  la  sentencia  impugnada,  que es indispensable tener en cuenta  para  poder definir si el cargo de transgresión del principio de investigación  integral  lo  planteó el censor debidamente o no, empezó el Tribunal por dejar  claro  que  el  hurto  es el apoderamiento de un bien mueble sin importar que el  beneficiado  con  la  conducta sea el autor o un tercero. Admitió enseguida que  la  carta  suscrita  por  CARLOS  AUGUSTO  COLLAZOS y JAIME LEONARDO BENÍTEZ, a  través  de  la  cual  se  hicieron  responsables  ante  la  entidad perjudicada  “de     una     diferencia     por    valor    de  $20.000.000.oo”,  no  constituía  confesión.  Este  documento,  no  obstante,  aunado  a  la  sindicación  que  hizo BENÍTEZ en su  indagatoria  en  contra  de COLLAZOS, más las explicaciones insatisfactorias de  éste,  condujeron  a  la  Corporación  judicial a considerar demostrada, en el  grado  de  certeza,  la  responsabilidad penal del último en el delito de hurto  por la cuantía atrás indicada.   

“…obra   la  sindicación   –dijo  el  fallo—  que  en contra de  COLLAZOS  CARVAJAL  hace  en  forma  directa  su  ex compañero de trabajo JAIME  LEONARDO  BENÍTEZ  TINOCO, quien ante las directivas de la Cooperativa informó  sobre  la  defraudación  cometida  para el año 1998 en coparticipación con el  procesado,  quien  ostentaba  la  calidad  de  tesorero y de la secretaria Diana  Vargas,  señalando  sin ambages que los aportes en mínima cuantía que hacían  los  afiliados  en  forma  directa  eran sustraídos por ellos, aprovechando las  falencias  del  sistema  contable,  con  la  promesa, incumplida, de retornarlos  oportunamente”.   

A  continuación  se  expresó  en  la misma  providencia:   

“Démonos cuenta  que  no  se  vislumbra  en  la  actuación ánimo vindicativo o circunstancia de  animadversión  entre  BENÍTEZ  TINOCO y COLLAZOS CARVAJAL, que permitan restar  credibilidad   a  sus  dichos;  por  el  contrario  cuando  el  primero  de  los  mencionados  es  sorprendido  para el año 1999 sustrayendo sumas dinerarias del  arca  de  la Cooperativa, aceptó su ilícito proceder sin inmiscuir a terceros,  a  pesar  de  la cuantiosa suma que debió cancelar ($11.613.618.oo), tal y como  lo  certifica  la  entidad  perjudicada  y al referir lo acontecido para el año  1998,  en forma coherente y sin dubitación alguna señaló la labor mancomunada  de  los tres empleados para la sustracción del dinero que en efectivo ingresaba  y  que  fue  valorado  en  la suma de 20 millones de pesos, sin que frente a tal  sindicación  el  acusado  COLLAZOS  CARVAJAL  hiciera pronunciamiento alguno de  rechazo”.   

Si  COLLAZOS  no  tenía nada que ver con la  sustracción  indebida de los aportes de los afiliados al Fondo de Empleados, no  habría  suscrito  el documento haciéndose responsable con el auxiliar contable  del  faltante  de  los 20 millones de pesos. Esta admisión de participación en  el  desfalco, entonces, aunada “a la sindicación que  en  su  contra  hizo BENÍTEZ TINOCO”, quien antes de  la  indagatoria  la  había  sostenido  “frente a los  testigos”  María  Beatriz  Cubillos Mayorga y Julio  Alfredo  Infante  Galindo, “no deja duda alguna de su  responsabilidad   en   el  ilícito”,  concluyó  el  ad quem.   

BENÍTEZ   TINOCO   dejó   claro   en  su  indagatoria,  en efecto, que en 20 millones de pesos establecieron la suma de la  cual  se  apropiaron  con  CARLOS  COLLAZOS  y  Diana Vargas. “…cuantifiqué       esa      suma      o      rubro      –fueron    sus   palabras—  en un valor de 20 millones de pesos,  dividido  entre  las tres personas que dispusimos de esos dineros y del cual nos  hicimos  cargo  posteriormente,  el  señor  CARLOS  COLLAZOS y yo, mediante una  carta  dirigida  al  señor  José  René  Aguirre,  en  la cual aceptamos dicha  responsabilidad  y  le  solicitamos  nos  conceda  un  plazo  de  dos años para  cancelar  la  totalidad de ese dinero, ya que no teníamos este en la actualidad  porque   lo   utilizábamos   para   pagar  deudas  y  otros  gastos…”.   

Ahora  bien:  si se tiene en cuenta, como se  expresó  en la sentencia, que los coautores del hurto responden por el total de  lo  sustraído, independientemente de cuánto se benefició cada uno, es notable  que  el  casacionista  incumplió con su carga de demostrar la trascendencia del  dictamen  contable  omitido.  No  puede  pretender  que  ese  peritaje, del cual  planteó  como resultados posibles todos los que naturalmente pueden seguir a un  estudio     de     ese     tipo     –incluyendo  como  tal  la oportunidad de crítica y objeción de uno  adverso     a     su    representado—,  sirva  al  propósito  de  llevar  a la Corte a vislumbrar que la  orientación  de la sentencia habría sido distinta y favorable al procesado, de  haberse contado con el medio de prueba.   

En   realidad  la  supuesta  irregularidad  denunciada  fue el pretexto del censor para presentar su lectura personal de los  medios  de prueba, consistente en que dentro de los 20 millones de pesos por los  que  COLLAZOS  CARVAJAL  se  comprometió  a  responder,  se encontraba una suma  superior     a     11     millones     correspondiente     a     “diferencias  contables” de una época en  la  que  el  mismo  ya  no  laboraba  en  el  Fondo de Empleados de Coopsibaté.   

Si  esa  conclusión,  e  igual  aquella  de  acuerdo  con la cual en 1998 el “faltante”   de   dinero   ascendió  a  $5.978.700.oo,  derivaban  de  las  evidencias  procesales,  ha  debido  el  defensor,  en  un cargo diferente desde  luego,  identificar  los  errores  probatorios  que  condujeron  al  juzgador  a  declarar  probado que se estructuró el delito de hurto por valor de 20 millones  de pesos.   

En  razón  del reproche examinado, pues, no  hay lugar a la admisión de la demanda.   

2.    Igual  determinación  cabe  en  relación  con  la  censura final, mediante la cual le  atribuyó  la  defensa  al  fallador,  en  relación  con  la prueba indiciaria,  incurrir en error de hecho originado en falso raciocinio.   

El  ataque  en  casación del indicio, como  prueba  que  es,  puede  recaer  en cualquiera de los elementos que lo integran.   

“Si la equivocación se predica del hecho  indicador  y  se toma en consideración  que debe estar demostrado con otro  medio  de  prueba –expresó  la   Sala   en   otra   oportunidad  y  lo  reitera1—,  los   errores   susceptibles   de   plantearse   son  tanto  de  hecho  como  de  derecho.    

“De  hecho,  porque  la  prueba  de  la  circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto; o porque pudo haberse dejado de  apreciar  otro  medio  demostrativo que la neutralizaba o disolvía; o porque se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía; o  porque  el  proceso  de valoración que condujo a la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la sana crítica.   

“De derecho, porque el juzgador pudo haber  admitido   y   valorado   como   prueba  fundante  del  hecho  indicador  alguna  irregularmente  aportada  al  proceso  y  por  lo tanto inválida.  Como en  ningún  caso  la  prueba  indiciaria  está dentro del proceso penal sometida a  tarifa  legal,  es  obvio  que  frente  a  ella la modalidad de error de derecho  conocida  como  falso juicio de convicción no es susceptible de ser propuesta a  través del recurso extraordinario de casación.   

“Ahora bien, cuando el error se predica de  la  inferencia  lógica,  ello  supone –como       condición       lógica       del      cargo—aceptar  la  validez  de la prueba del  hecho  indicador,  ya que si ésta es discutida sería un contrasentido plantear  al   tiempo  algún  defecto  del  juicio  valorativo  en  el  marco  del  mismo  ataque.   Existe  la  posibilidad, no obstante, de refutar el indicio tanto  en  la  prueba  del  hecho indicador como en la inferencia lógica, sólo que en  cargos distintos y de manera subsidiaria.   

“La  inferencia  lógica,  entonces,  es  atacable  en  casación.   Pero en atención a que la misma es el resultado  de  un proceso intelectual valorativo, la única vía posible para hacerlo es el  error  de  hecho  por  transgresión  ostensible  de  los  principios de la sana  crítica.   La  hipótesis  supone,  por lo tanto, la aceptación del hecho  indicador  y  la demostración de que el juzgador realizó un juicio de valor en  contravía  de  las  leyes  de la ciencia, los principios de la lógica o de las  reglas  de  la  experiencia.   Así  las  cosas,  para  que  el cargo quede  correctamente  formulado  es imprescindible concretar el error y demostrar cómo  ha  sido  transgredida  o  desconocida  una  ley científica, un principio de la  lógica  (que  no  niegue ni desconozca la unidad del ser) o una regla constante  de  la  experiencia  común  o aceptada y practicada en medios especializados en  una  determinada  materia.   Se  precisa,  además  y  ello  es  obvio,  la  fundamentación   correspondiente   a  la  trascendencia  del  error”.   

En  la  censura  casacional  de  la  prueba  indiciaria  debe tenerse en cuenta, además, que en atención a su naturaleza su  apreciación  es  necesariamente conjunta, siendo la concordancia y convergencia  de  los  indicios,  o  la  forma  como se articulan entre sí, de donde surge la  fuerza  demostrativa  que le otorga el juzgador al conjunto indiciario, también  susceptible   de   reproche   con   fundamento  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   “Este ataque, que implica aceptar  el  hecho  probado y la inferencia lógica que en cada caso realizó el Juez, le  impone  al  censor demostrar que en el proceso intelectual a través del cual se  vincularon  los  diferentes  indicios,  se  desbordaron  las  reglas  de la sana  crítica  y  que  de  no  haberse  incurrido  en  el  error otra hubiera sido la  decisión,  lo cual lo obliga a desvirtuar los demás fundamentos probatorios en  los   que  eventualmente  se  encuentre  fundamentada  la  sentencia”2.   

En  el  presente  caso  el  recurrente  no  acreditó   ningún   error  del  ad  quem.  Siguiendo  la  lógica  del primer cargo, en el cual descalificó  los  fundamentos  probatorios  de  la  sentencia  sin  asociar  la crítica a la  comprobación  de  alguna  equivocación  susceptible de ataque en casación, se  limitó   a   concluir   que   los   indicios   deducidos  eran  “contingentes   y  leves”,  debido  a  la  “precariedad”  de  los  medios de prueba a partir de los cuales se les construyó.   

Traduce lo anterior que el defensor dirigió  el  reproche  en  contra  de  los  hechos  indicadores,  aunque  en ningún caso  precisó  siquiera en cuál error de hecho o de derecho se incurrió. Le bastó,  en  términos  generales,  con  afirmar  categóricamente que las pruebas que se  tuvieron  en  cuenta  para condenar eran de escaso valor, como si una expresión  así  del  demandante  en  casación  fuese suficiente para persuadir a la Corte  acerca   de   la   existencia   de   un  error  de  juicio  que  deba  entrar  a  corregir.   

3.  Se  trató la  demanda,  en  fin,  de  la oposición del censor a la valoración probatoria del  Tribunal.  Por  consiguiente, la Sala la inadmitirá, no sin advertir que no hay  lugar  a  casar  de oficio la sentencia en consideración a que una vez revisada  la   actuación   no   se  evidencia  quebrantamiento  alguno  de  los  derechos  fundamentales de los sujetos procesales.   

Por lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado       CARLOS       AUGUSTO       COLLAZOS      CARVAJAL.   

          Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           LUIS    GUILLERMO    SALAZAR  OTERO              

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                      JAVIER ZAPATA  ORTIZ                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  .  Sentencia    de   casación   del   20   de   octubre   de   1999.   Radicación  11.113.   

2  .  Sentencia   de   casación   del   14   de   noviembre   de   2002.  Radicación  15.980.     

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