37458(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37458  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 382.   

Bogotá,  D.C., veintiséis de octubre de dos  mil once.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de ERIC MICHEL MONTENEGRO  PEÑALOZA,  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  el 27 de julio de 2011 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cundinamarca,  que  revocó  la  dictada  el 9 de mayo del mismo año por el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal con funciones de conocimiento de Soacha, y en  su  lugar condenó al procesado a la pena principal de 150 meses de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  al declararlo autor penalmente responsable de  hurto  calificado  agravado.  Al  sentenciado  se  le  negaron los sustitutos de  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Los   acontecimientos  que  originaron  la  investigación  penal  fueron  relatados  por  las  instancias  en los fallos de  primero y segundo grados, como se transcribe a continuación:   

“Conforme  a  la  noticia      criminal      formulada      por      la     menor     [C.D.M.A.]1,  señala  que  para  el  6 de  agosto  del  corriente año a eso de las 17:10 horas, se encontraba con su amigo  diego  (sic),  en la laguna  del  humedal  Neuta, cuando se le apareció un muchacho a quien describe vestido  con  chaqueta  naranja,  comenzó  a tratarlos mal, se dirigió a la denunciante  para  pedirle  una  moneda,  ella  le entregó trescientos pesos que tenía, fue  cuando  la  cogió  del  cabello  y  la amenazó con una navaja en el cuello, le  indico   (sic)   que   le  entregara  los  corotos, en ese momento salió un muchacho con chaqueta blanca y  gorra  blanca, le dijo a la denunciante que rápido, se recostó sobre ella y le  sacó  el  celular  del  bolsillo  trasero  de  su  pantalón,  el  muchacho  la  empujo (sic) a la vez que le  indicaba  que  se  fuera,  inmediatamente  el  joven  de chaqueta naranja salió  corriendo  y  detrás  de  este,  el  de  chaqueta  y  gorra  blanca. Agrega que  igualmente   había   [un]  tercer  muchacho de chaqueta negra, el que estaba pendiente para avisarles a los  otros   si   aparecía   alguien,   emprendió   la   huida  enana  (sic)  cicla  roja,  detrás  de  los dos  sujetos  anteriores.  Señala  que  ella  igualmente  salió  corriendo pidiendo  auxilio  a  sus vecinos, fue cuando la comunidad los aprehendió y entrego (sic)  a la policía.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  fundamento en el informe de Policía de  Vigilancia  suscrito  el 2 de agosto de 2010 por un servidor adscrito al Comando  de  esa  institución  en  Soacha,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación tuvo  conocimiento  de  la captura de ERIC MICHEL MONTENEGRO  PEÑALOZA.   

Al    día    siguiente    –3   de  agosto  de  2010–,  el  Juez Cuarto Penal Municipal con  funciones  de  control  de  garantías  de  Soacha,  celebró  las audiencias de  legalización  de la captura, formulación de imputación por el delito de hurto  calificado  agravado  e  imposición  de  medida  de aseguramiento de detención  preventiva   en   centro   de   reclusión.   El   imputado   no   aceptó   los  cargos.   

La  Fiscalía 6 Local de Soacha presentó el  18   de   agosto   de   2010   el  escrito  de  acusación  contra  ERIC  MICHEL  MONTENEGRO PEÑALOZA, por la  conducta  punible  de hurto calificado agravado, descrita en los artículos 239,  240  inciso  2°  y 241-10° del Código Penal, modificados los dos últimos por  la Ley 1142 de 2007.   

Se  le  asignó  el  conocimiento al Juzgado  Tercero   Penal   Municipal,  que  celebró  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  el 31 de agosto de 2010 y la preparatoria el siguiente 6 de octubre,  oportunidad   en  la  que  se  descubrieron  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  e  informes  legalmente obtenidos. La Fiscalía y la defensa  enunciaron  la  totalidad  de  las  pruebas que harían valer en la audiencia de  juicio oral y público.   

Luego de varios aplazamientos atribuibles al  defensor     de     ERIC     MICHEL     MONTENEGRO  PEÑALOZA  y  a  la  incuria  del  Centro de Servicios  Judiciales,  el  11  de  enero  de  2010  se  llevó  a  cabo  el  juicio  oral.  ERIC    MICHEL   MONTENEGRO   PEÑALOZA,  se  declaró  inocente.  Las  partes  presentaron las respectivas  teorías  del  caso.  Se  practicaron  todas  las  pruebas  y se anunció que el  sentido del fallo sería de carácter condenatorio.   

Para la fecha en que se debía dar lectura a  la  sentencia  (17  de  febrero  de  2011),  por  decisión  del  Tribunal de cundinamarca oficiaba como Juez  Tercera  Penal  Municipal  de Soacha una funcionaria diferente a la que anunció  su  sentido.  La  nueva  titular consideró que no podía acoger la decisión de  condena  preliminarmente  adoptada  por  su  antecesora, ya que, a su juicio, la  Fiscalía  no  había  desvirtuado  la  presunción  de  inocencia,  lo  cual le  impedía  condenar  al  acusado.  En  consecuencia,  decretó  la  nulidad de lo  actuado  para  que  se  repitiera la audiencia del juicio oral por violación al  principio  de inmediación, puesto que no había presenciado la práctica de las  pruebas.   

Contra  tal  determinación  la  Fiscalía  interpuso  los  recursos  de  reposición  y  apelación.  Negado el primero, se  concedió  la  alzada vertical y el Juzgado Primero Penal del Circuito de Soacha  revocó  la  providencia  y  ordenó  que  la  Juez  A  quo  procediera  a  dictar  el  fallo  de  condena  o  declarara  la  nulidad  del  sentido  de  la sentencia que se había anunciado y  profiriera la decisión que en su sentir debiera adoptarse.   

En  razón de ello, el pasado 12 de abril la  señora  Juez  Tercera  Penal  Municipal con funciones de conocimiento de Soacha  dejó  sin  efecto el sentido del fallo, anunció que éste sería absolutorio y  ordenó   la   libertad   inmediata  de  ERIC  MICHEL  MONTENEGRO PEÑALOZA.   

La  lectura de la sentencia se llevó a cabo  el  9  de  mayo  de  2011,  de cuya naturaleza y contenido se hizo mérito en el  acápite  inicial  de  esta  providencia,  la  cual fue revocada por el Tribunal  Superior   de   Cundinamarca   mediante   la  que  es  objeto  de  este  recurso  extraordinario.   

LA  DEMANDA  

Invocando  la  causal  tercera  de casación  prevista  en  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, acusa la sentencia de segunda  instancia  de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial  por errores de hecho  consistentes  en  “…falso juicio de existencia por  omisión   respecto   de   una   (sic)  pruebas  y  el  falso  juicio  de  identidad  respecto  de  las  otras, errores que no tienen la  virtualidad  de  romper la presunción de inocencia y mucho menos la duda que se  manifestó   por   parte  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca.”   

Considera   que   las  normas  de  derecho  sustancial  indirectamente  quebrantadas  son los artículos 7 y 381 del Código  de Procedimiento Penal.   

En  desarrollo  del  cargo,  sostiene que la  segunda  instancia  erró  al  señalar  que MONTENEGRO  PEÑALOZA  había  sido  capturado por un agente de la  Policía  Nacional  en  situación  de  flagrancia, debido a que en su poder fue  hallado        un        teléfono        celular       marca       Alcatel  que  había  sido  hurtado.  No  comparte   esa   afirmación,   porque  bien  pudo  haber  tenido  su  defendido  “…un  objeto  o  cosa  o celular como en este caso  ocurrió  que se le parezca a otro o de las mismas características.”   

Tampoco   debió   tener   en   cuenta  el  Ad  quem la descripción que  hizo  la  víctima  del asaltante, porque fue suministrada por ella mucho tiempo  después  de  que  ocurrieron  los  hechos  y en un lugar diferente a la escena,  concretamente   en  el  Centro  de  Infancia  y  Adolescencia,  a  donde  fueron  conducidas las personas capturadas.   

Transcribe apartes de la sentencia impugnada,  en   los   que  el  Tribunal  se  refiere  a  las  pruebas  que  comprometen  la  responsabilidad  de  MONTENEGRO PEÑALOZA,  especialmente  sobre  la  captura en flagrancia y la descripción  del       sujeto      suministrada      por      la      menor      C.D.M.A.    y  argumenta  que  su  asistido  sí estaba cerca al sitio donde ocurrió el hurto,  pero  no  participó  en  la  comisión  de  esa conducta punible, porque estaba  dedicado  al  consumo  de  sustancias  estupefacientes  con sus amigos. Además,  porque   “…de   la   prueba   recaudada   en   el  contrainterrogatorio  e  interrogatorio  directo  a los policiales declararon no  haber  visto  a  mi defendido hurtarse el celular, y no se dieron ninguno de los  requisitos  que  consagra  el  artículo  301  del  C.  de  P.P.;  tan  solo  le  encontraron   un   equipo   celular   de   la   misma   marca   que   el  de  la  víctima…”,  el  cual  tenía  el  procesado en su  poder desde hacía seis meses.   

Expone   que   la   menor   C.D.M.A. declaró  que  quien  la  despojó  de  su  teléfono  había  sido  un sujeto de chaqueta  naranja.  La  madre  de  la  niña  declaró que había sido un menor de edad el  asaltante.  Y  precisamente  a  éste  –afirma–  le  hallaron el artefacto.   

Considera que todas esas dudas, sumadas a que  la  menor  primero  informó  que  se dedicaba al hogar, posteriormente dijo que  estudiaba  y  luego reiteró que permanecía en su casa, fueron las que llevaron  al  A  quo  a  proferir  la  sentencia absolutoria.   

Agrega  que ante una pregunta de la defensa,  C.D.M.A.    respondió  que  entre  el sitio donde fue asaltada y su casa había  una   distancia   aproximada   de  500  metros,  cuando  realmente  –a   juicio   del   actor–   hay  3.000  metros  y  agrega  que  “…a  otra  pregunta del defensor de familia que es  concurrido   (sic)  record  minuto  45:15  y siguientes y luego a otra pregunta del defensor que si el sitio  estaba  concurrido  la menor contesta: que estaba solicito record minuto 45:37 y  45:50  he  aquí  otra  contradicción  a  otra  pregunta ¿Qué hora era cuando  ocurrió  o  pasaba  por ahí? La menor contesta: que eran las 5:00 P.M.; y como  se    contradice    en   su   respuesta   al   preguntarse   como   (sic)  estaba  la  visibilidad y contesta  que  estaba  clarito  que  ya estaba empezando a esconderse el sol record minuto  45:26  de  la  primera  sección  del  juicio  oral.”   

Advierte  que  si  bien  su asistido vestía  chaqueta  blanca,  no es cierto que esa prenda tuviera un estampado atrás, sino  que   estaba  combinada  con  negro  y  tenía  impresa  la  marca  Adidas.   Por   ello,  advierte  que  la  víctima   fue   instruida   por   los  uniformados  para  que  suministrara  la  descripción  del  acusado.  Incluso  –añade–  “…a la pregunta que le hace el defensor de familia  ¿Qué  si  estas  tres  personas  se  encontraban  juntas? Contesto  (sic):  no  que un muchacho de chaqueta  blanca  salió  de  unos  arboles  (sic) y   salieron   a   correr,   pero   véase  y  enlísese  (sic)  que la menor dice que no estaban  los   tres   personajes   que   salieron   a   correr   cayendo   nuevamente  en  contradicción.”   

Considera  también paradójico que la menor  declarara  haber  visto  entre  los  capturados  al de chaqueta blanca cuando lo  tenían  en  la estación de infancia y adolescencia, puesto que “…tan  solo  ella evidencia de la captura de la persona de chaqueta  blanca  en  la  estación  de  infancia  y  adolescencia y no en el lugar de los  hechos  como  así  lo  quisieron  hacer  ver  el ente fiscal y la policía para  buscar   un   positivo   a  como  ahora  se  le  conoce  el  termino   (sic)  de  falso  positivo.”   

De la misma forma es incongruente la víctima  cuando  declara  enfáticamente  que  el  teléfono celular y el cuchillo fueron  encontrados  en  manos del asaltante de chaqueta naranja. Empero en la audiencia  preliminar,  al  sustentar la legalidad de la captura, la Fiscalía informó que  la  noticia  criminal  daba cuenta que el hombre de la chaqueta blanca fue quien  despojó    a    C.D.M.A.  de  sus  pertenencias. Entonces, concluye el libelista  que fueron diferentes las versiones suministradas por la menor.   

Considera  irregular que la Juez  A  quo negara que la identificación del  asaltante   se   hiciera   “…mediante  cámara  de  Hesse…”                (Gesell)  o  medios  audiovisuales,  pues,  está  seguro  de  que  tal  forma de proceder era la correcta, porque los actos  urgentes  de  reseña,  individualización e identificación no permiten deducir  que  esa persona fue la que cometió el delito. Además, porque estaban en curso  del  juicio  oral  que es la oportunidad para practicar pruebas. “Acaso  la  señora  juez Doctora JULIA EDITH QUIACHA MONROY, Juez de  entonces   no  se  estaba  equivocando  en  ese  sentido,  es  por  tal  que  el  Ad   (sic)–Quo;    Juez  Doctora  DIANA  ENEIDY  MUÑOZ, una vez revisada (sic)  el  audio  del juicio, encuentra las contradicciones y  de  que  en  verdad  no había claridad y certeza razonable y es por ello que se  itera  esta  defensa  que  se  ha  de  confirmar  el  fallo  del  Ad  (sic)–Quo a  través    de    esta    demanda    de    Cesación  (sic).”   

Asimismo,  tilda  de incoherente la versión  del   patrullero  Víctor  Santana  Ávila,  porque  primero declaró que la captura se produjo en atención a  las  voces  de  auxilio de la comunidad y posteriormente dijo que había llegado  al   sitio   “…por   medio   de   la  central  de  radio…”. Sin contar con que este servidor también  declaró  que  no  recordaba  “…como el  (sic)  vestía, y al momento objeta que  estaba  vistiendo  una chaqueta naranja un buzo blanco y una gorra blanca record  minuto  18:17 y siguientes, en este aparte solicito a los Honorables Magistrados  revisar  el  audio en esta secuencia record minuto 14:30 a 16:51 como la persona  declarante,  testigo  de  la  fiscalía  patrullero  VÍCTOR  SANTANA ÁVILA, es  contradictorio  en  sus  declaraciones,  llevando así a deslumbrara   (sic)   mas  (sic)   duda.”   

Critica,  calificándola  de  irregular,  la  forma  como  la  Fiscalía  introdujo  al  juicio  oral el informe de captura en  flagrancia,  porque  en  su  sentir omitió hacerlo como lo ordena la Ley 906 de  2004  “…que  para  el  caso  es  a  través  de la  declaración testimonial…”   

Se   duele   de  que  el  la  A  quo  hubiese  inadmitido el testimonio  del    auxiliar    de    policía    Andrés   Lozano  Rodríguez,   empero  admite  que  no  recurrió  esa  decisión,  “…porque  esta  defensa  veía como la  Juez  de  ese entonces estaba parcializada con lo que manifestara la delegada de  la    fiscalía,    y    ustedes   lo   podrán   evidenciar   en   [el]  decurso  de  la audiencia de Juicio  oral  lo  cual,  el principio rey de la duda in dubio pro reo es de bulto ya que  efectivamente   no   había   un  conocimiento  fehaciente  para  determinar  la  responsabilidad de mi defendido.”   

Destaca  que  el  patrullero  Galindo  Barrera declarara que estaba cerca  de  la  escena,  cuando  se  enteró  que  la  comunidad  había  capturado a un  individuo  que minutos antes le había hurtado un teléfono móvil a una joven a  quien  intimidó con un cuchillo y este uniformado se refirió a la aprehensión  de  un  menor  de  edad,  sin  que  hubiese  visto  lo ocurrido. No obstante, el  uniformado  narró  que  la  víctima  informó sobre la participación de otros  hombres,  entre  ellos  uno de camisa blanca, lo cual es inadmisible, puesto que  la  prenda  usada por su asistido era una chaqueta de ese color, lo que conlleva  a otra duda razonable.   

Aduce  el  demandante  que  le  coartaron el  derecho  a  ejercer  la  defensa,  debido  a  que  la  Fiscal  estaba formulando  preguntas  sugestivas  que  trató  de objetar sin que la Juez se lo permitiera,  favoreciendo a la representante del ente investigador.   

Advierte  el actor que la menor C.D.M.A. declaró  haber     visto    a    ERIC    MICHEL    MONTENEGRO  PEÑALOZA cuando la despojó de sus bienes, pero sólo  de     perfil,     lo     cual     –argumenta    el    actor– le impedía describirlo correctamente.   

El    teléfono   celular   Alcatel  descubierto en poder el acusado,  no   fue   el   que   le   hurtaron   a   la  denunciante,  porque  MONTENEGRO  PEÑALOZA  tenía uno de esos,  conforme  lo  declararon  su  señora  madre Luz Marina  Peñaloza,   su  compañera  permanente  Diana   Consuelo   Vásquez  y  su  primo  Andrés         Yesid        Castro.   

Las  otras  personas capturadas –sostiene–,     es     decir,    Gustavo    Cifuentes    y   Jackson    Méndez,    declararon    que  MONTENEGRO   PEÑALOZA  no  había participado en el hurto.   

Cita  como fundamento de sus expresiones, un  aparte  de  la  sentencia  dictada  por  esta  Sala  el  5  de diciembre de 2007  (Rdo.  28432), en la que se  explica   que   si  al  valorar  la  prueba  en  conjunto  no  se  demuestra  la  responsabilidad  directa  o indirecta del implicado, se debe reconocer la duda a  su   favor.   Principio   que  debe  observarse  con  su  defendido,  porque  no  “…había  certeza que el señor ERICK (sic)      MICHAEL      (sic)   MONTENEGRO   PEÑALOZA,  hubiese  participado   en  los  hechos  imputados  ni  como  autor  y  mucho  menos  como  coautor.”   

Reitera  que  el  Tribunal  se  equivocó al  afirmar  que el acusado fue aprehendido en flagrancia con el objeto material del  delito  en  su  poder,  pues  “…el policial SANTANA  ÁVILA  atiende  un  llamado  del  radio centro, donde se reporta el hurto a una  menor  donde  la  situación de flagrancia la evidencia el Ad-Quemé   (sic),   por  el  solo  hecho  de  que  precisamente  llega  el  patrullero varios minutos después y lejos del lugar de  los  hechos e (sic) encuentra  con  el celular de marca Alcatel, se pregunta ¿a caso  (sic)  no puede ocurrir que un ciudadano pueda tener un  celular y objeto de la misma marca…”   

En un capítulo que denomina “SELECCIÓN  DE  LA  DEMANDA”, nuevamente  expone  las  contradicciones que en su sentir permiten asegurar la existencia de  la  duda,  especialmente se refiere a los testimonios de los agentes de policía  que participaron en la captura y a la declaración de la víctima.   

Agrega    que    cuando    Jackson  Méndez  declaró haber estado en  compañía     de     ERIC     MICHEL    MONTENEGRO  PEÑALOZA   y   de  Gustavo  Cifuentes  en  lugar  de  los  hechos, observó que la  policía  retuvo al muchacho de chaqueta naranja; también dijo que el procesado  no  participó  en  el  hurto  porque estaba fumando; y, que cuando salió de la  tienda  pudo  ver  que habían retenido a sus compañeros. Empero, tales asertos  no   deben   entenderse   como  lo  hizo  el  Tribunal,  porque  “En  esta última parte de esta consideración he de manifestar a los  honorables  magistrados  que  lo  que  dijo  el  testimonio  de  Gustavo  Adolfo  Cifuentes  es que al salir de la tienda al ir a comprar un cigarrillo ya tenían  capturado     a     Erick    (sic)    Michael  (sic) y  no   a  los  otros  como  erradamente  lo  vio  el  Tribunal  (…).”   

“De  otro aparte  (sic) en sus consideraciones  el  Ad  Quem  manifiesta  de  los  anteriores testimonios lo único que se puede  extraer  es  que  tanto  GUSTAVO  ADOLFO  como  JACKSON MÉNDEZ, dicen conocer a  ERICK           (sic)           MONTENEGRO   y  saben  de  los (sic) sucedido  por   cuanto   se   encontraba   (sic)  juntos  en la laguna de Neuta fumando, sin embargo ellos no observan  directamente   lo   sucedido,   solamente,  GUSTAVO  ADOLFO  aseguro  (sic)  que  había  sido el de chaqueta  naranja  por  cuanto  el  solo chaqueta naranja (sic),  es decir que no es testigo presencial, por manera que,  el   hecho   [de]   haber  capturado  a  ERIC  en  poder  del  celular  desvirtúa  sus declaraciones,  la     (sic)    cuales  evidentemente  siempre  serán  a  favor  del  procesado  dada  su  relación de  amistad,  sumado  al  indicio  de presencia en el lugar de los hechos compromete  aun     más     su    responsabilidad.”   

Para  el  actor es claro que quien hurtó el  celular   fue   el  sujeto  de  chaqueta  naranja,  porque  así  lo  declararon  Jackson    Méndez    y  Gustavo   Cifuentes  y  sus  testimonios   coinciden   con   la  versión  de  la  víctima,  “…esta  afirmación lo (sic) podrán  revisar al plenario del expediente en la individualización  e  identificación de la persona, situación que el Ad Quem no tuvo en cuenta al  momento  de  condenar  y  es  precisamente  el  desconocimiento de las reglas de  producción   y   apreciación  de  la  prueba,  situación  que  si  (sic)  tuvo en cuenta el Ad   (sic)   Quo   al  absolver  por  duda  la            (sic)            procesado.”   

Insiste  en  que  la  menor no reconoció al  procesado  al  momento  de  la  captura,  sino  tiempo  después en el Centro de  Servicios  Judiciales  de  Infancia y Adolescencia, porque al momento del asalto  solo  lo vio de perfil y esas incoherencias se evidencian entre la denuncia y el  testimonio vertido en el juicio oral.   

“Por  otra parte  también  la Corte ha sido clara en señalar que no puede existir concurso entre  los  delitos  de  prevaricato  por omisión y favorecimiento de fuga tal como lo  ilustra  en  reciente  decisión  donde  se  juzga  precisamente una conducta de  favorecimiento fuga de presos…” (sic)   

Solicita  de  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada  “…absolviendo  a  mi  defendido  por el  delito   de   favorecimiento   de  [la]  fuga  consagrado  en  el  artículo  449  de  la  ley 599 de 2000, y  profiriendo   sentencia   en   su   contra   por  el  delito  de  Favorecimiento  de   [la]   fuga  culposo,  consagrado    en   el   artículo   450.” (sic)   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Antes  de examinar el cargo planteado por el  defensor     de     ERIC     MICHEL    MONTENEGRO  PEÑALOZA, contra la sentencia  objeto  de  impugnación,  es necesario destacar cómo con el advenimiento de la  Ley  906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza de la casación en cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal habilitado de manera general contra  todas  las sentencias de segunda instancia proferidas por los Tribunales, cuando  quiera  que  se  adviertan violaciones que afecten las garantías de las partes,  en  seguimiento  del  precepto  consagrado  en  el  artículo 180 del Código de  Procedimiento Penal:   

“Finalidad.   El   recurso   pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  para  facultar  el  efectivo  cumplimiento  de  tan  caros  propósitos, el artículo 184, inciso 3, de la Ley  906  de  2004,  le  confiere a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  la  facultad  de  superar los defectos que contenga la  demanda,   con   el   fin   de   que   pueda   emitir   un   pronunciamiento  de  fondo.   

No obstante, es posible inadmitir la demanda  cuando,   conforme   lo   expresa   el   inciso  segundo  de  la  norma  citada,  “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

En  atención a esos criterios, ha señalado  la    Corte2:   

“De allí que bajo  la  óptica  del  nuevo  sistema  procesal penal, el libelo impugnatorio tampoco  puede  ser  un escrito de libre elaboración, en cuanto mediante su postulación  el  recurrente  concita a la Corte a la revisión del fallo de segunda instancia  para  verificar  si  fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas3.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia4.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia–; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de  las pruebas sin observancia de los  requisitos   contemplados  en  la  ley–,  o,  excepcionalmente  por falso juicio de convicción5, mientras que  el  desconocimiento  de las reglas de apreciación hace referencia a los errores  de  hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio de identidad –distorsión   o   alteración  de  la  expresión        fáctica       del       elemento       probatorio–,  del  falso  juicio  de  existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera  válida al proceso–  y     del    falso    raciocinio    –fijación  de  premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de  las  pautas  de  la  sana  crítica–.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,  se  abordará  en  detalle la demanda de casación, de conformidad  con  el  cargo  formulado  por el demandante, no sin antes aclarar que le asiste  interés  al  defensor  para recurrir en casación, atendiendo a que, si bien no  apeló  del fallo de primera instancia, tal circunstancia obedeció precisamente  a  que  la  decisión  era  en  todo  favorable  para su asistido, lo que varió  categóricamente al ser revocada por la segunda instancia.   

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por  el  defensor de ERIC MICHEL MONTENEGRO  PEÑALOZA,  no  cumple  las  mínimas  exigencias  de  admisibilidad,  porque no se preocupó por precisar en  qué  consistían  los  yerros  denunciados,  incluyendo  en  un mismo cargo, la  violación    indirecta    de    la    ley    sustancial   por   “…falso   juicio   de  existencia  por  omisión  respecto  de  una  (sic)  pruebas  y el falso juicio de identidad respecto  de  las  otras…”;  y,  al tratar de desarrollar la  censura,  insinúa,  además,  la  concurrencia de un falso juicio de legalidad,  por   haber   permitido  la  Juez  A  quo  la  introducción  al  juicio  oral  del  informe sobre captura en  flagrancia,  sin  el  cumplimiento  de  las exigencias legales, empero omitiendo  reparar  que  los  primeros son errores de hecho y el tercero de derecho, lo que  contraría   los   principios  de  claridad,  precisión  y  no  contradicción,  circunstancia  que  le  impide  a  la  Corte  asumir  el  estudio  de los yerros  denunciados   porque,   conforme   lo   ha   sostenido  de  antaño,  no  pueden  “…invocarse  sobre la misma prueba la presencia de  las  varias  eventualidades  previstas para cada clase de yerro, pues la lógica  enseña  la  exclusión  operante  entre  las diversas hipótesis…”6,  puesto  que  sería  absolutamente ilógico y absurdo sostener la  incursión  en  la omisión de una prueba y simultáneamente que tal elemento de  convicción fue supuesto, cercenado o adicionado.   

Al  mismo  tiempo argumenta la vulneración  del  derecho  de defensa y del debido proceso, por desconocimiento del principio  de  imparcialidad  y  por  haber  sido  deficiente la materia probatoria, ya que  afirma  habérsele negado la práctica de un testimonio, porque, a su juicio, la  señora  Juez  estaba  favoreciendo  a la representante del ente instructor y le  impidió controvertir las pruebas de esta parte.   

Sin  explicar  las razones, advierte que no  está  de  acuerdo con la valoración que hizo el tribunal de los testimonios de  Luz   Marina   Peñaloza,  Diana   Consuelo   Vásquez  Andrés   Yesid   Castro,  Gustavo    Cifuentes   y  Jackson  Méndez, como si su  pretensión     consistiese     en    la    fundamentación    de    un    falso  raciocinio.   

Con todo, el demandante omitió proponer los  cargos  en  capítulos separados, dándole aplicación al principio de prioridad  que  gobierna  la  técnica  casacional,  en  virtud del cual se imponía que la  censura      fundada      en      la      causal      segunda      (nulidad)   fuera   presentada  en  forma  prevalente,  como  quiera que de prosperar haría insubstancial el examen de los  otros reproches.   

En  síntesis,  aparte  de  la insustancial  formulación   de   los   cargos,  del  escrito  presentado  por  el  demandante  difícilmente  podría decirse, incluso, que reviste la apariencia de un alegato  de  instancia,  porque  su argumentación es deficiente y carente de método, al  punto  que  toma  apartes  de  la sentencia recurrida como si fueran sus propios  argumentos,  acomodándolos para tratar de sustentar los supuestos desaciertos y  pide  que  se  case  la  sentencia  absolviendo  a su defendido de un delito que  ninguna relación guarda con los supuestos fácticos.   

Con  todo,  el principio de limitación que  rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en  tanto  no  le corresponde asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente  para  complementar,  adicionar  o  enmendar el libelo, porque la casación no es  otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover  un  juicio  técnico y  jurídico  contra  la  sentencia que pone fin a un proceso, en orden a demostrar  su ilegalidad.   

No  obstante  que de acuerdo con lo anotado  puede  considerarse  que  los  reproches  presentados  por  el impugnante se han  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso, la formulación de los cargos y específicamente de aquellos que  trató de esbozar el defensor del procesado.   

1.  Si  bien  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  señalado  que  la  nulidad,  como  causal  de  casación,  no exige en su redacción formas específicas para su proposición y  desarrollo,   la   demanda   no  puede  confundirse  con  un  alegato  de  libre  confección,  pues  al  igual  que  en  las  otras  causales,  debe  ajustarse a  determinados  parámetros  lógicos  de  modo  que se comprendan, con claridad y  precisión,   las   irregularidades  sustanciales  alegadas  y  la  manera  como  quebrantan   la   estructura  del  proceso  o  afectan  las  garantías  de  las  partes.   

En  efecto,  por dirigirse a cuestionar una  sentencia  es imprescindible que el libelo contenga un discurso ordenado, claro,  lógico  y  racional  a través del cual con suficiencia se planteen los errores  de  juicio  o  de procedimiento en que pudo incurrir el fallador y se resalte su  trascendencia.   

Los  motivos  que  generan  esta causal son  específicos,  como  lo  señala  el  principio  de taxatividad consagrado en el  artículo  458  del  Código  de Procedimiento Penal, y se refieren a la nulidad  derivada  de  la  prueba  ilícita  y la cláusula de exclusión; la nulidad por  incompetencia   del   juez;   y,   la   nulidad   por  violación  a  garantías  fundamentales:  derecho  a la defensa y debido proceso, en aspectos sustanciales  (artículos    23    y    455,    456    y    457,  respectivamente).   

Cuando  se  denuncia  la  vulneración  del  debido  proceso,  le  corresponde  al  demandante  determinar  en  cuál  de los  específicos  momentos  que conforman la actuación se presentó el irremediable  defecto,  indicando  si  fue  en  la  formulación  de  la  imputación,  en  la  formulación  de  la  acusación,  en  el  juicio  oral, en alguna de las demás  audiencias o en los fallos de instancia.   

También le corresponde al censor demostrar  que  la  irregularidad  cometida durante el desarrollo del proceso e inadvertida  en  el  fallo,  incide  de  tal  manera  que  para  remediarla  no queda ninguna  alternativa  distinta  a  invalidar  las  diligencias y por eso debe indicar con  precisión  el  momento  procesal al cual deben retrotraerse las actuaciones una  vez excluidas las que se demostraron viciadas.   

Si la nulidad se predica por la vulneración  del  derecho  de defensa por ausencia de esta garantía, por desconocimiento del  principio  de  imparcialidad  o por haber sido deficiente la materia probatoria,  para  la  correcta formulación de la censura corresponde al demandante ocuparse  de  cada  uno  de esos asuntos demostrando la trascendencia directa que el error  refleja  en el fallo y que de no haberse presentado la irregularidad denunciada,  el  desarrollo  de la actuación habría podido ser otro y distinto lo resuelto,  y  de  esa  forma  acreditar  que el defecto sustancial planteado únicamente se  puede enmendar con la declaratoria de nulidad.   

Al  reclamar  el recurrente que el fallo se  dictó  desconociendo el principio de imparcialidad que debe regir la actuación  de  los  funcionarios  judiciales,  debe tenerse en cuenta que este postulado se  integra,   en   general,   al  debido  proceso  en  lo  que  concierne  al  juez  natural.   

En síntesis, cuando el cargo se formula por  una  causal  de  nulidad,  se  debe  señalar  específicamente  si con el fallo  impugnado  se  quebrantó  el  debido  proceso  o el derecho de defensa, pues se  trata  de  vulneraciones  que afectan dos ámbitos suficientemente delimitados y  delimitables,  conforme  lo ha sostenido pacíficamente la jurisprudencia. Ello,  en  razón  de  que  la  afectación  del  debido proceso constituye un vicio de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del  juicio,  etcétera),  mientras  que  el  quebranto  del  derecho  a  la defensa,  comporta  un  vicio de garantía, características distintivas que imposibilitan  su  invocación  conjunta,  con  fundamento  en  los  mismos  supuestos de hecho  procesales   y   con   apoyo   en   las  mismas  razones  críticas.7   

Le correspondía al recurrente demostrar que  las  irregularidades cometidas en el desarrollo del proceso e inadvertidas en el  fallo,   lo  viciaban  al  punto  que  para  remediar  el  agravio  no  existía  alternativa diferente que invalidar las diligencias.   

Al  presentar los reproches, el defensor se  refiere,  sin  distinción  ninguna,  a  la  violación del debido proceso y del  derecho  de  defensa,  porque argumenta a la vez que se le negó la práctica de  un  testimonio,  la señora Juez no fue imparcial y le impidió controvertir las  pruebas aducidas por la Fiscalía.   

Sin   embargo,   omitió   determinar  la  trascendencia  de  los  vicios  que  denuncia, es decir, no explicó cuál es el  perjuicio  que  por  esas pretendidas anomalías sufrió el procesado y cómo se  afectaron  sus  garantías  o las bases fundamentales de la investigación o del  juzgamiento,  pues, como lo ha reiterado esta Sala, para que opere la nulidad se  requiere  la producción de un daño y el defensor tiene la carga de enseñar de  qué  forma  se  beneficiaría  el  procesado  con la invalidación del proceso.   

Entonces,  no  basta  con manifestar que se  afectaron  el  derecho  de  defensa o el debido proceso o que el juez de primera  instancia  estuvo  parcializado,  negó la práctica de pruebas o no contaba con  la  prueba  necesaria para condenar, pues, tales asertos no constituyen sustento  suficiente.   

2.  Ahora bien, si  la  intención  del  recurrente era atacar la sentencia por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  tenor  de lo dispuesto en el artículo 181-3° del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  primer  lugar  tenía  la obligación de  identificar  con  exactitud  el  yerro, es decir, establecer si se trataba de un  error de hecho o de derecho al apreciar la prueba.   

Tratándose de los primeros, debía precisar  si  se produjo (i) bien porque  pese   a   obrar   en   el   diligenciamiento   no  fue  valorada  (falso  juicio de existencia por omisión);  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta en la decisión (falso juicio de existencia  por          suposición);         (ii) porque al considerarla distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso    juicio    de   identidad);   o,  (iii)  atendiendo a que, sin  incurrir  en  alguno  de los desatinos referidos, derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia      (falso     raciocinio).   

En  relación  con el error de derecho, era  necesario      que      afirmara      y      demostrara     que     (i)  se  le  había  negado  a determinado  medio  probatorio  el  valor  conferido  por la ley o le fue otorgado un mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio de  convicción),          o          (ii)  que  los  funcionarios  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como legal aunque no satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o  aducción   (falso  juicio  de  legalidad).   

En    el   primer   caso   –falso   juicio   de  existencia  por  omisión– le correspondía  al  recurrente  indicar  cuál  fue  la  prueba  que  no se valoró, cuál es la  información  que  objetivamente  suministra,  el mérito demostrativo al que se  hace  acreedora  y  cómo  su  estimación  con  el  resto del acervo probatorio  variaría  las conclusiones del fallo censurado, deberes de los que prescindió.   

Ahora,  si  el  propósito era alegar falso  juicio  de  existencia por suposición, debía el casacionista identificar cuál  era  el  aparte  del  fallo  carente  de soporte demostrativo en la actuación y  precisar  su injerencia en el sentido de la decisión, esto es, cómo al excluir  la  suposición,  la  sentencia  sería diversa y en todo caso beneficiosa a los  intereses  de  su  procurado,  actividad  que  ni  siquiera  intentó el censor.   

Si la pretensión se encaminaba a invocar un  falso  juicio de identidad, tenía que identificar a través del cotejo objetivo  de  lo  dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte de la  prueba  que  se  omitió  o  se  añadió,  los  efectos producidos a partir del  cercenamiento  o  la  adición  y  cuál sería la trascendencia del yerro en la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  asuntos  que tampoco planteó el  defensor.   

Cuando  el reparo se orienta a denunciar un  falso   raciocinio,   es   obligación   del  demandante  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido   en   el  fallo,  debiendo  igualmente  indicar  su  consideración  correcta,  identificar  la norma de derecho sustancial indirectamente excluida o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con el  inexcusable  compromiso de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a un  fallo  esencialmente  diverso  y  favorable  a los intereses de su representado,  cometido que soslayó.   

Refiriéndose al error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  está  obligado  el  recurrente  a  identificar el medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicando  las disposiciones cuyo quebranto  determina  tal  ilegalidad  y demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado;  o,  comprobar  la  legalidad  de  la prueba desechada por el juzgador. En ambos,  estaría   precisado   a  acreditar  la  trascendencia  del  desacierto  en  las  conclusiones  del fallo, esto es, demostrar que con la marginación de la prueba  que   se  dice  ilegal,  las  restantes  evidencias  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa de la atacada, o que con la incorporación del medio de  prueba  que  el actor estima legal, las conclusiones serían distintas a las que  contiene la sentencia impugnada.   

Por  último,  si el propósito consiste en  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  es  obligatorio que el impugnante  demuestre   la  infracción  de  la  tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador, así como su injerencia en el sentido del fallo.   

El demandante de ninguna manera se preocupa  por  acatar  las mínimas exigencias que vienen de relacionarse, al punto que ni  siquiera permite descifrar cuál era su propósito.   

3.  Si  bien  es  cierto  que  a la aplicación indebida o a la falta de aplicación del principio  de  in  dubio pro reo, puede  llegarse  tanto  por la vía directa como por la indirecta de transgresión a la  ley  sustancial,  también  lo  es  que  los  antecedentes jurisprudenciales han  establecido  que  en  cada  eventualidad el desarrollo y demostración del cargo  debe  corresponder  al  camino  escogido para su denuncia y a la realidad que la  actuación revele.   

De  acudirse  a  la  vía  directa,  debe  demostrarse  que  el sentenciador a pesar de haber afirmado la duda acerca de la  existencia  del  hecho  o de la responsabilidad del procesado, decidió proferir  fallo   de   condena,  debiendo  absolver  (falta  de  aplicación)  o  que,  por  el  contrario, no obstante  aseverar  la certeza sobre esos extremos, decide absolver cuando debió condenar  (aplicación           indebida).   

Empero, si se invoca la violación indirecta  del   precepto,  por  incurrirse  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria,  además  del  señalamiento concreto de la especie de  error  probatorio,  el  casacionista  debe demostrar que el fallador llegó a la  conclusión  equivocada  de que las pruebas no conducen a la certeza del hecho o  la  responsabilidad  del  procesado  (aplicación  indebida),  o  erradamente  concluyó  que  los medios  conducían  a  la  certeza  requerida  y  condenó,  cuando  se  evidenciaba  la  incertidumbre  que  debió  ser  resuelta  en  favor del procesado (falta  de aplicación). Para dicho efecto,  tiene  por  carga  presentar  una  argumentación  acorde  con  el tipo de error  cometido por el juzgador al apreciar los medios de convicción.   

4. Por lo demás,  no  es  cierto que el Tribunal hubiese desconocido las pruebas al fundamentar el  fallo,  de  acuerdo  con  lo  que,  al  tratar de desentrañar los inextricables  argumentos  del  demandante,  puede deducir la Sala que corresponde a uno de sus  planteamientos,  puesto  que el Juez Colegiado expresamente aludió a los medios  de  convicción  que  corroboraban,  no  sólo  la  ocurrencia  del  delito y la  responsabilidad  del procesado, sino la validez de la versión entregada por los  declarantes      y      especialmente      por     la     menor     C.D.M.A.. Así se  pronunció       el      Ad      quem:   

“En este orden de  ideas  y,  conforme  los  elementos  materiales  probatorios y evidencia física  aportados  al  plenario,  no  queda duda alguna sobre la responsabilidad de ERIC  MICHEL  MONTENEGRO PEÑALOZA en la comisión del punible, persona que además de  ser  capturada  en situación de flagrancia, fue reconocida por la víctima como  uno  de los sujetos agresores que participaron del hurto, tanto al momento de su  captura  como  en  el desarrollo del juicio oral y el que describiera como el de  chaqueta  blanca  con  gorra  blanca,  lo  cual concuerdas con las descripciones  plasmadas  en  el  informe de policía y la denuncia instaurada por [C.D.M.A.],  el 2 de agosto de 2010, en el sentido  de  señalar a ERIC como el sujeto de chaqueta blanca con gorra blanca, sumado a  que  la  descripción  morfológica  del  informe  ejecutivo  coincide  con  las  características     dada    (sic)    por  la  menor  en juicio oral, al referirse como un sujeto mayor de  edad, calvo moreno.   

Entonces   es   de   reiterar   que   la  participación  de  ERIC  MICHEL  MONTENEGRO  PEÑALOZA,  en la comisión de los  hechos  no  fue  en  calidad de autor sino de coautor al mediar una división de  trabajo  criminal,  entre  los  otros  sujetos  agresores,  denominados  por  la  víctima  como  el  de  chaqueta naranja y el de chaqueta negra ovejera, sin que  sea  relevante  establecer  cual  de  ellos le sustrajo las pertenencias a   [C.D.M.A.],  pues los tres sujetos contribuyeron a  ejercer  la  conducta  ilícita  y  emprender  luego  la  huida  con el elemento  hurtado,  mismo  que  fue  recuperado  por  la rápida acción de los agentes de  policía y devuelto a su propietaria.   

Como   se   colige   de   las   presentes  consideraciones,  está  plenamente  demostrado en grado de certeza la comisión  del   delito  de  hurto  calificado  con  circunstancia  de  agravación,  y  la  responsabilidad  del  procesado ERIC MICHEL MONTENEGRO PEÑALOZA, por lo cual la  Sala  procederá  a  revocar  la  sentencia  de  primera instancia y en su lugar  emitir   decisión   de  carácter  condenatorio  contra  el  mismo.”   

5. Aparte de que el  demandante,  conforme  se ha señalado, omitió enunciar las causales y formular  los  cargos,  como  quedó  anotado,  incluyó  en  el mismo capítulo reproches  excluyentes,  tratando  de  sustentar  en  una  sola  censura unos yerros que ni  siquiera  precisó,  proceder  que  constituye  un  absoluto desconocimiento del  principio  de no contradicción que rige el recurso de casación, conforme lo ha  reiterado             la             Sala8 circunstancia, que le impide a  esta  Corporación  precisar  cuál  fue  el  supuesto  dislate del Ad quem.   

El hecho de que cada cargo deba sustentarse  por  separado  obedece  a  que  todo reproche, lógicamente, debe ser suficiente  para  el  propósito  que  se persigue, por lo que resulta impropio introducir o  mezclar propuestas contradictorias.   

Todo cargo en sí mismo, por lo tanto, debe  ser  una  proposición  jurídica  completa,  sin perjuicio de que el recurrente  plantee  los  que  quiera, inclusive excluyentes, a condición de que lo haga en  capítulos  separados  y  de  manera  subsidiaria, conforme lo ha precisado esta  Sala             de             Casación9.   

6.  Ante la   falta  del  correcto  planteamiento  y  la  necesaria  demostración de un error  trascendente  en  el  fallo  cuestionado,  no  puede la Corte, sin contrariar el  principio  de  limitación que rige la impugnación extraordinaria, ocuparse del  examen  de  falencias o desaciertos no denunciados o deficientemente presentados  por  el censor –como en el  presente  evento–, menos si  en   esta   sede   las   sentencias   se  presumen  acertadas  y  legales,  cuyo  derrumbamiento  sólo  es  posible  procurar  a  través  de  la dialéctica que  eludió asumir el libelista.   

Ahora  bien,  si  se  dijera que pese a los  insalvables  errores  de  fundamentación,  la Corte ha de hacer un análisis de  pertinencia   –como  lo  propone  el recurrente–, en  punto  de  la  posible violación de derechos fundamentales, debe señalarse que  se  observó  al  detalle el devenir procesal y lo consignado en la decisión de  segunda  instancia,  particularmente en lo que atiende a los aspectos señalados  por  el demandante, verificándose completamente motivada y acorde con lo que la  ley dispone.   

Aparte  de la insustancial formulación del  cargo, se negará la prosperidad de la censura.   

CUESTIÓN FINAL  

Habida  cuenta  que  contra  la  presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación10, como sigue:   

a)  La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal  –siempre  que    el    recurso   no   hubiera   sido   interpuesto   por   el   Procurador  Judicial–,  el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c) Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

Página  contiene  parte resolutiva y firma del Presidente de la Sala   

Casación  sistema  acusatorio  N° 37.458  –Inadmite  demanda-  

d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  sentenciado  ERIC  MICHEL  MONTENEGRO  PEÑALOZA, por su  defensor.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Página  contiene  firma de 8 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 37.458  –Inadmite  demanda-  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  La  Corte  en  estricto acatamiento del artículo 47, numeral 8°, numeral octavo de  la  Ley  1098  de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia) se abstiene de  divulgar el nombre de la menor afectada.   

2 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

4 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

5 ib.  radicación 24.530   

6 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 10 de julio de 1996.  Rdo. No. 11.801   

7 Corte  suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación  Penal. Sentencia del 10 de abril de  2003. Rdo. 16.485   

8 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 10 de julio de 1996.  Rdo. 11.801   

9 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 10 de julio de 1996.  Rdo. 11.801, entre otras.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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