37426(07-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     nº  37426   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 434  

Bogotá  D.C.,  siete (7) de diciembre de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del  tercero  civilmente  responsable,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Neiva el pasado 4 de abril, a través de  la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado 2º Penal del Circuito de la misma  ciudad  que condenó a José Lizardo Jiménez González como autor del delito de  homicidio culposo.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

Los hechos que motivaron esta investigación  fueron   sintetizados   por  los  juzgadores  de  instancia  en  los  siguientes  términos:   

“Tuvieron   ocurrencia  el  23   de  septiembre  del  2006  a  eso de las siete de la mañana, cuando el colectivo de  servicio  público  marca  Chevrolet modelo 1998, distinguido con las placas VXH  328  y  conducido por José Lizardo Jiménez González, hacía su desplazamiento  de  oriente  a  occidente  de  la  ciudad  por  la calle 11 con carrera 7ª, sin  prelación  en dicha interceptación y colisiona con la motocicleta marca Suzuki  FR  100  modelo  1998  de  placas  NXM39A que se desplazaba por la carrera 7ª y  orientada  por  Sandra  Patricia  Quiroga  Bermúdez,  la  que  se desplazaba en  sentido  norte  sur  y  que  recibió graves lesiones en su cuerpo falleciendo a  consecuencia de las mismas ”   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.   Por  los  hechos antes narrados, el 8 de abril de 2009, la  Fiscalía  General  de  la Nación profirió resolución de acusación contra el  procesado  como  presunto  autor  del delito de homicidio culposo, decisión que  adquirió firmeza el día 24 del mismo mes y año.   

          2.  La  etapa  de juicio correspondió ser adelantada por el Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  Neiva,  autoridad  que  el  28 de octubre de 2010  condenó  al procesado a la pena de 30 meses de prisión, multa de 30 SMLMV como  autor  del punible por el que fue acusado. En cuanto a los perjuicios materiales  y  morales,  su  pago  quedó  a  cargo  en  forma  solidaria  del procesado, el  propietario  del  vehículo,  la  empresa  a  la  cual  se  encontraba  afiliado  (COOTRANSNEIVA) y la Aseguradora Solidaria de Colombia.   

          3.  El  fallo  de  primera  instancia  fue recurrido por la defensa,  razón  por  la  cual  el  Tribunal  Superior de Neiva el 4 de abril de 2011, lo  confirmó en su integridad.   

          4.  Contra  la  anterior  sentencia,  el  apoderado  de  la  empresa  Cotransneiva en su condición  de  tercero civilmente responsable y quien fue reconocido como tal desde la fase  de  instrucción,  recurrió  en  casación,  siendo  este  el objeto del actual  pronunciamiento.    

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en la causal tercera de casación del artículo 181  de  la  Ley 906 de 2004, el recurrente acusa a la sentencia de primera instancia  de   ser   violatoria  del  debido  proceso  y  “ser  violatoria  de  la ley sustancial a causa de la interpretación errónea aducida  a  este  proceso,  incurriéndose  en un error de hecho por aplicación indebida  del artículo 238 de la Ley 600 de 2000”   

          Los       supuestos       errores       en      la      “interpretación  de  la  prueba”  los  concreta  en  la  indebida  valoración de la prueba testimonial y la confesión  del  procesado,  cuando  se le dio plena credibilidad a las declaraciones de los  testigos   presenciales  del  hecho  a  pesar  de  que  incurren  en  flagrantes  contradicciones  y  al  haberse cercenado lo manifestado por el acusado sobre la  prelación  que  tenía la carrera 7ª, pues ello “no  puede tenerse como una aceptación de responsabilidad”.   

          Al  referirse  al  testimonio  de  Jorge  Eliécer Perdomo Cerquera,  luego  de  trascribir apartes del mismo, indica que sus narraciones corresponden  a  meras  conjeturas,  dado  que  esta  persona  no observó el momento mismo de  ocurrencia  del  accidente  al  igual  que  el declarante Jaime Francisco Vélez  Molina.   

          A  juicio  del  censor  emerge duda acerca de si fue el colectivo el  que  se llevó por delante a la víctima, o si por el contrario, fue ésta quien  en  forma imprudente o acelerada intentó pasar por el frente del rodante por el  espacio  que  aún  le  quedada,  instantes en los que el carro conducido por el  acusado  se  movilizaba  lentamente  y  por la velocidad que llevaba la moto, la  víctima  salió despedida, golpeándose con el andén, de allí que se explique  la  razón  por  la  que en el cuerpo de la víctima no se hallaron golpes en el  costado  izquierdo  como  los  que  necesariamente  debieron  producirse  por el  contacto con el bómper del vehículo de servicio público.   

            Analiza  el  censor  con  base en el dictamen médico legal que el  accidente  se  hubiera  evitado si la motocicleta no se hubiera desplazado a tan  alta  velocidad  y su ocupante hubiera intentado frenar, pues es claro que ésta  ni  siquiera  intentó  detenerse,  ante  la  ausencia  de  huella  de  frenado.   

          Agrega  que  existe  un gran vacío acerca de la forma como ocurrió  el  accidente, motivo por el que el Tribunal debió dar aplicación al principio  del  in  dubio  pro reo. Y sostiene: “Que no decir de  la  restante  prueba  recaudada en el proceso, con la que a la luz del artículo  238  de  la  Ley 600 de 2000 ha debido el H. tribunal analizar las declaraciones  referidas  y  llegar  a la conclusión planteada anteriormente respecto del gran  vacío  probatorio  que  existe en el proceso en cuenta a la demostración de la  manera como realmente ocurrió accidente”.   

          Seguidamente,  realiza  una  valoración probatoria sobre el informe  de  accidente,  el  dictamen  médico  legal y la indagatoria del procesado para  concluir  que  la  víctima  también  estaba obligada a observar respeto por su  integridad   física,   por   lo  que  tenía  que  conducir  con  prudencia  su  motocicleta.   

          Achaca  el  incumplimiento  del  deber  objetivo  de  cuidado  a  la  víctima   “cuando  pitó  en  repetidas  ocasiones,  queriendo  decir  con esto que había advertido el peligro y sin embargo confió  imprudentemente  en  poder  evitarlo  y  se  lanzó  a él con las consecuencias  anotadas,  pues  recordemos  que ella venía a una distancia prudente que tenía  visibilidad  y  que si hubiese frenado o siquiera mermado la velocidad, teniendo  el    tiempo    y    el    espacio    para    hacerlo,    hubiese   evitado   el  accidente”.   

          La  petición  del  libelista  se dirige a que absuelva al procesado  del   delito  de  homicidio  culposo  y  en  consecuencia  también  al  tercero  civilmente responsable de la condena al pago de perjuicios.   

         

NO RECURRENTES  

          Durante  el  traslado  de no recurrentes, concurrió el apoderado de  la  parte  civil, quien solicita que se inadmita el libelo, toda vez que para el  presente  caso,  la  casación debió intentarse por el camino excepcional, dado  que  la  pena  máxima  para  el  delito  por el que fue condenado el acusado es  inferior   a  6  años,  sin  el  demandante  haya  justificado  debidamente  la  motivación que se exige para acudir a la Corte.   

          En  cuanto  a  la  postulación  de  la censura, indica que el mismo  incumple  los  presupuestos  mínimos  que  invoca  la técnica casacional, pues  además  de  invocar  normas  de  procedimiento  que  no  son aplicables en este  asunto,  expone  razones  que  tienen  que  ver con la credibilidad de la prueba  testimonial.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

    

1. Procedibilidad del recurso extraordinario     

1.1  De  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000 que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa    de    la    libertad   superior   a   8  (ocho) años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas con pena privativa de la libertad  igual  o  inferior  a  ocho  años,  y por los jueces  penales  del  circuito  por  cualquier  delito, evento en el cual la Sala podrá  admitir  la  demanda  cuando  lo  considere  preciso  para  el  desarrollo de la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  las demás formalidades.   

1.2 En el supuesto  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala  resulta  claro  que la conducta punible  por    la    que    fue    condenado   José  Lizardo  Jiménez  González, esto  es, homicidio culposo de acuerdo con el artículo 109  de   la  Ley  599  de  2000,  contempla  como   pena  principal  la  de  2  a 6 años de prisión y multa de 20 a 100 SMLMV,   razón por la cual en este evento  sólo procede la casación excepcional.   

1.3 Como también  lo  tiene  dicho la jurisprudencia de esta    Corte,    cuando    de   casación  discrecional  se  trata, el  demandante   debe   exponer   así   sea  de  manera  sucinta,      pero  clara,  qué  es  lo que se  pretende   con   el   recurso,  teniendo  como  norte  solamente  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la   garantía   de  los  derechos fundamentales.   

1.3.1  En tratándose del primer punto, esto  es,  el  desarrollo  de  la jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la  demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina con el fin de que se  aborde  un  tópico  aún  no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

1.3.2  Y,  respecto de la protección de los  derechos   fundamentales,   el   libelista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento de una garantía, ya sea por quebrantamiento  de   la  estructura  básica  del  proceso,  o  por  violación  de  un  derecho  fundamental,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho  invocado y cómo la sentencia lo conculca.   

Además,     las    razones   que  debe  aducir  el  censor  para  persuadir  a  la  Corte  sobre la necesidad de admitir la demanda, deben guardar  correspondencia  con  los  cargos  que  formule  contra  la  sentencia. En otras  palabras,  debe  haber  perfecta conformidad entre el fundamento de la casación  excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de garantías  fundamentales),  el  cargo  o los cargos que se presenten contra el fallo y, por  consiguiente, la postulación de los mismos.   

2.  En el asunto que ocupa la atención  de  la  Sala,  se  tiene  que el libelista  incumplió  con el cometido de indicar las razones por las cuales  el  recurso  de  casación  debía  intentarse  por la vía excepcional, pues se  conformó  con enunciar la posible trasgresión al debido proceso, pero desde la  misma  escogencia  de  la  causal,  ni  siquiera  optó  por  la  que  prevé la  violación  a  garantías  fundamentales, sino por la violación indirecta de la  ley   sustancial   por  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba,  cuando aludió a la causal tercera prevista en el  artículo   181  de  la  Ley  906  de  2004,  que  si  bien  no  corresponde  al  procedimiento   aplicable   en  este  trámite,  el  desarrollo  de  la  censura  desplegada  en  la  demanda  claramente  ataca  la  valoración de los medios de  convicción   por   parte   del   Tribunal   para   concluir  en  una  sentencia  condenatoria.   

Es evidente como el discurso del recurrente  en  manera  alguna  corresponde a la demostración de un vicio de estructura que  amerite  retrotraer  el  proceso, sino a su inconformidad con la forma en que el  ad   quem  valoró  las  pruebas  incorporados  al  proceso  desde  la  fase  de  instrucción,  lo  cual  resulta  coherente  con  la petición que eleva ante la  Corte,  no  para  que  se  invalide la actuación, sino para que se absuelva por  duda al acusado.   

En  tal medida, resulta obvio que la única  forma  de  acudir en sede de casación era por la vía ordinaria, siempre que la  pena  máxima  para  el  delito  por  el  que se procede exceda de 8 años, pues  ningún  análisis  desplegó  el  censor  para  demostrar  la trasgresión a la  garantía  del debido proceso o la necesidad del desarrollo de la jurisprudencia  en  un  tema  particular,  dado  que hay una diáfana incoherencia entre aquella  presunta  falencia  y  la fundamentación del único cargos contra la sentencia,  el  cual  de  ninguna  manera  se  relacionan con el desconocimiento tal derecho  fundamental.   

En  la  demanda  no se observa un desarrollo  lógico  y  fundado  sobre la posible vulneración de una garantía, pues aunque  expresa  la  trasgresión  al  debido  proceso,  al  exponer  los motivos de tal  irregularidad,  los  remite  a una cuestión meramente probatoria al criticar el  mérito  que  le  otorgó  el Tribunal a los testigos y a la prueba pericial, de  donde  tampoco  se deriva la trasgresión indirecta de la Ley sustancial, ya que  además  de  omitir seleccionar y demostrar el falso juicio que determinó al ad  quem  a  errar  en  la  conclusión  sobre  la  responsabilidad  del acusado, su  exposición  corresponde  a particulares apreciaciones subjetivas sobre la forma  en  que debieron valorarse las pruebas,  construyendo deducciones propias a  modo  de  un  alegato  de  instancia,  pero  sin  si  quiera aludir, mucho menos  acreditar,  el  tipo  de  vicio  probatorio  presente en la sentencia, si fue de  falso  raciocinio,  identidad,  existencia,  de legalidad o convicción, lo cual  hace  no  solo  evidente el incumplimiento de los presupuestos de procedibilidad  del   recurso   extraordinario,  sino  también  de  los  mínimos  lógicos  de  coherencia  y de debida fundamentación que se exige para la postulación de los  reparos contra la sentencia de segunda instancia.   

Corolario   lo  anterior,  la  demanda  de  casación será inadmitida.   

         3.   De  otra  parte  corresponde  resaltar  que  la  Sala  ha advertido que el sentenciador de  primera  instancia  guardó  silencio  en  torno  a  la  imposición  de la pena  accesoria  y  la privativa de otros derechos, irrogando únicamente la principal  de  prisión  y  multa,  pasando  por  alto  que  por  razón del inciso 2º del  artículo  120  del Código Penal, corresponde imponer la privación del derecho  a  conducir  vehículos  automotores y motocicletas de 1 a 3 años, al igual que  con  base  en  el  inciso  tercero  del  artículo  52  del mismo estatuto, debe  aplicarse  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

         Sin  embargo, como aquí existe un único recurrente y aunque no se  trata  del  procesado, sí pretende un fallo favorable a los intereses de éste,  de  todas  formas  debe mantenerse la garantía de la no reformatio in pejus, la  cual  se desconocería si en estricta legalidad se aplicaran todas las sanciones  derivadas   del  delito  cometido  por  Jose  Lizardo  Jiménez  González,  motivo  por el cual, a pesar de  advertirse   el   error,   la   sentencia  no  será  modificada  oficiosamente.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

            INADMITIR  la  demanda presentada por el  apoderado  de  CONTRANSNEIVA en su condición de tercero civilmente responsable.   

         Contra   la   presente   decisión   no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

COMISIÓN DE SERVICIO  

JOSE  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                  JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

            

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                     SIGIFREDO  ESPINOSA  PEREZ             

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO        MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   MUÑOZ             

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *