36006(30-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36006  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  206.     

Bogotá,  D. C., treinta (30) de mayo de dos  mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúnen los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la Sala las demandas de  casación   presentadas   por   el   Fiscal  Tercero  Especializado    y   la  representante  de  las  víctimas, contra el fallo del  Tribunal    Superior    de    Sincelejo1,  que  revocó la  pena   de   26  años      y     ocho     (8)   meses  de  prisión,     impuesta    por    el    Juzgado    Penal   del   Circuito   Especializado   de   la   misma  ciudad,  contra EDUARDO JOSÉ  DE  LA  OSSA  ACOSTA,  por  el  delito de desaparición  forzada  de  personas.    

A   N   T   E   C   E  D  E  N  T  E  S   

Para la Sala es pertinente traer a colación  los  hechos  y parte de la actuación procesal, por la que fue responsabilizado,  en  otra  actuación  penal,  EDUARDO JOSÉ DE LA OSSA  ACOSTA,    tal y como sigue:   

1.   El  23  de  septiembre  de  2009,  el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Sincelejo,  condenó   a  EDUARDO  JOSÉ  DE  LA  OSSA  ACOSTA, a las  penas  de  veintinueve  (29)  años  y dos (2) meses de prisión, multa de 1.400  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un lapso de 20 años; por otro  lado,  le  negó  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.    

2.   El  12  de  noviembre  siguiente,  el  Juez  Plural  de ese Distrito judicial al resolver el  recurso  ordinario  de  apelación,  modificó  las  sanciones principales a él  impuestas,      dejándolas      en     trescientos  treinta   (330)   meses  o  su  equivalente     en     veintisiete     (27)  años,  quince  (15)    días    de    prisión  y  multa  de 840  smlmv.   

3.  Los  sucesos  objeto  de  reproche  penal  contra EDUARDO JOSÉ DE LA  OSSA  ACOSTA,  fueron  narrados  por  el  Tribunal  de  Sincelejo,  de la siguiente  manera:   

El  día  29  de mayo de 2009, a eso de las  9:00  a.m.,  EDUARDO  JOSÉ  DE  LA  OSSA ACOSTA llegó al Juzgado Tercero Penal  Municipal  de Sincelejo, ubicado en las instalaciones del Palacio de Justicia de  Sincelejo,   donde   la  joven  LÍA  PATRICIA  NASSSER  GAVIRIA  realizaba  sus  prácticas  judiciales,  ofreciéndole  material  de estudio para un trabajo que  supuestamente   tenía   que   realizar,   pues   ambos   eran   estudiantes  de  derecho.   

Las  dos personas abandonaron el edificio a  bordo  de  una  motocicleta, conducida por EDUARDO JOSÉ, dirigiéndose hasta la  residencia  de  éste,  ubicada  en la Carrera 24 No. 8 A-17, barrio la Palma de  Sincelejo,  donde  vivía  en  compañía de una hermana y su esposo. Estando en  dicho  inmueble, EDUARDO JOSÉ mandó a la empleada doméstica a que le comprara  una  gaseosa  en la tienda, quedando LÍA PATRICIA sentada en la sala de la casa  y  una  vez  regresó encontró a de LA OSSA ACOSTA encerrado en el cuarto de su  hermana, no viendo por ninguna parte a LÍA PATRICIA.   

Momentos  después, EDUARDO JOSÉ salió de  la  habitación y envió a la empleada nuevamente a la tienda, esta vez a que le  comprara  galletas,  pero antes de que aquella llegara a la tienda fue alcanzada  por  EDUARDO  JOSÉ,  quien  trasportaba  en su moto criptón un tanque de color  azul  oscuro usado en la casa para echar la ropa limpia. Al llegar a la casa Luz  Stela  (sic)  Romero,  la  empleada, entró al cuarto de su patrona, encontrando  agua regada en el piso y el colchón sucio.   

El  día  30  de  mayo  del  mismo  año,  funcionarios  de  la  policía  judicial practicaron diligencia de registro a la  residencia  de  EDUARDO  JOSÉ DE LA OSSA ACOSTA, encontrando en dicho lugar una  caneca  plástica  de  color  azul,  parida  en el fondo, y en un colchón marca  ‘Comodísimo’,  machas  que parecían de sangre, y  cabellos.   

El  2 de junio, a eso de las 10:00 a.m., el  subteniente  Tomás  Gómez  Marchan, adscrito a la SIJIN, recibió una llamada,  en  la  que le informaron que días antes habían observado en el barrio Venecia  de  esta ciudad, a un muchacho que llegó en una motocicleta azul, con un tanque  entre  sus  piernas, ofreciendo características del muchacho que correspondían  con las de EDUARDO JOSÉ DE LA OSSA ACOSTA.   

Al   llegar  al  sitio  indicado  por  el  informante,  la  Policía  Judicial  halló  en  un sector enmontado el cadáver  semienterrado  de  una persona de sexo femenino que luego fue reconocida como el  de  LÍA  PATRICIA  NASSER  GAVIRIA,  quien  según informe pericial de Medicina  Legal  murió  a  causa  de  asfixia  mecánica,  probablemente por obstrucción  extrínseca   de   las   vías  aéreas  superiores2.     

4.      El     implicado     EDUARDO   JOSÉ  DE  LA  OSSA  ACOSTA,  se  allanó  a  los cargos a él  imputados    de   homicidio   agravado   y         ocultamiento,  alteración  o destrucción de elemento  material     probatorio,  en   calidad   de   autor  material.   

H   E   C   H  O  S   

El  día  29 de mayo de 2009, en horas de la  mañana,   el  procesado  EDUARDO  JOSÉ  DE  LA  OSSA  ACOSTA,  arribó  en  tres  ocasiones  al  Palacio  de  Justicia  de  Sincelejo,   exactamente  al Juzgado Tercero Penal Municipal,  con  el  fin  de  entrevistarse  con  la estudiante de derecho, judicante de ese  Despacho   y   víctima   de   26   años    de   edad,   Lía   Patricia   Nasser  Gaviria.    

En su segunda entrada a las instalaciones de  la  oficina  judicial  referida,  el  hoy  sentenciado por homicidio agravado en  concurso  heterogéneo,  luego  de hablar con ella, le entregó un libro y, a su  turno,  le  dijo que en su vivienda tenía unas fotocopias que le podían servir  para   estudiar   el   preparatorio   de  derecho  laboral,  ante  lo  cual,  la  universitaria  aceptó ir con él en su motocicleta, con destino a la residencia  ubicada  en  la  carrera  24  i No. 8 A-17, en el barrio denominado “La  Palma” de la misma ciudad, donde  el victimario habitaba con su hermana.    

Cinco  días después de indagar su paradero  con  el auxilio de autoridades, familiares, amigos, conocidos, avisos informales  de  búsqueda  y  denuncias  en  periódico,  es  decir,  desde  el 29  de  mayo  de  2009, momento en que la  estudiante  Lía  Patricia  Nasser Gaviria  y  el  aquí  procesado por desaparición  forzada   de   persona,  abandonaron  el  palacio  de  justicia,    hasta   el   2   de   junio  siguiente; fue  advertida  la  policía  por alertas ciudadanas, de manera especial por personas  que   trabajaban   en   la   zona,   quienes  informaron  que  un  individuo  de  características  similares  al visto en una fotografía en un diario noticioso,  días  atrás, había ingresado en un terreno abrupto en el sector conocido como  Venecia,  manejando  una moto azul y cargando una caneca grande del mismo color;  área   donde,   justamente,  fue  hallado  el  cuerpo  sin  vida  de  la  joven  Lía     Patricia     Nasser    Gaviria3   

,   oculto   en  tierra  por  EDUARDO  JOSÉ  DE  LA OSSA ACOSTA, detrás  del conjunto residencial Villa Padua.   

El   Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal y Ciencias Forenses, el 2  de  junio  de  2009, levantó acta de necropsia de Lía  Patricia    Nasser    Gaviria;   allí   plasmó   lo  siguiente:   

CONCLUSIÓN  PERICIAL:  Se  trata  de  un  cadáver  de  mujer adulta, quien según información disponible, fue hallado en  un   lote   enmontado   en   un   sector  urbano  de  Sincelejo:  en  estado  de  descomposición.  Se recibe cadáver en cementerio municipal, embalado, rotulado  y  con  cadena  de  custodia.  En  la  diligencia  de  necropsia  se encontraron lesiones por mecanismo contundente en espalda y signos  de   asfixia   mecánica.   Estos  últimos  signos  explican  la  causa  de  la  muerte.   

Causa  básica  de  muerte:  El  deceso  de  quien  en vida respondía al nombre de LIA PATRICIA  NASSER  GAVIRIA  (sic), fue consecuencia natural y directa de ASFIXIA MECÁNICA,  debido   muy   probablemente   a   OBSTRUCCIÓN   EXTRÍNSECA   DE  VÍA  AÉREA  SUPERIOR.  La  naturaleza  de  lesión es simplemente  mortal… Manera de la muerte: Violenta. (…)   

EXAMEN    EXTERIOR…    ESPALDA   Y  GLUTEOS:  Se  nota  la  presencia  de  una  herida  de  orientación  horizontal,  de  3  centímetros  por  0.8 centímetros, de bordes  irregulares,   hemorrágicos,   lo   que   indica   que  tiene  características  pre-mortmem  (sic),  o sea, se produjo antes de su deceso; localizada en región  lumbo-sacra  izquierda;  que  compromete  piel y tejido celular subcutáneo y es  producida      por     mecanismo     contundente4.    

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.  El  31  de  mayo de 2009, una Fiscal con  sede  en el municipio de Sincelejo, presentó solicitud  de  captura  contra  EDUARDO  JOSÉ  DE  LA OSSA ACOSTA, por la posible comisión del  delito  de desaparición forzada de persona;  petición  que  fue  avalada,  en  audiencia  preliminar,  por el  Juez    Primero    Penal    Municipal    de    esa  región,   quien  impartió  mandamiento  escrito  de  aprehensión.   

2.  El  1 de junio  siguiente,  la  misma  funcionaria  instructora, demandó ante el referido Juez,  legalización       de       captura, formulación de imputación por    el    punible    atrás   indicado  e  imposición  de medida de  aseguramiento    de    detención    preventiva   en  establecimiento  carcelario;  actos  procesales  ratificados  por el funcionario  judicial:    el    implicado    no    aceptó    el    cargo   elevado   en   su  contra.      

3. El 4 de junio del  mismo  año, un nuevo Fiscal ante el indicado funcionario judicial, adicionó  la imputación por los reatos de  homicidio   agravado   en  concurso   con   el  de  ocultamiento,  alteración  o  destrucción  de elemento material probatorio; además,  solicitó   medida   de  aseguramiento  por  estas  conductas  ilícitas  contra  EDUARDO   JOSÉ   DE   LA   OSSA   ACOSTA:   reatos   que   reconoció   como   de   su  autoría5.   

4.  Con base en el  allanamiento  de  los  cargos  precedentes,  aceptado  por el inculpado, el ente  instructor   ordenó   la   ruptura   de   la  unidad  procesal,  a  fin de que por separado se adelantara la  investigación   por   el   delito   de  desaparición  forzada.   

5.   Luego   se  registró  solicitud  de  audiencia preliminar sobre control previo de búsqueda  selectiva  de  datos,   para  oficiar a una empresa de telefonía, la cual,  autorizó el Juez Municipal aludido.     

6. El 1 de julio de  2009,  la  Fiscalía Tercera Especializada,       presentó       escrito      de  acusación  contra el referido procesado por el delito  de   desaparición  forzada  consagrado    en    el    artículo   165    de    la    Ley   599   de 2000.  En  el  mismo  acto  procesal,  ofreció  más  de  treinta  declaraciones  para ser  escuchadas  y  controvertidas  en la audiencia de juzgamiento; también anunció  una  serie  de  documentos  para  ser  introducidos en el juicio por testigos de  acreditación;  prueba  de  ADN,  ampliación  del  plano y bosquejo en el sitio  donde  se  halló  el  cadáver,  registro  de  llamadas (entrantes y salientes)  recibidas y realizadas por el inculpado.   

7.  La  Fiscalía  solicitó tres audiencias  preliminares   de  controles  previos  y  posteriores  sobre  resultados  de  la  búsqueda  selectiva  en  base  de  datos;  otra  con  el  objetivo de practicar  inspección  judicial  a una empresa de telefonía de Bogotá, a fin de ubicar y  congelar  información  de  mensajes  de  texto y voz de abonados y, una última  diligencia, sobre toma de muestra de ADN.   

8.  El  30  de septiembre de 2009, quien hoy  funge   como  ponente,  desató  el  impedimento  manifestado  por  una  de  las  magistradas  del  Tribunal  de  Sincelejo,  declarándolo  fundado  por  amistad  íntima,  según  lo  consagrado en el artículo 56 numeral 5º de la Ley 906 de  2004,    entre    dicha   servidora   pública   y   la   familia   Nasser  Gaviria;  ante lo cual, se ordenó  separarla  del conocimiento del asunto, por tanto, se nombró en un reemplazo un  Conjuez, quien se posesionó el 20 de octubre del mismo año.   

9. El 26 de octubre  de  2009,  el  Tribunal negó la solicitud de cambio de  radicación  impetrada por el defensor del acriminado,  por  no  existir  elementos  de  juicio  fundados  al  interior  del proceso que  hubiesen  demostrado  que  los intervinientes o funcionarios judiciales hubieren  sido objeto de intimidaciones.   

10.  El  23  de  noviembre siguiente, ante el  Juzgado   Penal   del   Circuito   Especializado  de  Sincelejo,      la      Fiscalía     acusó    formalmente   a   EDUARDO  JOSÉ  DE  LA  OSSA  ACOSTA por el  delito    de    desaparición    forzada,   atribuido   por   la   fiscalía   a   título  de  autor  material; así mismo, las partes no  alegaron    causal    de    incompetencia,    impedimentos,    recusaciones    o  nulidades.   

11. El 28 de enero  de    2010,   se   llevó   a   cabo   la   audiencia  preparatoria.    En    tal   diligencia,  los intervinientes (fiscalía, defensa y  representante  de  las  víctimas)  descubrieron  sus correspondientes elementos  probatorios  testimoniales,  periciales  y  documentales;  sin  que  se  hubiese  acordado alguna estipulación.   

12.  En varias sesiones se inició y llevó a  término   la  audiencia  de  juzgamiento,   para  luego  finiquitar   la  primera  instancia  con  el  sentido  del  fallo  de  carácter  condenatorio;  por  tanto, el 1º de octubre de 20106,  mediante proveído, declaró  penalmente  responsable  a  EDUARDO  JOSÉ  DE LA OSSA  ACOSTA,     del     delito     de     desaparición  forzada en calidad de autor  material,  imponiéndole  veintiséis (26) años, ocho  (8)   meses   de   prisión,  el  pago  de  una  multa  consistente   en  1.333.33  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y,  como   sanción accesoria, la inhabilitación para el ejercicio de derechos  y funciones públicas, por un lapso de veinte (20) años.   

13.  El  1º  de  diciembre   de   2010,   el   Tribunal  Superior  de  Sincelejo,                 revocó  la  decisión  recurrida  por  la  defensa   técnica,  para  en  su  lugar,  absolver  al  procesado  EDUARDO  JOSÉ DE LA OSSA ACOSTA, del cargo  imputado.   

Uno de los motivos centrales plasmados por el  Juez  Colegiado  para absolver al implicado por el delito a él atribuido contra  la  libertad individual y otras garantías, lo fue por vigencia del postulado de  non  bis  in  ídem;  en ese  orden,  se afirmó en la sentencia de segunda instancia, entre otros argumentos,  lo siguiente:   

De  la  jurisprudencia  de la Corte Suprema  citada  en  la  providencia  anterior,  y del artículo 8º del Código Penal se  deduce  con  claridad  que  ninguna  persona  puede  ser  investigada, acusada o  condenada  dos  veces  por  la  misma conducta, así se le dé una denominación  jurídica  distinta,  que  es  lo  que  efectivamente  sucedió  en  el presente  caso,  puesto que en la sentencia del 12 de noviembre  del  año  retropróximo (sic), que aun cuando no fue aportada en el juicio oral  por  el  defensor, como habría hecho una defensa acuciosa y comprometida con su  delicado  rol,  no puede ser ignorada por la Sala, por  constituir  un  precedente  horizontal,  de obligatorio acatamiento en guarda de  los  principios  de  igualdad,  confianza  legítima  y  seguridad jurídica, no  perteneciendo    lo    allí   informado   al   conocimiento   privado   de   la  Magistratura. (…)   

El  Tribunal  de  Sincelejo,  una vez transcribió los hechos juzgados y  aceptados  por  el  inculpado  en  punto  del homicidio  agravado    en   concurso   con   el   de   ocultamiento,  alteración   o   destrucción   de   elemento  material  probatorio, finiquitado en otro proceso penal; explicó:   

Esta historia de lo (sic) sucesos si bien es  más  detallada que la consignada en la sentencia objeto de examen, advirtiendo   que   entre   ambas   narraciones  fácticas  existen  diferencias  insustanciales,  la verdad es que coinciden en lo sustancial, tanto  que  aquella  comprende  la  totalidad de las tres etapas que el juez dijo haber  demostrado  en  el nuevo proceso. La primera etapa del íter criminal, según el  juez  comenzó cuando Lía Patricia salió del Palacio de justicia en compañía  del  procesado y terminó cuando ésta hizo arribo a la residencia de EDUARDO DE  LA  OSSA;  la segunda etapa se desenvolvió en la residencia de este, ubicada en  el  barrio La Palma, Carrera 24 I No. 8 A-17, terminando cuando fue extraído el  cadáver  de  la víctima, y la tercera etapa o faceta, se cumplió en el barrio  Venecia,  donde  fue  enterrado  y  después  inhumado  el cuerpo sin vida de la  estudiante de derecho.   

En  el primer caso se investigó y condenó  de  manera  anticipada  a  EDUARDO  DE  LA  OSSA,  por  los delitos de homicidio  agravado  y ocultamiento de elemento material probatorio, soportado este último  cargo  en  el  ocultamiento del cadáver de la víctima, mientras que en el caso  que  ahora  se  juzga, se atribuye a la misma persona el delito de desaparición  forzada,  basado  en  la  misma historia, sin tener en cuenta eso sí que lo que  las  autoridades buscaron desde el principio, no fue la persona de Lía Patricia  Nasser  Gaviria,  titular  de  derechos,  sino su cadáver, que jamás puede ser  objeto  de  protección jurídica con el tipo penal ahora imputado al procesado.  (…)   

Por  lo  dicho,  resulta  evidente  que  al  procesado  se  le ha vulnerado el principio constitucional de la prohibición de  la  doble  incriminación,  pues  que  a  unos  mismos hechos se les ha dado una  calificación  jurídica  distinta,  dando lugar a una doble condena inaceptable  en  un  Estado  de  derecho  respetuoso de las garantías de todas las personas,  así   estén   comprometidas   en   crímenes   de  mucha  gravedad7.   

14. A su turno, el  Fiscal  Tercero Especializado de Sincelejo   y   la  abogada  representante  de  las  víctimas,  impugnaron  la  sentencia  absolutoria, en  sede  extraordinaria;  días  después,  presentaron  los correspondientes escritos; libelos que la Sala entra  a calificar.   

D   E   M   A   N   D  A S   

a)  La    presentada   por   el   Fiscal   Tercero   Especializado   de  Sucre.   

Una  vez  se refirió a los intervinientes y  resumió  los  hechos  objeto  de  juzgamiento  como  la  actuación procesal; a  continuación,      exhibió    dos  censuras  contra  la  decisión  impartida  por la magistratura de  Sincelejo,  para  luego  anunciar,  que  su  escrito  se  acoplaba  a  la debida  proposición  y  fundamentación requerida por la jurisprudencia para esta clase  de asuntos extraordinarios.   

Como se observa que el libelo se asimila a un  escueto  y simple memorial de instancia, esto es, confeccionado de manera libre,  genérica  y  subjetiva, la Sala lo resumirá en varios ítems, con el objeto de  facilitar  su  entendimiento,  comprensión  y  claridad, pues por los difusos y  vagos  planteamientos  en  él  consignados,  de suyo, es imposible establecer y  seguir   un  orden  metódico,  conceptual  y  lógico,  como  se  supone,  debe  acompañar     una     embestida     de     estas     magnitudes,     en    sede  extraordinaria.   

Primer   cargo:  Vía directa.   

Bajo   la   égida   de   la  Ley  906  de  2004, artículo 181,  citó  todos los sentidos de la ruta  de   ataque   indicada   y   bajo   el   extraño   epígrafe   de  “concreción”  de  su  inconformidad,  argumentó lo siguiente:   

1. Sostuvo que en  el   caso  de  estudio  se  excluyeron  los  artículos  1,  11,  128   

y  24  de la Constitución Política, sin  adecuar   sus   argumentos   a  una  de  las  dos  vías  seleccionadas  por  la  jurisprudencia   para   centrar   su  inconformidad  extraordinaria,  por  ello,  “estos    derechos  igualmente  resultan  vulnerados…  por  falta de aplicación de las precitadas  normas”.   

2.  Igualmente,  sostuvo  que  tampoco se ajustó al caso el artículo 165 de la Ley 599 de 2000,  que  tipifica  el  delito  objeto  de  estudio  y,  a renglón seguido, arguyó:  “No    se    aplicó  adecuadamente”,  pues  el  fallador  último,  solamente realizó “el   análisis   dogmático   del   tipo   penal  de  desaparición  forzada”.   

3.   Tampoco  entendió   el   memorialista   por  qué  dijo  el  Tribunal  que  la  víctima  “no  fue  privada  de  su  libertad”  y  menos  aún,  que  salió  de manera voluntaria de las oficinas  judiciales,  dejando  a  un  lado,  “las  maniobras  engañosas”  en virtud de las cuales el procesado se  llevó     a    la    ofendida    a    su    casa9;  entonces,  la afirmación de  la  judicatura,  en el sentido que fue el cadáver el que se ocultó, más no la  estudiante     en     vida,     es     para     el     libelista    “un  argumento jurídico con un juicio  de  falsa inferencia en abstracto… Aquí la premisa mayor en la deducción, no  es  cierta,  o  sea  es  falsa,  la  que  dispuesta en forma de silogismo… nos  conduce   a  una  decisión  errónea”.    

4.  La  víctima  “no fue sustraída muerta  o  hecha  cadáver”,  del  sitio     de     su     trabajo,     menos     aún     arribó     “muerta”   a   la   vivienda  de  su  victimario:  “tampoco esta  (sic)  probado  que  minutos después haya muerto en la residencia o habitación  principal  del  hogar  de  la  respetable  familia  HUERTA  DE LA OSSA, en donde  habitaba    el    reo”.   

5.  Luego,  hablo  sobre  la  privación de la libertad, los agentes estatales o particulares y las  órdenes  de  captura expedidas por funcionarios competentes con la finalidad de  ocultar  a  las personas; todo esto, para cuestionar un párrafo de la sentencia  absolutoria   en  donde  se  dijo  que  la  desaparición  forzada  “perdura  hasta  que sea encontrado el  cadáver”,   ante   lo  cual,  debe concursar con el  delito de homicidio agravado.   

6.  En  el  mismo  texto  argumentativo,  atacó  también  la  decisión judicial por interpretación   errónea,  pues  en  su  criterio,  “todo  apunta  a  saber  interpretar las  normas  de  derecho”;  siendo ello así,     “señalamos     que    es    un    error    conceptual    de  interpretación”,  que  si una persona se desaparece  del  lugar  de  manera voluntaria, no se está ante un crimen de lesa humanidad.   

7. Un nuevo yerro  de  interpretación  errónea  halló  el  memorialista,  el que conectó al objeto jurídico del tipo penal de  desaparición  forzada,  pues  la magistratura aseguró que el bien tutelado por  el  legislador  era  el derecho fundamental de la libertad; situación que no le  parece     acertada     al     memorialista,    pues    en    su    “modesto     criterio”,    protege  “también  la  vida  de  la persona” y  lo  consagrado  en  los  artículos  11  y 24 de la Constitución  Nacional,  como  el 16 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;  entonces,   para   el   recurrente,   “es  un  error  interpretativo…  que  la  vida  no  es  objeto  de  protección    en    la    desaparición   forzada10”.   

8.  Encontró  el  libelista,  otro  desafuero  por  la  senda  inmediatamente  anterior de ataque,  frente  a  las  diferencias  entre  los  punibles  de  secuestro y desaparición  forzada11,  pues  en  el  primero  –contrario  a  lo afirmado por el Tribunal-, también se debe ocultar  a  la  víctima,  ya  sea  simple  o extorsivo, como bien lo explican sus verbos  rectores.   

9.  El  libelista  enunció   un   nuevo   yerro   de   interpretación,   esta  vez,  “relativo     a    la    conducta    antijurídica”  consistente  en  que en el proveído atacado, se dijo que la mujer  no  fue  objeto  de  intimidación  o amenaza para salir de su sitio de trabajo,  contrario  a  ello,  opinó el Fiscal, que la privación de la libertad se puede  generar  de  cualquier  forma:  con  o sin violencia, salir engañada o mediante  sortilegios12.   

Acto  seguido,  advirtió  que  en  la  desaparición  forzada “la  conducta  es  de  naturaleza  mixta…  se  realiza  por  acción  como  que  se  complementa  por omisión”;  pues  en  principio  se  ejercen actos para privar a una persona de su libertad,  luego,    se    la    oculta,    surgiendo,   en   su   opinión,   “una   serie   de   actos  negativos  u  omisivos”;  como  el  haber  negado  el  procesado el paradero de la víctima,  sonsacarla  de  manera  habilidosa de su lugar de trabajo con el fin de privarla  de              su              libertad13   

e  inducirla  en  error  para consumar el  punible objeto de análisis.      

7.  Bajo el mismo  sentido  de ataque, por interpretación errónea, atacó el alcance otorgado por  el  Juez  Plural,  a  las  normas  rectoras  del  derecho  penal de prohibición      de      doble      incriminación     o    non    bis   in   ídem,  cuando adujo la magistratura que las circunstancias fácticas que  no  se  pueden  volver  a  punir,  pues  el  inculpado había sido condenado por  homicidio         agravado         y    por   el  de  ocultamiento  de  material  probatorio,  referido  al  cadáver  de  la  estudiante  de  derecho; ante tal  criterio   judicial,   en   criterio  del  representante  de  la  fiscalía,  la  aplicación  del  anunciado  postulado, pugna, con el concurso de tipos penales,  desarrollado  en  el  artículo  31  del Código Penal actual, dejando impune el  reato     de    desaparición    forzada.   

Indicó, además, el recurrente, que en esta  causa     no     se     probó     “la   misma  historia” toda     vez     que,     los  “hechos  son  distintos”, porque las  autoridades     estaban     buscando     a     Lía  Patricia  viva,  no  su  cadáver,  como lo sostuvo el  Tribunal:  “sencillamente,  con   humildad,   con   respeto,   pero   con   entereza   se   desmiente   esta  afirmación”.   

Continuó  discutiendo  la prueba, al decir  que   la   muerte   no  fue  causada  “con  golpes  de  martillos, ni está demostrado haya ocurrido en la  residencia  del procesado”.  Asumió,  entonces,  que  son distintos actos ilícitos, unos conformados por el  delito   de   homicidio   agravado   y   otros  por  la  desaparición  forzada,  desconociendo   la   instancia  superior,  como  se  dijo  atrás,  “la  figura  legal  del  concurso real  heterogéneo  de  delitos”,  para  aplicarle,  en  su  lugar,  el  principio  de non bis in ídem14   

.  

Trajo a colación variados temas como el de  unidad  de  acción,  delitos de ejecución instantánea y permanente, concursos  aparentes,    reales    e    ideales   de   normas15;  entre  otras cosas, porque  la   ruptura   de  la  unidad  procesal,  en  su  opinión,  no  indica  que  la  desaparición  forzada  se  hubiese  subsumido  en  el homicidio agravado.    

Segundo  cargo:  vía indirecta.   

Bajo   el   amparo   de  la  Ley  906  de  2004, artículo 181,  el censor atacó el fallo de segunda  instancia,  por  errores  de derecho en punto de falsos  juicios de convicción.   

a)  El primero lo  generó   de  la  declaración  concedida  por  Rafael  Ignacio  Pérez  Soto,  compañero  de  trabajo  de la  víctima    en    el    Juzgado    Tercero    Penal    Municipal,   “por  defecto o falta de examen, y por  no  haber  escuchado  los audios del testimonio en su integridad, ni leídas sus  entrevistas,    para    cotejarlas   con   la   deposición   jurada”,    pretendiendo    demostrar    el  funcionario   fiscal   que  Lía  Patricia,  según los videos salió sola de su oficina de trabajo, contrario  a  lo  sostenido por el Juez Colegiado, cuando dijo que ella salió con el aquí  procesado.   

b)  Prosiguió  criticando  la  valoración  del Tribunal, respecto al hecho de que Lía       Patricia      –según  Luz  Stella  Romero  Julio- estuvo en la Sala de la casa del  implicado  y  nunca se supo más de ella, pues para el funcionario de instancia,  la  desaparición  forzada  se  inició  desde  ese  preciso  momento  y para la  magistratura  tal  delito no existió, en el entendido que la dama fue ejecutada  por  el  acriminado minutos después de arribar a la casa: eventos que en sentir  del  memorialista  no  son  ciertos,  porque  ninguna  prueba lo presenta de esa  manera.    

Con todo, el Juez de conocimiento se cuidó  de  no  mezclar  el  homicidio con la desaparición forzada, jamás dijo que fue  ultimada  en  esa  vivienda,  como  lo  entendió  el  Tribunal  cuando afirmó:  “LÍA PATRICIA fue muerta  allí   mismo,   razón   por   la   cual   EDUARDO   sacó   su  cuerpo  en  un  tanque”;  sin embargo, el  despacho  judicial  primigenio,  lo  que  de  verdad dijo fue lo siguiente:  “para  poder  sacar  el  cuerpo  de  la  víctima  tenía que alejar de esa vivienda a la mucama, como en  efecto    aconteció”.   

c) Un tercer yerro  por     idéntica     vía     de    ataque,    lo    sustentó,    –según dijo- sobre una nueva conjetura  de   la   magistratura,   cuando   plasmó   que  Lía  Patricia  no  fue  ocultada  viva,  sino  su cadáver,  porque momentos después de arribar a esa residencia:   

FUE BRUTALMENTE ASESINADA, MEDIANTE ASFIXIA  MECÁNICA,  NO  SIN  ANTES  RECIBIR  UN  FUERTE  GOLPE EN LA REGIÓN LUMBO-SACRA  IZQUIERDA,  SEGUNDOS  O  MINUTOS DESPUÉS DE HACER SU INGRESO A LA RESIDENCIA DE  EDUARDO16.   

Aquí    se    presentó   “una   equivocada   inferencia,   sin  soporte  probatorio”,  en  tanto  una persona que se encuentra vomitando no se puede comparar con otra a la  que  se  esté  asfixiando,  sin  que  hubiese  tenido  a  la  mano  el Tribunal  –fuera de varios elementos  probatorios-     algún     soporte     científico     para     alcanzar    tal  conclusión17   

.  

Cuando el demandante arribó al proceso fue  en  la  etapa  del  juicio,  donde  logró  extemporáneamente  remitir  algunas  evidencias   a  examen  científico,  “que  no  pueden  ni  deben militar como prueba, pero si a manera de  documentos  meramente ilustrativos, para colegir que la apreciación o conjetura  de  que  LIA (sic) que brutalmente asesinada en casa de los HUERTA DE LA OSSA no  tuvo,  asidero  probatorio;  por    tanto,    dijo    no    tener   idea,  cómo  el  Tribunal concluyó que la víctima fue ultimada en  esa  vivienda,  “para por  falsa  convicción  dar  como  demostrado  que  la  víctima de la desaparición  forzada  murió  segundos después de haber llegado a la tantas veces mencionada  casa”.   

Solicitó,  por  tanto,  casar  el  fallo  recurrido,  para  en  su  lugar,  condenar al inculpado.   

b)  Demanda  exhibida por la representante de las víctimas.   

La  recurrente  se  refirió  a  los hechos  -según  ella,  derivados  de  las  pruebas-,  a la actuación procesal, como al  interés    del    que    dijo   era   “por   vía  excepcional”,  aplicado  a los punibles, siendo ello  así,  por  la égida de la Ley 906 de 2004,  elevó  cuatro  ataques  contra  el  fallo  absolutorio  expedido  por  el Juez Colegiado.    

Como  en  la  demanda anterior, la presente  también  se  equipara a un escrito dispuesto de manera subjetiva y personal, en  esas  precisas condiciones, la Sala lo resumirá en varios puntos, con el objeto  de  facilitar  su  sentido,  entendimiento  y  claridad;  se  advierte, además,  que   contiene  innumerables  similitudes  y semejanzas conceptuales con el  anterior  libelo, motivo por el cual y, por sustracción de materia, solo serán  compendiadas  aquellas  temáticas nuevas esgrimidas por la representante de las  víctimas   y   las   repetidas   o   trasladadas   del   alegato   fiscal,  exclusivamente serán enunciadas.   

Primer  cargo:  falta   de   aplicación.   

Expuso     que     la    “concreción”   de  la  censura,  se  delimitaba   a  la  falta  de  aplicación  de  los  artículos  1,  2,  11,  12,  24 y 44 de la Constitución  Política  y,  de  manera  especial,  se  refirió  al  último de los preceptos  citados,  porque  atañe  a  la  protección  de  la  niñez,  pues –en su opinión-, a la hija menor de la  víctima,  el  enjuiciado, le vulneró los derechos, en principio, consumando el  punible  objeto  de  estudio, para luego, matarla, dejándola huérfana de amor,  educación,       cultura       y       afecto18.      

a)   En   la  demostración    de   la   censura,   la   memorialista   separó   –como  lo  hiciera  el  Fiscal también  aquí   recurrente-,   idénticos   apartes   del   fallo   absolutorio  para  a  continuación  atacarlos, véase por ejemplo, cuando el Tribunal sostuvo que era  imposible  que  una  persona,  sin  ninguna  ayuda, prive de la libertad a otra,  máxime  si  no  tiene  armas;  frente  a  esta conclusión judicial, la abogada  indicó:     “esta  consideración,  además, de ser un juicio de inferencia que no está demostrado  válidamente    en    la   práctica”,   tampoco  es  de  recibo  en  Colombia,  porque  la  víctima  fue  sustraída      de      su      trabajo      con      engaños,     “con  la voluntad viciada… para ello  no   necesitaba   ni   armas   ni   la   ayuda   de   otra   persona”.     

Sostuvo  que no se presentó violencia como  lo  predica  la  magistratura, sino engaño, para sacarla de su entorno laboral.  Por  ello, el Tribunal no aplicó la primera parte de la norma, pues el video de  los    juzgados   y   la   declaración   de   Rafael  Pérez,     son     pruebas     que    “demuestran  lo  contrario;  también  cuando    pretende   demostrar   que   LIA   PATRICIA   (sic)   fue   sustraída  muerta19”.   

Igual  como  en  el  caso  del  procesado  Salvador  Arana Sus, el aquí  implicado  sacó  a  la víctima de su trabajo, la condujo a su casa, la ocultó  de  sus  compañeros  como  de  las  empleadas  domésticas  de  su vivienda, la  encerró  en  la habitación principal “sacándola  dentro  de  un  tanque, negó dar información sobre su  paradero   y   después   de   pasar   cinco  (5)  días…  fue  encontrado  su  cadáver”;   en   esas  condiciones,       para      la      memorialista,      quedó      “perfeccionado   éste   delito”:  la  privó  de  la  libertad,  la ocultó a toda su familia, amigos y compañeros de  oficina, sin la voluntad, por supuesto, de la ofendida.   

b)  Con el fin de  adecuar  sus pretensiones a la norma dejada de aplicar, a continuación, centró  su  alegato, sobre el verbo “ocultar”,  implícito  en  el  artículo 165 del Código Penal actual; luego,  indicó  que,  contrario a lo razonado por el Tribunal en punto de la dogmática  del   mentado   tipo   penal   como   de   la   aseveración   que  Lía  Patricia, fue declarada muerta en la  habitación  principal  de  la  residencia  donde  vivía  el  inculpado, por la  sangre,  cabellos  y  un  martillo  hallados por los investigadores en esa casa;  ante  esta  afirmación  de  la  judicatura,  se  opuso  de  manera  rotunda  la  recurrente,       aduciendo       –igual  que  lo hiciera el Fiscal-, que no había ninguna prueba para  arribar a esa conclusión.   

Con  la  necropsia, infiere la memorialista  que  la ofendida “pudo ser  sacada  viva,  pero inconsciente, dentro del tanque, y no como lo deduce y lo da  por  cierto  el  fallo,  que  lo  que ocultó fue una persona muerta”.  Menos  aún,  adujo,  si  se  tiene  presente   las  muestras  de  ADN,  realizadas  por  Medicina  Legal  sobre  las  evidencias  atrás  aludidas,  que excluyeron alguna posibilidad de pertenecer a  la  víctima,  por  ello  se pregunta la abogada “si  esa  sangre  no corresponde a LIA PATRICIA… (sic), de quién es… sin lugar a  dudas  esta  pruebas (sic) es base para una demanda de revisión”.   

Expresó la abogada que, es diferente sacar  a  una  persona  de  su  entorno  social a recluirla en algún sitio, calabozo o  similar,  como  lo  entendió  el Juez Colegiado y remató este apartado, con la  siguiente afirmación:   

… por qué no pensar que la escondió en  el  lugar  en  donde  fue  hallado  su  cadáver  y  allí falleció por asfixia  mecánica,  porque los cartones puestos sobre su cara  le           impidieron           respirar20.   

c)  Acto seguido,  centró  sus  alegatos  en la negativa del encausado a dar información sobre el  paradero   de   la   víctima,   quien   a   los   familiares   de  Lía  Patricia,  sus  amigos y autoridades  en   general, negó saber en qué sitio se encontraba; todo esto, la llevó  a  cuestionar  el  fallo  de  segundo  nivel, en donde se dijo que la estudiante  fallecida  no  fue  privada  de  su  libertad,  ni  ocultada,  sino “asesinada   brutalmente”;  entonces,  afirmó   la   libelista,   que   una   vez   más   se  demuestra  “la    falta    de   aplicación   e  interpretación  errónea  de  la  norma  penal  sustancial  del  artículo  165  C.P.”.      

d) En lo que parece  un   nuevo   ataque   o  el  final  del  anterior,  transcribió  los  preceptos  380    (criterios    de  valoración),          381         (conocimiento        para       condenar)       y       382   (medios   de  conocimiento)  de  la  Ley   906   de  2004,  acto  seguido,  informó  que  la  magistratura desconoció las reglas de apreciación  probatoria,  dejando de valorar los medios en conjunto y, por ese camino, debió  concluir   que   el  procesado  es  el  responsable  del  delito  que  aquí  se  juzgó.     

Segundo  cargo:  vía directa.   

Lo     elevó     por    interpretación   errónea,   según   lo  dispone  el artículo 181, numeral 1º de la Ley 906 de  2004.   

1) A su turno, dijo  concretar  la  censura  en el concepto traído por la Convención Interamericana  de  Derechos  Humanos,  sobre “desaparición forzada  o       voluntaria  (sic)”,  intentando  escindir  tales  contenidos  y  aclara     que     una    desaparición     “voluntaria”    no   es  una  acción  típica,  como  para  reprimirla  el  Estado.   

Y cuando en el fallo atacado se dijo que el  bien  jurídico protegido por el legislador, en esta infracción, no era la vida  sino  la  liberad  personal, la Corte Constitucional21  habló  de  otros derechos,  incluyendo    el    enunciado,    por    tanto,   se   produjo   un   yerro   de  interpretación.   

2) Un nuevo yerro  por  la  senda  de ataque seleccionada, lo hizo consistir en las diferencias que  realizó  el  Tribunal  en punto del delito de secuestro con el de desaparición  forzada.      Ante      esto,      expresó      que      aquí     “vuelve    y    hace    una   errada  interpretación,  no  solamente  del  artículo  165,  sino también del 169 del  C.P.”, pues la divergencia  entre  los  dos  punibles,  son  los  bienes jurídicos que se protegen en ambas  disposiciones,  como  lo  dijo  la  Corte  Constitucional  en el pronunciamiento  atrás citado.   

Tercer  cargo:  vía indirecta.   

Bajo   el   amparo   de  la  Ley  906  de  2004, artículo 181,       numeral       3º,  la  recurrente,  sin  especificar la  vía  de  ataque,  entró  de  lleno a la demostración de su confuso enunciado,  acoplado a los sentidos del error de derecho probatorio.   

1)    Los  interrogantes   del   Juez  Colegiado  fueron:   determinar  realmente  sí  Lía Patricia Nasser Gaviria,  fue  privada de la libertad y  ocultada  por  el procesado,  pues  al resolverlos la judicatura, descartó el delito de desaparición forzada  con    la    declaración    de    Rafael    Ignacio  Pérez  y  el video donde se exhibe que ella salió de  manera   voluntaria   del   juzgado;   por   tanto,  señaló  la  memorialista:  “Estas   apreciaciones  sobre  las  pruebas  son  erradas,  porque  el  fallador hizo un falso juicio de  convicción”,  puesto que  ella   no   salió   en   compañía   del  inculpado  sino  sola:  “su   destino   ya…   se   lo  había  trazado”  el               procesado22.   

2) Un nuevo falso  juicio  de convicción lo relacionó la impugnante, respecto a las declaraciones  de  Luz  Stella Romero Julio,  doméstica  de  la  casa  del  victimario,  como  el  de  la vecina Lucely    Nisperuza    Basilio,   quienes  informaron  diferentes  minutos  de  llegada  a  la  vivienda  del procesado con  Lía   Patricia;  como  se  omitió,   en   su   opinión,   el  cotejo  de  tal  cronología,  “es  decir,  entre  los  videos  y los  testimonios,   que   configura   un   falso  juicio  de  convicción”.    

3)   Criticó,  enseguida,  otros  apartados  del  fallo absolutorio, tratando de dejar sin piso  legal,  las  afirmaciones  allí  contenidas, preguntándose, por ejemplo, cuál  fue  la  última  vez  que  Luz  Stella  Romero  Julio  vio      a      Lía  Patricia, en qué momento se desapareció, por qué no  se  dio  cuenta  de  tal  hecho,  si  fue cuando el acriminado la mandó por una  gaseosa  o  después  por  las  galletas, entre muchas otras circunstancias, por  esto,  adujo  la  memorialista  que,  “estas  consideraciones  del  fallo  contienen  un  falso  juicio de  convicción”.   

4)  Frente  a  la  declaratoria  por  parte  de  la  magistratura  de  la  muerte  de  Lía  Patricia en la casa donde residía el  enjuiciado,  anunció  la  recurrente  –como  también  lo  hizo  la  Fiscalía-  que  estas valoraciones no  coinciden  con  lo expresado por el Juez de conocimiento, porque el hecho de él  sacar  un  tanque  con  ella  adentro  “no  quiere  decir  que LIA PATRICIA (sic) fue muerta allí mismo…  es  que  cuando  el fallo de primera instancia, habla de cuerpo puede ser vivo o  muerto”; por esto, aunado  a  otras  circunstancias  mencionadas  atrás  por  la  libelista  que volvió a  repetir  insistentemente  en  este  apartado,  indicó  que  aquí  también  se  presentó un falso juicio de convicción.   

5) Anunció que el  Tribunal  también se equivocó cuando criticó al Juez, en el entendido que él  si  diferenció  como  es  debido  el  secuestro  de  la desaparición forzada y  catalogó   el   yerro,  la  letrada,  como  “falso  supuesto del Magistrado”.   

6) Cuando se dice  en  la  sentencia  cuestionada  que  la  víctima  salió  voluntariamente de su  oficina   de   trabajo,   es   decir,   “que  ella  no  fue  sustraída de ese  lugar  de manera coactiva”; la recurrente, describió  esta  afirmación  como  un nuevo falso juicio de convicción, pues se vició la  voluntad  de  Lía  Patricia,  sonsacándola   de   su   entorno,   “en  contraposición  a  lo  considerado por el fallador”.     

7)  Respecto  al  segundo    interrogante,    es    decir,    si    el    inculpado   ocultó    o    no,    a    Lía   Patricia,   dijo   la  togada,  se  equivocó  tanto  el  legislador  como  la  judicatura,  porque  después  de la  privación  de  la  libertad  se  sigue  con  la  desaparición  de  la persona;  desconociéndose  con  dicho  actuar,  “las  reglas  que  rigen  la  apreciación  de la prueba”.  No  entendió  el  Tribunal  que de  verdad  el procesado escondió a su víctima de todo el mundo, pero tal verbo se  hizo      efectivo      cuando     “omitió      dar      información     del     paradero”   de  Lía  Patricia.  Y, como en su concepto, jamás se demostró  que   fue   escondida  cuando  estaba  muerta,  el  fallo  debería  haber  sido  condenatorio,  pero  como  no se hizo una valoración de las pruebas con base en  las reglas de apreciación, el resultado fue diverso.   

En  páginas  las  siguientes, se resiste y  cuestiona  las  aserciones  condensadas  en el fallo absolutorio, repitiendo con  ahínco,  algunos temas, motivo por el cual, la Sala los retrae, de la siguiente  manera:   

a) No existe prueba  que    demuestre    que   Lía   Patricia   fue   ultimada   en   la   casa   de   su  agresor,  b)  Se  dejaron de apreciar las pruebas en  conjunto,   c)  Cuando  el  Tribunal  valoró  el  testimonio  de Luz Stella Romero  Julio, perpetró un “error  de  apreciación”,  d)  La  inspección  realizada por la policía judicial, no demuestra que las evidencias  allí     recopiladas     correspondan     a    Lía  Patricia,   e)  El  hecho  de  que  varias  personas  hubieran  visto  al agresor  ingresar  en  una  zona  montañosa  cargando un tanque azul, no indica que ella  hubiese  sido asesinada brutalmente y, menos, el cuerpo evidencia tales asertos,  por   lo   que   en   su   opinión,  “no     hubo    una    valoración    de    la    prueba”,             f)   Cuando   el  fallador  infirió  que  Lía  Patricia fue golpeada y  asesinada  en  la  residencia  aludida,  dejó  de  apreciar  testimonios que le  demostraban  lo  contrario,  como  la  hora  de  arribo  de ambos a la vivienda.   

Expuso,  así mismo, que el procesado nunca  se  llevó  en  un  tanque  el  cadáver  de  la  inmolada  como  lo  apuntó la  magistratura,  esta  afirmación  riñe  con  la del Juez de conocimiento, quien  solo   habló   de   “sacar   el   cuerpo   de  la  víctima; entre otras aseveraciones.   

Cuarto  cargo:  vía directa.   

Elevado      por      interpretación  errónea,  para descartar  de  plano  la  aplicación al caso en estudio del postulado de non bis in ídem,  para  lo  cual  citó  los  artículos  29      de      la      Constitución      Política;     8  (prohibición de doble incriminación y  31  (concurso  de  conductas  punibles)   de   La   Ley   599  de  2000   y   21  (cosa  juzgada)   de   la   Ley   906   de  2004.   

Luego de realizar algunos apuntes exhibidos  en  la  alzada por la defensa contra la providencia de primer grado invocando el  postulado  aludido  y  luego  de  trazar algunas líneas argumentativas sobre el  particular   por   la   magistratura,   sostuvo  la  abogada,  que  el  fallador  omitió  valorar las primeras  actuaciones   de  policía  judicial,  la  denuncia  penal,  los  mecanismos  de  búsqueda de las autoridades.   

Continuó resumiendo la actuación procesal,  hasta  arribar  al allanamiento de cargos por parte del inculpado para el delito  de  homicidio  agravado  en concurso con el de ocultamiento de elemento material  probatorio,  pasando  por  la argumentación plasmada por el Juez Colegiado, que  copió   in   extenso;   para   luego,   expresar   que   con  base  en  algunos  pronunciamientos       de       esta       Sala23   sobre   el  principio  de  prohibición     de     doble     incriminación,     se     ve     “con  claridad que no existe identidad  de   causa”,  porque  los  punibles   referidos   “son  diferentes”.   

Para  lo  cual,  trajo  a colación algunos  presupuestos  dogmáticos  del  delito de desaparición forzada cotejados frente  al  de ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio.  Entre     estos    dos    reatos    –agregó-  no  existe  unidad  de causa, ni identidad de objeto, pues  nunca  se  buscó  un cadáver, por lo que el punible aquí imputado, no lesiona  el postulado aludido.   

Por todo lo precedente, peticionó casar la  sentencia      recurrida      para      en      su      lugar,      revocarla.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   

1. Cuestión previa.   

La  Corte  viene  señalando,  que  con  la  entrada  en  vigencia del  sistema  procesal penal acusatorio previsto  en     la    Ley    906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario   de   casación,  pues  en  la  actualidad  la  impugnación  es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito    Judicial  asignados  en  el  territorio  nacional,  atacando  los  fallos de  condena   o   absolución,   sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad   el   quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  del  estatuto  procesal  aludido,  en  el  entendido  que  una  de  las obligaciones al confeccionarla es  demostrar   la   necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  el  logro  de  cualquiera  de  los  fines  establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar, en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,   causales  (debida  sustentación)  y   trascendencia;  excepto  cuando   la   Sala   advierta,   que  por  vigencia  de  derechos  y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Juez  Colegiado, desde luego, con base en motivos diversos a  los expuestos en la demanda.      

El  anterior  criterio  se  consolida  al  entender  que  la Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia,  ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el  éxito  de  la  demanda  en  el  nuevo esquema procesal  penal   acusatorio;  todo  lo  contrario,  el  recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes24,  rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una demanda  con el objeto de decidir de fondo el problema jurídico planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo 184, ordinal  2°   de  la  Ley      906      de      2004,  con  el  propósito de demostrar la  evidente  vulneración  a  los  derechos  fundamentales  constitucionales de los  intervinientes  con  la  actuación  penal;  siendo  ello  así,  se deben tener  presentes,  a  la  hora de sustentar una censura, los principios de taxatividad,          claridad,  autonomía,     razón  suficiente,      no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión   y   precisión,   entre   otros,  para  –de  la  mano  con ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable,  habida consideración de  compendiar  en  el  ataque, aquellos errores de juicio o de actividad en los que  pudieron  haber  incurrido  los falladores, a fin de evidenciar, por ejemplo, la  efectiva  e  indiscutible  normatividad jurídica que debió regir el asunto, la  adecuada   y   legal  valoración  de  los  medios  probatorios  o  desentrañar  manifiestos desfases contra el debido proceso.      

También  ha indicado la jurisprudencia, en  diversas     oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De cara al segundo referente inmediatamente  disciplinado,  se tiene que el  “interés” se  halla íntimamente relacionado al concepto de agravio, perjuicio  o  daño  que,  desde  luego,  tiene  que  afectar los derechos constitucionales  fundamentales  de  las  partes  con  la  decisión  por  ellos recurrida en sede  extraordinaria;  sin  embargo,  si el interviniente no sufrió ningún menoscabo  real  u  objetivo  con  el  fallo  atacado,  tampoco,  como  es  obvio,  tendrá  “interés”  en  cuestionarla,  justamente,  porque no habrá ninguna garantía  que  subsanar  ni  se  podrá,  por ende, restablecer alguna norma del bloque de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal de las llamadas a regular el caso,  sencillamente  porque  no  existe vulneración a la legalidad del proceso en sus  diversas      manifestaciones      cognoscentes25.   

2.  El  artículo  98   de   la   Ley  1395  de  2010,    modificó    el    precepto    183 de la Ley 906  de    2004,  en punto de las exigencias procesales para iniciar el trámite de  casación,  por  tal  razón,  la Sala constata, que en el presente caso, se dio  estricto  cumplimiento  a  los  presupuestos allí plasmados, por parte del Juez  Colegiado:   motivo   esencial  y  suficiente  para  continuar  el  estudio  del  libelo.   

3.     Caso     concreto.   

3.1.         La         Corte  advierte que los ataques formulados  contra  la  sentencia  absolutoria de segundo nivel expedida por el Tribunal  Superior de Sincelejo, no reúnen  los  mínimos  presupuestos  de coherencia y lógica-argumentativa descritos por  la  jurisprudencia  para  admitir  las  demandas presentadas por el Fiscal    Tercero    Especializado    de    Sincelejo   como  por  la  abogada representante de las  víctimas quienes pretenden, lograr la infirmación de  la  decisión  cuestionada,  en  tanto,  incurrieron  en  graves,  múltiples  y  exacerbadas  falencias,  las  cuales atentan contra la filosofía que inspira el  recurso extraordinario de casación.   

3.2.   Menos  aún  pueden  entenderse  los  reproches  como  nuevas  rutas  para  confeccionar  escritos de libre importe y,  ensayar,  por  ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas en los proveídos; tampoco consiste en  añadir  un  cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en los libelos en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos  o  hipotéticos  para  asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmaron los memorialistas.    

3.3. Como metodología, la Sala abordará el  estudio   de   los   dos  libelos,  por  sustracción  de  materia,  en  bloque,  estableciendo  aquellos  puntos  más  sobresalientes  en  cada  uno,  a  fin de  determinar   de   manera   precisa   los  desatinos  de  mayor  impacto  lógico  argumentativo,   con  el  inmediato  objeto  de  brindarle  a  los  recurrentes,  suficiente   claridad   en   torno   a   los   dislates   presentados   en   sus  escritos.   

3.4.  Previo  a ello, se debe advertir y, de  paso  explicar  que, por lo confusas, desordenadas y farragosas demandas, no fue  posible  establecer  a  ciencia  cierta,  si  el Fiscal  Tercero    Especializado   de   Sincelejo   presentó  dos cargos como lo anunció,  en  tanto,  por  su  ambigua metodología motivó siete  contra   la   sentencia   de  segundo  nivel;  igual,  aconteció  con  la  representante  de  las  víctimas,  que elevó cuatro    pero    en   realidad   alegó  nueve   acometidas;   sin  embargo,  la  Sala  se referirá a ellos, como se dijo atrás, en conjunto, dada  la especialidad de cada tema.   

Demandas presentadas por la Fiscalía y la  representante de las victimas:   

Si  se  elige  como  ruta  de  ataque  la  vía    directa    de    violación    de   la   ley  sustancial,  para minar la decisión judicial revelada  por  el  Juez  Colegiado,  como  es obvio, contraria a sus intereses jurídicos,  será  obligatorio  de  los  recurrentes  centrar su inconformidad en uno de los  siguientes   tres   eventos:   dos  de  ellos  se  relacionan  con  defectos  de  selección, los cuales pueden  ser     negativos    y    positivos:   el   primero,   tiene   capacidad   extraordinaria,  cuando  los  juzgadores,  no  ajustan al caso objeto de estudio, la norma real y efectiva que  en  derecho  se  acople a los hechos materia de investigación y juzgamiento, es  pues  una falta de aplicación o exclusión evidente de un precepto que debería  entrar  a  regir  el caso; por el contrario, el segundo, se presenta cuando a la  conducta  prohibida  por  el  legislador, se le aplica un mandato que nada tiene  que ver con el asunto puesto a su consideración.   

Por último, descansa en el mismo cuerpo, un  tercer  sentido  de  embate contra las sentencias de segundo nivel, plasmado por  la  ley  y  desarrollado  por la jurisprudencia, distinguido como de  interpretación  errónea,  mediante  el  cual  se  entiende  que  la  norma que recoge la acción ilegal, fue debidamente  elegida  por  los  juzgadores, no obstante, la judicatura concibió y generó de  ella,  efectos  jurídicos diversos a su propia naturaleza, es pues, un yerro de  intelección   o   más   exactamente   de  comprensión  normativa.     

Son múltiples, complejos y exacerbados los  desafueros que presentan los dos libelos:   

Primero:   los  memorialistas,  en un mismo  texto  explicativo,  mezclaron  en  forma  indiscriminada, institutos jurídicos  excluyentes,  los  cuales deben ser revelados por separado, pues la vía directa  que   eligieron   para   la   interpretación  errónea,  como  soporte  de  sus  pretensiones,  la  combinaron  con  falsos  juicios  de  raciocinio,  cuando por  ejemplo  el Fiscal, indicó: “aquí estamos frente a  un  juicio de inferencia” o al decir que el implicado  –contrario a lo sostenido  por   la   magistratura-,   no   ocultó   el   cadáver   sino  a  Lía   Patricia   viva,  cambiándole  el  sentido  a  las  pruebas como a los hechos y, de paso, incumplieron en todas sus  formas las pautas jurisprudenciales atrás señaladas.   

La  abogada  manifestó  que  la  sentencia  jamás  aplicó la primera parte del artículo 165 del Código Penal, pues no se  presentó  alguna  prueba para siquiera pensar que Lía  Patricia  fuera asesinada en la casa de su victimario;  con  este  actuar,  varió el sentido suasorio impreso por el Tribunal, incluso,  se  pasó  de  la  vía  directa  a la indirecta en punto del error de hecho por  falso juicio de existencia.   

Lo anunciado, demuestra la insustancialidad  de  sus  alegaciones, porque agruparon en un mismo texto argumentativo, sentidos  de    causales   diversos:   con   tal   actuar   vulneraron   el   postulado       de       autonomía     propio    del    recurso  extraordinario,   puesto   que   cada   embestida   conlleva   un   razonamiento  independiente  y,  al  combinarlos, se tornan vagos e imprecisos, desapareciendo  de   contera,   el   alcance,  validez  y  efectividad  de  ese  maremágnum  de  imprecisiones e incoherencias.   

También  se  quebrantó el aludido axioma,  cuando  la apoderada indicó como vulnerada la misma norma sustancial, es decir,  el  artículo  165 de la Ley 599 de 2000, en dos sentidos opuestos y excluyentes  como  son  la  aplicación  indebida  junto  con la interpretación errónea; el  primero  es  un  vicio  de  selección  normativa, en el segundo, el precepto se  supone  bien  elegido pero el juzgador le imprime efectos que le son ajenos a su  propia naturaleza.   

Segundo:  continuando  con  las  caóticas  especulaciones presentadas en los libelos, los  recurrentes  exhibieron  siete  yerros  por  vía  directa:  el  fiscal  motivó  cinco   y   la   apoderada  dos,  sin  variar de esquema  conceptual  y  en  total afrenta a las pautas jurisprudenciales decantadas desde  antaño  para  sustentar  esta  clase  de  desafuero;  cuando  en esencia, ambas  demandas  contienen idénticos ataques y análogos desafueros.   

La  fundamentación  traída  por el primer  libelista,  en  atención a los errores de intelección, es del siguiente tenor:  1)   si   una  persona  se  desaparece   voluntariamente   no  se  consuma  el  delito  de  lesa  humanidad,  2)  el  derecho  a  la  vida  también  es  un bien jurídico protegido en el delito de desaparición forzada,  3)  las diferencias entre el  anterior  punible con el de secuestro, no son como las plasmó el fallo atacado,  4) la conducta aquí juzgada,  se  concreta  de  cualquier  manera,  no  solo como lo expresó la magistratura;  además,  esta infracción se compone de dos momentos, uno activo y otro omisivo  y  5) el postulado de non bis  in  ídem no aplica al caso en estudio porque se debe entender que se está ante  un  concurso  de  normas  penales, tampoco se demostró que los dos casos fueran  iguales,   son   hechos   ilícitos  distintos  y  las  autoridades  buscaron  a  Lía  Patricia  viva  no  su  cadáver.    

La   apoderada,  al  respecto,  anunció:  1)   que   la  Convención  Interamericana  de Derechos Humanos, se refería a la desaparición “voluntaria”,  que  el bien protegido  en  ella, era la vida y no la libertad personal, amén que las diferencias entre  esta  transgresión  y  el  secuestro,  no  son  como  las  expuso el Tribunal y  2)  que  el  principio  de  prohibición  de  doble  incriminación  se  entendió  mal, pues si se hubieran  valorado  las  primeras  actuaciones  realizadas  por  la  policía judicial, la  denuncia  penal y los mecanismos de búsqueda activados por toda la ciudadanía,  la  judicatura  se  habría  dado  cuenta que no existe identidad de causa entre  ambas  actuaciones,  por  ende,  los delitos aceptados por el acriminado como el  que aquí se define, son diferentes     

Son profusos los desafueros exhibidos en las  censuras:   

1)  Vulneraron el  postulado  de  autonomía,  enunciado  atrás, al combinar en el mismo cuerpo de  ataque, valoraciones probatorias, variando su sentido y contenido.   

2)    Los  instrumentos  internacionales  de  derechos humanos, tipifican la conducta sobre  “desapariciones    forzadas    o    involuntarias  de  personas”,   más   no   como  lo  presenta  y  tergiversa   la  memorialista,  cuando  sostiene  que  en  ellos  se  proscriben  “la desaparición forzada  o      voluntaria26”,    desnaturalizando    elementos   descriptivos   de   tipologías  internacionales   para  beneficio  propio  y  generando  caos  y  contrasentidos  dogmáticos.   

3)   Cada  impugnante  impuso su criterio por encima del de la instancia superior, lo cual,  no  es  de  recibo  en  sede extraordinaria, pues con tal obrar, se conciben los  libelos  como  si  hubieren sido ideados de manera libre, genérica y subjetiva,  al  oponerse  de  manera  radical  al bien jurídico protegido por el legislador  respecto  al  punible de desaparición forzada, contra lo previsto en el Código  Penal,  artículo  165, que a  la  letra enseña en el Título III, “Delitos contra  la libertad individual y otras garantías”.   

4)  Con el fin de  obtener  la  condena  del procesado EDUARDO JOSÉ DE LA  OSSA   ACOSTA,  por  el  delito  aludido,  de  manera  irracional,  variaron  los  elementos normativos y descriptivos, convirtiéndolo  en  una conducta preterintencional, lo cual, de suyo, es dogmáticamente absurdo  e  incoherente, cuando es bien claro, que es un acto antijurídico de ascensión  dolosa  y  de  naturaleza  permanente, como es obvio, desde cuando se origine la  aprehensión   ilegal   de   la  persona  hasta  su  liberación  o  su  deceso.   

5)    Los  memorialistas,  a toda costa, se refirieron a las pruebas para variar su sentido  suasorio   impreso   por  la  instancia  superior,  verbigracia,  aduciendo  que  Lía  Patricia no salió del  Juzgado  donde  laboraba  voluntariamente,  sino que fue privada de su libertad,  desde allí mismo.     

Tercero: sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales   fundamentales   de  las  partes,  se  especificarán  algunos  aspectos esenciales al caso en estudio.   

El     Tribunal     de    Sincelejo,  expuso:   

Descendiendo  al  caso  de  Lía  Patricia  Nasser  Gaviria,  la  Sala  no  encuentra  elemento  de  convicción que permita  afirmar  que  ésta  fuera escondida cuando todavía estaba viva, impidiendo que  fuese  vista.  La  prueba  evidencia algo distinto, que aquélla fue brutalmente  asesinada,  mediante  asfixia mecánica, no sin antes recibir un fuerte golpe en  la  región  lumbo-sacra  izquierda de EDUARDO JOSÉ DE LA OSSA ACOSTA, el mismo  día      29      de      mayo      de      200927.   

6) Con ocasión a  la   aplicación   del   postulado   de   nos  bis  in  ídem,  exclusivamente  opusieron su criterio sobre el  de  la  instancia,  aduciendo  que los dos reatos podían concursar, lo cual, no  fue  motivo de reacción judicial; más bien, que los actos prohibidos aceptados  por  el  acriminado  como  de  su  autoría  (homicidio  agravado            y           ocultamiento,  alteración   o   destrucción   de   elemento  material  probatorio),  eran  uniformes a los aquí juzgados, en esas condiciones, no se  le  podía  condenar  dos  veces  por  idénticas  conductas  reprimidas  por el  legislador,  pero  con  diversa denominación jurídica, claro está después de  realizar  una  exhaustiva  reflexión  probatoria, verbigracia, al decir el Juez  Colegiado:   

De  lo  anterior  emerge  como conclusión  irrefutable  que Lía Patricia no fue ocultada, impidiendo que algún miembro de  la  comunidad conociera de su paradero, pues inmediatamente entró a la casa del  procesado   fue  ultimada.  Lo  que  fue  ocultado,  sin  duda  alguna,  fue  su  cadáver.   

Es apenas entendible que los padres de Lía  Patricia…  ante la desesperación y angustia por la falta de noticias sobre su  suerte,  aunado a las contradicciones y explicaciones baladíes de EDUARDO DE LA  OSSA,  con  quien  se sabía había salido en horas de la mañana del 29 de mayo  de   2009,   creyeron   que  su  hija  había  desaparecido  y  consecuentemente  solicitaron  a  las  autoridades  la activación de los mecanismos de búsqueda,  como si se tratara de una persona desaparecida. (…)   

Todo este acucioso y denotado trabajo, sin  embargo,   no   autoriza   a   predicar   que   Lía  Patricia   hubiera   sido  víctima  del  delito  de  desaparición  forzada,  porque  ésta simple y llanamente había sido asesinada  momentos  después  de  haber  salido del Palacio de Justicia y de ingresar a la  residencia  de  EDUARDO  DE LA OSSA, por lo que aquellos hechos que en principio  tenían  la  fisionomía de una desaparición, pronto se trocaron, por la fuerza  de  las  evidencias,  en  la  búsqueda inconsciente de un cadáver, que en modo  alguno   constituye  el  objeto  de  protección  del  delito  de  desaparición  forzada28. (…)   

Y    una    vez,    el    Tribunal  de  Sincelejo,  transcribió los  hechos  por  los  que  se  condenó  al aquí procesado por homicidio agravado y  ocultamiento de material probatorio, expuso:   

Esta  historia de lo (sic) sucesos si bien  es  más  detallada  que  la  consignada  en  la  sentencia  objeto  de examen ,  advirtiendo   que   entre   ambas   narraciones  fácticas  existen  diferencias  insustanciales,  la  verdad  es  que  coinciden en lo  sustancial,  tanto  que aquella comprende la totalidad de las tres etapas que el  juez  dijo  haber  demostrado  en el nuevo proceso. La  primera  etapa del íter criminal, según el juez, comenzó cuando Lía Patricia  salió  del  Palacio  de  Justicia en compañía del procesado y terminó cuando  ésta  hizo  arribo  a  la residencia de EDUARDO DE LA OSSA; la segunda etapa se  desenvolvió  en  la  residencia de este, ubicada en el barrio La Palma, Carrera  21  I  No. 8 A-17, terminando cuando fue extraído el cadáver de la víctima, y  la  tercera  etapa  o  faceta,  se  cumplió  en  el  barrio  Venecia, donde fue  enterrado   y  después  inhumado  el  cuerpo  sin  vida  de  la  estudiante  de  derecho.   

En el primer caso se investigó y condenó  de  manera  anticipada  a  EDUARDO  DE  LA  OSSA,  por  los delitos de homicidio  agravado  y  ocultamiento  del  cadáver de la víctima, mientras que en el caso  que  ahora  se  juzga, se atribuye a la misma persona el delito de desaparición  forzada,  basado  en  la  misma historia, sin tener en cuenta eso sí que lo que  las  autoridades  buscaron  desde  el  principio,  no  fue  la  persona  de Lía  Patricia…  titular  de derechos, sino su cadáver, que jamás puede ser objeto  de    protección    jurídica   con   el   tipo   penal   ahora   imputado   al  procesado”. (…)   

Por  lo  dicho,  resulta  evidente  que al  procesado  se  le ha vulnerado el principio constitucional de la prohibición de  doble  incriminación,  pues  que  a  unos  mismos  hechos  se  les  ha dado una  calificación  jurídica  distinta  dando lugar a una doble condena, inaceptable  en  un  Estado  de  derecho  respetuoso de las garantías de todas las personas,  así   estén   comprometidas   en   crímenes   de  mucha  gravedad29.   

Cuarto: el Fiscal  como  la  apoderada,  violentaron  el  principio de no  contradicción,  toda  vez que la motivación generada  en  la  demanda  debe guardar una unidad conceptual de tal modo que en una misma  línea  hermenéutica,  no  es  posible,  ni  mucho  menos lógico, afirmar   y   a   la   vez   negar   alguna   circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso -como en el caso en estudio- pues el  primero, llegó al extremo de aseverar:   

a) Que el cargo lo  presentaba  por  falta  de  aplicación  del  artículo  12  de la Constitución  Política,  sin  embargo,  líneas  después, afirmó que la magistratura sí se  refirió     a     él,     “en     un     breve  párrafo”.   

b)  También  sostuvo  que  tampoco el Juez Plural había aplicado el  precepto   165  del  Código  Penal  que  consagra el delito de desaparición forzada, no obstante, aceptó el  mismo    recurrente    “que    no    se   aplicó  adecuadamente”,  pues  los  funcionarios  solamente  realizaron el análisis dogmático del punible referido.   

c) Adujo, incluso,  que  cuando  abordó  al  caso  objeto de estudio, en la etapa del juicio, en su  condición  de  Fiscal,  logró  de  manera  extemporánea que se remitieran las  evidencias  halladas a examen científico; por tanto, en su criterio, las mismas  “no  pueden  ni  deben  militar  como  prueba,  pero  si  a manera de documentos meramente ilustrativos,  para  colegir  que  la apreciación o conjetura de que LIA (sic) que brutalmente  asesinada   en   casa   de   los   HUERTA   DE   LA   OSSA   no   tuvo,  asidero  probatorio;   pues   de   una   simple   “ilustración”,  lo que de suyo ya es  ilegal,  infiere  conclusiones  para de manera libre atacar los argumentos de la  magistratura,  lo  cual es inadmisible, fuera de contexto e insustancial en sede  extraordinaria.    

Por  su parte, la abogada de las víctimas,  integró  a su esquema argumentativo, la siguiente motivación, en total afrenta  contra el postulado de la lógica de no contradicción:   

En principio, dejó en el limbo jurídico el  tiempo,  la  forma  y  el  cómo  fue  ejecutada  Lía  Patricia,  para  sacar  adelante  su pretensión, pues  llegó  al extremo de sostener que la asfixia mecánica que produjo el deceso de  la   joven   estudiante  de  derecho  –según  dictamen  científico  de  medicina  Legal-, fue causada por  unos  cartones  que  fueron  hallados encima del cadáver, lo cual, de verdad es  inconcebible,  inaudito  y extravagante, pues la ingenuidad o desconocimiento de  algunos  presupuestos  del sistema de derecho penal de la recurrente es abismal,  obsérvese,  de  manera  concreta su pensamiento, el cual vulnera de raíz todos  los  postulados  de  la  lógica,  de  la  ciencia  y  de la experiencia, cuando  indicó:   “por qué  no  pensar que la escondió en el lugar en donde fue hallado su cadáver y allí  falleció  por  asfixia  mecánica, porque los cartones puestos sobre su cara le  impidieron       respirar”.       (Todos los subrayados fuera de texto).   

Quinto:  en  el  actual      sistema      de      derecho     procesal     penal     –como en el anterior-, coexisten normas  que  disciplinan  la  incorporación  formal  al  proceso  de  las pruebas, cuyo  desconocimiento  judicial  acarrea  yerros  de  derecho,  como  el  falso  juicio  de legalidad; por otro lado,  cuando  se  detectan mandatos instrumentales a los que previamente el legislador  les  ha  asignado un determinado mérito o eficacia demostrativa, se está, ante  un    falso    juicio   de   convicción.   

El  segundo  de  los  aludidos  yerros  de  derecho,   fue   objeto   de  reproche  en  el  presente  asunto,  porque  ambos  intervinientes  presentaron  el  resto  de sus inconformidades por esta senda de  ataque;  siendo  ello  así,  la Sala tiene el deber de advertir, que desde hace  varios  años  se  erradicó de las huestes jurídicas del país y aclara que en  esencia,    se    concebían    dos    eventos   de   violación:   i)  cuando  los funcionarios judiciales al  momento  de  emitir  sus  respectivas  decisiones  finales, excluían u omitían  aplicar  aquellas  normas  que  gradúan  (tarifa  probatoria) el mérito de una  determinada  prueba  y ii) al  desatender  los  falladores  aquellos  preceptos  que  le  negaban  o limitan su  eficacia  demostrativa;  en  uno  y  otro  caso,  era dable afirmar que el medio  había   sido   debidamente  incorporado  a  la  actuación,  por  ello,  no  se  cuestionaba  la  legalidad  en  la producción del mismo; sin embargo, precedía  elevarlo  respecto  de  la valoración de su entidad persuasiva o con ocasión a  la  determinación  de  su  eficacia jurídica, desde luego, ambos presupuestos,  debían estar consagrados en la ley.   

En las variadas hipótesis lanzadas por los  libelistas,  de  cara  al desafuero aludido, se tiene que violentaron, en primer  lugar,  el tantas veces aquí recordado, principio de autonomía, por cuanto, lo  combinaron  con falsos juicios de existencia y falsos raciocinios, propios de la  vía  indirecta de violación de la ley; en segundo término, también inundaron  las  censuras de conjeturas y suposiciones, como cuando avalaron la decisión de  primera  instancia,  anunciando  que  allí  si  se acreditó lo que en realidad  aconteció,  desconociendo,  de contera, las motivaciones contenidas en el fallo  de  segunda  instancia,  que en últimas, es el que debe acometerse, justamente,  por ser el vigente.   

Así  lo  expuso  la  abogada: Lía  Patricia fue privada de la libertad y  ocultada  por  el  procesado,  el  Tribunal  dejó de valorar la declaración de  Rafael  Ignacio  Pérez,  se  omitió   el   cotejo   cronológico   en   los   testimonios   de  Luz   Stella  Romero  Julio,  Lucely  Nisperuza  Basilio y si el agresor  sacó  un  tanque  de  su  casa  con un cuerpo adentro, ello no quiere decir que  Lía   Patricia  estuviera  muerta.   

Sexto: en el mismo  sentido,  ignoraron  las  conclusiones  de  la magistratura, haciendo gala de un  elevado  alzheimer  de  cara a la prueba indiciaria trabajada por el Tribunal de  Sincelejo,  con  afirmaciones  radicales  y sin que mediara ninguna sistemática  extraordinaria,  al  decir  que  no  tenían  ninguna  idea  de  dónde sacó la  instancia  superior  los  golpes  de  martillo, ni que hubiese sido “brutalmente  asesinada”;  pues, eran  diferentes  los  ruidos  que  hacía una persona vomitando a estar incursa en un  ataque  por  asfixia  mecánica;  claro  está,  aquí  los recurrentes, como de  costumbre,  lanzaron opiniones sin ninguna argumentación sólida ni mucho menos  confrontadas con el material procesal.     

Anunció  el  Fiscal, por otro lado, que no  podía   probarse  lo  improbable,  refiriéndose  a  los  golpes  que  recibió  Lía   Patricia   en   su  humanidad,  sin  siquiera analizar el dictamen de Medicina Legal y cotejarlo con  las   valoraciones   judiciales;  además,   siempre  cuestionó  el  hecho  sostenido  por el Tribunal, en tanto, para llevarle exclusivamente la contraria,  adujo  que  la  víctima  no  fue  ultimada  recién  arribó  a  la casa con el  procesado.   

Séptimo: ahora, si  la  idea  de  los  intervinientes  en casación era cuestionar las inferencias y  conclusiones  realizadas  por  la  judicatura  en  el  proceso  suasorio,  no se  percataron  de la efectividad del falso raciocinio destinado para estos eventos,  que  no  fue ni siquiera enunciado. Enseña el aludo sistema de ataque procesal,  que  los  medios  probatorios  allegados al proceso legalmente, al ser sopesados  por  los  falladores  en  su exacta dimensión fáctica, le asignaron un mérito  persuasivo  en  total  transgresión  a  los postulados de la lógica (aceptados  como   tales  por  esta  disciplina  del  saber  con  exclusión  de  creaciones  individuales  con el fin de resolver el caso a su favor, como aquí sucedió) de  la ciencia o pautas de la experiencia.    

   

Habida  consideración,  tendrán como meta  didáctica  los  demandantes determinar: i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   ii)  qué  infirió  de  él  el juzgador,  iii)  cuál valor persuasivo  le  fue  otorgado, iv) indicar  la   regla   de   la   lógica   omitida   o  apropiada  al  caso,  v) o señalar la máxima de la experiencia  que  debió  valorarse,  con  el  objetivo  de  probar  que  el  fallo motivo de  impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por  último,  es  deber intelectual de los  profesionales  del  derecho,  mostrar cuál es el aporte científico correcto y,  por  supuesto,  la trascendencia del error,  para  lo  cual  tienen  que  presentar,  como  es obvio, un nuevo  panorama fáctico, contrario al declarado en instancias.   

Como  es habitual en los memorialistas, sus  desatinos  fueron  intensos  al  ignorar  el sentido de ataque y las precedentes  pautas  que  le  obligaban  a  motivar  su  disenso de la mano de ellas, más no  relegándolas  o  transmutándolas  en  simples  y  efímeros  alegatos de libre  importe  o,  como  en  el  caso  en  estudio,  exhibiendo  opiniones  y posturas  individuales  por  la  senda del falso juicio de convicción, que nada tiene que  ver  con  todo  ese  maremágnum  de  ideas  disgregadas  y  desafueros  lógico  argumentativos.   

Octavo: atiborraron  las   censuras  con  criterios  personales,  subjetivos  y  fuera  de  contexto,  inadmisibles  en  sede  extraordinaria,  en  el  entendido  que  las  propuestas  jurídicas  así  argumentadas,  transmutan  el  libelo  en  un escrito de libre  factura,  desde  luego, insustancial y precario, como los siguientes enunciados,  traídos al caso por el Fiscal impugnante:   

1) Cuando afirmó  en  punto  de  la  naturaleza  del  delito  aquí  imputado que era “mixta”,  pues  el mismo “se realiza  por  acción  y  se completa por omisión”, en contra  de  la  dogmática  disciplinada  para  este  tipo  de  actos  prohibidos  y, en  especial,  la  implícita  en  el  fallo  atacado  que  le  estaba  indicando al  memorialista  que el injusto de desaparición forzada es de carácter permanente  hasta  lograr  la  recuperación  de  la  libertad de la persona sometida a esta  clase  de vejámenes e iniquidades; el mismo yerro fue generado por la apoderada  de las víctimas.   

2) La ruptura de la  unidad  procesal,  en opinión del demandante, no demuestra que la desaparición  forzada  se  hubiese  subsumido  en  el  homicidio  agravado;  cuestión  que no  ocurrió, justamente, por la separación de investigaciones.   

3)  En  franca  oposición  a todo lo demostrado por el Tribunal, ambos libelistas, opusieron su  particular   criterio,   cuando  insistieron  en  las  siguientes  afirmaciones:  a)  la víctima Lía       Patricia,      “no  [fue]  sustraída  muerta  o  hecha cadáver”,  b)  tampoco se  probó  que  el  inculpado  hubiera  acabado  con la vida de la estudiante en su  casa,  c) el objeto jurídico  protegido  por  el  legislador en el delito de desaparición forzada, no es como  lo   indicó   el   Tribunal,  la  libertad  personal,  sino  que  tiene  muchas  connotaciones   más,   como  la  vida,  d)  los hechos aquí juzgados son diferentes a aquellos en los que el  acriminado   se   allanó  a  cargos  y  e)  la muerte no fue causada por golpes de martillo, sino por asfixia  mecánica, tergiversando al Tribunal, pues nunca adujo tal cosa.   

La apoderada de las víctimas, además de lo  precedente,  incurrió  en  errores  considerables al atacar por falso juicio de  convicción  las  valoraciones  probatorias,  por ejemplo, cuando dijo que no se  sopesaron  en  debida forma o jamás se valoraron las declaraciones introducidas  al  juicio,  o  tal  vez,  se  apreciaron  mal;  al  contestar  interrogantes de  instancia  o al desconocerse las reglas que rigen la apreciación de los medios;  todo  esto  y  más,  sin  atenerse  a  las  pautas jurisprudenciales, denota su  actuar,  gran  impericia  en  estas  materias, como las verificadas  por el  fiscal  recurrente,  en donde se exhiben escritos farragosos y desordenados, que  atentan  contra  toda  la  filosofía  que  contiene una embestida presentada en  forma debida ante esta judicatura.    

Noveno:   se  relaciona         con         el         postulado        de        trascendencia,  pues  en  sus  ataques los  memorialistas  no expusieron, como lo exige la jurisprudencia, las consecuencias  de  las violaciones a la ley sustancial por ellos demandadas contra el fallo del  Tribunal   de   Sincelejo.  Con     ello,          adecuaron  sus propuestas al  sofisma  de        petición        de        principio30,  el  cual  enseña,  en sus  diversas  manifestaciones  epistemológicas,  que no se puede dar por probado lo  que  tiene  que  probar,  dejando  en  el limbo la parte más fundamental de las  censuras,  como  es, justamente, la demostración de los efectos dañinos de los  yerros denunciados al interior de la decisión cuestionada.   

No  es  factible, por ende,  repetir o  transcribir  iguales  formulaciones jurídicas tanto en la motivación del cargo  como  en  el apartado destinado a la trascendencia: con el primero, el vicio (de  juicio  o de actividad) se identifica, detecta y se acopla a lo que debió ser y  no  se  hizo; bajo el segundo rasero, el error alegado se manifiesta, señalando  en  forma  concreta el efecto perjudicial y dañino del mismo a la ley, mediante  la sentencia.   

En  efecto:  los  profesionales del derecho  (fiscal  y  representante  de las víctimas) ignoraron por completo el postulado  de   trascendencia,  el  que  exclusivamente  trabajaron  con reflexiones individuales e hipotéticas, con esa  omisión  sustancial,  dejaron  anodina  la  eficacia de las mismas; siendo ello  así,  el  daño  propuesto se muestra efímero, por cuanto el aludido principio  jamás  se  acredita  con la clonación de los argumentos diseñados en la parte  motiva   del  libelo  y  menos  aún  –como   en   el   presente   caso-   dándolas   por   acreditadas  o  excluyéndolas en forma total o parcial de la argumentación.   

Por  último,  la Sala advierte y lo repite  ahora:  no  es  un alegato deshilvanado y fuera de contexto jurídico con el que  se  pretenda  derrumbar  la  legalidad  de  un  proceso.  Se requiere un mínimo  esfuerzo  lógico  argumentativo a tono con la ley y la jurisprudencia, en donde  paso  a  paso  se vaya derrumbando la credibilidad otorgada por los juzgadores a  las  pruebas,  si  se selecciona la vía indirecta; o quizás la directa, cuando  el   recurrente   exponga  con  una  temática  jurídica  contundente  que  las  instancias   desbordaron   la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en  relación  con  los  hechos  y  pruebas  aceptadas,  entre  otras  alternativas.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  las  demandas jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues  no  le  corresponde asumir la tarea cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Corte,  de ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la  exclusiva  voluntad de los demandantes, más no se exponen de  manera  trascendente  la  injuria,  vilipendio  o  afrenta  a  la  ley, la   Constitución o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica, entonces, que los impugnantes  presentaron  alegaciones  producto  de  sus exclusivas percepciones del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo sostenido, afirmado y declarado por los  funcionarios  judiciales  de  segundo  nivel,  sin  ninguna  prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  las  censuras,  con  lo  cual sus  pretensiones  se  alejan  de  la filosofía que irradia el instituto casacional;  circunstancias    por    las    cuales,    la   Corte  inadmitirá   los   libelos   presentados   por   el  Fiscal     Tercero    Especializado    y     la     representante    de    las  víctimas.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según     lo     impone     la     preceptiva     del    inciso    3º   del    artículo  184 de la Ley 906  de 2004.   

Mecanismo de insistencia:  

Teniendo  en cuenta que contra la decisión  de   inadmitir  o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no   fue  regulado,  pero  para  tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación31, como pasa a indicarse:   

La   insistencia   es   un   mecanismo  especial  que  sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación   de   la  providencia  por  medio  de  la  cual  la  Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la demanda  de  casación, con el objeto de reconsiderar lo decidido. También  podrá  ser  provocado  oficiosamente,  en  el mismo término, por alguno de los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal,  salvo  que el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior fuese el demandante. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

Es  potestativo del Magistrado –en los casos indicados- o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

El  auto  a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

También    viene    precisando    la  Corte32  que  la audiencia de sustentación prevista en el artículo 185 de  la  Ley 906 de 2004, no se dispondrá su celebración, por cuanto su procedencia  está circunscrita a los casos de admisión de la demanda.   

Con fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  las  demandas   de  casación  presentadas  por  el  Fiscal  Tercero      Especializado      de      Sincelejo      (Sucre)      y     la     representante    de    las  víctimas, por las razones aducidas en la parte motiva  del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de conformidad con el inciso 2°    del    artículo    184 de la Ley 906  de  2004,  en  los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO              

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

      

AUGUSTO              J.              IBAÑEZ  GUZMÁN                                                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                JAVIER             ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 1 de octubre y 1 de  diciembre de 2010, respectivamente.   

2  Ver  folio   265,   carpeta   principal,   fallo  Tribunal,  respecto  al  delito  de  desaparición forzada de personas.   

3  A  folio  72 del c.o. 2., se introdujo en el juicio el informe de laboratorio   FPJ-13-,  que  estableció la plena identificación del cadáver correspondiente  a  la  estudiante de derecho señalada tomando como referente para su cotejo, la  tarjeta  alfabética  de la Registradora Especial del Estado Civil de Sincelejo.  La  Fiscalía,  al  respecto  afirmó: “Confrontadas  las  impresiones  dactilares  por  medio  de  una  lupa  de clasificación y las  imágenes  fotográficas  de las mismas impresiones en el equipo de cómputo, se  pudo  apreciar que las impresiones dactilares existentes en uno y otro documento  son   uniprocedentes   entre   si  (sic).  Es  decir  corresponden  a  la  misma  persona”.   

4  Ver  folio 179, c.o.2.   

5 Frente  a   esos   nuevos   actos   ilícitos,   también   se   ordenó  su  detención  intramural.   

6  La  lectura del fallo la realizó el mismo día.   

7  Ver  fallo de segundo grado, folio 264-266.   

8  El  proveído atacado, en opinión del recurrente, es  prolijo  en  punto  de  la  historia  latinoamericana y en general en el derecho  internacional  del  delito  de  desaparición forzada, fortalecido sus conceptos  con  Instrumentos  Internacionales  para luego arribar a la situación patria de  derechos  humanos,  donde  se  hace  hincapié  en  la  génesis  del tipo penal  aludido;  sin  embargo, lamentó que el Tribunal no hubiese aplicado el precepto  12       constitucional,       sino       cuando      sostuvo:      “en   la  página  15,  en  un  breve  párrafo  menciona  de  soslayo  el artículo 12… expuesto en la disquisición  teórica  del fallo”. Así  mismo,  indicó  que la falta de aplicación de la norma constitucional prevista  en  el  artículo  12,  consistió  en  no  verificar  si procedía o no al caso  materia  de  examen.  Amén  que se equivocó la instancia al dar por demostrado  que   una   sola   persona   “sin   la   ayuda  de  nadie”  pueda  ser  sujeto activo de tal reato, por  ello,   indicó:  “aquí  estamos     frente     a     un     juicio     de     inferencia    ‘a          priori’   que   no  esta  (sic)  demostrado  válidamente    en    la   práctica”.   

9 Citó  para   apoyar   su  tesis  el  caso  del  Palacio  de  Justicia    y    el    homicidio   de   Eudaldo  León  Díaz  Salgado, ex alcalde  de   El  Roble,  Sucre,  por  existir  identidad  fáctica  con  el  proceso  en  estudio.   

10  Apoyó  su  tesis  en  un  tratadista internacional, que indicó en su manual de  derecho  penal:  “no estamos solo ante un delito de  sospecha  contra  la  vida”;  ver  folio  300, c.o.  2.   

11 Si  el  Juez  Plural sostuvo que la víctima salió de manera voluntaria del Palacio  de  Justicia,  “sin  que nadie ejerciera sobre ella  fuerza  física  o  moral”, apoyado en una opinión  también  errada  del  Juez de conocimiento; ignoraron los juzgadores los vicios  del consentimiento: error, fuerza y dolo.   

12  Consideró  el  recurrente, además, que se está en presencia de un grave error  de  hermenéutica  al  entender  la  magistratura  que solo se consuma el delito  objeto  de estudio, mediante la fuerza o violencia: por ello, en su opinión, se  presenta  una  discrepancia al interior de la sentencia atacada con el contenido  descriptivo  del  artículo 165 de la Ley 599 de 2000, que tipifica el delito de  desaparición forzada.   

13  También  acuñó  el  concepto  de  libertad, con el de dignidad humana y el de  filosofía  jurídica,  buscando  siempre  un  sentido  axiológico o valorativo  frente  a  su  opuesto:  el  mecanicista, aludiendo a algunos autores foráneos.   

14  También  adujo  que, un maestro latinoamericano de derecho penal, muestra cómo  debe  realizarse  el  estudio del referido postulado, con el fin que los delitos  no  queden  en  la  absoluta impunidad ni que se castigue dos veces por el mismo  acto  ilícito,  entre  otros  temas  transcritos  por  el  togado, en especial,  aquellos  referidos  al  concurso real de tipos; entonces, para el libelista, no  existió  un  solo acto, sino dos tipos diversos de conductas prohibidas, que en  su sentir, deben ser penadas de manera autónoma.   

15  Citó un tratadista extranjero, folio 310, c.o.2.   

16 El  libelista  cuestionó la prueba en la que se basó el Tribunal para arribar a la  conclusión  enseñada,  es  decir, no sabe de dónde se generó, pues según la  necropsia  ella murió aproximadamente 72 horas antes, lo que le da un margen de  medio  día o quizás uno al Fiscal, es decir, el sábado un día después de su  salida del sitio de trabajo.    

17 Acto  seguido,   cuestionó   las  aserciones  judiciales  arriba  esbozadas,  con  un  sinnúmero    de    interrogantes,   “Cómo  se  prueba lo improbable, de que LIA recibió el golpe en la  región  lumbo sacra con el martillo, y lo que es más si tuvo alguna incidencia  en  su  muerte”  o  si la  sangre  era o no humana, de quién procedían los fluidos, entre otros supuestos  que  no  fueron auscultados por científicos porque tales oficinas no existen en  Sincelejo.   

18 Acto  seguido,  se  refirió  a  la  desaparición  forzada  de personas en el ámbito  latinoamericano  como  en el derecho internacional; indicando, por tanto, que se  dejó de aplicar el artículo 165 de la Ley 599 de 2000.    

19  Citó,  el  radicado  32.672  (3-12-09), como lo hiciera el demandante anterior.   

20 En  el     mismo     sentido,     supuso    que    Lía  Patricia,    no   “fue  brutalmente  asesinada”,  como lo evidenció el Juez  Plural,   por   ello,   no   se  condenó  a  EDUARDO  JOSÉ    DE   LA   OSSA  ACOSTA,    por    el    delito    de   desaparición  forzada.   

21  Trajo a colación la sentencia C-317 de 2001.   

22  Además,   sostuvo   que  la  sentencia  absolutoria,  “no  valoró  la  prueba  contenida en el video N° 23”.   

23  Citó  el  radicado 26.591 de 6 de septiembre de 2007 otro de 22 de noviembre de  1999,  sin  identificar su número, en donde se hizo especial énfasis sobre que  la  identidad  en la causa al mismo motivo de iniciación del proceso en los dos  casos.   

24  Corte        Suprema       de       Justicia:       radicado:       25.565 (8-6-06).   

25  Corte    Suprema    de    Justicia,   mismo   sentido:   radicado   25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

26 Ver  folio 352, c.o. 2.   

27 Ver  folio 261, c.o. 2.   

28  Ibídem, 265.   

29  Ibídem, 266.   

30  ARISTÓTELES,  “Tratado  de la Lógica” (EL ORGANÓN), Primeros Analíticos,  Editorial  Porrúa,  Número  124,  año 2004, México D.F., Pág. 191; allí el  gran  filósofo  enseña: “Por tanto, si incurrir en  una  petición  de principio consiste en demostrar únicamente por sí misma una  cosa  que  por  sí  misma no es evidente, y si no se la demuestra, ya porque el  objeto  que ha de demostrarse y los objetos mediante los que se quiere demostrar  son  igualmente desconocidos, ya porque se atribuyen cosas idénticas a un mismo  término,  o el mismo término lo sea a cosas idénticas, siempre resulta que en  la  figura  media  y  en  la  tercera  se puede igualmente incurrir de estas dos  maneras  últimas  en  una  petición  de principio”.   

31  Corte Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

32  Corte Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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