37481(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 37481  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

                              FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

Aprobado     acta     Nº382   

         

        Bogotá,  D.  C.,  octubre veintiséis (26) de dos mil  once (2011).   

       

V I S T O S  

                  Resuelve  la  Corte  la  admisibilidad  de las demandas de casación  presentadas  por  los  defensores  de  Eduardo  Robayo  Pachón  y  Leoncio Arévalo  Triana,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Cundinamarca, el 16 de mayo de 2011, por  medio  de la cual confirmó en lo fundamental, la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  del  mismo  departamento,  el 20 de abril de 2010, que los  condenó  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  estafa  y falsedad  material de particular en documento público agravada por el uso.   

  H  E  C  H  O  S  Y  ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE   

1.  Los  primeros fueron sintetizados por el  juzgador  de  segundo  grado  de  la siguiente manera:            

“          Para el año de 1996, previo acuerdo, un  grupo  de  personas se dedicaba a registrar vehículos, mediante la utilización  de  actas  de remate del Fondo Rotatorio de la Fuerza Aérea Colombiana, F.A.C.,  falsas,  los  cuales  posteriormente  se  vendían,  engañando  a  quienes  los  adquirían, con desmedro de su patrimonio económico.   

Sin  tenerse  determinado el momento exacto  del  inicio de las conductas investigadas, se conoce por lo menos que las mismas  ocurrieron  a  partir  del  año  de  1996, toda vez que en las actas de remate,  pliegos  de  condiciones, recibos de consignaciones, matrículas de vehículos y  demás,  se  signan  fechas  de  dicho  año.  Estos  hechos  acaecen  en varias  municipalidades   del   departamento  de  Cundinamarca,  pero  especialmente  en  Chocontá”.   

2.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de la Nación, el 14 de julio de 2003, dictó  resolución   de   acusación  contra  Eduardo  Robayo  Pachón,  Leoncio  Arévalo  Triana,  quienes  ostentaban  la calidad de servidores  públicos,   Álvaro  Bocanegra  Bocanegra,  Ovelio  Rojas  Álvarez, Fabio  José  Torres  Álvarez,  Gilberto  Nossa  Ortiz,  Ana Cecilia Ruiz Ruíz, Adela  Castaño  Escobar,  Yannette  Barrera  Barrera,  Nohora Lucía Beltrán Morales,  Nicolás  Montoya  Marín  y  Cristóbal  Ayala  Santamaría, por los delitos de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravada por el uso,  estafa y concierto para delinquir.   

Interpuesto  el recurso de apelación contra  la  anterior  providencia,  ésta fue confirmada el 15  de noviembre de 2005.   

3.  El  Juzgado  Segundo Penal del Circuito  Especializado      de     Cundinamarca,  el 20 de abril de 2010, dictó sentencia de primera instancia de  la siguiente manera:   

a) Condenó a Álvaro Bocanegra Bocanegra y  Leoncio  Arévalo  Triana a  la  pena  principal  de  96  meses  de  prisión  y  1.500 pesos de multa y a la  accesoria   de   inhabilitación  para  el     ejercicio    de    derechos    y    funciones    públicas  por el mismo término  de  la  privativa  de  la  libertad,  como  coautores de los punibles de falsedad de  particular  en  documento  público  agravada  por el  uso, estafa y concierto para delinquir.   

b)  Condenó  a  Ovelio  Rojas  Álvarez,  Gilberto  Nossa  Ortiz,  Ana  Cecilia  Ruiz  y Eduardo  Robayo    Pachón    a  la  pena principal de 60 meses y multa de $1.500.oo y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el mismo término de la privativa de la libertad, como coautores  de  los  punibles  de  falsedad  material  de  particular  en documento público  agravada   por  el  uso  y  estafa.   

c) Absolvió a Fabio José Torres Álvarez,  Adela  Castaño  Escobar,  Yannette  Barrera  Barrera,  Nohora  Lucía  Beltrán  Morales,  Nicolás Montaña Marín y Cristóbal Ayala Santamaría, de los cargos  atribuidos en la acusación.   

d)  Absolvió  a  Ovelio  Rojas  Álvarez,  Gilberto  Nossa  Ortiz,  Ana  Cecilia  Ruiz  y Eduardo  Robayo   Pachón   de  la  conducta  punible  de  concierto para delinquir.   

4.    Apelado    el   fallo,  entre otros por la defensa técnica de  Álvaro  Bocanegra  Bocanegra,  Eduardo Robayo Pachón  y    Leoncio   Arévalo  Triana,  el  Tribunal Superior de Cundinamarca, el 16  de  mayo  siguiente,  al  resolver  el recurso, lo modificó, en tanto impuso al  primero   de   los   citados   la  pena  de 80 meses de prisión. En lo demás lo confirmó.   

    5.  Contra   la   anterior   decisión,   la  defensa  de  Leoncio  Arévalo  Triana  y  Eduardo   Robayo   Pachón,  interpusieron recurso de casación.   

LAS DEMANDAS  

    Libelo  presentado a nombre de  Leoncio Arévalo Triana.   

La defensora, basada en la causal primera de  casación   presenta  tres  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  así:   

Primer   cargo   

Acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  directamente    la    ley    sustancial,    en    tanto    se    “encasilló”   a  su  defendido  en  la  comisión  de  la  conducta  punible  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público   agravada por el uso, con el sustento, según el cual,  éste  no  fue  el  que  elaboró  las actas de remate falsas, pero permitió su  utilización    en    la    Oficina    de    Tránsito   para   matricular   los  vehículos.   

Comenta que Arévalo Triana se enteró de la  falsificación    de   los  documentos  al  momento  de  la  diligencia  de  inspección  judicial  y  respecto del vehículo de placa HOA 439, razón por la  cual,  colige  que  él  tenía  la  calificación de ser funcionario público y  prestó  su  colaboración con la justicia, a fin de que la fiscalía adelantara  la  correspondiente  investigación,  al punto que con ella se logró la captura  de  Álvaro  Bocanegra,  persona  a  la  que  se le halló papelería, rodillos,  etc.   

Manifiesta que no comparte la afirmación del  sentenciador,  en  cuanto  a  que  en  el  trabajo  delictual, el concurso de su  procurado  fue  importante,  pues  sin  él  no  se  hubieran  podido matricular  irregularmente  los automotores, dado que se desconoce que su función era la de  Director  de  la  Oficina  de  Tránsito  de  Chocontá  y  no  es perito en esa  materia.   

Argumenta  que  tampoco  puede predicarse su  participación  en  el  acontecer  fáctico,  bajo  el  supuesto  que  ayudaba a  diligenciar  los  formatos,  en  tanto  en  esa  localidad hay una pluralidad de  personas que no lo saben llenar.   

En torno al traspaso del rodante identificado  con  la  placa  HOA  439 y la firma de la tarjeta de propiedad de los vehículos  identificados  con  las placas HOA -439, HOA 378, HOA 383, HOA 438, HOA 385, HOA  394  y  CII-  38  A  hechos por Arévalo, agrega que el juzgador omitió que los  citados  documentos  se  crearon,  “cuando  aún el  funcionario  no  tenía  conocimiento  que  las actas eran falsas”,  y  que  los trámites de los mismos se regían por la Ley 1344 de  1970 y el Acuerdo 000051 de 14 de octubre de 1993.   

Por tanto, complementa, queda establecido que  las  entidades de derecho público que no hayan matriculado los automotores, sin  existir  certificado  individual  de  aduana  o  declaración  de  despacho para  consumo  y  la factura de compra, podían ser inscritos con el documento oficial  expedido  “por  la  entidad  adjudicadora en el que  conste    procedencia    y    características    del   vehículo…”,  sin que sea necesario presentarse personalmente, a quien se le  adjudicó   el   remate,   ni   tampoco   en   dicho   trámite   interviene  el  director.   

En  tales condiciones, colige en la indebida  aplicación  del  artículo  “61 del Decreto 100 de  1980”,  pues  se hizo más gravosa la situación del  procesado  al  dosificarse  la  pena,  con base en el sistema de “cuartos”.   

Segundo cargo  

De  igual  manera acusa al Tribunal de haber  transgredido  directamente  la ley sustancial por aplicación indebida, respecto  al  punible de concierto para delinquir, según lo consagrado en el artículo186  del Decreto 100 de 1980.   

Dice que si su defendido no participó en las  falsedades,  también  lo es que “debe descartarse o  desecharse   de  plano  la  relación  de  trato,  conocimiento,  contertulio  y  permanencia  entre  los  vinculados  a  la  investigación,  obsérvese  que  el  Director  de  Transito  en Chocontá, jamás tuvo conocimiento de la procedencia  ilícita  de  las actas con las que se matricularon los rodantes, y es claro que  Bocanegra  Bocanegra reconoció que fue él quien falsificó las actas de remate  y   que   Ariel  Ocampo  se  encargaba  de  contactar  los  clientes”.   

Anota  que  en el plenario no se avizora que  los  acusados  se  hubiesen  concertado  para cometer los delitos por los cuales  fueron  condenados,  menos en el municipio de Chocontá y que Arévalo haya  intervenido en los mismos.   

Es  más, no hay prueba de una organización  delictual,  ni mucho menos de una distribución de trabajo con el Director de la  Oficina de Tránsito.   

A continuación transcribe un fragmento de la  sentencia,  a  partir  de  la  cual  insiste  en  la inexistencia del mencionado  delito.  Además,  la  actividad de Arévalo fue la de cumplir con las funciones  oficiales.   

Respecto  a  la  matricula  del  automotor  identificado  con  la  placa  HOA  407,  estima  que  se  pasó  por alto que su  procurado   se   hallaba   en   vacaciones,  según  así  se  advierte  de  las  explicaciones dadas por el coprocesado Robayo Pachón.   

Tercer cargo  

Finalmente,  denuncia la infracción directa  de   la   ley   sustancial   por   indebida  aplicación  de  la  norma,  cuando  “se  impone  a  Leoncio Arévalo Triana una pena de  prisión  de  noventa  y  seis  (96)  meses,  en  aplicación  de los derroteros  trazados  en el artículo 60, en concordancia con los artículos 60, 80 y 82 del  Código  Penal  y el principio de favorabilidad regulado en el artículo 6° del  Decreto 100 de 1980”.   

En   el   desarrollo  de  la  censura,  la  casacionista  muestra  inconformidad  con relación al proceso de determinación  de la pena.   

Además,  considera que la acción penal del  punible  de  uso  de  documento público falso se halla prescrita, puesto que ya  trascurrieron  los  10  años  y  6  meses del plazo máximo, situación similar  ocurrió  con  las conductas punibles de estafa y concierto para delinquir, para  lo   cual  procede  a  realizar  unos  personales  cálculos,  partiendo  de  la  determinación  realizada  en  las  instancias,  en  razón  al concurso de  conductas punibles.   

En  el  acápite  que llamó “trascendencia”,  asevera que los yerros  anteriormente  enumerados  incidieron  en  el  proceso  de  determinación de la  sanción.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia    impugnada    y    consecuentemente,    absolver    a   Leoncio Arévalo Triana.   

Libelo presentado a nombre de Eduardo Robayo  Pachón   

Con apego en las causales primera, segunda y  tercera  de  casación,  según  la  sistemática reglada en la Ley 600 de 2000,  postula tres cargos contra la sentencia del Tribunal, así:   

Primer cargo  

Denuncia a la anterior Corporación por haber  infringido   indirectamente  la  ley  sustancial,  derivada  de  errores  en  la  apreciación de las pruebas.   

Luego de citar el artículo 234 de la Ley 600  de  2000,  de  realizar un breve recuento del acontecer fáctico y citar algunos  artículos  del  Acuerdo  00051  de 1993, proferido por la Junta Liquidadora del  Instituto  Nacional  de  Transporte  y  Tránsito,  comenta que el señor César  Silva  Navarro  al  efectuar  el traspaso, la única actuación que desplegó su  procurado  fue  la de dar cumplimiento al artículo 33 del Decreto 2150 de 1995,  en cuanto a la prohibición de presentaciones personales.   

Así,   considera   que  hubo  una  falsa  imputación   de   la  fiscalía,  respecto  a  atribuir  un  hecho  inexistente  presuntamente  cometido  por  Robayo Pachón, en el municipio de Cáqueza, donde  éste nunca laboró.   

De  ahí  que califique como incomprensible  que  se  haya  afirmado que aquél era responsable de los delitos por los cuales  se  le  condenó,  en  tanto  el  vehículo  con placa CQN 498 que se encontraba  matriculado  en  la última ciudad citada, se registró  con una acta falsa  de  remate  del  Fondo  Rotatorio de la Fuerza Aérea colombiana, cuando fungía  como funcionario de la Secretaría de Tránsito.   

Sostiene   que  el  juzgador  de  primera  instancia  supuso  que su procurado fue la persona que matriculó el rodante con  placa  HOA 407, “siendo que ésta la efectuó con el  primer    traspaso    el    señor   Luis   Carlos   Molano   Muñoz”,    según   así   se   desprende   de   los   correspondientes  documentos.   

A  continuación  trascribe  fragmentos del  fallo  de primera instancia, en orden a insistir en el presunto error en el acto  de apreciación probatoria.   

Segundo cargo  

Esta  vez  apoyado en los parámetros de la  causal  segunda  de  casación,  dice  que  hay una inconsonancia entre la parte  motiva  y  la considerativa, puesto que resulta inaudito cómo de defensor pasó  a ser sujeto procesal y coautor del delito de estafa.   

Dice  que  en  la  providencia  de  primera  instancia,  se  asevera  que él (Fernando Robayo Pachón) es autor impropio del  punible de estafa.   

Argumenta  que  se  encuentra  esperando la  condena  de  un  delito que él no cometió, situación que no fue corregida por  el  juzgador  de  segunda  instancia,  habida  cuenta  que sólo se preocupó en  estudiar  la  confesión  de Álvaro Bocanegra, dejando de lado otros motivos de  inconformidad planteados contra la sentencia de primera instancia.   

Tercer cargo  

Por  último,  acusa  que  la  sentencia se  dictó  en  un  juicio  viciado  de nulidad, puesto que se achacó falsamente un  hecho a su procurado.   

Arguye   que  la  prueba  “falsamente   imputada   hace   que  la  misma  sea  nula  de  pleno  derecho”.   

A continuación copia el artículo 29 de la  Constitución  Política,  a  partir  de  lo  cual, concluye que el sentenciador  avasalló  el  principio  de  imparcialidad,  por  las  razones  y  defectos  en  precedencia narrados.   

En  consecuencia,  realiza  las  siguientes  peticiones:   

     

a. Que se admita la demanda de casación.     

         b)  Casar  la sentencia impugnada y por lo mismo, absolver a su defendido de los  cargos atribuidos en la acusación.   

c)  Casar el fallo recurrido, absolviendo a  Robayo    Pachón   y/o   declarar   la   nulidad,   conforme   a   los   cargos  planteados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. La casación en  la Ley 600 de 2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  la  casación, al libelista compete elaborar la demanda bajo  los   estrictos   parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia.   

Así,  no  basta  con  afirmar  que  en  la  sentencia  o  al  interior  del  proceso,  se  cometió un error de derecho o de  actividad,  porque  debe  demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la legalidad de la sentencia. De ahí que el libelo cumpla  con  todas  las  formalidades  estatuidas  en  el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  toda  vez  que  en  él  se  debe señalar, de manera clara y precisa, la  causal  con  la  cual se pretende la infirmación del fallo y argumentando cómo  el vicio condujo a resquebrajar la decisión.   

No  resulta  atinado  denunciar  sólo  la  existencia  del  yerro,  sino que al censor corresponde demostrar cómo el mismo  tiene  la trascendencia suficiente para romper la sentencia de segunda instancia  y  por  lo  mismo,  la Corte intervenir como Tribunal de Casación en procura de  reparar,  entre  otros fines, los agravios sufridos por los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

2. Presupuestos de  lógica   y   debida   fundamentación   de  las  causales  primera,  segunda  y  tercera   

2.1  Violación  directa e indirecta de la ley sustancial   

Cuando la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa de la ley sustancial, el demandante está aceptando que  los  hechos  fueron  correctamente  apreciados,  razón por la cual el debate se  circunscribe  a la aplicación del derecho, sin la posibilidad de referirse a la  credibilidad    dada    a    los    elementos   de   juicio   y   al   acontecer  fáctico.   

En esa medida, la labor de demostración de  la  trascendencia  del  error  está  sustentada  en  evidenciar que el juzgador  seleccionó  una  norma que no era la llamada a gobernar el asunto, omitió otra  que   sí   resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

Y en cuanto a la infracción indirecta de la  ley  sustancial,  como  motivo  de  la  causal primera de casación, destáquese  inicialmente  que  el  error  del   juzgador  ocurre  de manera mediata, es  decir,  en  la elaboración del juicio de hecho derivado de equivocaciones en la  apreciación  de  la  prueba, desatino que se ve reflejado en la aplicación del  derecho.    

En  el  plano  de la postulación, al actor  corresponde   enseñar   a   la   Corte  en  qué  consistió  el  yerro  en  la  contemplación  del  medio  de  convicción,  es  decir,  si  fue  de hecho o de  derecho,  como  también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  de  existencia,  identidad,  raciocinio,  legalidad  o  convicción.  Y por último,  evidenciar  cómo el mencionado vicio incidió en la aplicación del derecho, en  la  medida  en  que se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el  asunto  o, se excluyó otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico procesal.   

2.2  Causal segunda de casación   

De manera reiterada la jurisprudencia de la  Sala  ha  indicado,  cuando se trata de atacar en sede de casación la sentencia  de   segunda   instancia   por  violación  del  principio  de  congruencia,  al  casacionista  compete  demostrar  si  la  transgresión  derivó  de  acción  u  omisión, así:   

Por acción  

     

a. Cuando se condena por hechos o por  delitos distintos a los contemplados en el pliego acusatorio.     

     

a. Cuando se condena por un delito del  que  nunca  se  hizo  mención  fáctica  ni jurídicamente en la resolución de  acusación.     

     

a. Cuando  se  condena por el delito  atribuido  en  el  pliego  de  cargos,  pero  se  deduce,  además circunstancia  genérica o específica de mayor punibilidad, no imputada.     

        Por omisión   

     

a. Cuando en el fallo se suprime una  circunstancia  genérica                        o especifica, de menor punibilidad reconocida en la acusación.     

En esas condiciones, la demostración de la  censura  exige estar fundada en cualquiera de los anteriores supuestos, a fin de  evidenciar    la    denunciada    desarmonía   entre   la   acusación   y   la  sentencia.   

2.3 Causal tercera de casación  

Con  relación  a  la acreditación de esta  causal,  si  bien la Sala ha dicho que es menos exigente que la demostración de  las  otras,  lo  cierto  es  que  impone  al demandante proceder con precisión,  claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de irregularidad sustancial que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos fácticos, indicar los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón de su quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a  partir de la cual se produjo el  vicio,  así  como  la  cobertura de la nulidad, evidenciar que procesalmente no  existe  manera  diversa de restablecer el derecho afectado y lo más importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

3. Calificación de la demanda  

Libelo  presentado  a  nombre  de  Leoncio  Arévalo Triana   

Primer cargo.  

La demandante no cumplió con los anteriores  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  en  la formulación de la  censura,  con  base en una infracción directa de la ley sustancial, en tanto el  discurso  argumentativo  lo  funda en cuestionar las conclusiones probatorias en  las  que  se apoyó el sentenciador, en orden a dar por demostrada la falsedad y  la responsabilidad de Arévalo Triana frente a ese punible.   

En  efecto, revisadas las hipótesis en que  se  gravitó  la  censora,  sin  temor  a  equívocos se advierte que las mismas  tienden  a  poner  en evidencia que el procesado desconocía las irregularidades  que  se  estaban  presentando  en  la  matrícula de los carros en la Oficina de  Tránsito de Chocontá, en la cual actuaba como su director.   

Si  lo anterior es así, fácil es concluir  que  el  reproche estuvo mal formulado, en la medida en que cuestiona los hechos  plasmados  en  la  sentencia, olvidando que cuando se acude a los senderos de la  violación  directa, éstos deben respetarse, por cuanto la inconformidad radica  en la aplicación del derecho.   

De  tal  manera,  no  resultaba atinado que  manifieste   que   su   representado   sólo   advirtió   de   las   anteriores  irregularidades  cuando  se realizó la diligencia de inspección judicial; así  mismo  es  desafortunado  cuestionar que de la prueba allegada al proceso no hay  medio  de  conocimiento  indicando que Arévalo Triana es autor de las conductas  punibles por las cuales fue condenado.   

De  otro lado, sin guardar logicidad en las  líneas  que  presenta  como  sustento  de  la  censura, acusa una inaplicación  indebida  del  artículo 61 del Decreto Ley 100 de 1980, pero a renglón seguido  comenta  que  el  proceso de determinación de la sanción fue gravoso, en tanto  se utilizó el sistema reglado en la Ley 599 de 2000.   

En  consecuencia,  toda  esa  pluralidad de  argumentos,  únicamente  evidencia  una  inseguridad,  en  orden  a plantear la  presunta  trasgresión  de una norma de carácter sustancial, motivo por el cual  deviene necesariamente la inadmisión del reproche.   

Segundo cargo  

Los  mismos  desatinos  resaltados  en  la  censura  anterior,  deben  reiterarse,  habida  cuenta que la casacionista está  vez,  cuestiona  la  credibilidad de la prueba otorgada por el sentenciador, con  el   fin   de  dar  por  cierta  la  comisión  del  delito  de  concierto  para  delinquir.   

La  Corte arriba a la anterior conclusión,  toda  vez el sustento del reproche está dirigido a oponerse a la existencia del  supuesto  acuerdo  criminal  encaminado a cometer una pluralidad de delitos para  dar visos de legalidad a la matrícula de varios rodantes.   

Es  decir,  nuevamente  se  aparta  de  los  lineamientos,  a  fin  de  postular la infracción directa de la ley sustancial,  toda  vez  que  cuestiona  la  inferencia  del  sentenciador, respecto que de la  unidad  probatoria  no  surge  el grado de conocimiento de certeza respecto a la  existencia del hecho.   

Así las cosas, se impone la inadmisión de  la censura.   

Tercer cargo  

Si bien es cierto que en esta oportunidad la  demandante  cuestiona  el  proceso de determinación de la sanción y la posible  extinción  de  la  acción  penal,  en  torno  a los punibles por los que fuera  sentenciado,  de  todas  formas  no  presenta  ningún  argumento,  en  orden  a  evidenciar la transgresión de la ley.   

En  efecto,  con relación a las normas del  Código  Penal  de  1980 que cita como vulneradas, el actor pasa por alto que el  proceso  de dosificación de la pena se realizó de acuerdo con las normas de la  Ley  599  de 2000, razón por la cual constituye un contrasentido que postule la  aplicación  indebida  de  unos preceptos, cuando éstos no fueron seleccionados  por el juzgador para resolver el conflicto.   

Igual  situación  acaece con el reparo que  plantea  por  una  presunta  extinción  de  la  acción  penal por razón de la  prescripción,  habida  cuenta que no demuestra lo acertado de su planteamiento,  puesto  que  Arévalo  Triana  fue condenado por la conducta punible de falsedad  material  en  documento  público  agravado  por  el  uso  y no por el de uso de  documento público falso, como desatinadamente lo postula.   

En  lo  atiente  a  los delitos de estafa y  concierto  para  delinquir,  la  censora  desconoce  la  manera  como  se  deben  establecer  los  pasos,  a  fin  de  concluir  en la prescripción de la acción  penal,  puesto  que olvida que una vez se profiere la resolución de acusación,  dicho  término  se  interrumpe,  comenzando  a  correr  de nuevo, en los plazos  indicados en el artículo  86 del Código Penal de 2000.   

En  tales  condiciones,  en razón a que la  casación  es  un recurso eminentemente rogado, la Sala no puede complementar al  libelista,    el   cargo   se   inadmitirá   por  falta  de  una  correcta  sustentación.   

Libelo presentado a nombre de Eduardo Robayo  Pachón   

Primer cargo  

El  casacionista,  amparado  en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal primera de casación, según lo estipulado en la Ley 600  de  2000,  plantea  una  infracción indirecta de la ley sustancial, derivada de  errores  en la apreciación probatoria, basado en que el sentenciador supuso que  Robayo  Pachón  fue  la persona que matriculó el vehículo con placa HOA -407,  cuando  en  el  proceso  obra  prueba  que  indica  que  fue  Luis Carlos Molano  Muñoz.   

Sin  embargo,  el  discurso  argumentativo  presentado  no  demuestra  la  existencia  y  la  trascendencia del vicio, en la  medida  en  que  únicamente  denuncia  dicho  acontecer,  pero en manera alguna  demuestra  que  las  conclusiones probatorias a las que arribó el sentenciador,  tengan    génesis   en   la   equivocada   estimación   de   los   medios   de  conocimiento.   

De otro lado, considera la Sala que el actor  no  podía  cumplir  con  el  anterior  cometido, habida cuenta que el argumento  expuesto  por  el  libelista  no  fue el único en que se apoyó el fallador, en  orden  a  dar por establecida la responsabilidad de Robayo Pachón en los hechos  por los cuales  se le condenó.   

Revisada la sentencia de primera instancia,  la  que  forma una unidad inescindible con la de segunda, claramente se advierte  que  el  juzgador  dedujo  la  participación  del  acusado, puesto que éste se  desempeñaba  como  radicador de documentos, aceptó haber firmado un traspaso y  elaboró la tarjeta de propiedad, etc.   

Expresado  de  otra  forma, en el evento de  existir  el  mencionado  yerro,  el mismo se torna intrascendente, habida cuenta  que  en  el  diligenciamiento  obra  plural  prueba  que  confirma  el juicio de  responsabilidad en su contra.   

De  ahí  que se imponga la inadmisión del  reproche.   

Segundo cargo  

Basado  en  los  lineamientos  de la causal  segunda  de  casación,  acusa  una falta de consonancia entre la parte motiva y  considerativa del fallo recurrido.   

Frente   a  tal  argumento,  como  quedó  señalado  en  precedencia,  la  violación  del  principio de congruencia, como  motivo  para  recurrir  en esta sede, únicamente ocurre cuando no se respeta el  mencionado  postulado,  en  torno a los cargos formulados en la acusación y los  que   se  reconocen  en  la  sentencia,  situación  que  no  acontece  en  este  evento.   

En efecto, la presunta inconsonancia que el  actor  predica,  respecto al nombre de su defendido, no los apellidos, obedeció  a  una  confusión  al haberse indicado en la parte considerativa que el acusado  tenía  el  nombre  de Fernando y no el de Eduardo, situación que constituye un  lapsus y no un problema de congruencia.   

De  otro  lado,  examinada  la sentencia de  primera  instancia,  en  la  parte  resolutiva  se  dejó en claro que el sujeto  condenado era Eduardo Robayo Pachón.   

Por   tanto,   no   se  advierte  ninguna  irregularidad al respecto.   

Tercer cargo  

De   entrada  advierte  la  Sala  que  el  casacionista  no  respetó  el principio de prioridad, según el cual, por regla  general,  el  ataque  contra  la  sentencia  por  la vía de la nulidad, se debe  postular  como  cargo  principal,  toda  vez  que  de  prosperar haría inane el  estudio   de   las   demás   censuras   con  base  en  las  otras  causales  de  casación.   

Empero,  conforme  a  los motivos expuestos  para  censurar el fallo, la Corporación colige que el casacionista equivocó la  vía  para  demandar  la  ilegalidad  de la prueba, puesto que no se trata de un  vicio  de  actividad  sino  de  derecho,  razón  por  la  cual  el mismo debió  presentarse  por  la  vía  de  la  infracción  indirecta de la ley sustancial,  derivada de error de hecho por falso juicio de legalidad.   

Por     tanto,    la    demanda    se  inadmitirá.   

De otra parte, del estudio del proceso no se  vislumbra  violación   de  derechos  fundamentales  o   garantías            de           los          intervinientes,   que  determine  el   ejercicio     de     la     facultad     oficiosa   de   índole     legal     que    al    respecto    le   asiste     a     la     Sala,    en    punto    de  asegurar  su  salvaguarda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas    a    nombre   de   Leoncio   Arévalo  Triana  y  Eduardo  Robayo  Pachón.   

                   Contra esta  decisión no procede ningún recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MÚÑOZ                        AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

              

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

                                                             

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *